INUYASHA NO ME PERTENECE, SOLO HAGO ESTO DE DIVERSION, PERO LA TRAMA SI QUE ES MIA.

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AMIGOS CON BENEFICIOS

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CAPITULO 2

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Kagome había desayunado con Bankotsu una infinidad de veces, en la vida de amistad que llevaban juntos, así que esa primera mañana, luego de haber concretado el trato, se le figuró extraño, pero como no quería estropear el desayuno con su amigo, decidió callar lo que había pensado y sentido durante aquella noche.

Había dormido muy cómoda en el cuarto de Bankotsu, en tanto que él había ido al que era de su fallecido abuelo, así que no hubo movidas extrañas. No era la primera vez que dormía en esa habitación, por cesión de su amigo, pero si era la primera vez que percibió el aroma de Bankotsu en la almohada. Probablemente siempre había estado ahí, pero nunca antes le había llamado la atención.

Kagome se sacudió varias en esa cama, esa madrugada. Una vez, incluso despertó de improviso, como de una pesadilla, para tocarse los labios.

¿Qué diablos ocurría con ella?

No podía ser que un jodido beso con un amigo de la infancia fuera capaz de causarle semejante remolino. Pero finalmente obligó a dormirse, esto no podía ser más que una confusión por haber tenido contacto con un hombre, porque no era capaz de recordar cuando había sido capaz la última vez que había sido besada por un chico.

Además, recordaba que esto era un trato, y la idea justamente era que ella pudiere descargar todo su descontento y todo el deseo que sentía por Inuyasha; además de probablemente de atraerlo, con la jugarreta de hacerse pasar por una pareja de Bankotsu.

¿Todas las relaciones con beneficios entre amigos de confianza serian así?

Kagome nunca antes había tenido un amiguito, bajo estas condiciones, así que no sabía exactamente que pensar con respecto a las sensaciones que la embargaban. Conocía a Bankotsu desde siempre. No podía ser nada más. Solo la emoción de su nuevo trato.

Bankotsu vino a sentarse junto a ella, quien ya había servido el desayuno, café, tostadas y mucho dulce de melón, que era el favorito de ambos. Dulce que la misma Kag solía preparar, porque probablemente ambas eran las únicas personas que gustaban del sabor de aquella mermelada.

─ ¡Eres una máquina, Kag! ¿Qué hora despertaste para hacer el dulce?, habrás ido muy temprano a la tienda a por el melón. No recuerdo tener de esa fruta en la nevera ─la saludó Bankotsu, tomando unas galletas para untarla con el cremoso dulce.

Kagome lo miraba, procurando estudiar su rostro, a ver si podía notar algún cambio en él, así como ella se sentía cambiada. Pero nada, Bankotsu estaba igual.

─Que sepas que no tenía dinero, así que los melones los compraste tú. Encontré tu billetera en el suelo de la cocina ¡sí que eres un descuidado! ─le replicó ella, intentando darle conversación normal a su amigo.

─ ¿Hoy tienes trabajo en la tienda? ─preguntó Bank, curioso de saber si Kag iría a la tienda, donde hacía de dependienta por las mañanas.

─No, hoy no me toca, así que probablemente de aquí vaya a mi departamento, si tengo la gracia de encontrar a la loca de Yura en casa ¡ojalá la encuentre sola!, procuraré dormir, para ir al bar a la tarde, no creo que Jakotsu me perdone otra llegada tardia ─anunció Kag, bebiendo su taza de café con leche.

─Yo iré a comprar unos stickers para la moto. ¿Por qué no vienes conmigo?, sinceramente no creo que Yura ya esté en casa, y no tienes la llave ─ofreció Bankotsu, mientras tragaba un delicioso pedazo de pan.

Kagome pareció pensarlo unos momentos.

─ ¿No te parece un poco estúpido lo de comprar stickers a tu edad?

