Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Bueno, aquí ando, recuperando el tiempo perdido, quiero terminar esta historia pronto, tan pronto como el próximo capítulo, así que ya lo saben, el próximo será el último. La estuve releyendo estos días, me gusta mucho y merece que le de por fin un final adecuado. Este fic toca muchos temas incómodos, difíciles de abordar, todos los personajes tiene sus razones para hacer lo que hacen. Espero disfruten del capítulo, le puse una dosis extra de amor, si les ha gustado DEJEN UN COMENTARIO, REVIEW O KUDO, no soy adivina, necesito saberlo, gracias totales!
Por favor síganme en mis otros perfiles:
Fanfiction: Luna De Acero
Wattpad: Luna-De-Acero
AO3: LunaDeAcero7
Disclaimer: Los nombres de los personajes son del maestro Isayama Hajime, más el contexto de la historia, la trama y las personalidades son de mi completa invención, la historia está protegida con certificado internacional de Safe Creative, allí la guardé con nombres originales para los personajes, está prohibido reproducirla o adaptarla a otro fandom, gracias.
Advertencias: Lenguaje vulgar, palabras altisonantes, violencia, lemon R18 (sé que les acabo de sacar una sonrisa, puek s). Enjoy!
DEDICATORIA: Este capítulo va para Cachi-Cachita, que siempre está alerta de mis actualizaciones, tiene sexo, así que si Wattpad me patea el trasero ya no lo resubiré. Disfruta mientras puedas. Y para Agatha Cris, que siempre está pendiente y con la que fangirleamos a menudo por manghwas, mangas, animes y demás yerbas, mil gracias por aguantarme preciosa, espero este capítulo te guste.
.
.
"Ser hermoso significa ser tú mismo. No necesitas ser aceptado por otros. Necesitas ser aceptado por ti mismo".
Thich Nhat Hanh
.
.
Me levanté después del mediodía. Mi cuerpo está dolorido, probablemente por la tensión con la que me dormí y que aún no se va el celo del todo, me duele la cabeza así que me di una ducha fría y luego regresé a la cama. Conté todas las vetas de madera del techo y estoy tratando de recuperarme de la tragedia. La tragedia de mi orgullo, claro.
Siento la puerta de entrada siendo azotada y me deslizo en silencio hasta el inicio de las escaleras para comprobar que nuevamente estoy solo. Hace calor, un espléndido sol levanta la pegajosa humedad de la tormenta anterior. Me quedo hechizado observando el patio a través de los cristales de la cocina, noto algunos brotes en una seudo huerta que parecía existir en un sector. Cuando me dejaban salir afuera fui un par de veces y revolví la tierra, limpié y saqué malezas, pero luego empezaron a encerrarme y ya no pude seguir.
Mi mente divaga, se imagina muchas verduras y frutas rozagantes, maduras, brillantes, brotando sin cesar. La tierra es renegrida, suave, porosa, estoy seguro que es ideal para hacer una plantación generosa y abundante. Sin embargo... nunca podré ver eso. Me siento afiebrado aun, lleno una botella de agua y tomo un par de duraznos de la frutera encima de la mesa, al parecer Eren la llenó. Eso es bueno, es mi fruta preferida, y los de esta zona especialmente aunque no sé de donde los recolectarán, pero tienen un sabor exquisito, son jugosos, dulces, grandes.
Como un par y bebo bastante, luego regreso al cuarto, debo masturbarme un buen rato debido a que la excitación no se me baja con nada, pero como me sucedía antes no puedo acabar, la frustración se anida en mi vientre y anima a toda la depresión posible que trata de atacarme. Pero no lo va a lograr, no me dejaré avasallar. Dejo de intentar luego de un rato y me quedo acurrucado en una silla mirando por la ventana, sintiéndome adormecido por momentos. Debería limpiar, pero no tengo ganas, ¿de qué serviría de todas maneras?
Varios golpeteos a mi puerta me sobresaltan y miro curioso antes de escuchar su voz.
—Oye, ¿quieres un poco de miel y queso? Son frescos.
—No.
No quiero nada de él, mucho menos que me mire con lástima o algo como eso, no le daré ni la más mínima posibilidad de rechazarme de nuevo. Así me esté muriendo de ganas, me morderé la lengua y moriré antes de darle con el gusto. De repente se me acelera el corazón al sentir que abre la puerta e ingresa; maleducado, debería haber preguntado antes de entrar, de todas maneras estoy dándole la espalda.
—¿Estás bien? —consulta con supuesta preocupación, todo fingido claro, solo para que "el idiota del omega no se ponga loquito", no creas que no sé lo que piensas estúpido alpha.
No respondo, no tengo ganas, que imagine lo que se le cante, aprieto mis piernas contra mi pecho y cierro los ojos, me quedaré así hasta que se vaya.
—Oye, lamento lo que sucedió ayer.
¡Ugh! No quiero sus disculpas, solo quiero que se vaya, ¡que se vaya!
