INUYASHA NO ME PERTENECE, HAGO ESTO DE DIVERSIÓN

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AMIGOS CON BENEFICIOS

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CAPITULO 12

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Aunque Kikyo quiso tentarlo a pasar la noche con ella, Bankotsu tuvo que hacer malabares para esquivarla.

No porque no tuviera deseos, sino porque esa noche tenía como huésped a su primo. Igual era algo ridículo, porque cuando él llegó esa madrugada, ya Hiten dormía profundamente.

Y no era para menos, porque se marcharía por la mañana muy temprano.

A Bankotsu le costó conciliar el sueño. No dejaba de pensar en la directa propuesta de Kikyo y su severa intención de tener una relación más seria con él.

Que cortara con Inuyasha Taisho, su eterno novio, sería la señal concreta para eso.

No sabía si sentirse emocionado, porque estaba a punto de tener lo que más deseaba desde hace mucho tiempo o culpable, porque por el otro lado estaba Kagome.

Él no era idiota, se había dado cuenta que Kagome le guardaba unos sentimientos especiales más allá de la amistad. Tendría que ser ciego para no darse cuenta en la forma en que ella se aferraba a él, cuando estaban echando un polvo. El modo en que ella lo besaba y abrazaba.

Era evidente que Kagome gustaba de él, y había empezado a entrar en el peligroso terreno de las emociones. Cosa que él no hubiera querido.

No era para eso, que habían comenzado todo esto.

La sangre le hervía al recordar que ahora trabajaba codo a codo con Inuyasha, y las posibilidades que ese maldito pudiera aprovecharse eran aún mayores.

Mayores en caso de que él decidiera confesarle a Kagome que iba a iniciar una relación con Kikyo en forma oficial.

Kagome rompería la "relación "que tenía con él, ya que no tendría tener una amistad con derechos con alguien, si la otra persona tenía una pareja sentimental. Y por todo, lo que estaban pasando, sumado a los sentimientos que él sabía que Kagome albergaba, ella se alejaría.

Dejándola totalmente en las manos de Inuyasha, quien como depredador estaría cercándola, dispuesto a consolarla.

Así que por segunda vez decidió que no le diría a Kagome sobre esto. La primera había sido, solo poco antes, cuando decidió ocultarle a Kagome que Kikyo y él se habían convertido en amantes nuevamente.

Así que suficientes motivos tenía para sentirse un patán.

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Kikyo volvió a su mansión, poco después de las tres de la madrugada. La velada no había terminado como ella hubiera querido.

Se arrojó a su enorme cama, luego de arrojar sus exclusivos stilettos de Loubotin a cualquier sitio.

Se sentía terriblemente estúpida, por lo que acababa de hacer, pero que remedio.

Nada menos que ella, pidiéndole tener una relación con alguien de tan baja extracción social como Bankotsu. Pero se había visto obligada a hacerlo como último recurso.

Tenía que admitir que estaba muy obsesionada con él. Era un hombre de verdad en todos los sentidos. Kikyo era perfectamente capaz de vibrar entre los brazos de ese hombre, a diferencia de con Inuyasha.

Por eso no podía dejarlo ir. Y tampoco quería verlo cerca de Kagome Higurashi.

Kikyo había intrigado para que perdiera sus trabajos, pero no contaba con que Inuyasha vendría a ayudarla. Quien hubiera pensado que algo así podría ocurrir.

No era tonta y sabía que Bankotsu todavía no había cortado con ella. Las cosas se habían suscitado muy rápido como para pretender que algo así ocurriese. Pero Bankotsu nunca cortaría sus lazos con otras mujeres, a menos que ella pudiera ofrecerle algo más sustancioso.

Los celos, producto de su obsesión le habían jugado una mala pasada y al final había terminado por atracar a Bankotsu esta misma noche y dándole la propuesta.

Todavía que lidiar con otros aspectos menos agradables como cortar con Inuyasha Taisho.

No negaba que hace unos años, cuando lo conoció, Inuyasha le había gustado mucho. Y no era para menos porque era un hombre muy atractivo, pero Bankotsu tenía encima el estigma fuerte y varonil que lo hacía sumamente atrayente.

También pensaba que a su padre no le iba a caer bien que cortara con Inuyasha para empezar a salir con un cantinero. Kikyo cerró los ojos, pero volvía a abrirlos de inmediato, porque era evidente que no podría dormir a causa de lo que había hecho.

Había actuado precipitadamente y sin pensar. Todo lo contrario, a su esencia fría y racional.

La culpa la tenía Bankotsu, por lograr seducirla de este modo y por supuesto, también esa tal Kagome, quien era la culpable de ver socavada su autoestima, por su mera existencia.

Esa mujercita, causaba algún tipo de provocación en Bankotsu, que Kikyo no quería ni podía tolerar.

De solo pensar en ella, la sangre le hervía ¿Cómo era posible que en pocos días su mundo se trastocara de este modo?

Ahora no tenía más remedio que lidiar con las consecuencias de sus acciones impulsivas.