─ ¡Cierra la boca! ¡No sabes nada, Son stickers de colección! ─gruñó Bankotsu, aunque luego añadió con picardía ─. La tienda está cerca del barrio donde vive Kikyo. Es una buena oportunidad para que tú y yo tanteemos el terreno; quizá hasta veamos al desabrido de Inuyasha por ahí porque Kikyo suele ir los sábados de mañana por allá.

Kag parpadeó preguntándose si era una buena idea, pero acabó asintiendo.

¿Qué podría salir mal?

Él que más tenia de perder era Bankotsu, porque este bobo ya había tenido un romance previo con Kikyo, en cambio ella, solo había tenido un baile con Inuyasha, y probablemente éste ni la recordaba.

Recogió los trastos sucios y los llevó al lavadero. No pensaba lavarlos, que de eso se encargara Bankotsu, ya que el muy aprovechado ni siquiera la había ayudado a preparar el desayuno. Alzó la mirada por la ventana y vio a Bankotsu, vestido con unos jeans y una remera blanca, sacando la motocicleta para calentarla en el patio.

La muchacha se le quedó mirando. ¿Desde cuándo las remeras se le pegaban tanto al cuerpo a su amigo?; también notó que tenía un abdomen plano, eso tampoco lo había notado jamás.

Kagome se agarró la cabeza con una mano ¿Qué clase de broma era esta?

Pero dispersó sus ideas, cuando lo vio venir hacia ella.

─ ¿No quieres ponerte mi chaqueta por si te coge frio por el camino? ─le preguntó el joven y al notar que ella parecía absorta en algo, le insistió ─. ¡Oye! ¿Qué rayos te pasa?

─Nada, creo que no dormí muy bien ─balbuceó ella como respuesta.

Bankotsu la miró. Estaba vestida con el enterizo jardinero azul y una camisa blanca. Muy femenina y tierna. Tenía que admitir que Kag era de las pocas mujeres que podía lucir un atuendo así y no verse anticuada.

Pero tuvo una idea más. Cada vez que se sentía ansioso, podía recurrir al trato que tenían ¿no?

Aprovechando que ella estaba algo distraída, viendo quien sabe qué, posó sus manos en los hombros de la muchacha y acercó sus labios a los de ella. Primero suave y luego ferozmente, tocando sus firmes caderas en el camino. Kagome no lo rechazó, sino que correspondió a su ataque, cerrando sus ojos para hacer más vivido aquel magnifico contacto. Pero este beso había sido diferente al de ayer. Porque Kagome pudo sentirle la lengua a él.

Finamente, Bankotsu la soltó.

─ ¿Ves que esto nos viene bien, Kag?, es una excelente forma de descargar las tensiones antes de ir al barrio de esos ricachones.

La verdad es que Bankotsu se había obligado a hablar con esa ironía, para cortar la tensión del beso y hacerlo menos intenso.

Kagome no le respondió, pero estaba más azorada que él, pero no pensaba exteriorizarlo. Iba a fingir, para no maltraerlo con ella, tenían un acuerdo, y la misma implicaba no lastimarse; así que lo siguió para hacer el viaje que acordaron hacer.

A esa distancia, Kagome solo veía la espalda de su amigo, y era lo mejor. De esa forma él no podría ver la cara de ella. Todavía no se recuperaba del beso ¿Qué rayos estaba pasando?

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Luego de soltar el beso con Kagome, Bankotsu salió de inmediato, dándole la espalda a la joven, y no porque se haya sentido incomodo con aquella acción, sino todo lo contrario.

Se había sentido muy a gusto besando a Kag. Demasiado a gusto. Y eso no estaba bien.

Por una fracción de segundo, se le cruzó por la mente, que todo esto del trato era algo que debió haber meditado mejor. Tampoco se giró a ver el rostro de su amiga, pero suponía que no debía estar como él. Solucionó eso, diciéndose a sí mismo, que todas estas sensaciones le venían, porque nunca antes había tenido este tipo de contacto con Kag.

Sacudió su cabeza, subió a su Yamaha, cargando a Kagome detrás de él.

