INUYASHA NO ME PERTENECE, SOLO HAGO ESTO DE DIVERSION
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AMIGOS CON BENEFICIOS
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CAPITULO 7
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Kikyo era dueña de una autoestima y una seguridad en su cuerpo envidiables. Es por ello que cuando acabó con Bankotsu, no tuvo el menor reparo de levantarse desnuda, a buscar el baño para lavarse la cara.
Todo, ante la atenta mirada de Bankotsu, quien la analizaba, acostado en la cama, embelesado de haber tenido entre sus brazos de nuevo, a aquella mujer tan bella.
Si tan solo fuera de él solo.
Pero no, Kikyo también tenía a Inuyasha. Pese a la ardiente reacción de Kikyo al saberlo con Kagome, Bankotsu sabía que ella no daría el cuello a torcer.
Cuando la preciosa joven regresó, para volverse a recostar a su lado, decidió preguntárselo sin rodeos.
─ ¿Por qué no dejas a Inuyasha?
─ ¿Qué? ─la joven se extrañó al ser abordada con aquella inoportuna pregunta.
─Vamos que lo oíste, tú me buscaste y me volviste a tener ─replicó el joven con el rostro muy serio ─. ¿Por qué no sales conmigo, en serio?
Kikyo se incorporó, nerviosa y empezó a recoger sus ropas desperdigadas, de prisa. Bankotsu la había tomado por sorpresa. No le gustaba cuando ocurrirá eso.
Ella había venido a esta pocilga a disfrutar su victoria sobre esa mugrienta camarera, intrigando para que se quedara sin trabajo. Y ahora, como cereza, se estaba revolcando con el hombre que había sido manzana de la discordia.
Y él no la había rechazado. Y ahora venía Bankotsu a ponerse con estas cosas.
Ese hombre estaba perdiendo la cabeza. ¿Cómo alguien como ella podría salir en serio con un simple cantinero?
Bankotsu no se levantó al notar que ella se había levantado con rapidez para huir.
─Si tu no vas a mi novia, sabes que tengo a Kagome ¿no? ─decidió aguijonearle él, sabiendo que Kikyo había venido a por él por causa de aquella treta.
La joven esbozó una sonrisa.
─Pero es conmigo con quien estas ahora ¿no?
Que lista era la maldita. De todos modos, a Bankotsu no se le escapó que a ella le picó oír el nombre de Kagome.
─No tientes tu suerte, Kikyo. Puede que sea la última vez que te reciba.
Ella, quien se estaba vistiendo, se detuvo.
─ ¿De qué hablas?
─Puede que esta sea nuestra despedida
Kikyo retomó lo suyo ─. Querido, no me vengas con esas cosas, sabes que no puedes resistirte a mí y lo sabes. Creo que deberías ir dejando esa mujercita que tienes.
Bankotsu se sintió profundamente molesto. Tuvo el primer impulso de levantarse, tomarla del brazo para volverla arrojar a la cama y enseñarle quien mandaba aquí.
Pero prefirió reprimirse. Todavía le quedaba la carta con Kagome.
Una carta que debía usar, para espantar a Inuyasha de paso.
La bella joven terminó de vestirse y se marchó sin decir palabra y él no la detuvo.
Solo varios minutos después, él atinó a revisar su móvil, el cual había dejado en silencio, justamente para no ser estorbado en su reconciliación con Kikyo.
Eran varias llamadas perdidas de Kagome, también había una de Yura. También encontró un par de mensajes de WhatsApp de su amiga.
Tengo que contarte algo.
De hace bastante rato. Claro, de cuando estaba con Kikyo en la cama.
Un atisbo de culpabilidad le vino. Inoportuno, pero lo tenía.
Suspiró sintiéndose un tonto. Decidió responderle a Kagome.
─ ¿Dónde estás?
─Estoy llegando al Bar. Jakotsu me hizo llamar.
Bankotsu ya no volvió a responder aquello, porque prefería que Kagome se lo contase en persona. De ese modo también descargaba algo de pesar de su consciencia. Fue a ducharse de prisa, para ir a verla en el bar. Todavía no era hora de abrir, pero podrían aprovechar para hablar con Kagome.
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Jakotsu había estado pensando cómo comunicarle a Kagome acerca de la orden que había recibido. Una que había provenido del mismísimo Sesshomarou Taisho. Jakotsu intentó abogar por la joven empleada, pero no sirvió de nada. Jakotsu era un simple administrador a las órdenes de Taisho y no tenía nada que opinar sobre eso, como bien le recordó su temible patrón.
Así que no encontró formulas o suplicas para solicitar una reconsideración.
