No, Youichi, espera.

— Suéltame.

Por primera vez, los roles se invertían. Kuramochi sintió la ira creciendo dentro de su pecho, envenenando su cerebro. Alguien había ingresado a la fuerza a su cuarto, al cuarto donde Sawamura...maldito fuera el hijo de puta, iba a destruirlo, se había aprovechado de la indefensión del Omega para...el terror se hizo paso entre el enojo y el miedo al pensar en la posibilidad de que hubiese sido más de uno…

Ryosuke intentó jalar del brazo a Kuramochi en un intento por frenarlo sin demasiado éxito. Kuramochi prácticamente arrastró consigo al Omega mientras intentaba llegar a su propia habitación presa de un arranque de cólera que no estaba pudiendo manejar demasiado bien. Oía la voz de Ryosuke pero no podía entender qué le decía, seguramente intentando detenerlo.

— Es mejor llamar al entrenador, no te metas en una pelea, podrían expulsarte.

— ¿Pelea? Voy a matar al miserable, traidor, sea quien sea cavó su propia fosa…

— Piensa un poco en Sawamura, ¿quieres? No lo traumes aún más.

— Justamente en él estoy pensando, voy a moler a golpes a…

— No voy a permitirlo.

El Omega se plantó delante suyo, sabiendo que la ira de Kuramochi no llegaba a tanto como para lastimarlo. El Alfa se detuvo en seco, incapaz de empujar a Ryosuke. Sabía que en el estado en el que se hallaba su mente podría hacerle daño, por lo que retrocedió un paso, apartándose.

— Ryo, por favor, apártate.

— ¿Para qué? ¿Para que vayas a repartir golpes y termines metiéndote en un lío?

— No puedo dejar a Sawamura...ahí, así.

— Mira…

Ryosuke alcanzó a decir algo más, pero Kuramochi no le prestó atención. De su cuarto provenían dos voces, y ninguna de las dos era la de Sawamura. Ni siquiera se percató de que había apartado a Ryosuke violentamente del camino; sólo lo hizo cuando estuvo frente a la puerta del cuarto, sus ojos intentando acostumbrarse a la oscuridad que había allí dentro.

No tardó demasiado en darse cuenta de lo que sucedía. Ahora entendía por qué no había oído antes las voces ni las había reconocido.

— Kuramochi-senpai, ¡no te quedes ahí parado, ayúdame, quieres!

— ¿A cuál de los dos tengo que asesinar?

— A ninguno, sólo...a ver si me ayudas a separarlos…

Kuramochi se sintió aliviado por una fracción de segundo; exhaló, apoyándose en el marco roto de la puerta. Sawamura estaba bien, o al menos es lo que aparentaba y Kuramochi veía. Lo alarmó ver que llevaba puesta sólo una camiseta larga, sus piernas al descubierto. Al menos tenía energía para gritarle y pelear, y eso sumado a que el Alfa no alcanzaba a verle ninguna herida visible, lo dejaban un poco más tranquilo. El aroma del Omega allí era intenso, pero era la habitación en la que teóricamente había estado encerrado todo aquel período fatídico. Se alivió al percatarse de que ya no era tan picante y molesto como antes...

Ahora, el problema estaba literalmente delante de Sawamura o mejor dicho, los problemas en el suelo. Le sorprendió en cierto modo lo que vio: Chris estaba en el piso de espaldas mientras Miyuki intentaba ahorcarlo, o eso era lo que intentaba hacer. Ambos estaban tan enzarzados golpeándose y forcejeando que a Kuramochi le resultaba difícil distinguir si alguno de los dos estaba herido o quién iba ganando. Sawamura intentaba jalar del brazo a Miyuki sin éxito, y fue en ese momento en el que se dio cuenta que el otro estaba con el torso al descubierto. Y descalzo.

Iba a tener que intervenir. La cuestión era que no sabía a cuál de los tres golpear.

— Sawamura, apártate.

— ¿Qué...Kuramochi-senpai!

Kuramochi empujó con tanta fuerza a Sawamura que éste se vio propulsado hacia atrás, otra vez sobre la cama. En el proceso, no perdió oportunidad y le propinó una patada a Miyuki, el cual no pareció sentirla al ver como tampoco soltaba a Chris.

Recién cuando se montó sobre Miyuki y comenzó a asfixiarlo con una llave al cuello pareció reaccionar.

— Maldito, vas a detenerte ahora mismo…

— Kuramochi, suéltame ahora.— el forcejeo se trasladó hacia él, y Kuramochi se sorprendió de la fuerza que tenía Miyuki en esos momentos, las suficientes para voltearlo a él también sobre el duro suelo.— No te metas.

— No puedes matarlo, estúpido, contrólate.

— Y una mierda que no puedo hacerlo.

El tono amenazante pero seguro de Miyuki alertó a Kuramochi. El maldito hablaba en serio. Luego de oírlo de aquella manera tan desbordada, se permitió ojear a Chris por un momento; el mayor estaba en clara desventaja. Un hilillo de sangre corría desde la comisura de sus labios, y en ese momento Kuramochi pudo empezar a atar cabos. Chris lo miró con clara culpa y confusión en el rostro, y Kuramochi al fin pudo comprender que el que había perdido el control ahí había sido Miyuki.

Pero, ¿por qué?