—Quiero explicarte, no es que no me sienta atraído, es que... son muchas cosas, estabas en medio de un celo muy intenso y por lo visto no se ha ido del todo, no quería que hicieras algo cegado por el calor del momento, me parece algo grotesco, es como aprovecharse de otro por una debilidad.
—Pues es una debilidad que yo no he elegido precisamente —mierda, se supone que no iba a contestarle, pero me da tanta rabia que se venga a hacer el buenito, estúpido alpha.
—A eso me refiero, no lo puedes elegir, hubiera sido diferente si no hubieras estado influenciado por el celo.
Abro mis ojos y giro mi cabeza para mirarlo con molestia, ¿qué está tratando de decir?
—Suficiente, no necesito tus explicaciones, como tampoco daré ninguna, no soy yo cuando entro en celo, eso es todo. Olvídate de lo que dije ayer, lo controlaré como pueda si es que existe una próxima vez y ya.
—Entiendo. Por otra parte, se supone que somos tus secuestradores, no es nada ético permitir que cosas así sucedan entre nosotros.
No sé que expresión estoy haciendo en este momento pero el semblante de Eren muta a uno de preocupación, en apariencia. Se acerca y ya no entiendo nada, quiero que se vaya, pero que se quede, y que me abrace y me mime, pero también que sufra y quiero morderlo y... Joder, odio el puto celo.
—Lo siento.
—Basta, déjame solo —susurro apenas.
—Estás enojado conmigo, lo entiendo.
—Joder, no te creas tan importante, alpha.
—Eres muy lindo, si las circunstancias fueran diferentes... yo sin dudas hubiera intentado tener una oportunidad contigo, lo digo con sinceridad.
—Mmm, pero las circunstancias actuales son las circunstancias actuales... Ya, dejemos esta conversación.
Siento que una dolorosa punzada me atraviesa el pecho, hasta que una caricia de su caliente mano sobre mi rostro me hace reaccionar y me alejo instintivamente.
—Traje algunos víveres nuevos, me encargaré de preparar el almuerzo, ¿podrías bajar cuando esté listo así comemos?
Largo un hondo suspiro.
—Haré el sacrificio.
Eren sonríe con suavidad, alpha idiota, ¿por qué tiene que ser tan malditamente atractivo? Se gira para retirarse y se me ocurre usar la culpabilidad que siente a mi favor.
—Eren, ¿sería posible que pudiera salir al patio? Es para... quiero hacer una huerta o algo como eso, puedes vigilarme, no daré problemas, solo déjame salir. Si sigo encerrado un día más me volveré loco.
—¿Y tu celo?
—Lo tengo bajo control.
—Mmm, no tengo semillas como para hacer algo como eso.
—No importa, yo encontré algunas limpiando el sótano la otra vez, guardé otras de las frutas y verduras que estuviste trayendo, no sé si aún se podrán usar, pero quisiera intentarlo.
—De acuerdo, pero luego que comas apropiadamente.
—Claro, avísame cuando esté la comida.
—Silbaré —avisa antes de irse.
¿Silbaré? ¿Qué se cree que soy? ¿Un perro?
No, soy menos que eso. Soy un esclavo de esta gente, un rehén, bah, un futuro muerto. Sacudo la cabeza, ¡no! No estoy muerto aún, mientras mi corazón siga latiendo tengo esperanzas. Empiezo a pensar en las alternativas que tengo, si salgo al patio y consigo un pico, o una pala, podría desmayar a Eren y escapar... Mmm, ¿y si le pego tan fuerte que lo mato? No quiero que se muera, tal vez me traicionen los nervios en ese momento y no mida mi fuerza, no quiero ser un asesino, ¿pero qué otras oportunidades voy a tener? Está claro que seducirlo no es una opción. Tengo que encontrar una manera, ¿emborracharlo, drogarlo? Joder, ¿cón qué carajos lo voy a drogar? Ya revisé todos los rincones de la casa y aparte de un poco de vino y licores no hay siquiera una botella de alcohol de quemar. Podría intentar encerrarlo en la casa, tendría que conseguir la llave de la puerta de entrada, ¿cómo no se me ocurrió antes?, cuando esté dormido, tomar la llave y dejarlo encerrado, para cuando se dé cuenta ya estaré lejos con el caballo, y nadie saldría lastimado.
¿Por qué me interesa tanto lo que le suceda? A él yo no le intereso. Una estocada de angustia me aprieta el pecho, me pongo de pie e inspiro, ya fue suficiente de sentirme patético; más pienso en mis ideas para escapar más renovadas siento las esperanzas. De acuerdo, esta misma noche tengo que robar esa llave, después de todo puedo ser sigiloso y Eren tiene el sueño pesado, haré que coma y beba mucho, de ese modo po-... Un silbido agudo desde planta baja me pone en aviso de que la comida está lista.
Bien, no tengo que cagarla, simplemente tengo que hacerle creer que todo está bien, que ya no estoy enojado, que merecemos una tregua y festejar un poco esta noche. Eso es, le diré que quiero beber de verdad antes de que me llegue la hora. Seguramente la culpa lo obligará a que sucumba a mi pedido. Es pan comido, vamos, puedo hacerlo.