Por eso se sobresaltó un poco, cuando vio la figura de Kagome asomándose a la puerta.
─He entrado por la puerta de atrás…
─Kag…entra ─autorizó Jakotsu, con cierta voz de desánimo que no pasó desapercibido para ella.
Jakotsu era una persona jovial y dicharachera. Sonriente y sumamente amable. Era extraño verlo en esta pose meditabunda y preocupada.
Kagome obedeció. No imaginaba que podría tratarse todo esto. Cuando Jakotsu le acabara de comentar lo que tuviera que contarle, aprovecharía de decirle acerca de su despido de su trabajo matutino.
Quizá Jakotsu supiera o conociera a alguien a donde recomendarla.
─Mi querida Kag, no sé ni por dónde empezar…
─ ¿Qué ocurre?, me asustas Jakotsu ─replicó Kagome, sintiéndose aún más confusa ante la actitud del hombre.
─Es que no hay palabras que describan que estoy de acuerdo con esta decisión. Pero sabes que aquí soy un simple administrador, hago lo que mandan y una orden que me vino hace un rato es…─Jakotsu se cortó, como si se estuviera pensando como completar la frase ─, me ordenaron que te despida, Kagome.
Jakotsu tuvo mucha dificultad para soltar aquella frase. Se sentía culpable y un miserable por no poder hacer nada.
Kagome se había quedado petrificada, en cambio.
Jakotsu se había incorporado veloz, a buscar agua para su ahora ya ex empleada, porque no tenía la menor idea de que hacer.
Pero lo que ocurrió a continuación, dejó a Jakotsu aún más confuso.
Kagome se había echado a reír.
Con una risa recalcitrante y nerviosa, pero lo estaba haciendo.
Rechazó el agua que él le ofreció. Casi le había dado un manotazo, pero de algún modo la joven había podido contenerse. No valía la pena ir contra Jakotsu, no era culpa suya.
Cuando al fin, ella calló la risa nerviosa que la había sumido.
─Y justo venía a contarte que hoy también me despidieron del otro trabajo que tenía ¿es que todos se pusieron de acuerdo hoy para echarme sin razón alguna?
El administrador se horrorizó ante aquello.
Puso una mano en el hombro de la joven.
─Créeme que haré lo que pueda para ayudarte a conseguir algo. Las ordenes vinieron del mismo dueño, Kag. Lo más terrible es que ese hombre ni siquiera conoce a nadie aquí. Creo que ha hecho esto por puro deporte ─el administrador no pudo evitar fruncir la boca ante tamaña injusticia
Ella posó su mano sobre la que Jakotsu tenía puesta cariñosamente sobre su hombro.
─No te atormentes. Sé que no es culpa tuya. Solo no esperaba que me echaran de aquí también.
─ ¿Necesitas que te lleve a casa? ─ofreció él en última instancia
Kagome negó con la cabeza. Al igual que poco antes se decía que regresar en bus sería mejor.
Le vino la peregrina idea de que decirle a Yura. Ella ya la había visto explotar un poco antes, con su primer despido. Prefirió no decirle nada. Ya se enteraría hoy de todos modos.
Por supuesto, también pensó en Bankotsu.
Ella lo había llamado y él no respondió enseguida. Solo le había respondido poco antes de que ella entrara a la oficina de Jakotsu y ella le había comentado que estaba allí.
No sabía si llamarle a contarle las buenas nuevas, pero temía que él no volviera a responder. Y sinceramente en este momento no estaba para ningún tipo de rechazo.
Que él también se enterara esta noche, cuando empezara la faena laboral.
Ahora prefería marcharse a casa y dormir por los menos dos días.
Y sobre todo pensar que hacer.
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Inuyasha había estacionado afuera del Bar. A estas alturas él ya estaba más que enterado de todo. Primero la misma Tsubaki le había informado y luego la misma Kagura había hecho lo mismo.
Que perversas podían ser las mujeres. Kikyo había hecho todo esto por celos a un hombre, y estas otras le informaron de sus acciones, porque no apreciaban en nada a Kikyo. No pusieron reparos en ayudarla, pero no ayudarían en la discreción.
Quizá también lo hacían, para ver que él abriera de una vez los ojos ante la perfidia de Kikyo.
Kagura le había llamado poco antes. Se suponía que eran primos políticos, pero no tenían relación, porque él y Sesshomarou se detestaban. Pero aun así Kagura le había avisado.
Así que él supo antes que la propia Kagome que iba a ser despedida. Es por ello que había venido a esperar por ella frente al Bar.
Todavía seguía en pie su plan con Kagome. Y qué mejor que utilizar un momento como este, cuando estaba en situación de vulnerabilidad. No había visto a Bankotsu, así que era buena señal.
