Hola a todos! Bienvenidos otro domingo más! :D
Wow. Mil gracias a todos los que habéis dejado comentario esta semana! Habéis roto el récord de reviews por capítulo en todo lo que va de historia jajaja. Muchas, muchas gracias a todos vosotros, que sois: miriam 99, fan de tu fic, Guest, Fox McCloude, Zero, Guest, Naruhina09, Ali, Lupin, Draci, Kasi2112, carlos29, Klara Potter, Magra, Sjvm00, cla, CH-Hyacinth y Banry Darling. Respuestas a los reviews al final del cap :3
De verdad, no puedo expresar lo mucho que os agradezco vuestro apoyo. Muchas gracias!
Y ahora sí, a leer!
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Lívido de ira, Snape recorrió la página con los ojos, escaneando en busca de información sobre lo que había pasado después.
Dumbledore se puso en pie.
— Severus…
— Lee esto — replicó Snape, entregándole el libro a Dumbledore con un gesto tajante. Tenía los labios tan apretados que Harry pensó que debía dolerle.
El director leyó la parte que Snape le señalaba, mientras todos esperaban ver su reacción, expectantes. Sin embargo, unos segundos después Dumbledore suspiró.
Harry notaba como si tuviera una piedra en el estómago. Ron estaba blanco como el papel, mientras que Hermione parecía la borde de las lágrimas.
— Vamos a hacer un descanso — declaró Dumbledore finalmente. Se escucharon jadeos, pero nadie se atrevió a rechistar. — Señorita Granger, señor Potter, señor Weasley, acompáñenme.
Y, dicho eso, se encaminó hacia las puertas del comedor.
Sin atreverse a mirar a nadie, Harry y Ron se pusieron en pie y se unieron a la comitiva que seguía a Dumbledore, formada por Snape, Hermione y la profesora McGonagall. Los seis salieron e, inmediatamente, el zumbido que había ido creciendo en intensidad en los oídos de Harry explotó cuando decenas de estudiantes dejaron de murmurar y pudieron hablar libremente.
Sin embargo, a Harry no le dio tiempo a entender nada de lo que decían antes de que las puertas del comedor se cerraran a sus espaldas.
En silencio, subieron hasta la planta donde se encontraba el despacho del director. Harry no se atrevía a mirar a la cara a sus amigos, y ellos tampoco parecían inclinados a hacerlo. Ron tenía la vista puesta en sus pies mientras andaba y, cada pocos segundos, un sollozo de Hermione rompía el silencio.
A Harry le habría gustado consolarla, pero no sabía cómo. Tampoco se sentía capaz de averiguarlo.
Llegaron hasta la gárgola que protegía la entrada del despacho del director. Por primera vez en mucho tiempo, Harry notó lo fea que era. Subieron sin que Harry supiera cuál era la contraseña, porque su cerebro estaba ocupado pensando otras cosas.
Había tenido sus dudas, pero, a fin de cuentas, no había creído que fueran a expulsarlos. Ahora, con Snape completamente furioso, Dumbledore sosteniendo el libro y McGonagall con los labios más apretados que nunca, pensó que quizá había subestimado la situación.
— Tomad asiento — indicó el director. El trío obedeció sin rechistar.
Hubo una pausa en la que Dumbledore se llevó sus dedos largos y arrugados a los ojos y apretó, como intentando aliviar un dolor de cabeza.
— Por favor — dijo finamente. Parecía tan cansado que Harry no pudo evitar sentir cierta lástima por él. — Justificad vuestras acciones.
Hermione abrió la boca para decir algo, pero de ella solo salió un sollozo. Incapaz de articular palabra, la chica se deshizo en lágrimas mientras Ron la miraba de reojo, impotente. Sintiendo que debía tomar las riendas, Harry habló el primero:
— Los nacidos de muggles estaban en peligro — empezó. Tragó saliva al notar la mirada ardiente de Snape. Decidió mirar fijamente un punto en el escritorio de Dumbledore, evitando cruzar miradas con nadie. — Malfoy había hecho ese comentario sobre que los siguientes serían…
— Todos lo hemos oído — le espetó Snape. — Sigue sin ser motivo suficiente para drogar a un par de alumnos, desnudarlos en un armario, suplantar sus identidades y entrar en la sala común de otra casa sin permiso.
— No los desnudamos — dijo Ron con una mueca. — Solo les quitamos los zapatos. El uniforme lo llevábamos ya puesto.
— Les robasteis los zapatos, querrás decir — replicó Snape. — Al igual que las túnicas de Slytherin, que fueron robadas de la lavandería.
— Fue por una buena causa — intervino Harry. Empezaba a enfadarse.
Snape lo miró con una ceja arqueada.
— ¿El comentario inadecuado de un niño de segundo es motivo suficiente para elaborar una poción prohibida? ¿Es motivo suficiente para drogar a dos alumnos y encerrarlos en un armario?
Dicho de ese modo, Harry no tenía ni idea de cómo responder.
— Lo que hicisteis no tiene justificación — continuó Snape. — Y lo peor es que ni siquiera os arrepentís. Vuestra arrogancia…
— Severus — interrumpió la profesora McGonagall. — Deja que hablen ellos.
Snape puso mala cara. Sin embargo, antes de que pudiera replicar, Hermione se adelantó:
— No me arrepiento — confesó, con voz temblorosa.
