Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Quien dice dos capítulos dice tres, les explico... cambié varias cosas y se alargó un poco. Como sea, espero les guste y si es así ya saben... reviews y comentarios onegai! Perdón, no llegué a actualizar el sábado, compromisos familiares varios, lo siento. También les pido disculpas por los errores porque no lo pude corregir, va en crudo. Hasta la próxima!
Disclaimer: Los nombres de los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime.
Advertencia: Lenguaje vulgar, palabras altisonantes, un poco de escenas algo crudas, nothing more. Sean pacientes, en el próximo capítulo habrá salseo del bueno, no se hagan, yo sé que están esperando eso. Enjoy!
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"La supervivencia es el secreto. La mente cambia para sobrevivir.
Todo puede convertirse en normal."
"El inocente" (2005), Harlan Coben
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De nada sirvieron mis quejas, gritarle, intentar razonar con ese desquiciado alpha. Estaba demasiado cansado como para seguir argumentando, no paraba de llover, estaba helado, enojado y con hambre. Pero me moriría antes de aceptarle algo a ese idiota.
—Come, se enfría —tuvo el tupé de decirme luego de servirme una especie de sopa de dudosa procedencia frente a mis narices.
Yo estaba de brazos cruzados, con el ceño fruncido y dispuesto a demostrarle que él no me iba a venir a ordenar lo que se le viniera en gana. Esto era el colmo ¿Cómo se podía llamar secuestro a esta situación? No parecía un tipo violento, al menos a simple vista. Observé el rifle a su costado, tal vez si actuaba con rapidez podía agarrarlo y apuntarle, entonces yo tomaría el control.
—No me gusta desperdiciar la comida, que aquí es escasa, así que deja de hacerte el caprichoso y come de una vez. Debes reponer energías, si te resfrías y te mueres no será mi problema, vivo o muerto lo mismo cobraré tu rescate.
Crucé las piernas como para hacerle creer que yo no era una amenaza, no creo que me viera como una de todas formas.
—Y... ¿qué se supone que has pedido para mi rescate? ¿Cuánto?
—No es de tu incumbencia.
—Bueno lo es, desde que yo estoy metido en este atolladero.
—Toda la fortuna de la familia Church, para empezar.
Elevé una ceja, no sabía si me estaba hablando en serio, ¿cómo que toda la fortuna de la familia?
—No quiero ser pesimista —le dije con tono condescendiente—, pero realmente no creo que te den toda su fortuna, habría que estar loco para hacer algo así.
—Pues peor para ti, tienen una fecha límite y créeme más te vale que cumplan porque tu culo está en juego.
—Ah ¿Y qué pasará si no quieren pagar, eh? ¿Siquiera lo consideraste? ¿Qué harás? ¿Matarme?
Eren se llevó un pedazo de esa carne que flotaba en la sopa a la boca y me miró a través de sus fríos ojos verdes, no quise admitirlo abiertamente pero no me gustaba adonde iba todo esto.
—Por tu bien será mejor que colaboren, yo que tu sería más positivo o me pondría a rezar.
—¿Cuál es la fecha límite? —ya que el tipo parecía dispuesto a hablar decidí que sería mejor intentar sacarle la mayor cantidad de información posible.
—Calla y come.
Miré la sopa y suspiré, tomé la cuchara a mi costado, para ser honesto había demasiado polvo sobre la mesa y no parecía que la vajilla estuviera en condiciones sanitarias suficientes como para no enfermarse de algo, además que la sopa esa olía raro. Pero tenía hambre, las tripas me rugían suave, y eso que yo estoy acostumbrado a comer poco y aguantarme. Revolví con una mueca de fastidio.
—¿Siquiera limpias esta pocilga? Es un mugrero —me quejé indignado, estaba diciendo la verdad.
—Hace varias semanas que no venía por casa, no tengo mucho tiempo de ponerme en esas tareas.
—Esto es un asco.
Eren se puso de pie y fue donde un aparador de donde se puso a seleccionar una botella de vino o algo como eso. Muy mal Eren, descuidarse así es de estúpidos. Ni lerdo ni perezoso, tomé el rifle y le apunté con toda la determinación posible. Eren ni siquiera se giró, aunque estaba completamente seguro que sabía que yo tenía el arma por todo el ruido provocado.
—Muy bien —dije con voz fuerte y clara—, aquí se termina todo el chistecito, llévame de regreso a casa sino quieres que desparrame todos tus sesos en la pared de este chiquero.
