— Quédate quieto.

Por Dios, si Sawamura no obedecía aquella pequeña y sencilla orden, Miyuki estaba seguro no iba a poder resistir mucho más. El pobre chico no había huído, ni siquiera lo había intentado; aún seguía allí, encaramado contra la pared, completamente empapado y agitado como si hubiese corrido por la ciudad entera en su ausencia...y Miyuki, ni lerdo ni perezoso, se había acercado a su posición bajo la lluvia sin poder resistirse realmente; su cuerpo se movía sólo, atraído por el de Sawamura de una manera que le resultaba antinatural, extraña y fuera de lugar.

Cuando estuvo a escasos centímetros de su posición, la lluvia y el frío que aún seguía congelándolo se hicieron presentes una vez más: estornudó un mínimo de cuatro veces seguidas al punto de marearlo; sin embargo, cuando volvió a inspirar aire, notó que sus fosas nasales se habían destapado parcialmente. El aire frío ingresó de lleno por su nariz al igual que una esencia picante que amenazaba con hacerlo estornudar otra vez. Se golpeó el rostro a sí mismo al cubrirse la nariz y dejar de respirar, comprendiendo finalmente lo que sucedía allí.

¿Era acaso posible que su mala suerte llegar a tanto?

¡¿Nadie se había percatado de que Sawamura había entrado en celo?! No, ¿nadie se había dado cuenta que era un Omega? En qué momento...

Intentó retroceder, claro que lo hizo. Sin embargo, su cuerpo ya había sido afectado con anterioridad y los efluvios de Sawamura habían logrado llegar hasta lo más profundo de sus pulmones, infectándolo de aquella enfermedad incontrolable que destruía el raciocinio. Cerró los ojos procurando aislarse de la situación sin obtener ningún resultado; su cuerpo se negaba a alejarse, su mente comenzaba a obnubilarse y lo único en lo que podía pensar era en seguir avanzando, en encontrar la forma de llevar a Sawamura a un lugar seguro y seco donde pudiese tenerlo para sí durante horas sin interrupción alguna, reclamando lo que era suyo por derecho…

— ¡Te dije que no te movieras!

A decir verdad, ni siquiera lo había visto porque aún mantenía ambos ojos cerrados; había percibido el movimiento del otro, un cambio de posición tan sutil que lo había alterado dentro de la enajenación mental a la que intentaba no sucumbir, y aún así…

— No me grites.

El tono lastimero en la voz de Sawamura lo paralizó, obligándolo a abrir los ojos. No veía demasiado, de hecho, pero sí podía notar que, contrario a lo que él había supuesto, Sawamura había intentado acercarse a él, no huir. Ahora, se hallaba otra vez contra la pared reclinado sobre sí mismo en una posición de defensa que a Miyuki no le gustó nada, sabiendo que aquel miedo e inseguridad los había provocado él.

Las manos de Miyuki se estiraron hacia delante realmente sin saber qué hacer; temía tocar a Sawamura y que el poco control que estaba reteniendo de la situación se fuese al carajo; también temía que si no lo hacía, podrían ocurrir dos cosas, una más nefasta que la otra: Sawamura podría interpretar que en efecto él sí era peligroso y terminara huyendo y perdiéndose en el medio del predio del colegio, de noche, con tormenta y rodeado de Alfas que no iban a dudar lo que estaba dudando él en dejar que las hormonas hicieran lo suyo...o peor aún, Sawamura podría considerarse despreciado y aquello podría traducirse en una catástrofe para su autoestima y seguridad personal. No es que recordara cada evento sucedido durante su celo una vez que éste transcurriera, pero sí iba a dejar marcas que posteriormente iban a convertirse en traumas. De los cuales Miyuki tendría la culpa.

— Ven aquí...Sawamura, no voy a lastimarte, de verdad.

Pasaron los segundos y la escena parecía haberse detenido en la mente de los dos. Sin embargo, en una fracción de segundo, Sawamura se había prácticamente lanzado hacia él, quizás propulsado por la misma energía que a él lo mantenía paralizado en su sitio. Obviamente, el contacto de sus cuerpo destruyó el poco autocontrol que Miyuki había estado manteniendo. Rodeó a Sawamura con ambos brazos atenazándolo contra su torso de manera asfixiante, respirando su aroma. Su fragancia era bastante molesta pero adictiva, como él. Las manos de Miyuki acariciaron la espalda de Sawamura, su camiseta completamente empapada; éste, mientras tanto, había enterrado su rostro en el pecho descubierto de Miyuki, quien lo oía respirar con fuerza contra su piel...ahora podía comprender por qué su fragancia se sentía con mayor intensidad, maldito fuera…

— Miyuki senpai...yo...no sé qué me pasa, no puedo controlarme…— el tono suplicante de Sawamura estaba martillando el cerebro de Miyuki de manera implacable al tiempo que el Omega se presionaba más contra su torso.— Me siento...inseguro así.