A su lado, Ron jadeó. Snape, furioso, miró a McGonagall como queriendo decir "¿Ve? Yo tengo razón".
— Gracias a lo que hicimos, descubrimos información que nos ayudó a atrapar al verdadero heredero de Slytherin — continuó Hermione. Su voz sonaba más firme, aunque sus ojos seguían anegados en lágrimas. — Si no lo hubiéramos hecho, quien sabe lo que podría haber pasado.
— ¿Estás diciendo —replicó Snape — que la seguridad de cientos de alumnos recayó en los hombros de tres niños de segundo? ¿Estás diciendo que, sin vuestra invaluable ayuda, alguien habría muerto?
Hermione levantó la mirada, llena de lágrimas, y fijó su vista directamente en Snape.
— Sí — afirmó.
— Explícate — pidió McGonagall. — Todos los presentes recordamos lo que sucedió ese año. Sabemos que Potter y Weasley bajaron a la cámara a rescatar a Ginny Weasley. ¿Qué relación tiene eso con el uso indebido de la poción multijugos?
— Ninguna — gruñó Snape. — Es imposible que un alumno de segundo pudiera darle a Potter y compañía información relevante para llegar a la cámara. Es absurdo.
— No es absurdo — replicó Ron. — Gracias a haber hecho la poción, descubrimos que la cámara se había abierto hacía cincuenta años, cuando el padre de Malfoy estudiaba aquí.
— Y Malfoy también nos dijo que alguien murió aquella vez — añadió Harry. Estaba tan nervioso que sentía como si tuviera piedras en el estómago, pero los argumentos de Ron le habían dado una renovada esperanza. — Y eso hizo que habláramos con Myrtle la Llorona y descubriéramos dónde estaba la entrada a la cámara de los secretos.
— Y gracias a eso, salvamos a Ginny — dijo Ron. A Harry le sorprendió ver que su amigo le mantenía la mirada a Snape, quien parecía un tigre a punto de saltar sobre su presa.
— El señor Malfoy no podía saber que Myrtle fue la persona que murió aquella vez — les espetó Snape. — Ni siquiera sabía de la existencia de dicho fantasma hasta la lectura de estos dichosos libros.
— Pero sabía que alguien murió — insistió Hermione. Ya no lloraba. — Y luego alguien nos dijo que había ocurrido en un baño…
— ¿Alguien? — inquirió McGonagall.
El trío intercambió miradas.
— Fue cuando se llevaron a Hagrid preso por un crimen que no cometió — respondió Harry. Estaban demasiado metidos en problemas como para mencionar que habían seguido a las arañas hasta el bosque prohibido, solos, durante la noche.
— Eso no responde a mi pregunta — replicó la profesora, enfadada. Harry hizo una mueca.
— Fue Aragog — dijo Hermione finalmente. Ante las miradas de confusión de Snape y McGonagall, añadió: — Fue una araña, amiga de Hagrid.
— ¿Hablasteis con una tarántula? — preguntó McGonagall. Se había puesto algo pálida. — ¿Dónde? ¿En qué momento?
De nuevo, el trío intercambió miradas, sin saber cómo responder sin meterse en más líos.
— Decid la verdad — les instó Dumbledore. Su voz cansada era casi un susurro. Tenía la nariz apoyada en las manos, en pose meditativa. — No os dejéis nada.
¿Quería la verdad? Pues tendría la verdad, pensó Harry.
— Hace cincuenta años — empezó —, Tom Ryddle abrió la cámara de los secretos mientras estudiaba en Hogwarts.
— Eso lo sabemos — gruñó Snape. — Ve al grano.
— Estoy yendo al grano — replicó Harry irritado. Ignorando la mirada asesina del profesor, siguió hablando: — Aquella vez, Myrtle murió y Ryddle acusó a Aragog, la tarántula de Hagrid, de ser el monstruo que la había matado. Hagrid fue expulsado y Aragog aún vive.
— ¿Dónde vive? — preguntó Snape.
Nervioso, Harry respondió:
— Aquí, en Hogwarts. Hablamos con ella cuando se llevaron a Hagrid a Azkaban y fue ella la que nos dijo que el crimen había sucedido en un cuarto de baño…
— ¿En Hogwarts, dónde? — insistió Snape.
Harry tragó saliva. No veía otra alternativa más que contar toda la verdad.
— En el bosque prohibido — confesó. A su lado, Ron gimió y Hermione agachó la cabeza.
McGonagall soltó un bufido que le hizo recordar a Harry que la profesora podía transformarse en gato.
— Entonces, a vuestra lista de infracciones se le debe sumar un viaje al bosque prohibido a charlar con criaturas peligrosas — dijo en tono irónico. — ¿Os dais cuenta de la cantidad de normas que habéis quebrantado?
— Hermione no estaba ese día — se apresuró a decir Ron. — Ya había sido petrificada cuando decidimos ir a hablar con Aragog.
Eso pareció ablandar a McGonagall, pero no a Snape.
— Basta de excusas — gruñó. — Es innegable que habéis roto tantas normas que vuestra expulsión ni siquiera puede ser cuestionada.
— Expúlseme, entonces — replicó Harry, enfadado. — No me arrepiento de nada.
