INUYASHA NO ME PERTENECE, SOLO HAGO ESTO DE DIVERSIÓN
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AMIGOS CON BENEFICIOS
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CAPITULO 23
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¿Cómo era posible que apenas Kagome pisó la ciudad, fuera secuestrada?
Y lo peor, por el mismo hombre que ya le había hecho lo mismo una vez. ¿Cómo era posible que la historia se repitiera?
Era algo surrealista.
Y de nuevo había sido su culpa, su maldita culpa. No había podido proteger a su hermana antes ni ahora.
Miroku se incorporó del suelo a duras penas. Le habían dado duro en la cabeza y sumado a su propia complexión muy delgada y enfermiza, le costaba aún más recuperarse.
Lagrimas amargas le recorrían el rostro.
¿Para esto había hecho venir a su hermana?
Del confort de su nueva vida en Berlín a un infierno que él había desatado.
Miroku era un hombre flemático, que siempre había caminado encorvado y era tremendamente tímido. Los vicios que había tenido como el cigarrillo, el alcohol y las apuestas opacaron lo que hubiera sido una brillante carrera como contable. Se sentía agotado y acabado.
Se habían llevado a Kagome y ni siquiera podía denunciarlo. Si lo hacía, Kagome amanecería muerta en algún zanjón. Y la cuestión quedaría impune porque nadie se atrevía a meterse con ellos, no porque Naraku fuera pariente de un alto jefe policial, sino por la peligrosidad de su grupo.
Él conocía el poder de Naraku y su influencia. Los tentáculos de la mafia eran muy poderosos y una segura condena en caso de meterse con ellos. Por eso es que nunca pudo salirse de ellos y seguía trabajando para esos desgraciados, que aparentemente les gustaba explotar la debilidad de Miroku por los juegos de azar.
Él no tenía forma de rescatarla ni de negociar siquiera porque podría empeorar las cosas.
Se limpió el labio, del cual caía una profusa línea sanguinolenta, se paró como pudo y buscó a tientas su móvil.
Después de un rato, al fin pudo localizarlo en el suelo, en una esquina en medio de unos jarrones rotos.
Si iba a pedir ayuda, pero a los que él conocía como amigos de Kagome. Estaba seguro que alguno sabría cómo contactarse con ese amigo de Kagome que tenía dinero y que su hermana dijo que le ayudaría si ella se lo pidiera.
Le sonaba sucio hacerlo, pero no tenía opción. Ya más bajo de lo que estaba ya no podría caer.
Buscó en el directorio de su móvil, cuya pantalla estaba rota por la caída, porque un secuaz de Naraku lo había tirado al suelo. Buscaba el nombre de la amiga de Kagome, esa que vivió con ella en Madrid, recordaba que su nombre era Yura y que su hermana siempre hablaba con cariño de ella.
Ella podría ayudarle.
Le apenaba tener que involucrar a más gente en esto. Un lio y un problema que él mismo había creado, siempre tan perjudicial para su propio interés.
Finalmente encontró el número de la joven y marcó.
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Yura sudaba y temblaba como una gelatina. Hace media hora que había recibido la llamada de ese extraño hermano de Kagome, ese tal Miroku.
Yura nunca lo había visto, pero era capaz de reconocer que lo que le dijo aquel hombre vía móvil no era mentira. Miroku le pidió ayuda, que Kagome había sido secuestrada por un grupo del hampa, que eran muy poderosos y que necesitaba ayuda para poder negociar la liberación de su hermana. Se había confesado incapaz, además de que esos hombres conocían su debilidad y lo usarían en su contra.
Yura hizo lo único que se le había ocurrido de impulso. No sólo llamó a Inuyasha, porque Miroku le había dicho que viera de hablar con el amigo adinerado de Kagome, sino que primero llamó a Bankotsu. Esto último había sido impulsivo, pero el verdadero arrebato lo hizo cuando también le marcó a Hiten.
Es como si corazón le diera riendas de que sólo estaría en paz si se los decía a esas dos personas. Maldita sea, ellos cuatro habían sido los mejores amigos, y aunque Hiten viviera lejos, estaba segura que querría saber las noticias. Aunque probablemente Bankotsu también se lo dijera luego, Yura quería ser la primera en decirlo. Había sido una charla muy corta, como de un simple aviso. Hiten le dijo que se comunicaría con Bankotsu, porque no podía quedarse con los brazos cruzados.
Para llamar a Inuyasha, tuvo que llamar a Sango y decirle también. En parte para avisarle de las desgracias y por el otro que le diera el número de móvil de Inuyasha, para que Yura pudiera llamarlo.
Yura se miró las manos. Seguía sudando profusamente y se calmó cuando divisó a la persona que esperaba. Estaba en aeropuerto de Barajas e iban a tomar un vuelo rápido a Valencia.
Bankotsu le tomó menos de media hora estar listo.
─ ¡Al fin estas aquí, Bankotsu!
─Ya sabes que, si puedo colaborar en algo, lo haré ─refirió Bankotsu, y luego mirando a Yura, quien tenía un bolso en la mano─. Yura, tu no vas a ir, no sé si será peligroso. Me encontraré con Hiten en el aeropuerto de Manises en Valencia, ya que a él le tomará lo mismo llegar desde allá, y si tú vas me vas a preocupar.
─ ¡No pienso quedarme, pero juro que no estorbaré ni me pondré en línea de fuego!, pero Kagome me necesita, y la van a liberar, porque así tiene que ser. Quiero estar cerca de ella cuando eso ocurra ─gritó la joven, lagrimeando sin parar
Totalmente diferente lucia Bankotsu. Se lo veía calmo, aunque por dentro palpitaba de miedo, pero no podía mostrarse desesperado si quería ayudar, aunque no estaba seguro de cómo. Por eso es que la presencia de su primo Hiten le reconfortaría.
