INUYASHA NO ME PERTENECE, HAGO ESTO DE DIVERSIÓN
.
.
.
.
AMIGOS CON BENEFICIOS
.
.
.
CAPITULO 16
.
.
.
Yura sabía, por causa de una dura experiencia personal con Hiten, que los malentendidos o mentiras nunca llegaban a buen puerto.
Podrían incluso destruir una vida o amargarla.
Ella había dejado un amor inconcluso con Hiten y era consciente de que nunca más podría recuperar ese nivel de inocencia y confidencia. Ella lo había traicionado demasiado pronto, sin esperarlo.
Era algo que le dolía como si fuera una infección en el cuerpo. Por eso desde que se instaló en ella la semilla de la duda sobre las intenciones de Bankotsu, empezó a vigilarlo con el rabillo de ojo.
Por supuesto, había sido fiel en su trato con Kagome y fingía que no sabía nada de las visitas de madrugada de Bankotsu.
En el trabajo, no le había descubierto nada, así que decidió que lo mejor sería seguirlo a su casa. En un horario en que le sería imposible verse con Kagome.
Un mediodía de un miércoles de un caluroso verano, fue que decidió seguirle la pista.
No llevó su viejo coche, sino en autobús, para que él no se diera cuenta. Yura observaba el viejo chalet, desde una esquina. Sabía que Bankotsu estaba dentro, porque la moto estaba aparcada en el garaje y ella podía verlo a través de las murallas bajas.
A prima facie, no notó nada nuevo en el viejo caserón. Se suponía que estaba en reformas y estaba casi inhabitable.
¿Cómo es que Kagome nunca había venido a cerciorarse de algo así?
¿Tanta era su confianza?
Yura miró por ambos lados y se acercó de forma sigilosa, caminando rápidamente para no ser notada y se infiltró por el portón, cuidando mucho de no hacer ruido alguno. No fue difícil para ella, porque conocía ese viejo pórtico y sabía que, si la movía de cierta forma, no hacia ningún tipo de sonido.
Rodeó la casa y siguió sin ver señales de obras ni reformas. Era evidente que allí no había ninguna.
Primera mentira comprobada.
¿Qué necesidad tenía Bankotsu de engañar a Kagome de ese modo?
Y además una falacia tan tonta, porque era fácil de comprobar su falta de veracidad.
Yura posó sus oídos por la puerta trasera. Primero no oyó nada, aunque después de unos segundos le pareció oír el gemido de una mujer.
Yura tragó saliva.
¿Habia oído mal?
¿Kagome estaba con Bankotsu?
Si era lo segundo, estaba haciendo un completo ridículo haciendo de soplona en este lugar.
Pero fue algo, un séptimo sentido el que le indicó que debía acercarse a la ventana de la habitación de Bankotsu.
Ella sabía cuál era, porque había estado en el chalet unos cientos de veces.
Así que se acercó.
La cortina estaba desplegada y no se veía nada a través de su telaje oscuro, salvo por una pequeña rendija donde se había corrido.
Yura abrió mucho sus ojos, presa de la sorpresa con lo que pudo ver.
Bankotsu yacía boca arriba con una mujer encima, que se balanceaba encima suyo. Ambos desnudos y en plena faena.
La mujer que estaba allí no era Kagome y Bankotsu la miraba deslumbrado.
Era Kikyo Sanders desplegándose sobre su amante, con una perfecta piel blanca cremosa y una cabellera oscura larga como perfecto contraste.
Yura no necesitaba ver más. Además, lo que acababa de ver la había dejado horrorizada.
Bankotsu estaba engañando a Kagome con Kikyo Sanders.
Quien sabe que otra oscura maniobra se ocultaba tras eso.
Yura se marchó corriendo de ese lugar.
Todavía no podía creer lo que había visto.
.
.
.
.
Kagome estaba en su escritorio, tomando nota de unas llamadas, cuando Sango se le había aparecido.
─ ¿Vienes a almorzar, Kagome?
La aludida levantó la mirada, portando una amable sonrisa.
─Si, solo cargo esto y nos vamos. Me apetece probar esa nueva ensalada fresca.
─Nada de ensaladas, no somos conejos. Iremos por un buen lomo ¿no te parece?
─Tu ganas más que yo, así que invitas tu ─bromeó Kagome.
