Hola, hola, Luna de Acero reportándose. No puedo irme de vacaciones sin actualizar debidamente, este fic y anunciar que le quedan dos capítulos, como mucho. También voy a actualizar Donde se esconden las sonrisas y Serendipia, y ahí sí, nos vemos hasta el 07 de Febrero. Bueno, espero disfruten del capítulo, recuerden que Levi es jovencito, está a un paso de cumplir 18 años, no conoce mucho de la vida y hace lo que puede, mi bebe! Como sea, disculpen los errores, va sin corregir, see ya.
Disclaimer: Los nombres de los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia es de mi completa invención, universo omegaverse, si alguien no sabe que significa pregunten y les explico.
Advertencias: lenguaje vulgar, palabras altisonantes, personalidades un poco OoC. En el próximo capítulo se vienen cosas suculentas, tengan paciencia.
.
.
"La perfección es obsesiva. Y eso es un defecto."
Roberto Fontanarrosa
.
.
Ya llevo ocho días, ocho larguísimos y espantosos días en esta prisión. Eren se va temprano y regresa cuando el sol ya se ha ocultado, me quedo solo la mayor parte del tiempo. Me subido al techo un par de veces pero por mucho que miro alrededor solo hay cerros, arbustos árboles, plantas, verde, verde, verde. Creí distinguir hace unos días una especie de humo blanco pero lejísimos de aquí.
He gritado hasta quedarme afónico, me aventuré por los alrededores, y volví a perderme por segunda vez. Eren volvió a "rescatarme", tenía varios raspones, un golpe bastante serio en uno de mis brazos y dos garrapatas en las piernas, oh, ¿también dije que volví a insolarme?
Suspiro mientras el agua de la tina se va enfriando. Es una verdadera odisea tener agua caliente, tengo que hervir ollas y tirarlas, pero bueno, necesita relajarme un poco. Estoy tan aburrido, ya he limpiado toda la casa menos el sótano. Creo que puedo hacer una buena limpieza y de paso arreglarlo para usarlo como refrigerador, porque los caños de agua pasan por la pared de atrás y noté que estaban casi congelados, el agua es de deshielo, así que tengo en mente hacer una especie de mueble con unos cajones que he visto para lograr tener un lugar donde refrigerar la comida que sobre. Solamente tengo que ingeniármelas para aislar la madera.
Me quedo pensando en eso un rato largo y decido salir finalmente. Al menos la ropa que tengo es abrigada. Me seco, me visto y bajo al living, agrego unos leños a la caldera porque se está apagando. Estas últimas noches ha sido terrible el frío, miro el sofá y pienso que no sería mala idea dormir allí cerca del hogar, soy friolento por naturaleza.
Voy a la cocina y me pongo a pelar unas verduras, las últimas que quedan, espero que Eren traiga más en esta oportunidad. Siento que me pica la nariz y frunzo el ceño, no voy a llorar, no voy a permitir que el sentimentalismo me gane. Concéntrate, Levi, eres inteligente, puedes salir de esto, puedes hacerlo. Inspiro, un poco más calmado y continúo picando y pelando.
Encontré una caja con arroz que está en buenas condiciones, así que decido empezar un guisado, ya cuando Eren llegue seguramente traerá algún tipo de carne. También he horneado pan casero, y debo decir que me ha salido mil veces mejor que esos bollos duros que el estúpido alpha hizo hace días. Realmente esto de cocinar y limpiar es lo mío.
Noto que empieza a correr mucho viento afuera, es probable que llueva, de manera que salgo a levantar las sábanas y la ropa que puse a orear con el sol. A tiempo logro meterlas adentro. Justo después llega Eren. Tal como predije trae unas tres o cuatro aves medianas y una alforja con cosas. Me acerco a ayudarlo. Noto que tiene algo de sangre en la frente, ¿qué le ha sucedido?
—Vaya —exclama mirando todo alrededor—. Nunca he visto este lugar tan limpio.
—Realmente eres un puerco, ¿cómo podías vivir en medio de tanta mugre?