Miren nada más, soy un puto genio, no llevo ni dos horas aquí y ya puse la situación a mi favor. Sin embargo ese odioso alpha ni siquiera se inmutó. Seleccionó la botella que quiso y se giró mirándome con tranquilidad mientras tomaba un sacacorcho y procedía a abrirla. Eso me cabreó.
—¿Acaso no has escuchado, escoria? ¡Dije que me regreses ahora mismo o disparo!
—Oh. No pienso llevarte de regreso, así que si quieres hacerlo, hazlo, estás en todo tu derecho, espero que tengas buena puntería.
¿Así que todavía tenía el tupé de burlarse? Yo le enseñaría quién era Levi Ackerman.
—No te lo diré de nuevo —dije apuntando y puse mi dedo en el gatillo—. No es necesario derramar sangre, Eren. No me gusta la violencia.
—No te llevaré de regreso, dispara si tienes las bolas de hacer una amenaza, pero si fallas... atente a las consecuencias, porque solo tendrás esta única oportunidad de hacer algo como esto. Solo ten cuidado y no te rompas una uña, omeguita.
Ya está, fue suficiente. Sentí la ira hervir en mi vientre, apunté a sus piernas, tampoco quería matarlo, solo asustarlo, además lo necesitaba para poder salir de ese lugar perdido de Dios. Gatillé sin dudar. Lo que sucedió a continuación no me lo hubiera esperado ni en un millón de años. El arma explotó de alguna manera entre mis manos llenándome el rostro de hollín, el rebote del impacto hizo que la culata me golpeara duro en el hombro haciéndome caer hacia atrás dolorosamente. Tosí, ciego por el polvillo negro mientras intentaba respirar y refregaba el puño de mi camisa sobre mi rostro para quitarme esa mierda apestosa. Pero fue peor, me irrité la vista y comencé a llorar inevitablemente, mientras seguía tosiendo, sintiendo como el hollín se adhería a mi garganta y la hacía escocer horriblemente, ¿qué había sucedido?
Escuché los pasos del alpha acercándose, quien estaba intacto, porque ninguna bala había salido de ese artefacto del demonio. Se paró delante de mí y me levantó bruscamente de un brazo para arrastrarme hasta la cocina, donde abrió el grifo del agua para que pudiera lavarme. Para entonces escupía saliva negra por el hollín y tosía ahogadamente.
—Solo das problemas —dijo con su voz ronca y potente.
El agua estaba helada, me lavé como pude, esa mierda era como quitar grasa quemada, pegajosa y difícil de desprender. Me llevó cerca de media hora poder enfocar de nuevo con la vista, la barbilla me temblaba y seguía tosiendo, me ardía todo. Cuando pude mirarlo, jadeando como un perro agonizante, Eren me observaba con tranquilidad, tenía el puto rifle entre sus manos.
—Esta arma está creada para ser usada solo por mí, tiene sus mañas, si no sabes desactivarla apropiadamente le explota en las manos a quien intente usarla en mi contra, y además —dijo manipulándola y mostrándome su interior—, está vacía, genio. Deberías chequear eso antes de intentar hacerte el malo. Y solo en caso de que pudieras hacer todo eso, lo cual es evidente que no pudiste, el caño tiene una ligera desviación, así que solo tiradores expertos pueden atinarle al blanco. Ahora que sabes todo esto, deja de romperme los cojones y vamos a terminar la cena en paz.
Tomó un trapo de no sé dónde y me lo refregó en la cara un buen rato, olía a sucio y moho, pero estaba demasiado exhausto como para replicar. Luego me arrastró de nuevo para sentarme en la mesa. Al menos tuvo la decencia de servirme un vaso de agua fresca, mientras él se servía de ese vino que había abierto y seguía comiendo como si nada. Yo todavía lagrimeaba por el ardor, me dolía el hombro donde la culata del arma me había golpeado, sin embargo no dije nada, tomé algunos sorbos y si bien no iba a tragar esa asquerosa sopa, intenté alimentarme con una hogaza de pan que había sobre una especie de panera sobre la mesa, solo para percatarme que el mendrugo estaba duro como roca.
—Es pan viejo —dijo el estúpido alpha, como si necesitara esa información. Dejé esa mierda a un costado del plato y como pude me levanté para tomar la lámpara de petróleo y me fui escaleras arriba.
