INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI, HAGO ESTO DE DIVERSIÓN

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AMIGOS CON BENEFICIOS

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CAPÍTULO 3

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¡No podía creer lo que había estado a punto de pasar!

La cara de Kagome, al entrar al apartamento, no pasó desapercibida a su compañera Yura, quien la veía sin entender nada.

─ ¡Oye, Kag! ─quiso llamarla, pero la muchacha ya se había encerrado en su habitación, dando señales inequívocas de que no quería hablar con nadie.

Yura suspiró. Minutos antes había recibido el mensaje de Kag, preguntando por si ya había llegado, porque le urgía entrar. Fue ahí que Yura se dio cuenta que su compañera nunca pudo entrar al departamento porque había olvidado las llaves en la chaqueta azul que le había prestado anoche.

─Creo que no la había visto así desde el día que ese tal Inuyasha la invitó a ese baile ─se dijo a si misma la joven, sentándose, para retomar su faena de pintarse las uñas. Anoche la había pasado con un chico que había conocido en el bar y fiel a su naturaleza, no había dudado en irse con él.

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Bankotsu y Kagome estuvieron a punto de hacer el amor sobre la hierba del parque.

Eso es lo que le pasaba a Kag.

Su amigo había perdido el control de sus emociones y deseos, y casi lo hicieron allí mismo. Y ella iba a dejarlo que siguiera.

Sólo al último momento, Bankotsu pareció entrar en razón y se detuvo. Sacó su mano de por debajo de la blusa de Kag y soltó la boca de ella. Balbuceó unas disculpas, la ayudó a levantarse y luego la invitó a volverse. Habían hecho el viaje en silencio. Solo intercambiaron unas trivialidades.

─ ¿Quieres volver a casa o ya te dejo en tu departamento? ─preguntó Bankotsu, guiando la Yamaha, y mirando el camino.

─Yura ya está en casa, déjame allá.

Y eso había sido toda la charla que tuvieron, después del pasional episodio que habían tenido.

Kag se sentó frente a su tocador, para mirarse en el espejo. Bankotsu le había succionado los labios y había llegado a desabrocharle las tiras de su jardinera. Él mismo se había bajado el cierre de su propio pantalón. Si hubiera pasado un minuto más, la historia hubiera sido otra.

A él no parecía importarle que en cualquier momento pudiera venir alguien y verlos.

¡Podrían haber terminado presos en la comisaria por cometer actos exhibicionistas en un lugar público!

Kag no podía determinar si estaba más azorada que emocionada.

Y pensar que él hacia esto, de pura frustración con Kikyo. Al final había tenido el buen sentido de detenerse. Quizá a él no terminaba de convencerle el trato, porque era mucho esfuerzo besarse con alguien que no le gustaba.

Y más cuando, sólo minutos antes, esa Kikyo que era tan bella que dolía, le había hablado.

Lo que si tenía claro es que no le había disgustado el camino que habían tomado; ella le hubiera dejado continuar. Así que se sentía frustrada y molesta.

¿Era normal tener esas sensaciones por un amigo especial?

Quizá debería bajar su orgullo y preguntárselo a una mujer experimentada como Yura. O mejor no.

Kagome se estiró en la cama, soñadora. Se tocó los labios y partes de su cuerpo que él había tocado. La emoción volvió a embargarla.

Se levantó de la cama de golpe y fue junto al espejo. La imagen que le devolvía éste, no era muy alentadora. Sus cabellos recogidos sin mucha gracia y esa ropa de granjera, pues no debería de extrañarse que nadie la notara o que Kikyo se riera de ella.

Desde ahora pondría más empeño en su arreglo personal. Quería lucir bien, quizá jamás igualaría a esa presuntuosa, pero al menos no quería avergonzar a Bankotsu en sus planes.

Porque ya no tenía más objetivo que ese. Solo la de apoyar a Bankotsu, nada más.

Ya ni se acordaba de su atracción infantil hacia Inuyasha, el chico que la había invitado a un baile, una vez.

