INUYASHA NO ME PERTENECE, SOLO HAGO ESTO DE DIVERSION
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AMIGOS CON BENEFICIOS
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CAPITULO 4
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─ ¿Ahora si vas a decirme que tanto me ocultas? ─increpó una sagaz Yura a Kagome. Ambas se había terminado de colocar el uniforme que las distinguía como camareras del bar de Shikon.
─No sé de qué hablas.
─Ni creas que no he notado esa tensión que hay entre Bankotsu y tú. Tu eres un libro abierto para mí, Kag, y tengo claro que tu escena de lloriqueo fue por algo relacionado con él ¿o me equivoco? ─adujo la sensual camarera, con sus brazos en jarras. Su experiencia y su capacidad para leer personas le hizo caer en cuenta de que había un trato extraño entre Kag y Bankotsu.
Kag no respondió. Y no porque no tuviera confianza en Yura, sino porque temía que Bankotsu la oyera; la barra no estaba lejos y uno nunca podía confiarse. Asi que se dedicó a anudarse el delantal y revisarse el maquillaje para salir.
─Te prometo que hablaremos…pero no ahora ¿prometes que no volverás a preguntarme aquí?
Yura parpadeó confusa, pero asintió. Hoy no iba a concertar ninguna cita con ningún chico, para poder hablar con Kag.
Se terminó ella también de anudarse sus cintas y salir, que era la noche iba a ser bien larga.
El sitio acababa de abrir y ya estaba atestado. No era de extrañarse, porque siempre había una fila de personas, esperando por ser los primeros en entrar.
─Una copa de brandy
─Un whisky con doble hielo
─Un Martini seco
─Un ron con naranjas
─Yo quisiera una copa de vino rosa, y tu teléfono, guapo.
Bankotsu hacia rodar sus ojos, cuando en medio de los pedidos, había alguna mujer que quería pasarse de lista con él. No es que nunca no hubiera sucumbido ante alguna clienta muy bonita, pero ahora él no estaba de humor, para el acoso femenino.
Todavía estaba con los residuos de nervios por su encuentro con Inuyasha, y que el muy tarado le haya ofrecido dinero para desaparecerse. Aunque luego fruncía la boca cuando recordaba la forma en la que Kag había vestida hoy a trabajar. ¿Qué demonios eran esos trapos?
─ ¡Oiga, tenga cuidado!, sólo le pedí un whisky sin hielo, usted lo está arruinando con tanto hielo ─el reclamo de un cliente, y lo quitó de su desconcentración.
─ ¡Carajo! ─atinó a decir Bankotsu, antes de corregir aquello. Nomás eso le faltaba, él burlándose de Inuyasha por ser un borrego de Kikyo, y él no era diferente. Kikyo seguramente era algún tipo de hechicera por tener a los hombres asi.
Aunque enseguida se percataba, que en ese momento no había estado pensando en ella, sino en Kag ¿Cómo era eso? ¿desde cuándo pensar en una amiga de la infancia podría ocasionar que te equivoques en un trago?
El bartender meneó la cabeza. Aquello era imposible. Su error no había sido por causa de Kag. Por cierto, todavía debía de hablar con ella. Se merecían una conversación.
En eso, la voz de la mujer le sorprendió.
─Bankotsu, quiero tres de margaritas. Anotadas para la mesa 4.
¡Rayos, que sugerente podían ser las cosas!
─Ya salen ─atinó a responder el joven, con asombrosa habilidad para preparar velozmente aquellos pedidos.
Sólo que cuando le pasó la bandeja a Kag, alcanzó a decirle: ─Hablemos luego, durante la pausa.
─Está bien ─afirmó ella, pero sin mirarlo a los ojos. Todavía estaba avergonzada y agradecía que él fuera de sangre más fría que la suya, para enfrentar los asuntos.
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─ ¡Oh, pero miren!, pasen, están en su casa, ¿quieren mesa aquí o en la terraza? ─saludó Jakotsu a una pareja recién llegada.
Los que habían entrado eran Inuyasha y Kikyo, y Jakotsu los conocía porque eran clientes vip del lugar. Como buen relacionista público.
