INUYASHA NO ME PERTENECE, HAGO ESTO DE DIVERSIÓN

.

.

.

.

AMIGOS CON BENEFICIOS

.

.

.

CAPITULO 15

.

.

.

Los días habían pasado en la compañía Taisho y tal como está previsto, Kaede acabó jubilándose, dejando a Kagome como secretaria de vicepresidencia comercial.

Quizá al inicio, Kagome era un verdadero desastre, pero tal como lo preveía la propia Kaede, ella era muy rápida para aprender, así que pudo sortearlo todo, incluso la indiscriminada vigilancia de Sango, aunque había que admitir que ésta había menguado bastante, y eso era sorpresivo, porque Kagome ya se había preparado para tenerla como enemiga.

Kagome sabía que Inuyasha le había tendido un manto de protección, pero aun así necesitaba saber que ella podía sola con el trabajo, sin valerse de la amistad que tenía con su jefe.

La joven estaba tomando notas de las llamadas recibidas y paró de repente, al percatarse de donde estaba y como lo estaba viviendo.

De cómo su vida había dado un giro tremendo, con un trabajo que la hacía feliz y por el otro y no menos importante: su relación con Bankotsu estaba en la época más platónica de todas.

Habían acordado mantener la relación a salvo de los amigos en común, pero Kagome estaba cada vez más convencida de que la hora de revelarlo había llegado.

Prácticamente se veían todas las tardes, luego de que ella saliera de la oficina. A veces venia él en su moto e iban al motel de las afueras o aprovechaban la habitación de Kagome, cada que Yura salía.

Habían construido una exquisita rutina, y Kagome no podía evitar sonreír cada vez que recordaba la forma que Bankotsu la tomaba entre sus brazos, o en como la besaba hasta dejarla sin aliento.

Estaba convencida de sus sentimientos hacia él. Y aunque Bankotsu, no hubiera sido elocuente al respecto, también lo estaba acerca de los sentimientos de él.

Él antes que todo, era su amigo y nunca la engañaría. Kagome confiaba ciegamente en él, y no solo por el amor que le tenía, sino por esa amistad que tenían de antes.

En sus brazos se sentía querida y protegida.

Esa era una de las cosas que anhelaba de él y le gustaba. Y siempre había sido así, desde que se habían conocido en el instituto, cuando ella se mudó a la capital.

Kagome venia de vivir una mala experiencia y con una desesperada necesidad de protección, algo que siempre le había faltado. Pero Bankotsu estuvo allí para ella y no solo él, sino también Hiten, Yura y los demás.

Todos se encargaron de proporcionarle esa compañía y acompañamiento, todas esas cosas que ella siempre careció en su hogar desde la pérdida de su padre, ya que su madre había partido mucho antes de éste.

En ese momento, Kagome perdía toda la sonrisa, no solo por recordar a sus progenitores fallecidos, sino cuando recordaba cuales habían sido los motivos que la hicieron venir a esta ciudad.

Era algo muy triste, doloroso y penoso, pero Kagome lo había podido superar, no solo gracias a su gran entereza, sino al apoyo de estos nuevos amigos que la cuidaban y protegían.

Había optado por no revelar nada de su pasado, salvo lo básico. Pero no porque quisiera mentir, sino porque pensaba que la mejor manera de enterrar un pasado triste era no hablar de ello en su nueva vida.

Y había sido feliz todos estos años y ahora lo era más, porque estaba caminando de la mano de la primera persona que la apoyó. Ahora ya no era un amigo, era algo más.

Todo este asunto le hacía mucha ilusión.

Y pensar que todo había comenzado como un truco o trato para atrapar otras personas que les gustaban, pero terminó siendo un escaparate para exponer lo que de verdad querían ambos.

Kagome recuperaba la sonrisa al recordar su enamoramiento infantil y platónico hacia Inuyasha y de cómo esto, había mutado a convertirse en una preciosa amistad, basada en el apoyo y que incluso le había proporcionado a Kagome un nuevo medio de subsistencia, porque él la había ayudado a dejar de servir mesas.

