En defensa

Una vez que Ciel estuvo de vuelta en la casa, se acondicionó uno de los cuatro salones de té de la casa para ser un segundo despacho, en el que Soma pudiese desarrollar la primera etapa de su compañía, y una vez afinados los detalles técnicos, emprender el viaje por toda la franja industrial para buscar un emplazamiento adecuado para montar la fábrica.

No obstante, en lugar de darse a la tarea de enlistar el catálogo o buscar un candidato apto para cumplir las labores de asistente, mensajero y cosas menores, que a Agni le quitarían tiempo innecesariamente, había pasado los últimos dos días redactando una carta, rodeado de diccionarios, algún almanaque, varios libros sobre lengua y un par de novelas que, no sin bastante vergüenza, le había pedido prestados a Lizzy.

Ella no sabía que tenía planeado armar su estrategia bajo la tutela de Georgia Bluer, y jamás se lo iba a decir, si bien tampoco tenía en mente darle detalles excesivos a la hermana de Lawrence. De ahí, y de su dificultad para expresarse adecuadamente sin herir la sensibilidad moral tan característica de los ingleses, era su tardanza para redactar tres páginas en las que exponía el problema.

Leyó lo que tenía escrito quedando satisfecho con el resultado, pero, en cuanto escuchó que llamaban a la puerta, a toda prisa la guardó bajo el porta unipeco de piel.

—Adelante —dijo, poniéndose de pie rápidamente, como si estuviera a punto de ser encontrado cometiendo una acción indebida —¡Oh! ¡Lawrence!

Respiró con alivio al ver a Lawrence al otro lado de la puerta, le acompañaba Clayton, que, para no perder la costumbre, se había acomodado las gafas antes de saludar.

—¡Pasen, por favor!

—Deberíamos conseguir unas oficinas en Londres —dijo Clayton, apresurándose a entrar para dejar un montón de carpetas de piel sobre el escritorio

Soma rio.

—Lo sé, es solo que ahora mismo es complicado.

—Ya te dije que eso no es problema —interrumpió Lawrence, colocando su maletín también en el escritorio, abriendo los cerrojos con cuidado—. Mi padre me ha entregado el título de propiedad de un edificio en Savile Row, cielos Kadar, no hay mejor lugar que ese para lo que quieres, ¡es la calle de los sastres!

Soma volvió a reírse, aunque en realidad se trataba de una prolongación de la primera, un reflejo de nervios ante una situación a la que no estaba acostumbrado, no le había dicho a nadie más que a Ciel y a Lawrence sobre su precaria situación.

—Se lo dije a Clayton —dijo Lawrence—, necesitamos ayuda ya que Phantomhive no tiene muchas ganas de participar más allá de ser socio capitalista, y Clayton es bastante bueno en esto.

Clayton inclinó la cabeza.

—Siento mucho tu pérdida, Soma —dijo.

—Gracias.

Hubo un momento de silencio que Lawrence interrumpió pidiéndole a su acompañante que le permitiera los contratos que habían redactado para firmar con la compañía naviera.

—¡Soma!

Los tres hombres respingaron en su sitio en cuanto la puerta se abrió intempestivamente. Elizabeth Phantomhive había entrado sin llamar, y en cuanto vio a los invitados, no pudo evitar el ponerse completamente roja de vergüenza, pero mientras se disculpaba intentando salir, el príncipe la alcanzó, tomándola de la mano para sentarla en un sillón de una plaza junto a la chimenea.

—No es adecuado que me entrometa en una reunión de caballeros —dijo tímidamente mirando a los otros dos hombres.

—Quédate, sirve de que puedes contarle a Ciel lo que hago con su dinero. Además, a los chicos no les importa ¿verdad?

Lawrence negó con la cabeza y Clayton se encogió de hombros, limpiando con un paño que sacó de su propio portafolio, las puntas de sus plumas estilográficas, alineándolas junto a un block de hojas blancas para las anotaciones de borradores.

Lawrence Bluer carraspeó, tratando de retomar lo que estaban haciendo.

—La oferta de lord Ascot es generosa —dijo entregándole el contrato a Soma.

—Pero Alice es la que hace mejor tiempo para llegar a Siam —repuso el príncipe.