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Bankotsu llegó de muy mal humor a su casa. Había perdido el control con Kag y estuvo a nada de cruzar una línea, que no sabía si quería pasar. Estaba al tanto que una relación con derechos especiales, implicaba mucho más que besos y caricias, pero nunca se había puesto a pensar detenidamente en ello.

Todo esto había surgido repentinamente, porque él quería darle una lección de humildad a Kikyo, y atraparla en el proceso.

Bankotsu se recostó en el sofá. ¿Kagome estaría bien con todo esto?

¡Claro que debía de estar bien!; esa muchacha era la mujer más fuerte que conocía y en la única en quien podía confiar ciegamente, si algo estuviera incomodándole, ella se lo diría.

─Acostarme con Kag ¿sería un error? ¿o no?

Quizá las cosas eran más sencillas de lo que creía y solo él estaba aquí rompiéndose la cabeza con ideas equivocadas

El muchacho sonrió. En vez de pensar en Kikyo y su curiosa explosión de celos, había estado pensando en Kag.

Miró el reloj, decidió que iba a dormirse porque quería lucir fresco esa noche en el trabajo. Por un momento, sus ojos se fijaron en su teléfono móvil, y se vio tentado de escribirle a Kag, pero decidió desechar esa idea, porque de todas formas se verían en el trabajo en un par de horas más.

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La joven se paseaba de un lado a otro, nerviosa y pensativa.

─ ¿Se puede saber qué te pasa, Kikyo? ─preguntó Inuyasha, dejando de lado la tableta, de todos modos, hace rato que no podía conciliar la lectura porque Kikyo no se quedaba quieta y lo ponía de nervios.

La muchacha se sentó, pero su rostro denotaba un profundo mal humor.

─Ya, Kikyo…no sigas ¿Qué rayos te sucede?, viniste nerviosa del brunch hoy ─volvió a decir Inuyasha, aunque luego añadió en voz más baja─. No creas que no me dado cuenta que ese mesero de bar estaba hoy en la cafetería con una chica ¿es acaso lo que te tiene asi? ─replicó el joven, no pudiendo disimular los profundos celos que aquel tipo le provocaba.

─No sigas por ese camino, Inuyasha…

El aludido ya no volvió a decir nada, porque no era estúpido. Ella le había contado que, durante su última separación, que había sido la más larga de todas sus rupturas, ella se había enredado por casi seis meses con el bartender del bar del centro. Ella no temía decírselo, porque sabía perfectamente que Inuyasha estaba obsesionado con ella, y jamás la dejaría ir. Además, que le gustaba jugar con el pobre, dándole a entender que ella fácilmente podía encontrar otro hombre y volverlo loco. En cambio, él, no podía ni lograba tener ojos para nadie más que no sea ella.

─Cancela el plan con tu familia, de todos modos, es algo muy aburrido. Iremos al bar de Shikon hoy ─anunció Kikyo, segura y al ver que él iba a replicarle algo, añadió ─. Tienes la opción de acompañarme y hacer un despliegue de testosterona, si eso ayuda en tu inseguridad, pero, aunque no quieras, igual iré yo sola.

Inuyasha tenía un carácter explosivo en muchas situaciones. Esta hubiera sido una ocasión perfecta para estallarlo, pero esa mujer sabia como manipularlo y tenerlo a sus pies, haciendo de él, un perfecto idiota.

─Iré contigo, Kikyo

La muchacha sonrió. Las cosas siempre salían como ella quería.

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─Kag, apúrate, que llegaremos tarde al trabajo ─gritó Yura, buscando las llaves del coche en el bolso. Su turno en el bar comenzaba a las seis de la tarde

Cuando se abrió la puerta, quedó muy sorprendida. Kagome había salido vistiendo unos ceñidos jeans y una remera que apenas cubría su ombligo.

