INUYASHA NO ME PERTENECE, HAGO ESTO DE DIVERSIÓN

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AMIGOS CON BENEFICIOS

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CAPITULO 13

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─Tienen un sistema increíble, confieso que no lo entiendo del todo, pero es fantástico como puedo ver reuniones pactadas, avisos de llamadas y datos de empleados. Kaede me dio la función de entregar correspondencia a las otras oficinas, para que pueda familiarizarme con ellos, deberías conocerla Bankotsu, es una mujer muy amable.

─Ya ─respondía éste, pero entornando los ojos, aprovechando que Kagome no podía verlos.

Estaban desnudos, y Kagome se cargaba amorosamente al pecho de él.

Hace más de ocho días que la joven había ingresado a la compañía, y desde allí, nunca había tenido ninguna queja contra su nuevo trabajo, salvo elogios.

Podía tolerar la vida y obra de la tal Kaede, solo era una vieja.

Pero le costaba muchísimo, cada que Kagome le salía con un Inuyasha esto, Inuyasha lo otro.

Lo había pintado como un jefe muy comprensivo y paciente. Quien aparentemente no tenía problemas en meterse en entredichos con la jefa de recursos humanos de la empresa, solo por protegerla a ella.

─Es por eso que prometí dar mi mejor esfuerzo. Incluso el salario que percibiré es mucho mejor de lo que ganaba en el bar ─acotó Kag, y eso le traía una idea a colación ─. Por cierto, ¿Cómo vais manejando el bar?

Bankotsu cobró algo más de ánimo con el cambio de conversación. Toda charla que no incluyera a Inuyasha era bienvenida.

─La apañamos. La nueva camarera ha pasado el periodo de prueba, si vieras como la ha torturado nuestra Yura y por supuesto Jakotsu siempre te recuerda.

Ante la mención de su compañera de piso, Kagome cambió su expresión.

─Yura se había puesto muy triste cuando quedé desempleada y esperaba que se le subiera el ánimo con la noticia de que había encontrado un mejor trabajo ─Kag frunció la boca ─. Pero tengo sobradas razones para creer que la razón de su apatía tuvo que ver con la visita de tu primo, hace una semana.

─Es que ninguno de los dos ha contado algo jamás y no lo harán ahora que ha pasado tanto tiempo, y además contando el historial de Yura…

Kagome meneó la cabeza.

─Igual estoy algo preocupada por ella, y cada que intento sonsacarle algo, me esquiva el bulto

Bankotsu apreciaba a Yura, pero cuando se trataba de ella e Hiten, siempre iría a por su primo, no sólo porque eran familia, sino porque eran hombres y entre varones siempre debían apoyarse.

Además, él había sido testigo de lo que Yura había hecho. Si le tocara a él decidir, nunca la hubiera perdonado. Así que siendo así, no era capaz de alentar algún tipo de acercamiento entre ellos.

No tenía claro los motivos de su primo, y tampoco tenía planeado exhortarlos, así que ante los comentarios de Kagome prefirió callarse. No tenía nada que aportar.

Igual prefirió preguntar algo que tenía atascado.

─ ¿Inuyasha no ha intentado sobrepasarse contigo?

Kagome frunció el ceño ante la inesperada pregunta.

─Creo que ya sabes que Inuyasha no me interesa más de esa forma ─al decir eso, levantó la cabeza, para encontrar sus ojos con los de él y añadió ─. Y aunque lo hiciera, cosa que no creo que ocurra, yo no sería capaz de corresponderle.

Bankotsu se temía la continuación de aquella respuesta.

Kagome parpadeó los ojos algo nerviosa y sus labios tiritaron ligeramente cuando continuó: ─Quiero creer que te has dado cuenta de ya no te beso ni correspondo como una simple amiga con derechos, sino como...─Bankotsu no tuvo mejor idea que cortar lo que ella iba a confesarle, con un devorante beso.

Él se encargó de succionar sus labios, acariciándolos con su boca, de tal forma que ella olvidó lo que iba diciendo, para entregarse a lo que él quisiera hacerle.

En pocos segundos, Bankotsu volvía a subírsele encima. Prefería callarla de este efectivo modo y ella nunca se lo reclamaría. Sino que se entregaría a él, deseosa y feliz.