—Ya te lo dije, prácticamente no paraba aquí, solo para dormir, y a veces no venía por semanas.
—Excusas.
El alpha me empujó los cuerpos de las aves contra el pecho y yo los recibí por la sorpresa, estaba atadas sus patas a un cordel.
—Ven, te voy a explicar cómo vas a preparar esas codornices.
Lo seguí a la cocina, dejó la alforja sobre la mesada de granito, se lavó las manos y luego cortó el primer cordel para tomar una de las aves. Agarró un afilado cuchillo y le cortó la cabeza de un corte limpio, contuve la respiración mientras trataba de acostumbrarme a esa masacre.
—Una vez que le sacas la cabeza lo cuelgas así y que drene la sangre. Pones una olla a hervir con agua, una vez que hierva metes el bicho para que se le aflojen los poros, lo dejas unos minutos y luego lo sacas para sacarle las plumas. Puedes sacarle las plumas en seco, pero créeme, demorarás el triple. Una vez todo desplumado lo trozas y lo metes a… Oh —dijo levantando la tapa de la olla donde yo estaba preparando mi guisado—, esto se ve muy bien, bueno, lo tiras aquí y ya tendremos una exquisita cena. Solo prepara dos, son pequeñas, las otras dos pongas colgadas en el sótano y las cocinarás mañana, pero hazlas asadas para variar un poco.
—No, yo no, no puedo hacer todo eso, me da asco —dije firme y tratando de que entendiera un poco mi postura.
—Acostúmbrate, estoy muerto, iré a bañarme —me dijo pasando completamente de mi incomodidad, pero antes de subir a las escaleras se giró y me miró divertido—. Traje algo que te va a gustar mucho, pero no te convidaré a menos que cocines esas codornices, ya verás tú.
Y luego se perdió escaleras arriba. Bufé molesto. Puse algunos leños más dentro de la cocina de hierro y miré por la ventana de la cocina, ahora llovía a cántaros. Mi intención era esperar que Eren se durmiera y tomar su caballo y huir, está bien, era arriesgado hacerlo de noche, pero él se perdía durante todo el día lo cual me hacía imposible a tarea durante el día, además yo ya estaba muy sensible con tanta insolación.
Tratando de no vomitar en el proceso cercené la cabeza de la pobre ave y colgué su cuerpo junto a la de su compañero, aproveché para llevar a los otros dos cuerpos al sótano, busqué uno de los ganchos que había sobre un sector y los colgué de ahí, volví y mientras se desangraban me puse a revolver lo que había traído en las alforjas. Casi lloro de la felicidad al ver una mermelada, había latas y otras mercaderías, lo que me daba la pauta que había ido a algún poblado, o sea que se podía ir en medio día, era un buen dato, tal vez el caballo supiera el camino de memoria.
Había una lata de café, un paquete de azúcar, un paquete de sal, jabón de tocador (casi lloro de la emoción), un bote de shampoo, espuma de afeitar, jabón para la ropa y un cepillo (lo cual me facilitaría el lavado), un precioso plumero de plumas negras con punta blanca (era bellísimo), trapos de piso, dos paquetes de fideos secos, harina, grasa, leche en polvo y otras cosas que fui acomodando en las alacenas que esa misma mañana había limpiado tan bien.
Corrí el guisado porque no quería que las verduras y el arroz se cocieran demás, y procedí con las codornices, las metí en el agua hirviendo y luego mientras me quemaba los dedos les fui arrancando las plumas, no les puedo explicar el asco que significó hacer esa tarea, por poco y vomito, pero afortunadamente pude terminar la tarea entre los dedos que me escocían por el calor. Cuando los lavé bien e iba a encargarme de trozarlos, me dí cuenta que aún tenían sus entrañas. NO, imposible.
