INUYASHA NO ES MIO, SOLO HAGO ESTO DE PURA DIVERSION.
.
.
.
.
AMIGOS CON BENEFICIOS
.
.
CAPITULO 8
.
.
.
Bankotsu no había podido con su genio. Luego de ver a Kagome e Inuyasha y como ella no contestaba, rehuyó de su idea original de marchar a su casa, sino que se enfundó en su moto a hacer unas pasadas por la elegante avenida principal del Barrio Alto. Si Inuyasha la traía a un sitio, tenía que ser allí.
Kagome era una confiada. ¿Cómo pudo haber venido a estar a solas con él?
Pero lo más importante ¿Por qué rayos nunca le había contestado el apremiante mensaje que él le había dejado?
Cierto que él se tardó media vida en responder la llamada de ella. Pero estaba ocupado con Kikyo.
Al recordarla, el ceño se le frunció al joven. ¿Qué es lo que tenía Kikyo que literalmente volvía locos y débiles a los hombres?
Al final de tantas volteretas, se le había pasado la hora en un santiamén, cuando se fijó ya era hora de ir presentándose a trabajar. Le gustaría poder quedarse y verificar por donde andaba Kagome, pero tampoco podía rehuir al trabajo. No era un millonetas como Inuyasha, que podía pegarse el lujo de pasear en un cochazo en cualquier momento.
Además, allí tendría oportunidad de encarar a Kagome. Era lo bueno de trabajar en el mismo sitio.
.
.
.
.
Kagome bajó del coche de Inuyasha, bastante feliz. Luego del pésimo día que había tenido y donde le valió tener un doble despido en el trabajo. Estaba en el paro.
Aunque lo del paro, podría discutirse. Inuyasha Taisho le había ofrecido un trabajo y ella no podía negar que estaba tentada de tomarlo.
Él había sido muy amable con ella. Habían tomado un café delicioso y él se tragó todas las penas de ella. Incluso se ofreció luego de todo, a devolverla a su casa. Le dio un poco de pena que viniera al barrio donde estaba afincado el edificio donde estaba el departamento que alquilaba con Yura. ¿Pero cómo resistirse a las propuestas de una persona tan amable?
Kagome se había sentido reconfortada y feliz. Justamente por eso no había pensado en Bankotsu ni por un momento. Él no le había respondido como ella hubiera querido o soñado. Se suponía que pese al supuesto trato que tenían, había un "algo" entre ellos. O al menos para Kagome si, ya que, para ella, lo que había ocurrido entre ambos, sí que había significado algo.
Eso era otra cosa que la atormentaba y que todo este tema de su despido, y su posterior reunión con Inuyasha le hizo olvidar: ese acuerdo con Bankotsu que le había hecho remover cosas que no sabía que sentía por su amigo.
Sacó sus llaves del bolso y entró al departamento. Como se esperaba, ya Yura se había ido al Bar y en cualquier momento sabría lo de su despido.
Le reclamaría furiosa de no haberle informado. Bankotsu también se enteraría. Pero en el caso de él, no se sentía en la obligación de informarle, ya que había sido él quien no había respondido cuando ella le había necesitado.
Kagome decidió apagar su móvil.
No tenía ánimos de recibir ningún reclamo. Ya suficiente había tenido.
Prefería meterse a la ducha y ponerse a pensar en la oferta laboral de Inuyasha Taisho. No lo había aceptado de inmediato, pero prometió que lo pensaría.
Además, mucha elección no tenía. Necesitaba trabajar.
Así que soltó el bolso, guardó el móvil apagado y fue a su habitación a buscarse una toalla limpia para meterse un buen baño que lo necesitaba.
.
.
.
.
─ ¿¡Que Kagome fue despedida!? ─fue el grito casi al unísono que hicieron Yura y Bankotsu cuando Jakotsu les informó de las novedades.
