INUYASHA NO ME PERTENECE, HAGO ESTO DE DIVERSIÓN

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AMIGOS CON BENEFICIOS

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CAPITULO 17

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Kagome regresó de su almuerzo con Sango, un poco más tranquila de lo que había ido, cuando tenia la voz de Miroku aún reciente en su mente, por causa de la inesperada llamada de su hermano mayor.

Al llegar a su escritorio, notó que Inuyasha no estaba dentro de la oficina. Tampoco el saco de su traje estaba colgado y eso quería decir que todavía no había venido de su almuerzo.

En estos últimos días, Inuyasha venía en el mismo horario de entrada que Kagome. Ya había dejado de ir a la universidad, para cumplir horario completo en la oficina, de cara a su compromiso a Berlín.

La otra cosa notable sobre el escritorio de Kagome era el ramo de rosas rojas reluciente que estaba allí.

Eso no estaba cuando se fue. Alguien lo había venido a dejar.

Lo primero que pensó Kagome que era para Inuyasha, quizá algún obsequio corporativo.

Así que se acercó a mirar la tarjeta. Eso sí fue sorprendente para Kagome.

Iba dirigida a ella.

Kag.

Ven a casa, luego de salir del trabajo.

Bankotsu

Así, sin mucho preámbulo. Corto y conciso.

Para empezar Kagome no podía creer que Bankotsu le hubiera enviado un ramo de flores, no era su estilo.

Quizá al fin estaba adoptando modales de caballero. Como sea, no podía evitar emocionarse profundamente, porque el detalle la enternecía.

Sentía que sus vínculos con Bankotsu eran cada vez más intensos. Era su amigo más querido y protector. Y ahora era su amante, en quien más confiaba en el mundo.

Quizá no era el estilo de Bankotsu lo de mandar flores, pero Kagome intuía que se trataba de algo especial, porque finalmente la invitaba a su casa.

Quizá quería mostrarle la sorpresa de la reforma y eso la emocionó. Aprovecharía también de decirle que tenía ganas ya de decirle a todos acerca de su relación.

Había muchas cosas que nunca le había dicho para no saturarlo, como era la propuesta que Inuyasha le había dado para ir a Berlín. Era consciente de que a él no le gustaba el trabajo que tenía y Kagome había tenido que convencerlo de que Inuyasha no se sobrepasaba con ella. También le había ocultado el nivel de amistad con éste.

Kagome creía firmemente que eran mentiras piadosas.

En el pasado, conoció el afecto que Bankotsu le había tenido a Kikyo y esta mujer era de Inuyasha. Y por eso no quería poner la misma situación en balanza, dándole a creer a Bankotsu que Inuyasha podía ser un rival.

─No quiero causarle a Bankotsu, esa misma pena que le ocasionó Kikyo y además con el mismo hombre ─se decía la joven, al reflexionar sobre las cosas que ocultaba.

Kagome guardó la tarjeta y procedió a acomodar el ramo en dos jarrones vacíos de por ahí.

Gracias al inesperado regalo, había olvidado esa sensación que le había provocado la llamada de Miroku.

Igual era algo con lo que tenía que lidiar, aunque de todos modos pensaba pedirle consejo a Bankotsu cuando se vieran más tarde.

Iba a escribirle para agradecerle las flores, pero finalmente decidió guardar el móvil y darle la sorpresa a Bankotsu.

─Solo voy a terminar unas cosas y me iré ─pensó la joven, antes de ponerse en plan de terminar unas notas y copiar unas llamadas.

Inuyasha definitivamente ya no iba a regresar, pero igual quería cerciorarse. Tampoco quería ser una atrevida y preguntarle al móvil, así que fue a lo seguro y le mandó un WhatsApp a Billy, el chofer de Inuyasha.

─El señor Inuyasha almorzó con sus padres en su residencia. No me ha informado de ninguna salida, pero entiendo que el joven ya no regresará hoy a la oficina, por quedarse a preparar enseres personales para el viaje.

Billy había sido bastante detallista en el mensaje, que Kagome ya no tuvo dudas.

Inuyasha no le iba a necesitar, así que iría veloz a su cita con Bankotsu. Tenía muchas ganas de verle la cara cuando la viera llegar sin aviso.

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Kikyo no podía evitar sentirse muy excitada al pensar en lo que había hecho.

Se había citado con Bankotsu para un supuesto almuerzo en casa de él, pero acabó desplegando todas sus artes de coquetería para seducir a Bankotsu, que éste no pudo evitar cargarla y llevarla a su habitación.