— Menos mal que me encontraste.— el susurro de su voz despertó un gemido suave en Sawamura que Miyuki no estaba listo para oír.— Yo cuidaré de ti.

— Me dijeron que no debía salir de mi habitación, ¡pero allí dentro hacía demasiado calor! Iba a morir asfixiado, y luego yo...yo sentí ese aroma…

La verborragia habitual de Sawamura fue interrumpida por la ensoñación que sufrió al recordar algo que a Miyuki se le escapaba pero que, al oír el tono anhelante de su voz, le crispó los nervios una vez más. ¿Aroma? ¿Qué aroma, acaso se refería a la esencia de algún Alfa? Había varios, por lo que Miyuki recordaba, podría ser cualquiera de ellos.

Y ante el pensamiento de que Sawamura se hubiese cruzado antes con alguno de ellos le provocó tal estado de ira que supo no iba a poder contener; en un arranque impulsivo, sostuvo el rostro de Sawamura de manera un tanto agresiva y lo besó, o mejor dicho, impactó sus labios contra los del Omega. Éste pareció sorprenderse por lo repentino e inesperado de su accionar, pero rápidamente se aferró a su cuello con ambos brazos y lo atrajo de manera ávida y casi desesperada, gimiendo de gusto contra su boca como si el alivio que tanto había buscado al fin estuviese frente a él.

Al carajo el autocontrol.

Miyuki estampó a Sawamura contra la pared con más fuerza de la que le hubiese gustado emplear con el Omega, pero sencillamente no podía contenerse; lo presionó con su cuerpo y ambos iniciaron una especie de batalla entre sus labios por comprobar quién de los dos estaba más necesitado y deseoso del otro. Los gemidos y jadeos de Sawamura acrecentaban la velocidad de la locomotora en la que se había convertido la carga hormonal de Miyuki, y no ayudaba en nada que el aroma de Sawamura hubiese literalmente estallado entre ellos.

— Me...me dijiste que…

— Qué.— ninguno de los dos podía hilvanar una frase coherente y parecía no importarles demasiado, sus cerebros demasiado ocupados en procesar las sensaciones que les transmitían los besos y caricias un tanto rudas de ambos.

— Que...que tu…¡no te rías!

El Alfa detuvo los besos en el cuello del Omega sólo para reírse de su ausencia total de concentración, y Sawamura pareció enfurecerse pero paradójicamente aflojarse todavía más entre sus brazos al oírlo. Miyuki capturó sus labios una vez más de forma hosca e impaciente, beso que Sawamura no rechazó pese a mostrarse ofendido con él.

— Que yo, ¿qué?

Teniendo tan cerca su rostro, Miyuki sí podía apreciar el extraño brillo en los ojos de Sawamura, su expresión expectante y la necesidad inherente en todo su rostro; lamió sus labios y aprisionó su labio inferior entre sus dientes, presionando y jalando de él.

— ¡Eso! Me dijiste que no mordías…

La indignación que Sawamura intentaba fingir se fue deteriorando conforme sus ojos se concentraban en los labios ajenos, alejados de su posición; como si se hubiese vuelto adicto a ellos, los buscó y unió junto a los suyos en un beso prolongado y profundo. Miyuki ya no sentía la lluvia arreciar contra su espalda desnuda, y no estaba seguro de si era porque efectivamente la tormenta estaba amainando o él ya era incapaz de percibir lo que sucedía a su alrededor. Suspiró dentro del beso cuando notó la mano de Sawamura desprendiendo el botón de sus pantalones, descendiendo la cremallera e introduciendo una mano en su entrepierna de forma directa por debajo de su ropa interior.

Miyuki detuvo la caricia antes de que sucediera; aferró firmemente la muñeca de Sawamura, despertando a éste de su ensoñación. El Alfa vio reflejado en sus ojos ambarinos la confusión y otra vez aquel temor del que él no quería ser culpable, pero...maldito fuera…

— Sawamura, si esto continúa, no voy a poder detenerme.

Intentó juntar toda la entereza y seriedad posible al decir aquello, quería que dentro de su enajenación mental Sawamura fuese consciente de los peligros que albergaba continuar aquello. Aquella situación no era una calentura común y corriente, sino nada más y nada menos que el primer celo de Sawamura; los riesgos de una vinculación e incluso de un embarazo eran altos, y la sola perspectiva le helaba la sangre a Miyuki.