Por eso entendía a Yura. Y por eso mismo no quería que fuera.
─Yura, quiero que te quedes aquí y estés al pendiente. Sé que Hiten tampoco permitirá que Sango vaya, y ustedes son las mejores amigas de Kagome, y deben mantenerse en terreno neutral por si haya complicaciones para que no resulten involucradas ¿me entiendes?
Bankotsu procuraba imprimir firmeza a su voz. Finalmente, Yura decidió quedarse.
─Promete que la traerán de vuelta, Bankotsu ─pidió la joven, por ultimo
─Aunque sea lo último que haga ─prometió él antes de salir corriendo porque su vuelo de cabotaje ya estaba para salir.
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Inuyasha llegó a Valencia, casi a ciegas. Luego de la llamada de Yura, sólo tomó su billetera, su móvil y un saco y se largó.
Había venido en un vuelo privado y por eso a dos horas de la llamada desesperada de Yura, él ya estaba en la ciudad. Habia venido solo con los dos pilotos, por la premura, pero había llamado a la empresa de seguridad que trabajaba con la compañía Taisho para que enviaran personal para una situación delicada. No les había dicho de que se trataba, porque él mismo no tenía las ideas claras de cómo manejar la situación.
Lo único que sabía es que había venido como alma que lleva al diablo. Yura le había dado el número de Miroku y la ubicación de él.
Tampoco se engañaba con respecto a su situación. Yura había sido clara en decirle que a Kagome solo se la soltaría con intercambio de dinero, también le había alertado de no llamar a la policía porque el asunto podía empeorar, que uno de los que tenía secuestrada a Kagome era pariente de un tipo influyente en la policía valenciana y era probable que su denuncia acabe filtrada.
Inuyasha sentía escalofríos de toda esta situación. Aunque procuraba que no se notara su angustia y sus ganas de llamar a pedir ayuda, pero como Yura le había avisado que no era una opción, porque podría ser peligroso para Kagome.
Eso lo llenó aún más de aflicción.
Cuando llegó a la casa señalizada en la ubicación que Yura le había pasado por WhatsApp, Inuyasha se sorprendió por la dejadez de la misma.
Tenía pinta de haber sido una vivienda unifamiliar, y ahora tenía el aspecto de un enorme cuchitril por la suciedad y el deterioro. Allí vivía el hermano mayor de Miroku, del que Kagome casi no hablaba y también que esta era la casa donde ella vivió los primeros quince años de su vida. Eso es todo lo que sabía, porque no estaba enterado de los sucesos que la hicieron huir a Madrid, lo mismo que los demás.
Cuando se acercó, notó que el timbre no funcionaba e iba a disponerse a golpear la puerta, cuando esta se abrió repentinamente.
Un hombre muy enjuto y delgado, y con aspecto enfermizo le abrió la puerta. Por un momento esto descolocó a Inuyasha, ése no podía ser hermano de Kagome, pero luego el aire familiar en los ojos lo hizo caer en cuenta de que si podía serlo.
─Usted es Inuyasha Taisho ─dijo el hombre desde la puerta
─ ¿Usted es Miroku?
─Yura me envió su fotografía, por eso le reconocí, pase por favor. Soy Miroku, el hermano mayor de Kagome.
Inuyasha entró y se sorprendió del desorden del interior, pero tampoco quiso seguir ahondando en superficialidades.
Miroku se paseaba por toda la habitación, nervioso.
─Usted debe de despreciarme por llamarlo para esto y más cuando el problema se creó por mi causa. Antes de que se la llevaran, Kagome habló de alguien que podía hacerle un préstamo.
Inuyasha miró al sujeto. Sabia los hechos actuales, porque Yura se lo había dicho todo tal cual Miroku se lo había dicho cuando le llamó a pedir ayuda.
Inuyasha meneó la cabeza.
─No le desprecio, pero créame que, si puedo hacer algo por Kagome, lo haré sin dudar. No le juzgaré a usted, pero que sepa que quisiera esperar a unos hombres de mi confianza, para que nos ayuden a guiarnos como hacer esto ─adujo Inuyasha, pensando en los hombres de seguridad privada que estaban en camino.
Miroku se sentó finalmente.
─Juro que se lo pagaré ─adujo el pobre hombre.
Inuyasha también se sentó.
─ ¿Usted cree que ella está bien?
Miroku miró al suelo.
─Naraku se obsesionó con Kagome cuando era más chica. Por eso él se la llevó ─repuso Miroku, nervioso.
No sabía si debía contar lo que había pasado entre Naraku y Kagome hace diez años. Y que también había sido su culpa. Agradecía mentalmente que Inuyasha parecía tener cierta sangre fría y compostura. No tenía claro cuál podría ser el vínculo entre este hombre de aspecto adinerado y su pobre hermana. Solo para darse cuenta que no sabía casi nada de ella.
Conocía referencias e imágenes de sus otros amigos, pero de este Inuyasha, él no había sabido nada. Rogaba que Naraku aceptara el dinero de este hombre y que dejase en paz a Kagome.
Le ensombrecía pensar en aquel doloroso puñetazo en el estómago que le había propinado ese hombre que vino con Naraku. Ese detalle se guardó de mencionarle a Inuyasha.
Por su parte Inuyasha estaba serio y haciendo gala de bastante autocontrol. Sudaba frio con esto de Kagome, y por eso antes de cometer alguna tontería, fue que quiso que esos especialistas de seguridad privada vinieran a asesorarle como obrar en esta situación tan delicada.