Y para que Kagome no volviera a salirle con alguna declaración inoportuna en medio del polvo, bajó una mano hacia el sur de la intimidad de Kagome, rascando suavemente el área, de forma experta y a sabiendas de la tremenda sensibilidad de Kagome.

Kagome ya no volvió a abrir la boca para decir algo, salvo para gritar a causa de la intensa sensación que le recorría el vientre.

Bankotsu respiró aliviado al no volver a oír ninguna declaración de parte de ella.

Es que no oír lo que sospechaba que Kagome sentía por él, lo hacía sentir un poco menos canalla.

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Poco después, Kagome tomaba el bus para regresar el piso que compartía con Yura.

Se acababa de separar de Bankotsu, porque éste insistía que debían mantenerse en secreto de Yura.

Así que habían aprovechado el momento libre que ambos tenían, que eran las tres de la tarde, cuando ella salía de la oficina y él ya estaba despierto, en el lapso libre que tenía antes de partir al bar.

Pero desde hace unos días que ya no se veían en el chalet de Bankotsu, porque éste le había dicho que tenía perdidas de cañería y lo estaban arreglando.

─El sitio apesta, Kag ─se había excusado él.

Así que a bordo de la moto de Bankotsu, acababan yendo a un pequeño motel de las afueras, que estaba como a 15 kilómetros. Y así lo estuvieron haciendo desde hace una semana.

Kagome creía que Bankotsu se tomaba todas estas molestias, para proteger su mentada intimidad, antes de poder revelar al mundo acerca de su relación.

Así que tomaba estas precauciones de forma romántica y soñadora, feliz y ansiosa de poder tener esos minutos con Bankotsu.

Se sentía amada al estar con él

Él podía hacerle el amor de forma suave y pausada, o hacerla vibrar de modo salvaje.

Ella adoraba ambos modos que tenía él de poseerla.

Porque para Kagome, ellos estaban haciendo el amor, que no era un simple polvo de los que se echan con cualquiera.

Kagome se arrojó a su cama, soñadora. Todavía tenía el traje azul que había llevado a la oficina.

Tenía motivos suficientes para mostrarse feliz, porque sentía que lo tenía casi todo.

Un inesperado buen trabajo con posibilidades de crecimiento como nunca antes había tenido y estaba envuelta en una relación con alguien de quien estaba enamorada.

Admitía que no habían comenzado de forma correcta, incluso con peligro de arruinar una amistad de años, pero a la luz de todo lo que habían pasado, a Kagome no podía importarle menos.

Ahora solo bastaba que el tiempo pasase y pudieran gritarle al mundo sobre su relación.

Sus ensoñaciones se cortaron con los toques en la puerta.

─ ¿Kagome, eres tú?

La joven se levantó, y se acomodó la falda.

─Sí, soy yo. Perdón que no he avisado que ya había llegado.

─ ¿Puedo entrar, Kag? ─pidió la joven tras la puerta

─Claro, pasa ─autorizó Kagome

Yura entró de lleno a la habitación. Ya estaba bañada y lista para marcharse a su jornada en el bar.

Como hace varios días, la usualmente alegre joven estaba más seria. Casualmente desde que Hiten visitara la ciudad.

─ ¿Cómo es que no te oí llegar, Kag?

─Quizá te estés quedando sorda ─se burló Kag, yendo a sentarse hacia su pequeño tocador a quitarse los restos de maquillaje.

Yura parecía estudiarla.

─ ¿Cuándo me vas a contar lo que realmente te anda pasando, Kag?, ya te había excusado que no me hayas contado el tema que tenías con Bankotsu, pero me vale.

Kagome fingió buscar unos peines en el cajón. No podía responderle eso a Yura, por el momento, así que decidió contraatacar con un tema que sabía que Yura no querría responder.

─ ¿Y tú, cuando vas a contarme que es lo que te tiene tan extraña? ¿acaso Hiten Maxwell y su visita tuvieron algo que ver?

Tal como Kagome preveía, eso hizo que Yura espabilara.

─Vale, está bien, te dejaré en paz. Ya quisiera saber por dónde que andas tanto luego de salir del trabajo, porque aquí no vienes. Y cuando finalmente llegas, lo haces cansada ─acotó la joven mesera, mientras se arreglaba un mechón del pelo, frente al tocador de Kagome.

Kagome le sonrió de forma tierna. De verdad querría poder contárselo, pero no era el momento.