— Potter… — empezó a hablar la profesora McGonagall, pero Snape la interrumpió:
— Claro que no te arrepientes. Eres tan arrogante como tu padre. Disfrutas ser el centro de atención, ¿verdad?
— Severus… — lo llamó Dumbledore, pero era demasiado tarde. Harry estaba harto.
Se puso en pie, arrastrando la silla con tanto ímpetu que cayó hacia atrás. Algunos cuadros de antiguos directores exclamaron o se llevaron las manos al pecho.
— Todos los años — replicó Harry, furioso —, todos los años pasa algo peligroso y yo acabo metido hasta el cuello. ¿Qué sentido tiene que un niño de primero tenga que salvar la piedra Filosofal? ¿Por qué un crío de segundo tiene que acabar luchando contra un basilisco?
Sabía que estaba subiendo demasiado el tono de voz, pero le daba igual. Estaba tan enfadado que temblaba.
— ¿Y el torneo? ¡Yo ni siquiera tenía que participar! ¡Me obligaron! ¿Y en tercero, cuando se suponía que un asesino me perseguía y nadie se paró a contarme nada sobre quién era en realidad? Siempre, siempre tengo que arreglar las cosas yo.
Los tres profesores, así como todos los cuadros de la pared, lo miraban estupefactos. Ron y Hermione, sin embargo, también se habían levantado y se habían posicionado a su lado, apoyándole.
— ¿Quién salvó la piedra? — gritó Harry. — ¿Quién derrotó al basilisco y salvó a Ginny?
— Harry… — empezó a hablar el profesor Dumbledore, pero Harry lo interrumpió.
— ¿Y sabe quién descubrió qué era el monstruo de Slytherin? ¡Hermione! ¿Y quién vino conmigo a la cámara? ¡Ron! No fueron los profesores, ni los jefes de las casas, ni usted — escupió Harry, mirando directamente a Dumbledore. — Si nosotros no hubiéramos roto todas esas normas, seguramente estaríamos muertos. Voldemort habría vuelto hace años y nosotros estaríamos criando malvas. Así que, si me quieren expulsar, ¡que lo hagan!
Tras su estallido, se hizo el silencio. Harry respiró hondo varias veces, tratando de recuperar todo el aire que había perdido de golpe y volver a respirar con normalidad.
— A mí también tendrán que expulsarme — habló Ron. Harry no estaba acostumbrado a escuchar a su amigo hablar en un tono tan serio. — Estuve con Harry en cada momento de ese año. Hicimos la poción, fuimos al bosque prohibido, bajamos a la cámara… Si nos tienen que expulsar, adelante. Yo tampoco me arrepiento. Mi hermana… — Ron se aclaró la garganta, que de pronto le había fallado, — mi hermana estaría muerta si no hubiéramos hecho todo eso.
— También tendrán que expulsarme a mí — dijo Hermione.
Aunque su voz sonaba triste, ya no había lágrimas en sus ojos, cosa que tranquilizó mucho a Harry. Por su parte, Ron la miró como si le hubiera salido una tercera cabeza.
— No, a ti no — replicó rápidamente. — Tú estabas petrificada.
— No cuando hicimos la poción — contestó ella. Parecía resignada.
— ¡Pero no estabas cuando fuimos al bosque! Ni cuando bajamos a la cámara. Solo has cometido una infracción y eres la mejor alumna del curso, a ti no pueden expulsarte — argumentó Ron. Hablaba con tanto ímpetu que se había puesto rojo.
— ¡Claro que pueden! — replicó ella.
— Pero no lo harán.
Mientras ellos dos discutían, Harry notó que los profesores intercambiaban miradas. Snape parecía más furioso que antes, si bien eso era difícil.
— Weasley, Granger, Potter — los llamó McGonagall. Ron y Hermione dejaron de discutir inmediatamente. — Por favor, esperad fuera del despacho mientras tomamos una decisión.
Sin rechistar, los tres salieron tan rápido como pudieron.
Una vez fuera, Ron se apoyó contra la pared, mientras que Hermione directamente se dejó caer al suelo, hecha pedazos.
— Esta podría ser nuestra última noche en Hogwarts — murmuró, más para sí misma que para que ellos la escucharan. — La última, para siempre.
— No lo va a ser — respondió Harry. Una parte de él, la parte que había gritado a los profesores, estaba segura de que no podían expulsarlos. Otra parte, la que pasaba cada verano encerrada en Privet Drive, estaba igual que Hermione: con ganas de dejarse caer en el suelo y llorar. — Y si lo es, pues… pues bueno — dijo, sintiéndose estúpido.
Ron se dejó resbalar por la pared hasta quedar sentado junto a Hermione.
— Si nos expulsan, os invito a pasar la Navidad en la Madriguera — dijo con voz débil. — No volveremos a Hogwarts, pero al menos tendremos regalos y dulces.
Hermione levantó la cabeza solo para juzgarle con la mirada.
— ¿Qué? Todo es mejor con regalos y dulces — se defendió Ron.
Para sorpresa de Harry, Hermione soltó una risita.
— Bueno, al menos tendrán que mantenernos aquí hasta que leamos todos los libros — dijo Harry, sentándose en el suelo junto a sus amigos. — Para cuando terminemos, será Navidad y podremos hincharnos a comer si queremos.
— Quizá en Beauxbatons me acepten… — murmuró Hermione.
