Holis! Espero que el prólogo les haya agradado, como mínimo. Ahora las cosas van a tender a complicarse...y quiero aclarar que sólo tomé algunos de los elementos del Omegaverse, no todos. Dicho esto, a leer. Cualquier cosa me lo dejan dicho ;)


"Voy a quedarme en el cuarto de Haruichi, ¿ok? Está muy nervioso, no puedo dejarlo."

Chasqueó la lengua apenas leyó aquel mensaje de texto que tanto había estado esperando; cambió de posición en el asiento que ocupaba, descruzando las piernas y comenzando a golpear insistentemente el suelo mientras escribía rápidamente una respuesta, fastidiado y frustrado.

"Ya está grande, puede encerrarse solo. Tenemos tu habitación libre."

Después de escribir aquello, dudó escasos segundos antes de atreverse a enviarlo. Cuando recibió finalmente la notificación de que el mensaje en efecto había llegado a destino, se arrepintió. Bufó, enfurecido consigo mismo.

Ryosuke iba a matarlo por aquello. Kuramochi acababa de priorizar sus propios deseos al bienestar de su hermano menor, y eso era inconcebible. En circunstancias normales jamás se hubiese atrevido a responderle semejante cosa, pero justamente no lo eran, y se hallaba completamente desesperado y ansioso, pese a que intentaba disimularlo lo mejor que podía.

Y aquello ni siquiera había comenzado del todo, malditos fueran.

En el estado en el que estaba y sin obtener la respuesta veloz que necesitaba por parte del otro, decidió descargar energías de la mejor forma que sabía hacerlo y que su estado mental y hormonal le permitía.

Pelear.

Buscó en la lista de mensajes e ingresó en el chat de la persona que estaba buscando; escribió lo más rápido que pudo, intentando contenerse.

"Estúpido, no vuelvas. Sawamura está por entrar en celo, SÍ, LO QUE LEES. Vete a tu casa estos días si puedes, estoy en tu cuarto."

Envió el mensaje y dejó el celular a un costado, inhalando y exhalando en un intento burdo por calmarse. Miró a su alrededor; todo estaba ordenado y metódicamente acomodado. Típico de aquel infeliz, eso no parecía el cuarto de un adolescente. Ni siquiera un calcetín en el suelo, nada. Al inspirar profundamente y llenar sus pulmones de aire, también lo hizo de la fragancia de aquel sujeto, incomodándolo.

De repente su ansiedad aumentó, poniéndolo peor. Aquello de la técnica de respiración había sido para mal. Ahora no sólo estaba agobiado por el aroma que desprendía Sawamura a más de 10 habitaciones de distancia, sino que la sensación de amenaza territorial del olor de Miyuki le hacía entrar en un estado belicoso e inseguro a partes iguales para los cuales no estaba listo.

Había tenido que huir raudamente la noche anterior apenas había notado un cambio en el aroma de Sawamura antes de que aquello se complicara, pese a que éste no había notado absolutamente nada. Maldito mocoso, si supiera el escándalo que sus feromonas estaban causando en los demás…

...y el único lugar seguro al que podía escaparse había sido la habitación de otro Alfa como Miyuki, en mitad de la noche. Ni siquiera se había despertado cuando había ingresado y no parecía haberse percatado de nada tampoco, por lo que decidió simplemente ocupar la cama vacía de la habitación y comunicarle a la mañana siguiente el hecho catastrófico.

Solo que Miyuki había decidido ese día literalmente madrugar. Había abandonado la habitación en el más absoluto silencio y no lo había despertado, fastidiando a Kuramochi por su falta de tacto. ¿En qué circunstancias extremas él querría compartir cuarto con un odioso como Miyuki? Tendría que, como mínimo, haberle llamado la atención...pero ni siquiera había dejado una nota, nada. Y por supuesto, nadie sabía adónde carajos se había ido.

La vibración de su celular sobre el escritorio de madera lo sobresaltó en medio del silencio. Tragó saliva pesadamente mientras observaba con miedo el nombre de Ryosuke en la contestación, temeroso de abrir el mensaje.

"Intentaré escaparme en la noche."

