INUYASHA NO ME PERTENECE, SOLO HAGO ESTO DE DIVERSION
.
.
.
.
AMIGOS CON BENEFICIOS
.
.
.
CAPITULO 21
.
.
.
Yura odiaba las noches. Es cuando más sola se sentía, y tampoco es que añorase aquellas vacías noches de juergas tras salir del bar Shikon. Que lejano se le antojaba todo aquello ahora.
Tampoco podía recordar los rostros de aquellos innumerables hombres que había llegado a invitar en aquel horrible piso que compartía con Kagome hace un año.
Ahora todo había cambiado. Nunca más había vuelto al bar Shikon, pero sí que se había encontrado con Jakotsu su ex jefe, en varias ocasiones más.
De servir mesas en el Shikon había pasado a servir mesas en la cafetería de la compañía de los Taisho. Y en todo este tiempo había conseguido ascender al área de caja, así que ya no servía mesas. Su horario y la paga era mejor, así que en teoría debería sentirse dignificada, pero a Yura le dolían otras cuestiones.
No solo el hecho que en menos de un año había roto varios vínculos. Una de ellas con Bankotsu.
Y él único culpable había sido ese gilipollas, porque lo que le había hecho a Kagome era imperdonable y ella no podía obviar esa traición.
La joven se bebió el té que estaba tomando y rió al recordar la mentira piadosa que le había dicho a Bankotsu para sacárselo de encima.
Hubo un tiempo que el chico no la dejaba en paz, acosándola para que le diera información sobre Kagome y Yura, munida de cierto deseo de venganza y con ganas de herir su orgullo herido fue que le había dado la mentirilla de que Kagome e Inuyasha eran pareja y vivian juntos en Berlín.
Todo con tal de espantar a ese villano y había funcionado.
Porque Bankotsu había terminado creyéndolo, porque no volvió a rondarla con preguntas.
Eso también la entristecía cuando recordaba que habían sido amigos, todos ellos. Y ahora ese vínculo estaba roto.
Eso le traía a colación lo más doloroso, lo que nunca admitió en voz alta: Hiten
Eso ya quedaba como peso de consciencia. Tampoco pensaba arruinarle a Sango su aventura, contándole lo de ellos, porque ella no se lo merecía. Ya no era un simple revolcón, porque habían pasado ocho meses y Sango viajaba a Tarifa todos los fines de semanas. Por detalles que Sango le había narrado, incluso sabía que Hiten tenía un cajón en el armario empotrado en el piso de la muchacha.
¿Pero que podía decirle?
Ella nunca le había hablado sobre las cosas que quedaron pendientes y que ahora lucían decrepitas e innecesarias. Si antes había tenido la esperanza de seguir como interés romántico de Hiten, ahora ya podía darlo por perdido.
Y todo por su tozudez.
Lo único que la alegraba era la situación actual de Kagome.
Se la veía más bonita y elegante. Como una chica con pasta, pero sin haber perdido un ápice de la humildad que siempre tuvo. No estaba segura que hubiera arreglado sus problemas del corazón, pero al menos ya no tenía ese exterior destrozado, mismo que tuvo cuando regresó de Tarifa la última vez hace meses.
Yura sabía que Bankotsu y Kagome se habían liado esa noche. Él abusó de la debilidad de la joven de forma imperdonable. Al momento de ver a Kagome, hecha trizas, maldijo no haber ido al cumpleaños, porque ella si hubiera estado atenta de cuidar a Kagome.
Siguió bebiendo su té, cuando el estridente sonido de su timbre se hizo eco.
Yura se levantó. No podía ser otra que su vecina de piso, que vendía cosméticos por catálogos y que siempre solía pasar a esas horas a dejarle revistas.
Por eso es que se sorprendió muchísimo, ya que al ver por la rendija se topó con alguien inesperado.
─Por dios, solo pienso en él un segundo, y parece que terminé invocándolo.
Yura destrabó la puerta.
─ ¿Bankotsu?