─No crean que ha sido idea mía, saben que yo a Kagome la quiero mucho. Fueron ordenes de arriba ─se excusó el administrador, aun apenado por lo sucedido.
Bankotsu no pudo evitar sentarse en el sillón. Esta noticia era totalmente inesperada.
─Kagome se ha quedado sin trabajo ─musitó Yura, aun desencajada
─Me ha contado la desgracia que le ocurrió más temprano, así que lamento haber contribuido con afianzar su mal día ─concordó Jakotsu ─, pero me he comprometido a ver si le consigo algo.
Bankotsu se extrañó de lo que hablaban.
─Un momento, ¿a qué se refieren con afianzar su mal día?
Jakotsu y Yura lo miraron. Era evidente que él no estaba enterado del primer despido de Kagome.
─ ¿Es que no lo sabes?, Kagome también fue despedida de su trabajo en el minimarket ─espetó Yura, cruzando sus brazos y mirando a Bankotsu ─. ¿Cómo es que no lo sabes?, estoy segura que Kagome habrá intentado pedirte ayuda ¿no?
Eso fue un balde de agua fría para el cantinero.
Entonces era eso lo que Kagome había querido decirle durante toda la mañana. Estaba buscando su compañía y su compasión. Y él no había hecho nada. ¿Pero quién podría imaginarse de la gravedad de lo ocurrido?
─Tengo que ir a buscarle… ─murmuró Bankotsu, batiendo sus cejas.
─Ah no. Eso sí que no. Puedes llamarla si quieres, pero estamos a punto de abrir el bar y Yura será la única camarera de esta noche, y te quiero ver tras la mesada. No me ha dado tiempo de buscar un reemplazo, así que tendremos que apañarlo como se pueda ─afirmó Jakotsu, aunque luego se suavizó ─, entiendo que quieras hablar con ella, yo mismo me siento terrible con Kagome, pero ya luego tendremos tiempo de ayudarla.
Bankotsu apretó un puño de la impotencia. Pero Jakotsu tenía razón. No podía abandonar a Yura en este momento.
Mientras Yura iba a cambiarse al vestidor, él aprovechó de marcar al móvil de Kagome, y este lo mandaba directo al buzón. Estaba apagado o fuera de servicio.
Le envió un mensaje al WhatsApp.
Me he enterado de lo ocurrido. Lamentablemente no puedo irme, pero apenas acabe, pasaré al departamento ¿vale?
Ya había decidido que ni siquiera esperaría a Yura si era necesario. Tenía que ver a Kagome, asegurarse que estaba bien y pensar en la mejor manera de ayudarla. Ayudarle a conseguir un trabajo. Incluso se aseguraría de pagarle su parte de la mensualidad del departamento, que Yura no se viera en la penosa obligación de buscar otra compañera de piso.
Se sentía absolutamente miserable. Mientras él rezumaba en tonterías por Kikyo, era Kagome, su amiga querida, estaba en aprietos y había estado sola.
No podía perdonarse aquello.
Igual sus pensamientos se vieron ferozmente cortados cuando recordó que ella se había ido con Inuyasha, la idea era horrible. Ese bastardo podía aprovecharse de su debilidad y vulnerabilidad actual.
Ese maldito quería vengarse de él.
No podía permitirlo de ningún modo.
Lo que sentía no podían ser celos, porque él estaba seguro de no sentir por Kagome más que el cariño amistoso devenido de hace tiempo, y quizá podría admitir que le gustó la veces que se besaron, pero todo era una estratagema para pasar el rato ¿no?
Él estaba seguro de sentir algo interesante por Kikyo y con ello la oportunidad de tener una mujer como ella. Estaba confiado en poder convencerla de pasarse a su lado y cortar con Inuyasha. Contaba con el recurso de que a ella no le resultaba indiferente.
Aunque estaba seguro o creía estar seguro de sus sentimientos, también tenía claro que a Kagome tampoco la podía dejar suelta, cerca de la voracidad de un depredador como Inuyasha.