Así que tenía que incluir a Inuyasha en el esquema de agradecimientos. Ella sentía que nunca nada sería suficiente para agradecerle todo lo que había hecho por ella.

Por el otro, no podía evitar sentir cierta pena por él.

Sabía que él y Kikyo habían terminado definitivamente, porque se habló de otra cosa en los pasillos. Todos los sabían y Kagome tenía el presentimiento que todo había ocurrido ese dia que ambas coincidieron en la mansión de Inuyasha.

Y, además, aunque Inuyasha se lo notaba aparentemente compuesto, ella estaba segura que en el fondo sufría, aunque esa mujer no se merecía su pena.

Gracias a aquello no había vuelto a verla y agradecía aquello. Tampoco podía evitar sentirse celosa, porque a Bankotsu le había gustado mucho esa mujer y se había tomado muchas molestias por ella en el pasado.

Pero tenía la confianza ciega de que todo aquello ya hubiera terminado. Y era asi, porque Bankotsu no sería capaz, a sus ojos, de engañarla de este modo.

Estaba en ello, cuando el intercomunicador sonó y detonó la voz de Inuyasha.

─Kagome ¿puedes venir un momento?

La joven se apresuró en levantarse para entrar de inmediato junto a su jefe.

Y mientras tomaba la tableta para llevarla con ella, vino llegando Sango de forma sorpresiva, como casi todas sus visitas.

─Señorita Higurashi

Kagome tragó saliva, porque no podía evitar sentirse incomoda con esa mujer, que además había sido muy inoportuna de venir, justo cuando Inuyasha la precisaba en su oficina.

─Señorita Vieira ¿la puedo ayudar en algo?

Contra todo pronóstico, la jefa de recursos de humanos tenía un aspecto tranquilo, en total discordancia de los primeros tiempos, cuando presentaba un aspecto arrogante y duro.

─Sólo quería decirle que me ha llegado el reporte de examinación de su desempeño ─Kagome abrió mucho los ojos antes aquella información, pues esperaba algún regaño, pero en cambio Sango había suavizado sus facciones ─. Solo quería decirle que las pasó usted satisfactoriamente.

Kagome no pudo evitar esbozar una sonrisa.

¿Era esto una ofrenda de paz?

¿Podría considerarse ya una no perseguida?

Tenía ganas de seguir conversando con Sango, pero Inuyasha la había llamado. Pero tenía el presentimiento de que la venida de Sango tenía otro trasfondo, porque no era necesario que una jefa de recursos humanos viniera en persona a dar un reporte de desempeño laboral, así que se haría tiempo de tener tiempo de conversar con la joven. Pero no ahora.

─Muchas gracias señorita Vieira ─levantándose con tableta en mano ─. El señor Taisho me ha llamado, pero si me permite, me gustaría poder hablar con usted después.

Sango asintió.

─Claro, señorita Higurashi.

Kagome volvió a sonreírle, antes de entrar junto a Inuyasha.

Cuando lo hizo, se encontró con un panorama usual en el joven, desde hace varios días. Serio, escribiendo o leyendo.

No era malhumorado, pero sí muy abstraído en el trabajo. Había dejado de bromear y hacia horas extras que nadie le ordenaba hacer.

Kagome sabía que intentaba sustraerse el dolor de la ruptura.

─Inuyasha

El aludido dejó de teclear en su portátil.

─Siéntate, Kagome. Me gustaría comentarte algo.

La joven se extrañó, pero obedeció.

─Dentro de un mes, va a inaugurarse una oficina de operaciones de la compañía en Berlín, porque se está negociando una fusión ─informó él y como Kagome se veía aun intrigada por aquella información, añadió ─. He tomado la decisión de dirigir esa oficina, mientras se dirima la fusión, por tanto, me mudaré a Berlín el tiempo que tome, que puede ser unos tres meses o poco más.

