Luego de 84 años les traje una historia Sousui, esta será otro AU de mi parte, ya saben nuestras gemelas favoritas son humanas como las demás Rozen Maiden, lamento si esto fue corto pero se me ocurrió de repente.
Que lo disfruten, Yuzu y fuera
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-Suiseiseki… Ni se te ocurra… ¡Lo digo en serio! ¡No! ¡Espera! —Gritó Souseiseki justo antes de empezar a reírse.
La castaña de cabello largo se encontraba sentada encima de las caderas de su hermana gemela, haciendo algo que solo ella se había atrevido, claro desde que eran niñas… Le estaba haciendo cosquillas a su querida hermana y novia, Souseiseki.
Por muy sorprendente que parezca, el cuerpo de la gemela menor era tremendamente sensible en ese aspecto y tenía esa debilidad en concreto… Las cosquillas. ¿Cómo no iba querer comprobarlo? Y, en efecto, una de las principales debilidades de la chica de ropas azules eran las cosquillas, ¿Quién iba a decirlo?
Suiseiseki miraba embobada como su gemela y novia se reía debajo de ella, prácticamente se estaba retorciendo de la risa, intentando apartar las manos de la mayor que parecían pegadas a su cuerpo haciéndole cosquillas. Había que admitir que Souseiseki era guapa y, francamente, la chica de ropas verdes sentía que babeaba cada vez que veía su media sonrisa llena de confianza… ¿Pero verla reírse de esa manera? ¡Oh dios! ¡No podía perdérselo por nada del mundo!
-¡Suiseiseki! ¡En serio! ¡Para, para ya! ¡Me estoy enfadando! -Gritaba la castaña menor entre risas, odiaba que le hicieran cosquillas, era una debilidad muy tonta en su opinión.
La castaña mayor paró de hacerle cosquillas y miró hacia su gemela, tenía la respiración agitada y ahora mismo se encontraba mirándola con el ceño fruncido.
-Idiota… -Murmuró con enfado. Suiseiseki sonrió nerviosamente y dijo:
-Te veías muy lindo riendo-desu. Quería ver cómo te veías…
-Hmp -Murmuró molesto. La chica de ropas verdes miró preocupado a su novia.
-Lo siento Souseiseki… ¡No te enfades conmigo-desu! ¡Haré lo que quieras, de verdad-desu!
Una sonrisa cruzó los labios de la castaña menor y miraron a la mayor.
-¿Lo… Que quiera? -Preguntó de una manera muy poco inocente mientras levantaba el torso de la cama, acercándose a su gemela, acariciándole el muslo derecho por encima de las medias negras largas.
Un gran rubor cubrió las mejillas y no pudo más que corresponder al beso que su hermana menor empezó a darle. Souseiseki se dejó recostar por Suiseiseki en la cama, quedando abajo, mientras ponía sus manos alrededor del cuello de la castaña mayor, atrayéndola hacia ella para hacer el beso más profundo.
Cuando ambas se separaron estaban respirando agitadamente. La chica de ropas azules se acercó al oído de su gemela y murmuró:
-Espero que estés preparada para tu castigo…
La castaña mayor se ruborizó aún más cuando su gemela le levantó la camiseta y empezó a recorrer su abdomen como acariciar y mover sus pechos, dando esto como un inicio de otra noche entre gemelas.
¿Ese era su castigo? ¡Prometía hacerle cosquillas a Souseiseki todos los días!