─Me voy al bar, que ya me he comido un cuarto de hora, por intentar sonsacarte información y ni siquiera ha funcionado.

Kagome le hizo una seña con la mano, mientras veía a Yura salirse rápidamente.

Iría a bañarse, luego cenaría algo liviano, plancharía la ropa que llevaría mañana al trabajo, asegurándose de llevar ropa interior sexy, porque estaba segura de que Bankotsu lo vería.

Se metió a la ducha, cantando de pura felicidad.

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Bankotsu había llegado a su chalet.

Estaba cansado. No, lo siguiente en realidad.

Primero tenia cansancio moral, porque le había mentido, nuevamente a Kagome, acerca de las reparaciones de su chalet.

Y todo eso tenía que ver con la promesa que le había hecho a Kikyo de no volver a meter allí otras mujeres que no fueran ella. Además, uno nunca podría estar seguro de que Kikyo no lo estuviera espiando, así que no se arriesgaría a traer a Kagome a su casa.

No quería que Kikyo supiera que no cumplía con las condiciones que ella le había exigido. Y menos ahora, cuando estaba a punto de tener una relación oficial con ella.

Por eso usaba el recurso de los moteles baratos de larga distancia.

Además, tenían fijada la hora de la tarde, luego de las tres de la tarde, para verse.

Tenía que admitirse que tenía una resistencia fuera de lo común. En estos ochos días de idas, venidas y mentiras, no solo había tenido a Kagome, sino también a Kikyo, así que tenía arreglárselas para poder responder en forma.

Así que internamente, fuera de la culpabilidad por su canallada, se sentía orgullosamente satisfecho por su rotunda masculinidad.

Así que fue una sorpresa que Kikyo no le estuviere esperando en el chalet, como había estado pasando los últimos ocho días.

Tenían relaciones íntimas, hasta dormirse un poco, para que luego él se marchara al bar a trabajar.

─Que extraño ─se dijo Bankotsu, al no ver a la bella joven.

Luego revisó su móvil y encontró el motivo.

Kikyo le había escrito que no podía ir, porque forzosamente tenía que ir al club, a acompañar a su padre, porque el hombre iba a presentar su último libro de economía.

La joven le había prometido cortar su relación con Inuyasha en estos días, así que Bankotsu solo estaba esperando la confirmación.

Igual se sintió aliviado de no verse forzado a cumplirle a Kikyo. Estaba agotado, porque Kagome se había tomado más confianza y se estaba volviendo una insaciable.

─Que problema con las mujeres…

Dicho esto, empezó a desnudarse, camino al baño. Tomaría una relajante ducha, antes de irse al trabajo.

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Unos días después, en la oficina, Kagome recibió una llamada en el interlocutor por parte de Inuyasha.

─Señorita Higurashi ¿podría venir un momento?

La joven se apresuró en levantarse para acudir junto a su jefe, con seguridad de que la presencia de Kaede en el escritorio la cubría totalmente.

Cuando Kagome entró a la enorme oficina, Inuyasha estaba mirando unos documentos y levantó la cabeza sonriente al verla entrar.

Inuyasha la apreciaba mucho, porque Kagome lo sorprendía. Era una mujer sin estudios universitarios, pero que es esforzaba por aprender y encajar.

Además, era una mujer naturalmente amable y sonriente.

─ ¿En qué le puedo servir?

Inuyasha soltó los papeles que estaba mirando.

─Esta noche, vendrán unos inversionistas alemanes para una reunión que tendremos mañana en la sala de juntas, pero mi padre me pidió que los agasajáramos en una reunión formal en el club de campo de la villa ─comenzó diciendo Inuyasha.

Kagome, quien a esas alturas ya era bastante avispada, atinó:

─Comprendo, entonces deseas que contactemos con la empresa de catering, con el club y …─pero Inuyasha la interrumpió.

─De eso ya se han encargado los asistentes de mi padre, recuerda que es un evento de la compañía en general. Lo que yo quería pedirte es que nos acompañes. Ya sabes, para ser mis ojos en la velada. Kaede suele ir, pero ya me ha dejado claro que no irá, teniendo su jubilación en las puertas ─rió Inuyasha, recordando a la secretaria.