─Hola Yura
La joven frunció el ceño.
─ ¿Y que se te ha perdido aquí? ─aunque Yura supo de inmediato que Bankotsu se había enterado de algún modo de la venida de Kagome.
─ ¿Puedo pasar y charlar contigo un momento?
Yura pestañeó, pero terminó haciéndose a un lado para que Bankotsu pasara.
Ya estaba ideando cosas para volverle a mentir. ¡No podía ser tan bribón de venir a preguntarle por Kagome de nuevo!
Bankotsu cruzó la puerta y se mostró bastante asombrado del orden del piso.
La Yura que él siempre conoció era una desordenada. Pero la gente, evidentemente, cambiaba.
Yura le hizo una seña que tomara asiento.
─ ¿Y qué te traes por aquí, Bankotsu? ─verbalizó la mujer, pero no pudo evitar notar que Bankotsu no tenía el aspecto sardónico de siempre. Parecía cansado y algo triste. Yura se reconoció a sí misma en él. Seguramente la tal Kikyo Sanders lo tenía a mal traer.
─Tu y yo no terminamos bien las cosas, Yura…
─No me vengas con prehistoria. Tu sabes que no podía seguir siendo amiga del hombre que destrozó a mi mejor amiga.
Bankotsu parecía estar determinado, pese a su aspecto casi lúgubre.
─No te mentiré, no solo he venido aquí a intentar recuperar a una vieja amiga, sino para que me saques de la oscuridad de un asunto.
Yura enarcó una ceja.
─A la oscuridad te has metido tu solito.
─Lo sé ─refirió él, para sorpresa de ella que no esperaba esa respuesta ─. Kagome ha significado más para de lo que piensas y he sido una basura con ella; siempre lamentaré lo que le hice y comprenderás que siempre necesitaré verla. Me he topado con Inuyasha Taisho y estoy seguro que Kagome vino con él.
─Pero claro que solo así te sacaría de la madriguera donde te ocultas con tu noviecita, por cierto ¿Cómo va tu compromiso? ─Yura no tenía intención de ser amable, es más tenía muchas ganas de apabullarlo a golpes
─Si te interesa, el padre de Kikyo se murió el otro día.
─Lo sé, no estoy ciega y aun puedo leer el periódico ─Yura tenía cruzados los brazos y en ningún momento abandonaba su pose desafiante; ni siquiera había ofrecido algo que beber a su invitado.
─Sé que no quieres volver a ser mi amiga, por lo que le hice a Kagome y es por eso que… ─pero Yura ya no quiso oírlo y se levantó bruscamente del sillón.
─No vayas por ahí, ¡por favor!, lo que le hiciste a Kagome es imperdonable, si te hice pasar fue de curiosidad, no para que me sueltes las mismas tonterías
Bankotsu también se levantó. Tenía un aspecto muy serio. Eso hasta Yura podía notarlo.
O estaba muy dolido o se había vuelto un buen actor.
─Lo que le hice será algo que llevaré en mi consciencia por siempre. Me odiaré toda la vida por ello, y aunque sé que ella tiene a Inuyasha ahora ─Bankotsu pareció detenerse un momento, como si padeciere al saber que Kagome estuviera con ese hombre. ─ Por esa amistad que tuvimos y todos aquellos recuerdos del pasado, quisiera poder verla, al menos desde lejos, ya que no creo que quiera verme.
─ ¿Y porque quieres verla, aunque sea desde lejos?, siendo así no podrás engatusarla como hiciste en Tarifa ─refirió punzante Yura, sin ánimo de claudicar.
Bankotsu se veía tan serio y pasivo, que por eso no vio venir cuando él le tomó un brazo.
─Por favor, Yura, tengo que verla ─Bankotsu le dedicó una penetrante mirada cobalto ─. Es cierto que estoy prometido a Kikyo, y fue una maldita conjura, una decisión que tomé precipitadamente al saber de la relación de Kagome, y juro por el alma de mi abuelo que no es algo que quiera. Maldigo mi debilidad, y mi estupidez si con ello lastimé lo que más amaba, aunque en ese momento no sabía lo que ella significaba para mí.