Los escalones crujieron bajo mi peso. Todas las ventanas estaba cerradas, se escuchaba el constante repiquetear de las gotas de lluvia por todas partes y el viento inclemente que azotaba ramas de árboles contra la vivienda. Una pesadilla viviente. Fui hasta la segunda puerta a la izquierda, donde se suponía que estaba mi cuarto, o eso había dicho ese idiota. Bajé el picaporte que rechinó casi con dolor y tuve que empujar un buen rato para poder abrir, parecía que no hubieran utilizado ese lugar en años. Tosí al entrar, era un completo asco. Pilas y pilas de polvo espantoso por todas partes. Una cama destendida, sábanas amarillentas, rincones llenos de telas de araña, con decir que mis pisadas dejaban huellas de tierra pueden hacerse una idea. Jamás había visto una instalación con tanta mugre en ella. Me senté en la cama derrotado, una fina capa de polvo se levantó ante mi movimiento, lo que me hizo estornudar repetidas veces. Dejé la lámpara sobre una raída mesita cerca de la ventana que tenía los cristales sucios, como era de esperarse. Ya a esas alturas de la situación quejarse no era una opción, pero cuando sentí que algo se movía entre mis pies, no pude evitar ponerme de pie como un resorte. Una araña imposiblemente enorme, peluda y amenazante entra entre mis putos pies.
No soy una princesa, no me iba a poner a gritar como condenado, pero esa mierda era horripilante. Ni siquiera lo pensé, la pisé con todas mis fuerzas, mientras soltaba varios insultos. La cosa esa crujió como una rama seca y se me revolvió el estómago. Tomé la lámpara y me agaché para verificar debajo de la cama. Eso era un nido de tarántulas. Salí a paso firme de la habitación y volví al living, donde Eren seguía comiendo envuelto en su halo de parsimonia. Me miró aburrido.
—No puedo dormir en ese... ese tiradero. Debajo de la cama está infestado de arañas peludas, acabo de pisar una enorme.
—Lo siento, su alteza, pero todas las suites están tomadas —me respondió con un dejo de burla que no me gustó en absoluto—. Puedes dormir en el sofá, que es duro y no te lo recomiendo, o bien conmigo en mi habitación, puedo hacerte lugar en la cama, es grande.
—No, gracias ¿Tienes siquiera insecticida o algo? Y también voy a necesitar una escoba, un balde y un trapo para limpiar; es la peor hospitalidad que he visto en toda mi vida.
—¿Hablas en serio? Es de noche, no es hora de limpiar.
—Necesito eliminar esas alimañas, escucha no puedo dormir en ese cuarto del terror. No te estoy pidiendo que mates esas criaturas por mí, puedo hacerlo solo, ¿pero te mataría colaborarme? ¿Por favor?
—Muy bien, te ayudaré, pero después de cenar, y de paso te recomendaría que comieras un poco.
Me acerqué derrotado y me senté de nuevo a su lado. Detestaba todo esto, pero no estaba en posición de ponerme exigente, al menos hasta que pensara en alguna manera segura de huir, así que mi inteligente cerebro me dijo que sería mejor mostrarme dócil. Pero no me iba a tragar esa mierda verdolaga que flotaba en la porcelana.
—¿Tú lo hiciste? —pregunté con la voz más tranquila posible—. Se ve horrible.
—Lo sé, pero sabe bien, dale una oportunidad.
—No estoy en plan de exigente, lo juro, pero no puedo dejar pasar que tu pulcritud es casi nula, así que en verdad me da un poco de, de inseguridad ingerir esto, no puedes culparme por ser cauteloso.
Traté de explicar mientras revolvía con la cuchara.
—No te preocupes, lavé todo muy bien, hirvió adecuadamente, puedes comer tranquilo.
Contuve la respiración y me metí la primera cucharada. A pesar de que el aspecto no era muy bueno y que ya estaba tibio, el sabor era notablemente agradable. No saboreé mucho, el hambre se me despabiló y procedí a seguir ingiriendo. Más comía más me adaptaba a su sabor. De pronto mi cuchara chocó contra un hueso, o eso pensé, sumergí el artefacto para levantar eso y entonces emergió una maldita cabeza de pollo de adentro del plato. Era un plato bastante hondo, no me juzguen por no haberlo notado antes, además de que estábamos comiendo en penumbras prácticamente. Quedé petrificado y miré a Eren.
—Hay una cabeza en mi plato —le informé tratando de no armar un escándalo.
—Qué bien, te tocó con premio —dijo el estúpido e incluso sonrió, ¡sonrió! —. Es sopa de gallina, la traje en un recipiente y la calenté aquí. Los recursos son escasos como verás, así que, aprovecha.