Volvió a observar detenidamente a Sawamura; fuera de sus expectativas, Miyuki se percató de que en la mente del Omega aún quedaba algún vestigio de pensamiento coherente y parecía estar sopesando sus palabras seriamente. Quizás, tal vez, Miyuki tenía la esperanza que así fuese...Sawamura comprendía realmente los problemas que en la mayoría de los casos traía aparejado el celo de un Omega sin pareja porque siempre, siempre, éste solía buscar alivio en el primer Alfa que encontraba...tal vez podía llegar a reaccionar a tiempo…

Otra vez, el egoísmo hacía mella sobre la razón. Miyuki se carcomía a sí mismo pensando en la posibilidad que podría haberse dando si Sawamura no lo hubiese encontrado específicamente a él. ¿Aquello había sido suerte, un golpe del destino o algo premeditado? Sawamura podría haberse topado con cualquier otro Alfa que no fuese él, o él podría bien nunca haber vuelto al colegio si hubiese llevado el maldito teléfono móvil que se había comprado hacía poco sólo por la insistencia de los demás, porque seguramente Kuramochi o alguien más había intentado advertirle de aquello...nuevamente, la idea de no ser el primero y único logró que se le nublara el juicio, otra vez.

¿No quería que aquello se saliera de control? ¿No deseaba vincularse de por vida a Sawamura por una calentura pasajera, no pensaba preñarlo como sabía que sí lo estaba pensando confundido por las hormonas?

Y entonces, ¿qué rayos iba a hacer, dejar que alguien más lo hiciera?

Ni pensarlo.

Aquello parecía incluso más inconcebible que lo primero. Si bien había ignorado la condición de Sawamura, Miyuki sí había notado que había algún tipo de química especial entre ellos que, hasta ese momento, lo había adjudicado al béisbol, pero que quizás ahora adquiría otro significado.

Y-Yo… —Sawamura inspiró profundamente, y en ese momento, Miyuki juró que el Omega estaba utilizando su último resquicio de conciencia.— Yo soy consciente. O eso creo.

—¿...o eso crees? Sawamura, mírame.— sin esperar a que el aludido obedeciera, Miyuki tomó su rostro con ambas manos, taladrándolo con la mirada.— Si me dices que sí, que quieres que esto continúe, no voy a defraudarte. No voy a detenerme ni siquiera aunque luego me lo pidas, no voy a poder, ¿estamos de acuerdo?

Sawamura reflejaba temor en sus ojos, sólo enturbiado por el deseo que el celo le hacía sentir. Posó una mano temblorosa sobre la de Miyuki, presionando sutilmente. Lentamente, asintió con la cabeza hasta que su movimiento se volvió más firme y seguro.

— Entiendo.

— No, no lo haces.— Miyuki maldijo en voz alta. Había dejado de respirar hacía unos segundos para que las feromonas de Sawamura no le alteraran el juicio, pero ahora la falta de aire se hacía notar en su nuevo mal humor.— Puedo morderte, y va en serio. Puedo marcarte, y eso es para toda la vida, joder Sawamura, ¡puedo incluso…!

Soltó a Sawamura, demasiado encendido por el anhelo de tenerlo en sus brazos sin importar nada, la rabia que le generaban las posibles consecuencias de sus actos y la desesperación que le daba el hecho de que Sawamura no terminase de comprender lo que le estaba advirtiendo; revolvió sus cabellos húmedos, y en ese momento se percató de que la lluvia se había detenido. Sólo soplaba una leve brisa que aún así le congelaba la piel, pero el cielo se había aclarado levemente.

— Entonces.— la voz queda de Sawamura lo distrajo de sus pensamientos confusos. Miyuki suspiró al notar que estaba al borde del llanto, y sólo rogaba que aquello tuviese que ver con sus hormonas alborotadas.— ¿no quieres estar conmigo?

— Sawamura, idiota, no es eso. Es sólo que…

— No me importa.

— Eh.

— Que no me importa. Asumiré cualquier consecuencia.

— Pues yo no. No puedo condenarnos, Sawamura.

Ambos se sorprendieron por el tono autoritario que empleó Miyuki. Sí, quería estar con él, quería follárselo durante días hasta que el maldito celo pasara, morderlo, marcarlo y hacerle saber a todos allí que era suyo y que no podían acercarse más como lo hacían antes, que lo suyo no era simple conexión en el béisbol durante los partidos sino que lo habían trasladado a todos los ámbitos de su vida y por qué no, la idea delirante de embarazarlo tampoco estaba de más.

Pero debía pensar más allá del momento, más allá de las hormonas. Miyuki nunca había pensado en Sawamura de manera romántica o sexual, y sabía que aquellos anhelos repentinos se debían al celo del Omega. No podía descartar que algo real existiese detrás de todo ese trasfondo, pero no iba a averiguarlo de aquella manera. Tampoco podía condenar a Sawamura a vivir junto a un Alfa que lo había vinculado sólo por un celo pasajero sabiendo que el muchacho podía enamorarse de alguien más...y con respecto al embarazo, ¡ni siquiera eran mayores de edad, completamente descartado!