Yura parpadeó confusa. Ese no era el estilo de su amiga, nunca usaba jeans ceñidos y mucho menos exhibiría parte de su abdomen. Siempre la había visto con jeans menos ajustados y blusas grandes. También se había recogido el pelo, cuando siempre lo llevaba suelto. Se había maquillado también.

En realidad, no se había hecho muchos cambios, pero notoriamente mejoraban su aspecto, porque Kagome no era fea, como decía Kikyo, solo que solía tener elecciones de ropa desafortunadas.

─Vaya, nunca te había visto esa ropa puesta

─ ¿Y qué te parece?

─Te ves muy bien, Kag… ─la felicitó Yura, de forma sincera, aunque luego cambió por un rostro de reproche ─. Todavía tenemos una charla pendiente ¿Qué fue ese show al llegar?

Kagome cogió su bolso.

─Quizá en otro momento te lo diga. Vamos al trabajo ¿quieres?

Yura enarcó una ceja, tomando la palabra de su amiga y salieron juntas.

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Bankotsu estaba acomodando las copas del estante de la barra, cuando la puerta de entrada del bar, se abrió.

─Todavía no está habilitada la entrada. Largo ─replicó, molesto de que la gente no respetara los horarios de apertura de un sitio. Aunque también tenía ganas de degollar a quien sea que hubiera dejado abierta la entrada.

Dejó el trapo sobre la barra, cuando vio quien era. Nada menos que Inuyasha Taisho y venia solo.

Lo que le faltaba a este circo.

El imponente muchacho, que tenía la misma altura que Bankotsu, se sentó en la barra, soltando una chequera sobre la mesa.

─ ¿Por qué sigues empeñado en molestar a Kikyo?

Bankotsu parpadeó confuso. Siempre había visto a Inuyasha como un tipo con un carácter terrible; siempre pensaba que, si alguna vez iban a pelear por el amor de Kikyo, siempre seria a golpes en una calle hasta matarse, por quien se quedaba con el trofeo.

Pero vio a un hombre derrotado y totalmente entregado a la sombra de Kikyo.

Quiso reírse en la cara del pobre, pero luego recordaba que él mismo había caído en esas mismas redes, y que estaba jugando a un numerito con Kag, y todo por esa mujer.

Bankotsu retomó su tarea de seguir limpiando sus copas.

─Yo no la molesto, que ella se moleste porque me ve con otra chica no es mi culpa. Eso quiere decir que no estás haciendo bien tu trabajo ¿no?

Pero Inuyasha pareció no sentirse insultado con él.

─Podría matarte a golpes, pero si lo hiciera, ella jamás me lo perdonaría ─mirando a los ojos a su rival ─. Así que arreglemos esto con billetes ¿Cuánto quieres para olvidarte de ella?

Bankotsu frunció el ceño. En verdad que Inuyasha se había vuelto estúpido.

─Guarda tus billetes, niño rico. No tienen valor conmigo ─pero luego recordó su trato con Kag ─. No sé porque me temes tanto, Kikyo anda furiosa porque salgo con otra mujer. Ella no sabe si solo me divierto o estoy en serio con esta otra. Lo mismo tu ¿ella solo se divierte contigo o eres descartable?

Inuyasha estuvo a punto de olvidarse la promesa que se hizo a si mismo de controlar sus impulsos homicidas. Pero la cara de Kikyo le venía a la mente como un justo freno. ¡Esa mujer estaba por volverlo loco! Lo mejor era marcharse de allí, antes de cometer una locura, aunque no estaba seguro si debería de volver con Kikyo, como habían acordado horas antes, para cuando abriera el bar.

Tomó su chequera y sus llaves para largarse de allí. No sin antes dedicarle una mirada de desprecio a ese jodido bartender.

Sólo que, al abrir la puerta para marcharse, en ese mismo momento, entraban dos muchachas hablando animadamente, cargando sus respectivas mochilas.

Reconoció enseguida a Yura, una de las exuberantes camareras del lugar. Era capaz de reconocerla perfectamente, porque se había acostado con un amigo suyo y en algún momento, él mismo estuvo tentado de hacerlo.