─Gracias ─atinó a decir, Inuyasha. Kikyo ni siquiera lo miró, porque sus ojos más bien se paseaban, intentando ver en la barra a Bankotsu, quien no la veía, por estar sumamente ocupado preparando licores y sirviendo a las personas que estaban sentadas en la barra.
Jakotsu les dio una mesa privilegiada en el centro y se apresuró en apretar el botón de su viper, para que una camarera viniera a atender.
─Los dejo, ya enseguida viene la moza a tomarles las ordenes. Disfruten la velada ─saludó el hombre, antes de salir corriendo a seguir recibiendo clientes.
Parecía ser cosa del destino, porque la que respondió al llamado, fue Kag, quien primero no se dio cuenta de la identidad de las personas que iba a atender, pero al llegar a la mesa, se percató.
Inuyasha Taisho y esa Kikyo estaban en una cita. La joven moza, suspiró y se acercó. Decidió que podía ser todo lo profesional posible.
─ ¡Buenas noches!, soy Kag, y seré su camarera. Hoy tenemos como especiales la tabla de quesos suizos y sushi ─y pasándoles las carpetas a ambos, añadió ─. Ahí tienen los tragos disponibles.
Kikyo no la había mirado, por estar inmersa mirando hacia la barra. Totalmente lo contrario a Inuyasha, quien si había estado atento.
─Nos encontramos de nuevo, entonces te llamas Kag ─adujo Inuyasha, observando a la joven con ojos fijos. Ya tenía planeado lo que quería hacer y no iba a desaprovechar ninguna oportunidad. Por supuesto que sabía quién era esa joven, pero suponía que hacerse el tonto inocente funcionaria.
─Si, ese es mi nombre.
El pequeño cruce de palabras hizo que Kikyo despertara de su arrobamiento, y prestara atención. ¿Desde cuándo Inuyasha preguntaba esas cosas a una camarera?
Decidió cortar de cuajo.
─Tráenos la tabla de quesos suizos y dos margaritas ─ordenó Kikyo, esta vez sí mirándola, haciendo que Kag pestañeara ante la brusquedad de la orden─. ¿No estas sorda verdad?
─No…y enseguida les traigo su pedido ─adujo Kag, quien se asustó ante la reacción de Kikyo a su lentitud. ¿Cuántas veces había memorizado las reglas de no socializar mientras tomaba unas ordenes?
Pero Inuyasha estaba siendo amable con ella, suponía que no debía ignorar eso. Así que corrió a buscar el pedido, y también aprovechó de ver el reloj azul que estaba por encima de uno de los adornos del local. Todavía faltaba para el receso.
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─ ¿Desde cuando eres amable con una camarera que no conoces? ─preguntó Kikyo
─Pero si no es desconocida para mi ¿es que nunca antes la habías visto? ─increpó Inuyasha, fingiendo inocencia y con el fin de molestar a su novia ─. Además ¿acaso no la reconoces?, es la novia de tu amiguito; el bartender.
A Inuyasha le brilló la mirada al hacer ese último comentario. Como esperaba, a Kikyo se le levantó la oreja de la curiosidad, como si hiciera un descubrimiento. ¡Había sido una estúpida en no asociar a esa camarera con la chica que hoy Bankotsu estuvo exhibiendo en el Barrio Alto!
─ ¿Pasa algo? ─preguntó Inuyasha
─Nada que te importe a ti ─contestó la joven. No quería que Inuyasha notara su nerviosismo ante el descubrimiento.
En eso, Kag reapareció con la bandeja, cargando la comida y los tragos.
No pudo terminar de servirlos, porque Kikyo, en un acto de maldad, decidió poner un pie, para que la joven trastabillara, y así ella, como su bandeja, cayeran al suelo.
Como Kag, no había visto aquella trampa, no podía culpar a Kikyo, así que tuvo que aguantarse sus burlas.
─ ¡Cómo es que contratan personas tan incompetentes para un bar como este!