— Pregúntale a Fleur si aceptan alumnos a mitad de curso — sugirió Ron. — Seguro que mi madre prefiere que estudie allí antes de que deje de estudiar. Lo malo es que no sé francés…
— Yo tampoco — admitió Harry. A pesar de ello, la idea de estudiar de Beauxbatons no le parecía tan mala, en caso de que los expulsaran de Hogwarts.
Hermione apoyó la cabeza sobre el hombro de Ron, a la vez que tomaba la mano de Harry.
— Yo sé un poco de francés, pero tendría que ponerme a estudiar en serio — dijo, mordiéndose el labio.
— También podemos ir a Dursmtrang — sugirió Harry. — Allí valoran mucho el quidditch, ¿no?
— No, allí no — gruñó Ron. — Hay más colegios… Seguro que en alguno nos aceptan.
Hermione habló, con una voz que era casi un susurro:
— Me da igual a dónde vayamos, mientras estemos los tres juntos.
Harry asintió, a la vez que Ron apoyaba su cabeza sobre la de Hermione.
Se quedaron en silencio. A pesar de sus palabras, los tres sabían que no querían dejar Hogwarts.
Ninguno de ellos supo cuánto tiempo había pasado. El reloj de Harry, que no había funcionado desde el año anterior, parecía burlarse de ellos, o eso se le figuraba a Harry. ¿Por qué seguía llevándolo? Era un trasto inútil que tendría que haber acabado en la basura hacía tiempo, pero el peso de la costumbre era más fuerte que la lógica.
Finalmente, las puertas del despacho se abrieron de golpe. Los tres saltaron, pero a ninguno le dio tiempo a levantarse antes de que Snape pasara de largo frente a ellos, hecho una furia.
Con el corazón en un puño, Harry, Ron y Hermione entraron al despacho. Dumbledore, quien parecía incluso más cansado que antes, los saludó con una débil sonrisa. La profesora McGonagall, sin embargo, no sonreía. Con un gesto, los invitó a tomar asiento frente al escritorio.
— Creo que es obvio por la reacción de Severus cuál es el veredicto — dijo en tono irónico.
Harry agradeció internamente el estar sentado, porque, si hubiera estado de pie, creía que las piernas no habrían podido sostenerle del alivio que sentía.
— ¿No nos van a expulsar? — preguntó Hermione, quien parecía no querer hacerse ilusiones precipitadas.
— No, señorita Granger — respondió Dumbledore. Hermione hizo un ruido, mitad sollozo mitad risa. Ron sonreía, con cara de estar un poco mareado. — Pero, por supuesto, vuestras acciones no pueden quedar impunes.
Harry se preparó mentalmente. Si no iban a expulsarlos, ¿qué clase de castigo les pondrían?
— Empecemos por ti, señor Weasley — dijo Dumbledore. Ron asintió, nervioso. — Serás castigado por realizar la poción multijugos, por ser cómplice del robo de ingredientes para pociones, por suplantar la identidad de un alumno, por utilizar dicha suplantación de identidad para entrar sin permiso a la sala común de otra casa y por ir al bosque prohibido.
Ron se quedó en shock, mirándolo con la boca abierta.
— He… he perdido la cuenta, señor — balbuceó. — ¿Cuántos castigos?
— Cinco — replicó Dumbledore. — El primer y el segundo castigo serán decididos por el profesor Snape, mientras que el resto los decidirá la profesora McGonagall.
— No seré benevolente — le advirtió McGonagall al notar la expresión de alivio de Ron.
— En cuanto a la señorita Granger, — siguió hablando Dumbledore, — será castigada únicamente por realizar la poción multijugos y por robar materiales del armario privado del profesor Snape. Consideramos que consiguió el permiso para entrar a la sección prohibida de forma lícita.
Mentalmente, Harry agradeció que Lockhart fuera tan estúpido.
— Tus castigos los decidirá el profesor Snape — le informó McGonagall.
Hermione asintió, con la cabeza gacha.
— Y, finalmente, señor Potter. — Los ojos de Dumbledore se posaron unos centímetros por encima de la cabeza de Harry. — Tenías un castigo pendiente por provocar la explosión de un caldero en clase de pociones.
— Eso lo planeamos los tres — intervino Ron. — ¿Por qué solo lo castigan a él?
— Porque fue quien tiró el objeto que provocó la explosión — replicó McGonagall con sequedad.
— Como decía, — siguió el director, mirando una hoja llena de apuntes— a ese castigo se le sumará uno más por ser cómplice del robo de ingredientes, otro por realizar la poción multijugos, otro por suplantar la identidad de un alumno, otro por entrar ilícitamente en la sala común de otra casa y otro por entrar al bosque prohibido.
— En total, toda una semana de castigos diarios — resumió McGonagall. — Todos ellos los decidirá el profesor Snape.
— ¿¡Todos!? — exclamó Harry. La mirada severa que le echó la profesora fue suficiente para obligarle a cerrar la boca.
— Sí, Potter. Todos — replicó de mal humor. — Y más os vale a los tres ser puntuales. No sé si os dais cuenta de la suerte que habéis tenido.
Harry se planteó si merecía la pena replicarle a McGonagall cuando estaba enfadada, pero se lo pensó dos veces y decidió que valoraba su vida.
