Hola a todos! Gracias por su paciencia. Sé que están ansiosos con la historia, pero seguro que entenderán que actualizo lo mas rápido que puedo, y dentro de unos días ya no voy a poder actualizar tan seguido.

Un par de aclaraciones mas...

En primer lugar, mi intención es hacer TODOS los libros, no importa cuanto me tome. Voy a llegar a los ochenta años y todavía me habrán de faltar dos capítulos más para terminar "HP y las Reliquias...", ¡y seguiré con mi meta! Lo que sí, no van a leer todos los libros en la casa de campo: sería surrealista. Y ¡NO! el tiempo no se detiene, no hay viajes en el tiempo, no hay nada: es el mundo mágico aburrido que todos conocemos y amamos jejeje

En segundo lugar, agradezco mucho los reviews. A los que tienen firma, les agradezco personalmente por PM; a los demás, les agradezco y responderé sus dudas por acá. Espero que no les moleste, ¡y sino háganse una cuenta! No cuesta nada y pueden enterarse fácilmente cuando actualice jejeje

Bueno, ahora sí...

DISCLAIMER: HP es de JR y la Warner


Capítulo 5. El guardián de las llaves

—Muy bien—dijo Arthur, recibiendo el libro de Ron—, creo que podemos leer uno o dos capítulos más antes de cenar. ¿Qué les parece?—preguntó en general.

Se oyeron murmullos de asentimiento, y entonces Arthur abrió el libro y comenzó a leer.

—El capítulo se llama: El guardián de las llaves

Todos se sonrieron entre sí recordando al guardián de las llaves de Hogwarts, Hagrid, y algunos lo hicieron maliciosamente: esto será bueno, los Dursley se lo venían buscando…

BUM. Llamaron otra vez. Dudley se despertó bruscamente.

¿Dónde está el cañón? —preguntó estúpidamente.

¿Cuándo fue que no hizo algo estúpidamente?, pensó Ginny mordazmente, quien no perdonaba fácilmente a Dudley.

Se oyó un crujido detrás de ellos y tío Vernon apareció en la habitación. Llevaba un rifle en las manos: ya sabían lo que contenía el paquete alargado que había llevado.

Las sospechas de Hermione se confirmaron; abrió mucho los ojos horrorizada.

—¡Pero hay niños ahí! ¡Es muy peligroso!

Todos la miraron alarmados, menos Harry quien tuvo que explicar.

—No pasó nada, estuvimos bien—aclaró—. Un rifle es un arma muy peligrosa, es como una vara de metal más grande que puede matar o lastimar gravemente.

Y ahora todos abrieron los ojos, horrorizados como Hermione.

—¿Es como un revlover?—preguntó Arthur, curioso pese a todo.

—Revólver—corrigió Harry—. Es más pequeño que el rifle… pero sí, esa es la idea.

Todos asintieron, algunos aún confundidos, pero todos murmurando o mascullando palabras poco amistosas contra Tío Vernon.

¿Quién está ahí? —gritó—. ¡Le advierto... estoy armado!

Hubo una pausa. Luego...

¡UN GOLPE VIOLENTO!

La puerta fue empujada con tal fuerza que se salió de los goznes y, con un golpe sordo, cayó al suelo.

Un hombre gigantesco apareció en el umbral. Su rostro estaba prácticamente oculto por una larga maraña de pelo y una barba desaliñada, pero podían verse sus ojos, que brillaban como escarabajos negros bajo aquella pelambrera.

Nuevamente todos sonrieron pese a lo que habían escuchado recién. Era difícil no sonreír cuando Hagrid entraba en escena.

El gigante se abrió paso doblando la cabeza, que rozaba el techo. Se agachó, cogió la puerta y, sin esfuerzo, la volvió a poner en su lugar. El ruido de la tormenta se apagó un poco. Se volvió para mirarlos.

Podríamos preparar té. No ha sido un viaje fácil...

Todos se rieron por el comentario. Déjaselo a Hagrid derribar una puerta, volver a ponerla en su lugar y actuar como si todo fuese normal.

Se desparramó en el sofá donde Dudley estaba petrificado de miedo.

Levántate, bola de grasa —dijo el desconocido.

Dudley se escapó de allí y corrió a esconderse junto a su madre, que estaba agazapada detrás de tío Vernon.

Algunos no pudieron evitar soltar una risa maliciosa ante la imagen.

¡Ah! ¡Aquí está Harry! —dijo el gigante.

Harry levantó la vista ante el rostro feroz y peludo, y vio que los ojos negros le sonreían.

—Tus descripciones son geniales, Harry—comentó Ron divertido.

—Si—replicó George con una risa—, y espera a que llegue la tuya.

Ron lo fulminó con la mirada mientras algunos se reían.

La última vez que te vi eras sólo una criatura —dijo el gigante—. Te pareces mucho a tu padre, pero tienes los ojos de tu madre.

Tío Vernon dejó escapar un curioso sonido.

¡Le exijo que se vaya enseguida, señor! —dijo—. ¡Esto es allanamiento de morada!

—¿Y a quién le importa?—replicó Neville. Luna asintió, de acuerdo con lo que dijo su amigo.

Bah, cierra la boca, Dursley, grandísimo majadero —dijo el gigante. Se estiró, arrebató el rifle a tío Vernon, lo retorció como si fuera de goma y lo arrojó a un rincón de la habitación.

Todos festejaron y rieron por lo que había hecho Hagrid. Ahora sí Harry ya estaba a salvo.