Otro asunto apremiante era la frágil situación de ella. No tenía trabajo y él tenía que ayudarla a conseguir alguno. No tenía mucha idea de que podría hacer, la más próxima que tenía era la de hablar con su primo Hiten, que tenía un bar en un pueblo a 40 kilómetros de allí. Hiten siempre le contaba que le costaba mantenerse las camareras, porque la mayoría no quería vivir en el pueblo y no querían hacer el viaje en tren todos los días.
Pero no conocía a nadie más en quien pudiese confiar.
En ese momento, tuvo una ráfaga de idea. Arqueó la ceja en solo pensarlo. Era temeraria pero no imposible.
Pero podía hablar con Kikyo que le hiciera alguna conexión. Bankotsu decidió guardar ese as bajo la manga, en caso que la gestión con Hiten no funcionara, porque también cabria la idea de que Kagome no estuviese de acuerdo en ir viajando en tren todos los días hasta ese pueblo, en una agotadora rutina.
Le marcó al móvil de nuevo. Ella siguió sin responder. De hecho, lo enviaba directamente al buzón. Los mensajes de WhatsApp tampoco le llegaban, porque aparentemente no tenía cobertura de datos móviles.
No podía evitar sentir un escozor. Rogaba que Inuyasha no le hubiera puesto las manos encima, porque recordaba que se habían ido juntos. Pero por el otro, conocía a Kagome y sabía que ella no daría fácil a ese hombre.
Pero luego se ponía frio de pensar que quizá sí, y más al recordar que todo el trato que tenían ambos había comenzado con el amor platónico que Kagome le prodigaba.
Bankotsu no estaba dispuesto a permitirlo.
.
.
.
.
Kagome ya se había acostado. Había cenado una sopa instantánea, de las que Yura tenía en la alacena. No le apetecía, pero no tenía otra que comer en el minúsculo departamento. Había sido un día difícil y horrible. Si bien estaba apenada por su doble despido, era una cosa lo que en verdad la molestaba y era que, si no hubiera sido por Inuyasha, hubiera estado horriblemente sola.
Era cierto que había apreciado la compañía de este y en cierto modo lo agradecía. Inuyasha le había agradado más de la cuenta en el pasado, pero nunca había dejado de ser algo lejano y platónico.
La compañía que ella hubiera querido era la de Bankotsu y él no había estado. Hace unos minutos había recibido un escueto mensaje suyo, probablemente apenado de enterarse, por boca de Jakotsu de sus "buenas nuevas". Kagome no podía evitar sentirse decepcionada por eso, ya que esperaba que hubiera sido él, quien más se hubiera preocupado por ella.
Los sentimientos que tenía hacia él no dejaban de ser confusos. Siempre creía haberlo visto como su más querido amigo, pero por causa de aquel tonto trato y el acercamiento intimo que habían tenido, despertó en ella un afecto más que amistoso en ella. Una que no sabía que sentía.
Por eso, se sentía doblemente mal, porque sabía que Bankotsu estaba enamorado de Kikyo como un imbécil. Nunca la vería a ella con otros ojos diferentes.
Eso es la que la tenía en ese estado.
Lo otro que la tenía cavilando era la propuesta laboral de Inuyasha, que no era algo descabellado en absoluto. Además de los beneficios sociales, sería una excelente oportunidad de generar experiencias diferentes a la de servir mesas o ser dependienta de una tienda.
Aunque no le atraía la idea de tener el mote de trepadora por el creciente interés amistoso de Inuyasha, su necesidad actual era acuciante, por la falta de trabajo.
Todavía deseaba pensárselo un poco más.
Con el móvil apagado, no tardó en dormirse. Ya mañana seria otro día para preocuparse y seguir pensando en su horrible situación.
.
.
.
.
Bankotsu no veía las horas de terminar el trabajo y largarse, que para colmos de males se veía abarrotado, cuestión que se resentía aún más por la falta de una camarera. El propio Jakotsu tuvo que ponerse a eso.
