3.
Aunque ha tardado tiempo en aceptarlo, parece ser desde siempre que la ha anhelado.
No de la misma manera, por supuesto. Con el pasar de los años ese amor ha cambiado: de una pequeña llama a un incendio forestal.
La conoce desde que era una niña, porque es un pueblo pequeño, pero ha sido su maestro tan sólo desde hace tres años.
Peeta puede señalar muchos momentos clave, muchos lugares, el color de cielo, los aromas que flotaban en el aire. Siempre ha sido una persona contemplativa, incluso sentimental. Ahora que sus sentimientos le inundan y le dan vida cada mañana, puede reconocer cada uno de los pasos que le han llevado a lo que le parece será un amor doloroso.
El inicio del camino fue el recital de primavera, cuando ella entro al instituto. Su clase decidió presentar un coro, y ella fue la solista. No sólo él terminó deslumbrado, pero quizá fue el único que nunca pudo recuperarse de aquello - más adelante supo que Gale Hawthorne tampoco -.
Ella cantó una canción triste, y Peeta supo bien desde el primer acorde, cuán profundo dolía en su corazón. El año anterior, su padre había muerto; las melódicas palabras que salían de su boca reflejaban el abismo de su perdida.
Aun así lucía tan regia, tan serena, tan bella…
El oscuro cabello le caía por la espalda y sobre los hombros en una cascada brillante, infinita. Su madre le había pintado los labios de carmín y producto de la exposición al sol, su nariz estaba salpicada de pecas. Era tan joven, y tan fuerte.
Peeta comenzó a quererla aquel día.
-.-.-.-.-
Un beso muy especial a las que, a pesar de los años, aún me leen. En especial a R´khu: Gracias por siempre estar.
