INUYASHA NO ME PERTENECE, SOLO HAGO ESTO DE DIVERSIÓN

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AMIGOS CON BENEFICIOS

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CAPITULO 24

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Kagome respiró el aire puro. Esa sensación de paz y calma que sólo podían dar lugares alejados del ajetreo de la ciudad. En Madrid nunca podría estar de este modo.

Le estaba tomando mucho cariño a este remanso increíble de paz. Y pensar que había pasado por una traumática situación; sin duda que este era el sitio para recuperarse.

Torrelodones era un municipio distante a casi 30 kilómetros de la ciudad capital de España. Y en concreto, Kagome se hallaba en el núcleo de los Peñascales, una bella urbanización llena de chalets y mansiones, lujos que solo podía permitirse los de más alto poder adquisitivo.

Alguien como Inuyasha Taisho, quien era el dueño de la propiedad, y quien le había permitido a Kagome llevar su reposo en ese lugar.

Kagome se mordía los labios al recordar por todo lo que había tenido que pasar. Inuyasha y Miroku le habían contado lo que no podía rememorar, como, por ejemplo, que cuando fue rescatada, había estado inconsciente por sedantes que Naraku le había mandado poner por quejarse tanto del dolor.

Recordaba ese doloroso puñetazo, eso si. Un golpe que le había ocasionado una hernia abdominal traumática. Sumado a la profunda tensión que vivió. Fue tratada de las heridas físicas de inmediato, pero entre el reposo y la recuperación de tanto estrés, fue que Inuyasha le propuso llevarla a su casa de Torrelodones a que completara su sosiego.

Y no solo eso. Tambien le había permitido a Miroku que fuera con ella.

En medio de la quietud y relajamiento de ese alejado lugar se estaba reencontrando con su hermano.

Sango y Yura habian venido a visitarla, ésta ultima había llorado al reencontrarla. Y no solo ellos, Hiten también había venido por un rato, a quien habia notado muy cansado y apenado y también Ginta con Hakaku,

Incluso Jakotsu con Ayame.

Ellos no sabían los detalles exactos de los ocurrido, intuia ella, pero sabían que ella habia pasado por momentos muy delicados.

Pero por sobre todas las cosas, la acompañaba al que ella consideraba su principal benefactor, apoyo y amigo: Inuyasha Taisho.

Kagome no sabia como podría pagarle todo lo que estaba haciendo por ella y su hermano.

Estaba segura que el hombre habia desembolsado alguna fuerte suma para su liberación y asi como la de Miroku, para que lo dejaran marcharse en paz de Valencia, una ciudad donde ya solo existían recuerdos tristes.

No quería saber nada de Naraku ni de las negociaciones que Inuyasha habia hecho. Él mismo le habia dicho que nunca se lo preguntara, que lo que importaba que es que ahora era libre.

Kagome suspiró profundamente, observando el hermoso paisaje verde que se cernia. la hermosa mansión señorial de los Taisho incluso tenía un bello estanque natural con cisnes, una hermosa excentricidad en este remanso de bienestar.

Era cierto que todos sus amigos más apreciados habían venido a verla. Los tenia a todos muy cerca.

Pero no podía evitar pensar que una persona ni siquiera había mandado preguntar por ella.

Era cierto que ella había jurado desterrarlo de sus recuerdos, pero lo cierto es que no podía evitar pensar en que Bankotsu no había venido siquiera a preguntar por ella, aunque luego ella le hiciera prohibir la entrada.

Habia creído que todo lo relacionado con ese hombre ya no le molestaba, pero no era así. Habia lagrimeado en pensar en eso y darse cuenta que Bankotsu era un desconocido para ella.

Habia creído que eran tan unidos en algún momento, y ahora era un perfecto extraño que ni se había inmutado al saber de su desgracia. Kagome habría deseado poder preguntárselo a Hiten, pero su viejo amigo sólo se quedó poco rato, además que lo había notado muy agotado y entristecido. Seguro tenía sus propios problemas, y por eso apreciaba que la había venido a visitar.