Kagome no había respondido a su mensaje.
Eso le ponía nervioso, a la par de preocupado. Yura había notado su falta de concentración, cuando fue como dos veces a reclamar el error en unos tragos, cosa que jamás solía pasarle a él.
─Guapo, te calmas ¿vale?, yo también estoy apenada por Kagome, pero si nosotros también somos despedidos por incompetentes tampoco le podremos ayudar.
Yura, como siempre se había manifestado con certeza.
Estaba haciendo el ridículo. Ya faltaba poco para salir y podría ir a ver a Kagome. Irían con Yura, eso no podría evitarse. Ella vivía con Kagome.
La verdad le hubiera gustado poder conversar a solas con Kagome. Con Yura cerca no habría oportunidad de sonsacarle ciertas cosas. Como aquello con Inuyasha. No tenía ningún derecho a reclamarle sobre eso, pero sentía que tenía que pedirle una explicación. Su natural gen de macho alfa había aflorado y necesitaba sentirse satisfecho.
Al recordar aquella escena no podía evitar apretar los puños. Le hervía la sangre de solo saberla cerca de un hombre tan dañino como ése.
─Casi tan dañino como yo mismo ─pensó con amargura, al recordar su propia situación y el macabro plan que tenía con Kagome.
.
.
.
.
Kagome despertó por los sonoros golpes de pasos que oyó de golpe. La estridente voz de Yura había llenado la habitación.
─Kag ¡lo siento mucho!, Jakotsu nos contó lo ocurrido.
Kagome se incorporó de repente, adormilada mientras Yura se sentaba junto a ella. Le tomó unos segundos más asimilar que su amiga estaba con ella en la habitación. Había terminado el turno evidentemente. Jakotsu le debió haber puesto al día acerca de su segundo despido.
Se terminó sacudiendo la modorra, mientras Yura seguía con su letanía.
Agradecía que su amiga se preocupara y la quisiera tanto, pero ya había tenido suficiente de auto compadecerse todo el día. Además, que se había sentido desilusionada al ver que Yura había venido sola.
Por un momento había tenido la ilusión de que Bankotsu hubiera venido. Pero tenía claro que tal cosa no había pasado, porque Yura había venido sola. Tampoco se le escapó el hecho de que ella no había mencionado nada sobre él hasta que el joven refirió: ─Bankotsu quedó muy sorprendido de lo ocurrido ¿Cómo es que no sabía nada, ni siquiera del otro despido?
Kagome se incorporó cuando ella le preguntó eso.
─Supongo que tenía cosas más importantes que hacer
Yura enarcó una ceja, como si eso le trajera algún tipo de iluminación.
─Ahora que lo dices, tienes razón. Estoy más que segura que anda jugueteando con esa zorra engreída de Kikyo Sanders, ya sabes, la novia de ese hombre tan guapo.
Kagome, quien estaba frente a su tocador, fingiendo buscar un peine, abrió mucho los ojos de la sorpresa. Una que no debería ser tal, pero que confirmaba sus sospechas del motivo del retraimiento de Bankotsu.
Ese maldito patán prefería estar con esa mujer. Y pensar que ella, Kagome, sí que había estado en los momentos difíciles de él, como la muerte de su abuelo.
─ ¿Pasa algo, Kag? ─inquirió Yura, al verla tan retraída.
La aludida sacudió la cabeza, negando.
─Solo estoy muy cansada y querría volver a dormir. No todos los días, una recibe un doble despido ¿no crees?
Yura no podía evitar sentir una profunda compasión, aunque sabía que a Kagome no le gustaba que le tuvieran lastima, así que prefirió despedirse y salirse para su habitación, para dejar que su amiga descansara. Ya mañana, podrían seguir conversando sobre los planes que tenían.