Kikyo era perfectamente capaz de notar las ansias y el deseo de él. Que fácil se rendía a ella.

La arrojó sobre la cama sin mucho cuidado, para luego tirarse él sobre la muchacha, hipnotizado ante el intenso contraste de su piel con el color de su cabello oscuro.

Las sensuales formas de Kikyo eran una invitación de aceptación inevitable. La joven sonreía, no solo por saberse en brazos de Bankotsu, sino porque hoy había desatado su plan.

Lo primero que hizo fue enviar ese ramo de flores al trabajo de Kagome. Lo segundo, y para evitar confrontaciones, había puesto en silencio el móvil de Bankotsu y ocultado bajo el sofá del salón.

Había sido un plan armado y diseñado por ella misma. Era una mujer de muchos recursos y una especialista en tretas e intrigas y odiaba a Kagome.

La odiaba solo por el hecho de existir y ser causal de alguna desviación en el interés de Bankotsu hacia ella.

Y aunque le costaba reconocer, tampoco le gustaba que ella fungiera de alguien cercana a Inuyasha.

Estaba segura que Kagome Higurashi no tardaría en convertirse en la zorra de Inuyasha.

¿Es que no había otra mujer en esta maldita ciudad?

¿Por qué ambos tenían que haberse cruzado con esa maldita?

Igual todo tendría remedio enseguida. Si no le fallaban los cálculos, esa ridícula mujercita haría acto de presencia enseguida.

Kikyo pareció excitarse aún más, al imaginar que podría entrar justo cuando ella y Bankotsu estaban echando un polvo intenso.

De solo pensar en el dolor de su rival, la bella joven lanzó un grito por haber llegado al clímax, teniendo a su amante sobre ella.

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Yura había comprado una ensalada cesar de la tienda de conveniencia. Le costaba comerlo, porque en su mente no dejaban de agolparse imágenes de lo que había visto más temprano.

No solo estaba enojada con Bankotsu por ser un odioso patán, sino que estaba preocupada por cómo decírselo a Kagome.

Ella la conocía y sabía que la joven lo amaba. No hace falta que Kagome se lo dijera, porque Yura lo intuía.

Así que tenía que cuidar como darle aquella información. Tenía que decírselo a Kagome. Y definitivamente iba a dejar de ser amiga de Bankotsu, era un gilipollas desgraciado por engañar y manipular de ese modo a alguien tan dulce y genuino como Kagome.

Eso es lo que no podía perdonarle.

Asi que luego de decirle a Kagome lo que sabía, iría a confrontar a ese maldito bastardo.

No estaba segura como iba a terminar todo.

Decidió buscarse una aspirina como preámbulo de lo que sabía que se venía.

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Kagome tomó un taxi para ir a casa de Bankotsu. En otros tiempos no hubiera hecho un gasto como ese, pero con los ingresos actuales, era algo que podía permitirse.

Había dejado todo bien dispuesto en la oficina. Inuyasha ya no había venido y el propio Billy le había informado que estaba muy ocupado preparando su viaje en la casa.

Kagome suspiró. Si fueran otras las circunstancias y no conociera a Bankotsu, probablemente ella también iba a estar preparándose para viajar.

Pero no era su caso. Ella quería quedarse.

Finalmente, el taxi llegó a destino, y Kagome, luego de pagar el servicio, bajó.

Hace bastante tiempo que no estaba por ese barrio. Lo primero que le pareció llamativo es que el chalet supuestamente en reformas, aparentaba estar igual a lo que ella recordaba en exteriores.

Pero Kagome no le dio importancia. Lo más probable es que su mente le trajera recuerdos distorsionados, y además era posible que las reformas de la casa, solo hubieran alcanzado para el interior.

Kagome empezó a caminar para la casa. Todavía tenía su llave, una que Bankotsu le había dado muchísimo antes de liarse. Sería un buen momento para usarlo y darle la sorpresa.

Podía pensarse que Bankotsu no estaba en casa, por el silencio que rodeaba la vivienda, pero Kagome descartó la idea, al ver la moto estacionada.

Era probable que estuviera tomando una siesta.

Kagome sonrió con la idea de imaginárselo vestido con algún calzoncillo, durmiendo, y su mente traviesa imaginó que podría despertarlo a besos.

Puso su llave en la cerradura y lo abrió sigilosamente, pensando darle una sorpresa.

