INUYASHA NO ES MIO, SOLO HAGO ESTO DE PURA DIVERSIÓN.

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AMIGOS CON BENEFICIOS

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CAPITULO 10

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─ ¿Qué hay de nuevo en ese bar donde trabajas? ¿aun lo sigue regentando Jakotsu? ─preguntó risueño Hiten.

Bankotsu se rió.

─Si, pero creo que ha cambiado de dueño como dos veces desde la ultima vez que anduviste por aquí.

Hiten miró su botella de cerveza. Habia terminado desayunando con su primo, y luego pasado el tiempo charlando de temas del pasado, que la hora del almuerzo les había caído encima.

Hiten se ofreció a preparar unos filetes que ambos primos devoraron. Bankotsu, por, sobre todo, ya que difícilmente podía saborear comida casera.

─ ¿Y Kagome? ¿sigue en el bar?, y si mal no recuerdo también tenia otro trabajo ─preguntó Hiten, recordando con cariño a su amiga ─. Perdí su numero hace un buen tiempo, y luego olvidé volver a pedirlo, es que el bar me tiene como loco.

─Kagome ya no trabaja en el bar. Fue despedida, y no me preguntes que es una larga historia ─reconvino Bankotsu, recordando los penosos sucesos del día anterior.

─Sabes que ahora que puedo permitírmelo, siempre será bien recibida en mi bar ─manifestó Hiten

─Te tomo la palabra, aunque ya sabes que ella vive aquí en la ciudad y tendría que mudarse a la costa, no sé qué tanto ha de agradarle la idea ─adujo Bankotsu sorbiendo un trago de la botella de cerveza, y poniéndose serio, recordando que Kagome le había dicho que aceptaría la propuesta de Inuyasha Taisho.

Hiten observó la mueca de su primo.

─ ¿Y que te molesta tanto?

─ ¿A que te refieres? ─adujo Bankotsu

─Pusiste mala cara, ¿te molesta que haya perdido el trabajo o que se mude a la costa?

─No es eso, es solo que…

Bankotsu tuvo el primer impulso de hablar con Hiten y pedir un consejo sobre lo que tenía con Kag, pese a que lo más seguro es que su primo le diera una bofetada por estar haciéndole una jugarreta a Kagome ¿pero con quien más podría hablarlo?

Igual la pregunta se diluyó cuando Hiten preguntó otra cosa. Una que Bankotsu sabía que para Hiten era como una molesta piedrecita en el calzado.

─ ¿Y Yura? ¿sigue trabajando en el bar?

─Si, lo sigue haciendo ─respondió Bankotsu, estudiando la cara de su primo mientras oía la respuesta.

Hiten y Yura.

Yura y Hiten.

Vaya historia la que protagonizaron en el instituto.

Pero los años habían pasado, ya suponía que todo debía estar olvidado y enterrado. Eran niñatos y Bankotsu nunca entendió que fue lo que había pasado allí. Tampoco tenía muchas ganas de meter sus narices donde no le llamaban. Y menos preguntarle a Yura, porque no creía que fuera una buena idea.

Igual cuando iba a levantarse a buscar otra cerveza, oyó unos pasos fuera y finalmente la puerta se abrió con impetuosidad.

Era Kagome, quien venía con una sonrisa pintada en el rostro, fiel a lo suyo de entrar sin golpear ni avisar. Como habían hecho casi siempre, ya que eran amigos con confianza.

Bankotsu odiaba admitir que ahora no era solo una amiga con beneficios, sino también su amante.

─ ¡Buenas tardes! ─saludó la joven, alegre, entrando de lleno a la sala.

Sólo allí la joven pareció percatarse de que Bank no estaba solo. Y estaba alguien que ella conocía y apreciaba mucho. Lucía un poco más maduro y serio, pero era Hiten.

─Hola Kagome ─saludó éste, levantándose al ver a su amiga, para darle un cariñoso abrazo fraternal.

Y mientras se cruzaban en aquello, los ojos de Kagome se encontraron con los de Bankotsu, que aún seguía frente al frigorífico. Ella le sonrió de forma cómplice.

No oyó los saludos que ambos se daban, entretenido como estaba viéndola con esa falda de tubo que nunca antes le había visto puesta. Además, el peinado de coleta le quedaba muy bien.

Tan dulce e inocente. Se sintió pésimo de recordar lo que le estaba haciendo. Abrió la lata de cerveza y se le bebió. Era mejor no decirle nada a Hiten y menos pedirle consejo.

Cuando los veía hablar tan animadamente, podía notar perfectamente que Hiten apreciaba mucho a Kagome, y no tomaría bien la niñería que le estaba haciendo.

