INUYASHA NO ME PERTENECE, SOLO HAGO ESTO DE DIVERSIÓN
.
.
.
.
.
AMIGOS CON BENEFICIOS
.
.
.
.
CAPITULO 25
.
.
.
UN MES DESPUES
La joven pagó los 70 euros que costaba la tarta que había encargado en la pastelería.
Se aseguró que fueran con relleno de almendras y sonrió cuando se lo empaquetaron en una bonita caja adornada.
Yura no sabía hacer tartas ni pasteles. Todavía estaba aprendiendo a cocinar y de eso a hacer de repostera había un trecho.
Pero era una ocasión especial y bien valía gastarse ese dinero en una buena tarta de cumpleaños y de recuperación.
Era el cumpleaños de Bankotsu y lo estaba pasando en rehabilitación, recuperándose en un ala del hospital Infanta Sofía, en el área de fisioterapia.
Yura se sentía feliz y aliviada de que su amigo hubiera sobrevivido y estuviera llevando su recuperación de forma estupenda. Solo un hombre con su complexión física podría haber sobrevivido lo que él. Increíblemente no había sufrido traumatismos serios en la cabeza, por tanto, las lesiones allí no tendrían consecuencias.
Pero el tiempo que estuvo en coma, había producido consecuencias en su movilidad, y por ello pasaba por largas sesiones de fisioterapia, para poder reinsertarse en la sociedad.
Yura estaba muy orgullosa de su amigo. Pero al final, consideraba que todo era muy solitario. Hiten venia cada semana, porque al ver que su primo progresaba no tuvo más remedio que regresar al trabajo, pero venia cada viernes a visitar a Bankotsu y encargarse de asuntos administrativos de su primo.
Hiten habría querido pagar los gastos hospitalarios de su primo, incluso si debía pedir un préstamo, pero Bankotsu se negó y le expidió una autorización para usar sus ahorros en el banco.
Yura se emocionaba al ver la interacción de los primos. Esa fraternidad a prueba de todo. Y agradecía ser testigo de todo ello, aunque con mucho pesar.
Ella sabía la verdad y le dolía mucho no poder compartirlo con Kagome.
Se sentía una traidora, porque a Kagome le había espaciado las visitas en Torrelodones y pasaba más tiempo con Bankotsu, quien al final estaba más solo que Kagome.
Kagome tenía a Inuyasha, Sango, su hermano y sus otros amigos. Bankotsu solo la tenía a ella y a Hiten.
La otra culpabilidad que la apremiaba era ocultarle eso a Sango. Hiten nunca hablaba de eso, pero Yura sabía que seguían viéndose, aunque de forma más espaciada, y aparentemente Sango no sospechaba que Hiten pasaba más días en la semana por Madrid por estar cerca de su primo.
Yura sacó su móvil y lo reviso. Ya era casi las cuatro de la tarde, así que debía apresurarse en buscar la parada para el bus para cogerlo e ir al hospital.
En eso estaba, cuando una voz muy familiar la saludó.
─ ¿Yura? ¿pero qué haces en este barrio?
No tenía que adivinar mucho. Era Sango.
Yura le sonrió.
─Nada, ya me ves, estoy dando un paseo
─Y también andas de glotona ¿crees que no he reconocido esa caja de tarta? ─Sango se le acercó, muy amistosa.
Yura decidió mentir.
─Es que esas idas a Torrelodones pueden dar hambre ¿Cuándo iras tu a visitar a Kagome? ─preguntó, mas con deseo de cambiar de rumbo de charla.
─Precisamente ahora quería ir, aprovechando que no tengo horas extras y volver no muy tarde ─reveló Sango
─ ¿No me digas que tienes un programa de televisión que no puedes perderte?
─Hiten está en la ciudad y quiero verlo.
Yura no pudo evitar que su sonrisa se transformara en un mohín más serio. A veces olvidaba que la mujer de Hiten era Sango.
Yura, de corazón la apreciaba, pero no podía evitar sentirse triste.