Ya que Miroku le había dicho que la policía era un elemento que no podrían utilizar.
Así que se sentó y sólo bebió la taza de té que Miroku le ofreció. Ambos hombres estaban nerviosos.
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Naraku miraba a la mujer que estaba sedada. La habían puesto sobre una de las camas que tenían en una de sus casas de seguridad, donde habían venido a ocultarse, aunque no tenía miedo de Miroku ni de cualquier apoyo que pudiera mandar traer.
Habían tenido que sedar a la joven porque no dejaba de quejarse de dolor en el abdomen donde le habían pegado el fuerte golpe.
Incluso desarrolló fiebre. Esto se le iba complicando, y más porque varios miembros de los Ultra Cord reclamaron que hubiera dejado pasar unos 50 mil euros y hubiera traído una mujer magullada. Naraku tuvo que sacar su vozarrón y ponerse contra ellos.
Ese grupo había nacido por voluntad suya, así que podía tolerar que ahora vinieran a mandarle.
Kagome era una obsesión inacabada para él y ahora que había vuelto tenia curiosidad.
La había tenido cuando era más joven y pura y vaya que lo había disfrutado. Diez años después había reaparecido con una belleza y una prestancia deslumbrante. Esos 50 mil euros que ella ofreció no valían para liberarla. Kagome no podía ser libre por algo como eso. Y cuando se pusiera en condiciones, se juró que volvería a ser suya, tenía que volver a tener esa hembra entre sus brazos.
Cerró la puerta porque no quería volver a oír quejas o reclamos de dinero de su grupo.
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Varias mujeres se voltearon a mirar a los recién llegados. Era imposible no percibir a esos dos hombres altos y fornidos que estaban en zona de desembarque.
Tenían aspecto muy serio y no tenían maletas consigo. Era innegable que eran parientes porque tenían los mismos ojos azules cobalto e idéntico porte fibroso y hercúleo.
Hiten y Bankotsu habían llegado a Valencia en la hora y media que duraba el viaje en avión. Llegaron en distintos vuelos y casi a la misma hora, así que se encontraron en desembarque.
Hiten no dudó en venir y Bankotsu se lo agradeció. No podía esperar menos de él, su primo quería a Kagome como una hermana.
Sabían que venían a Valencia como un apoyo que nadie pidió, porque Yura ya les había advertido que Inuyasha había ido también y además que era el sostén económico de la estrategia que podría ocurrírseles.
Por eso Bankotsu y su primo habían planeado que antes de ir hacia la casa de Miroku, irían a ciertas partes de la ciudad a recolectar información desde la propia fuente. Quizá lo que consiguiesen averiguar podría ser de ayuda.
Ambos primos eran hombres de vida nocturna por sus trabajos. Habían visto mucho. Conocían como de salvaje podía ser el mundo. Así que valiéndose de los datos de Yura, que les había dicho sobre este grupo llamado Ultra Cord, enfilaron directo hacia las zonas bajas del Puerto de Sagunto a conseguir información.
Bares, prostíbulos y cualquier antro de diversión que pudieren hallar en esa zona. Luego de beber con las personas correctas, manipularlos un poco y guiarlos, podrían extraer mucha información.
Entre ambos no sería difícil, porque Hiten era muy talentoso manipulando gente para sacar información y Bankotsu era muy detallista y observador. Por supuesto, también estaba el último recurso: sus puños. Ambos coincidieron que lo mejor era conservar la calma y no enervarse o desesperarse. El objetivo era conseguir información sobre el Ultra Cord que pudiere servirles, cuando se lo presentaran a Inuyasha.
Bankotsu también había planeado que en caso de que Inuyasha no tolerare su presencia, él y Hiten se quedarían a seguir ayudando. En este momento no podía pensar en su rival, sino en Kagome.
Porque eso era algo que no podía obviar: Kagome y ese hombre eran pareja.
Le dolía mucho, pero nada tenía él que opinar, después de todo lo que había hecho a la joven.
Hiten todavía desconocía eso, así que Bankotsu también decidió que aprovecharía de comentárselo, para que su primo entendiese porque actuaba así. No quería mentirle a su primo y prefería que le odiara un poco, para compensar lo mucho que él se odiaba a sí mismo.
Todavía no era mediodía y muchos de estos sitios de mala muerte, que enturbiaban el paisaje de la hermosa ciudad valenciana estaban abiertos y juntando ratas y malas compañías.
Pero Hiten y Bankotsu sabían que ese grupo de personas eran los únicos que podrían proporcionar alguna información que pudiere servir.
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Yura no había ido a trabajar. Sango tampoco. De todos modos, no podían concentrarse con lo ocurrido con Kagome.
Ambas se reunieron en el piso de Yura, unidas por el mismo desconcierto. Hace mucho tiempo que ambas mujeres no permanecían juntas y cuando Kagome estuvo fuera, era difícil que se reunieran, a pesar de mantener un amistoso vinculo.
Sango lo entendió como un resquemor por parte de Yura por verla en una posición más alta que ella en la compañía donde trabajaban, aunque no dejaba de extrañarle porque Kagome nunca tuvo ese problema.
Ella no sabía que su actual amante Hiten había tenido un vínculo tan cercano con Yura. Nadie se lo había contado e Hiten consideró que no era necesario que Sango supiera aquello, teniendo en cuenta que ni siquiera sabían a donde iba a parar lo que tenían. En una relación no hablada donde ambos estaban conformes. Donde dormían juntos cada que podían en una conjunción exclusiva.