─Si te vas también tendrías que dejar la universidad a medias este año ─observó Kagome

─Si, dejaré en pausa la universidad hasta el año que viene. Necesito un respiro ─en ese momento Inuyasha pareció lamentar la situación ─. No tengo necesidad de ocultarte nada a ti, deseo irme lejos de Kikyo, ella y yo hemos terminado, y aunque pensaba que podría superarlo, toda esta maldita ciudad me recuerda a ella. Estoy decidido a quitarla de mi ecosistema y por ello me tomaré un tiempo en el exterior.

Kagome se sorprendió con la inesperada confesión.

─Entonces no está mal que tomes este viaje…

─No, y justamente por eso quería preguntarte si querrías unirte a mí a esa oficina, cumpliendo las mismas funciones de aquí con la diferencia de que será en Berlín. La compañía pagará tu estadía, al igual que a todos los otros funcionarios que se suscriban a ese contrato, así que puedes estar tranquila porque tendrás un piso para ti y podrás conocer un país diferente, porque imagino que no conoces Alemania ¿o me equivoco?

Kagome tuvo que esforzarse para no quedar boquiabierta ante tamaña propuesta.

Nunca antes le habían dado una tan seductora.

Pero Kagome sabía que no podía tomarlo. No cuando tenía su corazón aquí, aunque el viaje solo fuera temporal, sería demasiado tiempo lejos de Bankotsu. Además, estaba segura que a él no le gustaría verla en otro país, con Inuyasha, quien de algún modo siempre había sido su némesis.

La joven sintió necesidad de explicarse ante Inuyasha, porque él se lo merecía.

─Lamento tener que rechazar la oferta ─y ante la mirada extrañada de Inuyasha, añadió─. Tengo una relación con alguien, y no quisiera arruinarlo tan pronto; si ya sé que es poco profesional anteponer las relaciones personales antes que al trabajo.

─No te culpo, yo mismo estoy huyendo por causa de una relación personal, así que mal vendría a juzgarte por ello ¿y se puede saber con quién estas saliendo? ─esto último, el joven preguntó, porque sabía que Kagome había salido con ese mismo miserable que fuera amante de Kikyo y que supone era el actual hombre de ella, tal como ella misma se lo había echado en cara.

Por lo mismo, no esperaba que fueran el mismo hombre de nuevo.

Pero las suposiciones cayeron cuando Kagome dijo su nombre.

─Sé que no te cae bien, se llama Bankotsu, y fue compañero mío en el bar. Y antes de eso, ya era muy amigo muy querido por mí. Siento que te esto te traiga malos recuerdos, porque estoy consciente que él y tu tienen historia.

Inuyasha intentó disimular lo desagradable que le caía la información No solo porque Kagome hablaba muy bien de él y se notaba que lo quería. No tenía intención de lastimarla revelándole lo que Kikyo le había dicho, y más porque no se había asegurado de ello.

Así que tomó nota mental de averiguar si en verdad Kikyo mantenía esa relación con ese desgraciado.

Si era cierto, entonces el muy gilipollas mantenía una relación paralela con Kagome.

Y teniendo en cuenta el entusiasmo de Kagome, era evidente que él estaba engañándola sobre esto. Así que el joven se juró así mismo, llegar al fondo de esto.

─ No me vas a despedir por eso, ¿verdad?

Inuyasha pareció despertar.

─Por supuesto que no, Kagome. Pero, de todos modos, la puerta a Berlín estará abierta para ti. Y en caso que no desees ir, me aseguraré de que te asignen una oficina acorde a las funciones que has estado cumpliendo aquí.

─Te lo agradezco mucho, Inuyasha…y perdona por mi rechazo.

El joven se limitó a dar un gesto con la cabeza y Kagome salió, con una mezcla de sorpresa y de pena por haber rechazado aquella oferta.

Pero no era algo que le apeteciera en estos momentos. Ella no podría dejar a Bankotsu. No quería. Aunque le debiera tanto a Inuyasha.

