INUYASHA NO ME PERTENECE, SOLO HAGO ESTO DE DIVERSIÓN
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AMIGOS CON BENEFICIOS
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CAPITULO 19
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Si Kagome estuviera hecha solamente de gelatina, ya se hubiera convertido en líquido.
Esa voz, esa presencia, ese rostro, ese cuerpo que estaba frente suyo era Bankotsu.
Y la miraba con esos ojos que ella no olvidaba, tan azules como el cobalto, que la habían hechizado y de cuyo embrujo aun no era capaz de huir.
Pero también era el hombre que le había destrozado el corazón y traicionado su confianza.
Estaba igual de cuando lo había dejado, pero sin duda que mejor vestido, porque nunca le había visto esa camisa que llevaba puesta. ¿O era solo la nostalgia hablando y detallando cosas sin importancia?
Justo en ese instante, solo unos segundos después de que él hablara, apareció su salvación.
─! Kagome!, pero si estás aquí ─la voz gentil de Hiten apareció en escena ─. Como ves hoy tenemos un bartender de categoría manejando la barra.
Kagome pestañeó, aliviada por la interrupción. Hiten no parecía darse cuenta de la terrible tensión que había cortado su presencia.
─Deja eso, y acompáñame Kagome. A mis amigos les he preparado una mesa especial, ustedes no son cualquier cliente, son mis invitados, ya he instalado a tu amiga ─siguió diciendo Hiten, cogiendo una botella que su primo le pasó desde la barra, quien nunca dejó de mirar fijamente a Kagome, mientras hacía eso.
─Oh, eres tan amable, Hiten, claro que te acompaño ─se apresuró a añadir Kagome, procurando por todos los medios no mirar a Bankotsu, pero no podía evitar sentir el flujo de su mirada sobre ella y cogió de su brazo a Hiten para alejarse lo más pronto posible.
─Bank, haznos el honor de prepararnos esa sangría que haces tan delicioso, la acompañante de Kagome pidió expresamente esa bebida ─pidió Hiten a su primo, antes de irse.
─Lo llevaré cuando vaya con ustedes ─aseveró Bankotsu, sin dejar de mirar a Kagome fijamente,
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Bankotsu había venido a la fiesta, luego de haber dicho que no vendría.
Y lo había hecho por estrategia, porque sabía que Kagome apreciaba a Hiten como un hermano de sangre y jamás le haría un desaire. Y estaba seguro que vendría, siempre y cuando supiera que él no.
Por eso había venido a ultima hora y se había ofrecido a preparar algunos de los tragos, como el que estaba haciendo ahora.
Ver a Kagome le había causado una tamaña impresión, más de lo que hubiera pensado en estos meses.
Sentía cierta rabia, porque él la había añorado y buscado, y ella había desaparecido sin dejar señales.
Pero Bankotsu era consciente de que se lo había buscado, todavía le apretujaba el corazón el recordar cómo había llorado al descubrirlo con Kikyo, hace unos meses.
Recordaba que había tenido el primer impulso de seguirla, pero se había detenido por Kikyo.
Se suponía que todo era por ella, así que no podía perderla por seguir a Kagome.
Pero todo había implicado que perdiera la amistad de Kagome. Se había sentido muy mal y bastante cobarde por aquellas acciones. También le había valido que Yura no volviera a hablarle y había sido bastante clara en hacerle entender que lo creía un imbécil y gilipollas que no se merecía nada.
También rememoraba, como apenas pudo librarse de la vigilancia de Kikyo, se había puesto frenético en buscar a Kagome, pero no la encontró en el piso que compartía con Yura.
Yura lo echó de allí e incluso amenazó con llamar a la policía y le dijo que Kagome no quería verlo.
─No te atrevas a buscarla ─le había increpado Yura
─No es asunto tuyo, Yura ─replicó él.
Eso no detuvo a Bankotsu. Incluso llamó al hermano mayor de Kagome, ese raro de Miroku, pero el sujeto le confirmó que su hermana no estaba allí.