No quería saber la respuesta, no todavía.

De repente, por el rabillo del ojo notó que Miyuki estaba intentando golpear a Chris otra vez; más rápido de lo que hubiese pensado, pudo propinarle un golpe de puño en el rostro, lo suficientemente intenso como para hacerlo caer hacia atrás.

Sawamura, Chris y Kuramochi quedaron en silencio observando el cuerpo inerte de Miyuki, de espaldas en el suelo. Sawamura fue el primero en acercarse, una mezcla de ansiedad y miedo exponiéndose en sus feromonas.

— Respira.

Kuramochi y Chris también respiraron luego de aquello. Al ver que a diferencia de Miyuki, Chris no intentaba ninguna agresión hacia él, Kuramochi lo ayudó a incorporarse del suelo. Cuando el Alfa extendió una mano hacia Sawamura para que hiciese lo mismo, éste lo rechazó, quedándose al lado de Miyuki.

— Sawamura, levántate. Se desmayó por el golpe, no se va a morir. Desgraciadamente.

— No... no digas eso, Kuramochi-senpai.

Con horror, el aludido observó como las aguas subían rápidamente a los ojos de Sawamura, quien intentaba ocultar sus lágrimas agachando la cabeza. ¿Sawamura...estaba llorando por Miyuki? ¿Aquello de verdad estaba sucediendo?. Abrió la boca para preguntarle si él también se había golpeado la cabeza, pero una mano en su hombro lo hizo desistir.

— Está sensible, acaba de salir de su primer celo. No lo instigues.

La voz suave y tersa de Ryosuke le llegó fuerte y claro a los oídos de Kuramochi. Bajando los decibeles de ira, Kuramochi exhaló pesadamente, volteando hacia Ryosuke y abrazándolo por la cintura sin importarle la presencia de los demás. El Omega, sorprendido por la actitud posesiva de Kuramochi, se dejó hacer, relajándose cuando el Alfa presionó su nariz contra su cuello, olfateando su aroma dulzón.

— ¿Y tú estás bien?

— ¿Qué quieres decir con eso? Claro que estoy bien.

— Ryosuke.— el brazo que rodeaba su cintura afianzó el agarre, presionándolo contra su torso. El Omega se limitó a apoyar la frente en el hombro ajeno, sorprendido por el tono serio de Kuramochi.— ¿Seguro?

— Yo…

— Lamento esto.

De la nada, Chris parecía haber recuperado su voz. Ambos voltearon hacia él, de pie a sus espaldas. Ryosuke se zafó del agarre de Kuramochi, acercándose a Chris para evaluar que tan grave habían sido los golpes en su rostro.

— Tú también apestas como Alfa. Kuramochi, basta.

— P-pero…— el aludido había querido interponerse entre Ryosuke y Chris en un acto más instintivo que racional y el Omega lo había apartado con una mano.

— Te dio bastante duro, eh.

— ¡Ryo-san, no es cosa para reírse!.- el aludido volteó hacia Kuramochi, su sonrisa ensanchandose.

— ¿Por qué no? ¿Se puede saber qué pasó?

Chris miró alternativamente a Ryosuke y luego a Sawamura. Éste no parecía tener intenciones de despegarse del piso ni de Miyuki, quien aún no recuperaba la conciencia. Suspiró, desviando la mirada otra vez hacia Ryosuke.

— Es como mínimo, difícil de explicar.

— Inténtalo.

Los tres salieron al corredor buscando un poco de aire; todos se sentían levemente asfixiados por la mezcla de aromas que había dentro de la habitación, sobre todo Kuramochi y Chris. Éste apenas se tocó el rostro donde momentos antes Miyuki lo había golpeado, su mirada perdida en algún punto entre la puerta y el corredor.

— Oí a Sawamura gritar. El entrenador Kataoka, al igual que ustedes, nos había informado de la situación, pero aún así decidí investigar qué sucedía. Cuando doble el corredor y encaré la puerta de su cuarto, vi la cerradura destruida.

— Entonces fue Miyuki.— Chris miró unos segundos a Kuramochi antes se proseguir.

— No puedo afirmarlo. Temí lo peor, así que ingresé al cuarto buscando a Sawamura. Cuando quise percatarme de lo que estaba ocurriendo, ya estaba en el suelo.

— ¿Pero Miyuki estaba en la habitación?.— preguntó Ryosuke, preocupado por Sawamura.

— No. El primer golpe que recibí fue en la espalda, y acababa de entrar a la habitación.

— Al igual que tú, quizás ese tonto pensó que intentabas hacerle algo a Sawamura.— terció Ryosuke, echando un vistazo a Sawamura, metiendo la cabeza en la habitación.— Lo que no entiendo es por qué no se despega de él.

— Yo quiero saber quién rompió la puerta de mi habitación.

— Chicos…¿se puede saber qué sucedió aquí?

Todos quedaron paralizados al oír la voz profunda y seria del entrenador Kataoka. Giraron el rostro hacia el corredor contiguo; absortos como estaban en la charla y en vigilar que las cosas no volvieran a salirse de control, ninguno se percató de la llegada del adulto al lugar. Kuramochi y Chris se presionaron aún más contra la baranda del corredor, lo más lejos posible de la puerta de aquella habitación. Ryosuke simplemente ingresó en la habitación sin decir una palabra.

