Hola, sigo actualizando cada vez que puedo. Dentro de poco se vienen días largos y muy ocupados para mí, así que aprovecho para dejarles este break en la historia antes de no poder entrar otra vez por un tiempo.
A propósito, esta historia pretende seguir el canon al pie de la letra, así que las parejas están conformadas desde mucho antes que yo pensara en escribir el fic. No insistan con parejas que podrían ser pero que no son; a no ser que Rowling nunca haya especificado nada, las parejas que ella formó se quedan como están. Les informo esto antes que empiecen a llover peticiones raras jejeje... y soy capaz de imaginar algunas muuuy raras...
Por último, la historia acaba de llegar a las 1000 vistas! Gracias a todos! Sigan leyéndome!
Bueno, dejo de hablar...
DISCLAIMER: HP es de JR y la Warner.
Capítulo 6. Descanso y confesiones I
Molly estaba en la cocina preparando la cena para que puedan comer todos; por suerte, la cabaña estaba absolutamente preparada para albergar, al menos, veinte personas, así que a Molly le brillaron los ojos cuando vio por primera vez la cocina. Ni que decir que no pidió la ayuda de nadie y puso manos a la obra sacando ollas y sartenes y preparando en casi tiempo récord exquisitos platillos.
Así que, mientras tanto, el resto de la familia ayudaba en lo que hacía falta o aprovechaba para descansar. Uno de ellos era Harry, agotado por haber revivido mucho de la miserable infancia que había tenido con los Dursley.
—¿Cómo estás, Harry?—interrumpió sus pensamientos la voz de Ginny, que se había sentado junto a él.—¿Te sentís bien?
Harry la miró; hermosa como siempre, le sonreía sabiendo que no quería ni compasión ni lástima, sino la simple compañía de la persona con la que querés estar. Descubrió que estaban solos en la sala de estar, algo que lo hizo sentir un poco ansioso.
—Sí—respondió con sinceridad, intentando calmarse—, es sólo que es difícil ver como ustedes se toman todo esto peor que yo.
—¿Y cómo podríamos tomarlo si no es así, Harry?—le respondió Ginny con las cejas muy levantadas.
—No lo sé—respondió nuevamente lo más sinceramente posible—, es que es raro sentir que hay gente que se preocupa por mí más de lo que yo lo hago.
—Idiota—masculló Ginny golpeándolo levemente en el brazo. Harry la miró sorprendido, pero vio que ella no estaba enojada, sino que más bien sonreía.
—Debes dejar de preocuparte más por los demás que por vos mismo—le aconsejó, mirándolo fijamente, antes de tomarlo de los hombros—. Pero bueno… eres un noble idiota, y por eso te queremos tanto—y entonces lo besó, y mientras respondía el beso, Harry volvió a desear ardorosamente que estuvieran verdaderamente solos en la cabaña…
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Neville y Luna estaban intentando colocar un mantel algo corto en la enorme mesa del comedor.
—Debimos haberle preguntado las medidas de la mesa a Harry—dijo Luna soñadoramente, quien cuando estiró una punta del mantel para cubrir su lado de la mesa, del otro lado la punta quedaba descubierta.
La chica se rió y Neville resopló entre fastidiado y divertido por lo cómico de la situación.
—Tal vez sería mejor que… ¡ENGORGIO!—dijo el chico apuntando al mantel con la varita, logrando finalmente que el mismo se agrandara lo justo y necesario. Neville contempló asombrado su obra de arte, y luego su varita.
—Increíble—musitó.
—¿Qué cosa es increíble?—preguntó Luna.
—La facilidad con la que me salió el hechizo.
—Eres buen mago—comentó Luna seriamente.
—Pero nunca antes me había salido un hechizo tal cual lo deseé, y descubrí que este año mi magia es mucho más fuerte que antes—. Era verdad, después de todo no sólo había logrado Extraordinario en sus EXTASIS de Herbología, sino también en Defensa Contra las Artes Oscuras y en Encantamientos.
—Tal vez nunca te tuviste demasiada confianza como este último año. Tiene que ver lo que has demostrado durante el año anterior y todo lo que nos tocó vivir.
Neville se quedó pensando unos segundos; lo mismo le había dicho hacía unos meses cierta chica rubia con quien se estaba llevando muy bien, sobre todo a partir de los últimos dos años de Hogwarts.
Neville había comenzado a frecuentar la compañía de Hannah Abbott a partir de sexto. La conocía desde quinto año por las reuniones del Ejército de Dumbledore, aunque tan sólo le pareció una chica simpática y algo ansiosa, pero luego a partir de sexto año comenzó a notar otras cosas en ella y ambos comenzaron a acercarse más. Quizás tuvo que ver mucho el apoyo que Neville le prestó a Hannah luego de lo de su madre.