Un par de días más tarde, Yura dejó el trabajo en el bar e incluso lo bloqueó de las redes sociales.
Pero aun así pudo seguirla en su nuevo piso en una ocasión, para volver a interceptarla.
Allí Yura le había dicho la verdad, quizá cansada de tanto acoso.
─Olvídate de Kagome, ella se ha ido a Alemania, y está bien fuera de tu alcance ─le había revelado Yura
Aquella información lo había descolocado. Sabía que iba a ser difícil conversar con Kagome, pero no imaginaba que se iría del país.
Pero ella tenía que volver, claro que tenía que volver, no podía marcharse para siempre.
Fue allí que llamó a Inuyasha. Había conseguido su número de la agenda de Kikyo.
─Tu sabes dónde está Kagome ¿verdad? ─increpó directamente Bankotsu
Inuyasha permaneció en silencio ante la pregunta.
─No creo que yo te deba explicaciones a ti ─refirió Inuyasha, molesto antes de colgarle
La cabeza de Bankotsu estaba hecha un lio. Por un lado, la culpabilidad por haber traicionado a Kagome y por el otro, sus sentimientos hacia Kikyo. Que confuso era.
Cuando su cacería acabó, al haberse enterado que Kagome se había ido a Alemania, se puso a reflexionar en lo que podría hacer.
Podía coger un billete de avión y marchar a buscarla, a darle una explicación.
El primer escollo es que no tenía idea de en qué ciudad podría estar. Las personas que podrían decirle nunca se lo revelarían.
Así que se sentía inútil, quería correr a por ella, pero si se iba era probable que perdiera lo que tenía con Kikyo. Y él no quería eso, ya que se había metido en tantos quebraderos de cabeza, para al final no tenerla.
Por eso, y al saber cercano el cumpleaños de su primo y recordando la promesa de Kagome a éste, fue que decidió montar un número y aparecer en la fiesta.
Tenía que ver a Kagome.
Y la había visto. Había quedado sin palabras los primeros cinco segundos. Kagome estaba preciosa, con esa ropa veraniega que le quedaba como un guante. Pero lo que no podía negar es que sonreía menos.
La Kagome de siempre, de antaño siempre estaba sonriente y feliz.
Eso fue como un golpe, un recordatorio de lo que él le había hecho. Que era culpa suya, así que hizo tripas corazón, cuando Kagome se acercó a la barra a pedir los tragos, Bankotsu se dedicó a estudiar su reacción y sus gestos.
Vio a una Kagome tímida, con miedo, reacia a mirarlo y que huyó sin hablarle en la primera oportunidad. Es por eso, que decidió que la interceptaría para hablarle en algún momento, ya que él esperaba que tuviera una violenta reacción, pero sin embargo vio a una Kagome insegura y apenada. Y avergonzada, porque sabía cómo él, que nadie en esa condenada fiesta supo de su aventura.
Hiten no se había percatado y esperaba que los demás tampoco.
Porque pensaba aprovechar el hecho de que Kagome no quería evidenciarse ante los demás con su actitud reacia.
Se acercaría a ella.
Ella no podía negarse, a causa de su vergüenza.
Bankotsu se sentía pésimo por hacerle esto. Por volver a hacerle daño.
Pero viendo las circunstancias no veía otra solución, además nunca había sido un santo, y la empatía no era lo suyo.
Así que empezó a formular su plan.
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Kagome, en tanto había sido ubicada por Hiten en una larga mesa que se dispuso bajo una carpa especial, en la extensión del bar que estaba atestado. El bar estaba a orillas de la playa, así que tenía a las estrellas y a la brisa marina como compañeras.
En otras circunstancias a Kagome le hubiera encantado el conjunto porque amaba el mar, pero no podía concentrarse en aquello, sabiendo que tenía al hombre que la había engañado, fingiendo ser su amigo solo a pocos metros de ella.
Se distrajo al reencontrarse con Ginta y Hakku, quienes la abrazaron con mucho afecto.
Ambos estaban acompañados de sus respectivas parejas.
Ginta estaba saliendo con la dependiente de una boutique de la zona y Hakku se había puesto de novio con una monitora de surf.