Finalmente se acercó a ambos.

─Le estaba diciendo a Kag, que tiene que dejar lo que sea, pero que en tres meses os quiero en la costa. Haré una fiesta en el bar por mi cumpleaños ─expuso Hiten con una sonrisa ─. Tienen que probar los platos con peces frescos, aquí es imposible conseguir buenas tapas.

Kagome también le sonrió.

─Bankotsu, no podemos faltar al cumpleaños de Hiten. Nos debemos unas tapas de verdad ¿no crees?

El aludido sonrió y se sentó junto a ambos.

Solo unos minutos después, Hiten se levantó.

─Cielos, creo que debería irme, pero volveré para dormir. Tengo una cita con la gente que va a venderme el equipamiento.

Bankotsu también se levantó, para abrirle la puerta a su primo.

─Pásate al bar luego para enseñarte tragos de verdad, no esas aguas que toman en la costa o lo que sea que tomen ─invitó a su primo.

─Claro, luego de mi reunión, volveré aquí a ducharme e iré a ver lo que haces ─correspondió Hiten, ya yendo para la puerta y luego dirigiéndose a Kag ─. Que gusto volver a volver a verte, Kag.

─Por supuesto, Hiten, para mí también ha sido un gusto volver a verte, y ahora ya tienes mi número de teléfono, así que ya no es excusa para que seas un malagradecido.

─Claro ─adujo éste, tomando su chaqueta para salir.

Bankotsu y Kag se lo quedaron viendo, cuando Hiten iba hacia el garaje a tomar la vieja camioneta.

Era como antes, cuando estaba la pandilla al pleno. Cuando aún estaban todos juntos.

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Inuyasha Taisho acababa de regresar del largo almuerzo que había tenido con Kikyo. Menos mal la joven no le había insistido con tener sexo, porque estaba muy cansado, y no tenía ánimos para estos juegos.

Prefirió en cambio, volver a la oficina. Inuyasha Taisho todavía estaba en la universidad, donde iba por las mañanas, pero por las tardes realizaba oficina en la compañía familiar. Su padre había insistido tanto, y le había dado el puesto de vicepresidente comercial, de miras al futuro.

Era muy joven. Tenía 22 años y como siempre le recordaba su padre, él era el futuro de la compañía. Podría ser algo estúpido en cuestiones sentimentales, pero en negocios tenía la sagacidad de su padre.

Estaba tomando un café, mientras miraba unos reportes del departamento de exportaciones, cuando la ineludible voz de la asistente sonó en el intercomunicador.

─Señor Taisho

─ ¿Qué pasa?

─Lo busca la señorita Vieira del departamento de Recursos Humanos.

Inuyasha enarcó una ceja. ¿Qué podría querer esa mujer que no pudiera decirle por teléfono?

─Dígale que pase

Una vez autorizada, entró la mujer.

Sango era una mujer muy bonita, sólo un par de años mayor que Inuyasha, pero su juventud lo compensaba con una impecable seriedad.

─ ¿Necesita algo, señorita Vieira?

─Solo venía a informarle que se ha formalizado contrato con la señorita Kagome Higurashi, su recomendada.

─ ¿Y sólo a esto ha venido?, no era necesario venir hasta aquí a informarme de esos detalles, bien podría haberlo hecho por teléfono.

Sango, quien en ningún momento había tomado asiento, aunque Inuyasha no se lo había ofrecido, había dado un paso al frente.

─Es mi deber, como reclutadora del departamento, informar que la mencionada persona no reúne los requisitos que perfilan a una asistente y que…

Inuyasha la interrumpió allí mismo.

─Sé que intenta hacer lo correcto, señorita Vieira, pero no le corresponde decidir eso a usted. La señorita Higurashi será mi asistente y será entrenada por mi secretaria, y puede que incluso por mí mismo ¿es suficiente para usted?

Sango tragó saliva. No era tonta y sabía que se había pasado de la raya.

─Lo entiendo, señor. Perfectamente ─adujo la mujer

─Entonces, retírese a seguir con sus tareas ─reconvino Inuyasha, pero cuando Sango ya estaba tocando la puerta, alzó la cabeza para añadir ─. Y otra cosa, señorita Vieira, en el futuro no vuelva a importunarme con estas cosas, envíeme un correo o una nota con mi secretaria. No deseo volver a oír problemas relacionados con la señorita Higurashi o con cualquier otra persona que yo le haya recomendado.

Sango ni siquiera pudo parpadear.

─Claro, señor Taisho.

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Kagome cayó a un lado de la cama, cubierta de sudor y agotada.

