Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Holisss, no se aguiten, ahora si se vienen un par de capítulos de "Donde las sonrisas se esconden", tranquilos y paciencia, voy lo más rápido que puedo. Por lo pronto les cuento que tenemos varias comisiones para cubrir y eso me está quitando tiempo, pero todas las historias van a ir avanzando. Gracias por el apoyo, por seguir comentando, sus palabras es lo que me mantiene a salvo.
Disclaimer: El nombre de los personajes no me pertenece, son de Isayama Hajime, pero las personalidades y la historia es de mi total invención.
Advertencias: Violencia, palabras altisonantes, palabras vulgares, uso indiscriminado del OoC (personalidades diferentes al canon), contenido explícito, enjoy!
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"Amor y deseo son dos cosas diferentes;
que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama".
Miguel de Cervantes
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Llueve y cuando termina de llover, llueve de nuevo, y así infinitamente. Creo que me van a salir branquias de tanta lluvia. No hay nada interesante para hacer en esta pocilga.
Limpié y ordené hasta el último rincón. Ático, sótano, ordené de nuevo los estantes de la cocina (como cinco veces), la ropa está doblada y perfectamente acomodada por color, por estación y por utilización, el piso brilla, tampoco es como si entrara tanta gente, solo esos dos alphas. Ahora uno solo, porque Eren se fue a "negociar", no sé qué signifique eso, pero ya llevo dos días que no lo veo.
Puto instinto que me hace extrañarlo un poco, o será que aborrezco compartir el tiempo con "la bruja". Pide todo de malas maneras, ayer me puso a tallar las escaleras, no le interesa la limpieza claramente, solo martirizarme, como sea la evito. La mayor parte del tiempo me quedo en mi habitación, o en la de Eren. No sé, el olor de su cuerpo en las sábanas, en su ropa, se me antoja agradable. Extraño tanto a mis padres, he reflexionado mucho estos días, he decidido que no quiero morir aún, que haré lo posible por escapar y verlos.
Anoche la bruja trajo un venado, me tuvo bajo la lluvia ayudándola a quitarle la piel. Yo estaba asqueado, pero no podía decir que no. Al fin separó la cabeza, supongo que algo hará con los cuernos, es una colonia de cazadores y les gustan los trofeos. Solo supongo, porque la chimenea de la casa está cubierta de cabezas disecadas que me miran a través de sus ojos vidriosos y fijos, da un poco de impresión así que no las observo mucho más que para pasar el plumero entre los cuernos donde las arañas adoran tejer sus telas.
Le hice un buen guisado al mediodía aunque apenas pude probar bocado, me siento un poco sofocado, el encierro no me sienta bien. Apenas si puedo salir a la galería y sólo cuando la bruja está de buen humor, lo cual es escaso. Encontré una libreta y me la llevé a mi cuarto junto con algunos lápices, a veces dibujo para matar el tiempo, duermo, camino alrededor de los muebles, si la bruja se va canto o hago ejercicio pero lo cierto es que es tan aburrido ¿Cuándo volverá Eren?
Esta mañana cuando bajé estaba solo y la puerta con llave, por lo que me puse una remera de Eren, creo que estoy desarrollando una especie de obsesión con esto de olerle la ropa, parezco un sabueso detrás de un zorro, yo mismo me doy asco, pero no lo puedo evitar, mi instinto está descontrolado y entre todo lo malo que está sucediendo esta acción me reconforta un poco, solo un poquito, que es mejor que nada.
No tengo mucho hambre, creo que me estoy deprimiendo, quiero evitarlo pero no puedo.
Me hago una bolita en la cama, me siento un poco extraño, me duele la nuca y se me seca la boca, tal vez que me estoy enfermando de nuevo, tan extraño… Tengo buena salud, a pesar de todo lo que me han hecho y he sufrido aquí.
Meto la cabeza dentro de la remera, ah, huele bien, inspiro con fuerza, un escalofrío me sacude, ¿qué me sucede? Necesito agua, tengo tanta sed. Siento que el cuerpo me pesa un poco, me cuesta respirar. No quiero cambiarme de remera, si la bruja se queja me vale.
