INUYASHA NO ME PERTENECE, SOLO ESCRIBO ESTO DE DIVERSION.

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AMIGOS CON DERECHOS

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CAPITULO 5

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Kagome decidió no decirle nada a Yura. De algún modo le avergonzaba ser juzgada por alguien que entendía de hombres y de la vida en general más que ella.

Bankotsu cumplió su promesa de llevarla a casa, sin presionarla ni forzarle a alguno de los encantadores besos que Kag había aprendido a apreciar bastante. Tenía la cabeza hecha jirones con aquel último beso que él le había dado, tanto que había olvidado el motivo de su enojo.

Por eso es que cuando pudo razonar, decidió no decirle nada a su compañera de departamento, es que se le figuraba alguno muy raro de decirle a alguien. Nadie salvo Bankotsu y ella podrían entender el trato que tenían. Aunque ella tampoco estaba segura de entenderlo, pero por orgullo se decía a sí misma que era algo que podía manejar.

Su juego con Bankotsu había desembocado en una creciente atracción, una que no sabía que sentía, hasta sentirse tocada y besada por él. Pero también había desembocado en algo más, algo inesperado: que el propio Inuyasha Taisho reparara de algún modo en ella. Todavía no comprendía como había sido aquello posible.

Se levantó de la cama, para mirarse en el espejo cuadrado que tenía sobre su mesón. Para tocarse el rostro; se pasó unos dedos en la boca, la misma que Bankotsu había besado. Su imaginación la hacía creer que incluso aún seguía tibia del sabor de su amigo.

Cuando soltó su caricia, se miró a sí misma. Era cierto que ahora estaba más arreglada, y de algún modo, Inuyasha Taisho pudo notarla. Kagome siempre había sido una chica muy insegura y con una autoestima que tendía a bajar según los sucesos. No había tenido buenas experiencias y eso la había llevado a desarrollar una personalidad como ésa.

Sonrió al saberse que podía disfrutar de los besos de Bankotsu, aunque sea de a mentiras y de posiblemente una mirada por parte de Inuyasha. Ese hombre se había mostrado muy interesado en la pobre camarera, incluso hasta le había compartido la confidencia de la otrora infidelidad de Kikyo con Bankotsu.

Oyó pasos fuera de su habitación. Era Yura quien acostumbraba a caminar, arrastrando los pies, cuando estaba enfadada. Kagome le había prometido contárselo todo, pero cuando ésta llegó, prefirió guardar silencio y eso molestó a la sensual mujer.

─Ya se le pasará. Por ahora no me atrevo a contarle de esto. Ella nunca lo entendería.

Kagome decidió soltar el espejo y prepararse para dormir. Debía levantarse temprano para ir a trabajar a la tienda de conveniencias donde trabajaba por las mañanas, como dependienta.

Menos mal Yura dormía hasta tarde. Así que no había peligro de cruzarse con ella.

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En una casa muy diferente a la suya, y en un comedor bastante diferente, en el Barrio Alto, Kikyo Sanders también se disponía a desayunar. Tenía clases en la universidad, donde estudiaba la carrera de Derecho. Su padre era funcionario de la Banca Central de la Ciudad y uno de los economistas más influyentes. Era un hombre muy versado en la materia, y en su tiempo libre escribía artículos de macroeconomía en el periódico. Era de una respetada posición y sitial.

Kikyo era su única hija. Y el hombre siempre estuvo dispuesto a darle lo que quisiera desde niña. Era un hombre viudo y Kikyo no llegó a conocer a su madre, así que, como compensación y culpa, atiborró desde siempre a la niña de todos sus menores caprichos.

La mesa estaba deliciosamente servida. Café batido, leche, frutas de estación, zumos de naranja y manzana. También variedad de tés y tostadas.

Totosai Sanders y su permisividad ante su caprichosa hija era la moneda corriente de esta casa. Y Kikyo, quien era una manipuladora nata, había aprendido a sacar provecho de ello.

─ ¿Quieres un chofer para el día de hoy, hija? ─preguntó Totosai

Kikyo, quien había estado pensando toda la noche en su desgraciado encuentro de anoche y en la certeza de que su capricho Bankotsu Maxwell estaba saliendo con una infeliz y mugrienta camarera, estaba un poco desanimada, pero no por eso con menos ideas. No estaba con ánimo de conducir, y tampoco quería verle la cara a Inuyasha el día de hoy. Lo que si tenía claro es que no iría a la universidad.