Sango no sabía si estaba enamorada de Hiten, pero lo cierto es que los días que se quedaba en Madrid, extrañaba retozar entre los enormes brazos de ese hombre.
Yura preparó café y se aseguraba de tener los móviles cargados por si recibían alguna llamada. También se calmó y juró cumplir con la petición de Bankotsu de no llamarlo hasta recibir noticias.
Se sentía rara con respecto a Bankotsu. Lo había odiado por meses, pero recientemente cuando se habían reunido, Yura había llorado entre sus brazos cuando él hizo alusión de que su amor por Kagome podía ser como la de ella por Hiten.
Con eso la había desarmado y lo había ayudado cuando aquello. Y cuando ocurrió esta tragedia, al primero que llamó fue a él y también a Hiten. Eran los otros mejores amigos que había tenido en su vida y en quienes podía confiar algo tan delicado como ayudar a su otra mejor amiga.
Otra cosa que tenía Yura era cierta culpabilidad, porque nunca le rectificó a Bankotsu sobre aquella mentirilla piadosa que le había dicho: que Inuyasha y Kagome eran pareja.
Así que sabía que Bankotsu era de la idea de que aquello era verdad.
Igualmente, Yura no podía desmentírselo ahora, porque cuando recuperasen a Kagome, ésta seguiría odiándole con todas sus fuerzas y era por seguro que volvería a Berlín con Inuyasha.
Además, que Yura intuía que Inuyasha estaba enamorado de ella.
Kagome nunca se lo había confirmado, pero Yura no tenía un pelo de tonta y una gran intuición.
Se sentó junto a Sango, cogió la mano de la joven para mantener un espacio de compasiva compañía a la espera de noticias.
No había lugar para celos, envidias o resentimientos en este momento.
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Inuyasha respiró aliviado, cuando al cabo de dos horas, el equipo de seguridad privada llegó a la casa.
Eran tres hombres, los tres asesores y expertos en crisis, más un contingente de agentes. Uno incluso tenía mucha experiencia en casos de secuestros exprés en Colombia, así que Inuyasha tenía la certeza de que había hecho lo correcto al traerlos para conseguir asesoramiento.
─Lo ideal es que los captores presenten una prueba de vida. Si lo hacen, preguntar el dinero que quieren y ese monto siempre se puede negociar. Déjelo en nuestras manos, podemos encargarnos de contestar las llamadas y lograr un acuerdo acorde, así como la entrega y recolección de la persona secuestrada ─explicaba uno de ellos, de forma casi didáctica.
Inuyasha lo oía con atención, pero Miroku estaba aterrorizado.
─Naraku es peligroso, es más él ya debe saber que están todos aquí, él lo sabe todo ─alertó Miroku
Uno de los asesores se volteó a verlo.
─Si, seguro que sí, pero podemos manejarlo, cuanto más rápido lleguemos a un acuerdo podremos concretar la transacción.
Miroku tragó saliva. Ese hombre se oía tan tranquilo, como si hablase de un negocio cualquiera. ¿Pero que podía opinar él?
Inuyasha solo tuvo una petición, se le notaba la desesperación.
─Por favor, empiecen a negociar. Miroku tiene los números de estas personas, no importa el dinero, sólo queremos que Kagome vuelva a nosotros, a salvo.
Los hombres de traje, enseguida quitaron unos papeles, desplegando un mapa sobre la mesa.
Miroku entregó su móvil para que extrajeran algunos números telefónicos.
Habían pasado más de 8 horas desde el secuestro y aún no había comunicación, así que según los expertos, esto significaba que los que debían comunicarse eran ellos.
Estaban en ello, cuando uno de los hombres que custodiaba la puerta se acercó:
─Hay dos sujetos en la puerta, exigen entrar y hablar con Miroku, el dueño de casa
Miroku enarcó una ceja.
¿Será posible que fueran emisarios de Naraku?
─Dicen llamarse Hiten y Bankotsu Maxwells ─agregó el serio custodio.
Al oír ese segundo nombre, Inuyasha se sorprendió. ¿Qué quería ese maldito aquí?
Los asesores no iban a permitir su entrada, pero Miroku intervino.
─Que entren, vienen a verme y son amigos de mi hermana. Yura me dijo que vinieron a ayudar y lo creo.
Inuyasha quiso oponerse, pero prefirió callarse. Tenía curiosidad con qué cara venia ese hombre a meterse en los asuntos que concernían a Kagome, cuando la había hecho sufrir tanto.
Los asesores no tuvieron más remedio que acatar la voluntad del dueño de casa, ante la falta de respuesta de Inuyasha.
Pocos segundos, entraron esos dos hombres, ambos enormes y de aspecto parecido.
Uno era Bankotsu, ese aborrecible bastardo que él conocía. Que ya en el pasado le había robado a Kikyo y que quiso jugársela a Kagome, engañándola del peor modo.
El otro era desconocido para él, pero intuía que era pariente de Bankotsu por el extraordinario parecido.
Los recién llegados saludaron. Tenían aspecto cansado, como si hubieran estado recorriendo bastante.
Inuyasha no pudo contenerse y se acercó a asestarle un puñetazo en el rostro a Bankotsu, quien al contrario de lo que pudiera pensarse, no detuvo el golpe ni se movió.
─ ¿Estas satisfecho ya? ─dijo Bankotsu, sin inmutarse
─ ¿Cuál es tu problema? ─exigió saber Hiten, aunque tampoco entendía porque su primo no detuvo el golpe, si podría haberlo hecho
─Me lo merezco ─repuso Bankotsu intentando calmar a su primo, y sin despegar su mirada de Inuyasha.