—No me comeré la puta cabeza hervida de un bicho —repliqué, intentando conservar la calma.
Ese mastodonte de pelos largos metió sus dedos horribles en mi plato, sacó la cabeza y se la llevó a la boca. Aunque el espectáculo era grotesco, no pude dejar de mirar como chupaba la cosa esa y se comía hasta la cresta del pobre animal que se había sacrificado para servir de nutrición a nuestros cuerpos. Yo estaba en shock. Claramente no comí nada más, de hecho ni sé cómo no vomité lo poco que había conseguido tragar.
Ese alpha inepto se tomó su dulce tiempo para consumir su cena, fumar en su pipa, bajarse media botella de vino y finalmente conducirme a una especie de sótano, un lugar aún más aterrador que el resto de la cabaña, donde había un montón de cosas arrumbadas, entre ellas, escobillones, baldes, implementos de limpieza en general, todos llenos de tierra y asqueroso moho. Luego de revolver por aquí y por allá finalmente encontramos una especie de equipo fumigador que Eren rellenó con Kaotrina, un veneno para insectos.
—Fumigaré, pero no podrás habitar la zona hasta dentro de un día entero.
—De acuerdo.
Subimos todas las cosas arriba en tres viajes porque eran varias. No me pregunten como en una situación tan hilarante como aquella yo en lo único que podía pensar era en como limpiar ese asco de lugar. Tal vez mi mente solo intentaba mantenerse ocupada con algo y ya. Cuando Eren me vió lavando las cosas en la pileta de la cocina, se acercó, volvía de la habitación de arriba, al parecer ya había terminado con la fumigación.
—Vamos a dormir, debes cambiarte de ropa, esa está húmeda y sucia, ya te dije que no hay medicamentos y mucho menos doctores cerca si te llegas a enfermar, mañana podrás limpiar todo lo que quieras.
—¿Y dónde dormiré?
—En mi cama, es grande, estaremos bien. No pongas esa cara, no tengo intención de tocarte, ni hacerte daño siempre que te comportes adecuadamente, vamos de una vez, ya es tarde y debo madrugar.
Dejé las cosas y lo seguí. Me sentía un poco hambriento y estaba cansado a morir. Supuse que pedir una ducha caliente era demasiado, ya me fijaría en eso al otro día. Eren me pasó ropa suya, al menos su habitación lucía más limpia y la ropa olía bien. Cuando me quité la mía me dí cuenta lo maltratada y roñosa que se veía, después de todo era blanca y estaba llena de barro, mugre y hollín. Me puse una remera gris y un pantalón de algodón negro, todo me quedaba enorme, y como no, si apenas medía un metro sesenta y el mastodonte sobrepasaba el metro ochenta con facilidad, además que mi complexión era más bien delgada y Eren tenía una espalda enorme.
No les puedo explicar lo incómodo que es dormir en la misma cama que la persona que te acaba de secuestrar. En el silencio y la oscuridad de la habitación no pude conciliar el sueño por muy cansado que estuviera, mi cabeza era un bullicio de ideas desquiciantes y preguntas sin respuesta ¿Por qué hacía esto? Bueno, era obvio, por dinero ¿Podría la familia de Farlan pagar por mi rescate? ¿Y si no podían? Eren había hablado de una fecha límite o algo como eso, ¿realmente mi vida estaba en peligro? ¿Dónde estábamos? ¿Habría vecinos o gente cerca a la que podría pedirle ayuda? ¿Por qué me pasaba esto? Pensé en mi madre, a estas alturas debía estar llorando desconsolada, mi padre angustiado, se me oprimió el corazón, los extrañaba demasiado. Sentí la respiración pausada y pesada del alpha y me pregunté si podría aprovechar para atacarlo ¿No era algo sumamente extraño que bajara tanto la guardia conmigo? Pero eso era bueno, tal vez él creía que yo era un estúpido omega indefenso y eso lo usaría a mi favor. Tal vez podría atacarlo ahora. Yo no sabía manejar armas de fuego, pero cuchillos sí, sabía defensa personal además. Me giré tratando de no hacer ruido, seguía lloviendo y apenas el lugar se iluminaba por uno que otro trueno. Si mi instinto no fallaba, sería muy probable que Eren dejara algún arma cerca de su cuerpo, ¿debajo de la almohada quizás?
Tentando mi suerte deslicé mi mano debajo de la misma palpando suavemente, tratando de no hacer ruido, casi en el otro extremo mis dedos rozaron una funda, ¡bingo! Poco a poco la arrastré hacia mí, era la funda de un cuchillo de combate aserrado. Lo tomé con firmeza, el corazón latiéndome a mil por hora y con seguridad se lo asenté en la base del cuello, Eren abrió los ojos de inmediato.