Entre los que se contaban, lo de formalizar con Bankotsu y romper con Inuyasha.

No necesariamente en ese orden.

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─El señor Inuyasha Taisho es el vicepresidente comercial de la compañía; y cumple sus tareas en oficina, en el horario de la tarde. Suele venir aquí pasada las dos de la tarde, y te corresponde a ti, mostrarle la agenda y asegurarte que siempre tenga agua minera Evian en el frigorífico ─explicaba la mujer, adentrada en años. Lo hacía en tono amable, lo cual era desconcertante para Kagome, porque siempre había pensado que las secretarias de los ejecutivos eran hermosas mujeres con piernas infinitas. Y pésimo carácter. Pero no era el caso.

Kaede era una mujer de poco más de sesenta años, de carácter tranquilo y bonachón.

Había trabajado de secretaria en la compañía, de todos los vicepresidentes comerciales que pasaron por allí durante más de 35 años, desde que el padre de Inuyasha fundara la compañía. Su falta de estudios lo compensaba con una entrega al trabajo, que durante estos años la hicieron insustituible, salvo ahora que estaba a días de jubilarse, por ende, entregaría su puesto a alguien más.

El propio Inuyasha la había alertado de que pensaba contratar una amiga en desgracia, pidiéndole que fuera buena con ella, y que le guiase. También le había acotado que Kagome, como ella misma, tampoco tenía estudios universitarios, sólo ganas de trabajar.

Eso hizo que Kaede le tuviere más empatía a la pobre joven, y por eso se tomaba el tiempo para enseñarle todo sin reservas.

─Agenda telefónica y agenda de reuniones, esos serán tus biblias desde ahora ─le indicaba Kaede, aunque entrecerraba los ojos para añadir ─. Aunque ahora los tendrás más fácil, porque los condensan en una tableta.

Kagome sonrió ante el detalle.

─Parece no gustarle la tableta, señora Kaede

─No es que no me guste, niña, es que creo que estas máquinas acabaran sustituyéndonos y no me gusta eso. Llevo más de 35 años escribiendo yo misma las agendas y nunca he perdido una cita o una llamada; pero esas condenadas tabletas apenas pierden wifi, y borran información ─contestó socarronamente la buena mujer, mientras le enseñaba unas fotografías desde la web de la compañía.

─ ¿Son los miembros del directorio? ─preguntó Kagome

─Si, y aprietas allí y te saltará la nómina principal de la compañía, así que intenta familiarizarte con los rostros principales.

Mientras Kaede le daba recorrido virtual por los rostros de la nómina principal, Kagome los estudiaba intentando retener toda la información posible, hasta que un rostro conocido le saltó.

─Ella es la licenciada Vieira…

Kaede asintió.

─Es la jefa de recursos humanos ─añadió la mujer, y al ver el gesto adusto de Kagome, agregó ─. No es mala persona, pero tienes que ganártela.

Kagome no respondió. No sabía que pensar sobre ello. No le gustaba moverse para agradar a una desconocida, que desde el inicio había dado muestras de no quererla allí.

─Ven, Kagome, te mostraré donde quedan los cubículos de este piso y los funcionarios que están allí.

La joven olvidó por un rato a la tal Sango, para dirigirse a seguir a la buena mujer, que se estaba portando muy amable con ella.

Hicieron un recorrido rápido por el piso, así como también Kaede le explicó las funciones de cada uno, para tenerlos en cuenta para llamadas internas.

Kagome ya tenía claro que para comenzar y hasta que Kaede se acogiese a la jubilación, estaría fungiendo de asistente. Si cumplía a cabalidad y pasaba la prueba de Kaede, seria promovida a secretaria de vicepresidencia comercial.

Kagome estaba muy contenta del ritmo que iba tomando la situación, porque no se esperaba que Kaede fuera una persona tan amable y tan proclive a enseñarle cosas.

Solo pararon media hora para almorzar en la cafetería de la empresa, luego volvieron a trabajar, con Kaede mostrando de forma paciente y Kagome absorbiendo los conocimientos como esponja, ya que estaba fascinada por el cambio rotundo de servir mesas a hacer esto.

Ya eran las dos de la tarde, cuando Kaede le avisó que iría un momento a buscar algo y Kagome quedó en la mesa de la Secretaría, dando toques a la tableta electrónica que Kaede le había entregado.

Estaba cargando datos y familiarizándose con el software de la compañía, cuando accidentalmente la botella de agua que había dejado sobre el escritorio chocó con su codo, ocasionando que el contenido de la botella se derramara sobre la tableta que Kag sostenía con una mano.

La joven se horrorizó y se incorporó de inmediato, intentando proteger el aparato.

─ ¡Oh por dios!

Como no tenía un trapo cerca, fue corriendo al lavabo a buscar toallas de papel, para intentar limpiar el desastre.

─Soy una estúpida ¿Cómo pudo haber ocurrido esto?