—¿Por qué a Siam? —preguntó Clayton acomodándose en el escritorio, empezando a ordenar lo que a su parecer era un desastre inadmisible para trabajar adecuadamente—, es imposible hacer nada ahí, la corona acapara directamente la zona meridional.

—Porque está ubicado entre las colonias francesas de Indochina y las del Imperio Británico. Mi padre solía decir que, así como no se puede aplaudir con una sola mano, tampoco podemos lograr lo que hemos planeado sin hacer un esfuerzo. *

—Un esfuerzo con fuerza —insistió Clayton—, Alice Kingsleigh solo tiene dos buques mercantes, y dudo que ponga los dos a tu disposición.

—Serán tres —dijo Soma sentándose frente a Elizabeth, que trataba de pasar desapercibida, preguntándose qué diría su madre cuando se enterara que había estado en una reunión de negocios. Seguro se escandalizaría.

—Hablé con ella ayer —continuó señalándole una silla a su invitado, aunque este rechazó el ofrecimiento—. Voy a usar parte del dinero para uno nuevo, ¡la nave más rápida diseñada hasta ahora! —exclamó levantando los brazos.

Elizabeth lo miró sorprendida, la forma en la que lo dijo, había hecho brillar sus ojos, y no pudo evitar el sonreír, aunque no fue consciente de ello.

—¿Qué tan rápida? —preguntó Clayton, interesado.

—Según su diseñadora, bajo el mando de Alice haría 1/3 menos de tiempo.

—¿Diseñadora? —volvió a preguntar Clayton.

—Ah, sí, los planos los diseñó lady Sieglinde Sullivan, dijo algo acerca de la energía, no me pregunten a mí, no soy muy bueno con eso de las máquinas ¡Por cierto! ¡Mientras se construye el buque, va a trabajar en el diseño de los telares para lo que se va a manufacturar aquí!

—¿Entonces el buque aún no está hecho? —preguntó de nuevo Clayton.

—No, para nada. Sulli hizo los planos desde hace tiempo, pero no tenía capital para su construcción, y nadie quería invertir en eso, así que lo hablé con Alice, y dijimos "pues hagámoslo por partes iguales".

—Entonces compraste un buque del que ni siquiera tienes la certeza de que funcione.

No era una pregunta, Clayton estaba afirmando lo que a su parecer estaba convirtiéndose en una muy mala idea, pero antes de que pudiese decir algo, Lawrence levantó la mano haciéndole callar, aunque él mismo, intentando ordenar sus pensamientos no habló enseguida.

—¿Cuánto tiempo tomará la construcción? —preguntó finalmente.

El joven príncipe se llevó la mano al mentón, levantando el rostro, como si la respuesta estuviera en las flores de yeso del cielo raso.

—No le pregunté.

Clayton dejó escapar un suspiro, derrotado.

—Soma, eres bastante impulsivo, antes de dar el dinero debimos consultarlo con un experto…

Entonces, Elizabeth se puso de pie, con las manos apretadas en puños.

—Ya conocen a Sulli —dijo—, es la chica que usa el artefacto mecánico para caminar ¿eso no les da un indicio de lo que es capaz? De todos modos, pueden llamar a sus expertos ¡ella los dejará impresionados! ¡La invitaré a la casa, entonces podrá resolver todas sus dudas!

Los hombres la miraron un instante, pero finalmente asintieron.

Al cabo de algunas horas, Agni se presentó para anunciar que la cena estaba lista.

Elizabeth estaba por salir, no se había percatado de la hora y con espanto se dio cuenta de que tenía que cambiarse a toda prisa, pues no llevaba algo adecuado, menos aun considerando que había invitados, pero Soma la detuvo tomándola de la mano.

—Gracias —le dijo en un susurro—, no se me había ocurrido presentarlos.

Ella le sonrió.

—Todo va a salir bien, ya verás.


Comentarios y aclaraciones:

*Povervio de Panchatantra, una colección de fábulas en idioma sánscrito, en prosa y verso, compuesto después del siglo III a. C. Se atribuye a Vishnú Sharma.

¡Felices fiestas!

¡Gracias por leer!