Ahora sí que Kuramochi temía por su vida. El aura amenazante de Kataoka se hacía notar, la ira haciendo surgir sus feromonas de Alfa por todo el lugar. Seguramente el hombre estaba atando cabos, su mirada había ido de ellos hacia Ryosuke y luego hacia la puerta destruida, aquello no pintaba nada bien…

— Podemos explicarlo.— Chris no se amedrentó al percibir el peligro. Se adelantó un paso, encarando al entrenador.

— ¿Chris, qué demonios te sucedió? Más vale que tengan una explicación decente. Díganme que Sawamura está bien.

— Lo estoy, Jefe.

Todos los presentes observaron a Sawamura, quien acababa de salir de la habitación junto a Ryosuke. Kuramochi se alivió al notar que el mayor lo había obligado a vestirse apropiadamente, aunque la conducta un tanto esquiva de Sawamura no era natural; ladeaba el rostro constantemente hacia atrás, hacia el interior de la habitación, y era sólo cuestión de segundos para que Kataoka se percatara de su actitud.

— Pues no parece. Irás a la enfermería a que te revisen. ¿Por qué miras tanto hacia dentro, quién más está allí?

— Miyuki, entrenador.— Ryosuke soltó la información como quien no quiere la cosa; todos vieron el rostro de Kataoka palidecer. Al igual que ellos, estaba sacando conclusiones apresuradas.— Está fuera de peligro. Creo.

— ...por todos los santos.

Kataoka parecía estar debatiéndose internamente sin añadir nada más; Kuramochi aprovechó la situación para soltarle una señal amenazante a Sawamura de que más tarde iban a aclarar aquel "malentendido". El Omega simplemente lo miró con cara de pocos amigos, y con horror, el Alfa notó que quería introducirse otra vez en aquel cuartucho al que ya no quería volver a entrar.

— Bueno, ya me explicarán qué pasó aquí. Kominato, en realidad estaba buscándote a ti.

— ¿A mi?

Kuramochi fue rápido. Sus ojos pasaron del entrenador hacia el Omega, y cuando éste hizo aquella pregunta retórica, vio como alguna conclusión acelerada se instalaba en su mente. Su rostro se puso pálido, y Kuramochi reaccionó a tiempo para sostenerlo al ver un leve temblor en sus piernas, debilidad que sólo él había notado.

— Mi hermano está bien, ¿verdad? Haruichi está en su cuarto, ¿no es así?

Todos guardaron silencio cuando Kataoka no contestó de inmediato. Kuramochi apretó a Ryosuke entre sus brazos intentando infundirle una tranquilidad que sabía no le estaba llegando. Era su hermano menor, maldita sea. ¿Qué demonios había sucedido?

— Haruichi está bien, pero está en la enfermería. Yo...Ryosuke, creo que tenemos que hablar. En privado.— el entrenador fue bastante directo cuando lanzó una mirada de advertencia a Kuramochi, quien aún así no se apartó del Omega.— Kuramochi. Hazte cargo de Miyuki hasta que yo vuelva, Chris, ayúdalo, favor. No, mejor acompaña a Sawamura a la enfermería mientras yo regreso.

— Claro, entrenador.

— No voy a dejarlo solo.

La negativa de Kuramochi lo sorprendió hasta a él mismo. El Alfa no despegaba la mirada del entrenador en un claro duelo de voluntades; Ryosuke posó una de sus manos en el antebrazo de Kuramochi, apenas presionando en un intento por llamar su atención. Kuramochi dejó descansar su mano sobre la del Omega sin hacer contacto visual con él.

— Kuramochi.— Chris carraspeó, evidentemente incómodo con la situación.— Creo que deberías tranquilizarte.

— He dicho que no voy a abandonarlo.

— Nadie va a abandonar a nadie aquí, Kuramochi.

El entrenador finalmente exhaló el aire que retenía, y al Alfa le dio la impresión de que la conjunción de situaciones lo estaban sobrepasando. No quería ir en contra de los designios del hombre, pero Ryosuke no estaba en condiciones de afrontar lo que sea que fuera a decirle solo, y él iba a estar allí para él porque…

— No lo haré.— terco, Kuramochi estaba intentando encontrar la forma de que Kataoka comprendiera su punto de vista sin exponer demasiado a Ryosuke…

— No eres su Alfa, no lo has marcado.

Un silencio demasiado incomodo a varios niveles se instaló entre los presentes; Ryosuke finalmente se soltó del agarre de Kuramochi, y para desesperación de éste, creyó notar cierto fastidio en el Omega.

— Por lo tanto, no puedes decidir por él. Confía un poco en Kominato, hazme el favor.— lo último lo había dicho en un tono más suave que igualmente dejaba entrever el hastío que sentía.

— No tardaré.

Ryosuke lo dijo al pasar y quitándole importancia, pero no volteó a ver a los presentes. Kuramochi sintió las palabras, tanto las excusas como las disculpas atoradas en su garganta. Vio como el Omega se alejaba caminando con Kataoka hacia el final del corredor y se sintió más impotente que nunca.