Bajo las escaleras llevando ropa para lavar, encontré una remera de Eren tirada dentro del canasto y la tomo para poner a remojar todo. Sin embargo siento su fragancia, el olor de su piel, su transpiración y no puedo evitar llevarla hasta mi rostro. Inhalo con fuerza y siento como si estuviera aquí conmigo, abrazándome en estos momentos, ¿qué sucede? Siento como si se me calentara el vientre, joder, espero no me agarre diarrea o algo como eso. Ella me está mirando, demasiado, con mucho interés, detesto esa mirada. Mientras me sirvo agua siento que se pone de pie, camina hasta done estoy y se para detrás de mí… ¿está oliendo mi cuello?
Me giro y no me gusta lo que veo, todo mi cuerpo se paraliza, Mikasa gruñe.
—Hueles bien —me suelta muy cerca del rostro e instintivamente me hago hacia atrás—. ¿Estás en celo? Bueno, eso no hace falta preguntarlo, es obvio ¿No tienes supresores, acaso?
No puedo responder nada, ¿celo? ¿Qué? No, no puede ser, retrocedo con lentitud, mis sentidos alerta, el vaso tiembla en mi mano. No, yo no estoy en celo, no puedo, a mí no me llega, no…
Dejo el vaso sobre la mesada y siento como comienzo a mojarme, mi intimidad palpita, esto no me puede estar pasando. Inspiro y reúno fuerzas para poder hablar.
—Iré a recostarme, estoy cansado —necesito alejarme cuanto antes.
Mikasa me cierra el camino y aspira, más escalofríos reverberan en mi cuerpo, empiezo a sentirme asustado, siento calientes gotas escurriendo por mis piernas. Ella se relame. No, de ninguna manera, prefiero morirme a que ella me toque, miro disimuladamente en ese lugar donde sé que dejé a mano algunos cuchillos.
—No te pongas nervioso, te haré sentir bien.
—No —le contesto con firmeza y retrocedo un paso, debo controlarme, siento el calor subiendo por mi torso, el instinto reconociendo a otro alpha, pero yo no soy un animal, yo no voy a ceder.
—Creo que no estás en posición de negarte —me dice altiva y se abre los primeros botones de la camisa a cuadros que lleva puesta—. Ven, Levi —extiende su mano y me invita, siento la sangre acumularse en mi cara.
Debo pensar muy bien lo que puedo hacer. No llegaré adonde están los cuchillos y con la debilidad devorándome en estos momentos, difícilmente pueda defenderme o dejarla fuera de combate. Piensa Levi, abro la boca al sentir que me falta el aire. Por favor, Eren, donde sea que estés, vuelve de inmediato. Luego de unos segundos agacho la cabeza, necesito un poco más de tiempo. Me acerco sumisamente y le hablo.
—Y-yo no, no tengo experiencia al-alguna —mi voz suena dulce y blanda, nunca me había escuchado así.
No la estoy viendo, pero estoy completamente seguro que está sonriendo.
—No te preocupes, voy a tratarte bien, deberías estar agradecido.
—No, yo quiero, qui-quiero conservarme p-para mi esposo.
—Eso de que un omega debe conservarse virgen es historia vieja —me dice mientras se acerca y pone sus manos sobre mis hombros, yo siento que el corazón va a estallarme en el pecho—. Los alphas preferimos omegas con experiencia.
—Entiendo... Necesito ir al ba-baño, luego... estará bien.
Siento sus manos frotando mis hombros y luego asentándose a los costados de mi rostro para obligarme a mirarla. Sus pupilas están dilatadas y me provocan un estremecimiento involuntario.
—No demores.
Camino como si estuviera pisando vidrios, intento mantener el control, siento que el aire escasea. Subo despacio las escalas, pero en vez de ir al baño camino a mi habitación, donde cierro la puerta. No sé como logro correr la cama, los muebles y todo lo que puedo para bloquear la puerta. Caigo en el piso, me arrastro hasta el ropero y saco uno cuchillo que he escondido, me meto dentro, trato de trabar la puerta con una percha, pero las manos me tiemblan demasiado. Escucho que toca.
—¿Qué ha sucedido, omega? Abre de una vez.
La escucho empujar y siento que no puedo coordinar los movimientos, un calor superior a una fiebre me doblega.
—¡ABRE LA MALDITA PUERTA, OMEGA, ES UNA ORDEN!
La voz, está usando la voz. Pero estoy tan débil en estos momentos que aunque intento salir del armario no puedo. Escucho los golpes, sus gritos enojados, en poco tiempo entra a la habitación, estoy asustado y enojado conmigo mismo por no poder controlar eso. Maldito celo, ahora entiendo porqué mis compañeros hablaban pestes sobre atravesar este momento y yo que tanto deseé que algún día llegara, ahora estoy arrepentido.