Rumbo al Barrio Alto.

Suponía que darle un vistazo a Kikyo, le sacaría de la mente, las inconvenientes ideas que estaba desarrollando por Kag.

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El barrio Alto era una zona, no precisamente de alta categoría o muy residencial, pero si un área comercial, de las más caras. Había tiendas de conveniencias de artículos estrafalarios o cafeterías modernas, eso había hecho que aquel barrio se volviera el sitio de concurrencia preferido de la clase media y alta, así que fácil que congregue a todas las personas más conocidas de la ciudad. Como era un sitio de moda, y no lejos de su casa, Kikyo Sanders se había vuelto habitué, ya sea para concurrir con amigas de su círculo social o con Inuyasha Taisho.

Y eso Bankotsu lo sabía perfectamente. Había alcanzado a venir por Kikyo un par de veces por esta zona, ya que ella no quería que la recogiera de enfrente de su casa, asi que el joven bartender venía a esperar por ella, en la coqueta cafetería de la doble avenida.

Bankotsu recordaba con aprehensión, que solía hacer esto con ella los sábados de mañana. La recogía y luego marchaban junto a hacer una recorrida por la Costanera, uno de los sitios favoritos de Bankotsu, y donde estaban seguros, que nadie que conociera a Kikyo, pisaría un dedo, porque la joven no deseaba ser vista con él en público.

Sintió nostalgia por aquella rutina. Kikyo solía verse muy hermosa. Los recuerdos de su boca semi abierta o la visión de sus hombros tan bonitos, eran parte de las cosas que lo habían motivado a hacer este jueguito e involucrar a Kag. No es que fuera un idiota superficial, pero para un pobre diablo como él, la posibilidad de tener una mujer como Kikyo era única y estaba seguro de haber despertado muchas sensaciones en aquella mujer.

─Kikyo…

Probablemente hubiera seguido pensando en ella, de no ser por sentir las manos de Kag, apretándose en su cintura. Eso lo hizo regresar al presente.

─ ¿Qué te sucede?

─Creo que me entró algo al ojo…

─Ya estamos por llegar, cuando lleguemos a la tienda, pide entrar al baño y te lo revisas ─argumentó él, con practicidad.

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Kag, al igual que él, también iba pensativa durante aquel viaje, pero en su caso no pensaba en Inuyasha, como debería ser o pudiera esperarse. Extrañamente pensaba en su amigo y en el beso que le había dado antes de salir de casa.

¿Cómo es que pasaba todo esto?, siempre había visto a Bankotsu fuera de algún contexto sensual y estaba muy confundida.

Se preguntaba si a Bankotsu le pasaba lo mismo, o quizá los hombres reaccionaran diferente. Pero sus preguntas se disiparon al oírlo murmurar bajito.

─Kikyo…

Fue allí que apretó la cintura del joven, y a la pregunta de él, acabó inventándole cualquier cosa.

Pero acababa de darse cuenta que le había molestado mucho que él estuviera pensando en aquella mujer.

¡Tonta, más que tonta Kagome!, nunca antes había sentido algo así con ninguna noviecita anterior que hubiera tenido su amigo. Y las había conocido a todas y nunca le había interesado; incluso estuvo al tanto cuando él andaba de romance con Kikyo y no llegó a sentirse así nunca.

¿Por qué ahora?

¿Acaso había empezado a reaccionar, luego de haber empezado a besuquearse con ese hombre?

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Cuando Kag y Bankotsu finalmente llegaron al Barrio Alto, fueron directo a la tienda de stickers artesanales para motocicletas que habían fijado como primer punto de partida. Bankotsu bajó, tomó sus llaves y ya iba a entrar al local, hasta que reparó en la actitud de su amiga.

─ ¿Y ahora qué?

─Es… ¿Por qué no vas tu solo?

Bankotsu frunció el ceño y giró sus talones de regreso a ella.