El asunto se puso más desagradable, cuando Jakotsu se hizo presente y al ver la ofuscación de Kikyo, no tuvo más remedio que decirle que la consumición de esa noche, era gentileza de la casa.
Aunque Kag, quien estaba juntando los trozos, supo, con la mirada que le dio Jakotsu, que terminarían descontándole a ella de su salario.
El único que se acercó a ayudar a Kag, fue Inuyasha.
Bankotsu vió la escena desde lejos, pero la barra estaba atestada, y no podía dejarla. Pero sí que había tenido el primer impulso de ir a ella y ayudarla. Y por estar viendo hacia allá, es que finalmente se dio cuenta que en aquella mesa estaba sentada Kikyo.
Pero lo más sorprendente había sido ver a Inuyasha Taisho, ayudando a Kag con los vidrios rotos.
¿Qué carajos era eso?
Lo mejor sería preguntarle a Kag, directamente, en el receso que tenían pactado para charlar.
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Kagome fue al baño a lavarse las manos, luego de acabada su faena. Había comenzado muy mal. Y además perdiendo dinero, porque Jakotsu no se lo perdonaría.
Con la falta que le hacia el dinero. Pero lo impagable había sido la humillación a la que la sometió esa mujer. ¿Cómo es que Bankotsu no se daba cuenta de que era una bruja?
¿Cómo podía amar a alguien así?
Incluso pensó en Inuyasha, quien le pareció muy caballeroso y atento ¿Cómo podía estar loco por esa zorra? Por algo, ese muchacho, había sido un fugaz amor platónico y viéndolo ahora, quizá no tenía tan mal ojo.
─No voy a salir hasta que pueda tapar estos ojos rojos ─adujo, limpiándose con unas telas húmedas de las que tenían en el botiquín. No quería parecer una zombie. Y menos cuando iba a tener una incómoda charla con Bankotsu.
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Bankotsu hizo una seña a Jakotsu, de que saldría a por sus diez minutos de receso, detrás del bar. Ya seguro que Kag, lo estaría esperando.
Dejó el trapo sobre la mesa y salió. El sitio estaba atestado y Jakotsu había amenazado con acortarle el plazo de receso porque ese descanso, implicaba hacer una pausa en la barra y los tragos no corrían, salvo aquellos que ya estaban embotellados, pero Bankotsu no se quedó con la boca cerrada. No iba a perder sus clásicos recesos nocturnos.
─Si no quieres perderme, no hagas amenazas que no vayas a cumplir.
Esas palabras mágicas fueron suficientes para cortar cualquier idea en Jakotsu.
Extrañamente, Bankotsu no encontró a nadie en la puerta trasera. Kagome no había llegado. Eso sí era extraño, porque no la había visto dentro. Quizá había ido al baño.
Pero quien, si lo había visto a él salir, fue la mismísima Kikyo, quien se levantó de su silla.
─ ¿Dónde vas? ─preguntó Inuyasha, mordisqueando uno de los quesos de la tabla.
─Voy al tocador. Quiero que esperes aquí.
Obviamente no tenia pensado ir allá.
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Bankotsu había sacado una botella de agua mineral fría e iba por el ultimo sorbo, cuando oyó que la puerta se abría. No volteó, porque sabía que era Kag.
Unas pequeñas manos le cubrieron los ojos y Bankotsu sonrió ante la travesura, pero cuando el intenso perfume de sándalo de Kikyo se le metió por las narices, se volteó con sorpresa.
─ ¿Pero ¿cómo…? ¿Qué rayos haces aquí?
Kikyo sonrió, pestañeando seductoramente, como perfecta conocedora de sus habilidades.
─Esta mañana no terminamos de conversar…
─ ¿Qué Inuyasha no está contigo dentro? ¿Por qué no conversas con él? ─soltandose de de la joven
─No sabía que te gustaba picotear en tu lugar de trabajo
Bankotsu entendió que Kikyo se refería a Kagome. Era evidente que la muy manipuladora había caído en el pequeño teatro y había venido. Mucho antes de lo que Bankotsu pensaba. Y ahora que lo tenía en la palma de la mano, no sabía exactamente cómo actuar.