Kuramochi sintió sus ojos humedecerse por la emoción de no sólo no ser aniquilado a través del mensaje, sino de obtener una promesa que no sabía si podría cumplir, pero promesa al fin. Con pena, se descubrió deseando con fuerzas que Ryosuke pudiese huir en medio de la noche y así poder…

Qué va, lo anhelaba con tanto ímpetu que hasta se había incorporado del asiento y había comenzado a caminar en círculos dentro de la habitación como león enjaulado. Eran las hormonas, sino no había chances de que se comportara de manera tan ridícula.

Su mente comenzó a rememorar los encuentros más efusivos que había podido lograr obtener de Ryosuke, y con mayor ansiedad se percató de que eran muy escasos; el Omega había sabido hacerse respetar, su fuerte carácter saliendo a la luz de manera implacable cuando Kuramochi había intentado introducir una mano sutilmente debajo de su sudadera, en los momentos en los que había podido arrinconarlo en soledad para robarle algún que otro beso que no había podido profundizar, o cuando de plano lo había rechazado tajantemente cuando, en un acto osado y suicida, se había introducido en su cama en la mitad de la noche, tiempo atrás.

Pese a estar protegido por su aura de malignidad, Ryosuke le había permitido quedarse con él en esas ocasiones, y aquella acción se había repetido en reiteradas oportunidades, casi convirtiéndose en un hábito los fines de semana.

Y ahora quizás, con todo aquel ambiente cargado y predispuesto, tal vez podría avanzar un poco más con el Omega, podría incluso dejar que lo desvista, que se dejara acariciar abiertamente, que le permitiera separar sus piernas y…

Maldición. Ahora, nuevamente, tenía una erección de los mil demonios que él mismo se había provocado pensando en sus utopías.

Otra vez molesto consigo mismo, escribió una respuesta de manera más pausada para Ryosuke. Lo único que le faltaba es que se ofendiera, creía haberlo notado un poco más susceptible, y él no solía ser así.

La discusión que habían tenido más temprano se había debido justamente a su falta de tacto y ansiedad mezcladas con el recelo e intranquilidad de Ryosuke, y los había orillado casi a gritarse. Ambos se percataron rápidamente que todo aquello era producto de las hormonas de aquel niño que parecía ya no lo era tanto. Si había logrado alterarlos así, incluso sólo con un cambio en el ambiente…

"Espero puedas lograrlo. Te necesito."

Se avergonzó por el tenor suplicante de su mensaje, pero no se arrepintió al enviarlo. Ryosuke estaba en línea y el mensaje llegó rápido, y por lo que pudo ver, lo había leído en el mismo momento en el que lo había recibido, pues la conversación le marcaba los dos tildes en verde.

"Usa tu mano, para algo tienes dos."

Ya había pedido suficiente colaboración de su parte, no tendría que sorprenderse con semejante respuesta. Sonrió, enviándole una lluvia de emoticones que sabía el otro detestaba. Salió de su conversación y la sonrisa flaqueó en su rostro, comenzando a preocuparse un poco.

Miyuki no sólo no había leído el mensaje, sino que éste nunca le había llegado. Ansioso como estaba y al haber pasado unos cuantos minutos, decidió llamarlo para insultarlo personalmente. Una llamada directa sí la contestaría, ¿verdad?

Marcó su número refunfuñando y listo para gritarle, pero se le heló la sangre al instante en el que la llamada marcó el primer tono.

Giró en la habitación, observando la cama de Miyuki.

Su celular sonaba de manera estridente sobre la almohada, casi destruyéndole los tímpanos. Con todo el revuelo hasta ese momento no había notado el aparato allí, abandonado.

El maldito no se lo había llevado, pensando justamente en eso, seguramente. En que nadie lo jodiera, fuera donde fuera que había ido.

Un trueno lo sorprendió en medio de sus elucubraciones; apenas entreabrió la puerta, notó el cambio brusco de temperatura. Mientras él se dedicaba a delirar en el interior de la habitación, una tormenta bastante intensa parecía acercarse; el calor de la tarde había desaparecido, y ahora el viento frío le golpeaba el rostro, refrescándolo. Se vio tentado a abrir la puerta para que el cuarto de aquel sabandija se ventilara y así poder respirar tranquilo, pero recordó que aquel viento podría traer consigo las feromonas de Sawamura.

No, definitivamente mala idea. Ahora la cosa iba a ponerse peor, si aquel viento de mierda desparramaba su olor por todo el colegio.