Iba a tener que decidir por los dos, e iba a tener que ser él quien saliera huyendo antes de que las hormonas los…

Sawamura se había acercado a él mientras Miyuki deliraba acerca de cuál era la mejor decisión que su cerebro podía tomar en esos momentos, y no lo había notado. Peligrosamente, se había aproximado lo suficiente como para abrazarlo y, por supuesto, el Alfa no podía rechazarlo. Todo lo contrario, había vuelto a rodearlo con sus brazos de forma protectora y posesiva.

Malditas hormonas.

— ¿Y si yo te pido que me muerdas, cambiarías de idea?

— Sawamura, maldito seas, si no me soportas.

— Eso no es verdad.

Mierda.

— ¿En éste momento, justo en éste momento, vas a confesarme tu amor?

— ¡Sólo escúchame! Tengo un punto.

— ¿...un punto…?

Miyuki Kazuya tenía que admitir, al menos para sí mismo, que nunca había sido testigo directo del período de celo de un Omega. Había leído y escuchado muy por arriba acerca de los cambios hormonales y de conducta extremos que se daban a lo largo de aquellos días que duraba la necesidad; sabía - o creía saber - que, además del ansia irrefrenable de mantener relaciones sexuales sin descanso alguno que contagiaba y volvía locos a la mayoría de los Alfas, un Omega podía sufrir también de un sufrimiento inimaginable a nivel físico y mental si sus necesidades no eran satisfechas al punto en el que aquella maldita cosa podía volverse el mismo infierno.

Creía saberlo, porque era lo que había oído. Nunca le había prestado demasiada atención al tema porque su vida había estado enfrascada en otras cuestiones y, a decir verdad, las experiencias que había tenido estando cerca de Omegas habían sido lo suficientemente traumáticas para que ni siquiera la curiosidad lo hubiese motivado a averiguar más con respecto al celo.

Sin embargo, jamás había oído que aquello viniese acompañado de un estado delirante y verborrágico como el que estaba sufriendo Sawamura en esos momentos; la agitación pasada y su anhelo por aferrarse a él parecían haber quedado en el olvido en cuanto tuvo la oportunidad de vomitar todo aquello que en definitivas tenía guardado desde hacía demasiado tiempo. Con una confusión que iba creciendo segundo a segundo y se iba transformando en horror, oyó a Sawamura pronunciar cosas como que ya lo conocía incluso desde antes de ingresar a Seidou, otras como que él - él - había sido su motivación para no sucumbir en los diferentes encuentros deportivos en los que se había visto acorralado...y cuestiones más delicadas como que era sabedor de su relación frustra con Narumiya Mei, otro Omega de temer.

Por lo que, cuando Sawamura se quedó sin aire y probablemente sin información contenida en su cerebro, Miyuki se quedó sin habla. Podía afirmar que lo conocía y se había preocupado por su persona mejor que él mismo en esos últimos meses; con las hormonas aún afectando su cerebro, no sabía si sentirse halagado, horrorizado o una mezcla de ambas cosas. Siempre había sido cuidadoso con su intimidad y no le agradaba que otra persona se inmiscuyera en sus asuntos, pero Sawamura...no sólo conocía todo, lo bueno y lo malo, sino que se había mantenido al margen.

No, no se había mantenido al margen.

Aún seguía allí, a su lado.

Ambos quedaron en silencio por unos breves segundos, embotados.

— ¿Puedes comprender mi punto ahora?.— soltó finalmente el Omega, cansado de aguardar alguna reacción por parte del mayor.

— Puedo entender que eres un acosador. Pero.— interrumpió al ver que Sawamura estaba a punto de comenzar otra vez.— Esto no es un juego, Sawamura. Quizás...quizás puedas tolerar que nos vinculemos, he oído casos donde el lazo puede romperse, pero aún queda la otra cuestión.

Maldito fuese, lo estaba convenciendo. Estaba claro que Miyuki aún pensaba en saciar sus propias necesidades por encima de Sawamura, sino jamás hubiese soltado semejante estupidez. El vínculo entre un Alfa y un Omega marcado era casi imposible de romper, y en caso de que se intentara, era demasiado doloroso e insoportable para éste último. Sin embargo, más allá de aquello, temía que Sawamura intentara convencerlo de que follárselo y que lo preñara sería un mal menor dentro de todo y que, con alguna excusa estúpida, terminara convenciéndolo…

— ¿Te preocupa lo del...embarazo?

— A ti no, por lo que veo.

— A decir verdad, no.— Miyuki estaba a punto de insultarlo, cuando la expresión de Sawamura se desdibujó en una mueca de confusión que luego se transformó en una de entendimiento.— ¡Oh, lo siento, no te lo dije! Tomé supresores.

— ¿Qué...qué?