Se había sentido emocionada por compartir con Hiten estos días junto a Bankotsu, pero el ver a Sango se recordaba su lugar, donde los sentimientos ya no tenían razón de ser, porque Sango era su amiga y ella misma había dejado que el barco zarpara con respecto a Hiten.
En cambio, debía alegrarse de que Hiten pudiera ser feliz, y con alguien tan genuino como Sango.
Se preguntaba si el irse lejos sería una buena cura para sus males. Recordaba que cuando Kagome tuvo el problema con Bankotsu, la única solución que tuvo fue la de irse del país y había funcionado.
Se despidió de Sango, quien lucía feliz.
Yura se dejó mirando la caja de tarta que llevaba en una mano.
Habia sido tan cobarde y un malentendido le había arruinado la vida, aunque nunca se lo había admitido abiertamente. Pero lo cierto que es que ella misma nunca se perdonó haber engañado a Hiten y estaba profundamente arrepentida del estilo de vida que había llevado luego.
Un ruido proveniente del móvil volvió a despertarla.
Se hacía tarde y debía tomar el bus. Hiten y Bankotsu estaba esperando por ella.
.
.
.
.
.
Nunca le había gustado mucho el ajedrez, pero de tanto estar en el hospital no había tenido más remedio que jugarlo. Además, que el médico le dijo que eso le ayudaría en su recuperación, como una estimulación extra al cerebro.
Su natural contrincante era Hiten.
Bankotsu movió una pieza, visualizando mentalmente su estrategia.
Estaba en ello, cuando Hiten le habló.
─Creo que Kagome se merece la verdad
A Bankotsu le tembló la mano, pero se compuso enseguida.
─Ya lo hemos hablado. No voy a dejar que eso ocurra. Ha pasado un mes y medio desde el incidente, y según he sabido, ella sigue en el país, viviendo en una casa de Inuyasha Taisho ¿no crees que una noticia así le arruinaría la convivencia?
Hiten movió otra pieza.
─Ya te he perdonado que me golpearas aquel día, y hasta prometí guardar ese secretito, pero ¿no te da pena que ese tal Inuyasha se esté dando el crédito de su rescate?
Bankotsu dejó la pieza y miró a su primo.
─No tengo derecho a que me importe ─aseveró el joven, muy serio.
Hiten lo estudió por unos segundos, penetrando sus enormes y escrutadores ojos azules en los de su primo. Notó que hablaba muy en serio.
Hizo un mohín de resignación.
─Está bien, ya he dicho lo que quería decir ¿seguimos jugando?
Bankotsu asintió, pero se había sentido invadido con los dichos de su primo. Decidió darle una pizca de su propia medicina.
─ ¿Verás a Sango, hoy?
─Si, me ha invitado a su departamento. Sinceramente ese lugar es más cómodo que el sofá de acompañante de tu habitación de hospital ─rió Hiten
─ ¿Iras a ese lugar, aunque no es el lugar donde realmente quieres estar? ─aguijoneó Bankotsu
Esa frase urdida hizo que Hiten perdiera la estrategia, y la pieza le tembló en la mano por unos cortos dos segundos. Cosa que Bankotsu advirtió.
Igual Hiten se recompuso enseguida.
─ ¿Haz acabado tú también de decir lo que querías?
Bankotsu sonrió de lado.
Parece que había verdades que siempre atormentarían a Hiten. Quizá era tan masoquista como él, pero a diferencia de su primo, Bankotsu creía merecer lo que estaba sufriendo.
Decidió cambiar de charla, y enfocarse en algo que estuvo pensando.
Aunque Jakotsu abogó por él, el bar debía seguir funcionando, el dueño Sesshomarou lo acabó despidiendo, aunque le envió el pago de su liquidación, así que, en medio de todo, había que reconocerle la justicia.
Así que Bankotsu no tendría un trabajo a donde ir, cuando acabase la fisioterapia.