Ahora sí comenzaba a preocuparse de verdad.


Rodó los ojos cuando una gota de agua fría cayó sobre el cristal de sus lentes, fastidiado. Torció el cuello y miró hacia el cielo ya oscuro donde se arremolinaban nubes amenazantes; un trueno en la lejanía lo puso de peor humor, y en ese momento se arrepintió de haber dejado el celular en su cama, pese a que había tenido un día de lo más tranquilo sin que nadie lo llamara por cualquier tontería.

Iba a tener que buscar un taxi en alguna avenida cercana; Miyuki comenzó a caminar ya un poco cansado. Cargaba bolsas un tanto pesadas con insumos deportivos, libros e ingredientes de cocina que hacía mucho no empleaba y quería probar. Comenzó a lloviznar más insistentemente y decidió acelerar el paso; el calor sofocante de la tarde había menguado bastante, y ahora corría una brisa bastante fresca que, si bien le alivianaba el ardor que sentía en el cuerpo, le mojaba los anteojos y veía cada vez menos a su paso.

¿Es que la cosa podía ponerse peor? Lo único que le faltaba era no conseguir rápidamente un coche y que el frío y la lluvia le calaran hasta los huesos y que eso, sumado al cambio de temperatura lo enfermaran. Justo después del campamento de verano, al que había salido con vida.

Somatizando sus propios pensamientos, estornudó. Maldijo internamente mientras intentaba cubrirse con una de las bolsas, lo que era llovizna ahora había pasado a ser una lluvia bastante intensa. No podía distinguir bien los coches que se acercaban porque sus lentes ya se encontraban completamente empañados por la tormenta, por lo que simplemente decidió guiarse por los colores, procurando reconocer un maldito taxi.

Mientras sentía como el frío comenzaba a afectarlo, se dedicó a pensar en la calidez de su habitación y en cómo cerraría con llave y bloquearía la puerta con una silla si era necesario en pos de que los demás del primer equipo no invadieran su habitáculo. Iba a tener que ser raudo también al ingresar al predio, pues corría el riesgo de que tanto Sawamura como Furuya quisieran practicar sus lanzamientos incluso con semejante clima…

...y recordó, finalmente.

Su escaso buen humor se fue a pique cuando recordó la escena desagradable que vivió al despertar, aquella mañana. En algún momento de la noche anterior, Kuramochi se había colado en su habitación y se había acostado en la cama vacía de abajo.

¿Acaso había olvidado cerrar bien? ¿Por qué había terminado dentro de su habitación, si decía no soportarlo? ¿Habría discutido con Sawamura? Aquello parecía imposible. Kuramochi y Sawamura vivían en una disputa constante, por lo que no creía que existiese algún motivo de pleito tan potente como para separarlos incluso de habitación, sabiendo que Kuramochi podría resolver cualquier cosa con el pitcher empleando la violencia.

Por mucho que le diera vueltas al asunto, no encontraba razón para que aquel estúpido fuese a dormir, a invadir su cuarto. No iba a mentirse a sí mismo: estaba acostumbrado a convivir con todos los miembros del equipo, a entrenar a diario e incluso a bañarse junto a ellos...pero una cosa era compartir en grupo aquellas actividades, y otra muy diferente que alguien irrumpiera en su habitación, a sabiendas de que dormía solo. Aquel cuarto se había convertido en su refugio personal, el cual era invadido por escaso límite de tiempo casi todas las tardes, pero en el que luego se encontraba en soledad, y...haberse despertado percibiendo el efluvio de otro Alfa no había sido del todo feliz.

Por no decir que lo había dejado de mal humor durante horas en la mañana. Su primer impulso había sido sacarlo a patadas de allì, sobre todo porque se había despertado especialmente violento ese día, seguramente por haber dormido toda la noche invadido por Kuramochi sin su permiso; luego se percató de que aquello iba a verse demasiado salvaje e intolerante, y no podía ser que con casi 17 años se dejara dominar por impulsos tan básicos como las hormonas. ¿Era un maldito animal?

La cuestión era que, si lograba esquivar a Sawamura y a Furuya, no iba a obtener el tan ansiado refugio que quería, a menos que Kuramochi ya hubiese abandonado su habitación o él mismo lo sacara a patadas de allì. Si, iba a tener que emplear también la violencia.