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Kikyo estaba insaciable.

Bankotsu apenas y podía seguirle el ritmo. Luego de haber acabado la primera vez, la bella y tentadora joven se había puesto encima de él, haciendo un par de movimientos con su pelvis, logrando que a él le regresara la firmeza y el deseo.

Volvió a penetrarla, posando sus grandes manos por alrededor de la pequeña cintura de Kikyo, quien gustosa se entregaba a él.

Cuando estaba con ella, era capaz de olvidarse de la culpa que lo embargaba por estar haciéndole esto a Kagome. Alguna vez iba a tener que parar todo esto, pero mientras todavía quería disfrutar con Kag un poco más.

Con respecto a Kikyo, él tenía claro que era el prototipo de mujer a la que siempre había aspirado. No era una mujer trofeo, él estaba seguro de amar a Kikyo. Solo por ella había sido capaz de manipular a Kagome.

Lo que todavía no tenía claro era la confusión que le producía Kagome en algunos momentos. No solo sobre los celos que tenía sobre Inuyasha, tampoco por el cariño fraternal de amigo. Había algo más y no estaba seguro de que podía ser.

Volvió a mirar para arriba y Kikyo seguía cabalgando gustosa, con sus ojos cerrados y sus brazos por la cabeza.

En ese momento, sorpresivamente la puerta se abrió.

Bankotsu se quedó helado de ver a Kagome en el umbral, con los ojos abiertos como espiral, con una mueca de terror en la cara.

Esa expresión en la cara de Kagome, fue como una puñalada que le produjo como un certero dolor en el corazón.

Por unos segundos no supo cómo reaccionar, pero enseguida pareció darse cuenta que no era una ilusión y sacó a Kikyo de encima.

─Kagome…

La aludida ya estaba echando lágrimas, temblando como gelatina.

─! ¿Qué demonios significa esto?¡

Kikyo alcanzó a taparse.

─ ¿Qué demonios haces tú aquí? ─replicó Kikyo

Kagome miró a Bankotsu y a Kikyo, alternadamente, pensando que todo debía tratarse de una pesadilla.

─Esto debe ser una puta broma...

El joven bartender se levantó apresuradamente, cogiendo sus pantalones de suelo a toda prisa para ponérselo.

─No es una puta broma. Bankotsu y yo estamos juntos de forma oficial, así que todavía no entiendo que haces aquí, interrumpiendo nuestro momento de hacer el amor ¿es que nadie te ha dado clases de educación? ─aplicó Kikyo con una pasmosa tranquilidad.

Kagome volvió a mirar a Bankotsu, buscando más respuesta, pero el semblante culpable de éste fue suficiente para delatarlo. Kikyo no estaba mintiendo.

─Espera, Kagome…puedo explicarlo ─adujo Bankotsu, alzando una mano sobre ella, pero ella se alejó asqueada, retrocedió unos pasos y salió corriendo de la casa.

Bankotsu quiso seguirla, pero la voz clara y trémula de Kikyo lo detuvo.

─No sé qué líos te traigas con esa chica, pero te recuerdo que, si te vas tras ella, empieza a olvidarte de mí ¿ha quedado claro?

Bankotsu hubiera querido desobedecer e ir tras Kagome. Le horrorizaba y le remordía la consciencia aquella mirada de Kagome cuando los descubrió.

Como no podía ir ahora tras ella, luego se ingeniaría como hacerlo. Tenía que inventarle algo.

Solo rogaba que no le pasara nada malo en su carrera. Pero él conocía a Kagome y sabía que podía cuidarse sola.

─No voy a ir tras de Kagome ¿satisfecha? ─le aseguró a Kikyo, quien seguía viéndolo con gesto adusto desde la cama.

Era mentira. Apenas pudiere salirse de la vigilancia de Kikyo, iría a buscar a Kagome.

Le debía algún tipo de explicación, aunque era un pensamiento ridículo, porque no valía ninguna en este momento.

Ninguna podría justificar el engaño y la manipulación. Ninguna.

¿Cómo fue que Kagome había decidido venir a buscarlo en el chalet?

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A pesar del tremendo shock que supuso para ella ver a la persona a quien ella amaba y el hombre en el que tanto confiaba, en un momento intimo con otra mujer, pero no cualquier mujer, sino aquella que Kagome sabía que él siempre había querido; la muchacha intentó no hacer alguna locura, así que luego de salir huyendo de la casa de Bankotsu, incluso tuvo el detalle de quedarse a esperar por unos diez segundos, a ver si ese gilipollas salía de la casa con alguna explicación.

