INUYASHA NO ES MIO, SOLO HAGO ESTO DE PURA DIVERSION.
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AMIGOS CON BENEFICIOS
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CAPITULO 9
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Kagome estaba en las nubes. Todavía no eran las nueve de la mañana y no había pasado ni media hora que Bankotsu se había marchado de forma sigilosa. Lo hicieron así, por recomendación de él, ya que, según sus palabras, todavía debían guardar las apariencias ante los demás, para no enfrentarse a preguntas. Yura podía ser muy entrometida.
Al menos con estas excusas, fue que Bankotsu convenció a Kagome de guardar silencio sobre los suyo, que no tenía nombre pero que tenía a Kagome en un estado tonto de ilusión total. ¿Hace cuánto que conocía a Bankotsu?, desde ya hace mucho y era evidente que ella llevaba tiempo enamorada de él. Solo tuvieron que pasar todas estas cosas para que ella se diera cuenta.
Con respecto a Bankotsu, ella ahora no tenía dudas que él albergaba el mismo afecto. Porque si no era el caso, él no hubiera venido de madrugada, a lanzarse a sus brazos para hacerle el amor como nunca nadie se lo había hecho antes.
Al recordar aquello, Kag se sonrojaba. Le vergüenza y pena que Bankotsu se hubiera dado cuenta que ya no era virgen. Notó por sus ojos que él había quedado sorprendido con la revelación. Menos mal que no le hizo preguntas, porque no quería ni tenía ganas de hablar de aquello. No valia la pena de todos modos.
Enseguida desechaba aquellos malos y ambivalentes sentimientos al volver a rememorar el increíble toque de la mano experta de él en su piel. Los besos húmedos en el cuello, esos tirones sensuales en partes de su cuerpo que no tenía idea que le podían gustar, la increíble sensación de tenerlo sobre ella, moviéndose violentamente en ocasiones y suave en otras. Oh, como le gustó la experiencia. Lo habían hecho dos veces aquella vez y ella quería repetir.
Pensaba en todo esto, mientras se preparaba el desayuno. Sólo café y tostadas con algo del dulce de melón casero. Dulce que comió con sumo placer, porque le recordaba a él. Era el dulce favorito de ambos, una de las tantas cosas que compartían.
Kagome sonrió.
Había dormido muy poco y todavía tenía que buscarse algo decente y limpio para ir a la entrevista laboral que iban a hacerle en la compañía de Inuyasha.
La hora la apremiaba, así que no tuvo más remedio que sacudirse la modorra, acabar el desayuno e ir a por una ducha refrescante.
Si ayer se sentía en un infierno, ahora se sentía en el paraíso.
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Bankotsu aparcó la moto en el pequeño garaje del chalet donde vivía. Arrojó las llaves sobre la mesada de la cocina y mientras avanzaba, iba quitándose la ropa. Primero la camisa, y luego los pantalones, dejándose solo los calzoncillos, arrojándose a dormir.
Ni siquiera estaba seguro de haberse cerciorado de haber cerrado la puerta con llave.
No sabía si estaba enfadado, emocionado o asqueado de sí mismo. Acerca de la granujada que le acababa de hacer a Kagome, y no se refería precisamente al desempeño sexual suyo, porque en eso él no creía tener problemas ni de ser fuente de quejas femeninas. Sino a la mentirilla "piadosa" que le había dado y conste que lo había hecho, no por alguna atracción que le tuviera, sino por una cuestión de territorialidad ante la inminencia de que ella acabara trabajando con Inuyasha.
Al asegurar a Kagome de este modo, también se garantizaba su fidelidad, porque ella, al saberse en una relación con él, nunca lo engañaría no caería en las redes embaucadoras de Taisho. La conocía demasiado.
Ella, antes de ser de su amiga con derechos, y más recientemente su amante, era su más querida amiga.
La sensación de ser una canalla lo volvió a asaltar con vehemencia, al recordar que no tenía intención alguna de abandonar a Kikyo y menos cuando estaba a poco de conseguirla. Finalmente, la posibilidad de tener a esa mujer estaba a la vuelta de la esquina, así que por más malvado que pareciera, no iba a dejar que sus sentimientos de cariño hacia Kagome le estorbaran en el objetivo.