Ignoraba si Hiten sabía lo que Bankotsu le había hecho.

Después de todo, ya no importaba. Aunque ella sabía que dentro de ella no era así. No había podido olvidarle y aunque no quisiera, siempre la atosigaban sus recuerdos.

Se convencía a si misma que siempre había sido un maldito farsante y no merecía un solo pensamiento de ella, así como él, seguro, tampoco se los dedicaba.

Ni siquiera su amistad había importado. El amor era una peste si venía acompañado de esto.

Tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para terminar expulsando a ese individuo de su sistema. Era un hombre que no valía la pena. Era un ser egoísta, engreído, egocéntrico, capaz de velar por sus propios intereses.

Kagome se limpió una lagrima solitaria.

Ahora más que nunca debía redoblar sus esfuerzos y dirigir su corazón y alma al sitio correcto.

El destino era inteligente y le estaba señalando que ya no debía dar tantas vueltas y darle una oportunidad a Inuyasha. Ese hombre se merecía un pedestal. A pesar de haberle expresado sus sentimientos, jamás la había presionado ni echado en cara nada.

Inuyasha se merecía algo más. Sería tan fácil amarle en cuanto ella pudiere desinfectarse por completo de su maldito pasado. Él si era merecedor del respeto y del amor de cualquier mujer.

Kikyo nunca había merecido un hombre como ése, y aunque a Kagome le apenase pensarlo, Kikyo sí que era compatible con alguien como Bankotsu. Arteros, mentirosos y siempre velando por sus propios intereses.

¡Que sean bien felices juntos esos dos!

Por eso mismo es que Kagome pensaba, es, aunque Madrid era enorme, no quería seguir en la misma ciudad donde le habían destrozado una vez.

Algo que Kagome tenía muy claro es que apenas pudiese, tomaría sus cosas y las pocas pertenencias de Miroku, y lo llevaría con ella a Berlín.

Lejos de todo y de todos. Su hermano necesitaba mucha terapia psicológica, no solo para ayudar en su ludopatía, sino para que el pobre hombre de alma tan lastimada pudiera reencontrarse con la vida.

Kagome se culpaba por no haber estado para él. Pero era algo reciproco, porque Miroku pensaba igual.

Llevaban pocos días juntos, pero incluso Miroku había recuperado un poco de color, porque había empezado a comer en forma.

Kagome se preocupaba por su alimentación. Habia descubierto que a su hermano le costaba conciliar el sueño, asi que era otro aliciente más para irse en cuanto pudieran, para que Miroku recibiera atención y por sobre todo contención de ella.

Ella parecía la hermana mayor en este caso, aflorando su deseo de proteger a su sangre.

La joven se puso un chal sobre los hombros y volvió a entrar a la casa. Quería supervisar la comida que la ama de llaves de la casa preparaba, porque Inuyasha le había prohibido preocuparse por tareas domésticas.

Habia recordado de que la comida favorita de Miroku de cuando eran niños era la sopa de verdura con costilla.

Sonrió con aquel viejo recuerdo.

Pero antes de entrar, otro viejo recuerdo la hizo detenerse.

Una de las muchachas de servicio acababa de poner sobre la mesilla una bandeja repleta de frutas, entre las que se destacaba un melón muy amarillo y de apetitoso aspecto.

Si no odiase tanto esas remembranzas que le traía, le hubiera encantado preparar un delicioso dulce con el.

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Era cierto que estaban en la misma casa, pero, aun así, Inuyasha procuraba mostrar su distancia al espacio personal de Kagome y de Miroku, respetando sus espacios.

Habia pasado por una horrible pesadilla. Pero, al fin y al cabo, al final Kagome había podido ser rescatada. Se había pagado un alto precio por ello. Inuyasha había jurado no decir nada sobre ello y lo mismo el propio Miroku, quien también conocía sobre el verdadero modo por el cual Kagome y él habían ganado su libertad.