—No te muevas, idiota, si es que en algo valoras tu vida, te rebanaré el pescuezo en dos seg-
No me dejó terminar, en medio de la oscuridad solo sentí un fuerte empujón en el estómago que me hizo caer de espaldas al suelo. Aunque fue sorpresivo no tiré el cuchillo. Me puse de pie de inmediato y lo vi acercarse a mí con una expresión aterradora. Pero este tipo no me conocía, si creía que me asustaría por estar loco, yo estaba cien veces más loco que él.
—Tan sumiso que pareces, pero eres un dolor de bolas —me soltó molesto.
—¡No te acerques! ¡No te acerques o te llenaré de agujeros! —le grité mientras blandía el cuchillo de un lado a otro y le gruñía.
—Debería haberte atado.
—¡Dije que no te acercaras!
Se me tiró encima capturando mi muñeca con el arma y rodamos por el suelo, golpeó mi mano contra el piso y tuve que soltar el cuchillo. Grité y lo quise patear, pero pesaba demasiado, aunque logré darle un rodillazo en la entrepierna, lo que me permitió liberarme y girarme para tantear el suelo buscando el arma. Volvió a tirarse encima de mi espalda doblando uno de mis brazos, haciéndome ver estrellas, trató de apretarme el cuello con su otro brazo pero le clavé todos mis preciosos dientes de manera feroz, hasta sentir que se me llenaba la boca de sangre. Me hizo feliz escuchar como aullaba de dolor y con mi brazo libre largué un codazo que impactó en su mentón, pude liberarme por segunda vez y me levanté como pude buscando algo para aventarle al rostro. Me barrió las piernas de una manera brutal y nuevamente quedé tirado en el piso retorciéndome dolorido, volvió a abalanzarse sobre mí, traté de arañarlo pero al final terminé agarrando esos horribles cabellos largos que tiene y los tiré con tanta saña que me quedé con un buen montón en las manos, fue entonces que recibí un impacto terrible en la boca del estómago, que me dejó sin aire, haciendo que me mareara y perdiera toda la fuerza que me quedaba. Joder, luchar es un gasto increíble de energía.
Lo escuché quejarse y maldecir, para luego prender una vela en la habitación. Yo no podía moverme, aún luchaba por respirar y no morirme en el intento. Me levantó con facilidad, como si fuera una muñeca de trapo y me tiró en la cama con poca delicadeza. Se fue y regresó al poco rato con unas cuerdas para atar mis brazos firmemente al respaldar de la cama. Ambos estábamos agitados y cansados. Me tomó de la mandíbula y me obligó a mirarlo, tenía un rasguño en la frente, seguramente se lo hice con mis uñas. Estaba realmente cabreado.
—Escucha mocoso, no te lo diré dos veces, más te vale colaborar conmigo, soy muy tranquilo y no te joderé si tú no lo haces, pero no me busques porque no tienes idea de quién soy. Fui sargento en el ejército de Paradis, tengo entrenamiento militar y soy un alpha puro, no eres rival para mí. Si quieres que hagamos esto por las malas te haré la vida un infierno, así que no me busques ¿has entendido?
Asentí apenas porque me era imposible hablar, aún me ardía el estómago dónde me había pegado anteriormente. Ese tipo no estaba de bromas.
—Ahora duerme y no me causes más problemas, intenta hacer algo una vez más y te daré una paliza que no te olvidarás en tu perra vida, ¿está claro?
Volví a asentir y al fin se alejó para apagar la vela y acostarse pesadamente a mi lado. Me hice una bolita, mi omega interior se retorcía por dentro, asustado, amedrentado, pero no arrepentido. Al menos lo había intentado. Realmente no recuerdo en que momento de esa noche eterna, porque me parecía que no acababa nunca, caí dormido profundamente. Para cuando me desperté ya no estaba atado, aunque tenía las marcas de las sogas en mis muñecas. Un brillante sol entraba por la ventana y sentí todo el cuerpo dolorido. Note claramente aquellos lugares magullados por los eventos recientes. Me levanté tambaleante, me sentía un poco débil y mareado.
