INUYASHA NO ME PERTENECE, HAGO ESTO DE DIVERSIÓN

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AMIGOS CON BENEFICIOS

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CAPITULO 11

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Yura corrió a esconderse en el baño. Hiten le había mirado y le había sostenido la mirada.

Incluso le había sonreído.

Y eso la joven no pudo aguantarlo. No importaban los años que hubieran pasado, Hiten era como esa molestia constante que no desaparecía.

Yura abrió el grifo, para lavarse la cara. También le debía una bofetada a Bankotsu, quien no había sido capaz de alertarle que su primo rondaba este lugar.

¿Qué demonios podría estar haciendo?

Tomó una de las toallas de papel para secarse. Era una mujer adulta a estas alturas, no podía tener estos arranques de niña pequeña, así que saldría, y le demostraría a Hiten que su presencia no le afectaba.

Sólo que, al salir, casi choca de bruces con Ayame, la nueva aprendiz de camarera, quien venía entrando.

─ ¡Cielos, Ayame! ¿pero qué haces aquí?

La muchacha nueva era muy tímida y parecía tener un miedo reverencial hacia Yura.

─Lo siento, Yura. Es que hay un cliente de una mesa, que me ha dicho que desea hablar contigo. Que puedes llevarle su pedido, y aunque le dije que eso no era posible, se puso insistente y la verdad no supe que hacer.

Yura frunció la boca. Era evidente que la persona que hizo eso fue Hiten. ¿Quién pediría por ella?

No podría ser ninguno de sus tantos ligues de una noche.

─ ¿Quién es? ─increpó

─Es el de la mesa siete, el hombre de ojos azules que tan parecido es al bartender ─aclaró Ayame

Solo eso necesitaba Yura para confirmar que era Hiten. ¿Qué se creía ese imbécil?

¿Qué ella le tenía miedo?

A pesar de que parecía haber tomado algo de autocontrol, no podía evitar que un recodo de sensaciones le recorriera la espalda.

Había conocido tantos hombres, pero aun así Hiten era probablemente el único que la hacía sentir de forma tan insegura.

Y no era de menos.

Ella era la chica más hermosa del instituto. La promesa de la belleza juvenil de aquella promoción. Y también era inocente, mucho.

Ya en esa época había forjado una gran amistad con Bankotsu, Kagome, Hiten y los demás.

Lo particular es que aquella joven Yura había sentido algo más que amistad por Hiten. Estaba enamorada de él, con la impetuosidad juvenil del primer amor. Dulce e inocente.

Antes del baile de graduación, se hizo pública la invitación que Hiten le había hecho a Yura para que se convirtiera en su pareja oficial de baile. Fue todo un suceso en ese momento, porque Hiten era un muchacho muy requerido por su atractivo físico.

Así que el asunto aquel había sido muy público y comentado en los pasillos del instituto.

Como resultado estaba una Yura muy feliz e ilusionada de que el chico que le gustaba le hubiera dado una sorpresa como ésa. Ya soñaba con el momento en la cual Hiten le diera el primer beso de su vida.

Esa noche, Yura y sus compañeras se engalanaron para la velada, pero más que nada Yura, quien ayudada por Kagome, peinó sus cabellos en guedejas y rizos. Se maquilló primorosamente y el vestido le calzaba precioso, gracias a su hermosa figura.

Pero lo que la hacía realmente bella y atractiva era ese fulgor inocente que salían de sus ojos.

Pero lo que se suponía iba a ser un encuentro de ensueño, se convirtió en una humillante pesadilla publica, porque Hiten nunca llegó.

Dejando sola a Yura, al arbitrio y escarnio público. Kagome la rescató de aquello, pero la vergüenza y el daño ya estaba hecho.

Kagome intentó consolarla, pero Yura estaba furiosa, rabiosa y humillada.

E hizo lo más vengativo que se le ocurrió, ya que al finalizar la fiesta y sin que nadie pudiera evitarlo, se marchó con el hermano de unas las compañeras del curso: Suikotsu, un hombre unos años mayor que ella, con quien ella se acostó esa noche, profundamente despechada.