El entrenador tenía razón, Kuramochi no era nadie en la vida de Ryosuke. Ni siquiera había podido demostrarle su apoyo, algo de contención. Sabía que Ryosuke no era débil, todo lo contrario; el Omega tenía un carácter más fuerte que el suyo y se sobreponía mejor a las situaciones estresantes, pero aquello se trataba de su hermano menor, y Kuramochi sabía lo que Haruichi representaba para Ryosuke.

— Sawamura, ¿te sientes bien? ¿Podemos ir a la enfermería?

Oyó la voz amortiguada de Chris; Kuramochi volteó hacia la puerta. El Alfa estaba con medio cuerpo dentro de la habitación. En algún momento de descuido, Sawamura había vuelto a meterse allí dentro. Sus nervios se crisparon del todo; Kuramochi empujó a Chris, e impulsado por la decepción que sentía hacia sí mismo ingresó a su propio cuarto para descubrir a Sawamura intentando incorporar a Miyuki del suelo.

— Déjalo ya, Sawamura. No se va a morir, ya te lo dije.

— ¿Entonces por qué no despierta?.— nuevamente, ambos Alfas vieron los ojos de Sawamura cubrirse de lágrimas que amenazaban por derramarse sobre su rostro ya de por si sonrojado por el llanto anterior.— Kuramochi-senpai, lo golpeaste demasiado fuerte.

— ¿Yo? Él se golpeó solo la cabeza cuando cayó de espaldas, estúpido.

Chasqueó la lengua, ayudando a Sawamura. Lo cierto era que le preocupaba un poco que el idiota no se despertara. Con la colaboración de Chris lograron subirlo a la cama de Sawamura; Kuramochi examinó su cabeza y cierta tranquilidad recorrió su ser al comprobar que al menos no había sangre y todo parecía estar en su lugar. Bueno, casi todo.

— ¿Dónde están sus gafas? Ahora que lo recuerdo, no las traía cuando lo golpeé.

— Las olvidó en el salón de entrenamiento. Creo.- dijo Sawamura al pasar, restándole importancia.

— Ah, ya veo. Espera.— oyó jadear a Sawamura cuando el tono de Kuramochi cambió repentinamente.— ¿Cómo sabes tú eso, si estuviste aquí…? Sawamura, empieza a hablar.

— No puedes echarme la culpa, ¡me asfixiaba aquí dentro! El Jefe sólo me encerró y nadie me dijo nada, pensé que iba a morir.— se defendió Sawamura, incorporándose de la cama mientras retrocedía.

— Eso significa que saliste de aquí dentro durante tu celo, ¿no es así? Sawamura, ¿qué has hecho?

La conclusión más obvia estaba allí, frente a él. Sintiendo sus nervios colapsando, observó de reojo a Miyuki. El maldito dormía plácidamente dentro de su desmayo; sin embargo, ahora que lo veía con más calma, Kuramochi podía notar ciertas marcas sobre su piel que nada tenían que ver con la pelea en la que había participado minutos antes.

No, no y no.

Se incorporó siguiendo los pasos de Sawamura mientras éste seguía retrocediendo; los nervios se amontonaron en su garganta sintiendo la ansiedad de confirmar la desgracia para que aquello se terminara de transformar en una pesadilla. Estiró una mano para sostener a Sawamura e impedir que escapara de la habitación, pero Chris sostuvo su mano en el aire, justo a tiempo para arruinar sus planes.

— Déjalo.

— Tú llegaste a la misma conclusión que yo, ¿no es así?.— el mayor frunció los labios en un claro gesto de fastidio que Kuramochi sabía ambos compartían.— ¿Aún así no quieres saberlo?

— No, no quiero.

— Chris...no seas cobarde.— farfulló Kuramochi, soltándose del agarre de Chris, desviando su atención de Sawamura hacia él, frustrado.

— Le temo a mis propios sentimientos. Sí, lo sé. Soy patético.

Lo había dicho en un tono de voz tan bajo que a Kuramochi le había costado entenderle la frase entera; al oírlo, su mano cayó inerte, sin fuerza. Podía incluso alcanzar a ver la lucha interna que mantenía Chris en su mente y se avergonzó de sí mismo. Había notado que el Alfa observaba de manera singular a Sawamura, pero nunca creyó que aquello se debía a una atracción de tipo romántica, no al menos abiertamente. Ahora que podía percibir su expresión compungida, pensó en qué hubiese hecho él en semejante situación. Si existiese la más mínima posibilidad que alguien se atreviera a tocar un sólo cabello de Ryosuke, lo hubiese asesinado sin dudarlo...ahora, si hubiese sido consensual, si Ryosuke hubiese permitido aquello voluntariamente…

Ni siquiera podía imaginar la destrucción que hubiese atravesado su mente ante algo como aquello.

— No lo eres..— murmuró, finalmente.— Sawamura, maldita sea. Ve a la enfermería, de paso avisas que éste idiota está aquí desmayado y lo vienen a ver.

— ¡S-Sí!

Y así huyó del cuarto. Lamentablemente, Chris había tenido que presenciar lo rápido que Sawamura había obedecido cuando en la orden había incluido a Miyuki, pero eso ahora ya no importaba. El mayor salió tras el Omega con paso más lento, casi apesadumbrado.

— Cuida de Miyuki hasta que vuelva, te lo encargo.

— No puedo entender cómo es posible que no quieras asesinarlo.