Habia reflexionado mucho sobre lo que deseaba hacer. Y ahora que tenía el dinero del finiquito se le presentaba cierto panorama.
─Quiero abrir mi propio bar ─anunció repentinamente
Hiten miró a su primo, con sorpresa.
─Debes ser consciente de que costará mucho dinero. En Madrid los arriendos son caros y además está repleto de buenos bares. Es cierto que te has labrado buena fama y muchos acudirán a tu bar, por tus tragos, pero, aun así, será muy costoso ¿podrás con ello?
─No hablaba de Madrid.
─ ¿De qué hablas?
─Tú tienes tu bar de tapas en Tarifa, y he pensado mudarme allá, por el auge turístico. Y quiero abrir un bar con especialidad de mis tragos allá. Puedo empezar de cero o puedes tu cederme la explotación de la cantina en el tuyo. Te pagaré por ello ─propuso Bankotsu
Hiten miró boquiabierto a su primo. No se esperaba tamaña proposición. No sabía que Bankotsu tenía aspiraciones como esa, siempre creyó que le gustaba agitar cocteles y rellenar los tazones de maní para otros. Por supuesto no pensaba oponerse, podían llegar a un acuerdo y asociarse, que era una mejor idea.
─Sabes que nada me gustaría más, pero podemos ir más allá, y en vez de pagar una explotación de cantina ¿Por qué no te asocias conmigo?, iremos a partes iguales. Imagina el maravilloso trabajo que haríamos en equipo. Yo con mis tapas y las especialidades culinarias y tú con tus cocteles ─aseveró Hiten.
Bankotsu sonrió. Eso había sido rápido.
Aunque también existía otro tema que quería tocar y quería preguntarle a su primo.
─ ¿Qué piensas de que venda la casa que fue del abuelo?
─ ¿Quieres venderlo? ─preguntó Hiten
─Si, si me voy a Tarifa lo haré completamente. El dinero del finiquito de mi trabajo quiero invertirlo en nuestra asociación. Y si vendo la casa que fue del abuelo, me gustaría poder invertirlo en una vivienda definitiva para mí en Tarifa. No quiero quedarme en Madrid y no sé si quiera volver.
─La casa es tuya, no necesitas mi opinión.
─Lo sé, pero ahí crecimos ambos. Y siento que debería pedirte tu opinión antes de hacerlo ─repuso Bankotsu
─No era necesario que me lo preguntes. Tu haz lo que creas necesario, aunque valoro mucho que me preguntes mi opinión ─cerró Hiten, con una sonrisa.
Era cierto que la casa era una herencia que el abuelo dejó a Bankotsu.
Pero si Bankotsu se marchaba, quedaría abandonada. Tampoco valía la pena arrendarla.
Y Bankotsu estaba determinado a mudarse a Tarifa.
El abuelo se lo había dejado como una apuesta para el futuro, así que Hiten apoyó la idea de su primo de venderla, para comenzar algo nuevo en Tarifa.
.
.
.
.
La tarta que había traído Yura resultó deliciosa. No pudieron beber cocteles, porque Bankotsu no podía tomarlo a causa de las medicaciones. Además, que en la sala de fisioterapia no se lo permitirían.
Igual fue un momento agradable, por ser el cumpleaños de Bankotsu. Yura no quería dejarlo pasar y cumplió con su amenaza de dejarse ver con aquel detalle. Aunque solo estuvieran ellos tres.
─Igual creo que pronto volveremos a ser la vieja pandilla. Me mudaré a Tarifa ─anunció Bankotsu a su amiga
─ ¡Oh, cielos! ¿eso es cierto?
Bankotsu asintió. Yura se alegró por su amigo, cuando oyó sus proyectos a largo plazo y eso que había estado cabizbajo por haber perdido su trabajo en el Shikon.
Mientras hablaban de eso, Yura creyó oportuno anunciar también algo.
─Creo que yo también haré lo mismo
─ ¿Te mudarás de ciudad? ─increpó Bankotsu
Ese hilo de conversación llamó la atención de Hiten.
