INUYASHA NO ME PERTENECE, SOLO HAGO ESTO DE DIVERSION

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AMIGOS CON BENEFICIOS

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CAPITULO 18

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Tres meses después

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Kagome Higurashi bajó del avión con cierto gesto cansado, había dormido muy poco la noche anterior, así que llegaba al aeropuerto de Barajas con un aspecto muy diferente al que solía lucir cuando estaba en las oficinas del piso 23 de la Torre Kollhoff, uno de los edificios más altos del Potsdamer Platz, corazón financiero de la ciudad de Berlín.

No esperaba que nadie fuera a buscarla, ella misma tomaría un taxi para trasladarse a un hotel.

Qué raro seria para ella estar en un hotel en Madrid. Pero las cosas habían cambiado mucho en estos tres meses, tanto en Berlín como aquí.

Recordaba cómo, luego del lamentable episodio cuando descubrió el engaño de Bankotsu, se había terminado refugiando en Inuyasha, quien sin dudar le había ofrecido la mano asi como su sinceridad, porque el joven le había confesado todo.

Podría haberse enfadado con él, pero no pudo. Recordaba como él, le había ofrecido un espacio en su cuarto de huéspedes, y al día siguiente, para evitar suspicacias de sus padres, la había trasladado en un piso que Inuyasha tenía en el barrio de la Castellana, un exclusivo barrio madrileño, donde el joven era propietario de un piso pequeño que casi no usaba, salvo cuando deseaba estar solo.

Atendiendo las suplicas de Kagome quien no deseaba ser localizada por Bankotsu, Inuyasha se lo prestó, hasta que pudieran concretar el viaje a Berlín.

Tampoco volvió a reponer el mismo número de móvil. Se consiguió otro.

Sus ropas y documentos se los trajo la propia Yura, a quien poco antes había citado en un café, para poderse disculpar por su arrebato, porque Yura no había tenido la culpa.

Recordaba que ambas habían llorado juntas. Yura había quedado tan enojada que se negó a a seguir compartiendo trabajo con Bankotsu. Renunció y allí fue que recurrieron a Inuyasha por ayudar a Yura.

El joven ubicó a Yura como moza de una de las cafeterías para empleados, que tenía la compañía. Yura se había negado a recibir otro puesto, pues ya se sentía muy avergonzada por la ayuda.

Al marcharse Kagome, se rescindió el contrato con ese piso que tenían Yura y Kagome.

Yura alquiló otro más pequeño y más barato.

Kagome suspiraba por todos los inauditos cambios que se habían suscitado en su vida.

Cuando finalmente llegó al hotel y le alzaron la única maleta que había traído, lo primero que hizo Kagome fue buscar la tina para meterse.

Volver a Madrid no era cansador, por una cuestión de física, sino por una cuestión de moral.

Había huido con el corazón destrozado y con la autoestima hecha añicos. Todavía no estaba completamente recuperada del dolor, pero al menos ya no la agobiaba ese dolor lacerante del inicio.

Apenas había llegado a Berlín, se volcó a trabajar sin descanso. Por las tardes, acudía a un centro por clases intensivas del idioma. También se inscribió a clases de cocina alemana.

Con eso, fue que pudo evitar deprimirse a muerte. Estaba hecha pedacitos.

Recordaba que, en la prisa por irse a Berlín, había olvidado que Miroku la quería visitar, así que solo ya le avisó de su marcha, cuando ya estaba en la capital teutona.

Le había rogado a Yura que no trajera información sobre Bankotsu. Y ella le había cumplido. Jamás le había dicho palabra alguna.

Con respecto a Sango, ella no conocía a Bankotsu y no quería importunarla con información que ya no tenía importancia.

Pero solo Yura y Sango, en Madrid sabían de su venida, que ella supiera.

Habia venido a Madrid, para estar un día y luego coger un vuelo a la Costa con Yura y con Sango.

Ella le había prometido a Hiten ir a su cumpleaños, promesa que había hecho mucho antes del problema con Bankotsu.

Y se lo debía, porque Hiten había sido muy bueno con ella. Había sido el segundo mejor amigo que había conocido en el instituto y la había ayudado mucho.

Además del cumpleaños de Hiten, por sobre todo era la celebración por haber expandido su bar, lo cual era todo un logro para el joven.

