INUYASHA NO ME PERTENECE, SOLO HAGO ESTO DE DIVERSION
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AMIGOS CON BENEFICIOS
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CAPITULO 20
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OCHO MESES DESPUÉS
Madrid.
Buscó el único traje negro que tenía en el closet. Una que le traía malos recuerdos, porque era el que había usado en el funeral de su abuelo.
Bankotsu odiaba los funerales. No podía negarse como un niño enfurruñado a hacer una pataleta.
Tenía que ir.
Si aún pretendía conservar algo de lo que tenía con Kikyo Sanders, porque el funeral era de su padre.
El afamado y prestigioso economista Totosai Sanders había muerto de un repentino ataque cardiaco que le había cogido en pleno vuelo a Londres. Nada pudo hacerse para salvarlo.
Asi que en Madrid había cierto clima de luto, de tristeza y de perdida. Como si la naturaleza se hubiera dado cuenta de que el mundo había perdido a una lumbrera.
El hombre había sido dedicado y un gran maestro de las ciencias económicas. Un intelectual versado e informado.
Lamentablemente no había acompañado esa faceta con la de ser un buen padre. El resultado era que había acabado criando una arpía caprichosa como Kikyo, que ahora quedaba sola en el mundo. Una Kikyo sin las herramientas para manejar la herencia que podría dejarle su padre, por su nula gestión.
Pero eso era otra historia para más adelante. Lo primero era el funeral, un evento que reuniría a lo mejor de la sociedad madrileña, que se daría cita para darle el último adiós a un hombre.
Bankotsu intentó anudarse la corbata. Pensaba en ese hombre, sólo lo había visto dos veces en su vida. La primera cuando Kikyo lo presentó, y el sujeto no pareció dar acuse de recibo de su presencia. La siguiente lo miró con el rabillo del ojo.
Bankotsu no podía disimular la incomodidad que ello le generaba, porque se suponía que estaba prometido con Kikyo. Un status que no le generaba ningún placer y pensar que antaño era algo con lo que solo hubiese soñado.
Increíblemente Kikyo no le presionó que abandonara su trabajo en el bar, pareciera que a la muchacha le daba placer poder exhibirlo como trofeo por su atractivo. No negaba que las primeras semanas habían sido casi idílicas, abandonado al placer de tener una mujer como ésa sólo para él. Pero las apariencias caen y con ello la verdad. Y eso lo entendió sólo poco después de que tuviera aquel encuentro sexual con Kagome en Tarifa.
Sólo en ese momento se había dado cuenta de cuanto la había extrañado y añorado.
Sentimientos que habían aflorado en estos meses.
Detalles que lo carcomían y lo mataban. Y pensaba que antes no le importaban.
Extrañaba a esa mejor amiga con quien era capaz de confiarse todo, sin reservas.
Extrañaba su compañía y su cariño.
Extrañaba sus manías de cocina. Extrañaba ese dulce de melón, de fruta de verdad, cuyo sabor ahora se le hacía tan lejano y nostálgico.
Su sonrisa sincera, riendo con ganas sobre cualquier cosa. De forma veraz y autentica. Una que él se encargó de arrebatar con sus mentiras y engaños.
Y es ahora cuando apreciaba a una persona como ella, ahora que estaba inmerso en un nido de víboras, frívolas, que cada que podían, le echaban en cara que no pertenecía a ese exclusivo mundo.
Había aprendido a ver a Kikyo como era en realidad, como siempre había sido. Había sido tan estúpido y ahora se sentía atrapado y hastiado.
Kikyo era frívola, maniática e incluso malvada. La había visto hecho arrodillar a su limpiadora, al descubrir que era una inmigrante indocumentada. Al descubrir la situación migratoria de la mujer, la había hecho llamar y le había dicho que tenía dos opciones: o arrodillarse y aceptar a Kikyo como una especia de salvadora. O negarse y ser denunciada ante las autoridades migratorias.
Bankotsu lo había visto con sus propios ojos. No había necesidad de una crueldad tan extrema como ésa. Esto solo fue la punta del iceberg que lo ayudó a conocer más a la mujer que fungía como su prometida.
Su compromiso mismo había sido fruto de la locura más intensa. Recordaba con pena aquella noche de fiesta en Tarifa, cuando él acababa de salir de tener relaciones con Kagome y parecía que iban a retomar su amistad y algo más, fue que Hiten, quizá avispado por el vino se le ocurrió decir que estaba comprometido con Kikyo.