Los supresores eran drogas difíciles de conseguir, mucho más para un estudiante de preparatoria. Se encargaban básicamente de modular el ritmo de producción hormonal durante el celo de un Omega y por tanto, modular un poco la actitud impulsiva que se producía durante ese período de tiempo, aunque había oído por ahí que podía evitar una posible fecundación pese a que la ovulación ya hubiese sido efectiva. ¿Acaso Sawamura ya sabía que algo así le sucedería? No sería de extrañar, considerando que era un Omega. Odiaba que aquellos detalles se le hubiesen escapado hasta ese momento, pero aquella conducta tan anticipada no era propio de Sawamura. Además, ¿quién se los había suministrado en el tiempo justo, el colegio? Imposible.

— ¿No sabes lo que son los supresores?

El tono de suficiencia de Sawamura le dio a entender a Miyuki que él sabía menos del tema que el Alfa; sonrió, listo para burlarse de él.

— ¡No, dime!

— Te estás burlando de mi, ¿verdad?

— ¿Quién te los dio?

— ¿Qué? Nadie.

Su respuesta había sido tan rápida y defensiva que las pocas neuronas que Miyuki aún conectaba explotaron; pudo ver en el rostro de Sawamura una mezcla extraña de temor con anhelo que no podía comprender hasta que sintió su propia fragancia potente invadiendo sus fosas nasales, probablemente también las del Omega.

Maldita territorialidad, ya no lo soportaba. Sin embargo, la idea de que aquellas píldoras las hubiera suministrado de antemano otro Alfa que quisiera aprovecharse de Sawamura, que deseara poseer lo que era suyo...lo enfermaban a un punto en el que no podía razonar.

Sawamura había estado tan malditamente cerca de que abusaran de él...

— Sawamura, ¿Quién te dio esos supresores? Respóndeme ahora.

Miyuki lo vio abrir y cerrar la boca varias veces, preocupado y al parecer en un dilema moral que el Alfa no alcanzaba a comprender del todo. Parecía que temía confesar un crimen cuando sólo le estaba pidiendo un nombre; sintiéndose levemente culpable por lo que hacía, Miyuki abrazó otra vez a Sawamura, acariciando su espalda lentamente, soltando su fragancia otra vez, ahora de manera consciente. Desgraciadamente, había descubierto que podía hacerlo a voluntad, y lo estaba utilizando para confundir al Omega.

Luego se quejaba del trato que recibía.

— F-Fue...mira, no puedes decir nada, si Harucchi llega a enterarse va a molestarse bastante…

— ¿Haru…?¿Haruichi?¿Qué tiene que ver…? Sawamura, por Dios, no me digas que le robaste los supresores a tu amigo…

— ¡No! ¿Cómo haría una cosa así?

— ¿Entonces?

Sawamura frunció los labios otra vez, inseguro. Finalmente volvió a inspirar el aire a su alrededor, tranquilizándose.

— Ryo-san. Fue él quien me los dio. Fue antes de que todo este tema del...calor extraño comenzara, hoy a la mañana. Me dijo que me ayudarían a pasarla mejor, pero luego por teléfono me dijo que igual iba a sufrir un infierno. Los tomé pensando que...le creí.

— Sawamura, estás hablando.

— Claro, ¿cuál es el problema?

— La mayoría de los Omegas no pueden decir ni sus nombres en su celo. Considérate afortunado porque desgraciadamente sí te están funcionando.

— ¿Desgraciadamente? ¡Pero…!

— Lo que no entiendo es por qué su hermano se molestaría por ello, si fue para ayudarte a ti.

— Ah, eso…

Otra vez, aquella extraña opresión que marcaba la culpa surcaba el rostro de Sawamura. Con fastidio, chasqueó la lengua.

— Es que el celo de Ryo-san está cerca. Supongo que si no tiene contacto con ningún Alfa no habrá problema, ¿no?


— Qué debilucho.

— Ryo-san...qué te he hecho…

— Sólo es divertido ver lo poco que aguantas.

Kuramochi no podía dar crédito a lo que oía, o mejor dicho, en el tono que lo decía. Ryosuke se las había ingeniado para dejarlo casi desnudo sobre la cama; acto seguido, se había montado sobre él otra vez y lo había prácticamente cabalgado con movimientos lentos que se alternaban con otros más veloces y lascivos que habían llevado al límite a Kuramochi en cuestión de minutos; su cuerpo estaba tenso mientras sus caderas se elevaban intentando coordinarse con aquel ritmo impredecible que marcaba Ryosuke, alguna veces acertando pero la mayoría de ellas esquivando los glúteos ajenos, y era en esas ocasiones cuando su genio estallaba y la frustración se mezclaba con la excitación.

Ryosuke se limitaba a sonreír y burlarse de él, por supuesto. Kuramochi ya se hallaba hecho una piltrafa humana reducido a músculos contraídos, suspiros y gemidos contenidos, mezcla de desilusión y agitación; Ryosuke, muy por el contrario, apenas había modificado su ritmo respiratorio y parecía estar más al pendiente de la tortura que le impartía que de buscar su propio goce, por lo que ambos estaban atrapados en un círculo que se repetía una y otra vez.