Inuyasha se contuvo y se alejó unos pasos. No era hora de ajustar cuentas con ese mal nacido aún.
─ ¿Qué rayos quieres aquí? ─preguntó entonces Inuyasha, sobándose la mano que usó para golpear a Bankotsu.
Hiten fue quien habló.
─Soy primo de Bankotsu y también soy un gran amigo de Kagome, ella es como una hermana para mí. Cuando nos avisaron de esto, decidimos venir a colaborar.
─Llegan tarde y además ya tengo aquí a un equipo que puede ayudarnos. Además ¿Qué pueden hacer ustedes?, él que tiene la billetera para el dinero que pudiese pagarse por el rescate soy yo, ustedes sólo estorban ─replicó Inuyasha, intentando ser cruel.
─Llegamos hace horas y estuvimos haciendo averiguaciones sobre este suceso ─siguió diciendo Hiten, con la cara muy seria y no haciendo acuse de recibo de la grosería de Inuyasha. No acababa de entender cuál era el problema que había entre su primo, Kagome y ese sujeto tan petulante, pero también entendía que no era momento para esas rencillas.
Fue ahí que Bankotsu se decidió a hablar.
─Nosotros también estamos aquí para ayudar como podemos, es cierto que eres uno de los hombres más ricos de este país, pero si haces un paso en falso, también puedes convertirte en el ex hombre más rico de este país, porque estarás muerto. Esto no es tu compañía.
─Traje hombres preparados para esto ─aseveró Inuyasha, señalando a los hombres que estaban allí, observando con sorpresa.
Hiten puso una mano en el hombro de su primo, para que lo dejase hablar.
─Tenemos información que puede servir.
Un asesor de seguridad de Inuyasha quiso intervenir, pero éste decidió que oyeran lo que tenían que decir esos hombres. Ya verían si su información pudiera servir.
Al verse autorizado, Hiten se explayó.
─Ultra Cord es el hombre de esta peña radical de ultras del Valencia DF. Naraku es su líder y jefe, pero los negocios más importantes de estos sujetos que se valen de la violencia para aterrorizar la ciudad y que se valen de una supuesta veneración a un equipo de futbol, también es una fachada para negocios ilegales. Operan en el puerto de Sagunto en su mayoría, pero casi siempre ocultos ─expuso Hiten, respirando un poco antes de seguir narrando ─. Ocultos por temor a ser emboscados por gente de otra peña radical, los del Barcelona, quienes años atrás sufrieron una perdida, porque en una pelea, resultó muerto un miembro de esos ultras del Barcelona, y ahí la sangre se paga con sangre.
Inuyasha se miró con sus hombres de seguridad.
Hiten prosiguió con su relato.
─Quiso la afortunada casualidad que miembros de esta peña del Barcelona están aquí en la ciudad. Podemos aprovechar su odio y usarlo a nuestro favor, porque el Ultra Cord les teme, porque son igual de peligrosos que ellos. Recurramos a ultras del Barcelona. Sangre con sangre se paga. Es aquí donde entra tu equipo de seguridad y nosotros mismos ─señaló Hiten ─. Nuestra condición para entregarles a los del Barcelona la ubicación de los líderes del Ultra Cord será la liberación de Kagome, sin daño alguno. Por supuesto también habrá desembolso de dinero, ya que tanto te jactas de tus billetes, para dárselo a la gente del Barcelona.
Inuyasha no esperaba una información así. Menos la de su sofisticado equipo de seguridad que miraban boquiabiertos, porque no tenían idea de aquello.
─No podemos poner en peligro la vida de Kagome ─refirió Inuyasha
─ ¿Crees que queremos que pase algo así? ─refutó Bankotsu, ya harto de Inuyasha.
Los hombres que estaban con Inuyasha parecían pensarlo, hasta que habló el portavoz.
─Podemos hacer averiguaciones y confirmar lo que dicen estos caballeros. Ellos tienen razón, podemos usar esto para salvar a la señorita.
Inuyasha no hubiera querido que se hicieran planes en base a datos aportados por esos hombres, pero al final no tuvo más remedio que asentir.
Además ¿Quién era él para hacer un esquema de seguridad y salvataje?
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Luego de que el ambiente se relajara y los hombres de Inuyasha se pusieran en averiguaciones con los aportes de los primos, Bankotsu quien estaba parado de brazos cruzados sobre la pared, junto a su primo, vio al hermano de Kagome sentado en un sillón. Parecía temblar y tenía aspecto de preocupación, así que se acercó a él.
Nunca antes lo había visto, pero si oído de él.
A pesar de su famélico aspecto, tenía un aire a Kagome lo que reforzaba su relación filial.
Los demás no podían oírlo. Bankotsu intuyó que ese hombre había sufrido mucho por sus malas e incorrectas elecciones de vida.
─Tu entonces eres Miroku
─Y tú el Bankotsu, del que mi hermana siempre hablaba
Bankotsu esperaba que no hubiera oído lo malo que le había hecho, pero a juzgar por su reacción aparentemente no había oído de aquello.
─ ¿Qué ocurre, Miroku? No te vi muy contento con ninguna de las ideas aquí dadas ─interpeló Bankotsu, para quien no había pasado desapercibido el rostro de Miroku.
Miroku pestañeó y se levantó, acercándose hacia la ventana. Bankotsu le siguió.
─Estoy muy agradecido con todo que están haciendo, y más cuando yo fui el culpable de todo.