En ese momento no estaba comprometido con ella ni hubiera pensado en eso.
Por todos los cielos, que él no era de los que se casaban, él era un alma libre. Pero gracias al numerito de Hiten, Kagome había acabado confirmando lo peor de él.
Recordaba cómo había intentado buscarla, pero Kagome no se dejó encontrar. Temía que de vuelta se fuera a marchar.
Así que, de regreso a Madrid, intentó contactar con Yura de vuelta, con la esperanza de localizar a Kagome, pero la joven no se hospedó allí.
Le había rogado a Yura que lo ayudara. Finalmente, Yura le había hecho pasar y le había dicho algo que no se esperaba.
─Te sugiero que no busques más a Kagome, así como tú, ella tiene una vida en Berlín.
─No jodas, Yura, si solo hace par de días echamos un polvo en la fiesta de Hiten ─retrucó Bankotsu, recordando su arrebato ─. Estoy seguro que no me ha olvidado y merece una explicación.
─No, no me entiendes. Ella vive en Berlín, pero no sola, vive con Inuyasha y son pareja. A estas alturas ya debieron haberse vuelto, porque ya no están en Madrid. Si durmió contigo habrá sido un desliz, así que no te esperances tanto; además estas comprometido ¿no?
Bankotsu oyó, sin creer ni dar crédito. ¿Kagome con Inuyasha?
Pero las evidencias arrasaban. A pesar de que quiso creer de que Yura le jugaba una broma, sólo tenía que rememorar que Kagome no tenía a nadie en Alemania y si estaba allí, tenía que ser con ayuda de alguien. Y era evidente que ese felón de Inuyasha no se conformaría con una simple amistad.
Apretó los puños de rabia de solo pensar que Kagome podía ser la novia de Inuyasha. Una novia con la que vivía. Eso fue el desencadenante de un ataque de celos que inundó su alma de pena.
Compró un billete a Berlín y guiándose por la página web de la compañía de la familia de Inuyasha, pudo dar con la dirección del edificio donde funcionaba la oficina, que presidia Inuyasha, y donde esperaba ver a Kagome. Y desmitificar la mentira de Yura.
Finalmente, luego de horas de espionaje, y de estar sentado en un café cercano, pudo ver a Kagome saliendo del edificio. Preciosa, con un conjunto blanco de camisa y falda.
La vio salir caminando, tenía puestos unos anteojos y no pudo verle los ojos. Finalmente, luego de unos minutos, un elegante coche negro paró y de el salió su némesis.
Inuyasha, vestido con un impecable traje sastre, se acercó a ella, y le dio un abrazo.
Bankotsu creyó ver intercambio de besos, pero no estaba seguro, porque a esas alturas ya estaba hirviendo de celos.
Finalmente, ambos subieron al coche y se marcharon y Bankotsu tuvo un primer impulso de coger un taxi y seguirlos. Pero tampoco tenía tanta sangre fría como para ver el nido de amor de esos dos.
Odió a Kagome. Y tanto que él se sentía culpable por lo que había pasado en la fiesta de Hiten, porque creía que la había lastimado. Pero ella vivía con Inuyasha.
Asi que se marchó de ahí y en esos ocho meses ya no volvió a fisgonear.
Un ataque lo llevó a pedirle matrimonio a Kikyo, como represalia, a su regreso a Madrid. No podía creer que Kagome, su Kagome pudiera hacer esto, no podía ni quería imaginarla en brazos de otro hombre.
Podía imaginarla lejos, pero sola, aun pensando en él. Porque un amor como el que ella le tenía no era algo que pudiese olvidarse fácil.
Así que el despecho, los celos y la rabia lo volvieron un hombre comprometido, con una mujer, que antes había sido un sueño para él. Y ahora era una carga.
Habían pasado ocho meses y ahora estaba peor que antes. Estaba dolorido y celoso.
Y arrepentido.
Si no hubiera sido tan estúpido y hubiese reconocido antes sus sentimientos hacia Kagome, las cosas serían diferentes.
Porque era algo que ya no podía disimularse a sí mismo, es que sus sentimientos hacia Kagome no eran de solo pena ante la amistad perdida. Era algo más y mucho más intenso.