Con facilidad rompe una de las puertas del armario y luego la arranca. Me toma del cabello y me arrastra sin compasión para llevarme hacia el pasillo. Me quejo pero mis lamentos no parecen tener efecto alguno, de manera que saco el cuchillo y ciego se lo clavo en alguna parte del cuerpo. Lo último que recuerdo es una feroz patada en el abdomen que me tira escaleras abajo donde la oscuridad me traga por completo.
No sé cuanto tiempo pasa, pero me despierto en un recinto húmedo y sin luz. Escucho agua escurriéndose por alguna parte, hasta que la lucidez se apodera de mi cerebro y me permite observar un poco alrededor, mis ojos se adaptan a la falta de luz, oh, es el sótano. Quiero moverme pero entonces noto que mis manos están fuertemente atadas con algo como alambres a uno de los caños de agua de la casa que pasan por ahí. La posición es incómoda, no puedo ponerme de pie, ni tampoco acostarme, tal vez arrodillarme o sentarme de una manera muy rebuscada. Al moverme siento mi cuerpo diferente, me arde el vientre, tengo una notable erección entre mis piernas y deseo tanto poder tocarme y aliviarme, pero no puedo.
—¡Hey! ¡Hey, ayuda! —mi voz retumba en la habitación, no se escuchan ruidos, ¿estaré solo? ¿Mikasa se fue y me dejó aquí?
De pronto empiezo a sentirme asustado, ¿y si me abandonan aquí hasta morir? De pronto mi instinto surge con la fuerza de mil brazos, los ojos se me llenan de lágrimas, ¿vos a morir aquí? ¿Solo? Siento las gotas calientes bañar mi rostro. Me revuelvo y tiro de mis ataduras pero solo logro lastimar un poco mis muñecas. Me lubrico de inmediato, esto es una tortura, necesito aliviarme, tocarme un poco y no puedo siquiera frotarme, por lo que grito desesperado.
Se me seca la garganta, tengo tanta sed que empiezo a lamer las paredes en busca de un poco de líquido, pero solo un gusto agrio y espantoso me llena las fauces.
—¡Por favor! ¡Mikasaaaaa! ¡ERENNN! Alguien... por favor...
No soy nada.
No le importo a nadie.
La perfección está tan lejos de mí.
Soy escoria, un sirviente de los alphas, un prisionero de sus deseos egoístas.
El dolor es todo lo que me queda.
No sé durante cuántas horas he berreado, pero ya no me salen las palabras, ni las lágrimas, se han agotado todas. Solo me queda resignarme. Mi estómago ruge, me duele el cuerpo, sigue encendido como si me consumiera en llamas pero no puedo quejarme más. Este es el fin. Mamá, te amo. Papá, te amo. Gracias por todo, gracias por cuidarme, por haber estado para mí, por brindarme el amor mas puro que puede existir.
Pasan varias horas más, estoy hipando debido al hambre, la sed, el agotamiento general, mi entrepierna sigue erecta, duele como los mil infiernos, mi ropa empapada de mis fluidos y la mugre del lugar. Mis manos hinchadas, lastimadas por el alambre. Pero lo que más me duele es mi estúpido orgullo, a pesar de todo tenía una mínima esperanza de poder liberarme. Solo quería una vida de lujos, ¿este es mi castigo? Por solo aspirar a vivir tranquilo y sin problemas. Farlan, ¿por qué?
Hilos de saliva cuelgan de mi boca, me lastimo la frente refregándola contra la pared, me duele tanto, tanto, que alguien me ayude o termine con este sufrimiento, lo que sea primero.
Tal vez pasaron algunos días, no lo sé, ya no estoy excitado, sin embargo mi entrepierna duele, me oriné encima dos veces después de aguantar lo máximo que pude, quiero morir, solo eso, quiero morir lo antes posible, aunque esté aquí solo. Que Dios se apiade de mi alma. Entonces mi cuerpo cae vencido finalmente, la muerte ha venido a llevarme.
Que alivio...
...
—Levi, Levi, respondeme —apenas puedo abrir los ojos, alguien me llama—. Lo siento, lo siento tanto.
Solo quiero que me dejen dormir. Me suben a alguna parte, estoy demasiado mareado para poder entender. Cada roce con mi cuerpo duele. Siento agua fresca en la boca, intento tomar pero se cae una buena parte ¡Aaaah, que frescura! ¿Estoy muerto, ya?