En vez de haber dado su primer e ilusionado beso con el chico que le gustaba, había terminado acostándose y perdiendo la virginidad con el primer hombre que se encontró en el baile.

No quiso oir nada, y prohibió a Bankotsu y Kagome que le trajeran noticias sobre Hiten, aunque no pudieron evitar encontrarse un par de ocasiones más, más adelante.

Fue desde ahí que Yura empezó a forjarse el nombre de comedora de hombres.

No había tenido pareja estable desde entonces. De cara a la galería pareció haber hecho las paces con Hiten, pero no retomaron la amistad y menos la confianza.

Por eso a Yura verlo allí sentado en la mesa, con el descaro de haber preguntado por ella, le daba una profunda rabia.

Decidió limpiarse la cara y salir a encararlo.

Fingió sacar la libreta donde tomaba notas de pedidos de clientes y se acercó a la mesa de Hiten.

─Hola Yura.

─Pero si es Hiten Maxwells

El joven le sonrió, pero ella fingió toda la indiferencia y hastío posible.

─Me dice Ayame que quieres que yo te tome el pedido ─tomando el bolígrafo y sin mirarlo ─. Pues aquí me tienes, los especiales del día son bastones de pescado y calamares a la romana ¿Cuál te sirvo?

─ Siempre te voy a caer mal, ¿verdad?

─Cielos, si querías tener una nostálgica charla de cuando éramos niños, me hubieras avisado. Como ves estamos cortos de personal y con mucho trabajo ¿vas a ordenar o no?

─Me quedaré con los tragos. Me voy enseguida de todos modos. Solo quería saludar a una vieja amiga ─verbalizó él, con el rostro donde denotaba su decepción.

Eso fue el colmo para Yura. Guardó el block de notas en el bolsillo del delantal y decidió encararlo. No pensaba hacerlo, por estar en horario laboral, pero no podía ver la cara alegre y desenfadada de Hiten. Quería borrarle la sonrisa de la cara.

─Tu y yo no somos amigos. No tenías por qué venir a saludarme en mi lugar de trabajo y ahora, si me disculpas, tengo trabajo que hacer ─Yura le arrojó una mirada despreciativa antes de marcharse de aquella mesa, dejando a Hiten con la boca abierta por causa de su brusquedad.

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Hiten no tenía idea de que había venido a buscar, haciendo aquello con Yura. Ellos nunca volverían a ser amigos y eso era claro.

Era cierto que había venido a probar unos tragos de su primo, pero también a verla a ella.

Los años habían pasado, se habían visto y encontrado varias veces luego de aquella noche de baile. Pero era Yura quien se siempre se mostraba ofendida con él. Cuando debía ser al revés.

Él sabía su verdad. Se había preparado con esmero, alquilando un traje para acompañar a Yura al baile donde él mismo la había invitado.

A Hiten le gustaba mucho esa chica.

Fue cuando estaba a punto de ir al baile, una de las pequeñas vecinas del barrio, Abby tuvo un ataque de epilepsia. Hiten era el único vecino cerca, con la camioneta que era de su abuelo, que podía auxiliar a la pequeña.

En la adrenalina y desesperación, perdió su móvil.

Abby hubiera perdido la vida de no ser por Hiten. Igual fueron horas de desesperación, y cuando quiso darse cuenta ya habían transcurrido cuatro horas. Sin móvil, tuvo que pedir prestado el suyo a la madre de Abby e intentó llamar a Yura, pero ésta había apagado su teléfono.

Entonces llamó a su primo Bankotsu y le explicó lo ocurrido.

─Es una lástima lo ocurrido, pero ya da igual, mejor no vengas ─le advirtió su primo

Hiten le insistió tanto, que allí Bankotsu le contó que Yura decidió no esperarlo y se había marchado con un hombre.

Eso fue un baldazo de agua fría para él.