Afortunadamente para entonces Eren bajó las escaleras y fui a pedir su asistencia, claro que me quedé asombrado del enorme cambio que había en su aspecto. Digamos que había subido un hombre y había bajado otro. Se había rasurado la sucia pelambre que tenía por bigote y barba, se había cortado bastante de su cabello que por lo general lucía enmarañado y mal peinado, ahora estaba atado en una pulcra coleta de caballo el flequillo despejado, lo que permitía verle los enormes bolillones que tenía por ojos, con ese porte, esa altura, la camisa blanca con algunos botones abiertos, bien limpio y presentable, era otra cosa. Corrí la mirada como para que no fuera obvio que me parecía un alpha bastante atractivo, como una mariposa que acaba de salir de su capullo y deja su fachada de oruga horrible.
—Disculpa, Eren, yo ya hice que se desangraran y las desplumé, pero no puedo quitarles las vísceras, de verdad, estoy poniendo de mi parte pero esto es… es horrible.
Rodó los ojos fastidiado y entró a la cocina, tomó el cuchillo con sus grandes manos y procedió a mostrarme como se hacía. No pude mirar todo el proceso, así que él tuvo que lavar los cuerpos, cortarlos y echarlos al guisado.
—Tan seguro de ti mismo que pareces, pero apenas sopla una brisa te vienes al suelo como castillo de naipes—soltó con un dejo de molestia en la voz.
—Disculpa por no estar acostumbrado a vivir como hombre de las cavernas —me quejé suave, realmente me molestaba que me tratara como si yo fuera un inútil, si hasta le había dejado la mugrosa residencia como tacita de plata de lo brillante.
—Eres un hombre Levi, no deberías hacer tanto escándalo por una acción tan simple como esta, se trata de supervivencia, si me pasara algo ¿qué harías tú? ¿Morirte de hambre, o de insolación?
—Sabes, he notado que estos últimos días estás algo irritable, tal vez no sea el multiusos perfecto que necesitas, pero para estar secuestrado, soy bastante obediente y colaborador.
—¿Lo dice el inútil que tuve que ir a rescatar dos veces de las fauces de la muerte?
—Púdrete —dije completamente cabreado y yéndome a mi habitación.
Cerré la puerta y me metí entre las cobijas, aguantándome las ganas de llorar, no iba a hacerlo. Pero mi omega interior estaba inquieto, dolido, perturbado. Bueno, era cierto que me había tenido que rescatar en esas dos ocasiones, pero en primer lugar ¡era porque el muy maldito me tenía secuestrado! Apreté los dientes muy molesto, estúpido alpha, apenas se durmiera me iría sin dudarlo, no importaba la lluvia torrencial, ahora nada me impediría abandonar esa horrible cabaña de una buena vez.
Afortunadamente tenía un poco de pan y queso de cabra en la habitación, así que eso podría servirme de cena. Como dije, yo podía ser joven, pero no era estúpido, y además era previsor ante todo, solo comería un poco y guardaría el resto para el camino, porque no sabía en verdad cuanto podía demorar en llegar a algún pueblo donde pudiera pedir ayuda. Tocó a mi puerta un par de veces y me llamó a comer, el olorcito de mi exquisito guisado era tentador, pero no me doblegaría tan fácil, por lo que me quedé callado y me hice el dormido.
Solo cuando estuve absolutamente seguro que la casa estaba en silencio, me animé a salir de la habitación, llevé los zapatos en una mano para que no se me escuchara, tomé una bolsa tejida de la cocina, guardé unas manzanas y metí el pan, el queso, un cuchillo y una botella con agua potable. Tomé una capa verde del perchero y con sigilo salí. Estaba frío, la lluvia había amainado, ahora era una especie de llovizna, el problema es que todos los alrededores estaban embarrados. Me dirigí al caballo, me gustan los animales. Saqué una manzana y se la ofrecí como ofrenda, el animal se la zampó de un solo bocado y me dejó acariciarle los morrillos. El verdadero problema fue subirme en él. Yo no estaba acostumbrado a esas faenas, y mi altura de mierda no me facilitaba la tarea.
Sudé como cerdo los veinte minutos que intenté treparme, no les miento, el destino estaba en mi contra. Me caí del otro lado un par de veces, golpeándome duramente el hombro derecho en dos oportunidades, pero no me rendiría tan fácil. Finalmente pude subir al fin, tomé las riendas y miré hacia el frente, no se veía prácticamente nada, pero no podía rendirme ahora. Espolié suavemente los costados del animal que resopló un par de veces, con seguridad estaba cansado, pero finalmente se puso en marcha.