─Es que vinimos aquí con un objetivo ¿no?, pues aquí empieza, y luego de salir de aquí, iremos a la cafetería de la doble avenida. Tenemos que mostrarnos juntos, que empiecen a vernos, y solo haciendo esto, lograremos que se corra la voz ─argumentó Bankotsu, aunque luego de ver la cara de su amiga, preguntó ─. ¿No me digas que te arrepientes?

Kagome no estaba en animo de seguir discutiendo, además ella había estado de acuerdo en hacer esto. Y debían aprovechar las oportunidades, porque solo en sitios como éste o el bar Shikon podrían cruzarse con Kikyo o Inuyasha. Ni siquiera iban a la universidad, como para forzar más situaciones de encuentro. Entonces la joven decidió seguir adelante.

Pero algo que si tuvo claro, es que hacia todo esto…ya no por Inuyasha ¡total ese idiota ni sabía de su existencia!¿ y donde había sacado que había llegado a enamorarse de él?, esto le pasaba por leer muchos fanfics románticos, donde ocurrían cosas imposibles, como la chica pobre que amaba en secreto al galán rico, para al final quedarse juntos.

Lo que, si empezó a tener claro la joven, es que haría esto, pero por Bankotsu.

Ya había dado su palabra.

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Kagome y Bankotsu no se demoraron mucho en la tienda de stickers. Y la joven tenía razón, era posible encontrar gran cantidad de rarezas a precios raros y de colección.

Bankotsu tenía la manía de comprarlos para pegarlas por su moto o en algunos casos, de los más extraños, solía guardarlos. Era un pasatiempo tonto que tenía desde siempre; Kagome solía reírse de esto.

También notó, que muchas personas reconocieron a Bankotsu, como el bartender del Bar Shikon. Como podría esperarse, nadie reconoció a Kag, aunque fuera camarera del mismo lugar, pero el hecho que estuvieran juntos llamó la atención.

A Kagome no le pasó desapercibido aquello.

Luego de marcharse, fueron para la cafetería, como habían planeado. No tenían mucha hambre, pero de todos modos pedirían un brunch, que era como una especie de desayuno tardío, para gente que no tenía nada mejor que hacer que mostrarse o vagos que despertaban tarde.

Al llegar se toparon con casi todos rostros conocidos. Habitués del Bar Shikon en su mayoría. El lugar estaba casi repleto, pero, aun así, pudieron encontrar un lugar.

Muchas miradas se pasearon en Bankotsu, porque lo habían reconocido de su trabajo en la barra y no esperaban verlo ahí. ¿Quién era la chica que estaba con él?

¿Cómo es que alguien tan ordinaria podía estar en una cita con el mago de los tragos de la ciudad?

Cuando al fin, se sentaron, sorteando miradas curiosas y chismosas, Bankotsu se topó con lo que había venido a buscar.

Sus ojos encontraron los de Kikyo, quien estaba sentada en el extremo contrario, compartiendo mesa con dos amigas. No había señal de Inuyasha.

¿Eso era bueno, ¿no?

Mientras eso Kag se dedicó a ordenar lo que comerían: unas bruschetas y jugo de naranjas. Solo eso, porque todavía tenía el dulce de melón del desayuno, hasta la coronilla.

─ ¿Y tú Bankotsu, quieres algo más?

Pero el muchacho no le respondió, porque no le había oído, porque estaba ocupado en su juego de miradas con Kikyo.

Kag se giró para ver que tanto miraba su amigo, y tuvo su respuesta enseguida.

─Ella está aquí… ─murmuró para sí misma

Finalmente acabó despachando al mesero.

En eso, el bartender pareció regresar de la realidad ─. ¿Dijiste algo?

─Nada, que ya he pedido la comida.

─Ah, bueno…está bien. Solo espero que esas tostadas que estos niñatos llaman bruschettas realmente valgan lo que cuestan ─bromeó él, pero como Kagome seguía muy seria. ─ ¿Qué te pasa ahora?