Tío Vernon hizo otro ruido extraño, como si hubieran aplastado a un ratón.

De todos modos, Harry —dijo el gigante, dando la espalda a los Dursley—, te deseo un muy feliz cumpleaños. Tengo algo aquí. Tal vez lo he aplastado un poco, pero tiene buen sabor.

Del bolsillo interior de su abrigo negro sacó una caja algo aplastada. Harry la abrió con dedos temblorosos. En el interior había un gran pastel de chocolate pegajoso, con «Feliz Cumpleaños, Harry» escrito en verde.

—No quiero sonar grosero—dijo Ron, y Hermione lo miró sorprendida (¿Ron no queriendo sonar grosero?)—, pero sabiendo como cocina Hagrid…

—Si, te entiendo—atajó Harry—, pero esa vez estuvo muy bueno. Parece que se esmeró porque se trató de mí. Es un gran amigo—concluyó sonriendo, al igual que todos en la sala.

Harry miró al gigante. Iba a darle las gracias, pero las palabras se perdieron en su garganta y, en lugar de eso, dijo:

¿Quién es usted?

—Esos modales, Harry—negó con la cabeza Hermione, divertida pese a todo.

Harry hizo un puchero falso, también divertido.

El gigante rió entre dientes.

Es cierto, no me he presentado. Rubeus Hagrid, Guardián de las Llaves y Terrenos de Hogwarts.

Extendió una mano gigantesca y sacudió todo el brazo de Harry.

—Suele pasar—dijo Charlie sonriendo, quien pese a sus musculosos brazos siempre recibía un sacudón por parte de su amigo.

¿Qué tal ese té, entonces?—dijo, frotándose las manos—. Pero no diría que no si tienen algo más fuerte.

Sus ojos se clavaron en el hogar apagado, con las bolsas de patatas fritas arrugadas, y dejó escapar una risa despectiva. Se inclinó ante la chimenea. Los demás no podían ver qué estaba haciendo, pero cuando un momento después se dio la vuelta, había un fuego encendido, que inundó de luz toda la húmeda cabaña. Harry sintió que el calor lo cubría como si estuviera metido en un baño caliente.

—¿Hizo magia?—preguntó Molly con el ceño fruncido—. Creí que lo tenía prohibido por entonces…

—Consiguió un permiso de Dumbledore—fue toda la respuesta de Harry.

El gigante volvió a sentarse en el sofá, que se hundió bajo su peso, y comenzó a sacar toda clase de cosas de los bolsillos de su abrigo: una cazuela de cobre, un paquete de salchichas, un atizador, una tetera, varias tazas agrietadas y una botella de un líquido color ámbar, de la que tomó un trago antes de empezar a preparar el té.

Molly resopló algo enojada. ¡Bebiendo cuando hay chicos allí en la cabaña!

Muy pronto, la cabaña estaba llena del aroma de las salchichas calientes. Nadie dijo una palabra mientras el gigante trabajaba, pero cuando sacó las primeras seis salchichas jugosas y calientes, Dudley comenzó a impacientarse. Tío Vernon dijo en tono cortante:

No toques nada que él te dé, Dudley.

El gigante lanzó una risa sombría.

Ese gordo pastel que es su hijo no necesita engordar más, Dursley, no se preocupe.

Nuevamente todos se rieron.

—¡Hagrid es genial!—exclamó George muy contento, y Angelina asintió sonriendo.

Le sirvió las salchichas a Harry, el cual estaba tan hambriento que pensó que nunca había probado algo tan maravilloso, pero todavía no podía quitarle los ojos de encima al gigante. Por último, como nadie parecía dispuesto a explicar nada, dijo:

Lo siento, pero todavía sigo sin saber quién es usted.

El gigante tomó un sorbo de té y se secó la boca con el dorso de la mano.

Llámame Hagrid —contesto—. Todos lo hacen. Y como te dije, soy el guardián de las llaves de Hogwarts. Ya lo sabrás todo sobre Hogwarts, por supuesto.

Pues... yo no... —dijo Harry.

—Apuesto a que Hagrid no estará contento.

—Nadie es tan tonto como para aceptar esa apuesta, George—contestó Charlie.

Hagrid parecía impresionado.

Lo lamento—dijo rápidamente Harry.

¿Lo lamento?—preguntó Hagrid, volviéndose a mirar a los Dursley, que retrocedieron hasta quedar ocultos por las sombras—. ¡Ellos son los que tienen que disculparse!

—¡Ja! ¿Qué les dije?

—Nadie lo negó, George—volvió a contestar Charlie.

Sabía que no estabas recibiendo las cartas, pero nunca pensé que no supieras nada de Hogwarts. ¿Nunca te preguntaste dónde lo habían aprendido todo tus padres?

¿El qué?—preguntó Harry

¿EL QUÉ?—bramó Hagrid—. ¡Espera un segundo!

Se puso de pie de un salto. En su furia parecía llenar toda la habitación. Los Dursley estaban agazapados contra la pared.

—Ahh, la venganza es dulce—dijo Ginny frotándose las manos—. Esperaba esto con ansias.

Harry no pudo evitar sonreír también. Hay que admitir que fue divertido y que los Dursley se lo venían buscando.

¿Me van a decir —rugió a los Dursley— que este muchacho, ¡este muchacho!, no sabe nada... sobre NADA?

Harry pensó que aquello iba demasiado lejos. Después de todo, había ido al colegio y sus notas no eran tan malas.