Salí de la habitación, fuera de los crujidos y ruidos normales esperables de ese lugar extraño, no parecía que nadie más estuviera en la casa. Fui hasta el baño, sucio como era de esperarse. Traté de asearme, me miré en el espejo, tenía un moretón del lado derecho de la mandíbula y estaba todo despeinado. Traté de activar la ducha, salió agua amarronada un buen rato hasta que se puso clara, no había agua caliente y estaba bastante helada, me bañé como pude. Ya un poco más repuesto fui hasta el living, efectivamente Eren no estaba.
Buscando encontré unas manzanas y unas naranjas. Guardé todo en una bolsa que encontré, tomé una botella de vino la lavé y la llené de agua fresca, una vez listo salí afuera, el sol brillaba y la humedad de la tierra era molesta. Tomé el camino que me pareció más adecuado, era como un sendero, a ambos lados solo había árboles, espesa selva o lo que fuera, tan cerrado que no me animé a desviarme. Cada tanto gritaba pidiendo ayuda, pero nadie respondió ni una sola vez. Solo esperaba que no se me pareciera un oso o alguna bestia salvaje, no sabía que tan peligroso fuera. Perdí la noción del tiempo, me detenía de a intervalos, todo a mi alrededor era vegetación alta y árboles infinitos, una pesadilla verde que no se terminaba nunca. Debería haber traído un sombrero, el sol me estaba calcinando. Busqué refugio bajo un árbol, comí algunas frutas y bebí un poco de agua. Estaba empapado en sudor y terminé cediendo a un pesado sueño, estaba demasiado agotado.
Me desperté sobresaltado para ver con horror que el sol estaba cayendo. Me dolían los pies, las piernas, el rostro. Caminé un trecho más hasta que sentí los cascos de un caballo acercándose. Me giré y lo vi llegar. Se detuvo a algunos metros.
—Tienes más de cuatro horas hasta poder llegar al pueblo, aunque el camino se abrirá en tres oportunidades más adelante, claro que no te diré cuál bifurcación agarrar, con lo cual es muy probable que termines varado en algún pantano, en el mejor de los casos, ¿vas a intentarlo o te vuelves conmigo?
Lo miré desahuciado.
—Si decides irte, no iré a buscarte. Hay pumas por la zona que cazan de noche. No es broma.
Me acerqué a su caballo y el animal agachó la cabeza, le acaricié el hocico. No recuerdo haberme sentido tan derrotado antes.
—Llévame de regreso, por favor —le solté con la voz rota.
Estiró su mano hacia mí y me subió con facilidad. Me acurruqué en su pecho, aunque fuera irónico me sentí al fin a salvo, a salvo en los brazos de mi captor, en medio de la nada misma. Cerré los ojos y suspiré.
No recuerdo ni cuando llegué a la cabaña, pero al despertar estaba en la cama de Eren otra vez, era noche cerrada. Me levanté peor de dolorido que a la mañana, tenía los pies vendados. Caminé hacia el living, un delicioso aroma se desplegaba por todo el lugar. Había una olla hirviendo en la cocina, una cocina a leña. Eren estaba cuidando de la cocción, al parecer ni siquiera necesité anunciarme porque me habló sin mirarme siquiera.
—Encima de la mesa hay pulpa de aloe vera en un cacharro, úntala en tu rostro y cuello, estas rojo como un camarón, eso aliviará las quemaduras del sol. Hay agua fresca, sírvete pero toma de a pequeños tragos, debes hidratarte, no tengo otra cosa para ofrecerte. En unos minutos serviré la cena. Guisado de venado, creo que te gustará más que el de gallina.
Me senté, sintiéndome destruido por dentro y por fuera. Me puse el aloe una vez, mi piel lo absorbió de inmediato, luego me lo puse de nuevo y así como cuatro veces. Sabía que iba a llevarme dos o tres días que me dejara de arder el cuero. No estaba para peleas, el agotamiento era extremo. Bebí tal como el alpha me lo pidió.
Y recibí en silencio su plato de comida humeante, al menos ninguna cabeza estaba flotando esta vez. Sabía bien, similar a los guisados de mi casa, o sería mi percepción que ya estaba un poco distorsionada. Como fuera no iba a quejarme.
—Tu habitación está limpia ahora —me informó tomando asiento frente a su plato y sirviéndose una copa de vino—. Dejé las ventanas abiertas para que se oreara, el veneno es fuerte, creo que sería prudente que lo usaras recién mañana, a decir por tu estado deplorable. Espero que te veas más decente cuando tengamos que hacer el intercambio o pensarán que uno te maltrataba aquí.
—Oh, ¿quieres que hable bien de ti?