─ ¿Sabes, que?, tomaré tu oferta. Déjame el chofer para el día de hoy ─pidió Kikyo. Había ya tomado una decisión de lo que iba a hacer.

Totosai le dio un beso en la frente como respuesta, antes de tomar el periódico, su maletín y salir para afuera, donde también lo esperaba su propio chofer.

Kikyo sonrió e hizo lo mismo que su padre, poco después. Pero en su caso, ella abordó el otro auto para irse con el empleado que su padre le había dejado.

El fiel hombre la esperaba afuera, presto para la salida.

─ ¿A la universidad, señorita Sanders?

─No, hoy iremos a otro sitio.

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Bankotsu se lavó la cara. No había dormido bien anoche. Sentía una punzada de remordimientos por los malos pensamientos que había tenido por Kagome.

Ella era su amiga, la persona en quien más confiaba y jugarle de esta manera no le gustaba, pero prefería ser él, antes que Inuyasha.

Es lo que había visto y sabia reconocer la mirada de otro hombre cuando éste tenía planes oscuros, y estaba seguro que Inuyasha planeaba algo. ¿Por qué ese acercamiento repentino con Kag?, siendo que antes ni la miraba ni existía para él. El muy imbécil quería cobrarle a Bankotsu con la misma moneda; era un cornudo consciente porque no podía resistirse a Kikyo, y ya que no podía dejar a la pérfida joven, entonces prefería ver como vengarse del hombre con quien Kikyo lo había traicionado.

Era un pobre diablo. Poco hombre. Ya le daría una bofetada en cuanto pudiera.

Cuando salió del baño, con una toalla en el cuello, todavía estaba molesto.

Había otra cosa que le picaba: Kikyo.

Con el pequeño movimiento que había hecho con Kag, ya ella había venido corriendo a buscarlo, lo que era señal de Kikyo también estaba encaprichada con él, como él estaba de ella. Tampoco quería renunciar a ella, si las oportunidades se lo permitían.

Kikyo había sido la causa de todo esto. Carajos, como le gustaba esa mujer.

Cuando terminó de vestirse, ya lo tenía decidido. No dejaría de lado a Kikyo, no ahora, cuando tenía tantas posibilidades con ella. Ella era algo imposible para él, y eso causaba en él una doble atracción; como una princesa del Barrio Alto pudo enredarse con un pobre diablo como él, sin estudios ni dinero.

Ya para cuando se estaba abrochando los pantalones, ya se había olvidado de Kagome y la estratagema que pensaba usar con ella.

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A esas horas, el minimarket que Kagome atendía por las mañanas como dependienta, se abarrotaba de oficinistas buscando café de máquina, estudiantes buscando dulces o de algún adulto mayor hurgando entre los periódicos. Su hora de entrada eran las siete de la mañana, pero ella debía presentarse media hora antes.

Además de cobrar en la caja, cuando no había clientes, tenía que dedicarse a cargar las alacenas y los estantes. Solo había un chico que la ayudaba trayendo cosas tanto del depósito, o de la sucursal principal, que también era el encargado de los mandados a domicilio cuando recepcionaba alguno por el teléfono que no dejaba de sonar

Trabajaba allí hasta pasadas las 14 horas. Era un trabajo agotador, tanto física y mentalmente, que luego salía directamente al departamento a dormir, y prepararse para la noche de trabajo en el Bar de Shikon.

No tenía quejas de este trabajo, era como cualquier otro y la paga no era mala, pero lo que más le gustaba eran los beneficios sociales que tenía, según establecía el carnet laboral, y por ende tenia seguro de salud, que era algo que necesitaba, por una condición que tenía en la sangre, que llevaba que esta fuera muy espesa, y, por ende, necesitaba tratamiento frecuente para extracciones de sangre para ayudarle a mantener los glóbulos rojos normales. Así que el seguro de salud era uno de los motivos por el cual trabajaba en esta tienda. El bar no le daba esas coberturas y el tratamiento no era barato, además que conllevaba la toma de una medicación que tampoco era de precios bajos.

Siempre había desempeñado su trabajo de forma impecable y nunca nadie había dejado quejas sobre ella en el buzón de sugerencias.