Pero satisfecha y feliz.

Tendido a su lado, Bankotsu también lucia complacido.

Habían acabado de tener un rápido y sensual revolcón, en la cama de Bankotsu, y que había tomado por sorpresa a éste.

Kagome había llegado sorpresivamente, y apenas Hiten se marchó, prácticamente no medió palabras con el dueño de casa, para arrojarse a los brazos de él, enganchando sus piernas a la cintura del joven, besándolo con avidez y deseando más.

Bankotsu captó el mensaje, porque se le llevó directamente a la cama. Fue algo rápido, pero no por eso menos intenso, ya que él la había tomado con más fuerza que la primera vez que estuvieron juntos.

Y Kagome pudo sentirlo perfectamente. Antes de tenerlo a él, sus experiencias no habían sido agradables y eran recuerdos que prefería suprimir. Pero lo que había sentido con Bankotsu era diferente, cada fibra de su piel había vibrado ante el toque de las manos de él, del recorrido íntimo de su lengua o el trazado de sus manos inquietas.

Y esos besos. Por dios, ¡que besos!

Nunca antes la habían besado tanto.

Pero, por otro lado, el lado racional de Kagome la alertaba de que quizá todas estas ensoñaciones eran fruto de saberse enamorada de él, de ese amor que había brotado como manantial de ella al tocar sus labios. Como un cuento irreal e infantil, pero aquello había sido detonante para que Kagome se hubiera dado cuenta de que lo amaba, y lo amaba desde antes. Mucho antes.

Por eso se entregaba gustosa, y lo volvería hacer. Y probablemente se seguiría acomodando a cualquier otra cosa que él quisiera hacerle.

Él la estaba acariciando por debajo de las sabanas cuando le habló.

─Me tomaste por sorpresa, no sabía que venias

Ella se acurrucó más a él, con la intención de apretarse a su cuerpo.

─Es que estaba muy feliz y quería que fueras el primero que supieras la noticia ─y al ver que él enarcaba una ceja, añadió ─, Por cierto, que Hiten hubiera venido a la ciudad sí que fue toda una sorpresa.

Pero Bankotsu no le respondió lo último, porque estaba más interesado en saber cuál era la buena noticia de Kagome. Mentalmente rogaba que no fuera algo relacionado a Inuyasha Taisho.

─Empiezo desde mañana a trabajar en la compañía de Inuyasha Taisho ¿no te parece maravilloso?, ya no soy una indigente desempleada. Aunque si lo pienso, solo estuve desempleada por un día.

Bankotsu procuró con todas sus fuerzas tragarse el mal gusto que le supo enterarse de aquello.

Pero por el otro, tenía el consuelo de ganarle la pulseada a ese imbécil, por haberse adelantado.

Kagome estaba ilusionada. De forma imprevista y repentina iba a salirse del submundo laboral precario en la que siempre había estado inmersa y enfrascarse en un escalón más, en una carrera que antes hubiera sido impensable para ella.

No tenía estudios universitarios, pero si tenía ganas de aprender, y con ello podría demostrarle a esa tal Sango Vieira que tan mal la había mirado por ser una recomendada del dueño.

Y por sobre todo a Inuyasha, para no decepcionarlo, luego del esfuerzo que había hecho por ella.

Kagome cerró los ojos, sonriendo ante aquello, pero los abrió repentinamente al sentir que la sabana se le escurría, al sentirse destapada. Y lo primero que vio fue a Bankotsu levantándose, desnudo.

Buscaba sus ropas desperdigadas. Finalmente se puso el jean, porque no parecía encontrar la camisa.

Kagome parpadeó confusa, no entendía porque lo veía molesto.

─ ¿Ocurre algo? ─preguntó la joven, desconcertada

Él pareció tener un atisbo de cordura. No era lógico que se pusiera así, porque tampoco era idea, el ponerse al descubierto.

No es que tampoco se pusiera celoso. O eso creía.

─No pasa nada, Kag. Es solo que ya son las tres de la tarde, y debo ir preparándome para ir al bar. Tu ausencia se nota y mucho, y yo y Yura nos vemos con bastante trabajo.

Kagome sonrió. Con que solo era eso.

─Vosotros dos sois geniales y en pocos días ni notaran mi ausencia.

Bankotsu encontró su camisa en el piso y se lo puso. Ante la atenta mirada de Kagome.

─Kag, quiero decirte algo y no lo tomes a mal.

Ella se incorporó para escucharlo.

─Puedes decirme lo que quieras.

Bankotsu se volteó hacia ella. Es como si estuviera pensando lo que iba a decirle.