Bajo las escalas y un agradable aroma a comida casera inunda el ambiente despertando mi apetito. Me acerco para ayudarlo con la vajilla.
—Siéntate, yo me encargo —me pide con tranquilidad.
—Anda, no estoy postrado en una silla de ruedas, además ya casi ha terminado mi celo, puedo con un par de platos —le sonrío suave, debo cuidarme de no exagerar o va a sospechar.
Eren es un alpha idiota, pero no es nada tonto, así que no tengo que dejarme llevar por la ansiedad. "Contrólate, Levi, contrólate", me digo a mí mismo. Cuando nos sentamos masculla algo ininteligible, una oración o algo como eso, luego ya podemos deleitarnos con la comida. Al primer bocado noto que el sabor es sumamente agradable y me siento bastante hambriento, acompaño con pan de campo fresco que trajo este hombre y de vez en cuando siento su mirada recayendo en mi figura, me hago el distraído y lo miro de regreso una que otra vez.
—Oh, wow, cocinas muy bien, este guiso es increíble —halago su esfuerzo y noto una pequeña sonrisa naciendo en el borde derecho de sus labios.
—¿Ya te sientes mejor?
—Bueno, hay que convivir, quiero tratar de llevar las cosas de la mejor manera. Así que... quiero que sepas que todo está bien, dejemos los malos entendidos atrás —le pido con mi mejor expresión de niño bien portado y noto que me mira con intensidad, sí, creo que se lo creyó todito.
—Estoy de acuerdo, dejemos los malos entendidos atrás.
—Sabes, eh, quería pedirte un favor.
—¿Otro más?
—Sí, bueno, no es la gran cosa, es solo que... me preguntaba si sería mucha molestia que esta noche me acompañes a beber, alguna de esas botellas que tienes ahí en el modular. Estaba pensando que yo nunca bebí en exceso y-
—¿Nunca bebiste en exceso? No lo sé, yo recuerdo una vez que vine y estabas bastante agresivo, te quejaste del nombre de mi caballo y otras cosas más.
—Oh, bueno, esa vez, si, pero me refería, algo más alegre.
—¿Qué se te ha dado por beber ahora?
—Bueno, seamos honestos, Eren, no tendré muchas ocasiones para celebrar de ahora en más, ¿cierto?
El alpha baja la mirada al plato frente a él y se instala un incómodo silencio.
—Anda, ¿me dejarás bebiendo solo? Puedes atarme a una silla si crees que voy a escapar. Solo es divertirse un poco, quiero olvidarme de... bueno, las circunstancias actuales, ¿me acompañarás? —sigo insistiendo y tratando de que mis expresiones faciales ayuden un poco.
—Bien, beberemos entonces.
No puedo evitar que una enorme sonrisa me cruce el rostro, lo que provoca que Eren me sonría también. Carajo, que sonrisa más hermosa que tiene, no, concéntrate Levi, no pierdas el foco, no volverás a tener una oportunidad como ésta.
La cena es amena, conversamos de varias cosas más que nada sobre plantas, Eren parece tener nociones muy claras sobre cuidados de hortalizas y cultivos. Terminamos de cenar y me ofrezco a lavar los platos mientras seguimos platicando, así me entero que él vivía en una granja de niño y joven, se acostumbró a las tareas de una finca, luego se fue a hacer el servicio militar y que le gustó la carrera, que era muy bueno y eso le permitió escalar puestos rápidamente, pero que su padre enfermó grave y tuvo que hacer una pausa en su carrera y regresar para apoyar y ayudar a su madre. Se queda pensativo luego de esto y yo termino de fregar, por lo que vamos cerca del fuego, me pide que saque unas botellas dándome la libertad de elegir mientras él echa un par de leños porque el frío aprieta mucho de noche y ya se está terminando el tronco que se consumía. Elijo un mistela y un licor de ciruelas casero, sonríe al ver mi elección.
—¿El mistela es muy dulce? —pregunto intrigado—. Puedo elegir otro.
—No, no es eso. El mistela es uno de mis favoritos en realidad, también me gusta mucho el licor de ciruelas; de hecho... lo hace mi madre y como justo estuve hablando sobre ella, es como nostálgico, una feliz coincidencia.
—Ya veo.
Levanta la base del sofá viejo de dos cuerpos y saca una frazada que me coloca sobre el regazo, tal vez notó que me hacía un poco de frío, ahora que el celo se fue del todo mi cuerpo resiente un poco la falta de calor, además he estado comiendo poco. Abre el mistela y nos sirve en abundancia. Luego se sienta en el sillón grande y a medida que bebemos conversamos y conversamos. Es agradable, me siento a gusto, de alguna manera puedo olvidarme que estoy secuestrado, que esto es contra mi voluntad, que ese hermoso alpha me ha rechazado más de una vez, que es probable que me maten si no encuentro la manera de huir. En cierto momento el mistela se ha terminado y yo me estoy achispando, nos quedamos callados y comienzo a tararear alguna canción.
—¿Cantas?