Pasadas esas molestas sensaciones culpables, solo le quedaba una tremenda satisfacción. Había tenido a Kagome, en una situación como jamás había podido pensar que la tendría.
Era una mujer ardiente, sin perder el ápice de ternura y dulzura que la hizo vibrar entre los brazos de él. Nunca había imaginado aquella faceta de ella, tan entregada y cariñosa en el lecho.
Todavía se preguntaba con quién es que Kagome pudo haberse acostado antes de él y como fue que nunca se había enterado.
Dio un repaso mental rápido entre los noviecitos de Kagome que le había conocido.
No podía ser ese mojigato de Hojo, ese idiota solo pensaba que se podía tener sexo en el matrimonio.
Los otros era Ginta y Hakaku, compañeros del instituto, que no habían sido precisamente novios de Kagome, sino que habían tenido citas con ella. Además, siempre siguió conversando con ambos, manteniendo la amistad. Además, nos los podía imaginar en plan sexual con Kagome.
Por eso descartaba a los tres, y no tenía conocimiento de algún otro interés romántico que ella pudo haber tenido. Pensar en aquello, hizo que ojos empezaran a picarle del sueño. No había dormido nada y su cuerpo demandaba descanso.
Dormiría y ya luego pensaría con más claridad. Evidentemente la culpa no le impidió quedarse dormido de inmediato.
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Sango amaba su trabajo. Justo por eso, había estudiado psicología laboral para poder desempeñarse en áreas de recursos humanos, y junto con la experiencia que había recopilado en la compañía Taisho, podía decirse que era una excelente reclutadora.
Justamente por su honorable curriculum es que no podía evitar sacar un rictus amargo cada que vez que algún jefe o superior suyo le daba un nombre o una carpeta con las instrucciones de que debía pasar por alto ciertos requisitos y contratar a cierta persona.
Había pasado varias veces y no había cosa que Sango detestase más en el mundo.
Como esa misma mañana, cuando recibió una llamada del mismísimo Inuyasha Taisho, y éste le ordenó anotar el nombre de una joven que debía ser reclutada en cuanto se acercara y en preferencia en algún puesto cercano al de él.
Sango quiso replicarle que el puesto de vicepresidencia financiera requería de los colaboradores más idóneos y preparados. Inuyasha Taisho había sido tajante, recordándole que él era el dueño de la compañía y sus órdenes estaban para cumplirse y que ella no tenía nada que opinar al respecto.
Sango tuvo la tentación de decirle que en teoría la compañía era de su padre, no de él, pero tampoco valía la pena pelearse con alguien tan inflexible, y además su superior. No tuvo más remedio que obedecer, pero aun así tenía claro que no pensaba irse de rositas con la joven recomendada.
Leyó el nombre escrito. Kagome Higurashi. Ni siquiera tenía una carpeta con datos o algún curriculum valido. Estaba segura que era algún tipo de amante de Taisho, ya que todos sabían que el joven tenía una novia oficial desde hace mucho tiempo.
Todavía no la conocía y ya la detestaba.
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Giró la camioneta, siguiendo la ruta propuesta por el GPS para llegar a su destino. No es que no conociera la ciudad, solo que el tiempo que llevaba viviendo en la costa hacia que la mayoría de estos recuerdos se le fueran diluyendo.
Llevaba conduciendo varias horas y ni siquiera había avisado a Bankotsu de que venía.
Finalmente, luego de algunas vueltas, entró al viejo barrio. Uno que conoció muy bien y que no pudo evitar el sentir una profunda nostalgia. Había pasado los mejores años de su infancia aquí y eso no lo podía evitar. Cuestión que se acrecentó cuando llegó a la urbanización de casas blancas sin rejas ni murallas. Y cuando finalmente alcanzó la casa que buscaba.
La casa que había pertenecido a su querido abuelo y que ahora era de su primo Bankotsu.
HIten terminó de estacionar en el garaje abierto, donde sólo se veía la moto de su primo en el fondo. Si es que el muy bribón seguía durmiendo, todo este ruido acabaría despertándolo.
El joven apagó el GPS, tomó el petate con sus cosas y bajó.