Inuyasha era un buen hombre y aunque sabía que Kagome pensaba que le debía la vida, no pensaba aprovecharse de ello y quitar alguna ventaja. De todos modos, Kagome ya le había dicho que quería dejar pasar unos días antes de volverse a Berlín, pero ya con su hermano.

Su mente cavilaba en los arreglos que debían hacerse allá. Él tampoco quería quedarse más tiempo en Madrid. No porque hubiera recuerdos tristes, sino porque Berlín, era sinónimo para él de evocaciones como que fue en esa ciudad donde desarrolló sentimientos muy fuertes hacia Kagome, donde había aprendido a conocerla y a amarla.

Sabía que cuando Kagome lo miraba, era consciente de que le debía mucho. Y sabía que en algún momento ella seria para él.

No se había dicho nada sobre eso, pero Inuyasha no era tonto, porque era en eso donde acabarían las cosas naturalmente.

Por el momento dejaría las cosas, tal como estaban.

Ya llegaría el tiempo de los dos.

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La joven se puso un sobre todo por encima, cogió un paraguas y salió rumbo al lugar donde iba todos los días. Un ritual que tenía desde hace quince días apenas salía del trabajo.

Cogía el autobús y enfilaba a donde quería llegar.

Ocultaba sus ojos rojos con un gran anteojo oscuro y llevaba una bolsa pequeña en una mano, donde cargaba su móvil, su billetera y otras cosas.

Viéndola así, era casi imposible reconocer en aquella mujer a Yura, la que apenas hace un año atrás era la infartarte mesera del bar Shikon.

Atrás habían quedado esos días, era ahora era una amiga preocupada y triste. Una parte de su alma le había vuelto al cuerpo, hace quince días, cuando supo que Kagome fue rescatada.

Recordaba con nitidez, porque ella había estado en el hospital con Inuyasha en esos momentos. También había sido la encargada de contener al pobre hermano de Kagome mientras intervenían quirúrgicamente a su hermana por la hernia abdominal.

Habia llorado de felicidad cuando Kagome abrió los ojos en aquella cama de hospital. Su estado físico no había sido grave, pero el dolor por la posibilidad de perderla por el secuestro si había sido grande.

La acompañó cuando Inuyasha la trasladó a Torrelodones e iba día por medio a verla, a más de los interminables mensajes de voz vía WhatsApp.

Kagome estaba recuperada y eso la aliviaba. Tal vez solo quedaban las heridas del alma.

Hablando de ese tipo de heridas, Yura tenía bastante.

Cuando al fin llegó al lugar donde venía todos los días, Yura se quitó los anteojos.

Le tomaba una hora llegar en autobús al Hospital Infanta Sofía.

El personal del sitio ya la conocía, porque venía todos los días. Y además que siempre hacía lo mismo.

Se sentaba junto al pobre hombre de ojos enrojecidos y le tomaba una mano. Sin decir una palabra, sólo compasiva compañía, llena de cariño mutuo. No eran necesarias las palabras allí.

Se conocían desde siempre, y aunque la vida y el orgullo los llevó por vidas separadas, nunca podría romperse el vínculo que los unía desde jovencitos, desde que estaban en el instituto.

Yura comprendía el dolor de Hiten, porque ella misma lo padecía.

Bankotsu se pudo haber portado mal en el último año, por causa de una desafortunada elección, pero había sido amigo de ella y era el primo, un hermano casi de Bankotsu.

Y con lo último que había hecho, ese sacrificio para salvar a Kagome, había demostrado que era una gran persona y que amaba sinceramente a Kagome.

A Yura le apenaba tener que ocultar a Kagome de estas visitas y sobre aquel secreto del sacrificio.

Pero Bankotsu así quiso, por no querer cargar en los hombros de Kagome el peso de una vida ni comprometerla por ello.

Hiten y Yura también decidieron que no le dirían nada a Sango, para no cargarla con el peso de un secreto. Después de todo, los amigos de Bankotsu eran quienes debían cargar con ello.