Temblaba de los nervios, sentía a mi corazón a un paso de saltarme del pecho mientras intentaba no caerme del caballo, íbamos a paso lento, pero yo nunca había montado solo, y les digo que hacerlo en una noche como boca de lobo y agua cayendo que te nubla la vista, no es nada fácil. Supuse que habríamos andado un buen trecho, la verdad que el sentido de la hora no me funcionaba. Me hacía frío, tenía las manos congeladas al igual que los pies, el flequillo pegado a la frente y el agua metiéndose por cada rincón que podía. De repente vi una especie de luz a unos metros al frente, al acercarme me dí cuenta que era una persona a caballo, que portaba una lámpara de petróleo o algo como eso.
—¡Hola, hola! —grité agitando mi mano, el caballo pareció entender porque aceleró un poco la marcha hacia el desconocido, yo estaba exaltado, una persona, ¡al fin!
Cuando me acerqué noté que tenía una capucha que le cubría parte del rostro y estaba muy serio, pero se quitó la capucha y pude ver el rostro de una mujer.
—¡Por fa-favor, ayúdame! —le largué desesperado—. Me han secuestrado, estoy huyendo, mi familia te recompensará muy bien, por favor!
Esta mujer me miró con sus helados ojos oscuros, metió la mano libre (con la otra sostenía la débil luz que había visto antes) en sus alforjas y sacó una especie de rifle de caño corto y me apuntó sin pensárselo dos veces.
—Omega idiota —me lanzó con molestia—. Vas a dar la vuelta inmediatamente y volveremos por donde viniste.
Ni siquiera lo pensé, yo no iba a entregarme, de ninguna manera. Metí la mano en la bolsa que tenía colgando de mi brazo y agarré el cuchillo, se lo aventé por la cabeza, pero ella lo evadió fácilmente desviándolo al golpearlo con su arma, pero era todo lo que yo necesitaba para largarme frenético con el caballo en una loca carrera para huir, lo espolié con fuerza y el animal relinchó para salir como alma que lleva el diablo. No sé quién era esa mujer, no me interesaba tampoco, era obvio que no estaba de mi lado. El movimiento del caballo, el agua y la oscuridad no me permitían ver al frente, solo confiaba en que él me llevaría a algún destino lejos de esa loca que empezó a perseguirme, sentía los cascos detrás de mí. Rogué ayuda a todos los dioses y santos, hasta que sentí que disparaba en mi dirección. Perdigones. A Dios gracias no me atinó de lleno, pero si sentí varios incrustarse en una de mis piernas lo que me hizo largar un alarido de dolor. Se agaché y me aferré a la montura del caballo con alma y vida. Estaba seguro que si ella me atrapaba me iba a matar, no tenía duda.
Pero no iba a ser esa noche la que escapara, el potro derrapó en un montículo de barro y me caí pesadamente a un costado, rodando y golpeándome en el proceso. Quedé aturdido, tirado en el barro. La mujer llegó hasta nosotros, intenté arrastrarme, agarré barro con mis manos y se lo aventé al sentir sus botas cerca. No fue buena idea, me regaló una patada en el abdomen que me dejó sin aire, tosiendo y babeando por algunos minutos. Me ató las manos al frente puso una cuerda ajustada a mi cuello con el extremo de su mano.
Me arrodillé resoplando, sintiendo sabor a sangre en mi boca. Noté que estaba montada en su caballo y el de Eren estaba del otro lado, con las riendas atadas a su montura. Tiró salvajemente de la cuerda de mi cuello ahorcándome un poco en el proceso y me obligó a trastabillar hacia adelante.
—Camina —me ordenó con fría voz—. Ni pienses que te la dejaré fácil, esperpento. O caminas o morirás ahorcado, y me importa muy poco cómo, pero te llevaré de regreso.