Como si hubiese caído del cielo en la mitad de sus pensamientos, la luz rojiza en el parabrisas de un taxi libre se dejó ver a unos metros suyo; increíblemente era el único que aguardaba un coche, por lo que le resultó sencillo detenerlo y subirse a él con todas las bolsas.

Suspiró, aliviado. Quizás su suerte comenzara a cambiar para mejor, pensó mientras le indicaba al taxista la dirección del colegio.

— ¡Pero están haciendo un escándalo de todo esto! ¡Harucchi, tienes que rescatarme!

— Eijun-kun...no es un escándalo, es por tu bien.

— No me pasa nada, Haruichi.- el aludido se sorprendió al oírlo pronunciar bien su nombre de repente. Parecía más serio de lo normal.— El Jefe me encerró, ¡no tiene derecho a privarme de mi libertad!

— Él es el adulto responsable aquí, Eijun-kun.

Así que aquello ya había llegado hasta el entrenador Kataoka...bueno, no tendría que extrañarle, en lo más mínimo. Se hallaba sentado en su propia cama observando a su hermano sacando algunas pertenencias de un bolso improvisado que había traído de su habitación. Hacía un rato había estado con el celular bastante entretenido enviándole mensajes a alguien que Haruichi intuía era Kuramochi, por lo que decidió probar suerte y llamar a Sawamura en un intento por hacer contacto con él, finalmente luego de sonsacarle a Ryosuke que era él quien estaba por entrar en su primera necesidad.

Justo Sawamura, no podía tratarse de otro Omega más revoltoso e hiperactivo. Incluso había llegado a pensar que se trataba de un Alfa o incluso un Beta por sus comportamientos un tanto toscos y precipitados, y vaya sorpresa que se había llevado. Como Haruichi solía ser reservado con ese tipo de cuestiones, a Furuya no le interesaban en lo más mínimo y Sawamura jamás había mencionado el tema, nunca le surgió una curiosidad fidedigna en preguntarle con respecto a su género. Y tomando la mejor decisión ante semejante situación extrema, el entrenador había decidido encerrarlo en su propio cuarto bajo llave una vez se hubo cerciorado de que tanto Kuramochi como Masuko habían emigrado a mejores destinos.

O eso al menos es lo que le había gritado Sawamura al teléfono hacía un par de minutos.

— Esto es vergonzoso, Harucchi.—Haruichi sonrió inconscientemente al oír el berrinche que sabía se avecinaba.— ¡Ahora todo el mundo sabe que...que…!

— ¿Que, qué? ¿Que eres un Omega? No tiene nada de malo, Eijun-kun.

— ¡Claro que si lo tiene! Me hace ver débil.

— ¿Acaso estás diciendo que mi hermano es débil?

El aludido se distrajo de sus quehaceres, volteando a verlo; con un ademán, le hizo señas para que le pasara el celular mientras Haruichi negaba enérgicamente, sabiendo que Ryosuke iba a desplomar a Sawamura en línea directa. Había empleado el ejemplo de su hermano mayor y no el suyo porque, en el fondo, sabía que Sawamura sí lo consideraba frágil y un tanto vulnerable. Suspiró, oyendo el silencio del otro lado de la llamada.

— Mira. Es tu primer celo, así que debería pasar rápido.

— Yo no he notado ningún cambio, no sé por qué insisten en eso.

— Aún no has notado nada, Eijun-kun, pero tu aroma sí ha cambiado...ah…

— Ésta misma noche desearás morir, Sawamura.

— ¡¿Onii-san?!

Ryosuke había manoteado el teléfono de Haruichi sin previo aviso, alarmándolo. Se desvivió haciéndole señas de que no dijera nada que lo alterara aún más, pero su hermano se limitó a sonreír de manera perversa.

— Hace ya un día entero que Kuramochi nos avisó, así que quizás tengas sólo dos días más de sufrimiento. O una semana, no sé cómo reaccionará tu cuerpo.

— Así que fue Kuramochi-senpai quien me traicionó. ¡¿Una semana?! ¡No puedo no entrenar una semana!

— No te traicionó, estúpido. Te salvó la vida, así que vas a agradecérselo cuando esto termine, ¿me has oído?