─Es mejor que no le digas a nadie…ya sabes…de lo nuestro. No se lo digas a Yura y menos a Hiten, o a cualquier otro amigo en común que tengamos ─paró al ver la mirada confundida de Kag, se apresuró en añadir ─. No creo que nuestros amigos estén listos para oír una historia nuestra, además los tendremos de entrometidos, metiendo sus narices y opinando de nosotros. No quiero eso, e imagino que tú tampoco. Al menos los primeros tiempos, quiero que esto, sólo sea de nosotros.

Al hacerlo, se acercó a Kagome de forma lenta y profusa, asegurándose de posar su mano en la suave mejilla de la joven, quien al delicioso tacto acabaría de ceder en cuanta cosa él le pidiera.

¿Cómo negarse al hombre que quería?

─Descuida, Bankotsu…no lo sabrán.

Él le pellizcó una mejilla, de forma condescendiente.

─Buena chica…

Kagome sonrió al verlo caminar hacia el baño. En verdad se le estaba haciendo tarde y tenía que ducharse para ir a trabajar.

Ella aprovechó para revisar su teléfono.

Vio un mensaje de Yura.

Eso le trajo a colación una cosa y alzó la voz para que Bankotsu, quien se duchaba en el cuarto de baño, pudiera oírla.

─ ¿Debería alertar a Yura de que tu primo anda por aquí?

─ ¿Qué dices?

─Que si debería avisarle a Yura que Hiten está en la ciudad ─repitió Kagome

Kagome no oyó contestación, porque segundos después, vio emerger a Bankotsu de la habitación, con una toalla enrollada en la cintura y otra más pequeña, secando su oscura cabellera.

─Kag, nunca tuvimos certeza de que lo que pasó allí. No sé si sea buena idea que metamos las narices

─Pero...

─No, Kag, ellos son adultos como nosotros, y sabrán arreglarse

─Ya me siento culpable con Yura por ocultarle esto y eso que le prometí hablarle de mis motivos de tantos cambios. Creo que tiene una sospecha sobre nosotros.

Bankotsu siguió vistiéndose, sin mucha turbación. El asunto parecía ya no interesarle, porque prefería desviar la charla a otro sitio.

─ ¿Qué vas a hacer en la compañía de Inuyasha?

Kagome se sorprendió por el cambio brusco de conversación, pero no se desanimó para contestar.

─Voy a ser asistente, Bankotsu ¿lo puedes creer?, yo una asistente. Ni siquiera tengo idea de cómo usar una agenda electrónica.

─ ¿Trabajaras para Taisho directamente o con alguien más?

─Si, aunque parezca algo déspota, pero me he prometido a mí misma que daría lo mejor y que Inuyasha no se decepcione de mí.

Bankotsu la miró, y siguió vistiéndose, pero la mirada que le había dirigido a ella fue suficiente para que Kagome entendiera que él estaba molesto.

La joven se levantó de la cama, enrollándose con la sabana, porque aún seguía desnuda y lo abrazó por la espalda, cerrando los ojos para disfrutar el contacto, y para que perfume de él se le impregnara.

─Inuyasha ya no me importa en ese sentido, quiero que lo sepas

Él correspondió el abrazo de Kagome, dándose la vuelta para volverla a estrechar entre sus brazos.

Ella lo hacía con mucha entrega, sinceridad y transparencia. Él, en cambio, no podía cerrar los ojos y entregarse al dulce contacto, por la tremenda culpabilidad que sentía.

Era un maldito gilipollas en toda regla.

Estaba manipulando a Kagome de la peor forma.

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Poco más de una hora después, Kagome regresaba a su departamento.

Le hubiera encantando quedarse con Bankotsu, pero él tenía que trabajar, además tampoco podían dormir juntos cuando él volviese, porque Hiten iba a pasar la noche allí, como ya le había avisado.

Dejó las llaves en el platito, colgó su abrigo y se sacó los zapatos para sentarse de forma cómoda en el sofá de la salita.

En eso, vio a Yura salirse de su habitación apresuradamente. Se estaba preparando para ir al bar y se le estaba haciendo tarde. Había tardado un poco más de la cuenta arreglando su cabello.

─ ¡Dios!, Kag, no te oí llegar ─adujo la mujer, recogiendo un par de zapatos.

Se le notaba que se había quedado dormida y se despertó recientemente. También llegaba tarde, y no quería tener problemas con Jakotsu.

Kagome la veía hacer mientras Yura buscaba llaves, volvía a entrar a la habitación por la chaqueta, el bolso y cualquier otra cosa que fuera recordando.