La pierna me ardía muchísimo por las heridas de los perdigones, además me había golpeado por todas partes al caer, pero no tenía ganas de morir. Ella se puso en marcha y yo tuve que seguirla a pie, cayéndome por momentos, estaba agotado, pero tal como me dijo no me lo puso fácil, no se detuvo ni me tuvo compasión ni un solo momento.
Cuando llegamos Eren ya estaba despierto, de pie en la galería de la cabaña. Se acercó de inmediato al verme jadeando como un perro sediento, agotado y a un paso de colapsar.
—Mikasa —al parecer así se llamaba esa bruja—. ¿Qué estás haciendo? ¡Suéltalo!
Caí de rodillas cuando soló la soga, no daba más. Eren se acercó y me observó preocupado, o algo así, me quitó las cuerdas del cuello y de las manos y me ayudó a llegar hasta la galería donde me senté un momento.
—Es tu culpa —le dijo ella—, por ser tan malditamente confiado, te dije que lo mantuvieras atado, casi fracasa todo el plan por tu irresponsabilidad —lo regañó pero sin levantarle la voz.
—No iba a llegar lejos, menos en la noche y con la lluvia, lo he manejado perfecto hasta ahora, así que deja los reclamos. Mira nada más cómo está.
—E-ella me disparó —la acusé mirándola con ira.
—¿Le disparaste? —preguntó Eren alarmado, pero la mujer ni siquiera se inmutó.
Se sacó la capa y procedió a sacar un cigarrillo para fumarlo con tranquilidad.
—Eran perdigones, gracias a eso pude detenerlo. Además, ¿cuál es el problema? Vivo o muerto nos sirve igual.
—No hablemos de eso por ahora —dijo Eren—, no quiero que vuelvas a lastimarlo, ¿me has escuchado? Es una orden.
Luego se acercó a mí, me preguntó si podía caminar y me ayudó a entrar e ir al baño. Comencé a quitarme la ropa embarrada y empapada, rota por partes. Eren al rato vino con toallas limpias y un cambio de ropa. Aunque tuve que desnudarme frente a él, no parecía demasiado interesado en mi cuerpo más que para ver las heridas. Me puse ropa interior y procedió a quitar algunos perdigones que habían quedado en mi pierna. Dolía como el infierno, pero debía aguantar, desinfectó y me vendó. Luego me lavé el barro de la cara y la cabeza, ahí noté que tenía una herida en la frente, sobre el cuero cabelludo. Eren me secó la cabeza y se encargó de la misma. Me ardía la quijada, estaba todo raspado, tenía moretones en toda la espalda y el peor en mi hombro. Me ayudó a vestirme y me dio otro par de pantuflas mullidas y secas para mis pobres pies.
—¿Cómo te sientes? —preguntó serio.
—Mal. Quisiera ver a mi madre —solté con dolor—. Eren, ustedes… ¿van a matarme, verdad?
—No pienses en eso, no hemos decidido nada. Si la familia Church accede a nuestro pedido no habrá nada que lamentar.
Me abracé a mí mismo, sintiéndome terriblemente desolado.
—Yo vi sus rostros, conozco sus nombres, ustedes no me dejaran volver. No veré nunca más a mi familia… —caí en cuenta de mi situación al fin, estaba cansado, asustado, me sentía impotente. Las lágrimas salieron solas, no pude evitarlo, tanto me había aguantado y ahora ya no podía, ellos iban a matarme, era un hecho.
Los brazos de Eren me cobijaron, lo miré en medio del mar de lágrimas que era en ese momento, mordiéndome los labios para no verme tan lamentable. El alpha me observaba con tristeza, pero yo no tenía a nadie más a quien recurrir, así que me aferré a su pecho, tratando de buscar consuelo inútilmente ¿Cómo es que no me había dado cuenta? Al poco rato me calmé, no tenía sentido dejarme consolar por mi captor. Me dejé llevar por él al living, se quedé en un pequeño sillón cerca del hogar, con una frazada alrededor del cuerpo, pensando en todo lo que había sucedido.