Yura dejó el pedazo de tarta sobre su plato.
─Quiero irme de España un tiempo, quien sabe, quizá me mude definitivamente.
─ ¿Pero dónde iras? ─insistió Bankotsu ─. Parece que todos deciden largarse ─dirigiéndose a su primo, quien oía absorto el anuncio de Yura.
─Tengo una prima viviendo en Chile, un país trasandino en Latinoamérica. Ella vivía de mochilera y aventurera y acabó radicada allá. Me gustaría probar cosas nuevas y ella es alguien que podría guiarme para residir allá. Quizá vuelva a ser mesera, pero es algo que me gustaría intentar. Ella vive en un sitio llamado Puerto Montt, me ha hablado mucho de los paisajes, así que ¿Por qué no?
Bankotsu no esperaba que dijera Chile. Incluso esperaba que dijera Alemania, que era donde Kagome había vivido, ellas eran amigas y lo natural era que le pidiera consejo.
Pero aparentemente Yura tenía otros planes e ideas bien lejanas de un país en el mismo continente. Parecía una decisión extraña, como si la hubiera tomado de forma precipitada, pero igual Bankotsu prefirió no meterse.
─Te irá muy bien donde vayas ─atinó a decirle
Hiten no dijo nada, aun anonadado con la noticia.
En eso Yura cortó la tensión.
─ ¡Soy una descuidada!, compré un par de velas y ya hemos comido parte de la tarta. Igual vale cantar el cumpleaños feliz, así que voy por ella, creo que se me quedó en la habitación tuya ─se disculpó la joven y enfiló corriendo hacia el ala de habitaciones.
Era cierto lo de la vela, pero no podía soportar la mirada lastimera de Bankotsu y la enigmática forma que Hiten tenia de verla. Seguro con lastima.
Ella siempre había llevado una vida errática. Incluso Bankotsu tenía planes a futuro, no como ella que se creó un plan descabellado para aventurarse en otro continente.
Cuando entró a la habitación, localizó el paquete de velas sobre la mesita, se limpió una lagrima, pero cuando iba a salir, chocó con Hiten quien estaba en la entrada.
─¡Santo Dios, me has asustado de muerte!
Pero Hiten estaba muy serio.
─ ¿Cómo es que te vas a un sitio remoto?, que yo sepa no hablas con esa pariente desde que eras más chica.
Allí empezó a temblarle el labio a Yura. Sus ojos estaban cristalinos, pero igual alzó la mirada hacia la de Hiten.
Estaba tan desesperada y triste, que ya no podía más.
Llevaba con el corazón roto desde hace tanto tiempo y estaba cansada. Ver los ojos azules de Hiten le recordaban ese amor, que aun ahora la atosigaba, porque había madurado y echado frutos.
Esos ojos azules, que todos decían que eran idénticos a los de Bankotsu, pero que Yura era capaz de distinguir que no eran tan iguales. Los de Hiten eran de un tinte algo más claro, pero de forma imperceptible para los demás. Un detalle que solo ella podía notar, por tanto, pensar y soñar con ellos.
─ ¡Es que no puedo seguir aquí, porque te amo!, y lo he hecho desde siempre ─gritó ella, en un arranque que no tenía mala intención y estaba desprovisto de maldad. Solo había gritado lo que su corazón bramaba.
Hiten abrió desmesuradamente los ojos ante esa declaración.
Yura se avergonzó y se giró para que él no viera sus ojos llorosos.
─ ¡Por favor no me mires!, tengo mucha vergüenza contigo y con Sango. Sé que lo arruiné, yo me busqué esto. Por eso me iré, jamás volverán a oír de mí. No quiero avergonzarte, ¡perdóname!
Yura había bajado la cabeza, y en ese momento, oyó que la puerta se cerraba.
Era evidente que Hiten se había horrorizado de su comportamiento de loca y huyó de allí.