Justo, mientras la joven estaba en la faena, el sonido de unos tacones que repicaban hicieron acto de presencia.

Sango Vieira acababa de aparecer y había sorprendido a Kagome intentando limpiar la tableta mojada. No era necesario ser tan inteligentes para darse cuenta de lo que había pasado allí.

Kagome la vio y se limitó a dar una seña con la cabeza, por estar más ocupada intentando que la maldita maquina se prendiera, pero tal cosa no pasaba.

La tableta ya no se encendía.

Sango la miraba con ojos escrutadores.

─No quiero imaginar lo que hubiera visto si venia antes.

Kagome dejó la tableta sobre el escritorio, y no se animaba a mirar a la cara a Sango.

─Lo siento, fue un accidente.

Sango la detestó aún más por eso.

─Creo que es oportuno decirle que lo que acaba de hacer usted es pasible de una amonestación escrita

Kagome arrugó la frente. Fantástico, era el primer día y ya estaba cometiendo una tontería.

─Señorita Higurashi, sepa usted que, con el acumulativo de tres amonestaciones, eso le valdría el despido inmediato, porque la desvinculación se realizaría vía directorio con mi informe. Y eso ni siquiera el vicepresidente comercial podría detenerlo ¿sabe?

Kagome se horrorizó.

¿Pero qué otra cosa podría hacer?, además Sango tenía razón. Era una incompetente e infravalorada para el puesto al cual Inuyasha la había recomendado.

─ ¿Qué es lo yo no podría detener, señorita Vieira? ─la voz clara de Inuyasha irrumpió en el salón. Acababa de llegar, se había retrasado un poco, porque había estado reunido con su padre.

Sango se giró, procurando altivez.

─Solo ponía al día a la señorita Higurashi de las reglas de la compañía, en especial la de las tres amonestaciones presentadas vía directorio.

Inuyasha hizo acopio de toda de su sangre fría para calmarse.

No había cosa que odiase más que lo desafiaran en su propia empresa. Demonios, él era el dueño.

O al menos el hijo.

Sango Vieira podría ser una excelente reclutadora y una gran psicóloga laboral, pero parecía creer que las reglas estaban por encima incluso de él mismo.

Eso no podía tolerarlo, y más lo encrudeció el ver a Kagome llorando sentada frente al escritorio.

Le devolvió una fría mirada a Sango.

─Pida a Servicios Generales la reposición de una tableta nueva para la señorita Higurashi. Es solo un accidente lo que pasado aquí ─al oír aquello, la joven reclutadora se sorprendió, y más cuando Inuyasha añadió ─. Y otra cosa, señorita Vieira, le recomiendo que se ande con cuidado e intente no desafiarme ¿de acuerdo?, porque no está de más recordarle que existen también los despidos por orden ejecutiva, en este caso, yo puedo hacerle los honores.

Sango se sorprendió ante la abierta amenaza, y no tuvo más remedio que hacer un asentimiento y salir corriendo, haciendo repicar sus tacones en su huida.

El joven vicepresidente comercial la vio correr a toda prisa. Ya vería como tomar revancha de aquella mujer, tan insolente.

Solo ahí, Inuyasha se acercó a la llorosa Kagome.

El joven no pudo evitar sentirse conmovido con la joven. Solo era un accidente tonto, pero la joven actuaba como si hubiera asesinado a alguien.

─No llores, Kag, solo era una estúpida tableta

La joven se calmó, y se secó las lágrimas, incorporándose.

─Es que me siento una inútil, tu dándome una oportunidad de trabajo y yo creándote problemas con la directora de recursos humanos de tu compañía.

─Nada de eso, no me estas creando ningún problema ─le sonrió Inuyasha─, y ahora, señorita Higurashi, le recomiendo ir al lavabo a limpiarse la cara, o le aseguro que la señora Kaede la atosigará con preguntas.

Kagome sonrió, pero antes de que Inuyasha entrara a su oficina, volvió a llamarle.

─Inuyasha

─ ¿Si?

─Gracias por la oportunidad y …─y ante la inquiriosa mirada del joven, añadió ─. También es justo poner reglas aquí, y no quisiera propasarme contigo tratándote de modo tan informal, así que supongo que aquí serás el señor Taisho.

Él le devolvió la sonrisa.

─No hace falta tanta formalidad, Kag. Ante todo, te considero una amiga.

La muchacha no pudo evitar enternecerse ante las palabras de su jefe.

Sólo cuando él hubo entrado a su oficina, ella no pudo evitar arrojar muy despacio:

─Gracias Inuyasha…de verdad, gracias.

CONTINUARÁ

Muchas gracias por haber leído y espero no haberlas aburrido con este capi de transición que debió haber salido ayer.

El miércoles habrá nuevo capítulo para no perder ritmo, y prometo que será mas largo y donde veremos una decisiva situación.

gracias a mis bellas comentaristas FRAN GARRIDO, SAV21, AZZULAPRINCESS,NITOCA Y GUEST

LOS QUIERE, PAOLA.