La mujer, Mikasa estaba sentada en el sillón grande, seguía fumando. Eren fue a la cocina y trajo tazas humeantes de chocolate, con algunas tostadas. Yo solo me tomé el chocolate y no supe en que momento me quedé dormido, estaba demasiado agotado. Cuando desperté me dolía más el cuerpo que la noche anterior, sentía los músculos agarrotados y la cabeza pesada. Escuché ruidos en la sala, así que decidí no moverme y quedarme escuchando, además estaba calentito en mi refugio de colchas. Mikasa cuchicheaba, al parecer discutían en voz baja con Eren.
—Es un peligro, si llegaba al pueblo estábamos listos. Siempre eres tan confiado. Pidieron una prueba de vida, era de esperarse. Con dos o tres dedos será suficiente.
—No, no es necesario hacerle daño.
—Eren, ¿no te estarás dejando seducir, cierto?
—No me hables como si fuera un vil animal, ¿acaso no me conoces?
—Ellos no tuvieron compasión con Armin.
—Basta, no caeré en eso. Si me comporto igual significa que no habremos aprendido nada. Hacer lo mismo es ser igual a ellos, preferiría morir que dejar que eso sucediera.
—Me quedaré aquí para vigilar que hagas bien las cosas, esto me da mala espina. No sé para que lo mantienes vivo en primer lugar, aunque ellos accedan no podemos dejarlo ir.
—Ya basta, me darás dolor de cabeza. Nos apegaremos al plan y eso será todo. Luego veremos si hay detalles que cerrar o no, y Mika, no se te ocurra ponerle un dedo encima sin mi consentimiento, o me voy a enojar mucho. Ya que pretendes quedarte aquí, al menos ve a cazar y trae algo de buen alimento.
—Prepara las brasas afuera, traeré un jabalí, pero ese idiota que coma mendrugos.
—Joder, cálmate. Él comerá lo mismo que nosotros, sin réplicas.
—Por cierto, hiciste un buen trabajo, este lugar parece habitable ahora. Hacía mucho que no lo veía tan limpio.
—No lo hice yo, no tuve tiempo preparando las trampas, lo hizo Levi.
—Eren…
—Vete de una vez, no te escucharé Mikasa, déjame un minuto en paz.
—Ese es el problema, tú nunca escuchas.
Al poco rato sentí la puerta siendo azotada, al aparecer la mujer se había ido, entonces Eren se acercó y acarició mis cabellos, hasta que abrí mis ojos que me ardían un poco.
—Oye, despierta, ve a acostarte a tu cuarto, en esa posición te dolerá más todo ¿Cómo te sientes? No te ves muy bien —apoyó su mano en mi frente y frunció el ceño—. Tienes fiebre, bueno, después de tantos problemas es lo mínimo que podría pasarte, vamos, te llevaré.
—No, está bien, puedo caminar —dije saliendo de entre las colchas, me arrepentí apenas asenté mi pie en el suelo, pero mi orgullo era mayor a cualquier dolor, de manera que me aguanté los tirones en la pierna y los escozores y muy despacio me fui a las escaleras.
Apenas entré en la habitación me desplomé en la cama, sentía el cuerpo caliente, un poco transpirado, pero tenía frío. Al rato Eren vino con una bandeja, no sé ni qué me dio de beber, me sentía muy cansado. Pero estuvo acariciando mi cabeza un buen rato y eso me dio cierto alivio. Comía muy poco porque no me sentía bien y Eren estuvo a mi lado todo ese día, o fue al único que vi al menos. Pero tengo buena salud, así que al otro día me levanté mucho más repuesto.
Cuando bajé no había nadie en la casa. Me había dejado encerrado, las ventanas con rejas por fuera, de manera que ni siquiera podía salir al patio, tampoco me sentía con ganas. Renegué al ver todo el barro en el piso y algunos trastos sucios. Aunque no estaba del todo bien no podía estar quieto y seguir acostado no era una opción, de manera que me puse a limpiar y en menos de dos horas ya todo estaba mucho mejor. Tendría que lavar el baño y la ropa sucia de la otra noche pero ya no daba más. No quería sobre exigirme. Me preparé un té y comí algunas tostadas con la mermelada que Eren había traído la otra vez. Luego me dediqué a husmear. Encontré una agenda en un escritorio de un rincón. Las tapas eran de cuero, al abrirla encontré una foto de un chico joven, rubio, ojos celestes, muy atractivo, probablemente omega, sonriendo con dulzura. Continué y me encontré con un montón de anotaciones. Al parecer Eren había estado vigilando a la familia Church y a mí durante meses, ¡meses!