—¡Hey!—protestó Harry, cuando varios se rieron de él—. ¡Tenía 10 años!

—Once.

—Como sea, Ginny. ¡Era un niño!

Yo sé algunas cosas —dijo—. Puedo hacer cuentas y todo eso.

Pero Hagrid simplemente agito la mano.

Me refiero a nuestro mundo Tu mundo. Mi mundo. El mundo de tus padres.

¿Qué mundo?

Hagrid lo miró como si fuera a estallar.

¡DURSLEY! —bramó.

Tío Vernon, que estaba muy pálido, susurró algo que sonaba como mimblewimble. Hagrid, enfurecido, contempló a Harry.

Pero tú tienes que saber algo sobre tu madre y tu padre —dijo—. Quiero decir, ellos son famosos. Tú eres famoso.

¿Cómo? ¿Mi madre y mi padre... eran famosos? ¿En serio?

—¡Guau!—dijo Neville con el ceño fruncido—. Acabas de escuchar que tus padres y tú son famosos pero aun así preguntas por tus padres…—y entonces pareció darse cuenta de lo que dijo—. Ah, sí. Te entiendo perfectamente—dijo Neville con los hombros caídos.

Luna se apresuró a rodearlo con el brazo. Nadie dijo nada; Fleur y Molly sollozaban en silencio y Harry volvió a sentir que quizás era peor tener padres que no pueden reconocerte, que no tenerlos en lo absoluto.

Luego de consolar a Molly, Arthur se apresuró a retomar la lectura para sacarlos a todos de la tristeza.

No sabías... no sabías... —Hagrid se pasó los dedos por el pelo, clavándole una mirada de asombro—. ¿De verdad no sabes lo que ellos eran? —dijo por último.

De pronto, tío Vernon recuperó la voz

¡Deténgase! —ordenó—. ¡Deténgase ahora mismo, señor! ¡Le prohíbo que le diga nada al muchacho!

—Está colmando mi paciencia—musitó Percy masajeándose las sienes.

Un hombre más valiente que Vernon Dursley se habría acobardado ante la mirada furiosa que le dirigió Hagrid. Cuando éste habló, temblaba de rabia.

¿No se lo ha dicho? ¿No le ha hablado sobre el contenido de la carta que Dumbledore le dejó? ¡Yo estaba allí! ¡Vi que Dumbledore la dejaba, Dursley! ¿Y se la ha ocultado durante todos estos años?

¿Qué es lo que me han ocultado? —dijo Harry en tono anhelante.

¡DETÉNGASE! ¡SE LO PROHÍBO! —rugió tío Vernon aterrado.

Tía Petunia dejó escapar un gemido de horror.

Voy a romperles la cabeza —dijo Hagrid—. Harry debes saber que eres un mago.

Hubo unos segundos de silencio, y entonces todos comenzaron a festejar.

—¡Sí! ¡Al fin!—rugió Charlie.

Arthur los dejó reír por unos segundos mientras descansaba la voz. Todos necesitaban un momento de distensión: los últimos capítulos habían sido bastante estresantes, cambiando de las risas a las broncas en muy poco tiempo. Éste, por suerte, era bastante distendido.

Se produjo un silencio en la cabaña. Sólo podía oírse el mar y el silbido del viento.

¿Que soy qué? —dijo Harry con voz entrecortada.

Todos se volvieron a reír.

—Interesante reacción—comentó Luna.

—¿Cuál fue la tuya, Hermione?—preguntó Ron interesado.

—McGonagall misma me lo dijo—comentó Hermione sonriendo—. Mi reacción fue quedarme con la boca abierta y contestar "Está chiflada"— y todos volvieron a reírse.

—Y entonces—siguió Hermione—hizo lo de convertir la mesa en un cerdo, y comprendí que tenía razón.

—Sí—comentó Harry—, a partir de que uno se da cuenta, todas las cosas que te pasaron de chico comienzan a cobrar sentido—. Hermione asintió.

Un mago —respondió Hagrid, sentándose otra vez en el sofá, que crujió y se hundió—. Y muy bueno, debo añadir, en cuanto te hayas entrenado un poco.

Percy se desconectó un poco de la lectura y volvió a pensar sobre lo que Harry podría ser de no ser por el daño que habían causado los Dursley. Quizás aún no era demasiado tarde para Harry el poder superar ese problema de confianza que le hacía bloquearse en algunos momentos. Mientras más tiempo pase sin los Dursley, mejor era para Harry y más fácil sería para él superar el pasado…

Con unos padres como los tuyos ¿qué otra cosa podías ser? Y creo que ya es hora de que leas la carta.

Harry extendió la mano para coger, finalmente, el sobre amarillento, dirigido, con tinta verde esmeralda al «Señor H. Potter, El Suelo de la Cabaña en la Roca, El Mar». Sacó la carta y leyó:

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA

Director: Albus Dumbledore

(Orden de Merlín, Primera Clase,

Gran Hechicero, Jefe de Magos,

Jefe Supremo, Confederación

Internacional de Magos).

Querido señor Potter:

Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios.

Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.

Muy cordialmente, Minerva McGonagall

Directora adjunta

Las preguntas estallaban en la cabeza de Harry como fuegos artificiales, y no sabía cuál era la primera. Después de unos minutos, tartamudeó:

¿Qué quiere decir eso de que esperan mi lechuza?

Harry volvió a protestar cuando varios se rieron de él otra vez.

—Sí, sí, ya sabemos—lo atajó Ron entre risas—, tenías diez años.

—Once.