Al oír esa alusión al amor, Yura lo miró.
No esperaba oír esas palabras de ese hombre. Hasta ese momento siempre había creído que estos aspavientos de Bankotsu eran por simple orgullo de macho herido. Y hasta tuvo el deseo de poder decirle que aquella había sido una treta, pero se contuvo, aun no podía fiarse de ese hombre.
El joven pareció darse cuenta del fuerte agarre que estaba haciendo del brazo de Yura y la soltó.
─Perdona, no quiero ser brusco contigo. A la par de perseguir siempre el perdón de Kagome, siempre querré redimirme contigo, Yura…
Yura meneó la cabeza, pero no podía negar que se sentía conmovida por esta la escena.
─Si te digo por dónde anda, irás a acosarla
─No lo haré, no correré a molestarla. Lo juro, Yura.
─Me cuesta aun creerte, Bankotsu ¡erais carne y uña con Kagome y conmigo! Y lo rompiste. Ha sido obra tuya. ¿Cómo sé que esto que me dices que la amas, no es otro juego tuyo?
─No lo es ─y cuando dijo eso, le dirigió a Yura una mirada certera ─. Tu más que nadie ha de saber lo que es sacrificarse en silencio, por amor a alguien.
Yura enrojeció violentamente con aquella alusión. No sabía si sentirse indignada o desolada. No hacía falta que le recordaran su desgracia.
Pero el golpe había sido muy certero, un golpe muy bajo. Bankotsu había sido muy rotundo al hacerlo. Maldito sea.
─No te atrevas a hacer esa comparación ─gruñó ella
─Te lo digo, no por lastimarte, sino para que me entiendas. Tu siempre huiste de Hiten y tus sentimientos, incluso cuando él estaba abierto a ti. Y ahora estas sufriendo porque él encontró a alguien y tu perdiste la oportunidad. Pero tienes ese deseo de hablarle, de verle, aunque sea sólo para ganar su perdón… ¿o me equivoco? ─Bankotsu aprovechó para colocar una mano en el hombro de Yura.
Y fuera de todo pronóstico, la alusión a su terrible situación hizo que Yura empezara a flaquear.
Unas lágrimas traidoras salieron de sus ojos, antes de que su consciencia pudiera frenarlas.
Yura se sintió profundamente sensibilizada. Si fuera la Yura de antes, fácilmente podría mandar a volar a este hombre. Pero ya no era la misma.
El hombre lo notó y en un gesto solidario, y de profunda adhesión la abrazó.
Yura no tenía otros amigos, nunca había podido desahogarse con nadie, salvo Kagome, pero ella no vivía aquí y las charlas a distancia no eran lo mismo que un cálido abrazo.
Finalmente, la joven se dejó amparar en aquello brazos, que la acogieron en un cariñoso estrujón.
Un abrazo de hermanos que se reencontraban tras una larga sequía.
Sólo allí Yura se dio cuenta de cuan sola estaba.
..
.
.
.
─Vamos a la tienda de lencería, he visto un conjunto que deseo comprar ─pidió Sango, quien cargaba varias bolsas llenas.
Kagome, quien estaba mirando una vidriera, también cargaba otras bolsas.
La belle residente en Berlín había aprovechado su reencuentro con Sango para convertirlo en una salida de compras.
Hubiera querido invitar también a Yura, pero estas salidas no eran su estilo.
Sango si era una compañera para estas cosas. Y Kagome había desarrollado cierto sentido por las prendas y accesorios desde que vivía en Berlín.
Como resultado era una mujer más elegante y sofisticada.
─ ¿Un conjunto de lencería? ─preguntó Kagome
─Sí, quiero pedirte opinión ─refirió Sango
─Creo que a quien deberías pedirle opinión es a Hiten ¿no crees?