Finalmente, luego de varios minutos, la vio salir.
Tenía la cara roja y mojada. Estaba vestida con una falda gris y una blusa rosa. Y unas sandalias bajas. Tenía el cabello en coleta y cargaba un bolso.
Inuyasha tuvo oportunidad de mirarla.
Era cierto que no tenía la voluptuosidad de Kikyo, pero el joven no pudo evitar sentir que aun con esas ropas tan simples y sin nada de maquillaje, Kagome no era nada fea. De hecho, se le había figurado bonita y frágil. Él no conocía mujeres frágiles ni tiernas. Se movía en un hervidero de serpientes como Kagura, Kikyo o Tsubaki.
Así que aquella sensación le era novedosa.
Salió de su coche para que ella pudiera verlo.
Kagome se extrañó de verlo allí. ¿Qué cojones estaba pasando?
Pero Inuyasha no se amilanó y se acercó a ella. Fingió que era una casualidad.
─Hola Kagome…
─ ¿Inuyasha? ¿pero qué haces por aquí?
Él inventó algo enseguida. Pero creíble.
─La verdad estaba aquí, para ver si podía hablar con ese amigo tuyo, el cantinero. Creo que no hace falta que te diga el motivo.
─ ¿Bankotsu? Todavía no son sus horas de llegar.
Él meneó la cabeza.
─De todos modos ya no interesa. Me Salí del coche cuando te vi ¿te ocurre algo?, no te veo muy entera ─preguntó Inuyasha, a sabiendas ya de la verdad.
A falta de otra persona y de la sensación de que había perdido mucho en el día de hoy.
Y que Bankotsu casi ni le hubiera respondido hoy, cuando más le necesitaba, Kagome necesitaba volcarse en alguien.
Miró al joven de sonrisa cálida que la miraba. Alguien que podría ser amigo suyo. Además, tenía todo el aspecto predispuesto de tenderle una mano. Si había salido apenas la vio con el rostro desencajado. ¿Cómo no confiar en alguien de sonrisa tan afable?
Recordaba vagamente como le había atraído antes. Pero en este momento no le tenía ese tipo de inclinaciones, sino otra de tipo más amistoso.
─Kagome, insisto que no te veo bien ¿puedo hacer algo por ti? ¿quieres que te lleve a casa? ¿o querrías tomar un café?
El ofrecimiento de Inuyasha le vino como anillo al dedo a todo el hilo de pensamientos que estaba teniendo con respecto a él.
¿Cómo rechazar algo así?
─ ¿Sabes?, me gustaría mucho ir a por ese café…
Inuyasha le sonrió, invitándola a subir a su coche. Kagome lo siguió.
El joven arrancó, y se marcharon de allí.
Desapareciendo de la vista de todos.
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Es que parecía tener el tino especial de presenciar escenas como ésa. Había llegado justo cuando Kagome salía del bar. Y como había estacionado del otro lado con la moto, ella no le había visto, así que cuando se disponía a cruzar a saludarle, se quedó como piedra cuando vio a Inuyasha acercándose a Kagome, como si fuera un depredador rondando una presa preciada.
Así que Bankotsu lo vio todo, aunque no pudo escucharlos, pero presenciarlo no había sido divertido.
Kagome yéndose con ese patán, no estaba en los planes.
Tuvo el primer impulso de acercarse y separarlos, pero temía crear con eso, una mala impresión en Kagome. Tenía aspecto desencajado. Seguro tenía que ver con aquel problema que tenía y que quiso avisarle a él, y que no había podido atender por estar divirtiéndose con Kikyo.
Bankotsu se apretó los puños. Una cosa era su querida amistad con Kagome y otra el amor que tenía por Kikyo.
Lo que sentía al verla con Inuyasha, aunque sea en pose inocente con ese bastardo no podían ser celos. ¿Por qué tendría que serlo?
Ella era una amiga con la que tenía un simple acuerdo.
Y a quien él pensaba jugarle una canallada. Una que aparentemente no podría hacer, porque Inuyasha se le estaba adelantando en las jugadas.
El joven cantinero decidió respirar profundo, y cruzar hacia el Bar.
Ya que estaba por aquí, aprovecharía de quedarse hasta la hora de apertura. También aprovecharía de mandarle un mensaje a Kagome.
─Estoy en el bar ¿Dónde estás tú?
Pregunta con trampa, porque él sabía con quien se había ido.
Pero Kagome no respondió. Eso era extraño, porque ella siempre respondía de inmediato, cuando él le mandaba cualquier tontería.