Así que regresó a su escritorio a continuar con sus labores. Todavía tenía mucho trabajo y Bankotsu le había dicho que no podrían tener su cita de las tardes, que era más probable que fuera a visitarla, en hurtadillas, por la madrugada en su piso, porque había oído que Yura se estaba liando con un chico que iba al bar, que era la segunda vez que se marchaban juntos, y no al piso de Yura.

Así que había posibilidad de tener el piso para los dos solos esta madrugada.

.

.

.

.

Sango estaba tomando notas en su portátil, cuando de repente sus ojos quedaron fijos en la carpeta de reporte de desempeño laboral de Kagome Higurashi.

Independientemente de ser una mujer exigente, Sango era muy justa y tenía que reconocer el empeño que le había puesto Kagome en su puesto. Cuando Kaede se marchó, ella fue capaz de manejar la oficina, y no solo eso. Tenía una capacidad de relacionamiento con el resto del personal, era una mujer muy amable y servicial. Siempre estaba sonriente.

También tenía en mente lo que había pasado hace unos días cuando supo que Kagome había salvado a Inuyasha de salir ahogado. Si bien esta información no fue divulgada, ella había testigo, además que Billy había soltado la lengua.

Es por ello que ya no podía volver a ver a la joven con la imagen de zorra trepadora que se había hecho de ella.

Sango meneaba la cabeza. Había sido prejuiciosa y recelosa. Kagome Higurashi quizá carecía de formación académica o experiencia previa, pero suplía sus faltas con ganas de trabajar y aprender de buena gana.

Había sido grosera con ella. Por ello había ido a su oficina poco antes para hablarle de sus calificaciones positivas, pero también como un primer paso de su ofrenda de paz.

De todos modos, Sango determinó que le gustaría invitarle un café a la muchacha. Lo haría luego de acabar su turno.

Sería una excelente forma de zanjar las diferencias.

.

.

.

.

Varias horas más tarde, cuando ya las luces habían caído y los bares ya habían cerrado, una moto estacionaba en la apretada cochera del edificio donde vivían Kagome y Yura.

Bankotsu se quitó el casco, lo puso en el mango de seguridad y bajó.

Tenía una cita con Kagome y no iba a desperdiciarla.

Kikyo se había ido por tres días fuera de la ciudad, por causa de un congreso de la universidad, así que estaba liberado para verse con Kagome.

Generalmente se veían por las tardes, pero la joven le había insistido que viniera a su piso, porque no esperaba a Yura, que como él mismo Bankotsu le había contado, andaba liándose con un cliente del bar que no vivía en el barrio. Era el momento perfecto de aprovechar el lugar.

Bankotsu seguía sosteniendo la mentira de que su chalet seguía en reparaciones. Y Kagome lo había creído.

Podrían bien aprovechar e ir allí en ese momento, porque Kikyo no estaba en la ciudad para sorprenderlos, pero si hacia aquello, se caería la mentira, porque comprobaría internamente de que allí no había reparación alguna.

Las estaba viendo paralelamente a ambas y de forma secreta. Si bien Kikyo había cortado con Inuyasha, y eso toda la ciudad lo sabía, ella no pensaba presentarlo aun de forma oficial, por el que dirán de las personas.

Sería raro que empezara a tener otro hombre apenas hubiera cortado con uno. Eso es lo que le había dicho Kikyo.

Bankotsu no era estúpido y sabía que salir oficialmente con Kikyo seria todo un dilema siendo él un pobre bartender sin muchos recursos frente a una hermosa heredera.

Pero él haría el esfuerzo, porque después de todo, Kikyo había terminado las cosas con Inuyasha, así que valía la pena la espera.

Eran las tres de la madrugada y ella ya lo estaba esperando, porque al primer timbrazo, ya le abrió.

Bankotsu se quedó por un momento varado en la entrada, observándola, se la veía plena y feliz. Con su precioso cabello suelto y las mejillas sonrojadas. Vestía un diminuto pantaloncillo corto de seda rosa y una camiseta blanca que delineaba su figura.