Sin embargo, definitivamente fue en el fatídico año en que Voldemort tomó el control del mundo mágico cuando Neville y Hannah se volvieron quizás algo más que amigos. Había momentos en que ambos se tomaban de la mano y compartían alguna risa nerviosa, y cuando Voldemort cayó derrotado, Hannah fue una de las primeras personas que Neville buscó desesperadamente para cerciorarse de que estuviera viva. Ambos habían vuelto el último año a Hogwarts y fue entonces en el transcurso de aquel año cuando comenzaron a salir.
—Tengo un secreto que contarte—dijo una voz soñadora.
Neville salió de sus recuerdos abruptamente y levantó la vista. Otra vez, Luna lo estaba mirando fijamente.
—¿De qué se trata, Luna?
—Este año me voy a Rumania a vivir por un año entero.
Neville tardó un tiempo en entender lo que dijo su amiga, más bien en asimilarlo, y entonces abrió los ojos como platos.
—¿En serio? ¡Qué bueno, Luna!—exclamó Neville.
—Es muy dulce de tu parte—respondió Luna sonriendo—. Un amigo de Durmstrang me ha invitado a ir con él. Iremos a ver…
—¿Un amigo de Durmstrang?—interrumpió Neville muy sorprendido.
—Bueno, no es exactamente mi amigo—contestó Luna con naturalidad—, diría que es más bien mi novio.
Neville se quedó aún más sorprendido de ser posible; no es que estuviera celoso de que Luna tenga novio ni mucho menos. Lo que sucedía es que de repente Luna venía y le decía eso con la mayor naturalidad del mundo y él no sabía cómo reaccionar.
—Pero… ¿quién es? No será… ¿Victor Krum?
—¿Quién? ¿El jugador de quidditch?—preguntó Luna abriendo aún más los ojos, antes de echarse a reír—. No, es Rolf Scamander, el nieto del magizoólogo. Creí que te había hablado de él, Neville —concluyó frunciendo el ceño.
Por supuesto que me había contado que se había vuelto amiga del tal Rolf Scamander, pensó Neville totalmente desconcertado. Pero nunca imaginé que llegarían a eso…
—Y… ¿desde cuándo son novios?—preguntó intentando aparentar naturalidad.
—Desde hace un año casi—respondió Luna con simpleza—, fue de mucho apoyo para mí durante los últimos años, sobre todo el verano después de la batalla—. Miró a su amigo con sus ojos muy abiertos—. Creí que era obvio para ti que Rolf y yo íbamos a ser novios. Al menos, lo fue para mí desde el principio.
Ese comentario dejó completamente desarmado a Neville, quien ya no pudo fingir más naturalidad.
—Lo siento, Luna—respondió Neville con franqueza, y sonriendo a modo de disculpa—, pero no lo fue para mí. Quizás es porque soy demasiado despistado—. A decir verdad, hay cosas que veía en Luna que le hacían darse cuenta que había alguien especial en su vida; no sabía decir qué exactamente, sólo se veía distinta: sus amigos le habían dicho lo mismo a él cuando supieron que estaba saliendo con Hannah.
Sin embargo, una vez que asimiló la respuesta, se dio cuenta de algo: Luna era una chica muy especial y merecía sin duda alguien que esté con ella y le dé todo lo que necesitaba. Por eso, Neville se dio cuenta también de que se sentía muy contento por su amiga. Sonriendo ampliamente esta vez le dijo con sinceridad: —Sin embargo, te felicito Luna, de todo corazón. Estoy muy contento por vos.
—Muchas gracias, Neville—le respondió Luna muy contenta ella también, y ambos continuaron con los preparativos para la cena—. Bueno, como te estaba diciendo, Rolf me invitó a Rumania. Queremos investigar la fauna del lugar, así que por lo que Charlie me estaba contando…
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Luego de la cena, todos estaban ya un tanto somnolientos, pero decidieron que un capítulo más les vendría bien. Después de todo, parecía que los Dursley ya no aparecerían tanto cómo antes, y Harry estaba seguro de que si el siguiente capítulo trataba de lo que él pensaba, todos iban a disfrutarlo. Así que nuevamente todos se colocaron en sus puestos anteriores en la sala, y Harry tomó el libro abriéndolo donde lo habían dejado.
—Bueno—dijo Harry, y todos hicieron silencio—, este capítulo les gustará. Se titula: El callejón Diagon