Eren sonrió a medias, la luz del hogar y la vela sobre la mesa era todo lo que teníamos. No llovía, pero la oscuridad lo envolvía todo allá afuera. Comimos en silencio, incluso acepté media copa de vino y luego de lavar los trastos nos fuimos a acostar.
—¿Tengo que atarte hoy? —me largó con burla, pero la verdad que ni llegué a contestar que ya estaba profundamente dormido.
Al otro día Eren no estaba, la verdad no tengo idea qué hacía cuando salía de la cabaña y estaba demasiado agotado y asustado como para intentar huir de nuevo. Debería pensarlo mejor la próxima vez, tal vez irme en el caballo. Seguro ese animal sabría el camino hacia el pueblo. Por ahora no daría problemas y me dedicaría a limpiar un poco ese mugrero, después de todo no sabía cuánto tiempo permanecería en ese lugar de mierda, era mejor ponerlo en condiciones.
Había frutas en la mesa del living y con ello pude desayunar ¡Ah, si me vieran ahora!, de fregona, a cuatro patas como un cerdo tallando el piso luego de haber barrido todo y pasado el plumero como la cenicienta. Cerca del mediodía hice una pausa, de paso volví a untarme con aloe vera, mi piel seguía sensible y enrojecida.
Yo que solo había querido huir de esta vida de esclavo, estoy condenado a hacerlo de todas maneras. La vida me escupe en mi bonito y rojizo rostro. Hice lo que pude, pero obviamente el polvo acumulado de años no se puede limpiar en un solo día, menos con mi capacidad a medias. Así que buscando la manera de organizarme mejor, tomé un cuaderno que encontré y comencé a escribir los objetivos que me fijaría para los próximos días. De ese modo calculé que una semana dejaría ese cuchitril mejor que una posada lista para recibir turistas. Qué bien, soy un genio de la escoba, noten el sarcasmo.
Eren regresó por la tarde, no me pregunten la hora porque no hay relojes en ese lugar. Me sentí mal conmigo mismo de alegrarme un poco por no estar tan solo. Venía cubierto de barro, hojas, y suciedad, traía tres conejos que había cazado, entre frutas y verduras que vaya uno a saber de dónde había conseguido. En el sótano había una especie de canasto verdulero que mantenía bastante bien algunas papas, batatas y remolachas. Todos tubérculos. Al parecer el agua es de deshielo, por eso su temperatura tan baja, los caños principales cruzan debajo de la casa y eso permite que el sótano se mantenga frío, allí hay una alacena con algunos alimentos no perecederos y esas pocas verduras.
—Encárgate de la carne —me dijo tirando a los pobres conejos en la pileta de la cocina—. No arruines sus pieles que luego servirán para abrigo. Hoy cocina tú, yo haré pan —fue todo lo que dijo.
Me quedé mirando esos cadáveres amontonados en el lugar, Eren dejó un cuchillo pequeño a mi lado. Está bien, no lo atacaría por hoy, pero no sé qué espera que haga. Yo no voy a tocar a esas pobres criaturas.
—¿Qué se supone que debo hacer?
—Despelléjalos, córtales las patas y tira la piel hacia arriba, les abres la panza, les quitas las vísceras y luego los lavas bien, los adobas y los cocinaremos al fuego. Haz hervir unas papas y unas batatas para acompañar —fue toda su respuesta.
—Estás loco, no voy a hacer semejante cosa. Eres un bárbaro, tal vez estés acostumbrado, pero yo no soporto la sangre, ni las vísceras, no lo haré.
—¿Y se supone que tú eres un omega perfecto? Perfectamente inútil —se quejó empujándome para hacerse lugar—. Ven aquí y aprende, no te lo enseñaré dos veces. Los agarras así —dijo tomando uno con una mano y el cuchillo en la otra—. Cortas en las patas, justo en el talón, así.
Escuché los ligamentos crujir y sentí una arcada, cerré los ojos al ver como mutilaba el cuerpecito y salí corriendo a vomitar cuando tiró de la piel desollando a la criatura. Estaba muerta, claramente, pero yo nunca había presenciado una cosa tan violenta antes, y mi pobre estómago se dio por vencido con facilidad.
Luego de un buen rato volví con recelo, los conejos estaban ya adobados descansando en una fuente.
—¿Será que al menos podrás pelar unas papas y batatas? ¿O el señorito se descompondrá con eso también?
Suspiré y tomé el cuchillo pequeño para hacer eso. Eren no me ayudó a encender los leños de la cocina, así que estuve renegando casi una hora antes de tener que ir y pedirle su ayuda. Había que tener técnica, me enseñó cómo hacerlo y en quince minutos ya estaba el fuego listo y calentando el agua.