Kagome se puso feliz al ver que ambos habían hecho su vida, estaban felices y amaban su trabajo.
Ginta trabajaba con Hiten como encargado de mesas. Hakku trabajaba en una escuela de surf como monitor, y fue justamente así que había conocido a su novia.
Esa nostalgia que siempre había sentido de su maravillosa época del instituto se había hecho fuerte al estar sus viejos amigos presentes. En realidad, casi todos, faltaban Yura y por supuesto, el que había fungido de su mejor amigo: Bankotsu.
En realidad, físicamente estaba a escasos metros, pero Kagome no podía compararlo con los recuerdos de antaño. Peor, todavía lo amaba.
¿Acaso tres meses en un país extraño no bastaron para quitarlo de su mente?
Era difícil subsumir unos recuerdos y amor como el de ella.
¿Pero porque había venido? ¿Por qué estaba aquí? ¿Por qué la miraba de ese modo?
Tan embebida estaba en aquello, que no oia los alegres intercambios de sus amigos.
─ ¿Kagome?, estas en la luna ─rió Hiten
─Perdón, ¿Qué decíais?
─Que tu amiga Sango nos estaba contando como se conocieron, que era tu jefa y tú la chica rebelde que al final resultó ser muy competente ─refirió Hiten
Sango asintió, bebiendo un trago largo de cerveza fría.
Kagome sonrió, intentando integrarse.
─ ¿Qué puedo decir? Sango es una chica encantadora.
─Ni que lo digas ─agregó Hiten, sonriendo a la amiga de Kagome.
─ ¿Por qué no vino Yura? ─preguntó Ginta ─. Tenía muchas ganas de mostrarle que soy jefe de meseros ahora, y que técnicamente podría ser su jefe ahora ─bromeó
─Yura ya no trabaja como mesera, está en la misma compañía donde trabajamos Kagome y yo ─apuntó Sango
─Hubiera venido la condenada, la echamos mucho de menos ─aseveró Hakku
─ ¿Y tú, Kag? ¿Cómo fue que huiste a Berlín? ─preguntó Hiten, queriendo pasar la parte donde hablaban de Yura.
Kagome tragó saliva e iba a disponerse a contestar con una verdad a medias, para no descubrirse, pero esa voz que la paralizaba volvió a surgir.
─Aquí traje la sangría ─dijo Bankotsu, dejando sobre la mesa dos jarrones repletos de la fresca bebida.
Kagome empezó a temblar. No podía disimularlo más. Miraba de reojo a todos, a Hiten, Ginta, Hakku, las muchachas y también a Sango. Nadie había hecho acuse de recibo de la tremenda tensión y tampoco que Kagome no miraba a Bankotsu. Lo evitaba.
Decidió que tenía que tomar aire, aunque sonare una ridiculez porque estaban casi al aire libre bajo la enorme carpa que servía de extensión al bar playero.
─¿Me disculpáis?, quiero ir al tocador
─Ve, Kagome, y usa los tocadores que tenemos en la oficina, son más privados que las que usan los clientes ─ofreció Hiten ─. ¿Quieres que te lo enseñe?
─No, no hace falta ─se apresuró a añadir la nerviosa muchacha, deseosa de huir de ese par de ojos que ella sentía encima suyo.
Una vez que Hiten le señaló donde quedaba la oficina, que estaba en el primer piso, encima del bar, Kagome salió presurosa para allá.
Había mucha gente en el bar, pero enseguida pudo encontrar las escaleras que conducían a las oficinas de arriba, que no solo eran eso. Era la vivienda de Hiten.
Así que Kagome se encontró con un confortable departamento con su sala comedor con cocina americana. Una habitación que servía de oficina. Otra que era la habitación en suite, asi que abrió aquella puerta para entrar a ese tocador.
Lo primero que hizo fue mojarse la cara y mirarse al espejo.
─Yo no debería de sentir nada por ti…no te lo mereces ─habló en voz baja, para si misma.
Cogió una toalla de papel para secarse y fue hacia la puerta para salir.