—Como sea.

Gorgonas galopantes, ahora me acuerdo —dijo Hagrid, golpeándose la frente con tanta fuerza como para derribar un caballo. De otro bolsillo sacó una lechuza (una lechuza de verdad, viva y con las plumas algo erizadas), una gran pluma y un rollo de pergamino. Con la lengua entre los dientes, escribió una nota que Harry pudo leer al revés.

Querido señor Dumbledore:

Entregué a Harry su carta. Lo llevo mañana a comprar sus cosas.

El tiempo es horrible. Espero que usted esté bien.

Hagrid

Hagrid enrolló la nota y se la dio a la lechuza, que la cogió con el pico. Después fue hasta la puerta y lanzó a la lechuza en la tormenta. Entonces volvió y se sentó, como si aquello fuera tan normal como hablar por teléfono.

—Supongo que para los muggles así debe ser—comentó Arthur sonriendo, quien siempre quedaba fascinado cuando se mencionaba un poco sobre el estilo de vida muggle.

—Es fascinante verse a uno desde otro punto de vista—comentó Luna con naturalidad—y darse cuenta de las cosas que uno hace y que parecen absolutamente normales para uno pero que no lo son para los demás.

—Es vegdad—respondió Fleur asintiendo—. Cuando vine a Inglategga a vivig, hubo muchas costumbges que me pageciegon muy extgañas, y muchos encontgagon extgañas las mías—concluyó abriendo los brazos.

Nadie dijo nada, mientras sopesaban lo que habían dicho ambas chicas. Sin duda, tenían mucha razón.

Harry se dio cuenta de que tenía la boca abierta y la cerró rápidamente.

¿Por dónde iba? —dijo Hagrid. Pero en aquel momento tío Vernon, todavía con el rostro color ceniza, pero muy enfadado, se acercó a la chimenea.

Él no irá —dijo.

Ginny rió despectivamente.

—Me gustaría verlo intentarlo.

Hagrid gruñó.

Me gustaría ver a un gran muggle como usted deteniéndolo a él —dijo.

Ginny parpadeó y todos la miraron sonriendo.

—Oh, déjà-vu—dijo Fleur, y todos se rieron.

¿Un qué? —preguntó interesado Harry

Un muggle —respondió Hagrid—. Es como llamamos a la gente «no-mágica» como ellos. Y tuviste la mala suerte de crecer en una familia de los más grandes muggles que haya visto.

Cuando lo adoptamos, juramos que íbamos a detener toda esa porquería —dijo tío Vernon—. ¡Juramos que la íbamos a sacar de él! ¡Un mago, ni más ni menos!

Todos se miraron alarmados.

—¿"Sacar de él"?—repitió Molly visiblemente asqueada—. ¡¿A qué se refiere exactamente?! ¡Eso puede ser muy peligroso!

—¡No hay forma de "sacar" la magia de uno!—replicó Bill a punto de estallar—. Puede dejar un daño irreversible en el niño. ¡Recuerden a la hermana del profesor Dumbledore!

—Ariana, sí—dijo Neville frunciendo el entrecejo; él además de conocer la historia sabía qué podía pasar cuando se intentaba forzar a una persona por mucho tiempo a hacer o decir algo imposible. Sus padres eran la prueba viviente.

Harry no dijo nada; sabía que tenía que calmar a todos antes de que terminen por estallar.

—Escuchen—dijo, y todos hicieron un silencio tenso—, realmente no fue tan malo. O sea—aclaró cuando varios hicieron gestos de escepticismo—, sí lo fue, pero nunca hicieron nada más que encerrarme en la alacena y negarme algunos gustos.

—¿Y cómo llamas a que te hagan cocinar y dejar que tu primo te pegue?—preguntó Ginny con los ojos entrecerrados.

—Bueno—respondió incómodo—, eso también pero…

—¿Y qué me dices sobre las veces que tu tío te empujó o te zamarreó?—interrumpió Ron irritado.

—Si… está bien—concedió Harry, quien comenzaba a fastidiarse—, es verdad pero…

—¿Y qué me dices de…?

—¡ESCÚCHENME!

—¡No, Harry, escúchate tú!—imploró Hermione, con los ojos húmedos—. Estás defendiéndolos y no se lo merecen. ¡Todo lo que han hecho contigo es abuso infantil! Y no me mires así, Harry, ya se lo que estás pensando, "que podía haber sido peor, que al menos te aceptaron en su casa". No importa que no hicieran nada de eso: te obligaron a hacer todas las tareas de la casa, te negaron todos los gustos, te maltrataron psicológicamente, dejaron que tu primo te pegara y se aprovechara de ti, ¡y hasta te negaron tu propia identidad, Harry! Tal vez tú ya lo hayas superado, ¡pero eso no quiere decir que esté bien!

—¡Piénsalo, Harry!—suplicó Ginny también al borde de las lágrimas—. Teddy es tu ahijado, y si estuviera totalmente a tu cuidado, ¿le harías algo así?

Harry estaba anonadado; nunca lo había pensado de esa manera.

—Por supuesto que no.

—Entonces, Harry—sentenció Luna muy lejos de su habitual semblante soñador—, no pienses por un segundo que no fue horrible todo lo que te han hecho los Dursley. Por más que te hayas acostumbrado, eso sólo prueba el daño que han hecho.

Harry no dijo nada, desarmado; se sentía vulnerable. Pero, al ver a su alrededor todas las miradas, no de lástima ni de compasión, sino de empatía y de amor, no le importó sentirse así.