─Nadie te culpa. Estos criminales subversivos son peligrosos ─adujo Bankotsu
─No sé si Kagome les contó que ya hace diez años fue víctima de algo parecido, y en esa ocasión ella se entregó a Naraku para aplacar su ira y su lujuria ─Miroku empezó a lagrimear ─. Por eso la envié a Madrid, para que Naraku la perdiera de vista. El problema aquí es que, aunque ataquen a su grupo, yo siempre estaré atado a ellos, y como Naraku volvió a ver a mi hermana, gustándole lo que vio, siempre intentará manipularme por ese lado. Tampoco puedo huir porque me hallarían antes de poder salir siquiera. Es un infierno, creo que lo mejor es que me maten, así cuando rescaten a mi hermana, no habrá nada que la vincule a Naraku o su grupo.
Bankotsu se quedó de una pieza al oír la confesión de Miroku.
Algo había oído en los bajos fondos, cuando recorría con Hiten en busca de información, pero la confirmación le venía ahora.
Había sido cierto.
Además, eso de que cuando alguien entraba a un equipo mafioso, era imposible salirse salvo muerto.
Kagome siempre estaría atada y en peligro, porque de algún modo nunca dejaría a su hermano.
Y él estaba atado a estos criminales.
Bankotsu se alejó, sumamente afectado con la confesión, tanto que tuvo que retirarse para afuera, para tomar algo de aire fresco.
Y más con esto de que Kagome nunca estaría a salvo. Siempre podría resurgirle el peligro.
Además, como es eso de Miroku quería matarse para cortar con aquello.
Bankotsu fue a sentarse sobre un enorme pedazo de piedra que estaba afuera, en el pequeño patio trasero de la casa. Ya había caído la tarde, pronto anochecería.
Estaba pasmado y patidifuso.
Kagome nunca estaría a salvo.
Si Miroku moría, lo cual no podían permitir, ocasionaría que el corazón de Kagome acabara de romperse.
¿Qué podían hacer para salvar a ambos hermanos?
Tenía que haber un modo de liberarlos. Ese plan que Hiten presentó podría no servir.
Bankotsu se puso a meditar sobre aquello, intentando de paso calmar su desesperación.
Tenía que haber un modo de salvar a Kagome y protegerla en el futuro. A ella y a su hermano.
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Al notar que su primo no había vuelto, Hiten salió afuera para buscarlo ya que los asesores de Inuyasha habían trazado un plan en base a la información que ellos trajeron
Se encontró con Bankotsu, muy serio y abatido sentado afuera.
Hiten enarcó una ceja.
─Tienen un plan ¿no quieres entrar a oírlo?
Bankotsu le daba la espalda y parecía estar mirando el cielo, que ya estaba oscureciendo.
─Nunca te dije que el motivo por el cual ese sujeto Inuyasha me odia.
─Ahora esas cosas no importan ─repuso Hiten
─Si, y te los quiero contar, para que entiendas los motivos de algo que quiero hacer.
Hiten notaba que su primo estaba más serio y sombrío como nunca antes lo había visto.
En un corto pero doloroso relato, Bankotsu le confesó con suma vergüenza lo que le había hecho a Kagome, incluido lo de la noche de su cumpleaños. No se guardó nada, nunca había tenido secretos con Hiten, quien era como un hermano y hace tiempo que quería contarle sobre esto.
Cuando Bankotsu acabó su relato, las mejillas de Hiten se volvieron calientes de ira, apretó los puños e incluso dio unos pasos, con deseos de abofetear a ese primo suyo.
Pero se contuvo, porque Bankotsu tenía algo más bajo la manga, por eso estaba tan sombrío.
─No me extraña que quieras golpearme y me lo merezco. Kagome es como una hermana para ti y para mi…es la mujer que siempre había querido y que nunca me había dado cuenta antes ─al decir eso se levantó junto a su primo para encararle ─. Es por eso que si puedo hacer algo por ella y Miroku lo voy a hacer sin dudar.
─ Pero ¿qué quieres decir? ─increpó Hiten, exigente
─Ese plan no funcionará, ese que Inuyasha y sus asesores trazaron en base a la información que les trajimos. Miroku nunca será libre, salvo que la muerte los separe, él siempre estará sujeto al capricho de este grupo criminal, y con él, lo estará Kagome, de lo cual ellos se aprovecharon a la menor oportunidad ─expuso Bankotsu, sus ojos se veían ocultos bajo el flequillo ─. Si queremos liberarlos a ambos, necesitamos darle al Ultra Cord algo que realmente quieran. Sangre con sangre se paga. Es indudable que su anhelo más deseado es la paz con esos ultra del Barcelona, ni siquiera Naraku podría negarse ante una oferta tan tentadora.
Hiten frunció el ceño. No le gustaba para donde iban los tiros.
Bankotsu prosiguió su plan.
─Me intercambiaré con Kagome, mi vida por la suya. Diré que me incluyan como miembro supuesto de su grupo, que me exhiban como tal en un sitio donde los ultras del Barcelona me puedan emboscar, porque siempre están tras los pasos de alguien del Ultra Cord, para cobrarse esa muerte acontecida años atrás. La guerra de estos grupos acabará, al ver caído alguien del Ultra Cord. La condición por supuesto, será que Kagome y su hermano sean desvinculados de ellos, que nunca más vuelvan a ser molestados.
─ ¿! Pero que rayos dices¡? ¿entregarte como carne de cañón? ¡no voy a permitir tal aberración!, vamos a liberar a Kagome, pero no haremos esto ¿entendido?, habrás sido un hijo de puta con ella, pero no puedes querer morir ─Hiten reaccionó zarandeando a su primo.
Era una locura.
Bankotsu se dejó hacer. Pero no se movió.