Había conseguido averiguar que Bankotsu no iba a estar presente, según información que Yura había logrado sonsacar a Ginta, otro de sus viejos amigos.

Así que Kagome había venido a ello, sino también a recoger una documentación y hacer algunos trámites. Admitía que aún le costaba vivir en Alemania, pero agradecía el hecho, porque solo con el cambio de ambiente había podido pasar página. Para su desgracia, seguía amando a Bankotsu, pero al menos había dejado de llorar por las noches, lamentando la traición.

Y si, había abusado de Inuyasha en generosidad, algo que en otros tiempos hubiera sido inaceptable para ella, ya desde que le prestó un sitio donde esconderse antes de marcharse a Madrid, hasta con ayudar a Yura.

Pero Kagome sentía que él se lo debía, así que tomó todos los ofrecimientos de Inuyasha sin culpa ni pena.

La muchacha se relajó en la tina e intentó cerrar los ojos.

De nuevo estaba en Madrid, donde todo había comenzado. Y donde todo había terminado.

¿Pero es que realmente había terminado?

Recordaba cómo había llorado a mares, en esos días previos a irse a Berlín, sintiéndose basura y utilizada. En un momento dado, quiso la mala suerte, que estando en el departamento que Inuyasha le había prestado, había ido a rebuscar unas toallas en un cajón, y un retrato de Kikyo le saltó a la cara, como llaga en la herida.

No era extraño que su retrato estuviera allí, porque no hace mucho Inuyasha y Kikyo habían sido pareja. Quizá al joven se le había olvidado deshacerse de ella.

Pero ese momento fue suficiente, para recordar que Bankotsu siempre la había preferido a ella, había echado a perder una hermosa amistad de años solo por ella. Una mujer mil veces más hermosa y segura de sí misma. Una dama cautivante.

¿A quién engañaba?

Su amistad se había echado a perder desde que hicieran ese trato tan peligroso, que la había dejado a ella en un estado vulnerable ante el amor que le tenía a Bankotsu.

Estaba enamorada de ese granuja, eso era lo doloroso. Y estaba sola, mas sola que nunca, autoexiliada en un país en donde no terminaba de acomodarse.

Kagome no pudo evitar derramar unas lágrimas ante el recuento de su tragedia.

¿Por qué el cielo la castigó de esa manera?

Había peleado para evitar los perfiles de redes sociales de Bankotsu y Yura había cumplido con su palabra de no abrir la boca con información.

Así que no tenía certeza de nada. Pero más que seguro que andaba cumpliendo su sueño de estar con Kikyo, la chica a la siempre había amado.

Su móvil empezó a sonar, y eso fue un recordatorio de que debía salir ya del baño y descansar un poco antes de salir con Yura y Sango a por una cena ligera.

Había extrañado las tapas y la cerveza bien fría de Madrid.

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Inuyasha seguía tecleando algo en su laptop Macbook Pro.

Le gustaba trabajar hasta altas horas de la noche, además el clima en Berlín era agradable.

De todos modos, también le ayudaba a quitarse los nervios que le había provocado el anuncio de Kagome de irse a Madrid un par de días.

Le molestaba el hecho de que ella volviera a compartir el mismo aire que ese maldito de Bankotsu.

Le había hecho muchísimo daño y él no soportaba verla sufrir. En estos tres meses había tenido tiempo de conocer a Kagome más profundamente. Trabajar más cercanamente y además que como él era el único conocido que ella tenía en la ciudad, los llevó a pasar largas horas juntos.

Ella estaba dolida, pero aun así procuró mantener la entereza.

Era simpática, genuina y sincera. Cocinaba delicioso, y nunca tenia malos pensamientos sobre otros.

Era alguien muy puro, para los estándares de Inuyasha, quien no pudo evitar sorprenderse con la joven.

Muy diferente a las mujeres que había conocido. Era lo opuesto de Kikyo, la mujer por la que Inuyasha había estado obsesionado por años. Es por eso, que la atracción que Kagome empezó a ejercer sobre él le pareció curiosamente desconcertante.

Y fue así como pasó.