Ginta y Hakaku también estaban al tanto, pero juraron callar, pero además que ambos estaban en Tarifa cuidando el bar de Hiten.

Jakotsu también lo sabía, porque había que justificar la ausencia de Bankotsu en el trabajo, además era un amigo y había que prevenirlo que no abriera la boca, porque también era un amigo de Kagome y había ido a verla a Torrelodones.

Así que esas tardes habían sido de Yura y de Hiten, en la espera eterna, con las manos tomadas fuertemente, esperando algún avance o mejoría.

Bankotsu estuvo en coma desde que lo trajeron, por causa de numerosos traumatismos y golpes que le dieron aquella noche, que estuvieron a punto de matarlo. Si vivía, pero porque era un hombre fuerte y pudo resistir, pero no sabían por cuánto tiempo más.

Pero ese día algo era diferente, porque cuando Yura entró a la sala de espera, donde Hiten siempre esperaba noticias y no lo encontró.

Eso la asustó y apresuró el paso. Ni siquiera oyó la voz de la enfermera y entró intempestivamente en la habitación que correspondía a Bankotsu.

Lo único que encontró fue a dos enfermeras arreglando y aseando la habitación, quitando equipos y aparatos.

Eso hizo que la joven sudara frio.

Pero una mano en su hombro la devolvió a la realidad.

Era Hiten, quien no tenía el aspecto abatido de siempre.

─Bankotsu despertó. Lo han cambiado de sala ─le informó

Esa era una gran noticia y Yura no pudo evitar llevarse una mano a la boca, para luego arrojarse a llorar de felicidad en los brazos de Hiten, esos brazos tan cálidos y únicos que ella siempre había añorado, pero que ahora estaban fuera de su alcance.

Fueron a la sala y ahí estaba.

Bankotsu ya no llevaba respirador, y aunque se le veía débil, ya no estaba asistido mecánicamente para respirar y estaba despierto. Tenía vendas en la cabeza, pero no le habían rapado, los cardenales de los ojos también se veían más claros y tenía más color en el rostro.

Yura lagrimeó al verlo, y aunque algún personal de blanco pudiese regañarla, no pudo evitar arrojarse a besar en la frente y en sus mejillas a Bankotsu, quien sonrió de lado. Se le veía dolorido, pero procuraba mostrar fuerza de voluntad.

─ ¡Al fin despertaste!, pensé que jamás lo harías ─adujo Yura, sentándose junto al hombre en cama, mientras Hiten se ponía junto a ella.

Bankotsu respondió con voz muy baja.

─Esta ciudad necesita los tragos que yo preparo…

─No te fuerces, Bankotsu…descansa todo lo que puedas ─pidió Hiten

─Creo que es hora de tomarme mis vacaciones… ─volvió a referir Bankotsu, muy débilmente.

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Hiten la había pasado horrible.

Cuando Bankotsu lo dejó sin sentido con el puñetazo, para largarse a ser carne de cañón de los ultra cords, al despertar quiso reaccionar y buscar a su primo, pero esta vez Inuyasha y su equipo de seguridad lo detuvieron. Hicieron falta cinco hombres para hacerlo.

Si era por él, hubiera querido estar allí, sino para detener esa locura, al menos para morir junto a Bankotsu.

En eso, Inuyasha se le acercó en pleno vuelo, donde también estaban llevando a Kagome dormida y a su hermano.

Le dijo que no había podido quedarse quieto, sabiendo que iban a matar a un hombre, que no podía vivir con eso en su consciencia. No podían llamar a la policía, pero quizá podrían hacer otra cosa, a modo de presión.

Le filtró la información de un cobarde ataque de ultras a un hombre que estaba solo, a una amiga editora del periódico digital de Berlín más leído, quien le envió la noticia al jefe policial de Madrid, avisándole que ella publicaría la noticia y en pocos minutos, el mundo sabría que un hombre había sido salvajemente atacado y que la policía nada hizo por detenerlo.

Se hizo así, porque no sabían si el jefe mayor estaba coludido con el poderoso primo de Naraku.