Kuramochi quería matar a Miyuki con sus propias manos y él no estaba involucrado emocionalmente en el tema; se sentó en la misma cama donde Miyuki descansaba, bufando. Chris simplemente se volteó hacia él, sonriendo. La diversión no le llegó a los ojos.

— ¿Quién dijo que no? Pero debo pensar en el bienestar de Sawamura primero, no puedo ser tan egoísta.

— Tan egoísta…- Kuramochi no podía ni quería comprender como era que Chris podía tener un alma tan grande y misericordiosa.— Vete antes de que yo también te parta la cara.

Chris apenas lo saludó con la mano y partió tras Sawamura. Kuramochi suspiró, frotándose la cara mientras intentaba calmarse y ordenar sus ideas. ¿Era posible que todo se descontrolara en menos de una hora? Tendría que haber evitado que Ryosuke escapara de la habitación, tal vez así hubiesen ganado un poco más de tiempo de tranquilidad…

El salón de entrenamiento, ¿eh? Quizás si iba hasta allí encontraría algo más que las gafas de Miyuki…¿por qué las había dejado ahí, en primer lugar?

Se levantó de la cama, sopesando las posibilidades de abandonar a Miyuki. No parecía querer despertar en los próximos minutos y tampoco sabía cuánto tiempo tardarían Chris y Sawamura en volver, por lo que se dijo a sí mismo que quedarse encerrado con el cuerpo inconsciente del otro Alfa tampoco tenía demasiado sentido.

Al salir de la habitación, apenas tocó la puerta rota. Chasqueó la lengua, pensando que posiblemente había sido Miyuki quien la había destrozado. Iba a pagar por ello también, cuando despertara…

Cuando estuvo en el corredor, tampoco había rastros de Kataoka o Ryosuke. Probablemente habían ido a la enfermería a ver a Haruichi y otra vez, una mezcla de ansiedad, incertidumbre y frustración se apoderaron de él, sin saber bien hacia dónde dirigir realmente sus pasos.


Haruichi realmente no recordaba haberse sentido tan mal en su vida. Si abría o cerraba los ojos era indistinto, sentía que todo daba vueltas a su alrededor. Hacía varios minutos que se sostenía de la puerta del baño de la enfermería, creyendo caer una y otra vez, la sensación nauseosa nunca abandonando la boca de su estómago.

¿Qué era lo que seguía vomitando, si no había alcanzado a comer nada ese último día?

— Furuya, vete. Es la última vez que te lo digo, estoy bien.— elevó la voz para que el Alfa lo oyera. Sabía bien que estaba detrás de la puerta porque ahora incluso podía percibir su cercanía física sin verlo.

— Si lo estás, abre la puerta.

El Omega bufó, fastidiado. Luego de que aquella primera noche hubiese pasado sin problemas en su cuarto en compañía de Furuya, Haruichi comenzó a notar que algo no estaba bien con su cuerpo al día siguiente, y para la noche del martes la fiebre y las náuseas se hicieron incontrolables al punto en el que Furuya se había visto obligado a llevarlo a cuestas hasta la enfermería del colegio. El Omega jamás se percató del traslado hasta que se dio cuenta que estaba vomitando en un retrete que no era el de su cuarto.

Mantener alejado a Furuya había sido todo un reto, no sólo para él sino para las enfermeras y el médico. Durante sus primeros momentos de estadía allí se había vuelto incluso agresivo con cualquiera que intentara acercarse a Haruichi, aunque fuese sólo para tomarle la temperatura. Al cabo de un par de horas el Omega se había hartado de su aura intensa y sus pocas ganas de ayudar al resto a ayudarlo a él, por lo que había tenido que prácticamente gritarle que se controlara.

Y eso había derivado en que aquella mañana Furuya pareciera un alma en pena en las cercanías de Haruichi, gruñendo a las enfermeras y manteniéndose en un silencio sepulcral a su lado. A esas alturas el Omega ya no sabía qué era peor, si las conductas inestables del Alfa o la descompostura que no tenía miras de ceder, ya preocupándolo.

El médico le había informado que su cuerpo estaba sufriendo efectos adversos clásicos pero exagerados del vínculo al que se estaba adaptando después de que Furuya lo mordiera. Lo habían inyectado con medicamentos que desconocía un par de veces e incluso ese día, temprano por la mañana, el médico había decidido que lo mejor en su caso era realizarle una vía para hidratarlo por vía endovenosa visto y considerando que ya presentaba signos de deshidratación moderados.

De continuar así, iban a tener que trasladarlo a un centro de mayor complejidad. Lo que implicaba un hospital, y aquello sí tendrían que informárselo directamente a sus padres…

No supo si fue el temor que aquella sola idea le provocó, el efecto de los medicamentos o que finalmente su cuerpo se estaba adaptando satisfactoriamente al cambio, pero la fiebre al menos había cedido, no así las náuseas. Al menos había podido dormir algo aquella noche sin tener que correr literalmente al baño…

— Entrenador.

El corazón de Haruichi se detuvo por una fracción de segundo para luego comenzar a latir en forma violenta y rápida contra su pecho. La voz de su hermano mayor fuera del baño, salida de la misma nada lo había desestabilizado al punto de marearse otra vez, teniendo que sentarse en el retrete para no caer.

— Furuya, sal un momento.

— No me iré.