─Hiten, eres como un hermano para mí, sé que no me dejarás hacerlo. Por eso mismo tengo que hacerlo, es el único modo que tengo de redimirme ante Kagome. Ella estará a salvo y quizá así tenga la esperanza que alguna vez pueda perdonarme por todo el daño que le hice. Mi único deseo es que sea feliz, y sólo lo será cuando ya no tenga que preocuparse por su hermano, que es la persona que más ama en el mundo.
Sin que Hiten lo viera venir, Bankotsu le propinó un puñetazo con toda su fuerza en el rostro a su primo. Una que le hiciera perder el conocimiento, Hiten cayó en los brazos de su primo, quien los sostuvo.
─Perdóname Hiten…nunca me hubieras dejado hacer esto, así que te sacaré del camino mientras.
Bankotsu cargó a su desvanecido primo hacia el interior de la casa.
Iba a plantearle su plan a Inuyasha, quien lo entendería. También pediría que encierren a su primo, porque cuando despertase, correría a detener sus planes.
Ya no había marcha atrás. Había tomado su decisión.
Una vida por otras vidas.
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Hiten aún seguía sin conocimiento, pero se recuperaría y despertaría pronto. Así que por pedido de Bankotsu fue encerrado en una habitación de la casa de Miroku.
Bankotsu les había contado su plan y lo había hecho de forma tan decidida que era imposible quitarlo de aquella idea. Miroku lo miraba asombrado ante la idea de que alguien pudiera hacer tamaño sacrificio por otras personas.
Los asesores de seguridad de Inuyasha también estaban pasmados, pero no dejaban de reconocer que el plan de Bankotsu seria drástico pero infalible, si lo pensaban con sangre fría.
Inuyasha estaba estupefacto ante la idea, pero Bankotsu les exigió que lo hicieran. Que uno de los hombres de seguridad de Inuyasha fuera con una cantidad de dinero como prenda a darle la propuesta a Naraku y sus hombres. Si Naraku no quería dar el brazo a torcer, sus hombres lo presionarían, porque una paz valía más que una muchacha objeto de una obsesión.
Inuyasha se ofreció él mismo a ir, pero Bankotsu le pidió que no lo hiciera.
─Tienes que asegurarte que Kagome esté a salvo, eso no se lo puedes delegar a nadie más. Deja que los demás hagan los arreglos. Cuando todo esto acabe, llévate a ella, a Miroku y a mi primo de aquí. No necesitan volver por mi cadáver.
─ ¿Por qué haces esto?
─Porque entendí que la amo. No quiero que viva en un mundo donde siempre esté en peligro. Una vida por otra vida, aunque en este caso es la vida de un miserable como yo por la de un ángel como ella. Merece ser feliz ─respondió Bankotsu sombrío, melancólico pero decidido.
Estaban solos con Inuyasha con Miroku, porque los demás habían ido a cumplir con su parte de comunicar la idea al grupo de Naraku, cuya localización pudo ser conseguida gracias a que Miroku los llamó a pedir una cita para plantearles algo que podría resultarles ventajoso.
Inuyasha no sabía que pensar ante las palabras de ese hombre, a quien siempre había considerado un malnacido y aprovechado. Las dos mujeres que él había querido lo habían amado, lo habían preferido por sobre él. Kikyo y Kagome.
Kikyo había sido su primer amor y ella le infiel con él, hasta finalmente dejarlo por ese hombre.
Kagome no le había aceptado su declaración de amor en Berlín, porque aun tenia resquicios de Bankotsu en ella.
Bankotsu tragó saliva.
─Promete que cuidarás de ella. Y nunca le dirán mi papel en esto ─esto último lo dijo también refiriéndose a Miroku, quien también estaba allí ─. Júrenme que jamás se lo dirán, ella no merece cargar con el peso de mi vida sobre sus espaldas, es una mujer muy buena para eso.
Miroku asintió con pena. Y cierta vergüenza de que alguien hiciera un sacrificio como ese, no solo por Kagome, sino por él.
Inuyasha también asintió con la cabeza. No podía hablar. Se le habían cortado las palabras.
Contemplar a un hombre, afrontando con valentía una posible muerte dejaba sin habla a cualquiera.
No quería hacerlo, pero Bankotsu se lo hizo jurar. No había otro modo de salvar a Kagome y su hermano.
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Al cabo de varias horas más ya se estaba llevando a cabo el peligroso plan. Inuyasha no quería faltar a su palabra así que cumplió al pie de la letra.
Cuando los enviados llevaron el ofrecimiento a Naraku y sus hombres, estos no pudieron creer que alguien quisiera hacer un sacrificio como ése y Naraku se negaba a dejar ir a Kagome, quien seguía sedada, porque cada que despertaba se quejaba de un horrible dolor en el vientre.
Al final ¿Qué valía mas?
La anhelada paz con esos desgraciados del Barcelona o una mujer que estaba enferma, por muy bella que ella fuere. Y no solo eso, sino que otra condición es que Miroku debía ser liberado de su vínculo juramentado con ellos.
Naraku quiso oponerse al principio, pero al final cedió, en parte por presión de sus hombres y otro porque si había paz con esos ultras malditos, por fin podrían operar en paz sin temor a mostrarse y ser emboscados.
Una vida por otra vida.
Al final se decidió que Kagome sería entregada al mismo Inuyasha y su equipo, cuando Bankotsu ya estuviera en el sitio de la emboscada que le tenderían los del Barcelona apenas supiesen.
Naraku era inteligente y no quería que se la jugaran, así que decidió hacerlo así.