Pero Bankotsu nunca apareció y ella acabó haciendo seña a un taxi que pasaba para largarse de este barrio.

Las lágrimas caían de sus ojos sin que ella pudiera frenarlas. Incluso el conductor del taxi le preguntó si no deseaba que la llevara al hospital. Pero Kagome negó con la cabeza y pidió que la llevara al barrio donde estaba afincado su edificio.

Quería llegar a su piso y morirse.

En ese momento su móvil empezó a sonar, y su pecho se llenó de ira cuando vio el nombre de la persona que lo llamaba.

Era Bankotsu.

Y muy probablemente la estaba llamando, a escondidas de Kikyo, escabulléndose como una rata.

Eso ya fue demasiado para Kagome, quien, en un arranque, abrió la ventanilla y arrojó su móvil.

─Insisto, señorita ¿se encuentra usted bien? ─volvió a preguntarle el taxista.

─Ya le he dicho que si, por favor, siga conduciendo a destino ─increpó Kagome, sorprendiéndose a sí misma, pero nunca era grosera con extraños.

Pero la verdad es que estaba fuera de sí.

Parecía como si todos sus momentos con Bankotsu se le agolparan en la cabeza en tropel, causando más estragos aún.

Cuando lo conoció en el instituto, cuando había venido disparada de Valencia, y él se había propuesto como su protector inmediato. La forma en que la habían integrado a su grupo de amigos.

Recordaba las clases juntos, los momentos divertidos en algunas fiestas, cuando él había bailado con ella en su graduación, porque Miroku llegaba tarde de Valencia, porque había perdido el tren.

Recordaba como ya desde esa época, él mostraba unas dotes interesantes en la mezcla de tragos y era el alma encargada de hacerlas en las fiestas. Cuando él le consiguió el trabajo en el bar.

También momentos duros como el funeral del abuelo de Bankotsu e Hiten.

Lo duro que había sido.

Habían vivido mucho juntos y ahora ella no podía evitar odiarlo con toda el alma.

Kagome intentó tragarse los sollozos, porque no quería que el taxista volviera a ofrecerle una mano lastimera.

No quería que los demás sintieran lastima ni pena por ella. Ya suficiente tenía con que su mejor amigo, al que tanto amaba, la hubiera humillado rompiéndole el corazón en mil pedazos.

Porque eso es lo que había ocurrido, porque no sabía que palabra podría ofrecerle él, para justificar aquella vejación, porque él había pasado por encima de su confianza.

Cuando al fin el coche se detuvo frente a su coche, procuró tragarse sus lágrimas y entrar a su piso.

Cuando entró, le costó encontrar su manojo de llaves en el bolso.

¿Es que todo tenía que salir mal?

Cuando finalmente entró, se encontró directamente con Yura, quien estaba sentada junto a la mesada de desayuno.

Al verla, y sentirse en un ambiente familiar, Kagome ya no pudo seguir disimulando su inmenso dolor, y echó a llorar munida de todo el desconsuelo que le arremetía.

Yura, pareció entender y corrió a abrazar a su amiga.

La joven mesera no estaba segura aun de lo que pudo haber pasado con Kagome, pero algo le decía que mucho tenía que ver Bankotsu.

Arropó a su querida, como le daban sus brazos y Kag se quedó hacer.

─! ¿Puedes creer que Bankotsu tiene un lio con Kikyo?!, y probablemente desde siempre ─empezó a lamentarse la joven.

Yura cerró los ojos. Entonces Kagome lo había descubierto.

─Lo sé Kag…

Pero esas palabras hicieron que Kagome abriera muchos sus ojos y se alejara de Yura, mirándola patidifusa. Como si hubiera descubierto algo terrible, uno más que sumar al horror de antes.

─ ¿Lo sabias? Yura… ¿tu sabias que Bankotsu me la estaba jugando?

Yura se sorprendió con la reacción de Kagome.

─Si, Kag…pensaba decírtelo…pero

─ ¡No! ¿acaso todos se han puesto de acuerdo para reírse de mí?, Yura se supone que eres mi amiga ¿y así me traicionas?

Kagome estaba fuera de sí, y aunque Yura intentó explicarse, que ella solo lo había descubierto esta mañana, Kagome no la dejó.