Y además la amiga de Inuyasha vivía muy lejos del alcance de cualquier inmediata represalia.

Resultó que no, y las ordenes de movilizar a la policía valenciana fue inmediata. Los policías locales no podían desobedecer órdenes directas de la Central, y con informe de ubicación se hizo una redada y emboscaron la golpiza.

Bankotsu salvó su vida cuando estaba a punto de ser asesinado a golpes.

Inuyasha no sabía en ese momento si se encargarían del Ultra Cord y del Barcelona. Lo único que quería es que no hubiera pérdida de vidas.

Si bien Inuyasha le había jurado a su rival que callaría el secreto, lo cierto es que no podría ser capaz de cargar con ese estigma de una vida por otra vida.

Fue así que pudo detenerse aquella carnicería. Bankotsu fue llevado de urgencia al hospital, con signos vitales mínimos. Hiten regresó a estar junto a su primo hasta que al día siguiente los llevaron a Madrid, por seguridad, porque temía que el Ultra Cord hiciera algo.

No sabía si las fuerzas del orden se encargarían de ellos, así que mejor prevenir, así fue que vinieron al hospital de la infanta Sofía, donde una desolada Yura ya los esperaba.

Aquella pobre mujer tuvo que repartirse entre el hospital donde estuvo Kagome y donde estaba Bankotsu, pero jamás lo abandonó.

Hiten valoró su compañía. No habría querido a nadie más que ella para eso. En esos quince días de convalecencia en coma de su primo, ella estuvo con él. Sin hablarle, había estrechado su mano y dado su calidez.

Calidez por la incertidumbre de saber si Bankotsu viviría o no.

Pero al fin, el joven había despertado. Viviría, aunque tenía un largo camino de fisioterapia por delante.

Cuando una enfermera les pidió a Hiten y a Yura que salieran de la habitación de Bankotsu para éste descansara, ambos fueron hacia el pasillo.

Aliviados por, sobre todo.

No quisieron ir a la cafetería, así que Hiten trajo dos cafés bien cargados en tazas plásticas para beberlos con Yura en los sillones de la sala de espera. Mismos que habían sido testigos de la compañía que se dieron mutuamente.

─Mi primo vivirá y es lo único que importa ─dijo él

Yura asintió.

─Aun así, me siento muy mal por no decirle de esto a Kagome. Ella lo detesta y lo cree mala persona.

Hiten meneó la cabeza.

─Bankotsu me lo hizo jurarlo, aunque odio esa promesa.

─Kagome es mi mejor amiga, pero Bankotsu también es amigo mío y ya le he perdonado su engaño a Kagome. Sólo por eso y por mantener tu propia promesa a tu primo, haré tripas corazón y me callaré ─añadió Yura, pensativa

─Bankotsu ama a Kagome y las personas son tontas cuando se refieren al amor. Él cree estar haciendo una redención a su propia alma por el daño que le causó a ella.

Yura pestañeó.

No supo porque, pero eso que le dijo Hiten le caló en el espíritu. No sabía que decir ni hacer cuando alguien le hablaba sobre lo tontas que podrían ser las personas con respecto al amor.

Ella era una tonta. Y ahora se martirizaba por estar pensando en eso, cuando el pobre de Bankotsu se acababa de despertar de un coma. Pero no podía evitarlo, porque Hiten estaba allí.

No podía evitar sentirse atraída a esa voz, esos gestos e incluso a ese olor de colonia varonil.

Una atracción de antaño que seguía vigente, como bien había comprobado, porque estar cerca de ese hombre era una tortura lenta. Ella lo amaba y era tan tarde para ambos.

El barco había zarpado y ahora Hiten salía con una amiga: Sango. Eso era algo con lo cual no podía meterse entre medio.

Le dolía horrible. Y era un pequeño consuelo para ella estar en compañía suya, como fueron estos quince días.

─Tenemos que avisarle a Kikyo ─informó Hiten y al ver el desconcierto de Yura, añadió pronto ─. Después de todo, ella es su prometida.