Aunque se hubiera ido con aquel imbécil, ella debería tener preferencia en responderle a él, ¿no?
Al final no pudo consigo mismo, y decidió volver a su casa. Había pensado en la idea de seguirlos, pero no sabría ni por dónde empezar. Tampoco quería quedarse en el bar, haciendo hora antes de abrir. Sin Kagome allí, la idea no le apetecía en absoluto.
Ya más tarde hablaría con ella.
Tenían que encontrarse en el trabajo de todos modos.
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Inuyasha tenía buen tino, y se había llevado a Kagome a una discreta cafetería. Tampoco podía llevarla a alguna del barrio Alto. Kikyo podría enterarse y eso era algo que no estaba en sus planes.
Pidieron café americano. Sin nada. Porque Kagome no deseaba acompañarlo con nada.
Inuyasha la observó vaciar la taza, sin hacerle preguntas. Pero, aun así, parecía un poco más relajada de cuando entraron.
─Kagome, sé que no me conoces mucho, pero quiero que sepas que puedes confiar en mí. Si esta en mi mano ayudar, que sepas que lo haré ─le declaró Inuyasha, con la voz más persuasiva que tenía.
La joven decidió que podía conversar con ese hombre. Ya por algo había subido a su coche.
─Estoy desempleada. Hoy me despidieron de mis dos empleos ─adujo la joven, sin filtro
El fingió sorpresa.
─ ¿Cómo así?
─Ni yo misma tengo explicación para eso. Lo que me preocupa es todo lo que se me viene encima en caso de no encontrar otro empleo pronto.
La joven contaba esto con verdadera pena por su porvenir. Inuyasha nunca había tenido una sensación parecida, porque nunca había sentido inquietud por pagar cuentas o saldar algo.
Nunca había vivido en alquiler ni pasado estrecheces. Probablemente Kagome era la primera persona en situación como esa, con la que pasaba tanto tiempo y de quien oía, este tipo de situaciones, de primera mano.
─No sé si podré seguir viviendo con Yura. Ella es linda, pero tampoco puedo forzarla a convivir con alguien que no paga su parte.
En un momento dado, Kagome se llevó una mano a la cabeza.
Inuyasha se había presentado a ella, con malas intenciones, pero el poco rato que ya llevaba con ella, se le iba difuminando la percepción que tenía hacia la joven. Era imposible querer hacerle autentico daño.
Era una buena persona y estaba sufriendo.
Y si supiera que era por causa de alguien como Kikyo. Y Kagome era tan autentica y dulce. No estaba en pose permanente como las mujeres que él conocía.
No tenía miedo de estar aquí contándole sus miserias. Quizá el único defecto suyo era la de estar saliendo con el tal Bankotsu. Todavía tenía que corroborar esa historia.
El otro defecto de Kagome era la de ser tan confiada. Estaba abriendo su corazón y sus dramas a un perfecto extraño como él.
Inuyasha no podía evitar sentirse pésimo por todo lo que había estado pensado acerca de ella.
Y todo por Bankotsu o Kikyo.
Ella se merecía un voto de confianza. ¿Y si podría hacer algo por ella?
Así como estaban sus cosas, era difícil que lograse conseguir empleo pronto. Kikyo era una mujer influyente y no iba a amilanar la persecución. ¿Dónde podría no alcanzarle a Kagome, los tentáculos de Kikyo?
Eso le hizo tener una idea reveladora.
El único sitio que podría ofrecerle a Kagome, y donde Kikyo nunca podría influir para hacerla despedir era la compañía ensambladora de vehículos de los Taisho, la empresa de su familia. Que dirigía su padre, y donde él tenía un puesto en el consejo.
Al verlo tan callado, Kagome pensó que lo estaba aburriendo con sus problemas.
─Lo siento Inuyasha, tú no tienes porque oír mis letanías…
El joven le sonrió. Ya había decidido algo y estaba más que feliz de decírselo a la joven.
─No es eso Kagome. Es que se me acaba de ocurrir algo ─ante la mirada interrogante de la joven ─, déjame ofrecerte un empleo en la compañía de mi familia. Como mi asistente, ya sabes, alguien que ayude con mi agenda y esas cosas. Tengo una, pero está para jubilarse ¿te interesa?, no te preocupes por el nivel de conocimientos, porque el trabajo no necesita de mucho tecnicismo ¿Qué dices?
Kagome nunca se habría esperado una propuesta como aquella.
Esperaba que su día terminara rematado y bastante mal.
No con una inesperada proposición laboral.
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CONTINUARÁ
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FRAN GARRIDO, SAV21,AZZULAPRINCESS, NITOCA, YUMAIKA,SERENITY USAGI .
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