Pero había tenido que llegarle o darse cuenta cuando ya era tarde. Inuyasha había sabido usar sus dotes y la había seducido. Había cumplido su promesa de hace mucho tiempo atrás.
De que iba a golpearle donde más le dolía.
Y no se trataba de Kikyo.
Terminó de anudarse la estúpida corbata, cogió su billetera, sus llaves y salió.
Acababa de recibir el sexto mensaje de Kikyo, de que lo estaba esperando para el servicio funerario.
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Kikyo intentaba disimular su congoja y los ojos rojos con unos carísimos lentes oscuros de Chanel. Vestida completamente de negro, igual lucia muy elegante y hermosa.
Independientemente de que fuera una arpía, su padre había sido todo para ella.
Intentó distraerse mirando el lugar, había sido acondicionado y adornado por la compañía funeraria, y realmente había quedado impecable. El Colegio de Economistas de Madrid había cedido sus instalaciones como un homenaje a uno de sus miembros más ilustres, así que finalmente el funeral se había organizado allí.
Además, que se iba a necesitar su espacio. Todos cuanto eran alguien estaban pasando por el lugar a presentar sus respetos al desaparecido Totosai Sanders.
Todos menos Bankotsu, quien llegaba tarde.
Se palpó el dedo donde tenía el anillo de oro blanco que él le había regalado como muestra de su compromiso.
Un anillo que ella no consideraba apto para ella, ¿pero que podía esperar?, imaginaba que Bankotsu lo había comprado a plazos con su tarjeta de crédito.
Bankotsu era para ella, un terrible objeto de obsesión. Por eso no podía soltarlo y había aceptado su estúpido ofrecimiento de matrimonio, aunque significare quedar a menos frente a la exclusiva sociedad madrileña.
Respetaba a su padre, pero ya no aguantaba el hastió del lugar. Había tenido que saludar y aceptar las condolencias de demasiadas personas.
Y la enfadaba que Bankotsu no llegara. Quería llorar, pero no quería que nadie la viera haciéndolo. No quería verse débil ni frágil ante nadie.
Estaba sentada en un sitio, donde para su desgracia su presencia era visible para todos. Por un momento, maldijo su belleza. Era perfectamente capaz de darse cuenta que eso la hacía aún más atractiva y notoria. Así que no podía darse el lujo de que la vieran llorar.
Cuando ya estaba echando la décimo sexta maldición y ya iba a coger el móvil para volver a llamar a Bankotsu, olvidó el asunto cuando vio entrar al recinto a una persona inesperada.
Inuyasha, su ex novio.
Kikyo parpadeó confusa. Por los últimos cotilleos, sabía que él estaba viviendo en Alemania por cuestiones laborales.
Vestido con un impecable traje negro sastre y con el cabello engominado, Inuyasha hacia alarde de esa sofisticación y elegancia, tan propia de las gentes de su clase social.
Por unos segundos, Kikyo le tuvo cierta añoranza. Había sido su único novio desde siempre, el novio con él que se podría soñar un matrimonio de cuento de hadas, con el mismo círculo social, con el mismo todo.
Lo último que había sabido es que aparentemente estaba liado con una empleada suya.
Así como ella, Inuyasha también había caído bajo, porque según sabia, era la misma mujer con la que Bankotsu había tenido líos hace un tiempo y la misma a la cual Kikyo procuró la desgracia de que perdiera trabajo.
Al final había resultado una arribista, si había terminado coqueteando con su propio jefe. Que desvergüenza la suya.
─Kikyo, ten mi pésame ─la voz segura y tranquila de Inuyasha la quitó de su ensoñación.
─Gracias.
Inuyasha se sentó a la joven, y no parecía incomodo con ella. Ya no tenía rastros ni indicios de ese amor enfermizo que había sentido hacia ella.
Kikyo lo notó y su orgullo de mujer se sintió herido, por la costumbre que ella tenía de tener a todos a sus pies.
─No sabía que querrías venir a un funeral ─replicó la joven, sin mirarlo.
─Apreciaba mucho a tu padre, y no podía dejar de venir a presentarle mis respetos.