La voz potente del entrenador Kataoka se dejó oír fuerte y clara, retumbando en la pequeña antesala de la enfermería. La vergüenza de Haruichi crecía cada vez más conforme se percataba de que la información ya había llegado hasta su hermano. Lo sabía, intuía que en algún punto iba a tener que dar la cara y enfrentarse directamente a él, iba a tener que darle explicaciones de cómo era posible que, si él le había ordenado que pusiera el pestillo a la puerta y aguardara su regreso, hubiese terminado no sólo teniendo sexo con otro miembro del equipo sino que encima se hubiese dejado marcar de aquella manera tan irresponsable y temeraria…

— Vas a irte. Ahora.

Haruichi se levantó del retrete colocando una mano sobre la puerta, de repente dispuesto a salir. Conocía bien los tonos de voz de Ryosuke y ese precisamente estaba sólo reservado para las amenazas verdaderas. Si lo había oído más de una vez, había sido cuando eran pequeños y su hermano se dedicaba a repartir justicia por mano propia cuando Haruichi no sabía defenderse solo, y las cosas nunca habían terminado bien, nada bien.

Por ese motivo, supo en ese instante que si no intervenía, la situación iba a tornarse peligrosa. Su hermano era absolutamente capaz de enfrentarse violentamente con Furuya e incluso considerando las diferencias de altura y fuerza, sabía que Ryosuke tenía las de ganar si se lo proponía.

Sin embargo, era cobarde. Temía enfrentar aún cara a cara a su hermano mayor, le aterraba ver la decepción y el enojo plasmados en su rostro, y el mayor miedo que enfrentaba era que le diera la espalda pese a saber que debía hacerse responsable de lo que él mismo había permitido.

— Furuya.— Haruichi apenas había pronunciado su nombre y sabía perfectamente que el Alfa estaba detrás de la puerta, atento a sus palabras.— Hazle caso. Yo...tenemos que hablar.

— Pero…

— Hazme caso a mí. Sal.

Increíblemente, el momento de tensión no se prolongó demasiado y Furuya pareció captar el peligro en el tono de ambos hermanos. Al cabo de unos segundos, Haruichi oyó los pasos de Furuya alejándose de la puerta.

— Estaré fuera.

Lo había dicho en tono de advertencia para Ryosuke, pero Haruichi sabía que iba más dirigido hacia él por si necesitaba apoyo.

Y sí que lo necesitaba.

Haruichi tardó más de 5 minutos en salir por cuenta propia del baño; en ese transcurso del tiempo nadie habló, ingresó o salió de aquella pequeña sala que se había transformado en un refugio aquel último día. Al Omega le tomó más de 3 intentos lograr abrir la puerta sin arrepentirse a último momento hasta que finalmente se dijo a sí mismo que estaba dilatando una situación que iba a darse, tarde o temprano.

Cuando salió del baño, lo primero que notó fue que el entrenador Kataoka también se había marchado, probablemente junto a Furuya. Ryosuke se hallaba sentado en la cama en la que él antes había dormido, hacía apenas unas horas antes de que las náuseas lo despertaran nuevamente; la expresión de su rostro parecía serena, tranquila. Cuando Haruichi surgió de su escondite, ladeó el rostro en su dirección, la mirada de ambos hermanos al fin encontrándose.

Haruichi fue el primero en romper el contacto visual, incapaz de sostenerlo.

— Lo siento.

— Vas a tener que especificar por cuál de todas las estupideces que has hecho te estás disculpando.— su tono no era agresivo, pero aún así Haruichi no se atrevió a dar un paso más dentro de la habitación.— Puedo incluso enumerarlas.

— Por todas.

— Haruichi...en primer lugar, acércate. A diferencia de Furuya yo no muerdo, aunque no creo que eso te dé miedo ahora mismo.

— Hermano…

Aún así, Haruichi se atrevió a acercarse hasta la cama, sentándose a su lado a un gesto de Ryosuke. Permanecieron varios minutos en silencio hasta que otra vez, fue el hermano mayor quien habló.

— Supongo que la culpa es mía.

— ¿Cómo puedes decir eso?.— finalmente, Haruichi se atrevió a encarar a su hermano, quien ya lo estaba mirando con una sonrisa que expresaba una especie de tristeza que lastimó a Haruichi.

— Te he sobreprotegido todo éste tiempo y te mantuve en una ignorancia que no fue saludable para ti.

— Soy grande, yo...yo sabía lo que estaba haciendo.

— ¿Seguro? No lo creo.

Otro silencio se dio entre ellos, ésta vez menos incómodo que el anterior.

— El entrenador Kataoka iba a llamar a nuestros padres.— soltó de repente Ryosuke, soltando una pequeña risa.

— ¡¿Eh?!

—Cuando me comentó lo que te había sucedido, apenas pude reaccionar. Haruichi, cuando te digo que no eres consciente de lo que has hecho, escúchame porque tengo razón. Eres menor de edad, esto es como mínimo grave.

—Furuya también es menor de edad.— de la nada, Haruichi sintió el deseo de no culpar a Furuya por aquello. Ryosuke torció su sonrisa al oír su nombre pero, como siempre, no le hizo perder la calma.

— Sin embargo, es Alfa. Sabes que las leyes nos contemplan de manera diferente y con justas razones.