Recordaba la furia inicial que había sentido. La sensación de haber sido engañado y embromado por Yura.

No pudieron aclarar en forma las cosas, porque se sintió profundamente decepcionado. El tiempo pasó y los amigos en común que tenían, tampoco hicieron mucho por juntarlos de nuevo.

Ambos habían tomado malas decisiones e ido por el camino incorrecto. Ya no podía remediarse.

Pero aprendieron a coexistir y convivir.

En Hiten, luego de todos los pensamientos negativos que había tenido, le que había quedado una sensación de curiosidad insatisfecha por Yura. Por todo lo que habría podido ser y no fue.

Era evidente que no podría hacer las paces con ella nunca. Nunca podrían compartir un café a solas y hablar sobre aquello, a profundidad y en confidencia.

Eso es lo que él lamentaba, ahora que era más maduro y calmo.

Hiten bajó la copa vacía sobre la mesa. Sacó un par de billetes y los dejó sobre la mesa.

Tampoco se iba a quedar a lamentar y ser objeto de los desprecios de Yura. Él no había fallado, ella si.

Le hizo una seña a Bankotsu, quien servía en la barra, y se marchó.

Ni siquiera notó que Yura lo miraba marchar.

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Bankotsu recibió la seña de su primo justo cuando estaba sirviendo unas copas de vino a unos oficinistas que estaban en la barra.

Ya luego hablarían en la casa. Pero había notado perfectamente que su primo se había ido ligeramente contrariado con Yura.

Bankotsu entornó los ojos. Esos dos habían dejado pasar mucho tiempo sin aclarar las cosas y ahora eran víctimas de sus elecciones. Hiten por no ser claro y Yura por no esperarlo.

Luego de que se fueran los oficinistas, se acercó Ayame, la nueva camarera a traerle unas ordenes de Ron y otra de Horchata.

La muchacha tembló al pasarle la nota. Se notaba que era una jovencita sumamente tímida y huidiza. Y como era natural, había quedado sorprendida ante Bankotsu.

Eso no le extrañó al joven bartender, consciente de su atractivo físico y fiel a su estilo, no pudo evitar guiñarle un ojo. Era un tic automático que tenía con las mujeres.

La muchacha se marchó rápidamente, muy nerviosa por la cercanía del joven, y Bankotsu se quedó viéndola con una sonrisa divertida.

Cuando se giró, para recoger unas copas vacías, se topó de frente con la fría mirada de Kikyo, quien había llegado sin avisar.

El joven se sobresaltó al verla, porque no la esperaba. Además, que justo lo había sorprendido, cuando hacia una de sus tonterías de galancete.

─Kikyo…no sabía que venias

La joven se sentó en uno los taburetes altos de la barra.

─Mejor sírveme una copa de vino blanco

Bankotsu se apresuró en cumplir con el pedido de la joven, que seguía con la expresión enfadada en el rostro.

Uno nunca podía saber que reacción podía tener Kikyo y justo ahora que "habían retomado" su relación, no quería echarlo a perder tan pronto.

Le pasó la copa llena y Kikyo se lo bebió de un largo sorbo.

─Haz venido muy lejos de tu casa, solo para beber un vino barato como ése.

Kikyo lo fulminó con la mirada.

─ ¿Qué te traías con esa?

Bankotsu dejó la botella en es el estante.

─Por dios, solo fue un juego ¿no estarás celosa de una chica que ni siquiera yo conozco?

Kikyo le devolvió una mirada fría, y antes de bajar la copa vacía, paseó la mirada por el bar, que hoy no estaba atestado como los fines de semana.

Parecía buscar a alguien.

─ ¿Y dónde está tu noviecita?

Bankotsu se puso serio.

─ ¿Eso te importa? ¿Dónde está tu novio, por ejemplo?

Era evidente que Kikyo había tenido otro arranque posesivo solo por verlo flirtear con esa Ayame. Y también notaba que había llegado de sorpresa, para sorprenderlo con Kagome, ya que ella creía que eran novios.