─ ¿Y viniste de Alemania solo para esto? ─verbalizó ella
─Fue una coincidencia desafortunada, solo vine a ver a mi familia y arreglar cosas de la compañía, me enteré de tu desgracia, cuando ya estaba en mi casa de Madrid ─explicó él, calmado
Kikyo quería preguntarle si había venido solo y lo iba a hacer, cuando una figura alta se hizo presente en el sitio. Era cierto que el traje de Bankotsu no era de marca, pero tenía que reconocerse que tenía más presencia que cualquier otro sujeto del sitio.
Muy alto, erguido y con mucha prestancia, pese a su falta de elegancia patente.
Eso había sido suficiente para que Kikyo perdiera cualquier atisbo de melancolía hacia Inuyasha o algún otro sentimiento que pudiere ocasionarle su compañía. Tenía que reconocer que Bankotsu tenía un aspecto formidable e imponente, aunque no estuviera vestido como Inuyasha.
Kikyo, al verlo, ya se había olvidado de Inuyasha. Lo amaba enfermizamente, como detestaba su inferioridad social.
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Bankotsu llegó, y ni siquiera tuvo tiempo de reparar en las cosas, cuando se topó con que el hombre que estaba sentado junto a Kikyo era nada menos que Inuyasha Taisho, ese maldito bastardo que le había logrado arrebatar lo más querido.
¿Arrebatar?
Sólo había tomado lo que él no había sabido valorar. Que patán se sentía. Lo odió aún más cuando notó que Inuyasha se percató de su presencia y lo escrutaba con los ojos.
Bankotsu se sintió profundamente celoso. Igual, procuró disimular y acercarse.
─Ya estoy aquí ─esgrimió, sin mirar al hombre que estaba sentado junto a Kikyo
─Te estaba esperando hace tiempo ─recriminó la joven.
En eso, Bankotsu ya no pudo aguantarse y le dirigió una furibunda mirada a Inuyasha.
─ ¿Y tú que haces aquí?
El referido tampoco pensaba amilanarse.
─El señor Sanders era un viejo conocido de mi familia ─arredró Inuyasha
Por unos segundos ambos hombres se miraron.
De algún modo, aquel enfrentamiento encantó a Kikyo, porque suponía que el motivo de la rivalidad era ella. Como siempre había sido.
─Bueno, es mejor que me vaya, Kikyo ─Inuyasha se levantó y cogiendo la mano de la joven, se la besó ─. Fue un gusto volverte a ver.
Antes de eso, lanzó una mirada de odio hacia Bankotsu y se marchó sin despedirse de él.
Bankotsu ocupó el asiento libre junto a su novia. Su mente rápida inmediatamente empezó a escudriñar.
Inuyasha estaba en Madrid. ¿Habría venido solo?
¿Sería posible que Kagome estaba en el país?
Moría de ganas de correr y espiar el piso de Yura, porque si Kagome venia, era más que seguro que vendría a verla a ella. Cosa imposible de hacer, porque no podía abandonar a Kikyo.
¿Dónde se podría estar quedando?
El corazón de Bankotsu se inflamó de una peligrosa mezcla de pasión, deseo, nostalgia y entusiasmo.
Solo le quedaba contar las horas que le quedaban a este funeral para largarse a ir a averiguar si Kagome había venido.
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La joven que cargaba una maleta tocó el timbre del piso.
Escuchó unos pasos pausados por la habitación. Era evidente que Yura se había acercado a ver por la rendija, porque inmediatamente oyó como descerrajaba la puerta y lo abría.
─! Kagome!, por dios…no sabía que ya habías aterrizado
Kagome abrazó cariñosamente a su amiga. Había extrañado tanto a Yura, pese a que siempre tenían largas charlas vía WhatsApp, pero eso no era lo mismo en comparación a verla en persona.
Cuando las amigas se separaron.
─Dios…Kagome…estas hermosa ─admiró Yura al ver a Kagome tan bonita, y luego pareció acordarse de algo ─. Soy una tonta, por favor pasa, que te estoy reteniendo en la puerta ─la invitó a pasar.
─Gracias, Yura ─Kagome pasó a la pequeña sala, dejando su maleta cerca de la entrada ─. Sólo me quedaré un momento, tengo reservada una habitación.
─Nada de eso, que te quedas aquí ─refirió Yura, desde la cocina, ocupada en algunos cacharros ─. ¿Quieres té o café?
Kagome dejó el abrigo y se acomodó en el pequeño sofá.