Era cierto que ella no se merecía ninguna palabra de ánimo, después de lo que había hecho cuando eran adolescentes, por causa de una declaración de amor tan a destiempo.
Por eso se asustó, cuando dos enormes brazos rodearon su cuello desde atrás.
─Es que yo no quiero que te vayas…
Ese abrazo era nostálgico y melancólico. Yura lo sintió así, así que se giró aun absorta de la sorpresa, pero aun llorosa.
─ ¿Qué pasa con Sango…? ─preguntó con un dejo de voz. No podía evitar sentirse mal con ella, por eso su primera reacción había sido esa.
Hiten la miró con unos ojos exaltados de cariño y amor. Puso ambas manos en las mejillas de Yura.
─Lo sé…─refirió él ─. Pero a la única a la que siempre he amado es a ti.
Ahí mismo, ya nada pudo detener ese beso profundo y anhelante que se dieron. Uno que habían querido darse desde hace años.
Soñando el uno con el otro desde hace tanto tiempo, que se les figuraba algo irreal.
Cerrando los ojos para profundizarlo y vivir aquello que siempre anhelaron, que nunca se habían querido admitir, por orgullo y malas elecciones.
.
.
.
.
.
Habia tenido que comprar un par de maletas para poder cargar las cosas de Miroku. No tenía muchas pertenencias, pero lo poco no pensaba dejarlo. Habían mandado un recadero a Valencia que mandara las cosas de Miroku.
Kagome le había hablado a su hermano y lo conminó a irse con ella a Berlín.
Miroku, muy débil de espíritu, había recuperado parte de su paz mental viviendo en Torrelodones con Kagome, así que aceptó ir con ella. Kagome le procuraría terapia allá.
Habiendo dejado eso en orden, decidió ir hacia la cocina a ver de preparar algún tentempié. Inuyasha le dijo que estaba en camino y Kagome deseaba poder ayudar al hombre que tanto había hecho por ella y su hermano.
Mucho estuvo pensando sobre Inuyasha. Ahora más que nunca se debía a él
A él le debía su libertad financiera, su ascensión social y por, sobre todo, el papel fundamental que ejerció durante su secuestro en Valencia.
Habia hurgado mucho y sabía que, aunque él tenía tantas cualidades, no era capaz de amarlo, intentaba colgarse de esos antiguos sentimientos de cariño platónico que le llegó a tener alguna vez, pero no funcionaba. La culpa era de ese desgraciado de Bankotsu, quien infectó su alma, y le cercenó el corazón.
Inuyasha le había dicho que la quería, pero no la presionaba. Pero ella le debía su vida y de su hermano.
Quizá debería procurar decirle que sí, darle una oportunidad. Y no decía esto por ser una aprovechadora, porque sentía mucho cariño hacia él, sino por una cuestión de lealtad.
Iba a aprender a amarlo con el tiempo. Su corazón tenía que dejar de sangrar alguna vez.
Por eso quería marchar a Berlín, era una zona de confort para ella, lejos de cualquier recuerdo de ese hombre miserable que alguna vez se dijo amigo suyo.
En eso encendió el televisor que había en la cocina.
Kagome no solía ver televisión, no le gustaba, pero estaba preparando unos bocadillos para tenerlos listos cuando llegase Inuyasha y para dárselo como merienda a Miroku.
Estaba cortando el pan y untando la mayonesa, cuando de repente oyó unos nombres conocidos pronunciados.
"Eran una peligrosa banda, de tinte fundamentalista, que se escudaba bajo la supuesta idolatría a un club de futbol. Fueron arrestados, tras semanas de investigación que se iniciaron luego de que hubieran herido de gravedad a un hombre. Lo cual también desnuda la corrupción imperante de la policía valenciana, quien conocía las movidas de este grupo criminal; también se ha revelado que el líder de esta banda tenía un parentesco con uno alto jefe policial y que le garantizó impunidad por años…Se ha revelado la identidad del supuesto líder de esta sediciosa banda, su nombre es Naraku Marcel…."