Si Kikyo supiera.

─ ¿A qué viniste, Kikyo?, ya me has dejado en claro que nunca dejarás a tu novio y solo quieres tenerme de semental ocasional. Sin contar que tienes estos arranques de celos ─expuso Bankotsu, aprovechando que no había otros clientes en la barra.

La joven parecía morderse el labio, como si tuviera algo que decir, pero no estaba segura de cómo enfocarlo.

Se levantó del taburete.

─Quiero que acabes la relación que tienes con esa amiguita tuya. La tal Kagome.

Bankotsu enarcó una ceja. Esto sí que no lo esperaba.

─ ¿Y qué te has creído tu para pedirme eso? ¿acaso olvidas tu propia situación?

─No quiero que veas a otras mujeres

─Pues que mal ─repuso él, con una sonrisa burlona ─, tú te revuelcas con Inuyasha Taisho ¿Por qué yo no puedo hacerlo con otras también?

Kikyo se quedó muda por un rato y cambió su expresión altanera.

─Y si te dijera que pienso dejarlo, ya de forma definitiva.

Al oir aquello, a Bankotsu se le cayó el trapo que tenía en la mano. Eso sí que era inesperado. No negaba que eso había sido su ilusión, pero no imaginaba que podría convertirse en realidad tan pronto.

¿Qué le había picado a Kikyo?

─Y ¿si lo dejas qué? ─preguntó él, intentando no sonar desesperado ni que la ilusión por la noticia se le notase.

Ella lo miró enigmática con aquellos hermosos y profundos ojos negros.

─Te creía más listo, Bankotsu

El joven bartender intentó calmarse de la impresión de aquella noticia. Tenía que coger con pinzas el asunto con Kikyo, porque ella solo reaccionaba con manipulaciones.

─Pero te conozco, Kikyo. ¿Qué se supone que vas a hacer?, ¿de la noche a la mañana me convertiré en tu novio?, por dios, no me hagas reír.

Ella torció la boca.

─!Ya no quiero que salgas con otras mujeres! Y no quiero verte cerca de esa tal Kagome, así que acaba lo que sea que tengas con ella.

En ese momento, la culpabilidad se hizo presente en Bankotsu al oír mencionada a Kagome.

Porque recordaba lo que le estaba haciendo.

Kikyo le quitó de su distracción.

─Voy a darte la oportunidad que tanto quieres.

─ ¿Qué?

─Lo que oíste. Pero primero déjame terminar ese asunto con Inuyasha.

Bankotsu creía estar en una especie de sueño pesadilla. ¿En qué mundo era posible esto?

Kikyo acababa de decirle que iba a ser novia suya.

Pero que también debía alejarse de Kagome.

Lo que más quería era ser pareja de Kikyo, pero le aterraba la idea de soltar a Kag en libertad, frente a un cazador como Inuyasha, quien estaría más furioso que nunca con él, porque lo sabría culpable de la ruptura de su relación con Kikyo.

Parpadeó pensativo.

Finalmente levantó la mirada azul hacia Kikyo.

Solo tenía una respuesta para ella, ya vería como arreglarse con Kagome, después.

─Es un trato, Kikyo. No te atrevas a mentirme o te arrepentirás.

CONTINUARÁ

ESPERO NO SE HAYAN ABURRIDO, JEJE, EN EL SIGTE EPISODIO VEREMOS LAS MOTIVACIONES DE KIKYO, PORQUE DECIDE ESO.

LOS DIAS DE ACTU SON MIERCOLES Y DOMINGOS, Y ANDO CUMPLIENDO JEJE

BESOTES A MIS COMENTARISTAS: FRANGRARRIDO,SAV21, NENATAISHO,NITOCA, GIGIMORE

NOS LEEMOS EL DOMINGO.

PD: EN OTROS CAPIS RECIEN DESCUBRIRAN CON QUIEN PERDIO LA VIRGINIDAD NUESTRA KAG.

LOS QUIERO, PAOLA