Haruichi quedó con la boca abierta, sorprendido ante la agresividad que su hermano había soltado de repente. Incluso Ryosuke estaba apretando la mandíbula con tal fuerza que Haruichi temía se partiría algún diente; inseguro de lo que hacía, acarició su brazo de manera suave y conciliadora, temiendo el rechazo del mayor. Éste pareció despertar de imprevisto, también sorprendiéndose. Su semblante se suavizó, sonriéndole. Haruichi había leído y comprobado por sí mismo que la cercanía entre Omegas los ayudaba a calmarse cuando se sentían amenazados o muy ofuscados. A su hermano sí lo alteraba que agredieran indirectamente a Kuramochi…

— Me has oído, o no.

— Hermano…-Ryosuke tomó su mano y Haruichi sintió un leve apretón amistoso, indicándole que estaba todo bajo control.

— Si, Onii-san, te he oído.

— ¿Y qué he dicho?

— Que...ah...algo con Kuramochi-senpai.

— ¿Algo?

— ¡No te rías así de él, pobre!

Haruichi lo farfulló tan bajo que pensó que su hermano no le había entendido. Ryosuke alejó el celular de ellos, aún riéndose.

— Él mismo no se da cuenta porque es así de bruto todo el tiempo, pero el celo sí lo está afectando un poco. Lo está volviendo más idiota.


— ¡Te oí!

Sawamura ya estaba llegando al límite de sus fuerzas o mejor dicho, al límite de su paciencia.

Recordó el comienzo de aquel día nefasto; se había despertado aquel día como cualquier otro día común y corriente; no tenían entrenamiento de equipo, pero nadie le había dicho que no podía entrenar por su cuenta, por lo que se dispuso rápidamente a cambiarse y salir a correr para calentar. El sol aún estaba saliendo por lo que el calor no se hacía sentir tanto todavía, era su oportunidad…

...hasta que había intentado salir de la habitación que compartía con Kuramochi luego de percatarse de que éste se le había adelantado y ya había salido a entrenar, y no lo había conseguido.

Al principio había pensado que se trataba de una mala maniobra suya con la puerta producto del sueño, pero luego de varios intentos comenzó a desesperarse al pensar que la puerta efectivamente se había atascado y se había quedado encerrado. Solo. Cuando seguramente el resto ya estarían lejos de sus habitaciones en el campo, entrenando...quizás si gritaba lo suficientemente fuerte, Haruichi podría oírlo a lo lejos…

Luego de forcejear insistentemente con la puerta al punto de casi arrancar el pasador sin resultado alguno, inspiró y exhaló varias veces, intentando tranquilizarse. Apenas habían pasado unos minutos y ya sufría de un calor intenso producto del combate infructífero; sentía las manos calientes y sudorosas, y tardó otros tantos minutos en darse cuenta de que también se había agitado, seguramente como consecuencia de la desesperación que comenzaba a embargarlo.

Se alejó de la puerta aún con la cabeza un poco embotada; justo en ese momento, un terrible calambre en el vientre lo dobló casi a la mitad, expandiéndose por sus piernas. Hermoso momento para que el dolor lo volteara de aquella manera...por escasos segundos le costó hasta respirar hasta que la punzada fue cediendo, y al percatarse de que ya podía incorporarse erguido sin problemas, inspiró bruscamente una gran bocanada de aire, listo para gritar y que lo oyeran hasta en su casa en Nagano.

— Sawamura.

El aludido se ahogó con el aire atravesando su garganta justo cuando estaba vocalizando el pedido de ayuda; tosió reiteradas veces en un intento por restituir la voz que se había perdido por el susto al reconocer el tono grave y profundo del entrenador Kataoka del otro lado de la puerta atascada.

— ¡Je...Jefe!.- tosió otra vez mientras se acercaba a la puerta, volviendo a forcejear con el pasador.- ¡Disculpe, jefe, no puedo salir, ésta cosa se atascó!

— No se atascó, Sawamura. Yo la cerré adrede.

— ¡¿C-Cómo?!.- el silencio siguió a la declaración del mayor, confundiendo todavía más al pitcher.- ¡¿Esto es alguna especie de castigo, verdad?! ¡Prometo no cometer más errores, Jefe!

— No has cometido ningún error, y no es ningún castigo.