—¿Mmm? Nah, bueno en el instituto estaba en el coro regular aunque nunca me he destacado realmente, tampoco era como si fuera divertido más bien todo lo contrario. Teníamos todas estas aburriiiiidas canciones en latín, Laudemus Virginium, Ave Verum, Die irae...
—¿Canciones religiosas?
—Si, ¡qué horrible! Quiero decir, no tengo nada en contra de la religión, pero recuerdo claramente que teníamos esta enorme profesora omega tan estructurada y estricta, aún siento sus dedos de alambre apretándome los morros y escupiéndome en el rostro cuando me regañaba: "Vocalice Ackerman, vocalice, quan-tus tre-mor et, repita, repitaaaa" —imité lo mejor que pude a esa harpía y Eren comenzó a carcajearse con ganas, vaya, creo que no soy el único achispado aquí.
—Canta algo de eso que aprendiste.
—No, por favor, no soy buen cantante, además cuando cantas en un coro te acostumbras a que los demás te acompañen, así solo no es igual.
—Anda, una estrofa, el corillo, anda, solo un poco.
Siento una especie de calidez en el estómago cuando me ruega de esa manera, tengo ganas de complacerlo, así que carraspeo mientras Eren sirve el licor de ciruelas.
—No te rías si desafino, tú pediste que hiciera esto.
—No criticaré, lo juro —me dice cruzando los dedos juguetonamente y bebo un sorbo de la nueva bebida, es realmente deliciosa.
Elijo el "Kyrie", es fácil, melodioso y tal vez el alcohol me está envalentonando.
—"Ky-ri-e e-lei-son, Ky-ri-e e-lei-son, Chri-ste e-lei-son, Ky-ri-e e-lei-son, Ky-ri-e e-lei-son"
Tal vez hice alguna estrofa demás, o alguna de menos, no lo sé, lo que si sé es que cuando termino de cantar Eren me está mirando con atención, hay tantos sentimientos dentro de sus expresivos ojos que siento que me atraviesan, no sé qué decir. Él solo me sonríe ampliamente y aplaude.
—Eso fue... hermoso. Nunca había escuchado una canción en latín, ¿qué dice?
—Básicamente "Señor ten piedad, Cristo ten piedad", suena muy lindo pero es algo tenebrosa si quieres mi opinión.
Ambos reímos abiertamente y seguimos bebiendo.
—Si yo hubiera sido profesor de música jamás obligaría a mis alumnos a cantar canciones de iglesia, probablemente les daría más opciones.
—¿Opciones como cuales?
—No sé, canciones divertidas, actuales, de amor, no lo sé.
—Bueno, yo si canto, es decir, cantaba, hasta llegué a componer mis propias canciones en un tiempo, no fueron tantas, tal vez cuatro o cinco.
—Oh, ¿sabes tocar esa guitarra que está en el cobertizo? ¿Era tuya? —digo recordando de una de mis inspecciones de limpieza.
—Sí, así es, era mía.
—¿Podrías tocar una canción para mi?
—No, no, hace muchos años que no practico.
—Vamos, esas cosas no se olvidan, es como andar en bicicleta una vez que aprendes ya está. Vamos, no me hagas que te ruegue.
—Joder, bueno, ve a traerla antes que me arrepienta.
Salí corriendo bastante animado, tal vez fuera ese licor de ciruelas, pero hasta me sentía contento. En la oscuridad encontré rápidamente el instrumento, después de todo yo había acomodado y limpiado toda la cabaña. Bajando las escaleras me tropecé y casi me partí el cráneo pero alcancé a agarrarme del barandal, Eren se acercó alarmado.
—¿Estás bien?
—Sí, si, una pequeña caída, solo eso.
—¿Te has golpeado?
—No, no, aquí está la guitarra, ahora cumple.
—Bueno, vamos a ver.
Me senté a su lado en el sofá, parecía un niño cuando conoce a Santa y está por pedirle su trencito con luces. Eren se tomó un tiempo para ajustar las cuerdas y probar algunos acordes.
—Tendré que cambiar algunas, pero bueno por ahora deberían servir.
Comenzó a tocar alguna especie de melodía tejana o me dió esa impresión mientras tarareaba, parecía muy compenetrado en la situación, hasta que me miró y sonrió.
—Lo siento, hace mucho no tocaba, había olvidado lo bien que se siente tener esto en mis manos, ¿qué quieres escuchar?
—¿Qué sabes tocar?
—Solo dí que canción quieres y la sacaré.
—¿De verdad? ¿Eres alguna clase de prodigio musical? —Eren ladeó la cabeza y siguió sonriendo misteriosamente, algunos mechones le cayeron sobre la frente y yo ya me había perdido en esa hermosa imagen—. No lo sé, toca la que más te guste.
El semblante de Eren cambió de tranquilo a uno completamente triste, parecía como si la angustia le hubiera inundado los ojos en dos segundos, ¿pregunté algo indebido? Sin embargo comenzó a tocar la guitarra, una melodía romántica, dulce, muy hermosa pero que parecía lastimarlo a cada acorde, no sabía si pedirle que se detuviera o simplemente acompañarlo. Me quedé callado y quieto hasta que terminó. Hubo un silencio significativo, le di su espacio y finalmente se abrió.