Cuando Ryosuke intuía que Kuramochi había alcanzado a restregarse las suficientes veces contra él como para correrse, detenía sus movimientos o se elevaba sobre él para evitar el contacto.

No era falso que Kuramochi sentía fuertes deseos de llorar.

— Duele…

Su frustración había llegado al punto de la ruptura emocional. Hacía ya demasiados intentos atrás había albergado la esperanza de que Ryosuke le permitiera la tan ansiada liberación; ahora, desesperado como estaba, podía recurrir a cualquier artilugio que estuviese en sus manos, verdadero o falso.

— No mientas, eso no duele.

— Me duele mucho, Ryo-san. De verdad, no miento.

Kuramochi se atrevió a mirar a Ryosuke. Su sonrisa había flaqueado en su rostro y, al fin, Kuramochi notó un dejo de inseguridad en su convicción de hacerlo sufrir. Realmente estaba sopesando sus palabras, y el Alfa no mentía: luego de tantas idas y venidas alcanzando el límite previo a su culminación, sus testículos ya comenzaban a tensionarse de manera incómoda. Aún no era dolor, pero no sabía por cuánto tiempo aquello se iba a mantener así.

— Si acabas ahora, así, vas a ensuciarte y ensuciarme a mi.

Ryosuke se apartó hacia atrás y acarició la erección de Kuramochi por encima de su ropa interior. Un gemido mal contenido se atascó en la garganta del Alfa cuando Ryosuke, sin preámbulo ni pena alguna, descendió su ropa interior liberando aquel miembro duro y afligido.

— Es eso lo que quieres, ¿verdad? Eres un asqueroso.

— N-No voy a ensuciarte, Ryo…

— Te gusta la idea de que tu semilla esté sobre mi piel, ¿no es así?

Ryosuke tomó el miembro duro y palpitante del Alfa y a éste el movimiento tortuoso que le imprimió a sus caricias le parecían la gloria y la tortura al mismo tiempo; otra vez, con sólo unos pocos movimientos, lo estaba llevando nuevamente al límite, y la sola imagen del Omega sentado sobre sus piernas brindándole aquella atención...y que eso pudiese terminar en él acabando sobre el torso de Ryosuke, ensuciándolo, marcándolo con su esencia...no iba a mentirse a sí mismo, la idea que el Omega había instalado en su cerebro ya había echado raíces y lo estaba volviendo loco.

Quería hacerlo, deseaba que sucediera.

— Tu silencio habla por ti.— al acelerar el ritmo, Kuramochi comenzó a mover las caderas en un afán por culminar aquello, aunque fuese una sola vez.— Qué sucio eres, Youichi.

— Te deseo tanto, Ryo…

— ¿Ah, si?

A continuación, Ryosuke hizo algo que ni en las mejores fantasías de Kuramochi se había atrevido a soñar; con una elasticidad envidiable, se acomodó entre sus piernas y descendió el torso, su rostro quedando a la altura de su entrepierna. Con aquella sola imagen el Alfa podría estallar en cualquier momento, sobre todo al sentir el aliento caliente de Ryosuke sobre su erección que ahora sí dolía de anticipación.

No pudo contener el gemido que surgió como un lamento placentero al experimentar aquella lengua caliente y húmeda sobre su miembro; al pequeño roce le siguieron varios un poco más prolongados y osados, y Kuramochi no pudo hacer otra cosa que cubrirse el rostro con sus manos, incapaz de sobrellevar el deleite que aquello le provocaba. Lentamente, Ryosuke se dedicó a jugar con su erección, tal vez ganando confianza. Pronto, su boca y su mano alcanzaron un ritmo satisfactorio para Ryosuke y martirizador para Kuramochi, al borde del orgasmo; una de sus manos se había atrevido a bajar y acariciar el cabello suave de Ryosuke mientras su cabeza subía y bajaba a un ritmo cada vez más rápido…

No pudo contener mucho más la explosión de sensaciones que se gestaba en su bajo vientre; resoplando y soltando varios quejidos ahogados, Kuramochi alcanzó el tan ansiado orgasmo dentro de la boca del Omega, de su Omega. Sin aguardar a que su respiración se regularizara, Kuramochi observó como Ryosuke aún seguía succionando su erección ya un poco caída, ningún rastro de su semen por ninguna parte.

Y el sólo hecho de saber que Ryosuke había tragado todo aquello que su cuerpo había expulsado logró que su miembro volviese a ponerse duro en cuestión de segundos; la vibración de una risa ajena se le transmitió a toda la zona baja de su cuerpo.

— Qué rápido.

A Kuramochi se le nubló parcialmente la visión cuando vio a Ryosuke lamer sus propios labios, como si estuviese degustando algo, no…

— ¿Qué...qué haces…?