—Gracias—alcanzó a musitar, temeroso de que su voz lo traicionara. Ginny lo rodeó con un brazo y se acurrucó a su lado. Todos entendieron y le dieron su espacio, mientras Arthur retomaba la lectura con la voz ronca.

¿Vosotros lo sabíais?—preguntó Harry—. ¿Vosotros sabíais que yo era... un mago?

¡Saber!—chilló de pronto tía Petunia—. ¡Saber! ¡Por supuesto que lo sabíamos! ¿Cómo no ibas a serlo, siendo lo que era mi condenada hermana? Oh, ella recibió una carta como ésta de ese... ese colegio, y desapareció, y volvía a casa para las vacaciones con los bolsillos llenos de ranas, y convertía las tazas de té en ratas.

—Apuesto a que Petunia se llevó una linda sorpresa cuando intentó tomar su té y su taza comenzó a chillar—comentó George, intentando romper con el ambiente tenso.

Funcionó en parte; hubo pocas risas pero el resto hizo gestos de repulsión o compusieron media sonrisa. Misión cumplida.

Yo era la única que la veía tal como era: ¡una monstruosidad! Pero para mi madre y mi padre, oh no, para ellos era «Lily hizo esto» y «Lily hizo esto otro». ¡Estaban orgullosos de tener una bruja en la familia!

—Como debe ser—le susurró Ron a Hermione, quien le sonrió radiante.

Se detuvo para respirar profundamente y luego continuó. Parecía que hacía años que deseaba decir todo aquello.

Seguramente, pensó Molly irritada.

Luego conoció a ese Potter en el colegio y se fueron y se casaron y te tuvieron a ti, y por supuesto que yo sabía que ibas a ser igual, igual de raro, un... un anormal. ¡Y luego, como si no fuera poco, hubo esa explosión y nosotros tuvimos que quedarnos contigo!

—¡No puedo cgeeglo!—exclamó Fleur indignada más allá de lo posible—. ¡¿Así fue como te entegaste de lo de tus padges?!

Harry sólo se limitó a desviar la mirada, pero fue toda la respuesta que necesitaba Fleur antes de echarse a llorar nuevamente, y no sólo ella: Hermione había escondido la cara entre los brazos de Ron pero por la forma en que temblaba, Harry supuso que ella también había sucumbido a las lágrimas; Molly tenía trazos de humedad bajo los ojos; Ginny por su parte no lloraba pero tenía una expresión miserable en su rostro y apretaba fuerte la mano de Harry. Hasta Arthur encontró difícil continuar la lectura.

Harry se había puesto muy pálido. Tan pronto como recuperó la voz, preguntó:

¿Explosión? ¡Me dijisteis que habían muerto en un accidente de coche!

¿ACCIDENTE DE COCHE?—rugió Hagrid dando un salto, tan enfadado que los Dursley volvieron al rincón—. ¿Cómo iban a poder morir Lily y James Potter en un accidente de coche? ¡Eso es un ultraje! ¡Un escándalo! ¡Que Harry Potter no conozca su propia historia, cuando cada chico de nuestro mundo conoce su nombre!

—Ahora entiendo bien lo que me dijiste en el tren la primera vez, Harry—dijo Ron enojado consigo mismo. Y yo que pensé que me lo estaba diciendo para consolarme…

Pero ¿por qué? ¿Qué sucedió? —preguntó Harry con tono de apremio.

La furia se desvaneció del rostro de Hagrid. De pronto parecía nervioso.

Nunca habría esperado algo así —dijo en voz baja y con aire preocupado—. No tenía ni idea. Cuando Dumbledore me dijo que podía tener problemas para llegar a ti, no sabía que sería hasta este punto. Ah, Harry, no sé si soy la persona apropiada para decírtelo, pero alguien debe hacerlo. No puedes ir a Hogwarts sin saberlo.

Lanzó una mirada despectiva a los Dursley.

—Yo hubiera hecho algo mucho peor que eso—masculló Bill. Charlie y Fleur asintieron fervientemente.

Bueno, es mejor que sepas todo lo que yo puedo decirte... porque no puedo decírtelo todo. Es un gran misterio, al menos una parte...

Se sentó, miró fijamente al fuego durante unos instantes, y luego continuó.

Comienza, supongo, con... con una persona llamada... pero es increíble que no sepas su nombre, todos en nuestro mundo lo saben...

¿Quién?

Bueno... no me gusta decir el nombre si puedo evitarlo. Nadie lo dice.

¿Por qué no?

Gárgolas galopantes, Harry, la gente todavía tiene miedo. Vaya, esto es difícil. Mira, estaba ese mago que se volvió... malo.

—Es un eufemismo eso—dijo Neville con el ceño fruncido.

—Espera, Neville—dijo Arthur y agregó: —Tan malo como te puedas imaginar. Peor. Peor que peor. Su nombre era...

Hagrid tragó, pero no le salía la voz.

¿Quiere escribirlo? —sugirió Harry.

No... no sé cómo se escribe. Está bien... Voldemort. —Hagrid se estremeció—.

—¡Guau!—se sorprendió Charlie—. Nunca lo oí decirlo antes—. Lo cierto es que aún hay muy pocos capaz de decir el nombre, pensó luego, y un gran número de ellos están sentados en esta sala.

No me lo hagas repetir. De todos modos, este... este mago, hace unos veinte años, comenzó a buscar seguidores. Y los consiguió. Algunos porque le tenían miedo, otros sólo querían un poco de su poder, porque él iba consiguiendo poder.