La otrora casa de su abuelo seguía igual, incluso Bankotsu la había vuelto a repintar en blanco. Era imposible no empaparse de una profunda melancolía y nostalgia en ese sitio.
Mas Hiten se sacudió la cabeza, ya luego tendría tiempo para sentimentalismos, quería llegar y descansar un poco antes de salir a hacer lo que había venido a hacer.
Se acercó al porche a tocar la puerta, pero cuando iba a hacerlo, alguien abrió la puerta de forma sorpresiva, sorprendiendo a Hiten, topándose con la cara de Bankotsu, con todo el aspecto de haber despertado por el ruido de la camioneta entrando. Tenía mala cara, como de haber dormido bastante poco.
Los primos se miraron.
Hiten se echó a reír.
─Luces terrible
─Lo mismo digo ─replicó un soñoliento Bankotsu, haciéndose a un lado para Hiten pasara.
El invitado se limitó a pasar sin más, porque conocía aquella casa perfectamente porque había pasado gran parte de su vida allí.
Bankotsu cerró la puerta y se volteó a observar a su primo.
No podían negar que tenían la misma sangre por el impresionante parecido físico que tenían. Tenían la misma altura y porte muy erguido.
Hiten tenía el pelo un poco más castaño y los ojos eran igual de azules que las de su primo. También tenía la sonrisa más afable y sin duda, tenía mejor carácter que Bankotsu.
Fuera de eso, podrían pasar por hermanos.
Además de cercanos, porque fueron criados por el mismo abuelo. El padre de Hiten y el padre de Bankotsu eran hermanos, y habían sido muy unidos en vida. Desgraciadamente también lo fueron en la muerte, porque ambos fallecieron en el mismo accidente de coche. En el también perdió la vida la madre de Hiten.
Hiten tenían 10 y Bankotsu 11. Fue devastador y de allí, un suceso de catástrofes, porque la madre de Bankotsu cayó en una depresión profunda que la llevó a acrecentar la hipertensión arterial que sufría. Murió de un infarto pocos meses después que su marido.
Es por eso que ambos niños fueron criados por el abuelo paterno, el único pariente que seguía con vida en ese momento. El buen hombre acabó por criarlos, darles alimento, abrigo y educación. Lamentablemente el buen hombre falleció hace tres años, pero, aunque sus nietos podían ya valerse de sí mismos, de todos modos, dejó un legado para ambos.
A Bankotsu le legó la casa y a Hiten le dejó su camioneta y los ahorros del banco.
El viejo había hecho esto, porque conocía a sus nietos y sabía que Hiten le daría un uso sabio al dinero, cumpliendo el sueño de abrir un bar en la costa mediterránea con ello.
Hiten, además de eso era un excelente cocinero y él mismo preparaba las tapas que se servían en su restaurante.
─ ¿Qué tanto estás viendo? ─increpó Bankotsu
─No ha cambiado nada aquí ¿eh? ─adujo el aludido, bajando el petate sobre el sofá, recorriendo el lugar con la mirada, como si al hacerlo, también trajera a colación numerosos recuerdos.
No pudo evitar sentirse profundamente nostálgico.
Hiten era especialmente más sensible que su primo y de carácter más moderado, pero sin dudar también padecía del mismo tinte caliente en la sangre.
─Me quedo sólo hasta mañana, solo vine a cerrar trato por mobiliario y equipamiento para el bar. Estoy haciendo remodelaciones.
Bankotsu enarcó una ceja.
Sabía que Hiten era un muchacho laborioso, pero no imaginaba que le estuviera yendo tan bien. Se alegró internamente por él.
─Vale, hombre exitoso, ya me contarás sobre eso, ahora ¿quieres desayunar algo?
─Ya me conoces ─sonrió Hiten y como si una idea le asaltara agregó ─. ¿No tienes ese dulce de melón tan empalagoso que Kag preparaba ─pero al ver que su primo hizo una mueca, se apresuró a decir ─, ¿Kagome sigue en la ciudad, ¿verdad?