—Esta era la canción favorita de Armin —Oh,el famoso Armin.
—¿El era tu omega?
—No me pertenecía, no me gusta ese pensamiento de que las personas nos pertenecen como si fueran objetos. Somos libres, simplemente elegimos con quien compartir nuestras vidas, o al menos así debería ser. Armin era inteligente, inofensivo, tranquilo, parecía tener siempre una respuesta a todo. Éramos buenos amigos, de echo él se me declaró al principio, no es como si no lo hubiera notado, quiero decir que estaba enamoradode mí, es solo que yo tenía otras cosas en mi cabeza en ese momento. Recién cuando volví del servicio militar pude verlo con otros ojos. Él estaba de novio con otro omega —Abrí grande mis ojos ante esto—, me puse celoso. Pero nada podía hacer, yo era quien lo había rechazado y me había ido, eventualmente volvimos a ser cercanos y entonces un día se me declaró por segunda vez.
—¿Y su novio omega?
—Ya habían terminado.
—Supongo que entonces aceptaste —Eren asintió, algo me dolió en el pecho, pero no tengo derecho a sentir celos de un pasado que no me pertenece, ni siquiera me pertenece el presente.
—Vinimos a vivir aquí, teníamos planeado casarnos en algún momento, yo no estaba apurado. Él acomodó esto a su parecer, teníamos una vida muy similar a esta, éramos felices a nuestro modo. Un día nos fuimos a la capital, eran como vacaciones, ambos queríamos conocer, yo pensaba proponerle matrimonio. Pero entonces... —su mirada queda estática sobre las llamas del hogar y yo no quiero no respirar esperando que devele esa gran y oscura verdad—. Nos cruzamos con las personas equivocadas. El padre de tu prometido lo conoció, fuimos a una celebración de una amiga de mi familia, una exposición de cuadros. Entonces pusieron sus ojos sobre él, a los pocos días desapareció. Esa noche había bajado a comprar unos dulces, yo estaba muy cansado, ese día habíamos caminado bastante recorriendo muchos lugares. Fue mi culpa, debería haberlo acompañado.
Me quedo en silencio, impactado por el relato. Eren se toma una breve pausa y continúa.
—Lo busqué por dos años, completamente desesperado, no había pistas, no había testigos, las cámaras de seguridad fueron misteriosamente alteradas esa noche, con el tiempo me di cuenta que la gente que lo había secuestrado tenía un inmenso poder para mover todo a su favor. Estuve muy cerca de encontrarlo un par de veces, pero hasta que las autoridades actuaban ellos misteriosamente volvían a desaparecer, mes tras mes, gasté todos mis ahorros, mi familia se alejó, fue un desastre, solo quería morir pero no podía hacerlo hasta encontrarlo. Finalmente lo logré, pero ya era tarde —Me sirvo más licor y a él también, le alcanzo el vaso que acepta y se lo toma de un solo trago, continúa—. O mejor dicho encontré lo que quedaba de él. Se había suicidado, eso dijo el forense al menos, tenía un nivel tan alto de narcóticos en la sangre que solo pudieron identificar cinco. Murió en un callejón, detrás de unos tachos de basura, le habían cortado las cuerdas vocales, abusaron de él, estaba esperando un bebé, ya tenía seis meses de gestación, en un reporte posterior descubrieron que habían huesos fracturados, mal soldados. Lo destruyeron de muchas maneras. En su funeral un grupo de personas se acercó, gente que jamás había visto en mi vida, gente con la que tenía muchas cosas en común, ellos también habían perdido familiares y habían perdido las esperanzas de que las autoridades los ayudaran. No dudé en unirme. Allí fue que descubrí esta enorme red de trata de personas, no solo secuestran omegas, también bebés y niños, los venden como si fueran un pedazo de carne. Más de ochenta por ciento termina muerto y a nadie le importa, es un negocio demasiado lucrativo. Mientras tanto de cara a la sociedad se muestran como personas honestas, forman familias decentes, van a la iglesia y donan enormes sumas a la caridad, todos los respetan y los adoran. Solo son unos farsantes, con ese brillo tapan toda la putrefacción de la que están echas sus almas —Eren me mira y acerca su mano hasta mi rostro—. Estás llorando.
Parpadeo, y soy consciente de eso, trató de limpiarme rápido, supongo que todo el dolor de Eren me ha calado también, las cosas empiezan a tener sentido.
—En cierto punto nos dimos cuenta que no podíamos contra ellos, no contra su poder, su dinero, sus contactos en el gobierno. Solo nos quedaba hacerles lo mismo, quitarles tanto como pudiéramos. Tal vez la sed de venganza nos cegó, cuando hablamos al respecto parecía algo lógico, necesario, nos animamos unos a otros, sin embargo... fuimos demasiado lejos. Me he convertido en una mala persona.
