INUYASHA NO ME PERTENECE, HAGO ESTO DE DIVERSIÓN
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AMIGOS CON BENEFICIOS
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CAPITULO 14
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Billy, el fiel chofer de Inuyasha, conducía por la avenida, luego de haber concertado un escape para su jefe y la asistente de éste.
Kagome había ido a avisarle del accidente, y Billy, quien conocía de la fobia de su patrón, concurrió de prisa a asistirlo, del modo más mesurado posible.
Todo ocurrió de tal modo, que no enteró casi nadie de la marcha del joven.
Sólo su padre a quien le preocupó aquello, Kikyo quien se enfadó bastante al saberse abandonada y también Sango, quien tuvo la casualidad de cruzarse con el grupo, cuando tomaban el coche de escape.
Mientras Kagome e Inuyasha entraban al vehículo, Sango, muy confusa le preguntó a Bill sobre lo que había ocurrido.
─El señor Taisho tuvo un accidente; afortunadamente la señorita Higurashi estuvo cerca para salvarlo. Le ruego discreción sobre esto ─le había dicho Billy
Sango se sorprendió con la noticia.
Esperaba oír cualquier otra excusa, pero había notado, cuando ellos pasaron junto a ella, el rostro preocupado de Kagome, pero por sobre todo las ropas completamente mojadas.
Al igual que Inuyasha.
Por ello habían optado por escapar por la puerta de servicio.
Sango lo vio todo y aun no salía de su sorpresa. ¿Qué podría ser todo eso?
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Fue gracias a la laboriosidad de Billy que Inuyasha pudo llegar en minutos a su casa.
Kagome, tuvo el primer impulso de entrar y seguir ayudando a su jefe y amigo, pero el sentido común la detuvo en el portón.
Inuyasha era su amigo y un jefe muy bueno, pero ella no podía tomarse esas libertades, así que atinó a quedarse frente al auto, mientras Billy e Inuyasha entraban a la casa.
El segundo, al notar que ella no los seguía, se lo preguntó.
─ ¿Por qué no entras, Kag?, no te dejaré que andes con esa ropa mojada. Podrías coger un resfriado ─pero Kag no se inmutaba, parecía incluso temerosa de estar en una casa como esa, así que Inuyasha la tomó del brazo ─. Entra, vamos.
Kagome se dejó llevar, en parte porque Inuyasha tenía razón. Las ropas mojadas eran muy incomodas.
Aun así, mientras entraban, la joven tuvo que hacer un gran esfuerzo para no abrir la boca ante tanta magnificencia. Solo el salón, finamente decorado, era dos veces más grande que el diminuto piso que compartía con Yura.
Del techo, colgaban arañas brillantes que Kagome nunca antes había visto, salvo dramas televisivos. Las pinturas que colgaban y los finos muebles beige era una demostración de lujo que la joven nunca había visto. Era imposible no sentirse deslumbrada ante tanto lujo.
Pensaba que Inuyasha le diría a Bill que la guiara a una habitación del servicio, para que pudiese buscar algo que ponerse, por eso la sorpresa al notar que la invitó a seguirlos arriba, subiendo por la escalera de estilo barroco.
Arriba había como 12 puertas.
─En una de las habitaciones de huéspedes, hay algo de ropa femenina. Puedes tomar la que desees ─señalándole la puerta ─. Puedes tomar una ducha caliente, y cuando estés lista, Billy te llevará a casa.
Kagome decidió que ya luego tendría tiempo de pensar en esto, porque en verdad deseaba tomar un baño y no pensaba rechazar la oferta. Así que sonrió a su jefe y se adentró en la habitación que Inuyasha le había señalado como una de huéspedes.
Era una habitación magnifica con muebles de color beige. Una cama con dosel y cortinas al juego. Tenía un enorme placard, y tal como el dueño de casa le había indicado, dentro encontró un par de ropa de mujer.
Kagome frunció el ceño.
─ ¿De quién podría ser esto?