Abrió y casi se desmaya con lo que ve.
Bankotsu estaba parado en la puerta.
─ ¿Pero qué demonios crees que haces? ─-protestó la joven
─Tenemos que hablar, Kag ─adujo él
Kagome estaba indignada ante tamaña muestra de desfachatez por parte de Bankotsu de venir a interceptarla de este modo.
Así que intentó zafarse, pero él con su tamaño y altura tapaba la salida.
─Sal de mi camino ─pidió ella
─Lo que quieras, pero luego de hablar
─ ¡Pero si no tengo que hablar contigo, sal de mi camino! ─insistió ella, procurando ocultar las lágrimas que amenazan con azotarle.
Pero Bankotsu no se lo permitió.
─Todos estos meses fueron agónicos para mí, no podía quitarme de la mente la imagen de tu rostro aquel día…─lanzó él con voz aterciopelada
Kagome se indignó ante la atrevida mención de aquella horrible escena de cuando ella lo descubrió con Kikyo. ¿Quién narices se creía?
Intentó empujarlo.
─Gritaré y todos se enterarán de la clase de patán que eres.
─Grita ─desafió él ─. Tu y yo éramos amigos, los mejores y no puedes negar que tuvimos algo más. Cometí un error, es cierto, pero nunca habíamos hablado de prometernos algo y lo sabes ─en ese momento Bankotsu posó una mano sobre la mejilla de ella ─. Eso no cambia que me haya sentido como un miserable estos meses. Te he extrañado.
Kagome, quien venía decidida a irse de allí, no pudo evitar sentir que se le resquebrajaba la armadura donde estaba escondida. La mención de aquellos bonitos momentos que habían compartido, y así como de la bella amistad que habían tenido la había cogido con la guarda baja.
No importaba lo que pasara, ella siempre atesoraría esos momentos.
Por mucho que Bankotsu se los hubiera arruinado al final con su traición.
─Lo siento, Kag…lo siento tanto, nunca hubiera querido lastimarte
Kagome era débil, muy débil. Por mucho que se hubiera esforzado para huir a un país extraño, lejos de sus amigos, de su hermano y de su vida, ella era endeble a sus propios sentimientos que aun la dominaban como una infección corrosiva.
Sus dedos empezaron a temblar y la piel empezó a ponérsele pálida.
Esa voz que la llamaba, que le erizaba la piel y le eclipsaba los sentidos con palabras que hubiera querido oír hace tiempo, hicieron mella en Kagome en ese mismo instante.
Ella ya no pudo negarse, teniendo esa mano que le recorría el rostro, debilitando sus defensas y sus objeciones. Incluso su propia dignidad, porque ese mismo hombre la había traicionado y usado.
Comenzó tímidamente colocando una mano sobre el pecho de él, parpadeando los ojos y con la boca entreabierta. Eso duró menos de diez segundos, porque enseguida estaba arrojándose a esos labios que tanto había añorado.
Bankotsu se sorprendió por el arrebato, pero no estaba por la labor de rechazarla. Él también había extrañado a Kagome y su olor a vainillas.
Kagome cerró los ojos y lo besó como había peleado antes para resistirse a él.
Las emociones ganaban a la lógica. Eso era todo.
Lo besó, saboreó su boca, y sin importarle un poco el decoro, se enroscó por su cintura, pidiendo más. Todo lo demás había dejado de existir para ella.
Él le correspondió sin rechistar, acariciando su hermosa espalda y llevándola a cuestas, sin dejar de besarse hacia la cama de la habitación.
Era la cama de Hiten, pero nadie estaba para delicadezas en ese momento. El simple hecho de volver a dormir juntos era una falta de ello.
Se arrojaron al mismo a entregarse lo que sus cuerpos pedían a gritos. Bankotsu buscó a tientas un condón en el cajón de la mesa de noche, él tampoco pensaba postergar aquella agonía.
No hubo delicadeza, sino una ferocidad, producto del deseo. Él la penetró sin mucho miramiento y ella lo recibió con impaciencia.