Sango enrojeció.
─Sabes que ansió tu opinión. Nunca olvidaré que tú nos presentaste.
Kagome se enterneció por su amiga.
Independientemente que el asunto le diera lastima por Yura. Pero suponía que Yura se lo había buscado.
─Me alegro que les vaya muy bien. Hiten es un gran chico y siempre procurará por ti.
─Me alegra mucho que estés conmigo, te he echado mucho de menos, Kagome ─avispó Sango, y añadió ─. Seguro esperabas que Yura tomara tu lugar, pero esa muchacha es rara. Así que hay muchas cosas que aún no pudimos congeniar con ella.
─Yura es una chica especial, y te aprecia. Pero no esperes que sea muy sociable ─atinó Kagome, aunque no tenía ninguna intención de revelarle nada. No valía la pena.
Pero era natural que no hubieran forjado una amistad profunda con el alejamiento de Yura, así que la idea de Kagome de que se volvieran intimas, no se concretó.
En eso, Kagome vio uno de los bancos de espera que había en el enorme centro comercial.
─ ¿Qué te parece si tomamos un descanso, antes de ir a la tienda de lencería? ─preguntó Kagome a su acompañante, tanto para descansar un poco, como para salirse del tema.
─Me parece bien, espera aquí y voy al baño un momento. Creo que no debí beber tanto zumo de naranja ─pidió Sango, dejando sus bolsas junto a Kagome, para marchar a toda prisa al tocador.
Kagome se quedó sola en el banco, mirando sus bolsas y haciendo repaso mental de que para volver mejor tomaban un taxi, dejar las bolsas en el piso de Sango y tomar un café en su casa.
O bien podían tomar uno en alguna de los maravillosos cafés del centro. Incluso podían atreverse a salirse del régimen e ir por churros con chocolates cerca de Puerta del Sol.
Kagome nunca había sido quisquillosa con la comida, pero luego de su terrible experiencia, de donde había salido con una autoestima con niveles bajísimos, procuraba cuidar su figura y se le notaba.
Mirando distraídamente, de repente le pareció ver algo.
Mejor dicho, a alguien.
Que no esperaba volver a ver, por su bien y por su paz mental.
¿Bankotsu?
Que la veía tras uno de los vidrios, con ojos anhelantes y deseosos.
Nostálgico y melancólico.
Demasiado para creer percibir en una mirada. Esto descalabró a Kagome, quien bajó la cabeza y se llevó las manos a ella.
¿Cómo es que venía a Madrid y él podía encontrarla?
Volvió a levantar la cabeza, para volver a verlo.
Y ya no estaba.
Kagome miró a todas partes y ya no lo vio.
Había sido un fantasma de aquel pasado que no conseguía limpiar de su vida.
Por culpa de ese espectro, no podía ceder por completo a las declaraciones de Inuyasha, quien venía salvándola del abismo desde hace mucho tiempo.
Debería poder amarle, aunque sea por agradecimiento. Pero no podía.
¿Por qué esas alucinaciones con Bankotsu le volvían?
Hizo acopio de su fortaleza, que nadie la viera llorar y menos Sango. En estos meses había conseguido pasar página y llorar todo lo que había podido, a estas alturas no tenía lagrimas que ofrecer a una visión de su pasado. Salvo que este recuerdo o alucinación sí que le había afectado.
Como una especie de recordatorio de lo que el hombre, en quien más confiaba, le había pisoteado el corazón por pura maldad.
Hecho añicos sus esperanzas, su amor propio, su valoración de las personas e incluso por las añoranzas de algún tiempo feliz entre sus amigos.
Por ejemplo, ya no podía ver a Hiten del mismo modo, porque él era su primo. Y Kagome prefería mantener distancia de cualquier cosa que le recordase a ese malnacido que le destrozó el corazón.
En eso, sonó su móvil.
.
.
.
.
Bankotsu se quedó viéndola, desde otro sitio escondido. Se había tenido que ocultar de prisa, cuando ella lo vio.