— ¿Entonces…?¿Papá y mamá van a venir?

— No, tonto. Logré convencer al entrenador que yo puedo hacerme cargo de ti al menos hasta que me gradúe, ya tengo 18.

Haruichi exhaló el aire que había estado reteniendo presa de los nervios. Como siempre, su hermano mayor había obrado como un salvador en su vida y, pese a que le incomodaba que siguiera protegiéndolo incluso en la preparatoria, tuvo que admitir que él mismo se lo buscaba.

— Gracias, hermano…

— Bajo algunos términos, por supuesto.

El menor se le quedó mirando fijamente. Ninguno de los dos pronunció palabra alguna después de aquella revelación, y Haruichi tendría que haber previsto que nada iba a ser gratis luego de haber logrado que Ryosuke no lo abandonara a su suerte.

— Dime.

— No quiero que frecuentes a Furuya. Sólo lo justo y necesario. Te prohíbo que mientras yo esté en Seidou tengas cualquier tipo de contacto íntimo con él, ¿estamos de acuerdo?

El tono serio de Ryosuke le indicó con certeza que aquello no era un juego. La sonrisa siempre presente en el rostro de su hermano mayor se había esfumado, y en esos momentos lo observaba con tanta intensidad que Haruichi temía lo traspasara con la mirada. En los segundos que transcurrieron luego de su "petición", Haruichi sopesó sus posibilidades. No le agradaba para nada el hecho de estar restringido en algo, cualquier cosa que fuera; por otro lado, temía que no pudiese mantener su palabra más por una cuestión hormonal e instintiva que por un capricho, y además estaba la cuestión de que Furuya no aceptaría semejantes condiciones.

Sin embargo, era eso o permitir que sus padres terminaran enterándose de la nefasta situación en la que se había metido. Probablemente ellos si reaccionarían en forma más terminante y agresiva que Ryosuke, e incluso Haruichi sopesaba el terror de que decidieran cambiarlo de colegio, con todos los trastornos que eso implicaría a varios niveles.

El sólo pensamiento de irse de allí, de no ser más parte del colegio, del equipo de béisbol de Seidou, de perder a sus amigos o del sólo hecho de hallarse tan alejado de Furuya...le comprimió el pecho en un dolor sordo que ni siquiera podía soportar, y era sólo una posibilidad, no un hecho.

Al menos así podría permanecer allí y cerciorarse de que Furuya se encontrara a salvo de su propia estupidez.

— ¿Haruichi?

— Está bien. Lo haré, hermano.— de imprevisto, Haruichi sintió la mano suave de Ryosuke sobre su cabeza transmitiéndole la calidez y el confort que necesitaba en esos momentos sólo con un pequeño gesto.

— Cuando empiecen a pasar los días...créeme que vas a entender por qué te pido esto. No lo hago porque odie a Furuya, sino porque te amo a ti.

Las palabras de Ryosuke conmovieron a Haruichi al borde del llanto, echándole la culpa a la sobrecarga hormonal por ello. Ryosuke revolvió los cabellos de Haruichi intentando alivianar la situación; el menor se limitó a sonreír mientras intentaba secarse las lágrimas de manera disimulada.

— Ahora, muéstrame qué te hizo ese animal. Necesito una excusa para golpearlo cuando salga de aquí.

— Hermano, ¿no era que no lo odiabas?

— No lo odio , lo aborrezco. Lo quiero lejos de ti, del colegio, del planeta. Me gustaría verlo muerto, pero eso ya es mucho pedir.

— ¡Hermano!

— Ya, ya. Muéstrame.

El tono cómplice en su voz le brindó el coraje que necesitaba para exponer su cuello a Ryosuke; avergonzado, Haruichi se sometió al escrutinio directo de su hermano mayor durante varios segundos que se hicieron eternos, hasta que finalmente lo oyó suspirar.

— Eso debió doler.

— No tanto. Fue más como un hormigueo que…— de repente, Haruichi se percató de que le estaba explicando a su hermano mayor como Furuya lo había mordido, el rubor cubriendo rápidamente sus mejillas.

— Así que eso es lo que se siente, eh.

Haruichi observó a su hermano detenidamente. Aquellas últimas palabras las había pronunciado más para sí mismo que para el menor, y de la nada, la duda regresó a su mente como un fogonazo de luz, recordando.

— Por cierto, hermano…¿dónde estuviste todo este tiempo?


— Esa es la situación actual, Yuki.

Yuki Tetsuya no soltó una sola palabra. El único sonido que se oía en aquel salón que el entrenador Kataoka utilizaba como su despacho personal era el ventilador de techo que emitía algunos sonidos chirriantes y siniestros de manera regular. Yuki levantó la mirada de sus manos, sentado en uno de los amplios sillones. Kataoka le daba la espalda en esos momentos mientras observaba a través de la cortina el campo de béisbol de Seidou. El estudiante de tercer año, casi a punto de egresar, sabía que el entrenador era incluso incapaz de encararlo sabiendo que ni él mismo podía creer que las cosas hubiesen llegado hasta ese punto.

Hacían ya casi dos semanas desde que todo aquello había comenzado o, mejor dicho, terminado. Yuki, como la mayoría de los estudiantes que no habían podido abandonar los dormitorios de Seidou aquel fin de semana fatídico en el que Sawamura había entrado en su primera necesidad, se había a encerrarse en su habitación y a aturdirse a sí mismo con lociones, perfumes e incluso alcohol para poder sobrellevar los días infernales que duró aquella situación casi insostenible.