En algunos bordes había rayones hechos con bronca, palabras sueltas: "Exterminar, sin ojos, ni uno solo, nunca más". Sentí algo de temor y cerré el libro. Mi instinto me indicó que sería mejor buscar un cuchillo y tenerlo en la bota por las dudas, y fue lo que hice, aunque era obvio que yo no era rival para dos alphas poderosos. No estaba del todo seguro, pero apostaría que la mujer esa, la bruja, era alpha también.
Me senté en uno de los sillones mirando mis manos, lastimadas, golpeadas, mi omega quiso largarse a llorar de nuevo, pero inspiré y fui fuerte de nuevo. No, llorar no era una opción, debía pensar, debía encontrar la manera, era obvio que no podría dejar esa casa por mis medios, no podía esperar que me encontraran en un lugar tan apartado, ¿acaso no podía hacer nada más? Me dolía el pecho, más no dejaría de intentar pelear y sobrevivir, a como diera lugar.
Me sobresalté al escuchar a Eren abriendo la puerta, al parecer venía solo, mejor, no soportaba a la otra mujer. Se acercó a mí al verme sentado.
—¿Qué haces aquí? Deberías estar acostado recuperándote.
—Me siento mejor.
—¿Tienes hambre? Te puedo preparar un caldo de gallina.
—No, ya desayuné, gracias pero si sobrecargo mi estómago será peor.
—En verdad tienes buena salud, por lo general los omegas son más propensos a enfermarse.
—Mi salud es de hierro, con poca comida puedo estar bien, soy fuerte aunque no lo parezca.
—Lo sé, nunca he conocido alma más terca y tenaz en tratar de huir de aquí.
—¿Por qué, ya habías capturado gente antes?
—No, eres el primero y espero que seas el último. Oh, veo que ya te pusiste a limpiar otra vez.
—Era necesario, ustedes son demasiado descuidados, y tengo que ocuparme con algo o perderé la cordura. Hey, Eren… ¿sabes? Lamento haberte traído problemas, yo, me portaré bien de ahora en adelante, lo prometo. Si tú quieres que lave tu ropa o que desplume aves, lo haré, aprenderé cómo es eso de, bueno, destripar, aunque no me agrade, yo voy a colaborar, ¿OK? Seré un buen omega.
Bueno, era mi última ficha, tenía la leve sospecha de que ese alpha tenía un corazón. Lo habían lastimado y estaba respondiendo a eso, el problema no era conmigo evidentemente, pero si me mostraba huraño y rebelde solo lograría que me fuera peor. Yo sabía cómo ser complaciente, me habían preparado todos estos años para ser la compañía perfecta, el marido perfecto, si me esmeraba podía poner el juego a mi favor, era eso o me terminarían matando. Realmente no sabía si tenía lo necesario para seducirlo, nunca lo había hecho antes, con Farlan no tuve que hacer ni el esfuerzo que siempre estaba encima de mí, sé que me deseaba; pero bueno, sin experiencia y todo debía intentarlo. Solo tenía que ser prudente, cauteloso, ir de a poco, un cambio completamente drástico de actitud lo haría dudar. Me daba cuenta, Eren tampoco era estúpido, sus vivaces ojos me mostraban una inteligencia superior que no debía subestimar.
—De acuerdo, me parece bien, tratemos de llevarnos lo mejor posible, confiaré en ti, Levi.
Sonreí tímidamente, agaché la cabeza, como era de esperarse de un buen omega. Usaría mis feromonas si fueran suficientemente fuertes, de todas maneras lo intenté, traté de propagar feromonas de bienestar, aunque eran débiles.
—Tu aroma es agradable —dijo Eren y eso me llamó la atención.