─ ¿Quieres que vaya? ─Kagome parpadeó confusa y de solo pensar en ese club se aterraba ─. Ni siquiera tengo ropa adecuada para ir…

─ ¿Solo por eso no deseas ir?, eso es algo que vamos a remediar. Díselo a Kaede y ella encontrará la forma de que estés lista para esta noche ─adujo Inuyasha y luego mirando el reloj, agregó ─. Por eso te libero, puedes irte, así te preparas. Mandaré un coche a tu piso a eso de las siete de la tarde ¿estamos de acuerdo?

─Claro, por supuesto ─se apresuró en contestar la joven, aun sorprendida del giro de los acontecimientos.

Tendría que cancelar su cita de motel con Bankotsu, porque debía prepararse para ir a un club, donde jamás hubiera soñado siquiera con pasar por enfrente.

No sabía si estar emocionada, horrorizada o asustada.

Igual tuvo el tino de sacar el móvil y avisarle a Bankotsu de la cancelación de la cita.

Por las indicaciones de Inuyasha, fue a pedirle ayuda a Kaede, quien aparentemente ya estaba al tanto.

─El señorito mismo me ha pedido que te busque un vestido adecuado ¿Qué te parece?, será uno de mis últimos actos antes de marcharme ─rió la buena mujer.

─No puedo creer que vaya a estar en un sitio como ése.

─Pues créetelo, niña. Además, estarán casi todos los jefes de área de compañía de la empresa, como Sango Vieira y como es un evento formal, irá la novia del señorito Inuyasha.

Al oír eso, Kagome abrió mucho los ojos. ¿Hace cuánto que no veía a esa mujer?

─Kikyo vendrá…

─ ¿Conoces a la novia del señorito? ─increpó Kaede, curiosa de verla con ese rostro desencajado al recordar a aquella chica.

¿Conocerla? Si Kaede supiera lo celosa que estaba de ella, porque esa mujer había sido alguien que le había gustado mucho a Bankotsu, sin contar que la creía indigna de estar con alguien tan bueno como Inuyasha.

De todos modos, no valía la pena volver a pensar en eso. Ya el universo se había encargado de volver a poner las cosas en su lugar.

Mejor prepararse para el evento y rogar a Dios que no metiera la pata.

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Horas más tarde, luego de una sesión de peluquería y un precioso vestido negro, cargado a cuenta de la compañía Taisho, llegaba al evento una Kagome muy nerviosa.

Estaba muy bonita, pese a la sencillez con la que se había peinado, con un maquillaje suave. El vestido era el coctel negro, de mangas cortas y las sandalias eran del mismo color.

A pesar de la formalidad del evento, no podía vérsela con un look deslumbrante, porque no dejaba de ser un evento laboral, donde su tarea seria ser los ojos de Inuyasha durante el evento.

No estaba del todo segura de que podría significar aquello, pero imaginaba que Inuyasha deseaba tener una mirada contralora que le avisara si algo estaba saliendo mal, tal como la había aleccionado Kaede.

Debía estar bien vestida, pero no destacar necesariamente.

Así que su entrada triunfal fue bastante discreta, ya su nombre estaba anotado en la recepción de seguridad, así que la hicieron entrar de inmediato.

El lugar estaba atestado de gente muy elegante y la mayoría de las damas vestían en color dorado, que era el color de moda.

Kagome paseó la mirada por el sitio, un enorme salón, donde estaban dispuestas varias mesas y un mesón gigante donde se había dispuesto el buffet libre.

La mayoría estaban parados disfrutando de la velada. Unos se atestaban de comida, otros de tragos y otros conversaban.

Fue allí que su mirada se encontró con la de Inuyasha Taisho, quien estaba elegantemente vestido con un traje negro a medida y le acompañaban varios hombres de aspecto importante.

Kagome reconoció a algunos como miembros del directorio de la compañía.

Inuyasha le sonrió.

Kagome no pudo evitar devolverle la amable sonrisa.

Ya viendo visto a su jefe y mentor, los ánimos de Kagome parecieron tranquilizarse, así que decidió que estudiaría el terreno, paseando por los diferentes grupos que se habían formado, saludando a muchos de sus compañeros de trabajo, los que estaban en el sitio eran de área, pero conocían a Kagome y la apreciaban bastante.

Incluso se había topado con Sango, quien bebía una copa de champagne en una de las mesas, y Kagome la saludó amablemente

La mujer apenas le hizo una seña, pero a Kagome no le importó, porque estaba decidida a derrochar amabilidad, no importaba que no se merecieren esa cortesía.