─Nada, que me he dado cuenta que has tenido suerte. Kikyo si está aquí, como dijiste; la conoces muy bien, mejor de lo que pensaba.

Bankotsu frunció el ceño:

─El hecho que hayamos salido poco tiempo, no significa que no la haya llegado a conocer.

Kagome frunció la boca, esto se le iba a adivinar aburrido.

─Todos te reconocieron, por cierto, pasamos junto a cualquier mesa y oyes ¡mira allí va el bartender de Shikon! ¿pero quién será esa niña que está con él?! ¡Debe ser su hermana! ─contó Kag, haciendo muecas con los dedos.

─ ¿Pero porque estas tan enfadada?, además como pretenden que te fichen o te reconozcan vestida de esta forma. Por eso nadie nota que trabajas en el mismo lugar que yo.

─No sabía que no te gustaba mi forma de vestir…

─Lo que a mí me gusta, no importa, pero si quieres impresionar a Inuyasha, también deberías poder hacerlo con estas personas. Ese imbécil es un superficial y tiene muy en cuenta esos detalles.

─De todos modos, Inuyasha no está.

─Pero si esta Kikyo…y está sola ¿o acaso ya no vamos a ayudarnos? ─cuestionó Bankotsu

Kagome suspiró. Eso era cierto. ¿Qué demonios hacia ella cuestionando a Bankotsu?

─Es cierto. Sigamos con esto.

Bankotsu sonrió, y en eso vino el mesero a traerles su pedido, que contrario a lo que pensaban sí que se veía apetitoso. Él mordió un pedazo de las tostadas.

─Esto sabría mejor si pudiéramos untarle ese dulce de melón tuyo

Ese comentario emocionó a Kag ─. ¿Crees que sí?

Bankotsu iba a asentir, pero el vibrador de su teléfono le anunciaba que estaba recibiendo un mensaje de WhatsApp. El muchacho no solía verlos cuando comía, pero al ver que el mensaje era del teléfono de Kikyo, soltó el jugo y abrió su aplicación para verlo.

Ven un momento enfrente de los tocadores.

Bankotsu eso sí que no lo esperaba. ¿Tan pronto?, y solo ayer la hermosa Kikyo le dejaba claro que solo quería ser amiga suya.

─Kag, espera aquí. Ya regreso. Puedes comerte mi parte de las tostadas.

─ ¿Eh?

Pero él se levantó antes de oírla. Y Kag no tuvo que hacer mucha pesquisa al ver que él marchaba, tras Kikyo que también se levantaba de su silla.

Ver eso, pareció darle un impulso ansioso, y tomó las dos tostadas del plato de Bankotsu y los llevó a la boca, para devorarlos con rabia.

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Bankotsu veía a Kikyo parada enfrente a él. Que hermosa lucia con ese vestido azul.

Él procuró que ella no notara que estaba un poco turbado y se obligó a hablar irónicamente.

─ ¿De qué querías hablarme que no podías hacerlo con un mensaje?

─ ¿Por qué estás aquí? ─el rostro de Kikyo se veía serio.

─ ¿No es obvio?; estoy comiendo un brunch ─contestó él, haciendo una mueca burlona.

─Jamás habías venido antes…

En eso Bankotsu decidió que aprovecharía su trato con Kag.

─Es que Kag quería venir.

─ ¿Kag?

─Es la chica con la que salgo…

Esa respuesta no se la esperaba. ¿Cómo es que su ex amante podía salir con una chica tan simple y fea como esa?, y más luego de haberla tenido a ella. Eso removió unos celos en Kikyo, uno propio de una mujer que sentía desplazada en el afecto por quien tenía tan seguro.

Como Kikyo no decía nada, fue entonces que Bankotsu decidió que sería más astuto.

─Regresaré con Kag. Que tengas un buen día, Kikyo ─saliendo pronto de allí y volviendo a la mesa con su amiga.

Kikyo se quedó viéndolo. Caminó para volver a su asiento, pero pagaría y se marcharía, no importaba que sus dos acompañantes se molestaran por su abandono.