Siento que me hundo en agua tibia y mi cuerpo arde de repente, como si me hubieran sumergido en ácido líquido. Me quejo lo que puedo y finalmente puedo enfocar alrededor. Estoy en la tina. Eren está a un costado arrodillado, con la esponja en la mano y mirándome compungido.
—Lo siento, no se supone que debía ser así.
Estoy demasiado cansado para responder. Me duele por donde refriega la esponja, especialmente mi entrepierna, tal vez tantos fluidos la dejaron sensible y escaldada. Tengo un enorme vacío por dentro, no sé como sentirme, si contento por no haberme muerto como una rata atrapada en una trampera, si mal por no haberme muerto de una vez, no sé nada, solo quiero dormir calentito y seco.
Eren me maneja como una marioneta. Una vez completamente limpio el agua drena por un orificio de donde este alpha sacó un corcho que lo tapaba. Luego me seca con cuidado, ahí noto que tengo casi en carne viva mis muñecas. Luego de secar me desinfecta y me las venda. También tiene cuidado con mi entrepierna y trasero que está todo rojo y me duele, me pone una crema, no tengo idea qué mierda es. Me pone una remera suya, lo sé por la fragancia, me llega pos debajo de los muslos y me levanta en vilo, me aferro a su pecho, me lleva a su cuarto. No puedo replicar, me deposita en su cama y avisa que volverá.
Me duermo pero me despierta para comer un poco de arroz y caldo, no tengo ganas para ser honesto, pero es cierto que estoy en los huesos así que hago un esfuerzo. El calor del caldo se transmite a todo mi cuerpo y poco a poco me despabila, Eren toma trozos de bollo suave y me los empuja en la boca, solo comer es agotador. Bebo agua y termino el plato, me siento tan lleno que me acuesto de costado, espero no vomitar.
Eren viene se queda a mi lado, me habla, pero la verdad... no me interesa contestarle, estoy demasiado triste para decir algo. Pasan un par de días hasta que me animo a volver a mi cuarto y vestirme por completo, de seguro me quedaran marcas en las muñecas por un tiempo largo, pero el resto de las heridas ya se han curado. Eren me ha estado alimentando bastante, aunque no creo que haya subido gran cosa, noto que la ropa me queda bastante floja, tch, mi bonito cuerpo. Me calzo y bajo al comedor, no está. Seguro se fue a cazar o vaya uno a saber.
Tengo un filoso cuchillo entre la ropa, camino con cautela, sigiloso, mirando a todas partes, alerta, no volverán a embaucarme y más le vale a esa bruja que no se me acerque, sí, me van a matar, pero me la voy a llevar al infierno conmigo, maldita perra. Sin embargo me percato que todo está en silencio, no hay nadie más, aunque no debo confiarme, tal vez aparezca en algún momento, quien sabe.
Veo la frutera y tomo dos duraznos, los lavo y los devoro en un santiamén, están dulces, tiernos, suaves. Luego voy hasta el mueble de los vinos. Oh, tienen un cerrojo, me vale, lo rompo enseguida con mi cuchillo, me tomo mi tiempo y elijo dos botellas que me parecen apetecibles. Las descorcho y me voy al sofá que está cerca del fuego, tiro un par de troncos y ahora sí el calor me inunda, muy bien.
Me bajo las dos botellas con tranquilidad, mientras canto "Mambrú se fue a la guerra", al principio solo tarareando, pero no sé en qué momento estoy cual estrella de rock agitando mi cabeza y gritando a todo pulmón ¿Qué? ¿Ya se terminó el vino? Tch, ni modo habrá que abrir otro. Para cuando me doy cuenta estoy jugando darnos, no sé de donde carajo salieron, pero uno fue a parar a la cabeza de un alce (o lo que sea esa criatura) que está a un costado del hogar. Mierda, que mala puntería Levi. Estoy seguro que la botella está perdiendo o algo, ya está vacía otra vez, es tan raro.
Siento la puerta abrirse cuando ya abrí una petaca de algún tipo de licor, parece de mandarinas, y ya le eché un buen trago. Oh, es el puto de Eren, menos mal. Me mira desde la puerta, tiene dos conejos y una bolsa con verduras o algo así. Me acerco un poco tambaleante, con la petaca en la mano aún.