Finalmente fue hacia los enormes jardines, para echar un vistazo de la espléndida fuente de agua. La escultura era bellísima y Kagome no podía evitar sentirse encantada con el.

Además, el cielo y sus preciosas estrellas ayudaban a que el espectáculo fuera aún más bonito.

─Esto deber ser completamente nuevo para ti ¿no te sientes fuera de lugar?

Una voz la quitó de su encantamiento. Y era para mal, porque reconocía esa voz.

Se volteó para confirmar de que se trataba de Kikyo Sanders, luciendo hermosa y deslumbrante

Vestida con un ceñido vestido sirena de color rojo, que resaltaba su piel de leche cremosa y sus largos cabellos negros.

Kagome no tenía claro cómo responder el insulto. Tampoco podía ponerse grosera, porque Kikyo era la futura nuera del dueño de la compañía donde trabajaba y novia de su jefe.

─Solo estoy haciendo mi trabajo ─acotó Kagome, y luego bajando la cabeza, hizo ademan de volver adentro ─. Si me disculpa, debo volver.

─Que sepas que sé que eres una trepadora. No sólo te interpusiste entre Bankotsu y yo, sino que te vendes a Inuyasha como una mosquita muerta, y el muy tonto te buscó trabajo, ya que imagino que te echaron de los que tenías por incompetencia ¿verdad?

Eso hizo que Kagome parara su huida. Tenía unas ganas enormes de echarle una buena bofetada a esa mujer y decirle sus verdades. Que era una zorra y jugadora de hombres. Pero tampoco era el caso, cargarse la fiesta con sus desplantes.

Le había prometido a Inuyasha, colaborar en la fiesta con él. Así que no lo pensaba arruinar, solo porque Kikyo venía a provocarla montando un número.

─Que tenga un feliz, resto de velada, señorita Kikyo ─se apresuró en despedirse y se marchó, pero no hacia el salón donde estaban todos, sino que fue hacia el área de recreación.

Kikyo se quedó con una sonrisa maquiavélica en la cara, viéndola marchar. Solo le había bastado un par de palabras para arruinarle la noche a Kagome.

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Inuyasha estaba agotado, sumado a que había bebido una botella completa de vino.

Se había pasado la velada, conversando con los invitados y ya estaba cansado.

Tenía que admitir que el momento que más lo había emocionado fue cuando Kagome llegó.

No tenía un aspecto que resaltara ni tampoco era deslumbrante, en comparación a las mujeres de la velada.

Pero ninguna tenía el aire sincero e inocente de Kagome, y eso hacía que resaltara.

¿Dónde podría estar?, no la había podido ver mucho. O quizá no había podido notarla entre tanta gente que venía a hablarle.

Había venido con Kikyo a la fiesta y casi no habían cruzado palabra. La joven estaba malhumorada e Inuyasha no podía evitar sentir su presencia como cargante.

No dejaba de criticar a la gente o a la velada. Tampoco había dejado pie, para decir que la velada era un desastre, porque se habían invitado a empleados de la compañía, y era terrible mezclarse con gente de extracción social tan baja.

La típica cantinela de Kikyo, una que Inuyasha conocía muy bien, pero que de un tiempo a esta parte le venía cansando.

Decidió que quería tomarse un descanso de tanta charla, así que debía ocultarse en algún sitio, mientras volvía a cobrar ánimo. Así que bajó la copa de vino vacía que tenía en la mano y marchó para los jardines, porque sabía que si los cruzaba se encontraría con el área de recreación donde estaban las canchas de prácticas donde nadie lo encontraría.

Iba pensando en numerosas situaciones.

En la empresa.

Su padre.

Kikyo.

La universidad.

Kagome ¿Kagome?

¿Por qué demonios pensaba en ella?

La respuesta no era muy difícil. Porque probablemente Kagome era la mujer más transparente que conocía y eso no dejaba de llamarle la atención.

En el mundo donde él se desenvolvía se movilizaban auténticas víboras, como su propia novia.

Porque tenía que admitir que Kikyo era una serpiente. Él sabía perfectamente que ella había sido la artífice de que Kagome quedara desempleada.

En ese momento se sentía mal por Kagome, por ocultarle eso y también al recordar cuales habían sido sus ideas primigenias con respecto a ella.