De un amigo protector, pasó a mutar sus sentimientos por las de un hombre que quiere a una mujer. Ya no era lastima ni deseo de protección ante la vulnerabilidad ante el mundo, sino una admiración ferviente y un cariño profundo.

Inuyasha acabó enamorado de Kagome.

Por supuesto, se guardó muy bien de decírselo o de dárselo a entender, lo que menos quería era asustar a Kagome con estos aspavientos y más cuando aún transitaba por los recovecos de un corazón roto.

Por eso no podía evitar inquietarse ante la marcha de Kagome a Madrid.

¿Se cruzaría con ese miserable?

A diferencia de Kagome, él si sabía en que andaba metido ese sujeto, porque no le había perdido la pista.

Rogaba que Kagome volviera a Berlín sin agregar roturas a su lastimado corazón, de aquel viaje a esa ciudad plagada de recuerdos dolorosos.

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Hiten estaba anotando algo en el cuaderno de inventarios, mientras verificaba las bebidas.

Mañana tenía un festejo en el bar, no solo por su cumpleaños, sino una celebración por las reformas de expansión. Se habían convertido en el bar de moda de Tarifa, la hermosa ciudad costera donde vivía.

Así que la reunión iba a ser interesante. Además de invitados especiales de la zona, clientes del bar, lo que más emocionaba a Hiten era la reunión con los amigos del instituto.

Todos estaban dispersos ahora, pero habían confirmado su presencia Kagome, Ginta, Hakkaku y casi todos lo de su promoción. Se preguntaba si Yura vendría.

Claro que tenía que venir, ambos eran adultos y habían conversado bien. No veía razón de disputas, además que no negaba que le daba mucho placer volver a verla.

El gran ausente sería Bankotsu. Hiten meneó la cabeza pensando en su primo.

Ya se lo cobraría en algún momento.

En ese momento, unos pasos señalaban que un cliente había entrado al bar.

Era muy temprano, así que suponía que era algún turista perdido, buscando algo de alcohol por la mañana.

Tan temprano que ni siquiera habían llegado los camareros.

Pero cuando quiso saludar al recién llegado, sus enormes ojos azules se abrieron profusamente de la sorpresa.

─ ¡Pero contigo sí que no contábamos! ─se apresuró a abrazar al recién llegado.

─Ya ves que me gusta sorprender ─respondió el sujeto.

Quien acababa de llegar no era otro que Bankotsu, quien venía apareciendo sorpresivamente, luego de haber dicho hasta el hartazgo que no iba a estar, por causa de los compromisos.

─Me hubieras avisado que venias, así iba por ti a la estación ¿o es que viniste en moto? ─Hiten echó una mirada afuera buscando la moto de su primo y no lo encontró.

─Cogí un billete en avión para venir ─rió Bankotsu, sentándose y cogiendo el vaso de agua helada que le acercó Hiten.

─Habia olvidado que andas de potentado ─rió Hiten, quien entornó los ojos ─. ¿Y viniste solo?

Bankotsu pestañeó al ser cuestionado sobre eso.

─He venido solo, así que tendrás que prestarme tu sofá

─No seas iluso, tío, que tengo una habitación desocupada, pero ¿cómo es eso? ¿te cogiste días libres? ─preguntó Hiten, sonriente

─Sólo podré quedarme aquí unos tres días, que es lo que conseguí reemplazante, luego debo regresar al trabajo ─aclaró Bankotsu, incomodo al recordar lo que había tenido que hacer para conseguir alguien que lo sustituyera. Eso también le había dado la pauta de que, sin él, el negocio no funcionaba bien, no por ello, era el mejor bartender de la ciudad.

Hiten observó a su primo, tenía muchas ganas de seguir preguntándole un par de cosas más personales, pero también lo veía como hastiado, así que prefirió guardarse su cuestionario.

Su primo tenía una mirada indescifrable. Ambos se debían una copa con confidencias.

─En la oficina, tengo una zona con un colchón, donde puedes descansar, a menos que quieras ir a mi piso a ducharte ¿Qué prefieres?, tengo allí la camioneta ─ofreció Hiten.

Bankotsu se lo pensó un poco y tomó el ofrecimiento de su primo.

─Dame las llaves, iré a tu piso.

Hiten se los arrojó. Bankotsu conocía la zona, así que no habría mayor problema.