— De acuerdo — respondió finalmente. — ¿Nos podemos ir ya?
— Si — asintió Dumbledore, poniéndose en pie. — De hecho, todos debemos regresar al comedor cuanto antes.
No esperaron a que lo dijera dos veces. Se levantaron y salieron del despacho rápidamente.
Cuando se giraron y vieron que McGonagall y Dumbledore no los seguían, Hermione pegó un salto y Ron echó a correr por el pasillo, riendo como un loco.
— ¡Nos hemos librado! — gritó, eufórico. A Hermione le dio la risa histérica.
— Nos han castigado — le recordó, pero fue incapaz de mantener el semblante serio el tiempo suficiente para que sus palabras tuvieran algún impacto en los chicos. Riendo, se abalanzó sobre Ron, quien la cogió en brazos y la hizo girar en el aire.
— Parecéis un par de locos — les dijo Harry con una gran sonrisa.
No se podía creer que se hubieran librado de verdad. Habían tenido tantas razones para echarlos que tener una semana de castigo no parecía nada en comparación con lo que podía haber sucedido.
Ron y Hermione le sonrieron, cruzaron miradas un momento y, segundos después, ambos se abalanzaron sobre Harry.
Riendo como locos, los tres cruzaron el pasillo medio saltando, medio corriendo, casi abrazados y más que histéricos.
Hasta que se dieron de bruces contra el suelo.
Doblados de la risa, tardaron unos momentos en darse cuenta de que alguien los observaba desde unos metros más allá. Harry se giró, agarrándose las costillas, y toda risa se esfumó al darse cuenta de que el profesor Snape los fulminaba con la mirada.
— ¡Shhh! — chistó, instando a Ron y Hermione a que pararan de reír.
— ¡Weasley! ¡Granger! — vociferó Snape. Ambos saltaron y Hermione soltó un grito ahogado. — Volved al comedor inmediatamente.
Harry dio unos pasos para seguirlos, pero Snape lo detuvo.
— No he dicho que te vayas, Potter — le espetó.
Ron y Hermione pararon en seco, dudando, pero Harry les hizo una seña para que se fueran sin él. Durante un momento, pareció que Ron iba a protestar, pero tras mirar unos segundos a Snape decidió cerrar la boca.
Ron y Hermione se marcharon hacia el comedor. El pasillo estaba completamente vacío excepto por el profesor Snape y el propio Harry, quien tragó saliva antes de mirar al profesor a la cara.
Snape no solo estaba furioso, estaba lívido. Muy pocas veces lo había visto tan enfadado.
— Espero que esta prueba de trato preferente no se te suba a la cabeza, Potter — dijo Snape. — Te puedo asegurar que no voy a ser tan indulgente en mis castigos como el director quiere que sea.
A pesar de que le aterraba pensar lo que Snape podría tener preparado para él, Harry lo miró a los ojos.
— De acuerdo, señor —dijo.
Su muestra de educación y cordialidad no pareció sentarle bien a Snape, quien frunció aún más el ceño.
— No me equivoqué contigo — dijo Snape.
— ¿Perdón?
— Eres igual que tu padre. Arrogante, ególatra…
— Mi padre no era nada de eso — replicó Harry. — Y yo tampoco soy así.
Snape soltó un bufido irónico que irritó aún más a Harry.
— ¿Ah, no? ¿Robar ingredientes prohibidos del armario de un profesor no te parece un acto arrogante, Potter?
— Teníamos un buen motivo para hacerlo — se defendió Harry.
— ¡Excusas! — le espetó Snape, dando un paso hacia él.
Instintivamente, Harry dio un paso atrás.
— No son excusas — dijo, tratando con todas sus fuerzas de mantenerle la mirada al profesor, quien había parado en seco. — Ningún estudiante murió aquel año gracias a todo lo que hicimos. Quizá si los profesores hicierais vuestro trabajo…
Se arrepintió de haber dicho eso último al ver la expresión iracunda de Snape.
— ¿Qué insinúas, Potter?
De perdidos al río, pensó Harry.
— No insinúo nada. Lo que digo es que, si los profesores hicierais bien vuestro trabajo, ni yo ni ningún otro alumno tendríamos que meternos en estos líos. ¿No se supone que tenéis que protegernos y velar por nuestra seguridad y esas cosas?
— No te permito que me hables en ese tono — replicó Snape. — Añadiremos un día más de castigo.
— Vale — contestó Harry de mal humor. — Pero tengo razón y usted lo sabe.
— La arrogancia…
— ¡No es la arrogancia de mi padre! — estalló Harry. — ¡Es mía! Si soy arrogante, ¡es porque soy así! ¡Ni siquiera lo conocí!
Antes de que Snape pudiera ponerle más castigos o enviarlo de nuevo al despacho del director, Harry echó a correr por el pasillo, lleno de ira.
¿Qué manía tenía Snape con compararlo con su padre? ¡Estaba harto! Igual que estaba harto de que tía Petunia lo tratara mal por ser hijo de quien era, y de que Sirius esperara que fuera una copia exacta de James Potter.
Jamás había conocido a sus padres. Aunque le gustaba pensar que había huellas de ellos en su personalidad, le irritaba de sobremanera el que lo compararan una y otra vez con ellos, y mucho más que lo juzgaran por cosas con las que él no tenía nada que ver.