Sawamura se sorprendió al oír un suspiro largo y tedioso por parte del entrenador del otro lado; no podía verle la cara, pero por el tenor de su voz y aquella expresión de cansancio, supo que le estaba costando expresarse. No es que siempre hubiese sido muy expresivo tampoco, pero aquello parecía ser una tarea difícil para el hombre, y Sawamura comenzó a ponerse incluso más nervioso.

— Entonces…¿por qué?

— Cuando ingresaste al colegio, probablemente te lo hayan preguntado, pero no figura en tu ficha médica. Sawamura, contéstame con sinceridad, ¿alguna vez has atravesado algún período de necesidad?

— ¡¿Qué?! ¡Qué es eso!

— De celo, tonto.

Ahora agradecía que el hombre no pudiese verlo a él; el rubor cubrió sus mejillas a un punto sofocante, dejándolo momentáneamente sin habla. Jamás había pensado demasiado en ello, menos ahora que todo su tiempo y su cerebro estaba enfrascado en el béisbol. El entrenador carraspeó, probablemente tan incómodo como él por la situación.

— Creo que no.

— ¿Cómo que crees? Esto es peor de lo que creía.- oyó al entrenador farfullar un poco más palabras ininteligibles, y cuando Sawamura iba a interrumpirlo, dictaminó finalmente su sentencia.— Mira, tu aroma ha cambiado, Sawamura. Probablemente en las próximas horas se vuelva más intenso y sientas algún cambio, por lo que es preferible que te quedes aquí para evitar cualquier problema. Haré que alguno de los chicos te traiga el desayuno. Es todo.

— ¿Qué?¿Cómo que es todo? ¡Cuánto tiempo voy a estar aquí encerrado, si yo me siento bien! ¿Jefe? ¡Jefe, no me deje!

Pero había sido inútil. El entrenador Kataoka ya lo había abandonado, probablemente porque no quería entrar en mayores detalles.

Sawamura casi había entrado en pánico y habría comenzado a gritar igual si otro calambre no lo hubiese volteado nuevamente; se vio a sí mismo intentando recordar qué había comido el día anterior, pero no había habido nada fuera de lo común. Quizás la noche anterior el maldito de Miyuki le había colocado algo a su cena sin que se percatara mientras él discutía con Furuya...sí, seguro que eso era.

Cuando lograra salir de allí dentro, se las iba a pagar con creces…

— Si me has oído, ¿comprendes que sin que te dieras cuenta, el celo sí te está afectando? Piensa un poco en el resto, Sawamura.- el pitcher tragó saliva al volver al presente con la voz cantarina pero amenazante de Ryosuke.— O acaso tampoco comprendes eso.

— ¡Claro que lo comprendo!

— No, no lo entiendes. Mira, haznos un favor y vete a dormir. Si puedes.

— ¡Pero…!

La llamada se cortó, o mejor dicho...Ryosuke la había terminado. Sawamura se quedó varios segundos observando la pantalla del celular hasta que ésta se quedó oscura, parpadeando al fin. Se sobresaltó al oír un trueno bastante cercano; desde hacía ya varios minutos lo que parecía ser una tormenta bastante fuerte se había estado acercando cada vez más, y ahora la brisa fresca y reparadora luego de semejante día infernal se filtraba por debajo de la puerta provocando un chillido un tanto siniestro.

Sawamura se incorporó, soltando el celular. Se agachó frente a la puerta cerrada, el viento refrescando sus pies y parte de sus piernas. De repente, se percató de lo sofocado que estaba; se la había pasado encerrado allí dentro todo el maldito día, y el ventilador de techo no había ayudado demasiado a pasar el terrible calor de verano que había azotado el techo de su cuarto toda la mañana y la tarde. Se había bañado en varias ocasiones con agua fría, pero ésta sólo podía calmar su mal humor por escasos minutos. Había considerado la idea de quedarse bajo la ducha día y noche, pero la ansiedad que corría por sus venas le impedía quedarse quieto, por lo que tuvo que desecharla antes siquiera de planteárselo seriamente.

Quizás por eso tenía tanto calor, no había estado quieto un sólo minuto. Bufó, sintiéndose asfixiado en el reducido cuarto. Ahora, cada movimiento que hacía, aunque fuese sólo con los dedos, lo hacía sudar de una manera casi inhumana, y aquello aumentó aún más su fastidio.