A Bankotsu le puso de mal humor que le recordaran tan pronto el nombre de la amiga que estaba traicionando. Además, Hiten le hacia esa pregunta con buenas intenciones, porque Kag también era amiga de Hiten y compartieron el mismo circulo cuando vivían en la misma ciudad.
Eran un grupo interesante, él, Bankotsu, Kagome, Ginta, Hakaku y Yura.
Hiten no podía evitar sonreír al pensar en la última citada. Aunque inmediatamente se ponía en plan hasta cabreado al ahondar demasiado en los recuerdos que Yura le traía.
Cuando Hiten se mudó a la costa, el grupo se cortó, pero cada tanto volvían a reunirse.
Ginta y Hakaku, alentados por Hiten se mudaron a la costa también, para instalar un taller de motos. Kagome, Bankotsu y Yura permanecieron en la ciudad. Aun así, seguían siendo amigos, aunque no hablasen tanto como antes con los que se mudaron a la costa.
Hiten sonrió cuando vio en la mesa que su primo estaba enlistando, un tarro con algo de aquel extravagante dulce. Era cierto que no era sus favoritos, pero llevaba tiempo sin probarlo, que hasta lo había extrañado.
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Eran pasadas las dos de la tarde, cuando Kagome Higurashi se hizo anunciar en la recepción principal de Taisho Enterprises. Si ya había quedado obnubilada por el impresionante edificio, por dentro correspondía totalmente a lo que podría esperarse por dentro.
Era enorme, con personas con impecable traje, portando maletines que entraban y salían.
En ese momento se sintió estúpida, ella venía a entrevistarse en recursos humanos y ni siquiera estaba segura de las actividades que realizaba la compañía. De hecho, ella misma no tenía ninguna noción del trabajo que podía desempeñar en un lugar como ese. Siempre había sido mesera o dependienta.
Mientras pensaba aquello, se le acercó una mujer muy elegante que había notado nota de su llegada en la enorme mesa de recepción.
─Señorita Higurashi, tome esto ─pasándole una credencial de visitante ─, vaya usted al 4to piso, al área de Recursos Humanos, la va entrevistar la señorita Sango Vieira. La está esperando.
Kagome tomó el broche que le pasaba la mujer y asintió.
─Gracias
Se levantó con la prestancia que podían sus nervios, estirándose la falda de tubo azul y acomodándose la camisa blanca.
Tenía miedo que notaran que era ropa vieja. Se había esforzado en plancharlo lo que pudiese para darle al menos un aspecto decente.
Tomó el ascensor y era consciente que muchas miradas se posaban en ella. Era evidente que su vestimenta no encajaba con la de los que entraban y salían de ese lugar. Eran más elegantes, tenían más prestancia y con mejor ropa.
Kagome procuró tragarse los nervios y estar a la altura de las circunstancias. Ignoraba en que podría consistir la entrevista que le harían y le aterraba pensar que la reclutadora se burlara de su nula experiencia. Pero es que tampoco deseaba la oportunidad que Inuyasha le brindaba. Él había sido tan amable el día anterior y le había dicho que desde hoy podía presentarse la hora que quisiese, y pidiera conversar en Recursos Humanos. Siguiendo aquella premisa, y tomando la palabra del joven es que había venido.
Cuando llegó al 4to piso, se acercó a la recepción y pregunto por Sango Vieira, la muchacha de impecable traje sastre le repasó la misma mirada despectiva que ya le habían dedicado más abajo.
─Espere aquí ─le indicó con voz desganada.
Kagome ni siquiera tuvo tiempo de sentarse, cuando ya la misma joven la llamaba.
─La señora Sango la recibirá ahora.
Kagome intentó sonreírle, pero la muchacha ni volvió a mirarla.
Se volvió a alisar la falda y entró a la oficina.
Cuando entró se topó con un sitio enorme y que agobiaba por los colores blancos, que daban una sensación de limpieza.
Una hermosa mujer, muy elegante vestida de beige, y el cabello castaño perfectamente recogido la miró de pies a cabeza.
Kagome se sentó, aunque ciertamente intimidada por la mirada inquisitiva y de inspección que le lanzó la mujer.
Era una mujer muy bella, que no pasaba de los 25 años, pero con un rictus muy serio.