—¡Eso sí que no voy a poder entenderlo nunca!—exclamó Hermione con los brazos cruzados—. ¡Que una persona sea capaz de unirse a él por un poco de su poder, y que para hacerlo tenga que cometer tantas atrocidades!

—Es lo peor de la naturaleza humana—dijo Arthur, pensando en Lucius Malfoy.

Eran días negros, Harry. No se sabía en quién confiar, uno no se animaba a hacerse amigo de magos o brujas desconocidos... Sucedían cosas terribles. Él se estaba apoderando de todo. Por supuesto, algunos se le opusieron y él los mató. Horrible. Uno de los pocos lugares seguros era Hogwarts. Hay que considerar que Dumbledore era el único al que Quien-tú-sabes temía. No se atrevía a apoderarse del colegio, no entonces, al menos.

Todos reprimieron un escalofrío pensando en lo que en efecto sucedió cuando Dumbledore no estuvo más para proteger Hogwarts: la escuela no duró ni una estación sin el director, lo que derivó en un año de terror para todos.

»Ahora bien, tu madre y tú padre eran la mejor bruja y el mejor mago que yo he conocido nunca. ¡En su época de Hogwarts eran los primeros! Supongo que el misterio es por qué Quien-tú-sabes nunca había tratado de ponerlos de su parte... Probablemente sabía que estaban demasiado cerca de Dumbledore para querer tener algo que ver con el Lado Oscuro.

—No los traté mucho, pero los Lily y James que conocí nunca se hubiesen pasado al Lado Oscuro—afirmó Molly vehemente y todos asintieron firmemente.

Harry entonces tuvo una de esas punzadas de envidia que sentía cuando la gente hablaba maravillas de sus padres, afirmando que aún sin conocerlos mucho eran de los mejores hechiceros y personas que han existido; siempre que pasaba deseaba ardorosamente tener la oportunidad de estar con ellos aunque sea sólo una hora… y entonces rememoraba su corta pero dolorosa experiencia con el Espejo de Oesed y recordaba que él ya tenía una familia maravillosa.

Echó un vistazo a su alrededor, a aquellos que lo acompañaron estos últimos ocho años. Sonrió ampliamente. Sí, una familia maravillosa.

»Tal vez pensó que podía persuadirlos... O quizá simplemente quería quitarlos de en medio. Lo que todos saben es que él apareció en el pueblo donde vosotros vivíais, el día de Halloween, hace diez años. Tú tenías un año. Él fue a vuestra casa y... y...

Molly y Fleur ahogaron un sollozo.

De pronto, Hagrid sacó un pañuelo muy sucio y se sonó la nariz con un sonido como el de una corneta.

Lo siento —dijo—. Pero es tan triste... pensar que tu madre y tu padre, la mejor gente del mundo que podrías encontrar...

—¡Tal cual!—volvió a afirmar Molly con vehemencia.

»Quien-tú-sabes los mató. Y entonces... y ése es el verdadero misterio del asunto... también trató de matarte a ti. Supongo que quería hacer un trabajo limpio, o tal vez, para entonces, disfrutaba matando.

Un poco de ambas pero ni cerca de la realidad, pensó Harry amargamente.

Pero no pudo hacerlo. ¿Nunca te preguntaste cómo te hiciste esa marca en la frente? No es un corte común. Sucedió cuando una poderosa maldición diabólica te tocó. Fue la que terminó con tu madre, tu padre y la casa, pero no funcionó contigo, y por eso eres famoso, Harry.

—Y aun así la gente piensa que me gusta ser famoso por eso—refunfuñó Harry, aún irritado por la mentira que instaló Rita Skeeter en la mente de todos los lectores de El Profeta.

—Por suerte, nadie que valga la pena lo cree—sentenció Ginny fulminándolo con la mirada, como incitándolo a desmentirla, algo que Harry no estaba dispuesto a hacer y menos cuando Ginny lo miraba así… ¡Tranquilo!, se reprochó mentalmente, ¡no es el lugar ni el momento!

Nadie a quien él hubiera decidido matar sobrevivió, nadie excepto tú, y eso que acabó con algunas de las mejores brujas y de los mejores magos de la época (los McKinnons, los Bones, los Prewetts...) y tú eras muy pequeño. Pero sobreviviste.

Algo muy doloroso estaba sucediendo en la mente de Harry. Mientras Hagrid iba terminando la historia, vio otra vez la cegadora luz verde con más claridad de lo que la había recordado antes y, por primera vez en su vida, se acordó de algo más, de una risa cruel, aguda y fría.

Todos se quedaron pasmados.

—No puedo creer que recordaras eso—susurró Ginny horrorizada.

Harry internamente pensó que hoy en día sus recuerdos de esa noche eran muchísimo peores, pero no creyó conveniente que Ginny y el resto de mujeres de la sala necesitasen saber los detalles mas escalofriantes.

Hagrid lo miraba con tristeza.

Yo mismo te saqué de la casa en ruinas, por orden de Dumbledore. Y te llevé con esta gente...

Tonterías —dijo tío Vernon.

Harry dio un respingo. Casi había olvidado que los Dursley estaban allí.

Percy resopló.

—Es verdad; esos imbéciles siguen ahí.

Tío Vernon parecía haber recuperado su valor. Miraba con rabia a Hagrid y tenía los puños cerrados.

Ahora escucha esto, chico —gruñó—: acepto que haya algo extraño acerca de ti, probablemente nada que unos buenos golpes no curen.

