INUYASHA NO ME PERTENECE, SÓLO HAGO ESTO DE DIVERSIÓN

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AMIGOS CON BENEFICIOS

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CAPITULO 6

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Bankotsu estaba en su casa, reparando algo de la moto cuando recibió un texto en su teléfono.

Tardó varios minutos en dejar lo suyo para ir a revisarlo. Cuando lo hizo se sorprendió. Era Kikyo.

¿Tan pronto?

Parecía que andaba de parabienes. Tenía que darle créditos a la idea que había tenido con Kagome. Aunque al recordar aquello, se le torcía un poco la frente al rememorar la horrible pero necesaria idea que había tenido la noche anterior. La de seducir a Kagome por completo antes que lo hiciera Inuyasha. Si bien tenían un trato inicial, ésta nunca implicó que fuera real o ni que fuera a otro plano. Pero cualquier cosa era preferible a que Inuyasha le hiciera algo irreparable y más por culpa suya, porque ese hombre lo único que deseaba era vengarse de él.

El mensaje de Kikyo era conciso. Quería verlo un poco antes de que comenzar el turno en el bar.

Y era obvio que deseaba verlo a solas, porque ella se ofreció a venir a su casa. Bankotsu enarcó una ceja ante eso. Nunca antes ella había venido antes. Suponía que no era una opción encontrarse a hurtadillas en el precioso cuarto de ella, en el barrio Alto. Seguro había muchos curiosos cerca; la sola idea de que ella viniera a él, hizo que se emocionara. Se apresuró en poner a punto lo que estaba arreglando en la moto, para ponerse veloz a arreglar el desastre de su casa.

Tenía pensado escribirle a Kagome y todo eso, pero lo olvidó por completo por causa de esto.

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Kikyo le había mandado aquel mensaje a Bankotsu, poco después de haber salido de la oficina de su amiga Tsubaki, y de haber urdido el despido de Kagome de un minimarket.

De todos modos, ya no tenía nada que hacer allí. Y además que su plan todavía no había acabado, porque cuando una idea se le metía en la cabeza, no había nada que la hiciera cambiar. Pensaba destruir a esa maldita zorra que había pretendido acercarse a Bankotsu. Ese tonto no podía estar con nadie que no fuera ella. Así que ordenó al chofer que la trasladara hacia las afueras de la ciudad. No estaba segura de cómo podría irle en su próximo destino, porque hace bastante tiempo que no veía a Kagura Andrews, y además era una mujer de salidas extrañas. Pero quizá era la única que podría ayudarla en su segunda parte del plan que tenía contra esa tal Kagome.

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Tsubaki Carrington era una mujer pérfida. Si bien le había hecho aquel tonto favor a Kikyo, eso no significaba que estaba con ella. Es más, si tenía oportunidad también le clavaria un puñal en la espalda. Así que apenas se marchó Kikyo, luego de verse satisfecha con aquel favor, la mujer empezó a reflexionar ¿Por qué una simple empleada de minimarket ponía en ese plan a una mujer como Kikyo?

Lo único que le vino a mente es que quizá Inuyasha tuviera que ver; quizá la jovencita que acababa de despedir era algún escarceo que éste tenía. Puede que incluso una amante.

Tsubaki sonrió ante aquella perspectiva. Si la joven era algo de Inuyasha, seguro éste estaría encantado de saber la noticia de primera mano.

Y no lo hacía por compasión ante la pobre muchacha despedida, sino por hacer sentir mal a Kikyo. Además, ni siquiera sabría de donde vino la información.

Tecleó el número de Inuyasha Taisho. Eran amigos porque pertenecían al mismo círculo social, así que había cierta confianza.

─ ¿Quién habla? ─contestó la aterciopelada voz del joven, desde el otro lado.

─ ¿Acaso no tienes agendado mi número de celular, Inuyasha? ─preguntó la mujer, sentándose en el sillón de su amplia oficina.

Inuyasha no tenía agendado el número. Quizá se le había borrado, pero sí que reconocía aquella voz. Era la temible y preciosa de Tsubaki. ¿Qué podía querer una mujer como ésa?

Era una peligrosa mezcla de serpiente venenosa con la belleza de un conejito dulce.

─ ¿Y que se te ofrece, querida? ─preguntó el joven, quien estaba conduciendo y tuvo que parar para atender.

─Tengo información que quizá te pueda interesar…

Inuyasha enarcó una ceja.

─Querida Tsubaki, sabes que puedes decirme lo que quieras

─Kikyo estuvo un poco antes aquí. Vino a cobrarse un favor y no pude negarme ¿sabes que me ha pedido tu noviecita?

─No puedo imaginar que querría Kikyo de ti…

─Vino a pedirme que hiciera despedir a una muchacha que estaba dentro de las nóminas de una tienda minorista que administra mi compañía, se llama…espera te digo ─Tsubaki buscó unos papeles para ver el nombre ─, es una tal Kagome Higurashi y pensé que quizá la información podría ser de tu interés ¿lo es?

Inuyasha se puso serio, dejando de lado el juego.