Cuando Yura se marchó, Kagome lo agradeció mentalmente. Ella apreciaba muchísimo las muestras de cariño de su amiga, pero por hoy ya estaba harta de lastima ajena. Aunque lo que en verdad le molestaba era que no había tenido noticias de Bankotsu, y eso que el muy imbécil había prometido quedar allí, luego del trabajo, con la excusa de pasar a verla, por la pena de saberla desempleada.
Kagome se sentó en la cama. Ya había perdido las ganas de dormir y la imaginación suya afloraba y teniendo en cuenta lo supuesto por Yura, era creyente que Bankotsu no podía estar en otro sitio más que no sea con Kikyo. Solo bastaba una llamada de esa mujer, para que él saliera corriendo a buscarla.
─Lo peor es que no tengo ningún derecho a decirle nada…
Por un momento odió a Yura por despertarla y volverla a este deplorable estado. Hubiera preferido seguir durmiendo y dejar de pensar en su miseria.
Pasó al baño a lavarse la cara. Se miró en el espejo y vio su demacrado rostro. Había dormido, pero muy mal, sin contar el par de lágrimas que había echado. Se sentía muy sola. Salió del cuarto del baño y volvió a sentarse en la cama. Miró hacia su móvil, que seguía apagado. No pensaba prenderlo, así se quedaría.
No podía conciliar el sueño, así que se levantó a buscar algo a la cocina. Había oído que beber un poco de zumo de limón ayudaba a conciliar el sueño. Frunció la boca al pensar que era muy poco probable que encontrara limón en ese departamento.
De igual modo siguió buscando en la cocina por si tenía un golpe de suerte y encontraba algo.
En eso oyó el timbre o creyó haberlo oído. Pensó haber oído mal y siguió buscando en la alacena. El timbre volvió a sonar y eso ya no pudo pasar desapercibido por Kagome.
Miró el reloj de pared que marcaba las tres de la madrugada. ¿Quién podría venir?
Tuvo el primer impulso de poner la oreja en la puerta de Yura, y oyó los suaves ronquidos de su amiga, que delataba que estaba profundamente dormida. Era evidente que no había oído el timbre.
¿Sería algún amante de Yura?
Ella solía invitarlos al departamento, así que no sería la primera vez que alguno se presentara en horario inconveniente a buscarla. Generalmente estas fugaces apariciones solían terminar de forma violenta, ya que Yura los solía echar a la calle.
El edificio era una pocilga, y no tenían un portero que atendiera la gente que subía a los pisos.
─Mejor voy a ver, que luego sus timbrazos no me dejan dormir…
Al llegar a la puerta y antes de sacarle el pestillo, preguntó: ─ ¿Quién es?
─Soy Bankotsu, ¿puedes abrirme?
Kagome se quedó anonadada, eso sí que no lo esperaba. ¿Qué narices estaba haciendo ese gilipollas aquí?, tuvo el primer impulso de no abrirle.
La joven no podía evitar sentirse profundamente confusa con todo esto. Los sentimientos que él le producía y que ella ya no podía negarse a sí misma, así como los recelos, por saberlo lejano.
Finalmente, luego de unos segundos que parecieron eternos para ella misma, decidió abrirle. ¿Qué más daba después de todo?, en algún momento tenía que volver a hablarle.
Cuando lo hizo, sus ojos se encontraron directamente con los de Bankotsu, que denotaban una profunda pena. Kagome, en vez de sentirse conmovida ante esto, no pudo evitar sentirse terriblemente avergonzada, porque no le gustaba que le tuvieran lastima. Era un sentimiento odioso sentirse tan vulnerable ante alguien.
Y más ante alguien, por quien se siente algo. Como ese algo que Kagome sentía hacia Bankotsu.
Por unos instantes que a ambos le parecieron eternos, se miraron. Kagome no le habló. No podía por su mezcla de enfado y alegría de que él hubiera venido, aunque tarde.