─ ¿Estas celosa?, puedo salir con quien sea y tú no podrás detenerme.
Era obvio que Bankotsu estaba encantado con aquella escena, pero no iba a hacérselo saber. Quería verla retorcerse un poco más.
Kikyo se pegó a su cuerpo, abrazándolo.
─No puede gustarte otra tan pronto, no pudiste olvidarme tan pronto.
Bankotsu no soltó el agarre de la joven, pero tampoco la correspondió.
─ ¿No tienes miedo que Inuyasha nos encuentre? ¿Qué pretendes Kikyo? ─la miró, intentando vislumbrar en los ojos de ella, alguna de sus intenciones.
─No voy a dejar que te enredes con una mujer inferior a mi ¿es que no tienes siquiera algo de amor propio?, eso de revolcarte con una camarera de segunda, después de haberme tenido a mí ─aguijoneó ella con agudeza, y fue en ese instante que se dio cuenta que la puerta de salida se abría, y la vio a ella. A esa estúpida camarera de segunda. Kikyo sonrió; las cosas se habían puesto buenas.
Bankotsu no podía verla, porque estaba de espaldas, así que Kikyo decidió actuar con un gesto que sabía que ese hombre no rechazaría. Lo besó y que ella lo viera, esa mugrosa camarera.
Kagome se quedó unos segundos, estática, mirándolos, pero entendió que ella no pintaba nada allí y debía largarse. Así que salió de ahí. No sabía si volverse a encerrar en el baño o volver al trabajo.
Decidió que tenía que tomar aire fresco, así que como no podía salir por atrás, porque esos dos estaban reconciliándose ¡y justo cuando ella iba a tener una charla con Bankotsu!, no tuvo más opción que salir por enfrente. Al menos para aprovechar los minutos de receso que sobraban.
Se sentía ridícula por sentirse así. Después de todo, aquel jueguito con Bankotsu era básicamente para que él recuperara a Kikyo. Y lo estaba consiguiendo.
¿Qué quedaba para ello?, más que solo malas noticias, porque con todo este revoltijo y acercamiento se había dado cuenta que Bankotsu le gustaba. Y es por eso que los celos la apretujaban.
Tenía ganas de sacar un cigarrillo, aunque no fumaba. Que frustración la suya. Fue ahí que sintió una mano sobre el hombro derecho. Por dos segundos tuvo la fantasía que podría ser Bankotsu. Pero no lo era.
Sorpresivamente era Inuyasha Taisho.
─ ¿Estas bien?
La joven estaba avergonzada del par de lágrimas que había alcanzado a sacar, así que se los limpió de inmediato. Le daba vergüenza mostrarse tan vulnerable ante un extraño, aunque fuera un fugaz amor platónico.
─Oh, sí. Lo siento, es que…─pero Kagome no pudo completar la frase.
─No tienes que decírmelo. Sé cómo te sientes
Ella parpadeó confusa ─. ¿Lo sabes?
─Imagino que ahora Kikyo y tu novio están juntos ¿verdad?, y tú los viste…
─Yo no…
─Calma, no me expliques nada. Supongo que conozco tanto a Kikyo que no me extraña de ella ─adujo él
Kagome estaba confusa. Este hombre al parecer estaba en conocimiento de la infidelidad de su novia, y aquí estaba con resignación sobre ello. Fue como una revelación para Kag; eso quería decir que el pobre de Inuyasha, era otra pobre víctima de la sensualidad de esa zorra. Un sentimiento de pena y lastima la inundó.
Inuyasha sonrió de lado al notar aquel detalle. Él era un hombre experto y Kag era una muchacha fácil de leer. Había querido inspirar lastima y lo había logrado.
─Lo siento, mucho, en verdad, pero es que yo no…
─ ¡Kagome, aquí estabas! ─la voz de Bankotsu interrumpió aquella velada y también interrumpió lo que él quería decirle. No esperaba encontrarla con Inuyasha Taisho. ¿Qué rayos pasaba aquí?