─He tenido suficiente de esto. ¡Me largo! ─gritó Kagome, cogió su bolso y salió dando un portazo.

Dejando a Yura con la boca abierta y alborotada, porque no había podido explicarse.

Pero la joven tampoco la siguió, porque independientemente del malentendido, Kagome estaba muy dolida y furiosa por el engaño de Bankotsu.

Necesitaba respirar aire fresco. Y Yura la iba a dejar.

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Es como si dolor se le hubiera atorado en el corazón, como si fuese algo que le impidiese seguir latiendo. Kagome se había ido de su piso, con la sensación de decepción sobre Yura y había acabado huyendo hacia el centro, a los jardines de Retiro. Ese lugar era enorme y era imposible que se acabara cruzando con algún conocido.

Quería estar sola para desahogarse con ganas. Se había dado cuenta que había sido muy dura con Yura, quien no tenía la culpa y era más seguro que si tenía una explicación.

Buscó su móvil en el bolso, aunque luego recordó que lo había arrojado a la calle.

Mejor, así Bankotsu no podría localizarla en el caso improbable de que fuera a buscarla al piso que compartía con Yura.

Pero descartaba aquello al ver que ni siquiera la había seguido al verse descubierto y tampoco había contradicho las duras palabras de Kikyo.

Cuando se dio cuenta, ya había anochecido. Tenía mucha sed y ganas de beberse todas las botellas de vino que pudiere encontrar.

Igual seguía enfadada con Yura ¿es que era imposible tener amigos en quien confiar completamente?

No tenía ganas de ir a su piso.

En eso le vino a la mente una persona.

Una que había sido buena con ella. Que le había dado trabajo y ofrecido su amistad.

Inuyasha Taisho.

No era descabellado ir a buscarlo, aunque le daba vergüenza presentarse en su enorme mansión.

¿Y si estaba su padre y la veía?

¿Qué pensaría de ella?

Tampoco tenía móvil, para llamarlo antes y cerciorarse de que estaba.

Kagome se limpió las lágrimas, levantándose del banquillo del jardín público.

Ya había tomado una decisión.

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Inuyasha ya había cenado algo ligero antes de volver a sus habitaciones, donde tenía también un pequeño despacho donde estaba trabajando en algunas cosas, todas previas a su plan en Berlín.

Hoy había tenido una conversación con su padre sobre eso y éste le había dado carta libre para que adelantara su marcha, antes que el resto del personal.

Entre la agenda que iba a dejar hecha, iba a arreglar que Kagome quedase en la oficina de recursos humanos para que trabajara con Sango.

Lamentaba profundamente que no quisiera irse con él y todavía le apenaba a confesión de ella que todo era por causa de ese desgraciado que la engañaba y que jugaba con ella.

Revisó su móvil y mirando sus contactos, detectó que la última conexión había sido hacia horas. Probó llamarla y salía apagado.

─Que extraño…

En eso alguien le tocó la puerta.

─ ¿Quién?

─Joven Inuyasha, me dice su chofer Bill que alguien viene junto a usted ─la voz de la ama de llaves se oyó

─ ¿De quién se trata? ─preguntó él, extrañado porque no eran horas de visitas. Y mucho menos que Bill quisiera hacer de recadero.

─Me ha dicho que se trata de la señorita Kagome ¿la hago pasar?

Al oir ese nombre, Inuyasha se levantó, sorprendido con la visita.

─Si, la recibiré aquí mismo ─adujo Inuyasha, porque en la sala a veces estaba algún empleado o puede que sus padres, que, si bien no eran prejuiciosos, temía que eso incomodara a Kagome.

─Claro ─repuso la voz del otro lado.

Al cabo de unos minutos, la figura que se vio en su puerta era muy diferente a la que había visto en la mañana.

Era una Kagome con la misma ropa, con aspecto triste y cansado. Se notaba que había estado llorando y era evidente que ni siquiera había comido o bebido.

─ ¡Por dios, Kagome! ¿Qué te sucede? ─le preguntó Inuyasha, yendo rápido a sostener a Kagome para guiarla hacia uno de los sillones que tenía en su habitación.

El joven cerró la puerta y luego de sentar a Kagome, fue rápido a buscar una jarra de agua fresca para convidar a su invitada.

¿Qué podía haberle pasado a la muchacha para que estuviera en ese estado?

Cuando al fin le trajo la bebida, Kagome bebió ávidamente, directamente de la jarra.