─Tienes razón, Kikyo es su prometida ─adujo Yura ─. Aunque ella no se merece a un hombre como él; pero se lo avisaremos mañana. Por hoy dejemos a Bankotsu descansar.

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Desde la muerte de su padre, parte de la altivez de Kikyo había disminuido. Estaba demasiado deprimida para pensar en sus propios aspavientos, así que casi no salía de casa.

Cuando Bankotsu desapareció un día sin avisar, ella casi se vuelve loca.

De algún modo, Bankotsu era lo único que le quedaba.

No tenía amigas, todas las que tenía eran serpientes como ella, en las cuales no se podía confiar.

Añoraba a su padre, como nunca pensó que lo haría. Nunca tuvo madre, y de algún modo también le hubiese gustado tenerla. Se sentía muy sola y por eso se había apoyado en Bankotsu.

La otra persona que podría resultar confiable para ella era Inuyasha, quien la quiso mucho y que en otras circunstancias se hubiera convertido en su marido. Pero ese hombre había roto sus ataduras, cortado su toxico vinculo e incluso se había mudado. Habia oído un insistente rumor de que se había liado con esa Kagome Higurashi, esa mujerzuela que se atrevió a disputarle el amor de Bankotsu.

Pensar en cómo le había destrozado la vida en su momento a esa joven le daba cierto placer, como el hecho de procurar que quedase desempleada. Habia sido una maravillosa intriga y se había salido con la suya.

Aquellas maldades le habían dado pimienta a su vida. Como un recordatorio de que una mujer tan inferior como ésa no debía atreverse en medio de ella y el hombre que amaba.

Por supuesto también estuvo al tanto cuando Bankotsu tenía un lio con ella y la estratagema que había urdido para que Kagome lo descubriera. Le deleitaba pensar que su corazón se hubiera roto.

Esa mañana recibió una inesperada llamada en el móvil.

Bankotsu llevaba varios días desaparecido. Al principio fingió que no le importó, porque habían reñido por algún asunto que ni recordaba, pero pasaron varios días y no tenía noticias.

Por eso la sorpresa cuando lo de la llamada, por parte de alguien que se identificó como Hiten Maxwell, primo de Bankotsu.

Le había comentado que Bankotsu había tenido un accidente que mantuvo en coma por dos semanas pero que había despertado ayer y que estaba internado en el hospital de la Infanta Sofía por si quería venir a verlo.

¿Qué si quería verlo

Nada en el mundo la hubiese detenido. Cogió su bolso, llamó al conductor y emprendió el viaje a ese lugar.

No sabía cómo tomar la noticia.

¿Con alegría?

¿Con enfado?

Ella era su prometida ¿Por qué no le avisaron antes de su accidente? ¿de qué tipo de accidente podría tratarse?

Kikyo venía con muchos interrogantes. Y si Bankotsu estaba despierto, sí que le haría hablar.

Cuando llegó y enfiló hacia el ala donde le dijeron que el señor Bankotsu Maxwell estaba internado, lo primero que vio fue a un hombre alto, con mucho parecido físico a su prometido. Nunca antes lo había visto, pero el hombre se portó amable con ella y se presentó como el primo de Bankotsu.

A la zorra que lo acompañaba, Kikyo si la reconocía como la amiga de esa Kagome y que trabajó en el bar Shikon. Procuró ignorar a esa mujer y se concentró en el saludo y la leve explicación que le dio ese joven llamado Hiten.

─Él ha despertado y está consciente ¿quieres verlo? ─preguntó Hiten

─Claro que si ─pidió Kikyo

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Era cierto que aun sentía mucho dolor, y la cabeza le molestaba un poco, pero estaba lo suficientemente medicado para no sentirlo tanto.

Igual para Bankotsu el estar aquí era un milagro. Se había resignado a morir y despertó en un hospital, quince días después.

Quizá era traumático, pero para Bankotsu era bastante claro lo que había pasado.

Se había salvado de milagro.