Ryosuke no tuvo tiempo para terminar de formular la pregunta; Kuramochi ni siquiera lo había pensado una sola vez y ya se encontraba sobre el Omega, devorando sus labios. Éste, asombrado y tomado por sorpresa, sólo pudo intentar seguir el ritmo ansioso y exasperado donde se mezclaban labios, lenguas y dientes; Ryosuke jadeó cuando Kuramochi jaló de su cabello obligándolo a exponer en forma un tanto brusca su cuello, comenzando a chuparlo y morderlo suavemente mientras lo tumbaba en la cama apoyando su propio peso sobre el Omega, invirtiendo las posiciones.

— Se te han despertados los instintos o qué...ah...Youichi…

Su nombre, pronunciado con semejante displicencia y anhelo, encendieron todavía más a Kuramochi mientras sus labios no se detenían en su camino por probar toda la piel que encontraba expuesta; aquellos pezones rosados se endurecieron rápidamente cuando fueron atendidos debidamente con su lengua, luego mordidos y succionados, sucesivamente. Kuramochi sólo los soltó cuando los vio hinchados y rojos, descendiendo por su vientre plano, su vello erizado a medida que se acercaba a su entrepierna.

No podía detenerse; no sabía dónde habían quedado la inseguridad y el temor por alguna represalia, pero su cuerpo respondía y actuaba sin prestarle atención a su cerebro. El aroma dulzón de Ryosuke lo inundaba todo, era lo único que podía sentir en esos momentos.

Eso, y los gemidos del otro que parecía al fin haberle dejado las riendas al Alfa.

— Youichi, espera.

El tono tembloroso de Ryosuke distrajo a Kuramochi, entretenido en separar las piernas del Omega una vez lo tuvo completamente desnudo ante él. Observó su rostro sonrojado, su pecho subiendo y bajando rápidamente debido a la agitación del momento, percibió el calor enfebrecido de su piel y supo que sus hormonas sí estaban alborotadas.

— ¿Qué sucede?

Ryosuke se le quedó mirando largo rato sin pronunciar palabra, y Kuramochi supo que en su interior se debatía en una batalla en la que la decisión lo excluía a él totalmente. Aguardó unos segundos más, ansioso; sin poder contenerse más, se atrevió a introducir en forma sutil uno de sus dedos en la estrecha entrada del Omega, en esos momentos demasiado lubricada para la suerte de Kuramochi. Vio la expresión contrariada de Ryosuke a su intromisión, pero luego el Omega se recostó del todo sobre el colchón, separando por cuenta propia ambas piernas y brindándole a Kuramochi una visión de sí mismo que amenazaba con hacerlo perder el poco auto control que poseía todavía.

— Haz lo que quieras.

Su voz había salido congestionada, un dejo de ardor y anhelo filtrándose en su tono. Por supuesto, Kuramochi no se hizo esperar y no pasaron demasiados minutos antes de que tres de sus dedos estuviesen penetrando a Ryosuke, primero de forma lenta y pausada y luego en forma más salvaje, todo a petición del Omega.

— Ryo...no puedo más...Tengo que estar en tu interior.

Tragó saliva al decir aquello, porque era un paso importante que nunca habían dado y temía que Ryosuke se negara a último momento. Sin embargo, ni siquiera lo miró a los ojos cuando un suspiro resignado surgió de los labios del Omega.

— Entonces hazlo.

Kuramochi no aguardó a que se arrepintiera; con una mezcla de excitación, ansiedad y cautela, comenzó a penetrar al Omega de la forma más lenta y pausada que podía resistir. Sentía el cuerpo de Ryosuke tenso debajo del suyo pero no se quejaba, por lo que continuó introduciéndose hasta llenarlo por completo percibiendo las paredes apretadas y calientes dentro de Ryosuke. Se detuvo, dedicándose a acariciar la piel que él mismo había maltratado; el Omega tenía marcas rojas en su abdomen y su pecho, sus pezones aún ardientes por el castigo que habían sufrido.

Ryosuke lo atrajo con sus brazos rodeando su cuello, acariciando su espalda. Mientras se acostumbraba a su tamaño, capturó sus labios en un beso suave, casi tímido. Al cabo de un par de minutos fue el mismo Omega quien comenzó a mover las caderas, instando al otro a continuar. Kuramochi no quería comportarse como un animal, pero le resultaba muy difícil controlarse; la imagen erótica que le devolvía el Omega rendido debajo suyo, gimiendo y pronunciando su nombre de forma suplicante era más de lo que el Alfa podía soportar, y rápidamente sus penetraciones se transformaron en embestidas fuertes y certeras.

No duró demasiado tampoco, pero se encargó que Ryosuke obtuviese el placer que él necesitaba que experimentara a su lado; cuando el Omega llegó al orgasmo que Kuramochi tanto deseaba ver, su rostro se desfiguró en una expresión de placer que el Alfa quería grabar eternamente en su mente, reproducirla una y otra vez. Luego de aquello sólo necesitó menos de un minuto para acabar dentro del Omega, sintiéndose finalmente aliviado y tranquilo.