Él tampoco pudo articular palabra alguna. No sabía si era por estar avergonzado o por contemplar el rostro somnoliento de la joven, que denotaba que había estado durmiendo un poco antes. También pudo notar las huellas de los regueros de lágrimas. Kagome había llorado y no era para menos. Acababa de quedar desempleada en una ciudad, donde ir al paro era terrorífico.
Es como si sucumbieran en ese mismo instante, sin mediar palabras, Kagome se arrojó a los brazos del joven sorprendido, buscando sus labios para besarlos con voracidad y él le respondió.
Como si un deseo animal se hubiera apoderado de ellos. Sin pensar en nada ni en nadie. Ella solo quería tenerlo a él y él, enardecido ante el arranque de la joven, en su entrega y sensualidad, sólo pensaba que tenía que poseerla ¡ya mismo!, habían olvidado que eran amigos, que quizá tenían un trato que no los autorizaba a llegar a estos extremos, pero ya nada de eso importaba, habían desaparecido las molestias, los resquemores y cualquier otro sentimiento, salvo el deseo gutural.
Kagome rodeó el cuello de él, y levantó sus piernas para engancharse a la cintura de él, quien se sorprendió ante la elocuencia. No hubiera imaginado tal movida por parte de ella. Pero no se detuvo a pensar en ello, sino que directamente dio varios pasos para entrar al interior del piso, con ella aun enganchada a él, y sin soltar el beso nunca. Lo justo, para cerrar la puerta de una patada.
Pero cuando Bankotsu hizo amague de recostarla en el sofá de la sala, ella negó con la cabeza.
─Yura puede venir, vamos a la habitación…
Él no precisó de más indicaciones. Sabia donde quedaba eso y además tenía prisa por llegar.
Kagome se desenganchó de su cintura y sin dejar de besarse, fueron caminando a tientas hasta llegar a su objetivo.
Ahí sí que se arrojaron en el lecho desordenado de ella. No importaba nada, ni que fueran amigos desde hace mucho tiempo, que él en algún momento la había considerado una hermana y ella a por lo mismo. Aunque si se detenían a pensar en aquel detalle, era uno escabroso, teniendo en consideración lo que estaban haciendo ahora.
En estos momentos, él no podía verla como eso, ni ella tampoco podía volver a asociarlo a la imagen fraternal que tenia de él. De hecho, desde que habían comenzado estos juegos, Kagome había despertado con respecto a sus sentimientos hacia él.
Por eso se aferraba violentamente a sus labios, con rabia y furia, porque hubiera querido poder tenerlo por entero. Él le correspondía como el hombre que era.
No dejaba de sorprenderse, porque no imaginaba que Kagome tuviera estos accesos violentos en la intimidad. Ella le recorrió con las manos todo el cuerpo, y fue ella, quien le desabrochó los pantalones de forma impaciente.
Bankotsu había quedado desnudo antes que ella. Pero eso tenía fácil solución, ya que él, con una hábil movida le quitó la camiseta y el pantaloncillo de dormir. Lo mismo ocurrió con la ropa interior de ella. Sólo en ese momento, él se detuvo por un rato para contemplar a Kagome, como nunca antes lo había hecho. Era la primera vez que la veía desnuda y aquella erótica imagen hizo que una oleada de sangre le bajara los instintos, para no contenerlos más.
Ni siquiera le preguntó o pidió permiso, la poseyó ahí mismo.
No interesaba que no estuvieran usando protección o que estuvieren follando en la habitación contigua donde estaba Yura. Sólo cuando Bankotsu la tomó, comprobó algo increíble.
Kagome ya no era virgen.
Por un pequeño momento hubiera deseado que si lo fuera. Además, nunca le había conocido novio formal antes ¿con quién pudo haber estado ella? Y peor ¿Por qué nunca se lo había contado a él?
Eso empezó a darle rabia e imprimió fuerza y velocidad a sus embestidas al cuerpo de ella, no dándole ningún tipo de tregua. Haciéndola gemir por los embates ansiosos de él.