La relación entre Sango y Kagome era ahora amistosa y casi fraternal.
Kaede había tenido razón sobre el buen corazón de la joven jefa de recursos humanos.
Sango había aprendido a ver la capacidad de Kagome y sus ganas de aprender. Que era una mujer honesta y buena.
Así que, a pesar de que no podría verse correcto por la superioridad jerárquica de Sango, ambas mujeres se habían vuelto amigas y salían a almorzar juntas todos los días.
Pero lo correcto no importaba, de por si Kagome ya era un caso extraño, porque era amiga de su jefe, antes que su empleada.
Kagome había descubierto que Sango era muy solitaria, así que se prometió que la integraría junto a Yura y estaba segura que las tres podrían llevarse bastante bien.
En eso Kagome cerró su tableta y se dispuso a coger su bolso, pero su móvil empezó a sonar.
─ ¿Vienes, Kagome? ─preguntó Sango, quien fue a esperarla en la puerta.
Pero Kagome se había quedado muda al ver el nombre en la pantalla.
Tardó varios segundos en contestarle a Sango.
─Tu ve bajando, que tengo que contestar esta llamada.
─Está bien, te esperaré en la recepción ─adujo Sango, antes de salir y tomar el ascensor para irse.
El móvil siguió sonando un poco más, hasta que Kagome al fin lo atendió.
─ ¿Miroku?
.
.
.
.
Inuyasha tampoco había desaprovechado sus días. Y así como Yura también había tenido interés en aquella relación entre Kagome y Bankotsu, él también lo tenía.
Tenía un presentimiento y pensaba desvelarlo.
Obviamente él no recurriría a los métodos de Yura de escabullirse en casa del novio de Kagome o acecharlo desde las esquinas. Al menos esto último, él no lo haría en persona, siendo que podía contratar a alguien para hacerlo.
Había oído que Kagome estaba para almorzar con Sango, quien por algún milagro se había reconciliado con su secretaria y ahora eran buenas amigas, que raras eran las mujeres ¿no?, se las tenían juradas por un rato, para olvidarlo enseguida.
Así que se aseguró de salir antes que Kagome, porque no deseaba que ella viera con quien iba a reunirse en una oficina de planta baja, que nadie utilizaba, y donde solía guardarse algunos archivos antiguos.
Inuyasha si lo utilizaba las veces que quería dormir una siesta o incluso lo utilizó alguna vez para complacer alguna fantasía sexual de Kikyo. Lo concreto es que poca gente sabía que él lo utilizaba, y más cuando no quería ser descubierto.
Tampoco quería que Kagome supiera que hurgaba en su vida privada.
La reunión que acababa de tener había sido corta pero esclarecedora. Había sido con el señor Camaro, detective privado que trabajaba para la compañía, tanto para hacer pesquisas laborales investigando a otras empresas rivales, como también para asuntos personales de los Taisho.
Camaro desplegó una tableta, donde tenía incrustada una memoria que contenía fotografías y videos.
─La señorita Higurashi, en efecto mantiene un romance con el señor Bankotsu Maxwell, cantinero del bar Shikon, un tugurio muy popular del centro. Eran compañeros de trabajo y amigos desde el instituto, según lo averiguado en las escuchas ─informó el hombre con voz impávida y profesional.
─Hasta ahí llego… ─apuntó Inuyasha, denotando su impaciencia.
Camaro tragó saliva, antes de seguir con su revelación. Temia como lo tomara su jefe.
─A su vez, el señor Maxwell mantiene otro romance con la señorita Kikyo Sanders ─esto lo último lo dijo con cierta precaución, y al notar que el rostro de Inuyasha no translucía sorpresa alguna sobre aquel nombre, siguió diciendo ─. Con la señorita Higurashi se ve en actualidad, en al menos tres madrugadas a la semana, y con la señorita Sanders, suele pasar todas las tardes. Incluso él ha pernoctado alguna vez en la mansión de ella, por supuesto sin que su padre se haya dado por enterado. Lo que he deducido es que la señorita Sanders aparentemente conoce sobre la relación entre el señor Maxwell y la señorita Higurashi, y se ha mantenido con cierta frialdad al respecto. Aparentemente la señorita Sanders tiene bastante estima sobre el señor Maxwell, una estima bastante obcecada y tozuda, que planea presentarlo alguna vez en público. Desconozco los motivos por el cual, la señorita Sanders, atendiendo su carácter, no ha reaccionado aun contra la relación entre la señorita Higurashi y el caballero en cuestión.