Casi se desplomó sobre Ryosuke, apoyando todo su peso en el Omega. Éste se limitó a abrazarlo con brazos y piernas acariciando su espalda de manera relajante; Kuramochi escondió el rostro en el cuello de Ryosuke, aspirando su aroma embriagador.

— Pensé que iba a ser diferente.— al oír el tono sorprendido de Ryosuke, Kuramochi se tensó en su lugar, temiendo lo peor.— No me refiero a eso.

— ¿Qué cosa?

— No me hagas caso.— Kuramochi se apoyó en sus codos encarando a Ryosuke, quien simplemente le sonreía.

— No, dímelo. Si no me dices las cosas, yo pocas veces puedo adivinar. Es así, acostúmbrate.

Se había puesto firme en aquello porque ya consideraba que acababan de cruzar un límite que no habían tocado nunca y, para mantener aquella relación a flote de manera perdurable e intensa, Kuramochi necesitaba que Ryosuke se abriera un poco más con él, que se comunicara más, que expusiera sus miedos e inseguridades, así como lo hacía él con el Omega. Ryosuke sólo lo observó y acarició su rostro con un roce de sus dedos, suspirando.

— Hay que decirte todo para que lo entiendas.

— Pero, Ryo…

— Pensé que ibas a moderme.

La declaración dejó a Kuramochi sin habla ni respiración, su cerebro entrando en cortocircuito. ¿Morderlo? ¿Se refería a marcarlo...como suyo? Su corazón comenzó a latir rápidamente, su mente volviendo a funcionar luego del impacto. ¿Acaso Ryosuke realmente esperaba que ellos se vincularan definitivamente durante su primera vez, en donde ninguno de los dos estaba en celo? ¿Estaba decepcionado o aliviado? Jamás llegó a pensar que Ryosuke tomaría en cuenta semejante detalle siendo la primera vez que tenían sexo, pero su expresión de diversión le hizo tensarse todavía más. Ryosuke probablemente lo habría asesinado o peor aún…¿y si lo rechazaba luego de aquello, con todo lo que implicaba un vínculo?

— Pensé que era algo...apresurado.

— Al final, sí pudiste pensar por cuenta propia.— Ryosuke sonrió, quitándole tensión al ambiente. Juntó sus labios en un beso corto.— No me hubiese molestado, si es lo que piensas.

— Somos muy jóvenes aún, quiero que puedas comenzar la universidad y yo graduarme antes de que algo más suceda…

— ¿Ya estás pensando en hijos? Youichi.

La expresión seria volvió a ensombrecer el rostro de Ryosuke, alarmando a Kuramochi otra vez.

— ¡Claro que no! Por eso te he dicho, un paso a la vez.

— ¿Si yo quedara embarazado, hoy...qué harías?

— ¿De qué hablas? Tú no estás en celo…¿no lo estás, verdad Ryo?

— Sólo contesta.

Kuramochi se vio abrumado, sentándose en el borde de la cama. ¿Ryosuke le había ocultado su celo, o sólo estaba delirando? Había notado que su aroma era más fuerte de lo habitual y que su piel estaba más caliente de lo que una simple reacción a otro Omega en su necesidad podría provocar, pero nunca se le pasó por la cabeza…¿Cuándo había sido su último período de celo? No lo sabía, porque Ryosuke solía ocultarlos con una maestría envidiable.

— Otra vez vuelves a complicarte.— Ryosuke suspiró, incorporándose y abrazando su espalda, dándole un golpe en la cabeza.— No estoy en celo, tonto.

— Pero, pero tú me dijiste…

— Sólo fue una pregunta, pero veo que no estás listo para responderla aún.

Sin esperar a que Kuramochi tuviese tiempo para pensar y replicar, Ryosuke le hizo una llave en el cuello y lo tumbó nuevamente, cambiando de posición en medio de un lío de sábanas ya desordenadas por el ajetreo; el Alfa no sabía cómo, pero Ryosuke se las había ingeniado para terminar sobre él, a horcajadas. La posición no le molestaba en lo más mínimo, y cuando quiso acariciar el torso desnudo del Omega y éste le devolvió un golpe a su mano, no pudo evitar reírse al percatarse de que, de cierta manera retorcida, le gustaba que Ryosuke lo maltratara.

El Omega se reclinó sobre su cuerpo, uniendo sus labios. Aquel simple contacto encendió nuevamente a Kuramochi, y en menos de lo que cabía esperarse, ya estaba listo para la acción otra vez.

— Aprovechemos el tiempo antes de que alguien nos interrumpa.— susurró Ryosuke suavemente contra su oído en un tono un tanto agitado, su voz tomada por una excitación que Kuramochi no había percibido antes en aquellos segundos previos.