Volvimos a sumirnos en un silencio contaminado por el crepitar los fuego y un suave silbido del viento nocturno filtrándose por los recovecos de la casa. Terminé la bebida de mi vaso, me sentía levemente aletargado, confundido ante estos nuevos sentimientos que hacían mella en mí.
—Lo siento mucho —hablé al fin y Eren me miró con atención—. Para ser honesto me imaginaba que algo siniestro había sucedido, era mil veces más terrible de lo que me imaginaba. No creo que seas una mala persona, las circunstancias te arrastraron a esto. No sé qué habría echo yo en tu lugar, definitivamente no me hubiera quedado de brazos cruzados. Lo siento mucho, por ti, por Armin, por todos los que son victimas de esos monstruos. Hasta no hace mucho mi única preocupación era vivir sin tener que trabajar, ahora me parece una aspiración tan superficial y estúpida, yo no sabía nada de la vida, por protegerme mis padres me tuvieron dentro de una burbuja de cristal que se hizo añicos al primer empujón. Estoy seguro que ellos tampoco saben la verdad, porque de ninguna manera hubieran permitido que nos relacionáramos con esa gente. Es tristemente irónico.
—Yo también lo siento, terminamos involucrándote, tú no tienes nada que ver con esta guerra.
—Al menos ahora tiene más sentido, gracias por contármelo. Como sea, brindemos —dije tratando de sacar una sonrisa de todo ese mar de cenizas—, por un mundo más justo, porque todos esos monstruos mueran de la manera más atroz y terrible.
Levanté mi vaso y Eren hizo lo mismo, luego bebimos ese delicioso licor, luego serví lo último que quedaba. La verdad me sentía a gusto a su lado, a pesar de que el ambiente seguía un poco triste, pero las botellas estaban vacías y ya era tarde, justo cuando iba a avisar que sería bueno irnos a dormir, Eren tomó la guitarra de nuevo y comenzó a tocar una canción animada y pegadiza, moví mi cabeza al compás de la misma, no la conocía pero no me importaba.
—Como el cerezo en flor, así es mi amor, dormido y pequeño en el invierno, cuando lo haces brotar me vuelvo infierno, así es mi amor, así es mi amor.
—Como un cerezo en flor, así es mi amor —lo secundé en el estribillo y entonces sonrió espléndidamente, como el sol que atraviesa una densa niebla.
Eren tenía un amplio repertorio, así que cantamos desde canciones de cuna, hasta la Macarena, riéndonos a más no poder, abriendo una nueva botella de vino, no me pregunten como terminé sentado muy cerca suyo, mientras con mis manos y un hilo le enseñaba a hacer figuras en el aire.
—Y esta es la pata de gallo, ¿has entendido?
—No, es que... es que no me sale así.
—No, de nuevo, vamos paso a paso, la agarras desde aquí y lo pasas por el dedo medio, ¿ves?
—¿Así?
—¡Eren! Ese no es tu dedo medio, es con el que mandas a la mierda a alguien, éste.
—Oh, ya, ya, ese se llama anular.
—No, el anular está al lado del meñique, anular porque allí va el anillo, el dedo de en medio es... es el dedo de en medio.
—Ya, pero mira, no me sale como a ti.
—Esa no es una pata de gallo, es una pata de paloma muerta o algo como eso.
Nos empezamos a reír de nuevo como dos idiotas, con seguridad estábamos ya un poco ebrios. En cierto momento nos quedamos mirándonos.
—Eres... eres muy especial —me dijo en susurros, mientras mis ojos delineaban sus hermosos labios—. Ya no estás en tu celo, ¿cierto?
—No.
—No te mentí cuando dije que... bueno, si las cosas fueran diferentes yo te hubiera cortejado.
—¿Por qué? ¿Acaso te gusto?
—¿A quién no le gustarías?
De verdad no puedo decir si dijo algo más porque los latidos de mi corazón eran tan escandalosos que tapaban cualquier otro sonido, mi omega interior desplegó sus alas de colores, infló su pecho completamente complacido. Me acerqué y lo besé, apenas un roce de labios, con sabor a licor y esperanza. Creo que ninguno de los dos estaba en sus cabales, Eren dejó la guitarra en el suelo y me tomó de rostro para besarme apasionadamente. Tal vez en todo este tiempo estuvimos escondiendo nuestros sentimientos.
Lenguas, fuego, necesidad, me trepé encima y me abrazó con fuerza mientras tiraba de la banda de su coleta y soltaba su preciosa cabellera, mis dedos se enterraron en ella mientras nuestras bocas seguían unidas. El calor me subía por las piernas, me contaminaba el vientre y subía por mi pecho hasta mi garganta, a la vez que sus manos se metían debajo de mi camiseta y apretaban mi espalda, palpó mi piel en una requisa muy seductora y tuvimos que despegarnos un momento para respirar. Me miró con seriedad y se puso de pie, por lo que yo tuve que alejarme. Mierda. No quería que terminara así, por un segundo quise correr a la habitación antes de que me rechazara de nuevo y él pareció darse cuenta.
—Lev-
Puse una mano sobre su boca, mientras la angustia aparecía y lo miré con dolor.