─Kag, sólo es el segundo día que voy al trabajar al club sin ti, y ya he perdido la cabeza…

Kagome sólo asentía.

Quería decirle tantas cosas a Yura. Le había prometido una charla y no había cumplido.

Deseaba poder advertirle que Hiten había venido a la ciudad, pero no estaba segura de cómo lo tomaría ella, y no quería desconcentrarla.

Prefirió decirle algo más feliz.

─Conseguí trabajo, Yura

La aludida, quien ya estaba con el bolso en el hombro y las llaves en mano, se detuvo al oír aquello.

─ ¡No sabes cuánto me alegra la noticia, Kag!, tienes que contarme todo ─y luego fijándose en el reloj del móvil, añadió ─. Podemos tener un desayuno tardío mañana. Yo invito. Ahora sí, me largo que se me hizo tardísimo.

Kag se limitó hacerle una seña y Yura salió disparando.

Iba a esperar unos minutos más para bañarse. Le gustaba sentir ese olor de Bankotsu en su cuerpo, como una sensación de excitante suciedad, condimentada por lo furtivo de su relación.

Él le había pedido discreción. Y Kag le daba la razón, en parte para protegerse de todas las preguntas de sus amigos. Un poco de peligrosa intimidad nos les vendría mal.

Decidió quedarse en el sofá, dormitando un poco más.

Ya después Yura entendería que el desayuno tardío no iba a ser posible, porque desde mañana comenzaba a trabajar en la compañía de la familia de Inuyasha.

Sonrió ante la idea. Se venía un desafío encima.

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Yura apenas tuvo tiempo de saludar a los que ya estaban en el bar, para luego correr a los casilleros a cambiarse por el delantal. Fue por ahí que Jakotsu le presentó a la nueva camarera, una pelirroja de rostro aniñado llamada Ayame. No debía pasar los 23 años.

─Tienes que entrenarla, Yura. Ayame está aquí para ayudarte.

¡Genial!, ahora estaría de niñera. ¿Cómo es eso de entrenamiento?

Para ser camarera no se necesitaban estudios especiales o algún conocimiento de física nuclear. Era servir mesas y ya.

Pero cuando quiso quejarse, el viejo cocinero la echó de la cocina.

─Muchacha, no estoy para oír letanías. Lárgate.

Bankotsu ya había llegado, pero estaba entretenido preparando la barra, porque el bar estaba a nada de abrir, así que no podía írsele con sus quejas.

Miró a la tímida de Ayame. Que remedio. No tendría más que enseñarle la tarea a esa pobre chica. Tenía que aceptar que Kagome estaba fuera.

En eso, los primeros clientes empezaron a llegar. Envió a Ayame a atender las primeras mesas, mientras ella cargaba en el ordenador las comandas para la cocina.

La mesa cinco había ordenado cuatro Daiquiris, asi que fue a pedírselos a Bankotsu, quien en pocos segundos hizo su magia preparando dichos cocteles.

─Aquí tienes, guapa ─le señaló Bankotsu, dejando las bebidas en la zona de bandejas para que Yura las recogiera.

Había estado tan estresada, que ni siquiera estaba segura de haber saludado en forma a su amigo o de haberle contado las buenas nuevas de Kagome.

Que trabajo más odioso.

Ayame no era mala, sólo que no estaba de buen humor y no era capaz de mirarla sin sermonearla por tonterías.

Que cosas, ya luego en la tranquilidad se encargaría de disculparse con aquella pobre muchacha y comenzar de nuevo.

Pero cuando fue a recoger unas copas vacías de una mesa, sus ojos chocaron accidentalmente a la mesa siete, una que Ayame había estado atendiendo.

Yura tuvo que frotarse los ojos. Porque podría ser que el sueño o cansancio. O el estrés le estuviere jugando una mala pasada. El hombre alto y sonriente de esa mesa tenía un aire sumamente familiar para ella. Pero no podía ser quien creía que era.

Finalmente, cuando Ayame se movió, pudo distinguir unos ojos azules inconfundibles que no podían ser de otra persona.

En ese momento la sangre se le subió a la cabeza al reconocerlo.

─Joder, ¿Qué carajos hace Hiten aquí?

Continuará

MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LEER.

BESOS A MIS COMENTARISTAS: GUEST, AZULLAPRINCESS, ASIA12, MI QUERIDA FRAN GARRIDO Y NENA TAISHO

EL MIÉRCOLES ACTUALIZACIÓN.

ES QUE ESTOY FIJANDO DIAS DE ACTU, LOS MIERCOLES Y LOS DOMINGOS.

LOS QUIERO MUCHO, PAOLA.