Se había quedado como tonto mirándola por un rato, con toda la aprehensión posible, porque había sido inevitable para él, pero en cuanto vio que ella bajaba la cabeza, fue que se escabulló.
A juzgar por su reacción, Bankotsu comprendía que tal vez no le trajese buenos recuerdos. La vio afectada e impresionada.
¡Cuánto daño le había hecho!
Cuando Yura le había dado más temprano una idea de la zona donde Kagome y esa tal Sango estarían de compras, vino de inmediato.
No esperaba el cruce de miradas, eso no había sido una emboscada suya, sino algo que surgió de forma inevitable y espontánea.
Se sintió pésimo cuando la vio bajar la cabeza con gesto adusto, molesto y nervioso.
Se había jurado no volver a darle ese tipo de impresión jamás.
Pero estaba haciendo lo que dijo a Yura que haría: contemplar a Kagome.
Podía sonar tonto, pero verla era un bálsamo para él. Después de que se le negara su presencia y más al saber de su relación con Inuyasha, no tenía ninguna intención de interferir en la vida de ella, y menos molestarla.
No podía evitar ser descortés con Inuyasha, pero con ella nunca podría.
Además, que lucía tan bonita, tan angelical y frágil.
Y pensar que la había tenido para él y la había desdeñado por Kikyo, alguien que no alcanzaba siquiera las suelas de los zapatos de Kagome.
Se merecía que se hubiera comprometido con ella. Sería suficiente castigo para él.
Finalmente decidió que ya era hora de terminar con su acecho silencioso y se encaminó hacia unas de las entradas para el subterráneo y volver a casa.
Quería descansar un poco antes de ir al bar.
.
.
.
.
Kagome estaba nerviosa, e incluso le temblaba una mano.
Cuando Sango al fin volvió del baño, se encontró a su amiga nerviosa y con la cara descompuesta.
─ ¡Por dios, Kagome! ¿Qué te ocurre?
─Es mi hermano…Sango
─ ¿Tu hermano? ─Sango pestañeó confusa.
─Me acaba de llamar ¡dios mío! ─llevando una mano a su cabeza.
─ ¿Me puedes explicar?, por favor cálmate.
─Miroku me acaba de llamar desde Valencia, dice que está en problemas y me hizo una llamada extraña ─al decir eso la cara de Kagome se ensombreció ─. Es mi culpa, lo dejé abandonado, me fui a Berlín sin verlo antes o pedirle consejo ¡soy una desconsiderada!, es mi hermano mayor y lo amo con el corazón. Por estar tan ocupada en mi supuesta carrera y en mis dramas amorosos, lo he dejado de lado.
Sango miró a su amiga. Era evidente que necesitaba ayuda, así que recogió las bolsas que Kagome cargaba. Era evidente que su mente estaba en otro sitio.
─ ¿Qué vas a hacer? ─inquirió Sango
─No me importa, voy a ir a Valencia a por mi hermano. No pienso dejarlo sólo si está en problemas.
Kagome estaba en una encrucijada con aquello.
Había jurado no volver a su ciudad natal, por los terribles recuerdos, pero sobre esos miedos, estaba su querido hermano.
Y no pensaba abandonarlo.
CONTINUARÁ
MUCHAS GRACIAS POR LEER, EN EL SIGUIENTE CAPITULO SI YA SABREMOS EL PASADO DE KAGOME, PERO COMO VEN AQUI, SE VE DOLOROSO.
COMO VERAN, EL CHAPTER NECESITARÁ CIERTO DESARROLLO Y VEREMOS SI PUEDO TENERLO PARA EL JUEVES O MEJOR PARA EL DOMINGO, PORQUE ES UN CAPI COMPLICADO.
SOLO QUEDAN 5 CAPIS.
UN BESO A MIS COMENTARISTAS DEL 20: AZZULAPRINCESS, NITOCA, GIGIMORE, SAV21, KASAI SHINJU Y ASIA12