Por eso le extrañó de sobremanera cuando recibió una llamada telefónica del Departamento de Recursos Humanos de la empresa que administraba estos minimarket, que le indicaba que debía acercarse a la oficina en ese momento, pero cuando Kagome quiso replicarle que no podía dejar la tienda sola, le informaron que su reemplazo llegaría en cualquier momento y que ella solo se limitara a acercarse a la oficina.

Kagome cortó la llamada, aun extrañada ¿Qué podía ser tan urgente para ir a hacer a las diez de la mañana?

Se estaba desatando el delantal, cuando vió a un joven con mochila entrando. Lo reconoció enseguida como el chico que atendía la tienda por las tardes. Lo habían hecho llamar para reemplazarla a ella, mientras estuviere de reunión.

Kagome acabó de cambiarse, para salir afuera, ya con el chico sentado en la caja de cobros.

─Tuve que cancelar mi tercer desayuno, Kagome. Me llamaron y aquí estoy; espero no te tardes.

Kagome solo sonrió a su compañero y salió afuera, rumbo a la parada del autobús, en busca de uno que la llevara al centro, donde estaban las oficinas de la empresa.

Quizá la llamada tan urgente, era para anunciarle algún tipo de aumento de salario o quién sabe.

Kagome sonrió ante la posibilidad.

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Si algo caracterizaba a Yura era la tenacidad y la astucia. A estas cualidades naturales pulidas por los desmanes de la vida, se le sumaba el cariño sincero que le tenía a Kagome, quien había sido la única amiga sincera que tenía, y que además nunca la había juzgado por su estilo de vida.

La nobleza de Kagome habían hecho que Yura la quisiera con sinceridad. Por eso le apenaba que su amiga no tuviera el valor de abrirse y contarle cual era la pena que la aquejaba, pero Yura sospechaba que era algo de índole amoroso.

Kagome no había tenido la vida fácil en ese aspecto, y no merecía volver a sufrir.

─Espero que Bankotsu no la esté metiendo en problemas.

Aunque confiaba en que la amistad que ambos se tenían y el cariño fraternal de Bankotsu fuera suficiente para protegerla de lo que fuera que esté pasando Kagome.

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Kagome bajó los escalones, casi en automática. Llevaba un sobre entre las manos; acababa de salir de la oficina de Recursos Humanos donde había sido llamada de urgencia esa mañana.

Había entrado, feliz y confiada de encontrarse con alguna buena noticia, pero a cambio había salido con una carta de despido y un cheque con su liquidación.

Y claro está, la notificación de la cesación de todos los servicios sociales que gozaba como empleada de la firma. Incluido su seguro de salud.

¿El motivo de su despido?

Solo le adujeron que estaban haciendo recorte de personal y en el cheque que le entregaron, aparte de los salarios caídos también le acreditaron la pequeña indemnización proporcional a su tiempo trabajado.

Kagome tenía mucha vergüenza que extraños la vieran llorar, así que se permitió pagarse un taxi para volver pronto a casa. No iba a soportar el largo viaje en autobús; solo quería llegar a casa y largarse en llanto, por este despido que consideraba injustificado. Probablemente el taxi le iba a costar un dineral, pero no le importaba.

Acababa de perder un trabajo, y peor con el también se había ido su seguro de salud

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Kikyo bajó su taza de té de jazmines endulzado con stevia, con una sonrisa.

La idea que había tenido al fin había dado sus frutos.

Hoy había faltado a la universidad para hacerle una visita a una vieja amiga, no tanto de cortesía sino para cobrarle algunos favores.

Tsubaki Carrington era hija del millonario Blake Carrington. Entre sus tantas propiedades, estaba la administración de unas empresas que tenían a su cargo numerosos minimarkets por toda la ciudad. El mismo donde Kagome acababa de ser despedida.

Tsubaki trabajaba como CEO del conglomerado que dirigía su padre, así que cuando Kikyo vino a pedirle el favor de que despidiera a una empleada de una de las tiendas minoristas de la compañía, para Tsubaki no fue nada difícil hacerlo. Solo bastó una llamada y el asunto estuvo listo.