—No lo digas —quitó mi mano y habló.
—¿Qué no diga qué?
—No me rechaces, yo entiendo, volveré a mi habitación.
Me agarró de una muñeca y tiró de mí para llevarme escaleras arriba, lo seguí con mi cabeza gacha, sintiendo que las lágrimas querían llenar mis ojos, estaba luchando contra eso hasta que me guió a su habitación, mi cuerpo temblaba y el cuarto estaba en penumbras, hacía un poco de frío, la luz de la luna era lo único que entraba por la ventana y de alguna manera el reflejo de la misma en sus ojos lo hacían ver terriblemente majestuoso.
—Nunca quise rechazarte, pensé que lo habías entendido —Me quedé sin palabras ante su declaración tan sincera y directa—. Ya no estás en celo, hemos bebido un poco pero creo que ambos estamos lo suficientemente conscientes como para tomar decisiones de las que no vamos a arrepentirnos. Quiero hacerte el amor, ahora mismo, ¿tú también quieres?
—Joder, sí.
Sonrió de esa nueva manera, esa que me ponía tonto y alegre, me acerqué completamente aliviado y me puse en puntas de pie para alcanzar sus labios, fui recibido con entusiasmo y ganas. Me capturó entre sus brazos y me arrastró a la cama.
Querido Dios, si este es un puto sueño te ruego que nadie me despierte.
El desgraciado es muy hábil, en un santiamén me dejó completamente sin ropa, tal vez fuera el alcohol, o que ya me había visto varias veces desnudo, pero no sentí demasiado vergüenza, más importante era que yo ansiaba ver su desnudez, así que también me apresuré a quitarle sus prendas ¡Diablos! Es tan hermoso que me siento un gusano a su lado. Con mis dedos de manera muy tranquila delimité sus anchos hombros, su clavícula, sus pectorales marcados, su abdomen plano, las venas de sus brazos, todo lo examinaba como si se tratara de una obra de arte y él dejó que yo hiciera lo que quisiera. Giré una de sus manos entre las mías, manos grandes y fuertes, llenas de callos, cicatrices, toqué su palma y disfruté de su rugosidad en ciertos sectores, la llevé a mi rostro y besé desde el centro hasta sus dedos, memorizando la sensación, la fricción, el perfume de su piel, me acarició el rostro luego y metió su pulgar a mi boca, tocando mis dientes y luego mi lengua instintivamente lo succioné y fue emocionante ver la expresión que hizo ante esto, sus ojos levemente entre cerrados, su boca abierta y su respiración haciéndose más y más pesada. Yo no sé como era la mía a esas alturas, de echo mi corazón corría una carrera desenfrenada, como si adivinara mis pensamientos puso su otra mano sobre mi pecho blanco y sonrió.
—¿Es tu primera vez?
—S-sí. Bueno, ya he usado, eh, al-algunas cosas pero, pero no... eh...
—Está bien, entiendo, vamos a tomarnos las cosas con calma.
Asentí y me empujó con suavidad para que me recostara en la cama, se puso arriba mío y comenzó a besarme, lento, calmado. Me relajé, lo más que pude al menos y me entregué al momento. Su cabello caía como una cortina sobre mí, produciéndome cosquillas en el cuello, todo él olía exquisito, masculino, poderoso, yo también quería impresionarlo por lo que hice un esfuerzo para liberar feromonas, siempre había sido muy difícil para mi, agradezco que en esta oportunidad todo se dió perfectamente. Aspiró con ganas sobre mi cuello y gruñó satisfecho.
—Carajo, me fascina tu olor, me vuelve loco.
Palpé los costados de su bonito y esculpido cuerpo, sintiéndome a cada momento más seguro y confiado y finalmente toqué su entrepierna, estaba erguida y palpitante, hinchada, la acaricié con un poco de torpeza, mi intención era darle placer, que seguramente algo le dí, pero entre los nervios y la poca experiencia (déjenme decirles que en momentos así la teoría es pura mierda) no hice lo que se dice un buen trabajo. Sin embargo él no se quejó, siguió regando besos por todo mi cuerpo, especialmente en mis muslos, en la parte de adentro, en mis ingles, yo apretaba el edredón con mis manos y arqueaba la espalda de tanto en tanto cuando succionaba o mordía alguna zona sensible, al parecer soy sensible por todos lados, o sería la magia de su boca que me provocaba tantas emociones.
Quise levantarme para hacer lo mismo pero no me dejó.
—Hoy quiero que te relajes y disfrutes, ya habrá tiempo de hacer otras cosas.
Casi lloro de la emoción, ¿ya habría tiempo de hacer otras cosas? Entonces no sería la única vez, eso me puso sumamente feliz. Mis pensamientos colapsaron cuando su lengua paseó por toda la extensión de mis testículos, luego engulló mi pene con maestría y yo tirité de auténtico placer, ni siquiera me percaté de que estaba tocando mi entrada para comprobar que ya estaba húmedo y ansioso por recibirlo. Me torturó dulcemente por eternos minutos, dejándome al borde de eyacular. Junto a él y sus toques mi cuerpo parecía colaborar sin problemas, esto era genial.