Llegó al comedor en menos de un minuto, todavía echando humo. Paró frente a la puerta, escuchando las decenas de voces que hablaban en el interior, y tomó aire para prepararse mentalmente para estar rodeado de todo el colegio una vez más.
— Todo irá bien.
Fue una voz hechizada la que habló a sus espaldas. Harry pegó un salto.
— ¿Quién…?
Se giró, pero ya no había nadie.
Frustrado, entró al comedor, queriendo alejarse lo máximo posible del desconocido del futuro. No estaba de humor para misterios.
Cientos de personas se giraron para mirarlo cuando entró. Notó vagamente que Dumbledore y McGonagall ya estaban allí. Sin pararse a hablar con nadie, se dirigió al sitio que había ocupado junto a Ron y Hermione.
— ¿Qué quería Snape? — le preguntó Ron nada más sentarse.
— Tocarme las narices — respondió Harry.
Hermione lo regañó, pero el chico la ignoró totalmente.
— Ron y Hermione nos lo han contado todo — dijo Fred. A su lado, George asintió.
— Me alegro de que no os hayan expulsado — dijo Ginny. — Aunque parece que ha estado cerca…
Dos minutos después, Snape entró al comedor. Su cara daba tanto miedo que algunos alumnos bajaron la mirada cuando él pasó a su lado.
— Ya estamos todos — anunció Dumbledore alegremente. A Harry le sorprendió lo diferente que parecía del Dumbledore cansado que había visto en el despacho. — Si no recuerdo mal, teníamos un capítulo a mitad.
Hermione se puso en pie y se dirigió a la tarima con paso firme.
Se aclaró la garganta y, tras repetir las últimas líneas que había leído antes, siguió leyendo por donde lo había dejado.
Se llevó una mano a la frente para retirarse el pelo de los ojos, y se encontró sólo con unos pelos cortos, como cerdas, que le nacían en la misma frente. Entonces comprendió que las gafas le nublaban la vista, porque obviamente Goyle no las necesitaba.
Se las quitó y preguntó:
—¿Estáis bien? —De su boca surgió la voz baja y áspera de Goyle.
—Sí —contestó, proveniente de su derecha, el gruñido de Crabbe.
Se escucharon murmullos de interés. Harry supuso que a la gente le había dado tiempo a asimilar el hecho de que habían conseguido que la poción funcionara.
Harry abrió su puerta y se acercó al espejo quebrado. Goyle le devolvió la mirada con ojos apagados y hundidos en las cuencas. Harry se rascó una oreja, tal como hacía Goyle.
Goyle escuchaba la lectura con cara de estar alucinando.
Por su parte, Malfoy parecía estar escuchando una historia de terror, a juzgar por su expresión.
Se abrió la puerta de Ron. Se miraron. Salvo por estar pálido y asustado, Ron era idéntico a Crabbe en todo, desde el pelo cortado con tazón hasta los largos brazos de gorila.
— Hicisteis un buen trabajo — los felicitó Tonks. Cuando notó la mirada severa de McGonagall, la auror añadió: — Podían haberse envenenado. Mejor que funcionara bien, ¿no?
Ante eso, McGonagall no podía replicar.
—Es increíble —dijo Ron, acercándose al espejo y pinchando con el dedo la nariz chata de Crabbe—. Increíble.
—Mejor que nos vayamos —dijo Harry, aflojándose el reloj que oprimía la gruesa muñeca de Goyle—. Aún tenemos que averiguar dónde se encuentra la sala común de Slytherin. Espero que demos con alguien a quien podamos seguir hasta allí.
Malfoy gimió.
Ron dijo, contemplando a Harry:
—No sabes lo raro que se me hace ver a Goyle pensando.
Se escucharon risas. Goyle gruñó, ofendido.
Golpeó en la puerta de Hermione.
—Vamos, tenemos que irnos…
Una voz aguda le contestó:
Hermione hizo una mueca antes de leer:
—Me… me temo que no voy a poder ir. Id vosotros sin mí.
Se oyeron murmullos de interés.
— ¿La de Hermione salió mal? — preguntó Hannah Abbott.
Incómoda, la chica siguió leyendo.
—Hermione, ya sabemos que Millicent Bulstrode es fea, nadie va a saber que eres tú.
De nuevo, se oyeron risitas disimuladas y Millicent fulminó a Ron con la mirada.
— No eres quién para hablar de belleza, Weasley — le espetó la chica.
Ron, con las mejillas muy rojas, soltó un gruñido y fijó la vista en el libro.
—No, de verdad… no puedo ir. Daos prisa vosotros, no perdáis tiempo.
Harry miró a Ron, desconcertado.
—Pareces Goyle —dijo Ron—. Siempre pone esta cara cuando un profesor pregunta.
— Dejad de meteros con el pobre Goyle — dijo un alumno de Hufflepuff de segundo. — No es su culpa ser tan lento.
Goyle no parecía saber si tomárselo como un insulto o como una defensa legítima, así que simplemente miró mal a Harry.
—Hermione, ¿estás bien? —preguntó Harry a través de la puerta.
—Sí, estoy bien… Marchaos.
Harry miró el reloj. Ya habían transcurrido cinco de sus preciosos sesenta minutos.
—Espera aquí hasta que volvamos, ¿vale? —dijo él.