Los ojos de Inuyasha, para ese momento del relato, ya estaban henchidos de rabia.
─Esa basura no es un caballero ─gruñó Inuyasha, aunque enseguida pasaba a discurrir por el cual Kikyo permanecía tan pasiva, siendo alguien terriblemente celosa y posesiva.
Él conocía a Kikyo como nadie y sabia porque estaba haciendo esto.
─Ella planea golpear a Kagome, dándole a conocer sobre esto, cuando menos se lo espere. Para cuando el golpe asestado sea tan duro y de un dolor irrecuperable ─agregó Inuyasha, trémulo.
El señor Camaro no dijo nada sobre eso, porque le daba la razón a Inuyasha.
Inuyasha se sentó, mirando las numerosas fotos desplegadas en la tableta.
El señor Camaro creyó oportuno aclarar: ─Por supuesto, la señorita Higurashi no sabe nada de esto y según he deducido, ella ama al señor Maxwell, lo tiene en alta estima por haber sido su primer amigo cuando se mudó a la capital.
Inuyasha le hizo una seña que se detuviera.
Era evidente que Camaro había ido más allá e investigado bastante del pasado de Kagome, desde antes de venir a Madrid. Inuyasha prefería no saberlo, porque ya bastante mal se sabía investigando a su amiga, que confiaba en él.
─Está bien, Camaro. Déjeme la tableta. Y de por terminado esta encomienda.
El hombre hizo un saludo con la cabeza y salió, dejando a Inuyasha solo con toda aquella información.
El joven lanzó la tableta sobre la mesa.
Era una información que él ya sospechaba y seria abrumadora para Kagome.
Sus sentimientos se debatían entre alertar a Kagome y no hacerlo.
Porque también estaba el hecho que él nunca le había contado que sabía la verdad acerca de sus anteriores despidos. Sabía que Kikyo había sido responsable de ellos.
Y por supuesto, la primera gran mentira. Que se había acercado a ella, solo con un afán de venganza.
Por supuesto, todo había sido solo el comienzo, porque luego le había tomado genuina estima a Kagome, porque había aprendido a ver cómo era: una mujer valiente, sincera, amable y de buen corazón.
Fue imposible para él resistirse a una persona tan dulce y transparente. Aunque no negaba que bastante ingenua.
Su amigo Bankotsu y actual amante ya la había traicionado, y eso le rompería el alma cuando se supiera. Y que era evidente el plan de Kikyo, siempre tramando planes dolorosos para asestar a sus enemigos.
Pero Inuyasha también la había traicionado ¿Qué tanto derecho tenia él de acusar a otro, aunque fuera verdad?
Así que se pasó bastante tiempo en aquella abandonada oficina, cavilando acerca de lo que debía hacer.
.
.
.
.
Kagome almorzó con Sango en completo silencio. Ni siquiera había pedido la ensalada fresca que tanto había dicho que deseaba probar, sino que dejó que Sango ordenara sin retrucar.
Cuando ya iban por el café, fue que Sango ya no pudo disimular más.
─ ¿Qué es lo que te ha dejado en este estado?
Kagome pareció despertar de su lapsus.
─Lo siento, Sango. No quería estropear la comida de hoy.
La aludida la estudiaba.
─Si no quieres contarme lo que ocurre, no pasa nada.
Kagome bebió un trago de su taza.
─No es eso. Es que no me esperaba recibir una llamada de mi hermano.
─ ¿Tienes un hermano?, no sabía que tenía uno ─Sango enarcó una ceja.
Kagome suspiró. Sango era una nueva amiga, y lo que iba a contarle tampoco era secreto, porque Yura, Bankotsu y los demás también conocían a su hermano.
─Mi hermano mayor se llama Miroku y vive en Valencia, mi ciudad natal. No nos vemos mucho, desde que vine a Madrid. Salvo por esporádicas llamadas telefónicas, no sé mucho de él ─aclaró Kagome, pensativa.
Sango, quien era muy observadora, intuyó que detrás de aquella separación había alguna turbia historia. Tuvo mucho cuidado en las preguntas que haría.