Cuando Bankotsu fue traído, tuvo que pasar por algunos cambios. Tuvo que cambiarse de ropa por algunos distintivos de los hombres que conformaban el Ultra Cord, como para que cualquier espía del Barcelona lo pudiera identificar. Incluso para hacerlo más atractivo, el mismo Naraku junto a otros dos hombres irían con él, solo que huirían antes de que los de Barcelona pudiesen hacerles algo, dejando a Bankotsu a merced de ellos.
Una vida por otra vida. Sangre se paga con sangre.
Cuando estaba alistándose, Bankotsu tuvo el impulso de pedirle a Naraku un último pedido de un condenado a muerte. De que lo dejara ver a Kagome una última vez.
Naraku se lo negó rotundamente.
Bankotsu se guardó de mostrar su profundo desprecio a ese hombre que le había arrebatado su inocencia a Kagome.
El mismo Ultra Cord se encargó de filtrar la jugosa información de que Naraku y sus más cercanos estarían de copas en una bodega en las afueras del barrio de Mestalla. Una irresistible para los afines de la peña radical ultra del Barcelona, quien no olvidaba la muerte de su miembro ocurrida años atrás y sólo buscaba vengarlo, cobrando una vida del Ultra Cord.
Se hizo pronto, porque Bankotsu pidió que así fuera, porque Kagome debía ser liberada cuanto antes.
Inuyasha ya sabía lo que tenía que hacer, apenas recibiese la señal.
Debía marcharse sin mirar atrás, llevado a Kagome, Miroku e Hiten con él.
Bankotsu se sentó a esperar en la bodega. Naraku y otros dos se quedaron el tiempo suficiente para ser vistos pro vigías del grupo rival, pero se fueron antes de que la bodega fuera rodeada.
Bankotsu cogió una copa de whisky seco que había allí. Por un momento tuvo la fantasía de que estaba frente a su mesa de cantina en el bar donde trabajaba, creando tragos con toda maestría.
─Siempre pensé que moriría bebiendo ron o algo. No un whisky en las rocas ─rió para si el hombre.
Bankotsu había dejado de pensar y oír lo que pasaba a su alrededor.
Ni siquiera sabía que estaba siendo rodeado.
Bebió su vaso con parsimonia.
En este momento ya Kagome debía estar siendo liberada.
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Inuyasha cargó a Kagome con aprehensión y horrorizado de verla inconsciente. Se la acababan de entregar, lo cual también era señal de que ya Bankotsu estaba en una jaula de ratones.
El equipo de seguridad también sabía qué hacer, y los vehículos desde allí enfilaron al aeropuerto donde esperaba el avión privado de Inuyasha. También allí los esperaba el médico personal de Inuyasha, quien había venido a petición urgente de su paciente más importante.
En los vehículos también estaba Miroku y el propio Hiten, quien había despertado de su letargo, y tuvo que ser detenido porque lo tuvieron que atar, para que no fuera a detener a Bankotsu.
Eso era otra cosa que Bankotsu les había hecho jurar, que detendrían a su primo, aunque usaren la fuerza en el proceso. Le dejó una nota a Hiten, que éste leyó en medio del profundo dolor.
"Es algo que tengo que hacer. No culpes a nadie. Solo están haciendo lo que yo les pedí"
Hiten nunca lloraba, pero ahora lo estaba haciendo.
Su primo, su hermano estaba dando su vida por amor. Por redención.
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Dicen que cuando la oscuridad de la muerte acecha y alguien está determinado a morir, pierde sus sentidos.
Bankotsu no oía lo que le decían. No le importaba después de todo, él no era un Ultra Cord real, así que lo que le decían esos hombres que empezaron a rodearlo como presa, no le interesaba.
Había decidido enfocar sus sentidos en sentimientos y recuerdos infinitos, para abstraerse del dolor de los golpes que empezaron a llegarle a todo el cuerpo.
Bankotsu era un hombre fuerte, sabia pelear, pero ya había decidido que no opondría ninguna resistencia. Se entregaría a la emboscada.
Él se merecía cada golpe que le asestaban. Puñetazos y patadas que iban debilitando su cuerpo, pero no su determinación de que estaba obrando bien. Todo por ella.
Kagome bien valía su sacrificio. Nadie más que ella. Siempre había sido ella.
No veía a sus oponentes que no le tenían piedad, sino el rostro de Kagome que le sonreía como antes de todo.
Cuando las sombras empezaron a llegarle y la oscuridad empezó a cernirle, lo único que podía oír era la tierna voz de Kagome.
─ ¿Quieres un poco de dulce de melón?
Eso le hacia sonreír, pese a estar cayendo en un inevitable valle de sombras, una donde ya no existía el dolor, donde los hombres eran libres para descansar su tormento. Con la feliz certeza de que Kagome, al fin era libre.
─Bankotsu…
Fue lo último que oyó su imaginación antes de quedar a oscuras.
La voz de Kagome que, de ese modo, le daba el último adiós.
CONTINUARÁ.
No diré nada más, salvo que el fic esta casi por finalizar, que sólo tendrá 26 capítulos, de hecho el ultimo episodio es casi el epilogo nomás.
Prometí actualizar el jueves y acabé en domingo, creo que el 24 también estará el domingo, pero si puedo estará listo el jueves( tengo el cumple de mi hermana, tengo un hermano con dengue, yo tengo examenes médicos en vistas a mi operacion de marzo, etc)
Gracias a por leer, sus comentarios, perdon por los errores de ortografia, dedazos, etc
Besos a mis comentaristas del ultimo episodio: azzulaprincess, Flemymayer, Asia12, Anixz, Nitoca, Nena Taisho.
Nos leemos.
Paola.