—Cuando te vi en el callejón, aquella vez, también dijiste que olía bien, pero yo… mis feromonas no son muy fuertes, ¿cómo es que tú puedes percibirlas con tanta facilidad?
—Supongo que tengo buen olfato —dijo mientras iba al mueble de bebidas y sacaba un vino casero, a decir por la botella y el corcho—. ¿Gustas una copa? Aunque pensándolo bien, no sé si el alcohol fuera lo adecuado ya que estás enfermo.
—Pero no estoy tomando ninguna medicina —afirmé, mientras me ponía de pie e iba a buscar dos vasos—. Ya qué, convídame un poco.
—¿Te gusta el vino?
—Sí, desde los doce que a veces robaba botellas de la alacena de mi padre. Luego él le echaba la culpa a mi tío porque yo las dejaba abiertas en su habitación, se armaban unos líos tremendos en casa —sonreí ante el recuerdo, mientras el alpha nos servía una generosa cantidad, llevé el vaso a mis labios y el alcohol me aguijoneó la nariz por un momento, luego hice un largo trago—. Wow, es fuerte y dulce, me gusta.
—Lo preparé yo, hace unos años en el terreno detrás —miré por la ventana de la cocina, solo veía un gran pedazo de tierra yerma y oscura—, solíamos tener vides, las uvas que daba la tierra eran increíbles, las más grandes, jugosas y deliciosas del mundo. Cosechábamos, regalábamos a los vecinos y ellos venían para pisarlas, hacíamos una gran fiesta con toda la familia —sus ojos se iluminaron por un momento mientras me contaba esa anécdota—. Y luego poníamos los barriles, fermentaba y hacíamos todo el proceso para el embotellado. Es dulce, pero de muy buena calidad, puede mantenerse sin alterarse por más de quince años.
—Me gustan las bebidas dulces, es rico —acepté volviendo a beber.
—No te vayas a emborrachar —soltó burlón el alpha y lo miré altaneramente.
—Tengo mucha resistencia, tanta que te sorprenderías.
—Bueno, supongo que sí, considerando que bebes desde los doce. Técnicamente no deberías beber ahora, eres menor de edad.
—Solo hasta el mes próximo, ya que dame al menos este placer —Volví a servirme con confianza.
—¿Los omegas perfectos beben vino como cosacos? —volvió a burlarse.
—Por supuesto, un omega que se precie de perfecto debe saber beber y apreciar las buenas bebidas ¡Salud! —indiqué chocando levemente su vaso con el mío.
Eren me sonrió suavemente, era un lindo hombre, debía aceptar eso. Pero el buen momento fue opacado por la llegada de la bruja. Entró ruidosamente y se quedó mirándonos un buen rato, no sé si esperaba que yo me asustara o qué, por lo que rodé los ojos fastidiado y procedí a beber de nuevo, claro que no me esperaba el sacudón que me dio con la mano en la cabeza y que me hizo botar un poco de vino.
—No vuelvas a mirarme de esa manera, omega idiota —me advirtió, Eren resopló pero no dijo nada—. ¿Y tú? ¿Vas a emborracharte con el prisionero como si nada?
—Era solo una copa de vino, nadie está ebrio, cálmate Mikasa.
—Ve a hacer el fuego, el jabalí está afuera, me dio trabajo el bastardo para poder pillarlo. Y tú, omega idiota, ve a preparar verduras o alguna cosa que sirva de acompañamiento.
Eren salió para preparar la parrilla, o eso supuse. Estaba enojado, pero no quería alterar más el ambiente, además le había dicho al estúpido-alpha-que-no-puso-en-su-lugar-a-la-bruja que iba a colaborar y eso fue lo que hice.
Mientras limpiaba y cortaba las verduras, recordaba cuando era pequeño y me quedaba junto a mi madre, aprendiendo, disfrutando de sus feromonas de amor y cariño, ¿acaso la volvería a ver alguna vez? ¿Qué tenía el destino deparado para mí? Debía ser fuerte, un omega perfecto.
.
By Luna de Acero.