Kagome abrió sus ojos de forma desmedida. Ese nombre ya lo conocía y muy bien.
Era su pesadilla de adolescente y el azote que fundió la vida de su hermano.
Nunca esperó que hubiera noticia parecida, siendo que Naraku gozaba de una desvergonzada exención por parte de la justicia por estar protegido.
Kagome suspiró. Quizá debería rever su posición y denunciar su secuestro, para que sea castigado por ello. Pero luego pensaba que esto podría comprometerla y exponerla a los medios de comunicación. Sobre todo, Inuyasha estaría marcado.
Se preguntaba como si había sido posible aquello.
Kagome dejó el cuchillo y el pan que estaba cortando. Se sentó.
Recordar a Naraku aun la estrujaba. Ese hombre le hizo mucho daño a su familia.
Ella misma se asqueaba se haberse sentido atraída a un ser tan despreciable cuando era adolescente y de haber hecho tantas tonterías para llamar su atención.
Y pensar que tuvo que pagarle con su propio cuerpo aquella vez.
Kagome negó con la cabeza y dejó de prestar atención al televisor. Hace mucho que había olvidado aquello y no valía la pena volverlo a traer a colación.
Y pensar que creyó que había hallado el verdadero amor en un amigo como Bankotsu, con quien había compartido tanto.
Y pensar que ahora eran menos que extraños. Un ser egoísta y lujurioso no merecía nada de ella.
Con pesar recordaba que hace unos días fue su cumpleaños.
¿Lo estaría festejando con Kikyo?
En eso oyó un ruido.
Inuyasha había entrado a la cocina y Kagome le sonrió.
─Oh, no había oído que llegabas Inuyasha, por favor seas bienvenido en tu propia casa
El joven le devolvió una sonrisa cálida, aunque se heló al ver lo que daba en la televisión.
Un extenso reportaje de la aprehensión de una banda peligrosa en Valencia.
─Esto también es obra tuya, Inuyasha. Has sido un ángel conmigo y mi hermano ─le dijo ella levantándose y dirigiéndose a él
Inuyasha la miró. Para él, Kagome era la mujer más bonita que había visto, y la más bondadosa,
Nunca nadie podría llegarle a los pies en la dedicación que ponía en ser buena con los demás. Habia visto como cuidaba a su hermano.
Como se esforzaba con superarse cada día. De ser una mesera a algo más. Porque ella merecía siempre más.
Se merecía todo.
Ambos se quedaron viéndose.
Él obnubilado de amor y ella presa de un cariño amistoso intenso.
En eso Kagome decidió que debía probar algo. Tenía que hacerlo desde que se decretó a si misma que se debía a este hombre, que le diera tantas pruebas de amor.
Kagome se acercó pausadamente, alzó sus manos y las posó sobre las mejillas de Inuyasha para atraerlo para posar sus labios en los de él.
Un contacto dulce, cálido y completo que sorprendió a Inuyasha, pero éste no tardó en responder, colocando una mano en la cintura de la joven.
Inuyasha creía estar soñando, pero el beso era real, no era fruto de su imaginación. Esas sensaciones eran auténticas y sólo ella podía producírselas.
En eso un nombre conocido se oyó en la televisión.
"…el nombre del hombre que fue atacado en la bodega es Bankotsu Maxwells."
Kagome se desprendió de los labios de Inuyasha y se soltó de su agarre al oír ese nombre.
Se giró hacia el televisor a ver de qué se trataba y se sentía tonta por tener esa reacción, pero necesitaba saber de esa noticia.
Quiso la mala suerte, que hubiera uno de los típicos problemas de corte de programación por fallas en el cable, algo muy usual en Torrelodones y el televisor quedó sin señal.
Kagome quedó pestañeando extrañada. ¿Qué había sido eso?, no creía que podría haber otros hombres con el mismo nombre.
Giró hacia Inuyasha. Él estaba muy serio ahora, ya no tenía la sonrisa y la sorpresa de cuando se habían besado.