─ ¿Kagome Higurashi, dices? ─volvió a preguntar él. Era obvio que reconocía el nombre.

Tsubaki comprendió de inmediato, por el tono de voz del joven que la muchacha sí que tenía que ver con él.

─Entonces hice bien en ponerte al tanto. Que sepas que la joven lloró y suplicó al gerente de recursos humanos. Pero ya el despido estaba hecho, lo lamento por la pobre chica, pero ya conoces a Kikyo, cuando no le hago favores, se pone de bravas.

─Te agradezco por la información, Tsubaki ─Inuyasha se apresuró en despedirse.

Luego de hacerlo, golpeó el tablero de su auto. Kikyo de nuevo estaba haciendo de las suyas, llegando a extremos ridículos de dejar sin el sustento a alguien, por un asunto de celos.

Y además estaba seguro que lo hacía por celos a ese maldito cantinero y no por él.

Inuyasha era un hombre taimado, pero en absoluto era alguien malvado al punto de hacer despedir a alguien, solo porque sí.

Pero la rabia se le disipó de inmediato, cuando una idea le vino a la cabeza. Una idea fantástica, aprovechando las penosas circunstancias de Kagome. Y que le serviría a él, como trampolín para llegar a ella y cumplir la idea que tenía con ella.

Además de paso, le estaría haciendo un favor.

Así que decidió volver a conducir para retomar camino, y así dar rienda suelta a su plan.

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Cuando Kagura Andrews fue informada de Kikyo estaba esperándola abajo, sí que se sorprendió.

Hace bastante que no se veían así que no entendía que podría querer con ella. No eran amigas desde que Kikyo intentó intrigar contra ella y Sesshomarou, su novio.

Era una tontería, pero, de todos modos, un preaviso de que la peligrosidad de Kikyo.

Lo curioso era que Inuyasha era primo de Sesshomarou, pero ambos se detestaban mutuamente, así que por ese lado tampoco había relación.

Kagura vivía en las afueras, muy lejos del centro. Vivía con su novio hace cuatro años, aunque en ese momento él no estaba. Estaba en su oficina.

Y ella no trabajaba. Era la ventaja de ser pareja de alguien de holgada posición económica.

Cuando bajó las escaleras de su precioso piso, Kikyo estaba sentada en el sofá del salón, mirándola de reojo.

─ Pero ¿qué haces tú aquí? ─replicó Kagura

─ ¿Esa es la forma de saludar a tu prima política?

─Tu no estas casada con Inuyasha Taisho ─atacó Kagura, bajando el ultimo escalón

Kikyo tuvo ganas de replicarle más groseramente, pero no era el momento.

Así que relajó su rostro.

─Tengo algo que pedirte ¿podrías sentarte?

Kagura enarcó una ceja. Eso sí que era nuevo. No es que tenía ganas de hacerle favores a esa arpía, pero sí que tenía curiosidad de saber que podría querer ella. Así que se sentó, con el rostro risueño.

─Tú dirás entonces.

─Iré al grano. Sé que tu novio es el dueño de un bar nocturno en el centro, el de Shikon. Yo no puedo pedírselo, pero tu si ─y allí Kikyo, miró fijamente a su interlocutora ─, es un favor que me harás y luego podrás cobrármelo cuando quieras. Sabes que soy una mujer de recursos y sé también que eres una arpía, disfrazada de mosquita muerta. Seré de mucha utilidad para ti debiéndote un favor y lo sabes.

Kagura se echó a reír, sin poder evitarlo. Pero Kikyo seguía muy seria.

─A ver, querida Kikyo, si te he recibido por curiosidad.

─Te deberé un favor, Kagura ¿acaso te perderás la oportunidad de tenerme como aliada?

─Está bien, dime que es lo quieres. Otra cosa es que acceda.

─Hay una muchacha que trabaja en ese bar, es una sucia camarera. La quiero fuera de allí. Quiero que la hagas despedir. Sé que es un pedido fácil de hacer para ti.

Kagura tuvo que disimular la risa ante aquel ridículo pedido. Sinceramente no se lo esperaba. Creía que sería algo más interesante y sustancioso. No algo fácil y tonto. De todos modos, no perdería tiempo en burlarse de Kikyo.

─ ¿Es una amiguita de Inuyasha?

─Eso no te incumbe, Kagura ¿vas a poder hacerlo? ¿lo harás?

Kagura se levantó del sillón y fue hacia la mesa de las bebidas, era muy temprano para beber, pero la ocasión lo ameritaba.

─Definitivamente no es Inuyasha ─concluyó la novia de Sesshomarou ─. Tú no te tomarías tantas molestias por él, se nota a leguas que estas esperando que surja alguien más interesante, para deshacerte de él ¿o me equivoco?

Kikyo sonrió de lado. Kagura era muy perspicaz.

─Las dos somos unas intrigantes, querida Kagura

Kagura se bebió la copa de vino que se había servido durante el tiempo que le tocó cavilar sobre el estúpido pedido de Kikyo y la interesante ventaja de tener un favor sobre ella, para cobrarse.