─Disculpa por venir así, es que no tenía idea a donde ir, Inuyasha

─No te preocupes por eso, Kag, y ya dime que te ocurre ─insistió Inuyasha, parándose junto a la joven.

─He descubierto algo horrible entre Bankotsu, quien se supone que es mi pareja. Me ha estado engañando con otra mujer, no estoy segura de los detalles, pero los descubrí hoy. Él no ha negado nada…y con respecto a la mujer ─expuso Kagome, aunque en la última frase levantó la mirada hacia Inuyasha, porque no sabía si a él le dolería saber que esa mujer era Kikyo.

Inuyasha suspiró, dándole la espalda a Kagome.

─Esa mujer es Kikyo ¿verdad?

─ ¿Cómo lo sabes, Inuyasha? ─preguntó Kagome, sobrecogida.

En ese momento el joven no tuvo valor de voltearse para verla aun a los ojos.

Era ahora o nunca y esta era la oportunidad que tenía para confesarse ante Kagome.

Era consciente de que ella podría no tomarlo bien, al sentirse traicionada y manipulada. Y además de profundamente humillada, tanto por quien creía su hombre, así como quien fungía de amigo suyo.

Pero él la apreciaba sinceramente, y en su amistad ya no podía caber estas mentiras.

Él no quería ser como su amigo Bankotsu, un zafio patán gilipollas.

Si Kagome decidiera odiarlo, Inuyasha no la obligaría a aceptar su amistad, porque estaba en su derecho.

─Yo lo sé todo, Kag ─repuso Inuyasha, volteándose para ver a la joven, que seguía sentada.

Fue ahí que comenzó su triste relato. Su relación tormentosa con Kikyo, y el lio cuando ella se enredó con Bankotsu, causándole problemas a Inuyasha, porque él la amaba y la adoraba intensamente.

Luego cuando se enteraron que Kagome Higurashi era aparentemente la novia de Bankotsu, Kikyo estalló en celos y fue ahí que Inuyasha pensó en devolverle a Bankotsu una parte de sus gentilezas, seduciendo a la supuesta novia.

Pero que enseguida había desechado esa idea, al tener oportunidad de conocerla mejor. También le contó que él sabía que había sido Kikyo quien había intrigado para que ella se quedara sin trabajo. Le comentó a su vez, que hace poco él también había descubierto que Kikyo y Bankotsu tenían una relación, paralelamente a la suya.

─No sé si puedas perdonarme algún día, Kagome. Pero quiero que sepas que yo si te considero mi amiga y puedes considerarme lo mismo a mí. Iba a contártelo de todos modos, lo juro ─aseveró él, con rostro serio y compungido ─. Eres libre de odiarme y no querer regresar jamás, yo lo entenderé.

Kagome, a esas alturas ya estaba sollozando.

Primero le había ganado la incredulidad y la rabia por la mentira.

Pero luego veía el pesar evidente en Inuyasha, quien además no era el verdadero culpable de todo su dolor. Le creía, porque era capaz de ver la profunda pena en Inuyasha.

Una que por ejemplo no había visto en Bankotsu.

Y además había tenido el valor de confesarse con ella.

Por eso se calmó, y volvió su mirada a Inuyasha, quien la veía expectante por sus palabras.

─No puedo reprochártelo. Te acercaste a mí con malas intenciones, pero nunca me hiciste daño, lo que da razón a tus palabras, de que te arrepentiste por el camino.

El joven, aliviado fue a ponerse de cuclillas junto a la muchacha, para ponerse a su altura.

─ ¿Me perdonas, Kag?

La muchacha se limpió unas lágrimas traicioneras.

─Con una condición, Inuyasha

─Por supuesto ─declaró él, abierto de cumplirle a su pobre amiga engañada.

─Por favor, asegúrate de incluirme en el viaje a Berlín.

Continuará

Apenas me sostengo por la vergüenza de no haberles cumplido en fecha.

Voy a procurar con el corazón tener el 18 el martes. No es seguro, pero trabajaré en ese episodio, porque ocurre que el miércoles de noche me voy unos seis días de vacaciones a otro país.

Igual intentaré acabar con el 18 y cumplirlo el martes

En ese episodio veremos el regreso de otro personaje además que aparecen otros nuevos.

Muchas gracias por sus votos y comentarios.

Y perdón por los errores y dedazos jejeje.

BESOTES A MIS COMENTARISTAS NITOCA, AZZULLPRINCESS Y ASIA12

PAOLA.