Recordó el tono burlón de Ryosuke antes de concluir la llamada. Estaba claro que no iba a poder dormir, al menos no allí. Pese a lo que el mayor le había dicho más temprano en la mañana al pasar, Sawamura comenzó a desconfiar de su palabra. Se había olvidado de hacérselo saber durante la llamada.

Iba a morir agobiado por el ambiente denso y pegajoso de su cama, del suelo, de lo que fuera…

Se incorporó notando finalmente la ventana. ¡Qué tonto había sido! ¿Cómo era posible que…?

No, no había olvidado la existencia de la ventana de su propio cuarto, sino que ya había intentado abrirla sin éxito con anterioridad. Volvió a comprobar que también estaba sellada a cal y canto, bufando. ¿Se había olvidado que aquello ya lo había hecho enojar en la tarde?

Al verse total y completamente encerrado, la sensación de claustrofobia ascendió drásticamente. Inconscientemente se tocó el cuello, tragando con dificultad. No, aquello estaba en su mente, no le estaba faltando el aire de verdad. Inspiró profundamente para comprobar aquel hecho irrefutable e intentar controlarse un poco; si, eso seguro que lo calmaba, tenía que respirar de la brisa renovadora que estaba ingresando por debajo de la puerta y ya…

Definitivamente había sido una muy mala idea.

Sawamura había percibido que el ambiente fuera de su cuarto había cambiado de temperatura, la brisa fresca lo había confirmado.

Por ese motivo, cuando inhaló aquel aire de manera un tanto violenta, jamás se esperó que éste le quemara las fosas nasales, la garganta y los pulmones. Aquello ni siquiera se comparaba el clima sofocante del campo de juego en pleno verano, no. Era mucho peor; tosió, sentándose en el suelo sin poder mantener el equilibrio. De repente se sintió descompuesto, mareado. Inestable en todos los sentidos.

Intentó posar una mano en el escritorio sin mucho éxito; tragó saliva en un intento por aliviar su garganta lastimada, y pareció dar resultado. Gateó alejándose de la puerta y cubrió su rostro con una camiseta que halló en el suelo olvidada a los pies de su cama, inspirando su propio aroma. Paulatinamente, aquella sensación de desfallecimiento comenzó a menguar y su cerebro se aclaró un poco, asustándose.

¿Qué demonios había sido aquello, qué rayos habían tirado fuera de su habitación? Por un momento se le pasó por la cabeza que el entrenador Kataoka había fumigado fuera de su cuarto o algo así, pero desechó la idea rápidamente. No había percibido el olor de ningún químico o perfume que pudiera reconocer…¿o sí?

Se sentó, animándose a soltar la camiseta. Observó la puerta y como el viento se volvía cada vez más agresivo, haciéndola temblar débilmente. De imprevisto, una curiosidad insana se adueñó de él. Algo en su interior lo impulsaba a acercarse otra vez a la puerta y a inhalar aquel aire que casi le había costado la vida, aún sabiendo lo espantoso que se sentía...no podía ir, no era tan idiota como para…

...no percatarse de que ya se hallaba otra vez al lado de la maldita puerta. Al menos, había tenido a bien arrastrar la camiseta con él. Sin pensarlo demasiado e impelido por un impulso desconocido, volvió a agacharse y a olfatear aquel aire vicioso.

El resultado fue similar, pero ligeramente distinto.

Volvió a sentir aquella quemazón en su tracto respiratorio, pero algo había cambiado. Se animó a repetir la acción un par de veces más y notó finalmente qué era lo que le había llamado la atención. Sí había algo en el ambiente; era un aroma extraño, tan sutil pero a la vez tan fuerte que había obligado a Sawamura a retirar la cabeza y a enterrar la nariz otra vez en su propia ropa. Su mente confundida reconoció el aroma, pero no podía darle un nombre, no sabía por qué. ¿Era una comida, la cena tal vez? No, no era la cena. ¿Se trataría acaso de alguna fragancia que habían lanzado justo antes de la tormenta, era algún producto de limpieza?

Olfateó detenidamente, notando que aquella sensación de fuego ya no era para nada intensa; el aroma se parecía en algo al café recién hecho, intenso y puro. Arrugó la nariz, aún más confundido. ¡¿Por qué aquel aroma le parecía tan cautivante siendo que él odiaba el café?!