─ ¿Y qué te ha dicho?
─Nada, lo usual. Sobre como estaba, si no me faltaba nada y lo más extraño, es que me preguntó si no me molestaría si venía a visitarme.
─ ¿Y es eso lo que te ha puesto en este estado? ¿acaso Miroku es una persona violenta?, no temas Kagome, puedes desahogarte si quieres ─se ofreció Sango.
─ ¡No!, Miroku es una persona muy dulce e ingenua. Es mi hermano y lo quiero mucho. Lo que me ha extrañado es su tono de voz, como si tuviera miedo de algo. Y me ha dado que pensar…no quisiera saber que ha vuelto a las andadas. Pero por supuesto que lo recibiré con los brazos abiertos, si viniera.
Sango pareció suspirar con más tranquilidad. Por un momento había pensado que el hermano de Kagome era algún personaje oscuro y violento del cual su hermana había huido.
De todos modos, Sango había deducido que Kagome sí que había huido de algo de allá de su ciudad. Solo que sabía que no era conveniente preguntárselo aún. Ya suficiente había tenido la joven con contarle acerca de su hermano, así que mejor no la presionaba más´.
.
.
.
.
Kikyo sonreía.
En su frente se había desplegado la mesa del comedor de su mansión. Se estaba sirviendo el desayuno y su padre aún no había bajado. Había dormido muy bien la noche anterior, porque había decidido que era hora de seguir avanzando con Bankotsu.
Estaba feliz porque estaba a punto de asestar un golpe a Kagome.
Bankotsu había sido ingenuo de creer que podían tener una relación, y al mismo tiempo él siguiera con sus escarceos con esa tal Kagome.
Cuando Kikyo se enteró, porque había hecho seguir a ambos, casi estalló en furia. Pero luego consiguió calmarse y ver cómo sacar algún provecho.
Estudió el carácter de Kagome Higurashi y los sopesó con los informes del detective privado que contrató para seguirla.
Había esperado encontrar alguna falla en ella. Drogas, sexo con otros hombres o algún antecedente de otras adicciones. En cambio, se topó con que la muchacha era una mosquita muerta.
Es por eso que había dejado que Bankotsu se siguiera acostando con ella y no se lo reclamó, porque sabía que el golpe más duro le seria asestado cuando esa pérdida supiera que su querido amigo y amante solo la estaba utilizando. Por eso los había dejado hacer, pero Kikyo ya no quería seguir prolongando esta tontería.
Decidió que hoy era el dia para abrirle los ojos a Kagome Higurashi, en lo que respecta a que nunca debía intentar subestimar a Kikyo Sanders ni intentar posar sus ojos en el hombre que ella deseaba: Bankotsu Maxwell
CONTINUARÁ.
Antes que nada, quisiera explicar un par de cosillas.
Cuando me puse a escribir esta historia, no tenía idea a donde iba, sólo fue recién este año, que me puse a planearlo en forma y definir cosas. Ya tengo planeado cantidad de episodios que serán 26, y por supuesto el final. Como les decía al inicio, no tenía idea de nada, ni siquiera el lugar donde estaban situadas las escenas.
Por eso probablemente edite los primeros episodios, porque hace poco que tengo decidido que onda con este fic. Y al comienzo de episodios creo que ni nombre le daba a las ciudades donde estaban situadas las cosas. El escenario principal de este libro es en la capital de España: Madrid.
Hiten tiene su bar a varios kilómetros de allí, en un bello pueblo en la costa mediterránea. La ciudad natal de Kagome es Valencia ¿y me dirán por qué?, pues porque es necesaria para la última trama del fic.
También el tiempo que llevan de conocidos los personajes. En el inicio había puesto que eran amigos de infancia y luego puse que se conocieron en el instituto (Colegio secundario o preparatoria), como saben, lo que corresponde es lo segundo, porque lo primero lo escribí sin planear ni pensar.
Me planteé escribir los episodios más rápido, para acabarla antes de fin de año.
Por supuesto este episodio es corto, porque el 17, que se publicará el miércoles se vendrá bien intenso.
Muchas gracias por seguir dándome compañía.
LOS QUIERO.
MUCHAS GRACIAS A MIS BELLAS COMENTARISTAS: GUEST, NITOCA,ASIA12 Y AZZULAPRINCESS
Paola.