Pero la otra joven no pudo ubicarla de inmediato. Ellas pasaron por su lado, y la joven, que le resultaba desconocida, giró y le dio un saludo de cabeza, sonriéndole tímidamente.

Inuyasha no sabía explicarse que sintió al percibir la sonrisa de la joven en su cara.

Parecía conocerla, pero no sabía de dónde. Salió raudamente luego de aquello.

Pero había quedado impactado. Y eso si era extraño, no recordaba que ninguna otra mujer que no fuera Kikyo le diera ese efecto.

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Bankotsu ultimaba sus asuntos en la barra, cuando vió por el rabillo del ojo todo aquello, aunque él no se dio cuenta de aquel cruce de miradas entre Kag e Inuyasha, porque estaba ocupado en verla a ella. Nunca antes la había visto vestida y arreglada de esa forma. Kag era bonita, pero nunca había sobresalido ni sido tan llamativa como ahora.

Le parecía incluso más atrayente que la propia Yura, que era una femme fatale.

─Hola Bank ¿listo para una nueva jornada? ─saludó Yura ─. Espero que hoy no te distraigas viendo mi escote ─le bromeó la joven. Ellos acostumbraban a bromear de esa manera.

Bank la saludó, pero sus ojos azules no estaban viendo el escote de Yura ni mucho menos. Sino que estaban fijos en Kag.

─Hola Bankotsu.

Él tardó unos segundos en responderle, con una mueca de asombro, aun adornando su cara.

─ Hola Kag.

La tensión que existía entre ambos era latente e imposible de pasar desapercibido para un ojo entrenado como el de Yura.

Bankotsu todavía estaba avergonzado de lo ocurrido en el parque y sentía que debía una charla con Kag, y a eso vino a sumársele la nueva apariencia de ella, que lo descolocaba, más cuando todo el día estuvo reflexionando en que no podría nunca sentir nada por Kag, porque era incapaz de verla de otra forma. Además, palidecía frente a Kikyo.

Ahora ya no estaba tan seguro esto.

Kag le devolvió la sonrisa, y salió junto a Yura para cambiarse por la ropa de mesera.

Jakotsu estaba a nada de salir de la oficina, para abrir el local.

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Inuyasha conducía su auto. Iba a ir a su casa, a la cena familiar que casi canceló por causa de Kikyo. Pero viendo los últimos acontecimientos, prefirió no estar esa noche en el mismo bar que ese odioso bartender y Kikyo.

No iba a detenerla. No podía hacerlo.

Pero la rabia que le producía esto, fue sustituida enseguida por la curiosidad por la joven que tan conocida le parecía.

Tuvo que conducir mucho para al fin asociarla a alguien.

Esa chica fue alumna de la universidad donde él iba. Alguien que abandonó la carrera al inicio. Su mente pudo cavilar más, al seguir hurgando en detalles de su mente y en lo que había visto. ¡Claro, es la otra camarera de ese bar!, como nunca se puso a verla, no pudo asociarla enseguida con sus recuerdos, pero lucia diferente ahora.

Pero frenó de repente, cuando asoció algo más interesante. ¡Ella era la chica que estaba con Bankotsu esa mañana en la cafetería!, claro que estaba menos arreglada, pero era la misma joven de los ojos castaños tan claros. La que había ocasionado que Kikyo tuviera un ataque de celos.

Esa chica era la noviecita de Bankotsu.

Inuyasha sonrió al recibir esta iluminación. Marcó su teléfono y puso los altavoces para llamar a su casa a avisar que no iría a la cena de la familia.

Y luego de cortar, llamó a Kikyo para decirle que la acompañaría al bar de Shikon, que había cambiado de idea y cancelado la comida con sus padres.

Sus ojos miel se habían impregnado de un brillo de alegría infernal.

Ya sabía como vengarse de ese maldito de Bankotsu

CONTINUARÁ.


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