Por un momento tuvo la idea de dejarlo, al pensar que podría tratarse de ropas de Kikyo, pero luego desechó la idea, porque no imaginaba a la bella mujer con camisetas y jeans, como los que estaban en ese mueble.
No era descabellada la idea tampoco, porque Kikyo era la novia de Inuyasha. Que no se lo mereciera era otra cuestión.
Finalmente cogió las mudas de ropa, las puso sobre la cama y entró al baño.
Era enorme y en consonancia de lujo con el resto de la casa. Encontró toallas blancas en el mueble del pequeño vestidor, asi como artículos de aseo, como jabón líquido.
Una vez que entró bajo el agua, había olvidado todo cuanto tenía alrededor, para pensar en la curiosa situación que la había puesto allí.
De cómo, mientras se lamentaba en un rincón, a causa de los insultos de Kikyo, había sido testigo de la caída accidental de Inuyasha, quien venía distraído aparentemente, a la enorme pileta.
Al principio iba a quedar como simple espectadora, porque imaginaba que Inuyasha era algún experto nadador, porque la mayoría de los chicos ricos siempre tienen cursado natación.
Pero en cambio, el pánico cundió en ella, al notar que Inuyasha no salía, y además aleteaba desesperado.
¡No sabía nadar!, y entonces su instinto la motivó a arrojarse al agua y sacarlo. Ni modo que lo dejara morirse frente a sus ojos. No iba a permitirlo jamás.
Y aunque ella no supiera nadar, igual pediría ayuda.
En ese momento, mientras aún estaba bajo la ducha, oyó el pitido de su móvil que estaba en el bolso. Era probable que fuera Bankotsu, que en estos momentos estaba de turno en el bar.
Kagome sonrió al recordarlo.
Ya se encargaría de responderle.
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Inuyasha había tomado una ducha caliente, y se había cambiado por un sencillo pantalón de seda negra y una camiseta blanca.
Estaba sentado en la punta de su enorme cama, pensando en lo que había ocurrido.
Todavía estaba algo incrédulo por todo lo que había ocurrido, que había estado a punto de morir y que había sido muy afortunado de que Kagome lo viera, y que ésta sin dudar se arrojara a salvarlo.
Que mujer tan increíble. Además de transparente y noble, era una dama muy valiente.
Es por eso que no podía evitar sentirse mal, por haberla incluido en un juego de manipulación, solo por molestar a Kikyo y a su maldito amante. Aunque en estos momentos no pensaba en ellos, sino en la valerosa acción de Kagome.
Y pensar que todo había sido originado por causa de su traumática fobia a la natación.
De niño había presenciado cuando su pequeño primo segundo había tenido un desafortunado accidente casero en la playa, donde vacacionaba con la familia al pleno. No sabía nadar y se había ahogado.
Esto había producido que Inuyasha nunca superara el miedo y el trauma a aquello, por ello nunca había aprendido a nadar, y por eso evitaba las piletas o piscinas. Aunque el dolor lacerante y la fobia como tal ya habían menguado, aún quedaba en él la horrible inseguridad así que estaba seguro que hubiera muerto esta noche de no ser por Kagome.
Eso le hacía recordar que luego tendría que explicarse ante su padre, de los motivos por el cual un vicepresidente comercial abandonaba una velada de agasajo a inversionistas.
Quería repasar mentalmente que otra cosa pudo haber olvidado con la huida repentina.
No tuvo que seguir pensando demasiado porque su puerta se abrió repentina y violentamente.
Inuyasha se incorporó y ahí la vio.
Era Kikyo y tenía el rostro furioso.
Si, ella era la otra cosa que había olvidado en la fiesta.
─ ¿¡Se puede saber porque te atreviste a dejarme plantada!?
Inuyasha no se extrañó que hubiera entrado de esa forma.
La gente de seguridad de la casa la dejó pasar, porque sabían que era la novia del dueño de casa, así que era usual que viniera.
Lo que no tenía animo era para soportar sus gritos y reclamos, así que se refugió mentalmente en otro sitio, mientras Kikyo le reclamaba.