—¿Y bien? —lo encaro, el alpha me mira serio—. ¿Dónde estabas? ¿La bruja no viene contigo? Que venga si quiere, hija de puta, ahora no estoy en mi celo, le partiré todo lo que se llama cara.
No sé porqué ese estúpido se ríe, yo estoy hablando muy en serio.
—Deja de burlarte, alpha de pacotilla, que si me tocas demasiado los huevos a tí también te la rajo, ¿me oíste? ¡Le rajaré la cara a todos los alphas de los cinco condados, carajo!
—Calmate, nadie viene conmigo —me responde recomponiéndose. Se va a la cocina a dejar las cosas y yo salgo afuera, aaah, se siente lindo el viento en mi rostro, parece que va a llover.
—¡Oi! —le grito a Eren que al rato se aparece y cabecea hacia mí como consultando qué necesito—. ¿C-cómo se llama tu caballo?
Me empino un trago largo y siento que me arde el garguero, Eren me quita la pequeña botella pero solo para beberse un trago también.
—Se llama Coronel Corrigan —responde y yo no sé qué cara debo estar haciendo pero él se ríe de nuevo, le quito la botella.
—Coronel, ¿qué? Santas lejías, es el nombre más estúpido que alguien puede haber elegido para un caballo, ¿escuchaste Coronel Corrigan? —digo hablándole al equino que está masticando unas pasturas ahí cerca aunque parece mirarme—. Te cagaron con el nombre, ja, ustedes son bien idiotas —lo último se lo digo a Eren.
Me siento en las escalas que dan a la casa y muevo mis pies, vuelvo a beber, hace mucho no me emborrachaba así, tal vez mi sistema no está del todo bien, por eso me ha pegado más fuerte, pero no es como si me descontrolara, solo me pone más hablador. Eren se sienta a mi lado y saca un papel para armarse un cigarro con tabaco que saca no sé de donde. Lo miro de reojo y bebo.
—¿No crees que es mucho alcohol para alguien tan pequeño?
La sangre me hierve, nadie se burla de mi altura excepto yo.
—No, pero si creo que tienes pocos huevos para ser alguien tan grande.
—¿A qué te refieres?
—A matarme, si lo van a hacer al menos enfréntenme, no sean cobardes. Aquí mano a mano, que gane el más fuerte.
—No puedes ganarme, ya lo intentaste una vez.
—Estaba agotado, es fácil atacar a alguien que está así. Cobardes.
—Hablando de huevos —dice cambiando de tema—, traje dos docenas, haré huevos revueltos con carne, papas y cebolla.
Se me hace agua la boca, así que vuelvo a beber, ya no queda gran cosa en la botellita.
—Solo quiero que sepas que Mikasa no volverá —me dice el de ojos verdes y lo miro con desconfianza—. No se supone que las cosas fueran así, lo siento.
—Lo siento y una mierda —le contesto—, mucho lo siento al vicio, te disculpas pero de todas maneras se desharán de mí, idiotas ¿Debería agradecer cuando me pongan una bala entre los ojos y no sufra tanto para morir? ¡Tch!
—Veo que no es un buen día para tí, en realidad no lo es para nadie desde que Armin desapareció.
—Pues no es mi maldita culpa, yo ni siquiera sabía a qué se dedicaba la familia de Farlan. Se terminó, joder —digo mirando la botella vacía.
—Iré a cocinar, si lo necesitas puedes recostarte un poco, te despertaré cuando esté la comida.
—Wow, que atento el señor "te mataremos sin dolor".
—Ya, Levi. Toma, te conseguí esto.
Me alcanza una barra de chocolate de considerable tamaño, es una tableta con almendras, mis favoritas. La abro desesperado y muerdo un gran pedazo. El sabor me hace suspirar de gusto, está deliciosa. Eren me está mirando y yo le devuelvo la mirada, frunzo el ceño.
—No te voy a convidar, deberías haber comprado la tuya —le suelto de repente y él solo se ríe.
—No importa —y continúa con el armado del cigarro y lo prende—. Yo en cambio los prefiero bien amargos —me susurra lo último, pero estoy demasiado entretenido con mi golosina como para replicar.
Eren tiene razón, decido ir a dormir, intenta despertarme para el almuerzo, pero no tengo ganas, he comido suficiente. Por la tarde me quedo en mi habitación, después de la siesta se me ha pasado la ebriedad y me entra la melancolía. Entonces tomo un lápiz y una de las hojas, estoy escribiendo un buen rato, corrigiendo y finalmente lo transcribo. Me seco el rostro, salgo de la habitación y me miro al espejo, no quiero verme patético. Si esto es lo que el destino tiene preparado para mí, lucharé hasta el final, no mostraré debilidad.