Kagome estaba lejos de aquí, pero viva y a salvo. Lo mismo ese pobre infeliz de Miroku.

Todo eso se lo había confirmado el propio Hiten.

Todo este sacrificio fue por ellos y si Bankotsu tuviera que repetirlo, lo haría con gusto.

Su propia supervivencia le había hecho plantearse varias cosas. Ya el médico le adelantó que era probable que le esperaran semanas o incluso meses de fisioterapia; estaba vivo de milagro y era de celebrar.

Igualmente, Bankotsu cavilaba en las mejores opciones. Probablemente lo mejor era largarse también de Madrid en cuanto pudiera recuperarse.

Desde que Hiten le comentó ayer que Kikyo venía en camino, había tenido tiempo de pensar largo y tendido con respecto a ella.

Si no fuera por el recordatorio probablemente ni siquiera recordaría que tenía una prometida.

Kikyo Sanders había sido un sueño para él.

Ahora no estaba seguro si no fue más que un espejismo.

Su vida pasó por su mente cuando recibió la golpiza que esperaba que lo matara.

Pero había sobrevivido. Era hora de hacer lo correcto.

Lo supo en cuanto oyó ruidos de la puerta y alguien que entraba. No tuvo necesidad de mirar para confirmar de quien se trataba.

Un intenso aroma a sándalo inundó la habitación.

Kikyo había entrado.

Estaba muy seria, y estaba vestida por con una falda larga de tubo y una camisa blanca. Su largo y hermoso cabello lo tenía en una coleta.

Tenía puesto unos anteojos oscuros y carecía del porte altivo de siempre.

Bankotsu se sintió mal por ella, porque sabía que la muerte de su padre la había destrozado.

Lo confirmó cuando ella se quitó los anteojos y reveló unos ojos cansados, tristes y ajados.

No estaba durmiendo bien y se lo notaba.

Kikyo se horrorizó de verlo postrado y débil. Se sentó junto a él, pestañeando nerviosa.

─ ¡Porque nadie me avisó de que estabas en problemas!, hubiera ido por ti ─reclamó la joven, buscando la mano del joven.

─Si estoy así, es porque me lo busqué, si recibí esto fue porque me lo merecía, Kikyo.

La mujer abrió mucho los ojos ante ese comentario.

─Habíamos peleado la última vez y pensé que estabas enfadado ¿Qué fue lo que ocurrió?, tu primo no quiso decirme nada.

Bankotsu miró a la joven.

Era cierto que había descubierto la frivolidad y la faceta egocéntrica de ella. Pero algo que no podía negarse que ella lo quería.

No era idiota y podía ver algo de eso.

Su encuentro cercano con la muerte le hizo replantear muchas cosas. Su propio modo de vida y sus incorrectas elecciones. Y cuan equivocado estuvo, nublado por un juicio elaborado en base a su egoísmo, su reafirmación de extra masculinidad por poseer varias mujeres a la vez y su mezquindad.

Una mezquindad que lo llevó a traicionar a la mujer más pura e inocente que conocía, alguien que no se merecía su alevosía y su felonía: Kagome.

Mas valía estar solo y vivir con la carga de lo que había hecho.

Tampoco podía arrastrar a nadie más con eso, ahora que sabia y aceptaba sus sentimientos hacia Kagome.

Kikyo se merecía la atención completa de un hombre. Él ya no se sentía capaz de eso.

Se Habia engañado mucho tiempo a sí mismo, ya no quería engañar a otras personas.

─Estoy así, porque arriesgué mi vida para salvar a Kagome. Y volvería si fuere necesario ─lanzó Bankotsu

La muchacha quedó azorada con la revelación. Quitó su mano sobre la que tenía apoyada en la de Bankotsu.

─Esto debe ser una puta broma ─refirió ella, incrédula ─. Me estás diciendo que te metiste en problemas por culpa de esa estúpida, que además de ridícula es una seductora que no ha perdido tiempo en embaucar a su jefe ─aguijoneó la joven.