Nuevamente todos empezaron a vociferar obscenidades en contra de los Dursley (¡sí, incluso Luna y Percy!) y Harry tuvo que calmarlos a todos antes de que pasara a mayores…

Arthur tuvo que cerrar los ojos y contar hasta diez, respirando profundamente, antes de poder continuar.

Y todo eso sobre tus padres... Bien, eran raros, no lo niego y, en mi opinión, el mundo está mejor sin ellos... Recibieron lo que buscaban, al mezclarse con esos brujos... Es lo que yo esperaba: siempre supe que iban a terminar mal...

Y una vez más, se oyeron gritos e insultos varios y Harry esta vez no pudo hacer nada para calmarlos, básicamente porque él mismo tenía muchos problemas para estar tranquilo. Es más, estaba a un mínimo de ir él personalmente a Privet Drive y meter a tío Vernon en la alacena a la fuerza; no importa que no entre a la primera, lograría que termine adentro por más doloroso que sea para la morsa…

La voz enronquecida de Arthur lo sacó de su violenta fantasía.

Pero en aquel momento Hagrid se levantó del sofá y sacó de su abrigo un paraguas rosado. Apuntando a tío Vernon, como con una espada, dijo:

Le prevengo, Dursley, le estoy avisando, una palabra más y...

Ante el peligro de ser alanceado por la punta de un paraguas empuñado por un gigante barbudo, el valor de tío Vernon desapareció otra vez.

George y Ron se rieron por la imagen mental.

Se aplastó contra la pared y permaneció en silencio.

Así está mejor —dijo Hagrid, respirando con dificultad y sentándose otra vez en el sofá, que aquella vez se aplastó hasta el suelo.

Harry, entre tanto, todavía tenía preguntas que hacer, cientos de ellas.

Pero ¿qué sucedió con Vol... perdón, quiero decir con Quién-usted-sabe?

—No duró mucho mas eso, ¿verdad, Harry?—preguntó Ron alzando una ceja, y Harry negó con la cabeza sonriendo.

Buena pregunta, Harry. Desapareció. Se desvaneció. La misma noche que trató de matarte. Eso te hizo aún más famoso. Ése es el mayor misterio, sabes... Se estaba volviendo más y más poderoso... ¿Por qué se fue?

»Algunos dicen que murió. No creo que le quede lo suficiente de humano para morir. Otros dicen que todavía está por ahí, esperando el momento, pero no lo creo. La gente que estaba de su lado volvió con nosotros. Algunos salieron como de un trance. No creen que pudieran volver a hacerlo si él regresara.

»La mayor parte de nosotros cree que todavía está en alguna parte, pero que perdió sus poderes. Que está demasiado débil para seguir adelante.

Arthur hizo un silencio repentino y levantó la vista para intercambiar miradas con el resto de la sala. Todos estaban pensando en lo que Hagrid había dicho, y no podían creer cuánta razón tenía el semigigante. Todo lo que había dicho se había cumplido al pie de la letra y Voldemort se había alzado nuevamente, más poderoso que nunca. Todas las pistas estaban ahí, visibles ante quien quisiera verlas, pero por supuesto la corrupción y la negligencia del Ministerio ayudaron a que eso ocurriera.

Harry, Ron y Hermione por su parte cruzaron una mirada y reprimieron un escalofrío pensando especialmente en una frase: No creo que le quede lo suficiente de humano para morir. Nunca antes recordaron haber escuchado palabras con tanto sentido, y que ellos supieran Hagrid nunca supo nada sobre los Horrocruxes de Voldemort.

Haciendo un esfuerzo, Arthur retomó la lectura.

Porque algo relacionado contigo, Harry, acabó con él. Algo sucedió aquella noche que él no contaba con que sucedería, no sé qué fue, nadie lo sabe... Pero algo relacionado contigo lo confundió.

Hagrid miró a Harry con afecto y respeto, pero Harry, en lugar de sentirse complacido y orgulloso, estaba casi seguro de que había una terrible equivocación. ¿Un mago? ¿Él? ¿Cómo era posible? Había estado toda la vida bajo los golpes de Dudley y el miedo que le inspiraban tía Petunia y tío Vernon. Si realmente era un mago, ¿por qué no los había convertido en sapos llenos de verrugas cada vez que lo encerraban en la alacena? Si alguna vez derrotó al más grande brujo del mundo, ¿cómo es que Dudley siempre podía pegarle patadas como si fuera una pelota?

—Si tan sólo funcionara así—suspiró Harry, sorprendido por su antigua inocencia.

Hagrid —dijo con calma—, creo que está equivocado. No creo que yo pueda ser un mago.

Para su sorpresa, Hagrid se rió entre dientes.

No eres un mago, ¿eh? ¿Nunca haces que sucedan cosas cuando estás asustado o enfadado?

Harry contempló el fuego. Si pensaba en ello... todas las cosas raras que habían hecho que sus tíos se enfadaran con él, habían sucedido cuando él, Harry, estaba molesto o enfadado:

—Es cierto—corroboró Hermione—, lo mismo me pasó a mí. Así me di cuenta que McGonagall me estaba diciendo la verdad.

perseguido por la banda de Dudley, de golpe se había encontrado fuera de su alcance; temeroso de ir al colegio con aquel ridículo corte de pelo, éste le había crecido de nuevo y, la última vez que Dudley le pegó, ¿no se vengó de él, aunque sin darse cuenta de que lo estaba haciendo? ¿No le había soltado encima la boa constrictor?