Bankotsu apretó los puños. ¿Cómo es que de repente ese bribón le estuviera hablando a ella?; él sabía que Taisho podía ser muy listo, y quizá todo el numerito de que quería pagarle para que él dejara a Kikyo había sido toda una estratagema. Como no podían molerse a golpes, decidió golpearle con Kagome.
Bankotsu no podía permitir aquello, y más conociendo la debilidad que Kag le tenía a Inuyasha, éste solo bastaba que arrojase dos palabras tiernas y la tendría a sus pies. Imaginarla a merced de aquel canalla, sólo por venganza, era algo que no podía permitir. Ella era su amiga.
Así que respiró profundo, y pasó por lado de Inuyasha.
─Vamos Kag. El receso ha terminado ─cogiendo la mano de la joven.
Pero ella se soltó. Verlo ahí la enfurecía. Hace pocos minutos antes se había estado besuqueando con la novia de aquel pobre de Inuyasha, así que se soltó violentamente de su agarre.
─No me toques. Iré sola ─ y se fue caminando, sin ver atrás. Y de la rabia, tampoco alcanzó a despedirse de Inuyasha.
Bankotsu hubiera querido romperle un par de dientes en la perfecta dentadura que exhibía la sonrisa de Inuyasha.
Pero se contuvo.
─No sé qué juegos pretendas, Taisho, pero Kag está fuera de esto ¿me oíste?
Inuyasha no le replicó, pero no borró esa sonrisa de su cara, que sabía que tenía peor efecto en su contrincante.
Mas sacó su teléfono móvil, para enviarle un mensaje a Kikyo.
─ ¿Vienes o te quedas a jugar con tu amiguito el bartender?, estoy afuera.
Inuyasha ya no recibió contestación de aquel mensaje, porque la aludida vino apareciendo poco después. Tenía mala cara. Algo le había pasado.
─No estabas en la mesa ¿Dónde rayos estabas, Inuyasha?
─Lo mismo debería preguntarte, pero no lo haré, porque ambos lo sabemos
─Si sabes lo que te conviene ─replicó finalmente ella, pasando por su lado, para buscar el auto y largarse de allí.
Inuyasha sonrió maquiavélicamente y la siguió.
La noche había acabado estupendamente.
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─Además de bruja, no te ha dejado nada de propina, Kag ─observó Yura, cuando fueron con Kag a limpiar la mesa que había sido de Inuyasha y la de Kikyo.
Kagome no respondió, porque su cabeza estaba reciente del episodio que había tenido tanto con Inuyasha, como con Kikyo, y luego también, con Bankotsu, para cereza de postre.
Todavía le picaba el beso que Kikyo y Bankotsu se habían dado, y le dolía que él hubiera preferido ese receso para verla a esa mujer y no a ella, como habían pactado.
Lo otro que le disgustó fue la escenita que Bankotsu le hizo cuando ella estaba con Inuyasha. Después de todo ¿Qué más le daba a ese bobo de Bankotsu?, todo esto había iniciado porque el objetivo era atrapar a Kikyo y a Inuyasha. Bankotsu ya lo estaba logrando.
Había decidido que luego de terminado el trabajo, convencería a Yura de huir antes de que Bankotsu pudiera notarlo. Después de todo, pensaba contarle la verdad a su amiga.
Pero sentía que estaba demasiado furiosa con Bankotsu. Un sentimiento inexplicable, porque él solo era un amigo, no había promesas ni muchos menos sentimientos.
─Soy una idiota, justo ahora luego de tantos años, vengo a darme cuenta de que él me gusta ¡que canallada!
─ ¿Qué dices, Kag? ─preguntó Yura, al verla balbucear
─Nada. Te lo contaré en casa, siempre y cuando prometas no juzgarme
─Está bien, Kag ¿pero estas segura que estas bien?
─Si, acabemos de recoger todo, para ir cerrando.
Kag se cuidó bastante de ir hacia la zona de la barra, al menos lo que sobraba de tiempo. No quería ver a Bankotsu.
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─ ¡Nos vemos mañana, chicas! ─se despidió Jakotsu, de Kag y Yura antes de ir hacia el estacionamiento.