─Un café nos vendría bien ─pidió Kagome, admirando el decorado del piso de Yura ─. Tu hogar ha quedado muy acogedor.
Kagome en verdad estaba sorprendida del cambio, porque Yura siempre había sido desordenada y no era muy fanática de la limpieza de la casa. Pero el piso estaba impecable y la pequeña cocina americana que se veía desde la sala, tenía un aspecto luminoso.
─ ¿Aprendiste a cocinar? ─preguntó Kagome, al ver que la alacena estaba bien provista de mercado.
─Fui a clases de cocina y hasta fui a uno de pastelería creativa que me ha gustado mucho ─mencionó Yura, sacando el café de la máquina, para servirla en dos tazas.
─No lo habías contado ─reclamó Kagome
─Kag, tú vives en Berlín, lejos de estos trastos, no valía la pena contarlo.
Yura puso frente a la recién llegada una taza de café humeante y un plato de muffins.
─Pruébalo, los muffins los hice yo misma. Tendrás que probarlos como un castigo por no haberme avisado que venias hoy, esperaba tu llegada para mañana.
─Es que a Inuyasha se le presentó un imprevisto y quiso estar antes ─adujo Kagome, sin dejar de revolver el edulcorante del café ─. Quería pasar por el funeral de Totosai Sanders.
Yura enarcó una ceja. Ese nombre le sonaba.
─Espera ¿ese no es el padre de esa bruja desalmada de Kikyo Sanders?
─La misma ─replicó Kagome, viendo el café muy fijamente y frunciendo la boca.
Recordar a Kikyo era parte de rememorar algo muy penoso y triste para ella. Había huido a Berlín, justamente para intentar reconstruirse y renacer.
Yura se dio cuenta, pero no hizo ninguna mención. Los asuntos del corazón podían ser muy dolorosos, y bien lo sabía ella.
Kagome se sacudió la cabeza y estudió a su amiga. Además del cambio en su hogar, también notó muy cambiada a Yura. Estaba más delgada y ya no vestía como antaño, con prendas diminutas. Tampoco estaba maquillada y tenía la melena más larga, sin atisbos del tinte negro que le encantaba, porque tenía el cabello con su natural castaño.
Kagome se daba cuenta de que había cambiado. Estaba más mesurada y más triste.
La joven suspiró.
Claro que sabía el motivo.
Hiten Maxwell estaba en pareja con Sango, la otra amiga en común que tenían.
Aquel revolcón que habían tenido la noche de esa fiesta, donde Kagome también se había dejado seducir por ese impresentable de Bankotsu, había devenido en algo más serio.
La noticia, si bien no era nueva a estas alturas, había calado profundo en Yura.
Habían hablado de eso par de veces por Messenger.
Así como de la decisión de Yura de no decirle a Sango, que Hiten había tenido algo con ella en el pasado. No valía la pena enturbiar el presente con algo que ya no tenía sentido, así que Yura había tenido que tragarse cuando una feliz Sango le narraba cosas de su noviazgo.
Kagome se lamentó por Yura. Pero tampoco quería culparla. Había dejado pasar muchos años y no había movido un dedo, así como tampoco había respondido los embistes amistosos de Hiten.
Era natural que Hiten se hubiera ido con alguien al final. Lo que no se esperaba es que haya sido con alguien que le resultara cercana como Sango.
Kagome decidió no comentar nada para no ayudar a acrecentar la pena de Yura.
Porque la entendía y mucho. De solo pensar en su propio corazón destrozado y hecho añicos por culpa de Bankotsu, quien la había usado y engañado.
Todo este tiempo lejos los había usado en reflexionar sobre aquello. Así como Yura, intentó por todos los medios sobrevivir a la hecatombe de su alma, trabajando y esmerándose mucho.
Y ahora estaba en tratativas de entrar a la universidad en Berlín para el siguiente año. Quería cursar Contables. Justamente para eso venía a Madrid, a llevar documentos y apostillar certificados. Había aprendido a abrir los ojos a un mundo desconocido para ella, en medio de la recuperación por su lacerante dolor.
El dolor apremiante había desaparecido ya. Ya no lloraba y había conseguido pasar página. No estaba segura de sus sentimientos, porque es difícil quitarse el amor por alguien en menos de un año, pero al menos ya tenía claro que Bankotsu era su enemigo y que no podía confiar en él.