─Bésame, Bankotsu…
─Si…─gimió ella, pidiendo más.
Era un apetito animal. Nada más que eso. Ella lo necesitaba, porque lo había buscado y añorado durante todo este tiempo. Tres meses son poco tiempo para olvidar un amor como el que ella le tenía.
También era poco tiempo para crecer y consolidar su dignidad. Demonios, que era lo que menos le importaba en este momento, no cuando tenía besando sus pechos a ese hombre que tanto quería y deseaba, que había intentado olvidar y no había pedido.
Al carajo las explicaciones, él había venido por ella. No podía ser algo malo.
Además, era capaz de ver los ojos de Bankotsu y notaba cierta sinceridad en su arrepentimiento.
─Te he extrañado mucho, Bankotsu…
El joven ya no pudo resistirse mucho tiempo antes de caer en un clímax que los hizo tiritar por lo ardiente. Ella le siguió enseguida.
Se separaron y quedaron acostado uno junto al otro, en medio del desastre y frenesí de las sabanas.
─Hiten va a matarnos… ─replicó Bankotsu
─Y con razón ─adujo ella
En ese momento, Bankotsu se giró hacia ella.
─Tengo algo que decirte, Kagome…
Pero el clima se interrumpió cuando oyeron ruidos subiendo las escaleras.
─Maldición, debemos irnos. Tu sal primero, yo me quedaré un par de minutos arreglando este desastre ─dijo Bankotsu, levantándose de la cama.
Ella se cubrió con la sabana, algo desconcertada al oir voces tras la puerta.
─Es la voz de Ginta
─Seguro vino a buscar unos vinos que Hiten guarda en la bodega de su oficina ─aclaró Bankotsu, abrochándose los pantalones y buscando su camisa.
Kagome no tardó en recoger su ropa desperdigada y ponérsela de inmediato. No pudo encontrar su brassiere, así que no tuvo más remedio que ponerse la camiseta sin ella.
Cogió su bolso.
─Entonces nos vemos afuera ─adujo la joven, acomodando su cabello y mirando a su amante que se acababa de vestir.
─Si, Kag…y sabes que luego quiero hablar contigo a solas. Tengo mucho por explicarte.
Kagome solo asintió y salió.
No estaba segura de como sentirse ni que pensar de sí misma.
Desde luego que no pensaba contarle a nadie acerca de esto, porque no estaba segura de cómo iba a terminar. Pero aquello de que Bankotsu quería hablarle había sonado prometedor y esperanzador.
También que la había extrañado.
Cogió velocidad en los pies y se marchó hacia la zona donde Hiten había dispuesto la mesa especial bajo la carpa.
Y en efecto la fiesta seguía. Ginta había traído varias botellas de vino de la bodega de Hiten y se los estaba haciendo catar a Sango, quien parecía bastante integrada al grupo.
─Cielo, ¿Dónde te habías metido? ─preguntó Sango al verla. Estaba sentada junto a Hiten y tenía una copa rebosante en la mano.
Kagome dudó.
─Estaba…con Bankotsu, estábamos conversando de cosas de trabajo.
Cosa que no resultaría rara para nadie. A los ojos de los amigos de siempre, ambos seguían siendo amigos. En el caso de Sango, ella ignoraba todo.
─Kag ¿quieres probar esta botella?, es un vino tinto de crianza, de Navarra. Bankotsu lo ha elogiado y creo que pretende crear un trago con ella ¿puedes creerlo? ─refirió Hiten, sonriente y bastante achispado por los tragos. Estaba sentado junto a Sango, quien le correspondía las atenciones.
─ ¡Claro! ─contestó Kagome, porque no quería que le hiciera más preguntas.
Mientras ella bebía la copa, Bankotsu se materializó junto a ella. Traía una jarra de sangría, que se había dado tiempo de preparar luego de salir de la habitación.
Se miraron de forma cómplice y Kagome no pudo evitar sentir sus mejillas arreboladas.