Cenamos más tarde de lo habitual, y la carne asada de los pobres conejos era una verdadera delicia, con decirles que repetí mi porción ya pueden imaginarse.
—Mírenlo, al defensor de conejos, estómago frágil, chupándose los dedos ahora —se burló de mí—. ¿Cuántos años tienes? Eres demasiado joven.
—Este año cumplo los dieciocho.
—Eres un niño prácticamente, ¿tus padres te obligan a casarte?
—Claro que no, es mi decisión, y estoy muy seguro por si quieres saber.
—No entiendo, podrías disfrutar un poco más de tu vida, salir, conocer el mundo, estudiar. Ahora hay universidades para omegas.
—No me interesa estudiar. Solo quiero casarme y vivir cómodamente.
—¿Y eso es a todo lo que aspiras en esa vida? ¿Ser un amo de casa, parir crías y ya?
—Sí, puede ser simple, pero el valor de una familia es lo más importante para mí, tal vez no lo entiendas y no lo espero tampoco, pero ese ha sido mi sueño siempre ¿Y qué hay de ti? ¿Un alpha ermitaño? Es lo más extraño que he visto por lejos.
—Pues yo valoro la paz y la calma lejos de las ciudades, lejos de la corrupción y la maldad de la gente.
—Mira quien habla de maldad, nada menos que un secuestrador de omegas —acusé, aprovechando mi oportunidad. Eren se puso serio.
—Tú no sabes nada, eres solo un mocoso que acaba de dejar la pollera materna y que se cree que por bonito el mundo se rendirá a sus pies. Eres inmaduro y caprichoso, ojalá la vida no te enseñe con crueldad que no todo lo que brilla es oro.
A parecer había tocado alguna fibra sensible de este idiota. Yo era joven, era cierto, pero no era estúpido, ni crédulo como él me endilgaba. Hice una pausa para masticar una rodaja de batata, necesitaba aprovechar al máximo nuestros momentos de conversación para poder saber más de sus intenciones. El alpha dejó de comer y procedió a preparar su pipa como era su costumbre.
—Y... ¿qué harás cuando cobres el dinero? ¿Viajar por el mundo? ¿Contratar una mucama?
Eren se quedó en silencio, fumando lento como perdido en sus pensamientos.
—Tal vez podrías sentar cabeza, casarte con una bonita omega y-
—¡Cállate! No voy a recibir consejos de un mocoso que nada sabe de la vida —¿era yo o este imbécil estaba cabreado por alguna razón? —. Por solo pensar en tu comodidad es que estas metido en este aprieto ¿Siquiera consideraste analizar la clase de persona que tienes por prometido? ¿O es que tu avaricia te nubló el sentido común, eh?
—No hace falta que me hables de esa manera, entiendo si no quieres conversar.
—No se trata de eso, Levi —sentí un escalofrío cuando pronunció mi nombre de esa forma—, se trata de ver más allá de las apariencias. Estoy seguro que no tienes ni la más remota idea de cómo fue que los Church hicieron su cochina fortuna, ¿o acaso lo sabes?
—Tienen campos de soja y tabaco.
—¿Lo ves? No sabes nada. Se terminó la cena, recoge todo y lávalo. Puedes usar tu habitación hoy, trata de no darme problemas y vete a dormir apenas termines.
Dicho lo cual se levantó y se me dejó solo en el lugar. Menudo idiota de mal carácter. No sé quién me manda a tratar de entenderlo. Es un delincuente, no hay mayor explicación.
Una vez que dejé todo en condiciones, tomé la vela,que ya poco le quedaba de vida y subí al primer piso. Miré hacia la habitación del alpha pero la puerta estaba cerrada. Cuando entré a la mía me sorprendió gratamente encontrar un par de remeras y pantalones de algodón de mi talle en una repisa, las sábanas estaban nuevas y había un par de frazadas al pie de la cama. Cerré la ventana porque ya estaba helando y se sentía el frío en el lugar. Revisé debajo de la cama pero estaba impecable, ¿a qué hora se había encargado de esto? Como fuera no pensaba agradecerle, después de todo estaba secuestrado.
Esa noche sentí un poco de frío, era notable que el cuerpo de los alphas eran cálidos, pero no necesitaba de ese imbécil para sobrevivir, yo lo haría solo, idearía un plan y escaparía de sus garras cuando menos lo pensara.
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By Luna de Acero.