─Tuve un accidente ─se limitó a acotar el joven, sin explayarse demasiado, porque tampoco estaba en animo de hablar con ella. Kikyo nunca entendería la pena de una fobia como la que él tenía, ya que solo venía a reclamar el haber sufrido un abandono público.
Kikyo recorrió la estancia, procurando tragarse la rabia que la laceraba. Pero más la enervaba era la tranquila reacción de Inuyasha, quien seguía sentado al borde de la cama, casi como si ella no estuviera presente.
Inuyasha no pensaba en ella ni en su enojo. Pero Kikyo decidió aprovechar la situación para plantear algo que tenía decidido hace tiempo y que le había prometido a Bankotsu.
─Voy a dejarte, Inuyasha
─Me parece bien, quiero dormir...
Kikyo entornó los ojos.
─No entiendes, lo que quiero decir es que voy a dejarte de forma definitiva. Estoy harta
Inuyasha pestañeó, comprendiendo finalmente lo que Kikyo le estaba informando.
Probablemente la reacción del Inuyasha del pasado hubiera sido ir y rogarle a Kikyo, pero tal cosa no ocurrió, porque el joven se levantó a coger un par de medias del cajón como si nada.
Pero el Inuyasha de ahora, hastiado y agotado, no había reaccionado como Kikyo había previsto. No estaba por la labor de rogar ni suplicar, porque se lo veía aterradoramente tranquilo.
Si Kikyo estaba harto, más lo estaba él.
De esa cansina espiral que los llevaba a cortar una y otra vez. Él perdonándole su publica infidelidad con ese cantinero de una forma tan humillante. Además de sus desplantes y descaros.
Y también la perfidia y vileza. Como había comprobado con lo que le había hecho a Kagome, quien no se merecía tal villanía.
Es como si su mundo con Kikyo le pasara frente a sus ojos, como un recordatorio de su humillante relación con ella y de que ya no sentía ese intenso amor o esa sensación de posesión que siempre le había tenido.
Si por Inuyasha fuera, Kikyo podría irse del demonio en este instante.
Él tampoco pensaba detenerla si ella quería irse.
─Me parece bien a mí también, que acabemos con esta farsa.
Kikyo abrió mucho los ojos ante el comentario.
Sinceramente no se esperaba que Inuyasha le replicara de ese modo, porque estaba habituada a las adulaciones de él, y mínimo esperaba que le rogara volver o que no cortaran.
Todo eso hubiera sido un bálsamo para el ego de Kikyo, pero tal cosa no estaba pasando.
En cambio, se topaba con un Inuyasha que esperaba que se largara.
Eso fue un golpe para el intenso amor propio y el ego de Kikyo, quien hubiera preferido el servilismo y las lisonjas del Inuyasha de antaño.
Así que Kikyo decidió informarle, a ver si golpeaba su seguridad.
─Que sepas que te dejo por el bartender ése, que ante cualquier circunstancia siempre será mucho más hombre que tú.
La mujer había dicho esto de modo vejatorio, esperando golpear el ego de Inuyasha.
Tal cosa no pasó.
Inuyasha seguía con su indiferencia.
─ ¿En serio?, pues cierra la puerta al salir.
Kikyo frunció la boca, enojada y salió raudamente de la habitación, cerrando violentamente la puerta.
Estaba enfadada, pero lo que vio acabó por helarla de sorpresa.
Kagome Higurashi, esa insulsa camarera que ella misma había hecho despedir, estaba parada frente a unas de las habitaciones de huéspedes. Y la miraba con suma sorpresa, y tampoco pudo dejar de notar que vestía diferente. Ya no tenía el mismo vestido de la fiesta.
─No pierdes el tiempo ¿verdad?
─No sé de qué hablas ─replicó Kagome, pero comprendía el insulto que Kikyo pretendía asestarle.
─Eres una mosquita muerta, porque no pierdes el tiempo en seducir a tu jefe.