─Si te has olvidado como conducir, solo dilo ─se burló Hiten

─Jodete ─repuso Bankotsu, luego de coger las llaves en el aire.

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Al final Yura decidió desistir del viaje, así que Kagome junto a Sango fueron quienes cogieron el avión para ir a Tarifa.

La noche anterior habían quedado para unas copas, y fue allí que Yura les había dicho que prefería no ir.

─Vayan sin mí, que prefiero quedarme por aquí a aspirar el piso

─ ¿No estarás hablando en serio?, me vine de Berlín para esto y tú no puedes ─repuso Kagome, quien no volvió a insistir al ver la cara de Yura.

Ese asunto inconcluso con Hiten era algo serio y Kagome lamentaba que Yura no se animara, porque se notaba que seguía enamorada de ese hombre. Hiten era un sujeto muy afable, simpático, encantador y seguro de sí mismo, era natural que avasallara a Yura en culpabilidad.

Pero no podían seguir escondiéndose por algo que hicieron cuando eran unos niñatos.

Eran unos adultos hechos y derechos, ahora.

Pero, aun así, Kagome en el fondo la comprendía. Ella por ejemplo no se atrevería a estar en el mismo sitio que Bankotsu, porque se había asegurado de que él no estuviera para ir.

Al final ella y Sango habían venido solas. Sango estaba emocionada, porque nunca antes había venido a la costa y Kagome estaba emocionada por reencontrarse con los viejos amigos.

Que drama el suyo.

Igual durante la cena pre viaje a Tarifa, tanto Yura como ella habían tenido tiempo de conversar, pero su vieja amiga y ex compañera de habitación se cuidó de mencionar a Bankotsu.

Tampoco hablaron del bar, porque eso significaría volver a Bankotsu, pero de todos modos ya no tenía importancia porque Yura ya no trabajaba allí. Lo otro que también había notado es que Yura parecía haberse alejado de la vida libertina y descontrolada que había venido teniendo desde hace tiempo. Incluso Yura le había confesado que no había vuelto a liarse con nadie desde que renunciara al bar.

Kagome se había alegrado de eso, porque implicaba que Yura estaba iniciando un proceso de sanación, con un método diferente, lejos de malas influencias.

Kagome y Sango se hospedaron en un hotel de Tarifa en la playa. Convenientemente cerca del bar de Hiten.

Se habían puesto ambas muy bonitas y playeras para la ocasión. Kagome se había puesto unos shorts de jeans cortos de color azul junto a una camisola blanca transparente sobre una diminuta camiseta negra. Completó su look con unas sandalias negras gladiadoras.

Sango se vistió casi igual, solo que, en vez de camisola blanca, lucía una de color fresa.

Tres meses no habían sido mucho tiempo, pero en Kagome se resaltaba un bronceado interesante y había perdido peso en su duelo en Berlín, así que estaba muy hermosa y llamativa.

Habían llegado a Tarifa solo un par de horas antes, lo justo para descansar un poco y ponerse bonitas. Había preferido no avisar a Hiten y llegar de sorpresa.

Cogió su bolso y salió del brazo de Sango en busca del dichoso bar, que no tardaron en encontrar.

El Bar de las Tapas rezaba un cartel con luces de neón y decorada con flores artificiales.

Estaba atestada de gente y eso que no llegaban tarde.

Hiten no había exagerado. Era el bar de moda de Tarifa.

Kagome se aseguró de coger a Sango de una mano para poder meterse entre el gentío.

Ya solo con dar unos pasos, pudo distinguir la enorme barra.

En ese momento se topó con una ancha espalda, que por hizo que su corazón se detuviera.

¿Bankotsu?

Inmediatamente se recuperó, cuando el hombre se volteó. Era Hiten sonriendo a todas luces y luciendo guapísimo con una camisa blanca y unos jeans. De espaldas era idéntico a su primo.

─! Kagome!, no puedo creer que si hayas venido ─le saludó el joven, levantando una mano, sonriendo y acercándose a las muchachas.

Kagome abrazó a su viejo amigo, con cariño, aunque no pudo evitar comparar el contacto con su primo, porque tenían cierto parecido físico y eso era innegable.