─Prometí guardar un secreto, pero no tiene caso que te lo oculte más ─anunció él
─ ¿Qué quieres decir? ─preguntó la muchacha
Inuyasha caminó hacia ella y le tomó una mano.
─Te quiero mucho, Kagome. Más de lo que nunca pensé que amaría a nadie, y el beso que nos dimos hace un momento me ha gustado tanto y me dio, por un momento, la ilusión de que podríamos ser algo más que amigos ─en eso, el joven tragó algo de saliva ─. Pero me he dado cuenta que aun amas a Bankotsu, la forma como te giraste al oír ese nombre, como si nada mas importase en este mundo.
─Espera, Inuyasha…
─Justamente porque te amo, es que voy a contarte la verdad. Seria horrible de mi parte que te sientas comprometida a mí por causa de una conjura. Él que ayudó a salvarte fue Bankotsu ─confesó él, haciendo que ella se congelara con la revelación.
La muchacha se quedó anonadada y esperó lo que seguía.
─Él se prestó como carne de cañón, por eso lo golpearon hasta dejarlo casi muerto. Lo hubieran logrado si la policía no hubiera llegado. Él fue a Valencia el día de tu secuestro junto con su primo a ver de ayudar y recolectar información. Se ofreció entregarse a cambio de ti, pues él entregaría su vida en la guerra abierta que los ultra cords mantenían con otra banda rival con quien tenían un lio de vida o muerte. Con la muerte de Bankotsu, la paz podría sellarse porque estarían iguales. Antes de irse, él nos hizo jurar a mí, a tu hermano y a su primo que no hablaríamos de eso, porque no deseaba ser una carga a tu consciencia. Sobrevivió, aunque se debatió entre la vida y la muerte.
Inuyasha bajó la mirada.
El relato lo había extenuado, pero no negaba que le producía cierta liberación el confesarlo.
No quería a una Kagome que le viniera por simple agradecimiento y además sin tener las cartas completas sobre la mesa. Él sabía que ella aun sentía algo por ese hombre.
Kagome abrió sus ojos ante aquella revelación.
Se sentó en la silla libre, por la conmoción que le produjo eso.
¿Bankotsu había querido dar su vida por ella?
Miró a Inuyasha, pero estaba muy serio. No estaba mintiendo ni jugando una broma.
Todo este tiempo nadie le había dicho nada porque Bankotsu se los hizo jurar.
CONTINUARÁ PARA EL FINAL CON EPILOGO.
Muchas gracias por sus follows, favs y comentarios, se los agradezco.
También sus buenos deseos hacia mi futura cirugía que nuevamente tuvo un retraso, asi que completé este episodio en estos dos días libres que tuve, porque mañana domingo 16/02 me regreso al hospital a esperar la cirugía el lunes.
Como saben, el capitulo final vendrá apenas se pueda.
Veremos si hay final entre Bankotsu y Kagome. No sé si Kagome llegue al punto de querer volver con él o algo parecido. Mucho rencor hubo allí, asi como mucho amor, asi que veremos como se resuelve eso.
BESOS A MIS COMENTARISTAS DEL 24: AZZULAPRINCESS, YUMAIKA QUERIDA, NENATAISHO, GIGIMORE, GUEST, NITOCA. BESOTES
Y un corto saludo de despedida a SAV21, que no leyó el 23 y me ha dejado un rw de despedida en el 24 porque abandona la historia, porque no le gusta porque le confunde no encontrar un capi que fue el 23 que ella/él no encontró. No sé que decir, salvo Gracias, adiós y suerte.
BESOS A LOS DEMÁS, NOS LEEMOS EN CUANTO SE PUEDA EL FINAL CON EPILOGO, QUE SERÁ BIEN LARGO, LO JURO, PARA DARLE CIERRE A ESTA HISTPRIA E INICIAR ALGO NUEVO.
LOS QUIERE.
Paola.