Por su parte, Kagome no estaba pensando en nada. Solo se dejaba llevar y disfrutar este momento único. Bankotsu no era de ella, era un amigo, por demás enamorado de otra. Bien lo sabía ella, así que se aferró a la espalda de él, incitándolo a seguir.
Pocos minutos después, y cuando todo hubo acabado, él se desplomó a un lado de la cama.
Por unos momentos se instauró un clima irreal, como si todo lo que hubiera acontecido antes hubiera sido alguna alucinación. Pero el creciente aroma a sexo y sudor delataba que no era una mentira o un sueño ridículo. Había sido real, palpable y ¡un gran polvo!
Maldición que lo había sido. Tanto para él como para ella.
Bankotsu estaba desconcertado, no podía terminar de ordenar sus ideas. Había pasado a esto con Kagome y todavía no había podido creer que hubiera sido real.
Se obligaba a creerlo, porque Kagome se había aferrado a su cuerpo y sonreía satisfecha, cerrando sus ojos.
Sin duda que a Bankotsu le había sorprendido y gustado la experiencia. Sonreía de lado, satisfecho de su propia virilidad, porque solo horas antes había estado con Kikyo y esa mujer podía ser muy intensa. Por el otro también le atacaba un ligerísimo ataque de culpa por eso.
Lo mejor sería guardarse ese detalle con Kagome.
Enseguida volvía a pensar en lo que había pasado entre ellos, Kagome era su amiga y aunque tuvieran este trato, era algo sin mucho sentido, ya que Kikyo estaba por la casi labor de volver con él. Solo tenía que apretar los botones adecuados.
¿Y Kagome?
¿Qué podría hacer con ella?, pues no tendría más remedio que ser claro con ella. Ella era una buena chica y lo entendería. Pero esa seguridad se desmoronaba cuando la veía abrazarlo con tanto cariño.
Igual cogió ánimo y decidió ser el primero en hablar.
─ ¿Cómo te sientes, Kag?
Se sentía estúpido por preguntar eso, pero con algo debía aclimatar el ambiente.
Ella levantó una de sus manos y acarició el rostro de Bankotsu.
─Después del día de mierda que he tenido ─la joven se incorporó un poco para verlo ─. Qué bueno que viniste, eché de menos que estuvieras cerca, porque no todos los días una se queda sin trabajo ¿sabes?
Al oír aquello, Bankotsu creyó conveniente hablarle de la idea que tenia de charlar con Kikyo, para que le consiguiera un trabajo. Eso sería excelente como forma de enganchar a la verdadera conversación: hablarle sobre la relación que él tenía con Kikyo y que no pensaba abandonar. Menos ahora que Kikyo parecía haber retomado su obsesión con él.
Antes de indagar en aquello, primero prefirió preguntar otra cosa. Que le molestaba y picaba.
─Me han dicho que luego de que Jakotsu te comunicara tu despido, te fuiste con Inuyasha Taisho.
Eso dibujó una sonrisa en el rostro de la joven, quien empezó a hablar con entusiasmo de Taisho, para profunda molestia de Bankotsu.
Pero las alarmas se instauraron en Bankotsu cuando ella confesó.
─He decidido tomar el trabajo que Inuyasha me ha ofrecido ¿no te resulta maravilloso?
Eso sí era inesperado e imprevisto.
Tuvo que disimular el profundo rictus nervioso, para que ella no lo viera.
─ ¿Vas a trabajar con Inuyasha Taisho? ¿y no te parecerá extraño?, ese hombre se supone te gusta ¿no?
Kagome sonrió.
─Inuyasha es un amigo, y eso lo he descubierto. Que yo haya sentido algún tipo de atracción hacia él hasta es natural, él es un buen chico.
Bankotsu no supo que contestar. ¿Qué podía decirle o aconsejarle a ella?, no quería que trabajara con ese hombre. Estaba seguro que las intenciones de ese hombre no eran buenas. Iba a querer cobrarse lo de Kikyo.