─Claro que tenía que venir ─adujo Kagome y luego señalando a su amiga ─. Ella es mi amiga, Sango.

Hiten sonrió ampliamente denotando su blanca y perfecta dentadura.

─Un gusto, señorita. Soy Hiten, dueño de este lugar.

─El gusto es mío ─replicó Sango, encantada de verse atendida por alguien tan guapo, que le sonreía tan abiertamente, sin dejar de verla a los ojos.

─Esta es la barra y pueden pedir lo que quieran ─señaló Hiten ─. El bufé está en el medio, pueden coger allí los platos, tenemos tapas de todo tipo.

─Vaya, se ve delicioso ─sostuvo Sango

─Y que me lo digan, porque son mis recetas ─afirmó el joven, guiñándole un ojo a Sango

─En verdad, Hiten, estoy muy orgullosa de ti. Este lugar es precioso ─aseveró Kagome, quien paseaba la mirada por el local playero, maravillada por la decoración, el delicioso aroma de la comida y el ambiente festivo del sitio.

Se respiraba abundancia.

En ese momento alguien llamó a Hiten y él tuvo que irse.

Entonces Kagome aprovechó de decirle a Sango que fuera a buscar bandejas con comida, mientras ella iba a por unos tragos.

─ ¿Qué te apetece? ─preguntó Kagome

─Pues estamos en un sitio famoso por sus ricas sangrías, así que me anoto con eso ─pidió Sango

─Vale, voy por las bebidas, entonces tu ve buscando un hueco en alguna mesa para nosotras ─sostuvo Kagome, antes de marchar hacia la enorme barra.

Sango asintió y fue para la zona del bufé. El olor delicioso de las tapas traspasaba el sitio y era imposible resistirse a ella.

Kagome se dirigió a la barra. Pensaba que otros tragos ordenar, aparte de la sangría.

Cuando al fin tocó la mesada y rebuscaba su frasquito de alcohol en gel en el bolso, y sin mirar a las personas que atendían en la barra, pidió: ─Por favor, quisiera una jarra de sangría y un Shirley temple.

─ ¿Quieres la Shirley temple con Vodka?

Kagome se paralizó en ese instante al oír esa voz. Se supone que no debía oírla nunca más.

Soltó el frasquito de alcohol que había estado rebuscando en el bolso y se envalentonó para levantar la cabeza y asegurarse que su mente no la estuviera engañando.

Pero no. Ahí estaba. Se topó con los enormes ojos azules de Bankotsu y para su desgracia, estaba guapísimo. No era necesario verle el outfit completo para notar aquello.

Era probablemente junto con Hiten de los hombres más altos del lugar ¿Cómo demonios no lo había visto? ¿Por qué estaba ahí?, Yura le había asegurado que no iba a estar ahí.

Kagome estaba entumecida, sin saber cómo reaccionar entre las dos poderosas emociones que la asaltaban en toda su alma: una rabia homicida por el engaño por una parte y por la otra, una opresión al corazón por causa del amor que aun sentía por ese maldito que no se merecía nada de ella.

Él volvió a hablar, sin dejar de avasallarla con la mirada.

─ ¿Podemos hablar, Kag?


CONTINUARA.

Perdón por tanto retraso, es que como les decía había ido a Miami, y regresé el 06, y oh sorpresa vine con una gripe importada que me tiene de malas, asi que ando chorreando.

Igual, no olvido este fic, y en honor a todo lo que me han esperado, decidí publicar al menos la mitad de lo que hubiera sido el capítulo 18, donde al fin estos se reencuentran.

Todavía falta por saberse en que anda Bankotsu, porque me he cuidado de expresar sus pensamientos, asi que recién en el próximo capi lo sabremos, asi como las consecuencias de este encuentro.

Hoy es miércoles, veremos si el sábado/domingo puedo actualizar, es tanto mi deseo conseguir normalizar las actualizaciones. Este fic tendrá 26 episodios.

GRACIAS POR SUS VOTOS Y COMENTARIOS.

Perdon por lo errores y dedazos.

Besos a mis comentaristas del 17: gigimore,azzulaprincess, asia, sav21, nitoca, genesis perez,pandiunicornio ( Thanks for your reviews.I am excited to know that English speakers read and comment my fanfiction)

BESOS, PAOLA.