—Tampoco eso funciona así, colega—dijo Ron riendo.

Harry miró de nuevo a Hagrid, sonriendo, y vio que el gigante lo miraba radiante.

¿Te das cuenta? —dijo Hagrid—. Conque Harry Potter no es un mago... Ya verás, serás muy famoso en Hogwarts.

Pero tío Vernon no iba a rendirse sin luchar.

—Me imagino que no—dijo George masajeándose las sienes (últimamente muchos en la sala lo estaban haciendo, síntoma inequívoco de escuchar hablar tanto de los Dursley)

¿No le hemos dicho que no irá? —dijo con desagrado—. Irá a la escuela secundaria Stonewall y nos dará las gracias por ello. Ya he leído esas cartas y necesitará toda clase de porquerías: libros de hechizos, varitas y...

Si él quiere ir, un gran muggle como usted no lo detendrá —gruñó Hagrid—. ¡Detener al hijo de Lily y James Potter para que no vaya a Hogwarts! Está loco. Su nombre está apuntado casi desde que nació. Irá al mejor colegio de magia del mundo. Siete años allí y no se conocerá a sí mismo. Estará con jóvenes de su misma clase, lo que será un cambio. Y estará con el más grande director que Hogwarts haya tenido: Albus Dumbled...

¡NO VOY A PAGAR PARA QUE ALGÚN CHIFLADO VIEJO TONTO LE ENSEÑE TRUCOS DE MAGIA!—gritó tío Vernon.

Todos hicieron silencio, anonadados, hasta que se les empezó a formar una sonrisa enorme en el rostro. Oh, esto será fantástico…

Pero aquella vez había ido demasiado lejos. Hagrid empuñó su paraguas y lo agitó sobre su cabeza.

¡NUNCA...—bramó—INSULTE-A-ALBUS-DUMBLEDORE-EN-MI-PRESENCIA!

Agitó el paraguas en el aire para apuntar a Dudley. Se produjo un relámpago de luz violeta, un sonido como de un petardo, un agudo chillido y, al momento siguiente, Dudley saltaba, con las manos sobre su gordo trasero, mientras gemía de dolor. Cuando les dio la espalda, Harry vio una rizada cola de cerdo que salía a través de un agujero en los pantalones.

Nuevamente se hizo silencio en la sala…

Y entonces pareció que la casa entera explotaba. Todos, absolutamente todos, habían estallado en carcajadas, como una represa que termina por colapsar y liberar toda la furia del río: habían soportado mucha tensión a lo largo de la lectura (¡y eso que apenas estaban empezando!) y por fin pudieron liberarse riendo alto y tendido por varios minutos.

—¡BRILLANTE!—rugió Ron, rodando por el piso a las carcajadas.

—¡GENIAL!—vociferó George quien se contenía el estómago por reír tanto.

Harry no pudo evitarlo: también se rió con ganas, pese a que sabía que estaba mal y que Dudley no lo merecía tanto como su padre.

Nuevamente, la sala tardó unos minutos más en recobrar la calma, y aún así ninguno dejó de soltar alguna risita mientras intentaban tranquilizarse.

Tío Vernon rugió. Empujó a tía Petunia y a Dudley a la otra habitación, lanzó una última mirada aterrorizada a Hagrid y cerró con fuerza la puerta detrás de ellos.

Hagrid miró su paraguas y se tiró de la barba.

No debería enfadarme —dijo con pesar—, pero a lo mejor no ha funcionado. Quise convertirlo en un cerdo, pero supongo que ya se parece mucho a un cerdo y no había mucho por hacer.

Nuevamente se oyeron carcajadas.

—Sabias palabras, Hagrid—dijo George entre risas.

Miró de reojo a Harry, bajo sus cejas pobladas.

Te agradecería que no le mencionaras esto a nadie de Hogwarts —dijo—. Yo... bien, no me está permitido hacer magia, hablando estrictamente. Conseguí permiso para hacer un poquito, para que te llegaran las cartas y todo eso... Era una de las razones por las que quería este trabajo...

¿Por qué no le está permitido hacer magia? —preguntó Harry.

Bueno... yo fui también a Hogwarts y, si he de ser franco, me expulsaron. En el tercer año. Me rompieron la varita en dos. Pero Dumbledore dejó que me quedara como guardabosques. Es un gran hombre.

¿Por qué lo expulsaron?

Se está haciendo tarde y tenemos muchas cosas que hacer mañana —dijo Hagrid en voz alta—. Tenemos que ir a la ciudad y conseguirte los libros y todo lo demás.

—Totalmente discreto el cambio de tema, ¿eh?—dijo George asintiendo en tono de burla.

Se quitó su grueso abrigo negro y se lo entregó a Harry

Puedes taparte con esto —dijo—. No te preocupes si algo se agita. Creo que todavía tengo lirones en un bolsillo.

—Es el fin del capítulo—dijo Arthur con la voz ronca, antes de marcar la página y cerrar el libro. Estaba agotado y con la garganta reseca y dolorida, y no era el único: entre las risas, los cambios de humor y los arrebatos de emociones todos sin excepción se sentían como quienes acababan de correr grandes distancias sin descanso.

—Ya casi es hora de cenar—anunció Molly, mirando el reloj de pared—. Podríamos dejar la lectura aquí y seguir luego de comer—sugirió al grupo entero. Nadie estuvo en desacuerdo, necesitaban un momento de respiro y había mucho por asimilar.