Sus ojos brillaban y sin que Bankotsu pudiera esperarlo, Kagome se arrojó a los brazos de él, posando los brazos alrededor de su cuello, y enganchando las piernas por la cintura del muchacho.

─Te estaba esperando.

─Se nota que lo hacías ─quiso bromear él, pero ella lo calló con un beso.

El joven bartender saboreó los labios húmedos de Kagome, percibiendo un sabor a melón en ellos. Era evidente que la muchacha en su espera, se había estado dando un pequeño festín con aquel dulce casero que tanto les gustaba a ambos.

Pero al intensificarse el beso, Bankotsu no tuvo más remedio que entrar, sin soltarla nunca, para darle una patada a la puerta para cerrarla, para poder entregarse al placer de tener a esa mujer.

Era cierto que sentir aquel dulce le había abierto el apetito por aquella golosina, pero lo dejaría para más tarde.

En estos momentos, tenía más apetito por Kagome.

Como no estaba Yura, acabaron teniendo sexo sobre el sofá de la pequeña sala, incapaces de controlarse.

Ya luego, más tranquilos del deseo apremiante, Bankotsu la cargó en brazos para llevarla a la habitación.

─ ¿Tienes que trabajar? ─preguntó Bankotsu, acostado a un lado de la muchacha

─Mañana ingresaré al mediodía. Nos dieron libre por la mañana a todos, porque están preparando una mudanza a Berlín ─contó ella, recordando que varios de sus compañeros de la oficina de vicepresidencia comercial habían aceptado aquella travesía.

─¿Berlín?

─Sí, creo que te había comentado algo de eso ─refirió Kagome, aunque ella se había guardado el detalle de contarle de que había recibido un ofrecimiento de Inuyasha Taisho, para unirse a aquel proyecto.

─Ya lo recuerdo ─replicó Bankotsu, no dándole mayor importancia y cerrando los ojos, a su pesar.

Las consecuencias de una pesada noche en la barra junto a la sensual descarga que acababa de tener con Kagome le estaba pasando la factura y estaba por caer en un profundo sueño, cuando Kag, con sus manos inquietas lo incitaba a mantenerse despierto para ella.

Ella quería más y él no pudo resistirse. Finalmente acabó poniéndose encima de ella, para volver a penetrarla, esta vez con delicadeza.

.

.

.

.

Cuando Kagome se despertó, movida por el intenso olor a café ya eran poco más de las nueve de la mañana. Y había despertado sola, porque Bankotsu se había marchado antes de las siete.

La única que podría estar haciendo ese café era Yura y eso significaba que había llegado recién.

Fue al baño a asearse y luego salió a la cocina.

En efecto Yura estaba sentada en la pequeña mesada, con una jarra de café caliente y unas tostadas.

Al contrario de lo que Kag hubiera esperado, Yura no lucia cansada ni ojerosa, sino más bien fresca. Era raro porque se suponía que venía de pasar la madrugada con algún hombre.

─Buenos días, Yura.

La aludida levantó la cabeza.

─Podría decirte lo mismo ¿quieres café? ─ofreció Yura y Kagome no podía dejar de notar que la veía de modo perspicaz.

Kagome se sentó, tomó una taza limpia y se sirvió el café. Como era usual se había terminado la leche, así que no había más remedio que tomarlo así.

─ ¿Y cómo te fue anoche? ─preguntó Kagome, como lo hacía usualmente

Yura dejó el móvil, pestañeando.

─Nada especial, luego de salir del bar me vine para aquí

─Ya ─adujo Kagome, sin prestar atención, pero en ese momento tuvo una chispa ─. Pensé que ibas a pasar la noche con un tío que conociste.

─Esa era la idea, pero me volví enseguida…

─ ¿Y cómo a qué horas volviste? ─preguntó Kag, intentando hacer cálculos mentales sobre la hora que Bankotsu había llegado y como no había sido capaz de sentir la llegada de Yura.

Pero por como la miraba Yura, era evidente que algo sabia.