Kag y Yura habían salido antes que Bankotsu, ante la extrañeza de la última e insistencia de la primera.
─Cuando lleguemos en casa, me entenderás. Ahora debemos irnos pronto.
─Bueno, solo déjame encontrar las llaves del coche ─advirtió Yura, buscándolas en el enorme bolso, y con cierta preocupación por Kag, que parecía huir de algo.
─Así que ahí están ─la voz de Bankotsu, hizo que Kag se pusiera estática y su corazón empezara a latir con fuerza. ¡Maldita Yura y sus cochinas llaves!
─Vamos, Kag, te llevo yo ─anunció Bankotsu
─No, ya me he comprometido con Yura.
─ ¿Y eso que?, viven juntas, seguro que ella lo entenderá. Tenemos que hablar, Kag.
─Lo haremos otro día. Ahora solo deseo ir a descansar ─anunció ella volteándose.
Bankotsu decidió que debía solucionar aquello de otra forma.
─Yura ¿podrías adelantarte?, llevaré a Kag en un rato junto a ti. Tengo que hablar con ella.
La aludida, quien al fin había hallado las dichosas llaves, parpadeó confusa. Por un lado, deseaba ayudar a Kag, pero la mirada de Bankotsu le decía que ellos precisaban una charla. Quizá habían peleado y quería hacer las paces con Kag. Sería muy triste que una amistad de tantos años se cortara por una tontería, así que decidió ceder.
¿Qué tan malo podría ser?
─Kag, creo que tienes que hablar con tu amigo. Te espero en el departamento ─afirmó y luego mirando al muchacho, añadió ─. No te demores mucho.
Y ante los ojos de Kag, Yura se subía al coche y se iba sin ella.
Aunque Kag la disculpaba, porque Yura no sabía nada.
─ ¿De que querías hablarme, Bankotsu?
─Kikyo me tomó por sorpresa hoy. No es que haya olvidado nuestra charla de hoy ¿entiendes?
─Claro que lo sé, yo misma lo vi
Bankotsu abrió mucho sus ojos ante esa revelación. Kagome había visto su beso con ella.
─De todos ¿Qué más da?, tú también vas por camino de conseguir a Inuyasha.
─ ¡No se trata de eso!
─ ¿Por qué estás tan molesta?
Kagome no sabía que decirle ante este punto.
─ ¡No estoy molesta!, o sea, si lo estoy. Pero se supone que yo soy tu amiga y tú me has plantado ¿Cómo quieres que me sienta?
Bankotsu la miró.
─ ¿Estas segura que no estas molesta por lo de ayer y si por el plantón?
Kag enrojeció ante la mención. Enrojeció hasta la punta de los cabellos.
Esa había sido un arma infalible para desarmarla, así que Bankotsu se acercó y ella retrocedió unos pasos tras el gesto de él.
─Creo que sé cómo podemos arreglar esto ─adujo él, tomándola sorpresivamente de los antebrazos para atraerla hacia él.
Kag tuvo el primero impulso de empujarlo, pero no pudo resistirse al beso de él, tan suave y dulce. Él acarició con su lengua los pliegues de la boca de ella y succionó su labio inferior, degustando con placer ese bocado.
Luego de unos segundos, soltaron el beso, y Kag se quedó con los ojos cerrados y la boca entreabierta, aun recuperándose de la intensísima experiencia.
Bankotsu aprovechó para mirarla. Ella era tan joven e inocente.
Así como Kag había descubierto que él le gustaba; él había descubierto que prefería engañar a Kag y seducirla con estos juegos, antes de que lo hiciera Inuyasha.
Ése idiota no iba a tener escrúpulos con ella.
Prefería que ella lo odiara a él y protegerla de las garras de Inuyasha.
¿Cómo es que sus inocentes planes de unos amiguitos con derecho habían llegado a esto?
CONTINUARA
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BESOTES A MIS ULTIMOS COMENTARISTAS AZZULPRINCESS, NITOCA,ASIA12
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PAOLA