─Gracias por recibirme, señora Vieira. El señor Inuyasha Taisho me dio el dato que usted podía entrevistarme y que. ─ allí mismo fue interrumpida por un gesto de la aludida.
─Ahórrese el discurso, señorita Higurashi, usted sabe que no hay tal entrevista, todo esto no es más que mero trámite. He recibido órdenes expresas de recibirla aquí, para tomar sus datos y hacerle firmar su contrato como asistente de vicepresidencia comercial ─adujo la mujer, con mirada fría, haciendo que Kagome se sorprendiera.
Sabía que Inuyasha había hecho algo por ella, pero sólo ahora era consciente de que no sería algo agradable para todos y la prueba era la frialdad de esta mujer que la veía como una trepadora quizá.
Kag, tuvo la primera idea de huir por orgullo, pero luego recordaba sus propias necesidades y la imperiosidad que tenia de un trabajo, que se quedó sentada y sólo hablaba cuando la tal Sango le preguntaba algo.
Y no había más que hacer salvo percibir el candente desprecio de la reclutadora.
Sólo cuando acabó el cuestionario y firmó un contrato que la mujer le extendió, comprendió al fin que acababa de obtener oficialmente el puesto de asistente de la Vicepresidencia Comercial, o dicho más claro, asistente de Inuyasha Taisho.
Sólo cuando se levantó para irse, Sango le recordó sin mirarla.
─Recuerde estar desde las 7 am mañana, sin demoras, para que puedan guiarla en sus tareas temprano. Nadie podrá ser niñera de usted, espero lo tenga claro.
Kagome se limitó a asentir ante tal agria petición,
Sólo cuando cerró la puerta, comprendió la dimensión de lo que había pasado.
Había sido contratada para trabajar de asistente del hombre que alguna vez, no hace mucho, había sido su amor platónico.
Que loco estaba el mundo.
Tuvo el primer impulso de sacar el teléfono y escribirle a Bankotsu, pero sabía que probablemente seguía dormido, no sólo a causa de aquel inesperado revolcón nocturno, sino porque estaría cansado a causa del trabajo.
No. Haría algo mejor, iría a buscarlo.
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Kikyo bebió un trago del exclusivo vino que había pedido con el almuerzo antes de contestar el mensaje de WhatsApp que le había llegado.
Ella había devorado la lasaña de salmón que le habían servido, en cambio Inuyasha apenas había tocado su plato de lomo al natural.
Asi como Kikyo había estado concentrada en su teléfono, Inuyasha lo había estado de ella durante todo el maldito almuerzo.
Tenían una cita en aquel exclusivo restaurante como todos los miércoles. Kikyo estaba indiferente y feliz. Inuyasha en cambio estaba callado y taciturno, principalmente porque no dejaba de asociar la cara de su novia con aquella terrible canallada hecha contra esa pobre de Kagome Higurashi. Todavía no podía creer que Kikyo fuera capaz de dejar sin sustento a alguien solo por celos o por dejar fuera de competición a una potencial rival.
Lo gracioso o triste es que el objeto de tantas molestias no fuera él mismo, sino otro hombre.
Lo peor es que seguía irremediablemente atraído hacia Kikyo.
¿Se podía ser más estúpido? Aparentemente no.
Pero al menos creía estar haciendo un poco de justicia con aquella pobre chica. Sabía que era todo un riesgo incluirla en las nóminas de la compañía de su familia, pero Kagome no lucia tonta y la veía completamente capaz de aprender las tareas que vayan a asignársele.
Se preguntaba si la joven acabaría aceptando la propuesta.
CONTINUARÁ
HOLIS, PERDON POR MI NUEVA TARDANZA, SE SUPONIA QUE YA NO DEBERIAN DE HABER TARDANZAS, Y ESPERO PODER NORMALIZAR MIS ACTUALIZACIONES A SEMANALES COMO TENIA PREVISTO.
MUCHAS GRACIAS A TODOS POR SUS AMABLES PALABRAS.
BESOTES A MIS COMENTARISTAS AZZULAPRINCESS, SAV21,ASIA12 Y YUMAIKA.
NOS LEEMOS EL DOMINGO.
LOS QUIERE, PAOLA.