─Ella es una buena mujer, no se merece esas palabras tuyas ─añadió Bankotsu, serio.

─ ¿Y se puede saber a qué vino eso?

─Te lo he dicho para que entiendas que me he dado cuenta que por ella soy capaz de dar la vida. La he mentido y traicionado; es mi forma de redimirme, porque sé que jamás volveré a verla y nunca me perdonará. Prefiero estar aquí, amarla en silencio y guardar en mi memoria lo que fuimos. Me iré de aquí en cuanto salga de este hospital ─reveló él

Esa información fue demasiado para Kikyo, quien se levantó de la silla de forma tan violenta, que el sillón cayó al suelo, haciendo un estruendo.

Bankotsu la miró.

─Me he dado cuenta que la única mujer por la haría eso es ella. Tú no te mereces a un hombre que esté a medias contigo, Kikyo.

Kikyo no pudo detener las lágrimas amargas que vinieron a atacarla.

─!No puedes hacerme esto!, yo lo he dado todo por ti. Me puse en boca de todos al comprometerme con un hombre de baja extracción social ¡y vienes ahora a decirme que me dejas y que amas a otra!

Bankotsu la observó con pena. Pero no podía hacer nada respecto a eso. Quería ser sincero con Kikyo y procuraba que las palabras fueran lo menos hiriente posible.

─Espero puedas perdonarme, Kikyo, algún día. Es que lo único que sé es que no puedo seguir engañando a nadie más.

La mujer lloraba y él hizo acopio de su fuerza y le tomó una mano.

─Te quise mucho, Kikyo. Y en honor a eso, debo dejarte libre a que puedas encontrar el verdadero amor.

La joven estaba demasiado nerviosa y se desasió del agarre de Bankotsu. Se limpió las lágrimas de la cara. Estaba temblando y Bankotsu deseó hacer algo por ella.

─ ¡Te odio, Bankotsu! ¡te odio! ─gritó la joven, cogiendo su bolso, quien salió corriendo de la habitación, llorando y hecha trizas.

─ ¡Espera, Kikyo!

Pero ya la joven se había marchado. Bankotsu maldijo estar postrado. Le hubiera gustado poderse explicar más con Kikyo, darle un abrazo y confortarla

Pero ya la muchacha había huido.

El joven quedó solo en la habitación, sentía pena por Kikyo. La había querido y nunca podría desearle el mal. Pero no podía evitar sentirse aliviado por liberarse.

Pero tenía que ser sincero consigo mismo. Él amaba a otra mujer, aunque ella jamás volvería a ser nada suyo.

Serian extraños para siempre y él debía cargar con eso.

CONTINUARÁ


Muchas gracias amigos por su apoyo.

Casi no se publica este capitulo, porque el jueves me interné para ser operada, porque se habia liberado al fin una cama en Neurocirugia. Tuvo que suspenderse porque entró un paciente grave y le cedi mi lugar.

Asi como vamos, la operación queda para este miércoles/jueves.

A modo de información le comento que tengo un Macroadenoma Hipofisario, que es un tumor en la cabeza. Un tumor benigno que se extrae por la nariz, una operación que no es grave, pero cuyo post operatorio mantendrá al menos una semana ( creo) fuera de poder levantarme y esas cosas.

Yo no quisiera operarme, pero una consecuencia de este tumor es el peligro de quedarse ciega, asi que por eso estoy en lista temprana para hacerla.

Les cuento todo esto en el caso que no aparezca por una semana. Igual lo informaré en mi muro.

De todos modos, quiero ver si puedo y hay posibilidad de hacer el capitulo 25 y cargarla para el miércoles antes de la internación. No lo prometo, pero haré un esfuerzo.

Sólo nos quedan 2 capitulos y todo terminará.

GRACIAS POR SUS VOTOS, FOLLOWS, COMENTARIOS Y POR LEER.

BESOS A MIS COMENTARISTAS DEL 23: NENA TAISHO, GUEST, GIGIMORE Y AZZULAPRINCESS

NOS LEEMOS.

Paola.