— ¿La dejasteis allí sola? — dijo la señora Weasley, escandalizada. — ¿Sin saber si la poción le había sentado mal?
— Nos había hablado, así que tan mal no estaría — se excusó Ron.
Harry y Ron abrieron con cuidado la puerta de los lavabos, comprobaron que no había nadie a la vista y salieron.
—No muevas así los brazos —susurró Harry a Ron.
—¿Eh?
—Crabbe los mantiene rígidos…
—¿Así?
—Sí, mucho mejor.
— Pasáis mucho rato mirando a Malfoy, Crabbe y Goyle, ¿no? — comentó Zacharias Smith.
Harry y Ron lo ignoraron.
Bajaron por la escalera de mármol. Lo que necesitaban en aquel momento era a alguien de Slytherin a quien pudieran seguir hasta la sala común, pero no había nadie por allí.
Muchos Slytherin se removieron, incómodos, preguntándose si Harry y Ron les habrían seguido a ellos.
—¿Tienes alguna idea? —susurró Harry.
—Cuando los de Slytherin bajan a desayunar, creo que vienen de por allí —dijo Ron, señalando con un gesto de la cabeza la entrada de las mazmorras. Apenas lo había terminado de decir, cuando una chica de pelo largo rizado salió de la entrada.
—Perdona —le dijo Ron, yendo deprisa hacia ella—, se nos ha olvidado por dónde se va a nuestra sala común.
— Muy sutil — ironizó Ginny.
—Me parece que no os entiendo —dijo la chica muy tiesa—. ¿Nuestra sala común? Yo soy de Ravenclaw.
Y se alejó, volviendo recelosa la vista hacia ellos.
Muchos se echaron a reír. Harry notó que Moody parecía decepcionado.
Algunos empezaban a pensar que Harry y Ron no habían llegado a la sala común de Slytherin.
Harry y Ron bajaron corriendo los escalones de piedra y se internaron en la oscuridad. Sus pasos resonaban muy fuerte cuando los grandes pies de Crabbe y Goyle golpeaban contra el suelo, pero temían que la cosa no resultara tan fácil como se habían imaginado.
— Teníais que haber descubierto dónde estaba la entrada días antes de probar la poción — les dijo Sirius.
En retrospectiva, habría tenido mucho más sentido hacerlo así, pensó Harry.
Los laberínticos corredores estaban desiertos. Fueron bajando más y más pisos, mirando constantemente sus relojes para comprobar el tiempo que les quedaba. Después de un cuarto de hora, cuando ya estaban empezando a desesperarse, oyeron un ruido delante.
— Ya habéis perdido veinte minutos — murmuró Luna. Parecía totalmente metida en la lectura.
—¡Eh! —exclamó Ron, emocionado—. ¡Uno de ellos!
La figura salía de una sala lateral. Sin embargo, después de acercarse a toda prisa, se les cayó el alma a los pies: no se trataba de nadie de Slytherin, era Percy.
Percy soltó un bufido que se escuchó a lo largo de todo el comedor.
Su familia lo miró durante un momento, antes de que muchos pelirrojos le apartaran la vista.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Ron, con sorpresa. Percy lo miró ofendido.
—Eso —contestó fríamente— no es asunto de tu incumbencia. Tú eres Crabbe, ¿no?
—Eh… sí —respondió Ron.
Percy escondió la cara entre las manos.
— ¿No se dio cuenta de que era su hermano? — dijo incrédulo un chico de tercero.
— Qué fuerte — rió Dennis Creevey.
—Bueno, id a vuestros dormitorios —dijo Percy con severidad—. En estos días no es muy prudente merodear por los corredores.
—Pues tú lo haces —señaló Ron.
—Yo —dijo Percy, dándose importancia— soy un prefecto. Nadie va a atacarme.
Percy gimió a la vez que muchos se echaban a reír. Harry escuchó algunas voces llamando creído y prepotente a Percy.
— Claro, porque los prefectos son inmunes a los monstruos asesinos — ironizó Fred en voz alta.
— A los monstruos les aterroriza que les puedan quitar puntos e imponer castigos — siguió George.
— Callaos ya — gimió Percy. Fred y George abrieron la boca para replicar, pero una mirada suplicante de su madre fue suficiente para que decidieran callarse.
Repentinamente, resonó una voz detrás de Harry y Ron. Draco Malfoy caminaba hacia ellos, y por primera vez en su vida, a Harry le encantó verlo.
Que hubieran tenido piedad de Percy no significaba que los gemelos tendrían piedad de Harry, quien gimió nada más ver sus caras.
— Así que te encantó ver a Malfoy, ¿eh? — dijo George en tono sugerente.
— No empecéis otra vez — les pidió Harry.
—Estáis ahí —dijo él, mirándolos—. ¿Os habéis pasado todo el tiempo en el Gran Comedor, poniéndoos como cerdos? Os estaba buscando, quería enseñaros algo realmente divertido.
— ¿Hablas así a tus amigos? — preguntó Angelina, asqueada.
Malfoy echó una mirada fulminante a Percy.
—¿Y qué haces tú aquí, Weasley? —le preguntó con aire despectivo. Percy se ofendió aún más.
—¡Tendrías que mostrar un poco más de respeto a un prefecto! —dijo—. ¡No me gusta ese tono!