Había hecho mucho por olvidar su aflicción. Y reconocía que Inuyasha había tenido que ver, no solo con la oportunidad laboral única que le había dado, sino por el hecho de haberle abierto una puerta, antes inaccesible a ella.
Además, tenía mucho en lo cual pensar, y en especial en un suceso ocurrido antes de embarcar para Madrid.
Inuyasha había venido a buscarla para ir al aeropuerto y había venido al piso donde ella vivía. Y antes de que Kagome fuera a por sus cosas, él la había detenido.
─Kag, uno de los motivos por el cual quiero ir antes es porque falleció el padre de Kikyo.
Kagome se sorprendió con la novedad.
─No tienes que explicarme nada, Inuyasha ─mencionó ella
─Quiero hacerlo y más porque quiero que tengas claro que lo hago por respeto al señor Totosai, porque fue un amigo de mi familia.
Kagome no comprendía porque Inuyasha tenía necesidad de excusarse ante ella. Eran amigos, es verdad, pero nada más.
Quiso detenerlo, pero él volvió a insistir.
─No lo hago por su hija ni mucho menos y te lo digo, porque deseo expresarte que me interesas, Kagome. Me interesas muchísimo ─Kagome quiso abrir la boca, asustada, pero el joven la detuvo ─. Déjame continuar por favor, a lo que voy es que me gustas mucho, Kag y que sepas que esto no compromete nuestra relación laboral. Lo que puedas decidir con respecto a mí, no afectará nuestra amistad. Yo no soy esa clase de hombre.
Kagome no se esperaba tamaña declaración. No sabía que decir. Era cierto que había visto mucho interés en Inuyasha en velar por ella y ciertos gestos, pero ni remotamente hubiera pensado que él la veía con otros ojos.
─Inuyasha…es que no sé qué decir…
─Pues no digas nada, solo piensa en mi declaración y en que deseo tener una oportunidad contigo. ¿Lo pensarás?
Kagome aún estaba pasmada ante esto. Inuyasha se le estaba declarando .
Lo que antaño pudiera figurarse como un sueño y que fuera el estúpido objetivo por el cual había trazado un trato con Bankotsu en el pasado.
Ahora era palpable y no podía dudar del discurso de Inuyasha, que se le figuraba como un hombre bueno y honesto. Y debía reconocer que había sido quien la había salvado de la miseria en la que se encontraba, dándole confort con un trabajo como en lo que nunca soñó, y por, sobre todo, Berlín. Le había abierto puertas como nadie.
Lo quería muchísimo por eso.
Pero no lo amaba.
Aunque se esforzaba por intentar verlo de otro modo, no podía porque su corazón aún se resistía a dar ingreso a alguien más. Su corazón, para su desgracia seguía infectado del pasado.
─Está bien, lo pensaré ─finalmente fue lo que Kagome le había dicho.
Y eso había sido todo.
Luego tomaron el vuelo a Madrid y no se había vuelto a mencionar el tema.
Pero en algún momento era un asunto que tendría que volver a salir a flote.
Apreciaba a Inuyasha como más.
Amarle podría no serle difícil.
Lo difícil era poder limpiar su corazón.
CONTINUARÁ
HOLA AMIGOS, ESPERO HAYAN TENIDO UN 2020 MARAVILLOSO DE INICIO.
YO HE VUELTO DE MIS VACACIONES Y CON GANAS DE TERMINAR ESTA HISTORIA.
CASI DESDE NAVIDAD ANDUVE DE VAGACIONES, ASI QUE ERA DE VOLVER AL FIC.
COMO LES DECIA SOLO TENDRÁ 26 CAPITULOS Y SÓLO NOS QUEDA 6,
PARA ORGANIZARME MEJOR HE DECIDIDO DEJAR LAS ACTUALIZACIONES PARA LOS DIAS DOMINGOS Y MIERCOLES DE NUEVO.
LES AGRADEZCO MUCHO SUS COMENTARIOS Y VOTOS.
PD: EN EL SIGTE CAPITULO YA EMPIEZA EL ARCO DEL PASADO DE KAGOME.
BESOS A MIS COMENTARISTAS DEL 19: AZZULAPRINCESS, NITOCA, SAV21, KASAI SHINJU, ASIA12 SAKURA KUNOICHI NO POWER
LOS QUIERO MUCHO.