─Cada vez preparas mejores tragos ─acotó Hakku, sirviéndose una copa de la sangría
─Deberías venirte a Tarifa y convertirte en la bartender de este lugar ─adujo Ginta
Al oír eso, Hiten pareció recordar algo, así que tomó una cuchara e hizo unos ligeros golpes en la copa de cristal llena de vino, como para acallar y llamar la atención.
─Ginta, eso no será posible ─replicó Hiten a su amigo y luego levantando su copa agregó ─. Bankotsu no vendrá a Tarifa, sino por vacaciones. Su vida está en Madrid y ahora más que nunca, y quisiera brindar por ello.
Kagome, quien tenía la copa de vino llena no entendía lo que ocurría, imaginaba que se vendrían unas felicitaciones por el éxito laboral de Bankotsu, así que levantó su copa como todos.
─Es mi primo y lo adoro ─siguió diciendo Hiten ─. Por ello brindemos, por él y por su preciosa novia, con quien se acaba de comprometer en Madrid.
Kagome se paralizó del horror en ese mismo momento, apagando la sonrisa que tenía.
En su alrededor se formó cierta algarabía que ella no oyó.
Todos saludando y felicitando a Bankotsu.
Los abrazos y los buenos deseos.
Pero Kagome ya no lo oía. Estaba aturdida, confundida, y perpleja.
¿Qué demonios había sido eso?
¿Bankotsu, comprometido?
¡Pero si solo hace un rato había hecho el amor con ella!
Sólo la quitó la voz de Hiten, preguntando a Bankotsu.
─ ¿Cuándo conoceremos a Kikyo?, la mujer que ha logrado que te pongas una soga al cuello.
Solo allí, Kagome pareció cobrar valor para levantar la cabeza y mirar a Bankotsu.
Él también la miraba, afectado.
No era necesario un intercambio de palabras violento para saber lo que había ocurrido allí y Kagome, en medio de su vergüenza, su nueva vergüenza, no iba a arruinarle la fiesta a Hiten, quien no tenía la culpa de sus arrebatos y su debilidad.
Era un maldito gilipollas. La había vuelto a engañar solo para tenerla, consciente de la debilidad que Kagome le tenía.
Kagome no pudo evitar que un par de lágrimas empezaran a caérsele.
No iba a poder mantener la compostura. Tenía que largarse de allí, inmediatamente. Lo sentía por Hiten y sus amigos del instituto, incluso lo sentía por Sango.
─Voy a volverme a mi hotel. Creo que voy a usar el lavabo allá. Me ha caído algo mal la sangría.
─¡Por favor, Kag! Aquí también tenemos un tocador ─refirió Hiten
Pero Kagome ya no tenía ganas de fingir, así que decidió usar artillería de mujer.
─Hiten, si fueras mujer entenderías
Esto fue suficiente para Hiten y darle a entender que era un problema femenino.
─Sí, claro, como te sientas más cómoda. Solo manda un texto y uno de nosotros irá por ti ¿de acuerdo?
─Si, gracias. Yo les aviso ─adujo la joven, bajando la copa sobre la mesa.
Y antes que nadie más le dijera algo, salió corriendo de allí. Su hotel estaba a menos de doscientos metros, así iría por la orilla. Sentía la mirada de Bankotsu en ella, pero Kagome no tenía el menor interés de ver como lucían los ojos de ese maldito.
La había embaucado. Y ella había sido débil. Nunca podría volverle a perdonar que le hubiera vuelto a ver la cara de tonta.
¿Cómo es que había vuelto a caer?
Creyó oír que alguien la llamaba, y tropezó en la arena. Ya no pudo evitar que las lágrimas surcaran de su rostro como una cascada.
Pero debía llegar a su hotel, encerrarse. Inventaría algo para no regresar al bar.
Y antes de que pudiera darse cuenta, alguien le ayudaba a incorporarse. Por un momento se dejó llevar, pero cuando el aroma maldito se le metió por las narices, comprendió de que se trataba.
Era Bankotsu y la había seguido.
Se desasió violentamente de su agarre.
─ ¡Suéltame!
─Kag…
Kagome se alejó unos metros.