Era amiga de la infancia de Kikyo, se conocían desde siempre por estar en el mismo círculo social y Kikyo le había ayudado en alguna que otra ocasión, así que luego de averiguar de la vida de Kagome, la supuesta novia de Bankotsu, había decidido que arruinaría todo lo que podía la vida de la joven. Así que por eso había ido a la oficina de Tsubaki.

Incluso decidió quedarse toda la mañana en las oficinas de su amiga, bebiendo té, esperando la confirmación de su pedido.

Había hecho todo esto, por pura vileza y para que esa tal Kagome entendiera que nunca debía interponerse entre Kikyo y su presa.

Y en estos momentos, estaba obsesionada con Bankotsu.

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Cuando Kagome llegó a su edificio, ya había dejado de llorar. Había lagrimeado todo lo que podía a bordo del taxi, así que cuando al fin llegó a su calle, el lloriqueo ya había acabado.

Cuando abrió la puerta, se encontró con Yura, quien, vestida con una blusa corta y unos shorts cortos, leía una revista en el pequeño sofá.

La muchacha dejó de hojear su revista de chismes, al ver a su amiga y compañera de piso en un mal estado.

Se levantó de un salto a verla.

─ ¿Qué ocurre, Kag?

Todo el autostop que se había impuesto se desbordó en ese instante.

Se echó a llorar en los brazos de su amiga. Yura confusa y asustada la abrazó fuerte, y la trajo hacia el sofá.

─ ¿No quieres un té o algo? ─preguntó apesumbrada la joven ─. Por dios, Kag, dime que te ha ocurrido.

─ ¡Me echaron del trabajo en la tienda!

─ ¿Te echaron? ¿pero cómo?

─ Pero ¡qué sé yo! ─asió una adolorida Kagome, quien se dejó llevar por Yura al sofá.

La joven ya no siguió presionándola, pero sí que fue, luego dejar acomodada a Kagome, a buscar algún té o algo parecido para que se relajara.

La cocinita que tenían era bastante pequeña y tenía muy pocos víveres, así que fue un milagro que encontrara un viejo sobre de té de manzanilla. Posiblemente estaba pasado, pero era lo único con lo que contaban. Buscó una hervidora limpia y calentó el agua.

En unos minutos tenia listo el té.

Kagome, quien seguía desconsolada, aceptó el té que su amiga le ofrecía. Tenía buen aroma, pero apenas le dio un trago, lo escupió profusamente. Había pasado el hervor y sabia horrible. Ahora recordaba que Yura ni calentar agua sabía, pero, de todos modos, atesoró el gesto de su única amiga. Se preguntaba si seguiría siéndolo, cuando le dijese que probablemente ya no podría seguir pagando el alquiler con ella.

─Lo siento, sabes que hacer cualquier cosa en la cocina, me sale particularmente mal, pero ¿cómo estás? ¿más tranquila? ─le preguntó Yura.

─Gracias Yura, eres una gran amiga ─tranquilizó Kag, al ver el genuino gesto de la joven ─. Sin ese empleo, no sé qué haré ¿Cuánto tiempo podría tomarme en encontrar otro igual?¡necesito ese seguro de salud!

─Kag…si es dinero, sabes bien que podría prestarte algo mientras te acomodas, así pagas consultas privadas ─asomó cautelosamente Yura.

Kag se enterneció con el gesto. Ella sabía que Yura tampoco tenía dinero, sólo los ingresos de camarera y estaba ofreciendo algo que no podía dar. Eso hizo que la quisiera aún más.

─No seas tonta, Yura, si apenas tienes para tus calzones…

Ambas se miraron y acabaron riendo a carcajadas de su propia miseria.

─ ¿Cómo pagaré mi parte de este departamento? ─se preguntó Kag, quien ya se había tragado las lágrimas de risa de hace un momento, para volver a pensar en su desgracia.

─Alguna solución vamos a hallar, amiga ─adujo Yura, dándole una amorosa palmadita en la espalda

CONTINUARA

AMIGOS QUERIDOS

Aquí vengo con mis disculpas por toda esta espera y mi desaparición, cosa que ya no volverá a ocurrir, acabo de retomar este fanfic y como ejercicio al menos he sacado este capítulo y procuraré sacar el siguiente, ya más largo antes de mediados de la sigte semana.

Gracias a todos por sus comentarios, favs, follows.

Los quiere mucho, Paola