Resignado por sus propios delirios, recostó la espalda contra la pared, cansado de pensar. El calor no se había disipado nada de su organismo sino que parecía haber empeorado. Al cerrar los ojos un instante, sintió sus párpados pesados y pensó que finalmente iba a poder dormitar aunque fuese un par de horas…

...si es que podía respirar.

Abrió los ojos bruscamente, golpeándose en el rostro y tocando otra vez su cuello; aquella sensación de asfixia se había vuelto mucho peor que al principio, salvo que ahora directamente no podía inspirar correctamente. Asustado, volvió a gatear contra la puerta e intentó respirar la brisa, lográndolo. Como si hubiese tenido un par de manos asfixiándolo con fuerza y ahora soltándolo, sintió el aire frío mezclado con la fragancia del café ingresando a su organismo, dándole vida otra vez.

El calor y la ansiedad descendieron junto con la entrada de aire, pero sólo duró un par de minutos; Sawamura tuvo que repetir la acción varias veces durante más de media hora hasta que finalmente sus peores temores se hicieron realidad: olfatear aquella cosa en la lejanía ya no era suficiente. Su cuerpo comenzaba a doler cuando no lo hacía, sentía los músculos pesados y su piel sudaba demasiado.

Ansioso y desesperado, se incorporó y golpeó la puerta en un gesto de frustración. Comenzó a caminar otra vez en círculos intentando encontrarle alguna solución a aquel nuevo y repentino problema...el lugar se volvía cada vez más caluroso y asfixiante, tenía que salir de allí...¿Y si llamaba a Haruichi pidiendo socorro? No, Ryosuke ya había sido claro. Por un momento, volvió a recordar sus palabras…¿se refería a todo eso? ¿Por qué nadie le explicaba nada y se limitaban a encerrarlo y afirmarle que iba a morir?

Él no podía morir allí dentro. Al menos, si lo hacía debía ser en el campo de béisbol. Sí, aunque sea tenía que lograr salir de allí para…

Sawamura no lo había notado hasta ese momento, pero a ese punto ya le fallaba hasta la coordinación motora; en uno de sus tantos giros entre las camas pensando en una posible salida, se había golpeado la rodilla izquierda contra el escritorio de Kuramochi. La fuerza del impacto había sido tal que el mueble chirrió bruscamente y se movió de su lugar, derribando varias cosas en el camino; Sawamura creyó ver estrellas de colores y por un momento temió haberse arrancado la extremidad. Sujetó su rodilla golpeada con ambas manos, el dolor cediendo lentamente.

Otra vez, Sawamura se vio a sí mismo en el suelo juntando las pertenencias de Kuramochi antes de que éste lo aniquilara una vez volviera al cuarto…

...al levantar una de las carpetas que había sucumbido, un objeto pequeño cayó al suelo produciendo un sonido metálico.

Sawamura no podía creer lo que veían sus ojos. Parpadeó varias veces al borde de las lágrimas, pensando que aquello ya era un delirio producto de sus deseos más intensos.

En el suelo, yacía la copia de la llave del cuarto de Kuramochi. Probablemente había salido muy temprano en la mañana y la había dejado allí, tal vez sabiendo que no la iba a necesitar.

Con manos temblorosas la tomó y se aproximó a la maldita puerta; su corazón comenzó a latir desbocado dentro de su pecho golpeando sus costillas, aumentando la sensación de asfixia y de calor inaguantables. Sabiendo que estaba haciendo algo que no se le había permitido, introdujo la llave y giró suavemente, calzando a la perfección.

Al girar el pasador, la puerta se abrió sola movilizada por el viento. Sawamura la retuvo entreabierta, nervioso por el logro. El viento lo golpeó de lleno, ahora refrescándole y trayéndole a la nariz aquel aroma a café con mayor intensidad que antes. Podría incluso rastrearlo si se lo proponía.

Era libre. Podía ir adonde quisiera, cuando quisiera.

Se animó a dar un paso fuera de la habitación, notando el corredor desierto. En el cielo, relámpagos se dejaban ver constantemente y las nubes amenazantes adquirían un tono violáceo mientras se arremolinaban sobre el colegio.

Tragando saliva, olfateó el aire una vez más. Podía detectar varios aromas diferentes al café, pero éste era el más fuerte de todos, el más llamativo.

Y empujado por lo que creía eran sus instintos, decidió seguir la dirección de donde provenía, cerrando otra vez la puerta antes de partir.