Él también se veía apenado. Pero a ella no le interesaba, porque sabía que era un espléndido actor.
─ ¿¡Porque me hiciste esto!? ¿es que los años de amistad nunca te valieron?, por eso viniste a rematarme de esta forma ─acusó a ella. Lagrimas amargas seguían cayendo de su rostro.
─Quería hablarte sobre esto…
─ ¡Claro!, después de seducirme. ¡Estas comprometido con Kikyo!
Bankotsu se quiso acercar, pero ella retrocedía y se alejaba.
─ ¡No te acerques, maldita sea! ─gritó la joven, sacándose una de sus sandalias y arrojándosela a él.
Él recibió el impacto con estoicismo. Era lo menos que se merecía.
Quería acercarse a ella, pero tendría que tener mucho valor para acercarse a una mujer furiosa como ella. Para mayor incomodidad empezó a sonar las primeras notas de Kiss Me, aquella noventera canción de Sixpence None the Richer.
─Kagome, no quería que las cosas fueran así.
La muchacha recogió su bolso del suelo, embardunado de arena de playa.
─Olvida que existo, simplemente desaparece ─pidió ella con voz con más calma.
Él iba a decir algo, seguir insistiendo, pero la voz de Sango materializándose lo calló.
─Kagome ¿está todo bien? ¿no quieres que vaya contigo a tu habitación de hotel?
Kagome intentó disimular lo ocurrido. Sango no sabía nada de esta historia y además la estaba pasando muy bien, haciendo nuevos amigos, cosa que en Madrid nunca hacía.
No le iba a arruinar su noche. O, mejor dicho, no dejaría que las mentiras de Bankotsu lo arruinasen. Ya en otro momento le contaría toda la historia, pero hoy no era ese día.
─Sango, vuelve a la fiesta. Disfruta, yo estoy bien, solo son problemas de chicas. Discúlpame con los chicos ¿sí?
Sango la estudió unos segundos y luego miró a Bankotsu. Algo no le cuadraba, no era estúpida, pero vio en los ojos de su amiga que quería estar sola. Así que lo haría como ella deseaba, por ahora.
─Está bien, me vuelvo con los muchachos, pero iré a verte en tu habitación más tarde ─aclaró Sango y luego tomó de un brazo a Bankotsu, que seguía parado allí, mirando hacia Kagome ─. Ven, Bankotsu, tu primo y tus amigos esperan por ti.
Kagome se marchó, sin mirar atrás, agradeciendo mentalmente que Sango se llevara a Bankotsu de allí. Todavía era capaz de percibir el calor de su fulminante mirada por su espalda.
Sin Sango viéndola, pudo llorar todo lo que quiso.
Atrás quedaron Sango, arrastrando por un brazo a un Bankotsu que tenía en sus manos el calzado que Kagome le había arrojado.
Todo había terminado ya.
De nuevo, Bankotsu había traicionado a Kagome.
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Y era cierto, Bankotsu estaba comprometido con Kikyo. Todavía no estaba seguro de como había ocurrido, pero había pasado.
Seguía siendo el bartender principal en el bar, pero había logrado su eterno cometido de ser pareja de Kikyo.
Increíblemente ella había cumplido su promesa y lo había oficializado.
Bankotsu, aun recordaba con cierta pena la incomodidad que sintió cuando Kikyo lo llevó a almorzar para que su padre lo conociera.
El hombre era amable, pero Bankotsu se sentía fuera de lugar. Ellos eran tan ricos, se movían en ambientes que él no conocía ni hubiera soñado que viviría.
Pero todo era por Kikyo ¿verdad?
Es por ella que había engañado y traicionado a Kagome, su mejor amiga. Y amante en los últimos meses, que había huido apenas se enteró de todo.
Este reencuentro en la fiesta de Hiten, él no lo había planeado que acabaran acostándose.
Pero tampoco pudo resistirse a la tentación, porque después de todo la había extrañado mucho.
Por más enamorado que dijese estar de Kikyo, no podía evitar pensar en Kagome y ene sa intimidad que nunca más volvería y menos ahora.