Me apretó las piernas contra mi estómago para exponer mi trasero y lamió a discreción. Jamás de los jamases, ni en mis sueños más húmedos había siquiera imaginado que esa simple acción me pondría más caliente que agua hirviendo. Mis gemidos se sucedieron uno tras otro, de todas maneras no soy una persona ruidosa, incluso mis gemidos son más parecidos a jadeos inconclusos, aunque al parecer a Eren le encantaron por el entusiasmo que puso a medida que los escuchaba.
En cierto momento se detuvo, se refregó la cara con un antebrazo y acercó mi cadera a su entrepierna. Me miró con tranquilidad.
—¿Ya estás listo?
Asentí y ondulé mi cintura para dárselo a entender. No estaba asustado, yo ya había usado juguetes y consoladores antes, si bien la erección de ese alpha era una cosa completamente diferente, no parecía algo de lo que tuviera que temer. Además estaba super lubricado y realmente quería tenerlo dentro mío cuánto antes. Lubricó su pene con saliva y empujó con firmeza contra mi entrada, carajo, su cosa estaba super caliente. No fue bruto, si empujaba mucho y yo hacía la más mínima mueca se detenía de inmediato, preguntándome a cada momento si estaba bien.
Cuando al fin pudo entrar la cabeza yo respiraba de a bocanadas, un pene es completamente otro nivel, esto o se parecía ni de cerca a lo que yo había echo antes, me temblaban los muslos y me puse tenso. Por lo que Eren salió y me besó por todas partes no sé cuánto tiempo hasta que estuvo seguro de que yo me había relajado, volvió a meter hasta el prepucio y un quejido doloroso lo hizo retroceder.
—Oye, solo, mmm, solo hazlo de una vez —le pedí—. Si duele que sea de una sola vez.
—No, deja que lo haga así, no quiero lastimarte, confía en mí.
No iba a discutir, el experto era él. Me puso de costado, él abrazándome desde atrás y subió mi pierna más próxima con uno de sus brazos, desde esa posición mordisqueaba sobre mis hombros, nuca, lamía,besaba y chupaba y yo me estaba desarmando de placer. Me masturbó un poco, me gustaba mucho esto, y al fin volvió a intentarlo, se deslizó muy bien hasta la mitad y yo comencé a boquear, mientras él me hablaba con su grandiosa voz al oído y me pedía que relajara las caderas. Inspiré profundo y traté de hacerle caso, él no se movió, dejó que me acostumbrara, mientras me acariciaba. Al fin luego de mucho comenzó a mover las caderas, muy suave, acompasadamente y empecé a sentir porqué a la gente en general les gusta tanto intimar.
Mis tetillas estaban erguidas y Eren las frotaba lento, apretándolas de a intervalos, mientras no dejaba de mover las caderas y chupar mi cuello, eran tantos estímulos al mismo tiempo que pensé que iba a desarmarme de gozo. Yo no sé en qué momento ya se movía profundo, fuera y dentro, descarga, tras descarga de erotismo, placer, satisfacción. Incluyo yo mismo moví mis caderas a su ritmo, dejando que me llenara todo lo que podía aguantar.
Mi mente, mi pecho, mi corazón y mi entrada estaba llenos de el,Eren, Eren, Eren, solo deseaba su piel, sus caricias, su voz, sus ojos, su cabello, su rudeza al tratarme, al querer enseñarme a valerme por mí mismo. Me comenzó a doler la pierna en alto, quise bajarla, pero entonces Eren salió de mí y me volvió a colocar de espaldas al colchón.
—Creo que ahora sí va a funcionar —mencionó divertido, mientras yo admiraba la fina película de sudor que le cubría el precioso y agraciado cuerpo que tiene.
¿Qué hice para merecer este milagro? Con cuidado volvió a invadirme desde esa postura y tuve que levantar el torso y empujar su abdomen porque era demasiado, entendió y salió un poco, para comenzar a moverse más suave y despacio. De esa manera se sentía tan delicioso, además tenía una vista privilegiada, de su rostro, su cuerpo. Enredé mis piernas alrededor de su cadera y moví la mía guiado por mi instinto. El primer orgasmo me tomó por sorpresa, justo cuando Eren me embestía y me besaba en la boca.
El chorro de mi semen llegó hasta mi barbilla, mientras yo convulsionaba completamente intoxicado de lujuria. No sería la única vez en esa noche que alcanzaría la cúspide de esa manera. Dejó de besarme para que yo pudiera regular mi respiración y repartió dulces besos en mi rostro.
—¿Estás bien?
—Sí, estoy en la gloria —respondí con la voz rota—. Más,más, por favor.
Sonrió seductoramente, y atacó de nuevo. Mientras volvíamos a hacerlo, me abracé a él, yo solo quería pertenecerle, aunque no creyera en los dominios, yo lo quería, quería que fuera MI alpha, por ese hombre... ese hombre sí que era perfecto.
.
By Luna de Acero.-