Ya está oscuro, Eren ha prendido algunas velas abajo y está silbando calmo, sentado cerca del fuego mientras talla algo en una rama. Me acerco, podría sacar mi cuchillo y hundírselo en el cuello, justo ahora, pienso. Sin embargo aunque me tiembla la mano no lo hago. Debo recuperarme más, aun no estoy del todo fuerte. Me siento en el sillón cerca de él, me mira en silencio y deja de silbar.
—Toma —le digo suave mientras le alcanzo la hoja, el la toma y me mira sorprendido.
—¿Qué es esto?
—Una carta, para mis padres —se hace un silencio incómodo, solo se escucha el crepitar del fuego y algunas ranas croando afuera, definitivamente va a llover—. Esta abierta, puedes leerla si gustas, no nombro a nadie, ni este lugar, ni lo que me pasa, solo quería despedirme. No quiero que ellos me busquen en vano si es que no llegan a encontrar mi cuerpo —junto mis manos en mi regazo y las entrelazo jugando con mis dedos—. Necesito decirles cuanto los quiero, solo eso, lo agradecido que estoy, nada más. Puedes mandarlo sin sello postal desde cualquier parte, no importa, solo... prométeme que lo harás, por favor —esta vez lo miro con firmeza—. No daré problemas, y... te perdonaré por lo que me hicieron de encerrarme en el sótano, pero primero promete que lo harás.
Mira el papel un largo rato, suelta un suspiro y guarda el papel entre sus ropas.
—De acuerdo, lo haré, tienes mi palabra.
—Gracias, significa mucho para mí.
—Oye, deja de pensar en morirte, aún no está dicha la última palabra —suelta Eren mientras sigue con su tallado.
—No soy estúpido, no necesitas aclararme nada. Aunque ellos paguen, ustedes no me dejaran ir, me lo dijo Mikasa.
OK, no me gustan las mentiras, pero necesito confirmarlo. Miro a Eren pero no dice nada, trato de presionarlo, necesito saber con cuánto tiempo cuento.
—Ella dijo... que no falta mucho, que están cansados de esperar una respuesta.
—Mikasa solo quiso asustarte —responde al fin—. Las cosas se están dando como esperábamos, así que en serio, deja de pensar en morir. Por cierto, tus feromonas están diferentes, son más fuertes ahora. Tal veza sea por el despertar de tu celo.
Mi omega interior se alegra ante ese soso halago. Carajo, aún estoy bastante sensible. Miro su perfil bajo los haces del fuego, algunos mechones le caen sobre el rostro, el resto sigue atado esa especie de coleta que usa la mayoría de las veces. Es un hombre muy atractivo, pensar que cuando lo ví la primera vez me parecía grotesco, pero bueno eran otras circunstancias. Me devuelve la mirada y por un momento solo quedan nuestras miradas escrutándose mutuamente.
—¿Por qué emites esas feromonas, eh? ¿Buscas seducirme?
Abro mis ojos sorprendido, ¿qué? No es como si lo hiciera a propósito, de hecho no estoy haciendo nada.
—No, yo no tengo esa intención.
—Entonces controla tu olor.
—No sé de qué hablas, no estoy haciendo na... da... —Siento como mi cuerpo se pone blando y mi entrepierna lubrica suave, ¿qué? Eren me mira con seriedad.
—Ya basta, detente.
—No lo hago a propósito, ¡carajo!
Me pongo de pié rápidamente, camino apresurado escaleras arriba, al llegar a mi habitación siento de nuevo calor en el vientre, ¿por qué? ¿Ahora? No lo entiendo, se supone que uno no puede tener un celo tan cerca del otro... Bueno, en el primero yo no pude tocarme ni hacer nada, ¿será por eso? Me tiro de costado en la cama haciéndome una bolita, muerdo el cobertor al sentir el placer infiltrándose en cada rincón de mi cuerpo, ¡joder! Necesito tocarme con urgencia. Me meto debajo de las sábanas y al fin puedo darme placer, claro que mi cuerpo está enviando señales por todas partes, y necesito más que mis dedos para sentirme a gusto, pero bueno me tiene que bastar por ahora.