En eso, le vino su salvación.

Inuyasha Taisho había llegado.

¡Eso era muy bueno!, no tenían una cita, pero su llegada era oportuna, y más ahora, para darle su propia medicina a Bankotsu. Así que exclamó fuerte, como para que todo el mundo los oyera y viera. ─! ¡Has venido, mi amor! ─ arrojándose a un sorprendido Inuyasha, azorado, pero orgulloso de tener la devoción de alguien tan bella como Kikyo.

Era un espectáculo, pero el verdadero receptor era Bankotsu, la única persona a quien Kikyo deseaba molestar.

Y tuvo el efecto que la bella señorita preveía. Bankotsu sacó unos billetes, las arrojó en la mesa, tomó a Kag de una mano, obligándola a soltar el jugo que bebía, para salir del lugar, pasando por el lado de la mimosa pareja.

Tampoco tenía tanta paciencia y era un hombre con sangre en las venas.

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Kag no pidió explicaciones. No pudo pedirlas, aunque quisiera, al verse obligada a subir a la moto con un Bankotsu furioso en el mando. Tampoco es que necesitaba que alguien le esclarezca lo que había ocurrido.

Bankotsu había tenido un acceso de celos de ver a Kikyo con Inuyasha.

Tampoco dijo nada al notar que no iban para la casa de él o el departamento donde vivía ella. Iban para la Costanera.

Cuando finalmente él se estacionó en la arboleda del área norte de la Costanera, que fungía como un parque que estaba desierto a esas horas, bajó de su biciclo sin decir una palabra. Kag tuvo un mal presentimiento y bajó tras él, quien caminaba a toda prisa.

─! ¡Oye, espera! ─le gritó Kag. No le gustaba ver así a su amigo. No por causa de esa mujer.

Lo que vino no se lo esperaba, pero no lo rechazó. No iba a poder, de todos modos, pero cuando Bankotsu se volteó, la tomó de un brazo atrayéndola hacia él, para besarla.

Pero no como ese beso de la mañana o el de anoche, sino en un contacto que a ella se le figuró algo violento, porque el muchacho parecía tener ganas de comerle la boca, incluso llegó a morderle suavemente el labio a su amiga. Además de apretarla entre sus brazos, de forma que ella no podía salirse.

Por un momento, pensó en resistirse y rechazarlo, porque se había asustado con la reacción de Bankotsu, pero luego le dio pena. ¡Que dolor habría de estar pasando él!, así que olvidó sus reservas y se entregó.

En un arranque, Bankotsu la empujó a la hierba, con él encima.

Un deseo animal y gutural se había apoderado de él. ¡Por culpa de esa maldita de Kikyo!

CONTINUARA


Hola amigas mercenarias, aquí seguimos con este experimento, me puse muy contenta con el apoyo que me han dado.

La historia es muy simple, mucho. Aunque si pienso que Kagome siente algo por Bankotsu, algo que le despertó al empezar sus besuqueos con él. Probablemente siempre estuvo enamorada de él, solo que necesitaba un arranque que le abriera los ojos. Hasta se olvidó de Inuyasha, que era el supuesto motivo de su trato con Bankotsu.

Con nuestro bartender, las cosas son un poco mas complicadas, a este idiota le gusta mucho Kikyo y las sensaciones raras que tuvo con Kag, yo lo veo mas como de una sorpresa, porque no esperaba pasarla de esta forma con una amiga de siempre. Y notarla como mujer.

¡ Y de que forma! , porque al ver como finaliza este capitulo, parece que ya quiere pasar a los postres XD.

BESOTE PARA LOS RWS Y FAVS DEL CAPI ANTERIOR: YUMAIKA HIGURASHI, GARDENCA, CA211, FRANSANCHEZ, FATTYAMP, BRUJITA TAISHO KOU, VANNENLIMON

En fin, les envio un besito a todos los demás y nos vemos dentro de poco con otra actu.

Les quiere

PAOLA.