La bella mesera dejó su taza sobre la mesa.

─ ¿Cuándo me vas a decir lo que te traes tú con Bankotsu?

─ ¿Yo y Bankotsu?

─ ¡No me jodas, Kag! Que cuando llegué pasada las tres, ustedes estaban en plena faena en tu habitación. No estoy sorda ¿sabes? Y era evidente que habían echado otro polvo antes aquí en la sala, por el desorden que me encontré.

Kagome abrió mucho los ojos de la sorpresa. No esperaba ser descubierta por Yura.

─Yura, esto…es que…puedo explicarlo…

La aludida meneó la cabeza.

─Tu no me debes explicaciones de nada…pero me duele que no hayas confiado en mí para contármelo ¡por dios! Tú y Bankotsu, tenía que oírlos tener sexo para creerlo.

Kagome apoyó una mano en el brazo de Yura, quien no parecía muy contenta con la noticia.

─Es que decidimos mantenerlo en secreto por sugerencia de Bankotsu. Justamente temíamos una reacción como la que estas teniendo tu ahora.

─¡Y pensar que yo siempre te cuento todo! ─reclamó Yura

─Eso no es cierto y lo sabes ─contraatacó Kagome, en clara referencia a Hiten. Un tema tabú para Yura.

Yura respiró hondo.

─No estoy enfadada que te hayas liado con Bankotsu, sino que me pica que no me hayas contado sobre eso. Sois mis amigos y contrario a lo que Bankotsu te dijo, yo no los juzgaría.

─Iba a ser una sorpresa…

─Supongo que tendré que fingir sorpresa cuando hagan el anuncio público ¿no? ─sostuvo Yura, aunque su gesto ya se había relajado.

Ambas rieron con el comentario.

─De todos modos, me relaja que tú ya lo sepas. Esto era lo que quería contarte hace tiempo. Han sido días caóticos, porque ni siquiera podemos vernos en el chalet de Bankotsu, porque está en obras.

Yura enarcó una ceja.

─Que extraño. Ese cantinero del demonio no ha mencionado nada de eso…

─Da igual, no importa. Ahora que tú lo sabes, nos veremos aquí, no te importa, ¿verdad? ─preguntó Kagome.

─ ¡Por dios, Kag!, por mi pueden follar donde quieran, que no me pondré a juzgaros. Imagina que tu no lo has hecho con los tíos que traigo al piso para un touch and go.

Kagome la abrazó por toda respuesta.

─Gracias, Yura

─No me lo agradezcas. Por ti voy a fingir que no veo ni oigo nada y prometo desaparecerme cada que tengan su cita aquí.

Ambas amigas se abrazaron. Kagome estaba muy feliz de haberse revelado ante su querida amiga, y aunque Yura también se alegraba al ver a Kag, tan ilusionada, no podía evitar sentirse inquieta.

Ella era más intuitiva y experimentada con los hombres. Y menos inocente que Kagome.

Por eso era capaz de ver en las tretas de los hombres y sus excusas.

No sabía porque, pero tenía el presentimiento de que Bankotsu se guardaba algo.

Igualmente, no iba a arruinar la alegría de su amiga con esta alarma. Todavía.

Primero se pondría a averiguar si solo eran corazonadas equivocadas, engendradas por su mala experiencia en hombres.

Lo que si tenía claro es que no deseaba que Kag sufriera.

CONTINUARÁ.

PERDON POR LA TARDANZA, SE SUPONE QUE EL DOMINGO DEBI HABER CARGADO CAPITULO.

DISCULPEN LOS DEDAZOS Y ERRORES ORTÓGRAFICOS, JEJE.

EN EL SIGTE CAPITULO, VEREMOS EL INGRESO DE UN NUEVO PERSONAJE Y UN POCO DEL PASADO DE KAGOME.

AGRADEZCO A MIS COMENTARISTAS DEL ULTIMO EPISODIO: ASIA12 NITOCA SAV21

LES ENVIO UN ABRAZO.

PAOLA.