─Dame los datos de la chica y yo haré el resto.

─Lo vas a hacer, entonces ─la cara de Kikyo se iluminó ante la idea.

─Solo porque puedo cobrártela después. Y espero cumplas, porque tú me conoces y sabes que no tomo bien los engaños ¿está claro?

Kikyo tomó otro vaso, se sirvió del mismo vino que estaba bebiendo la joven, y alzó la copa hacia ella.

─Tenemos un trato, entonces.

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Kagome ya se había tranquilizado para esas horas. El trabajo en el minimarket lo tenía perdido, no quedaba más que buscar otro con el que ocupar sus mañanas. Además, dinero no le sobraba. También le preocupaba la parte de la renta con Yura. Ella era una chica muy mona y la comprendería, pero Kagome no quería abusar. Tenía que buscarse otro ingreso.

Lo primero sería buscar en los clasificados de los diarios digitales y luego recorrer la ciudad, a ver si encontraba carteles de sitios que necesitaren dependientas de abarrotes o camareras. Cualquier cosa le funcionaria. Probablemente iba a tener que renunciar al seguro de salud, porque era difícil que a una nueva le dieran el alta.

Estaba pensando en aquello cuando recibió un texto de su jefe, Jakotsu.

Eso sí era extraño. Porque él nunca le escribía ni le llamaba fuera de horario. Le pedía escuetamente que viniera a su oficina, en el bar. Que tenía que comentarle algo.

─Peores noticias de los que ya he recibido no podrían ser ─se dijo la muchacha, mientras se levantaba a buscar su chaqueta.

Yura había ido a dormir, así que no deseaba importunarla.

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Kikyo despachó a su chofer, una vez llegado a su destino. Nunca antes había estado allí, siempre supuso que Bankotsu vivía en algún departamento alquilado. Pero no, vivía en un chalet heredado. No estaba mal desde luego, pero era una pocilga en comparación a lo que ella estaba acostumbrada. Reconoció la motocicleta del joven, aparcado allí afuera.

No tuvo necesidad de escribirle o tocar el timbre, Bankotsu mismo había salido en la entrada. Estaba vestido con unos jeans y una remera blanca. Estaba recostado por el marco de la puerta.

Tenía una sonrisa de autosuficiencia, consciente de la masculinidad rotunda que emanaba de él.

Kikyo tragó saliva y se acercó. Tenía algo de miedo de que él la rechazara, pero ella sabía reconocer cuando un hombre la deseaba, porque era el efecto normal que causaba en los sujetos del sexo masculino. De todos modos, sus primeros miedos fueron infundados, porque apenas se puso frente a él, Bankotsu la cogió de la cintura para poder besarla.

Como si no pudiera resistirse. Es que en ese momento para él no existía nada más que Kikyo. Era demasiado hermosa y tentadora. Él no era de piedra y ella le gustaba mucho.

En ese mismo momento la cargó entre sus brazos, abrió la puerta de la casa de una patada y entró.

La llevaría a su habitación.

No había vuelta atrás.

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Mientras Kagome se dirigía al bar, en el bus, le envió varios mensajes a Bankotsu, comentándole que deseaba contarle una cosa. Él no había respondido su llamada antes y ahora tampoco leía sus mensajes.

Quería ponerle al corriente sobre su despido de los minimarket. Quizá él tenía alguna idea para ayudarle a buscar trabajo de medio tiempo. Bankotsu tenía muchos conocidos y numerosas amistades granjeadas en su oficio de cantinero.

─Quizá este ocupado…

Kagome guardó el aparato. Ya probaría más tarde o verían de poder conversar en el receso del trabajo. Todavía le avergonzaba lo que había ocurrido con él. Su trato y los descarados besos que habían compartido.

La joven se tocó los labios.

Pero no negaría que habían sido los besos más intensos que había recibido en su vida.

Vaya que aun debían conversar sobre eso, y ver como seguía su trato. Kagome se daba cuenta que estaba jugando con fuego, porque a ella si le gustaba lo que pasaba entre ambos, en cambio él la veía solo como una amiga.

Él nunca tendría ojos para otra chica que no fuera Kikyo.

Justamente por ella es que habían armado todo aquel circo.

Kagome suspiró.

Decidió levantarse y tocar el timbre de aviso de bajada de parada al bus.

Ya estaba llegando al barrio donde funcionaba el bar, y donde Jakotsu la esperaba.

Ojalá que el motivo por el cual la había mandado llamar, sean mejores de las que recibió por la mañana.

CONTINUARA.

MUCHAS GRACIAS A TODOS POR SUS FAVS Y FOLLOWS.

MIS COMENTARISTAS DEL ULTIMO CHAPTER GOREMETAL 167249, PLUPA, NITOCA, SAV21, AZZULAPRINCESS.

YA PRONTO SE VIENE PARTES QUE NO SON ABURRIDAS, ES QUE YA DESEABA PUBLICAR AUNQUE SEA YA ESTA PARTE, PARA NOD EJAR PASAR EL TIEMPO.

BESOTES Y NOS VEMOS EN UNOS DIAS