Meto el cuello de mi remera en mi boca, o me pondré escandaloso y realmente no quiero. Cierro los ojos y es inevitable, el pensamiento surge solo. Una descarga de gozo me atraviesa el cuerpo. Eren encima mío embistiéndome una y otra y otra vez. Acabo casi de inmediato, sale líquido abundante y un poco ligero, mi entrada palpita lubricándome aún más. Me siento y miro mi mano manchada, tomo una toalla que tengo a un costado y me limpio. Y de nuevo una oleada de calor me pone en clima otra vez ¿Qué es esto? Parece una maldición.
Mi mente está un poco nublada pero recuerdo a ese beta señalándonos y gritándonos, ¿qué era lo que decía? "Son demonios, están malditos, solo sirven para perder a la gente, demonios". Tal vez tenga razón y sí estamos malditos. Jadeo cuando me empieza a faltar el aire, me pongo de pie y abro la ventana, me quito la ropa, estoy tan acalorado, mi cuerpo se cubre de transpiración y quiero volver a la cama para poder tocarme, no es suficiente pero es con lo único que cuento.
Me giro y entonces veo a Eren, ¿cuándo entró? ¿Hace cuánto que entró? Puedo notar sus ojos mirándome con deseo y no puedo evitar excitarme aún más, intento cubrirme torpemente con mis manos, pero la verdad es que no quiero. Eren se acerca muy lento mirándome sin ocultar sus intenciones. Quiero que me mire, quiero que me toque, quiero que me marque y me someta con fuerza. Se detiene frente de mí y tengo el corazón latiendo a más no poder, levanta su mano y con el dorso acaricia mi mejilla, todo mi cuerpo se estremece, tengo que cerrar los ojos para poder controlarme. Lo deseo, lo deseo, lo deseo tanto que creo que voy a morir.
—Si te quedas desnudo te puedes enfermar —es lo que me dice, sé que se está resistiendo, sé que quiere lo mismo que yo.
—Eren —le suelto relamiéndome los labios y capturando su mano entre las mías, mi piel se eriza por entero con ese simple toque—, to-tómame, por favor.
Veo que abre sus ojos con sorpresa y me acerco más, en puntas de pie apenas llego a hablarle cerca de los labios.
—Ahora, tómame, por favor, te deseo, y tú a mí ¿cierto? Eren...
Suelto su mano y trato de abrazarlo por la cintura pero me empuja firmemente agarrándome con ambas manos de los hombros.
—No. Estás confundido por tu celo, Levi, tú no eres así.
Mi instinto se retuerce y se repliega como una serpiente, YO soy un omega perfecto, ¿cómo hoza rechazarme? Siento que mi cuerpo suelta una profusa, densa nube de feromonas y Eren queda helado, la lubricación escurre lenta por mis piernas, tomo su rostro con mis manos.
—Tómame, ahora.
—No, te arrepentirás.
El segundo rechazo hace mella en mí, los ojos se me llenan de lágrimas, ¿por qué? ¿Por qué me rechazas?
—No te hagas el bueno —hablo entre dientes, con molestia y bronca naciéndome de lo más profundo de las entrañas—. Aquí no es necesario aparentar, te gusta mi aroma, lo puedo sentir, me deseas. Tómame de una vez, Eren.
Caigo sobre mis cuartos traseros en el suelo, aún sintiendo ese fuerte empujón que me ha dado en el pecho, ha salido prácticamente corriendo del cuarto y ha dado un portazo. Una vestisca helada apaga la única vela que tenía sobre un taburete, las nubes crujen y se arremolinan y siento el ruido de las gotas cayendo. Es como una gran tragedia. Mi rostro se contrae en un rictus de tristeza.
No te quiere, me susurra mi instinto y me abrazo el vientre.
No te quiere porque no eres perfecto, eres uno más, no te quiere, no te quiere.
ÉL NO TE QUIERE.
Me meto en la cama y sollozo lastimeramente mientras abrazo una de las almohadas, mi cuerpo sigue encendido, suplicando, pidiendo atención, más yo no puedo hacer nada, estoy roto por dentro.
Te ha rechazado, eres una vergüenza, te humillaste y le pediste que te tomara.
Te ha rechazado, tres veces.
Agradezco que los truenos y la lluvia puedan opacar mis llantos, mi tristeza se desparrama sobre las sábanas y me devora, me tritura con sus dientes... y me traga.
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By Luna de Acero.