Ideas que ya había desechado. Kagome no se merecía otra patanería en su vida.

Estaba muy abstraído en sus pensamientos, que no se había dado cuenta que ya no estaba en la cancha de golf, sino que había ingresado a la zona donde estaban las piletas olímpicas de natación profesional.

Solo acabó por darse cuenta, cuando dio un mal paso, fruto del agotamiento y del vino que lo mareaba, y acabó cayendo, sin que pudiera evitarlo, en la pileta más grande y honda.

Lanzó un grito, que se perdió en medio de sus desesperantes aleteos en el agua.

Y la situación era agobiante porque Inuyasha no sabía nadar, y no porque fuera un inútil, sino porque de niño había tenido un horrible trauma al ver a otro niñito ahogarse frente a sus ojos.

En ese momento, las imágenes de su infancia se le agolparon en la cabeza y le costó mucho lanzar un ¡Ayuda!

Pero quien podría oírlo, justo se le había ocurrido venir al área más despoblada del gigantesco club.

¿Es que iba a acabar muriendo de este modo tan ridículo?

En ese momento, sintió que alguien se arrojaba al agua rápidamente, dijo algo que él no pudo entender y en pocos segundos, la figura se le había acercado, había rodeado un brazo por el pecho de Inuyasha y lo llevó arrastrando hacia la orilla.

─Descuide, lo tengo ─le oyó decir.

La figura tuvo algunas dificultades para quitarlo afuera, por la altura y el peso de Inuyasha, porque quien lo había rescatado era menuda en comparación.

En ese lapso, Inuyasha abrió los ojos. No había llegado al punto de tragar tanta agua ni perder el conocimiento, solo estaba aturdido por el susto, el cansancio y el vino.

Lo primero que vieron sus ojos fue la cara preocupada de Kagome Higurashi, quien estaba arrodillada junto a él.

¿Ella había sido su rescatista?

─Kagome…

─Gracias al señor que estas bien ─adujo la joven, quien tenía un aspecto descompuesto por la preocupación que la inundó al ver a su jefe caer al agua, y luego ver que se ahogaba. Estaba completamente mojada como él.

Al verlo más repuesto, Kagome le dijo: ─Voy a avisar a tu chofer que te lleve a un hospital a que te revisen ¿quieres que informe a tu padre?

Inuyasha meneó la cabeza.

─No avises nada a mi padre, pero si dile a Billy que venga a ayudarme a salir por la puerta trasera, que nadie me vea en este estado. Así me regresa a mi casa, ya luego me explicaré con mi padre.

A Kagome no le convenció eso, pero no iba desobedecer a Inuyasha.

─Está bien, iré a por Bill ─adujo la mujer, incorporándose.

─Tú también vendrás, Kag…no pienso dejar que andes por aquí en ese estado. Sal por el portón trasero, y enséñales esto a los guardias ─Inuyasha le pasó una tarjeta magnética dorada, estaba mojada pero intacta y luego mirandola con gratitud agregó:

─Gracias Kag...

La joven le sonrió de forma reconfortante, tomó la tarjeta y asi descalza como estaba, marchó a cumplir la petición de Inuyasha.

Era evidente que la muchacha se había quitado los zapatos para arrojarse al agua.

Inuyasha quedó sentado en el suelo, empapado hasta la medula y aun sin poder creer que había estado a punto de perder la vida en un segundo.

De no ser por Kagome Higurashi, iba a morirse.

Por algún motivo la joven se había venido a refugiar a esta área, quizá buscando paz como él.

Su móvil se había roto, y su traje se había arruinado. Pero nada de eso le importaba en lo más mínimo.

Kagome acababa de salvarle de una muerte segura.

CONTINUARA.

Muchas gracias, que me he retrasado un dia, espero que el capi no esté con tantos errores ni dedazos que lo colgado de madrugada.

Prometo que el domingo volveremos con el sigte capitulo, porque esta semana me he retrasado y ya no quiero que vuelva a pasar.

También les queria contar que estaba mirando mi planeamiento y el fic tendrá 26 episodios, ojalá me sigan acompañando para cuando aquello.

Ahora si besos a mis comentaristas: FRAN GARRIDO, GIGIMORE, LARABELL,NITOCA Y SAKURA KUNOICHI NO POWER.

Las quiero mucho, nos leemos.

Paola.