Ya nunca más serian amigos, serian como extraños. Peor que extraños.
Ya no habría esa complicidad nunca más. Esa confianza. Y todo había sido por culpa suya.
Kikyo, él la quería. Era demasiado bonita, elegante, un sueño de mujer.
Él pretendía que podía amarla aun con esos aspavientos que tenia de chica frívola y snob, cualidades que le había ido descubriendo en estos tres meses.
─Perdóname, Kagome…nunca hubiera querido herirte ─se dijo para sus adentros, mientras volvía a la mesa con los demás.
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Kagome terminó de cargar su maleta. Decidió que no iría a Valencia a visitar a Miroku, ya vería de mandarle los billetes y que fuera él, quien la visitara.
Porque Kagome decidió que volvería a Berlín, pero ya no como la otra vez, cuando no tenía idea de que hacer, esta vez se iría allá de forma indefinida. Ya al llegar allá le avisaría a Inuyasha de su decisión, de que quería de su estadía algo permanente.
Kagome lagrimeó al pensar en eso. Pero estaba decidida en que ella y sus pedacitos no se quedarían en este país, para ver como el hombre que amaba, vivía su final feliz de cuento de hadas con otra mujer. Una mujer que era su némesis.
Se marcharía mañana mismo, ya había llamado a la compañía a cambiar sus billetes.
Quería huir de este lugar cuanto antes.
Cuando pitó las ocho de la mañana, se levantó en automático a buscar a Sango que estaría en su habitación.
El vuelo salía a las 10 para Madrid. Como le escribió y ella no respondía, Kagome fue a buscarla a su habitación, seguro aun cansada de la fiesta de anoche.
Se aseguraría que bebiera mucho café.
Tocó la puerta varias veces, sin respuesta. Esto la preocupó, así que buscó su móvil para probar llamarla, no solo dejarle mensajes escritos.
Para sorpresa de Kagome, el móvil sonaba cerca de ella, así que volteó, y vio a Sango por el pasillo, con el cabello desordenado, las ropas arrugadas y puestas de prisa, con el maquillaje corrido.
─ ¡Sango! ¿pero de dónde vienes?
La muchacha bajó la cabeza y buscó la tarjeta de acceso a la habitación.
Kagome la miraba, perpleja. ¿Qué había pasado aquí?
Cuando la puerta al fin se abrió, Sango levantó la cabeza.
─Anoche dormí con Hiten…
─ ¿¡Qué!?
─Baja la voz, ya te contaré cuando estemos en Madrid, lejos de aquí. Entra, que pediré el desayuno ─le pidió Sango.
Kagome asintió y mentalmente agradeció que hubiera ocurrido algo de qué hablar, y de que la hiciera olvidar de forma momentánea su dolor.
Pero ¿Hiten y Sango?
¿La ecuación no era Hiten y Yura?
¿Cómo contarle esto a Yura?
La estadía en Tarifa, ponía todo de cabeza, incluida la suya.
Lo que, si tenía claro, es que tenía que huir de allí, ya mismo.
Antes de que Bankotsu se le ocurriese volver a buscarla.
No quería volver a verlo.
CONTINUARÁ.
Perdón, amigos y amigas por esta pausa. Es que ahora estoy al cien por ciento de la gripe
Y les pido disculpas por los errores y los dedazos.
Perdón por lo ocurrido entre Kag y Bank, pero Kagome aún no está recuperada, sólo fueron tres meses de autocompasión.
Tarifa es una hermosa ciudad costera española, por cierto.
Veremos si puedo alzar capi por Navidad o el dia jueves.
Para compensar y normalizar los dias, además al fic le queda siete capitulos y quiero sacarle el jugo.
BESOS A MIS COMENTARISTAS DEL 18 NITOCA, ASIA12, SAVV21, AZZULAPRINCESS, GIGIMORE.
SI NO NOS VEMOS ESTA NAVIDAD, LES DESEO QUE TENGAN UNA TRANQUILA NOCHEBUENA 2019.
BESOS.
Paola.