Cuando creía que la habían librado con suerte, se había enterado más temprano que tarde de las desgracias acontecidas.

El simple golpe que supuestamente Miyuki Kazuya se había dado contra el suelo, había resultado ser un poco más que eso. Cuando el doctor finalmente lo había podido evaluar de manera correcta, se había alarmado por el tiempo que habían tardado en percatarse de lo anormal su inconsciencia luego de una hora de transcurrido el trauma. Habían terminado trasladándolo al hospital más cercano y el diagnóstico había sido algo espantoso que combinaba las palabras hemorragia y cráneo. O cerebro, la cuestión ya era lo suficientemente grave como para que Yuki prestara atención a los detalles.

Habían asegurado que la cuestión no era grave, y por suerte así había sido. Dos días después, Miyuki había despertado desorientado por las drogas y la ubicación; Yuki y los demás habían podido ir a visitarlo en los tiempos libres que se permitían fuera del estudio, e incluso en una oportunidad, Kuramochi había tenido que ceder a regañadientes a acompañar al lugar a un Sawamura especialmente insoportable.

Ese había sido otro de los temas preocupantes. Sawamura seguía siendo Sawamura. Por suerte, su primer celo parecía no haber dejado secuela alguna hasta que, por supuesto, habían descubierto la segunda desgracia de aquellos días. Nadie sabía cómo aún, Sawamura había logrado...no, Miyuki había logrado llegar a Sawamura, y dejando de lado los detalles morbosos del asunto, lo había mordido. Marcado, vinculado.

Yuki no sabía qué palabra sonaba más terrorífica para describir aquella situación. Sawamura no sólo era menor de edad, sino que eso sólo era un agravante que se sumaba a que había sucedido durante su primer celo junto con un Alfa que no era su pareja estable antes de aquel suceso.

El Omega parecía no entender la gravedad de la situación, pero Miyuki sí. Cuando recordó lo que había hecho, al menos lo primero que había preguntado había sido por la seguridad de Sawamura. Y por el rostro de Chris, por lo menos recordaba haberlo golpeado. Chris no lo acusó directamente por lo sucedido, pero todos al final se habían terminado enterando de la mayoría de los sucesos acontecidos aquella mañana en la que todos aún seguían encerrados, resguardados del peligro que sí había sucedido.

Con incredulidad, Yuki había tenido que aceptar la realidad. El entrenador Kataoka, pese a saber que todo aquello había sucedido entre adolescentes que no habían podido controlar el octanaje hormonal que los había aturdido al punto de no poder pensar con claridad, había tenido que tomar la decisión de apartar a Miyuki del equipo de béisbol; por suerte, el mayor había conseguido convencer a los directivos del colegio para que no terminaran suspendiéndolo de manera permanente, expulsándolo del colegio mientras el Alfa terminaba su recuperación en el hospital.

Pero era más que un simple golpe duro perder a Miyuki, sobre todo justo cuando todos ellos estaban a punto de retirarse del equipo.

— Esta decisión…¿es permanente?

— No, es sólo hasta que dejemos de estar en la mira del director.

— Ya veo. Iba a decirle que Miyuki era el más indicado para ser el próximo capitán.

— Lo sé, por eso te lo estoy diciendo.

— Kuramochi es una buena opción.

— Mmh.

La conversación terminó allí, y Yuki se permitió pensar que no era sólo Miyuki el que estaba teniendo problemas de autocontrol. Hacía una semana, Kuramochi y Ryosuke habían discutido por algo que Yuki intuía eran problemas de pareja, porque aunque ninguno de los dos parecía blanquear la situación, el capitán del equipo los conocía mejor que nadie. Sobre todo porque tenía ojos y veía como Kuramochi miraba a Ryosuke cada vez que lo tenía cerca.

Alfas idiotas.

Incluso Haruichi estaba manejando la situación mucho mejor que todos ellos juntos. Con sorpresa y horror también habían tenido que enterarse que Furuya lo había vinculado en un arranque hormonal particularmente intenso; sin embargo, Haruichi lo sobrellevaba como si se tratara de algo ordinario y carente de importancia. No lo habían visto cerca de Furuya en aquellas últimas dos semanas, pero Yuki intuyó que aquello tenía más que ver con Ryosuke que con una decisión propia del menor.

— En tres semanas Miyuki podrá volver al colegio.

— En tres semanas ingresan los de primer año.

El entrenador Kataoka y Yuki hablaron al mismo tiempo. Luego de aquello, ambos hombres quedaron sopesando lo que acababan de decir y la relevancia que ello tendría para el equipo de béisbol de Seidou.

Con ironía, Yuki Tetsuya se permitió pensar con un dejo de diversión qué clase de infierno estaban dejándole a los de primer año.

Que hiciesen lo que pudiesen con aquello.

¡Buenas! Espero les haya gustado este pequeño fanfic surgido de una idea delirante (?) Este es el final...de la primera parte. En un tiempo corto estaré subiendo la segunda parte bajo el nombre "Fiebre,Acto II". No duden en dejarme sus preguntas y comentarios varios.

Nos leemos!