Bankotsu examinó el rostro risueño y esperanzado de Kagome. Tan dulce, tan inocente. Que ni siquiera le había rechazado y se había entregado a él, sin reservas.
Incluso había estado esperando que ella le saliera con alguna carga emocional, a causa del polvo que habían echado. Pero tal cosa no había pasado. Incluso esperaba que ella reclamara su ausencia. Y ahora, oírla hablar de ese modo tan halagador de Inuyasha era un terrible golpe bajo.
No podía dejar que trabajara con ese imbécil. Era evidente que iba a seducirla. Al pensar en aquello, la sangre se le subía a la cabeza. No podía permitir que esto ocurriera.
No podía evitar que Kagome cambiara de opinión con respecto a su trabajo. Pero había algo que si podía hacer.
Seguir con el maquiavélico plan que había tenido días antes, ya alarmado por los avances peligrosos de Inuyasha hacia Kagome.
La de adelantarse a Inuyasha y enamorarla. Y eso que a tenia un pie por delante, porque acababa de acostarse con Kagome.
Bankotsu cerró sus ojos. No tenía más remedio que seguir con ese plan.
Con un rápido movimiento correspondió el abrazo de Kagome y la envolvió. Kagome se dejó hacer, muy sorprendida ante el avance de él.
La besó de forma pausada, delineado la forma de su rostro y ella le correspondió. Finalmente volvió a ponerse encima de la joven, para que ella notara que el deseo le había regresado.
─Kag…
─ ¿Si?
─Quiero seguir viéndote...
─Siempre me verás
─No, quiero decir que quiero seguir viéndote, pero ya no como una amiga. Luego de lo que ha pasado aquí, no podemos pretender volver al estado anterior ¿no te parece?
Kagome estaba totalmente entregada y excitada con las palabras de él y con el tacto de su cuerpo fibroso. Incluso había perdido la molestia que tenia de saberlo con Kikyo. No podía decirle que no a Bankotsu.
Nunca se puede decir que no a alguien de quien se está enamorado.
Y Kagome lo estaba de él.
Aun así, decidió preguntar.
─ ¿Y Kikyo?
─Kikyo solo fue un polvo del pasado ─replicó él, sin atreverse a verla a los ojos de forma directa, a causa de la mentira.
Ella sonrió y lo atrajo hacia ella, para besarlo.
Volvieron a tener sexo una vez más esa madrugada. Ella totalmente entregada y feliz. Él culpable y apenado, porque le había mentido.
No pensaba alejarse de Kikyo.
CONTINUARÁ
Gracias por seguir leyendo y eso que les he mentido, pero he tenido una excusa. Ni siquiera he podido sentarme a festejar el aniversario del Circulo Mercenario.
A mediados de julio recibí un diagnóstico que algo que parecia muy grave ( tumor en la cabeza) y estuve mucho tiempo entre análisis y búsqueda de un hospital público adecuado, porque la operación no era algo que pudiere costear. Finalmente pudo determinarse que mi tumor en realidad, si es un tumor, pero benigno llamado Macroadenoma Hipofisario. Y aunque es algo delicado, no reviste la extrema gravedad que parecia al inicio y la operación de extracción es totalmente programable. Luego de eso me relajé y volví a vivir.
Por eso he tardado mucho, porque había dejado de escribir. Ahora lo he retomado con el inicio de un nuevo arco de esta novela: Kagome yendo a trabajar con Inuyasha en su compañia y Bankotsu iniciando su vil campaña de seducción.
Veremos que pasa con esto.
Les envió un besote, y espero en par de dias, la actu, es una promesa.
Gracias a mis bellas comentaristas: FRAN GARRIDO, YUMAIKA, Admin de uno de los grupos de Fics de Inuyasha más grandes, GUEST, SAV21, NITOCA, Flemy Speeddraw