Kagome abrió la boca para replicarle, pero Kikyo ya había girado por sus talones y estaba bajando raudamente las escaleras para marcharse. Se la veía muy enojada.
Kagome se aseguró que desapareciera, para acercarse a la puerta de Inuyasha Taisho.
Era consciente de lo que estaba haciendo no era correcto, pero Inuyasha era una buena persona, y ella no lo englobaba como un impersonal jefe.
Además, que aparentemente acababa de tener una pelea con Kikyo.
Dudó un poco antes de tocar la puerta.
─Inuyasha, soy Kagome ¿podrías abrirme?
En un momento oyó el rumor de unos pasos gráciles y la puerta se abrió.
Inuyasha se notaba cansado y no era para menos.
─Solo venía a decirte que me iba. Billy ya me avisó al móvil que ha preparado el coche y ya he dejado mis ropas en el cesto de la habitación.
Inuyasha asintió con la cabeza.
Kagome cobró ánimo para preguntarle.
─ ¿Está todo bien? Vi a la señorita Kikyo marcharse muy enfadada y temo que me vio al irse, así que es probable que haya pensado mal.
Inuyasha meneó la cabeza.
─No tiene importancia. Ella y yo hemos terminado.
Kagome lo miró escéptica, porque no sería la primera vez que cortaban.
─Ya no vamos a volver ─agregó Inuyasha, al notar la incredulidad en los ojos de Kagome.
─Lo siento mucho, Inuyasha…
El joven se frotó el puente de la nariz.
─Mejor vete a descansar, Kag, porque te lo mereces.
─Está bien, Inuyasha…nos vemos mañana ─dijo la joven, volteándose.
Solo la voz de Inuyasha la detuvo por unos segundos más.
─Estoy muy agradecido contigo, Kagome. Tomate el día libre, mañana, porque te lo mereces.
La joven sonrió y se marchó.
Inuyasha la miró irse, y no podía evitar sentirse conmovido e impresionado con la joven.
Tanto que no le importaba ni le dolía que esa misma noche y sólo pocos minutos antes hubiera acabado una relación con la mujer que más había querido.
O al menos eso se había convencido.
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Las dos de la madrugada en el bar, era un hervidero de gente.
Bankotsu apenas daba abasto, y tanto Yura como la aprendiz Ayame daban lo que podían de si para ofrecer un buen servicio.
El joven bartender, estaba terminando de entregar unas jarras de sangría frías a Ayame, cuando sonó su móvil, en señal de que estaba recibiendo un mensaje de WhatsApp.
Bankotsu sólo tuvo que ladear un poco su cabeza, para saber de qué se trataba de un mensaje de Kagome.
"Ya estoy en el piso. Voy a acostarme y morir. Mañana tengo libre, para poder vernos ¿Qué dices?"
El joven sonrió. Por supuesto que pensaba tomarle la palabra a Kagome, asi que le respondería apenas tuviese un momento de tranquilidad.
─Un whisky doble, por favor.
La voz de uno de los clientes de la barra lo devolvió a la realidad y se dispuso a preparar el pedido.
En eso volvió a sonar su móvil. Otro mensaje de WhatsApp. Que evidentemente seria Kagome.
Luego de servir el vaso al cliente, se acercó al móvil, para leer la vista previa del mensaje. Porque no quería que Jakotsu no sorprendiera manipulando su móvil en horas laborales.
Esperaba encontrar otro mensaje de Kagome, pero sin embargo se encontró con el de otra mujer.
Una que le encantaba. Era Kikyo y era muy raro que le dejase mensajes a estas horas.
"Lo de Inuyasha ya es un hecho"
CONTINUARÁ
Perdón que haya huído el domingo, es que tuve un viajecito y por eso no pude cumplirles.
Mis recuerdos a mis comentaristas: FRAN GARRIDO, SAV21,NITOCA,GIGIMORE Y GUEST
Perdón por los errores y los dedazos, ando mejorando.
LES ENVIO MUCHO AMOR, Y HASTA EL DOMINGO.
LOS QUIERE, PAOLA.