— Quítales puntos y déjate de tonterías — resopló Sirius.
Percy pareció tremendamente disgustado. Harry se preguntó si esa era la primera vez que el mediano de los Weasley interactuaba con el temido Sirius Black.
Malfoy lo miró despectivamente e indicó a Harry y a Ron que lo siguieran. A Harry casi se le escapa disculparse ante Percy, pero se dio cuenta justo a tiempo.
Harry vio a Ron mirar fijamente a Percy. Ambos hermanos parecían estar comunicándose con los ojos, tras lo que Percy agachó la cabeza.
Él y Ron salieron a toda prisa detrás de Malfoy, que les decía, mientras tomaban el siguiente corredor:
—Ese Peter Weasley…
—Percy —le corrigió automáticamente Ron.
Se oyeron jadeos.
—Como sea —dijo Malfoy—.
— ¿Cómo no te diste cuenta? — le preguntó Nott a Malfoy, quien respondió de mala gana:
— No tenía motivos para pensar que no eran ellos.
He notado que últimamente entra y sale mucho por aquí, a hurtadillas. Y apuesto a que sé qué es lo que pasa. Cree que va a pillar al heredero de Slytherin él solito.
— Menuda tontería — bufó Percy.
— ¿Entonces qué hacías allí? — replicó Malfoy. Percy se sonrojó al más puro estilo Weasley.
— Eso no es asunto tuyo.
Lanzó una risotada breve y burlona. Harry y Ron se cambiaron miradas de emoción.
Malfoy se detuvo ante un trecho de muro descubierto y lleno de humedad.
—¿Cuál es la nueva contraseña? —preguntó a Harry.
—Eh… —dijo éste.
—¡Ah, ya! «¡Sangre limpia!» —dijo Malfoy, sin escuchar, y se abrió una puerta de piedra disimulada en la pared. Malfoy la cruzó y Harry y Ron lo siguieron.
— Quizá no te diste cuenta de que no eran tus amigos porque nunca los escuchas — razonó Daphne Greengrass.
Harry pensó que probablemente Malfoy no tenía mucho que escuchar, teniendo amigos que solo repetían lo que él decía sin pensar en sus propias opiniones.
La sala común de Slytherin era una sala larga, semisubterránea, con los muros y el techo de piedra basta. Varias lámparas de color verdoso colgaban del techo mediante cadenas. Enfrente de ellos, debajo de la repisa labrada de la chimenea, crepitaba la hoguera, y contra ella se recortaban las siluetas de algunos miembros de la casa Slytherin, acomodados en sillas de estilo muy recargado.
Los Slytherin parecían muy indignados.
— ¡No es justo! ¡La sala común de Slytherin no es para Gryffindors! — exclamó un alumno de tercero.
Muchos le dieron la razón.
— No te preocupes — replicó Lee Jordan. — Ningún Gryffindor en su sano juicio querría pasar más tiempo del necesario en vuestra sala común.
— Suena horriblemente incómoda — añadió Alicia. — ¿No hace frío?
— Que va — respondió Astoria Greengrass. — Se está bastante bien. Está muy bien caldeada.
—Esperad aquí —dijo Malfoy a Harry y Ron, indicándoles un par de sillas vacías separadas del fuego—. Voy a traerlo. Mi padre me lo acaba de enviar.
Preguntándose qué era lo que Malfoy iba a enseñarles, Harry y Ron se sentaron, intentando aparentar que se encontraban en su casa.
— Pues debió colar si no os pillaron — dijo Dean.
Malfoy volvió al cabo de un minuto, con lo que parecía un recorte de periódico. Se lo puso a Ron debajo de la nariz.
—Te vas a reír con esto —dijo.
Harry vio que Ron abría los ojos, asustado. Leyó deprisa el recorte, rió muy forzadamente y pasó el papel a Harry.
Harry, que recordaba lo que había leído en ese papel, pensó que ojalá Hermione leyera eso muy deprisa.
Era de El Profeta, y decía:
INVESTIGACIÓN EN EL MINISTERIO DE MAGIA
Arthur Weasley, director del Departamento Contra el Uso Indebido de la Magia, ha sido multado hoy con cincuenta galeones por embrujar un automóvil muggle.
El señor Weasley, sorprendido, se sonrojó al notar las miradas de decenas de alumnos sobre él.
El señor Lucius Malfoy, miembro del Consejo Escolar del Colegio Hogwarts de Magia, en donde el citado coche embrujado se estrelló a comienzos del presente curso, ha pedido hoy la dimisión del señor Weasley.
— Pero si no fue su culpa — se quejó Katie Bell.
— Eso díselo a El Profeta — dijo Fred.
«Weasley ha manchado la reputación del Ministerio», declaró el señor Malfoy a nuestro enviado. «Es evidente que no es la persona adecuada para redactar nuestras leyes, y su ridícula Ley de defensa de los muggles debería ser retirada inmediatamente.»
Muchos nacidos de muggles parecieron extremadamente ofendidos. Miraban a Malfoy como si hubiera sido él, y no su padre, quien hubiera hecho esas declaraciones.
El señor Weasley no ha querido hacer declaraciones, si bien su esposa amenazó a los periodistas diciéndoles que si no se marchaban, les arrojaría el fantasma de la familia.
Se oyeron risas y Molly se puso muy roja.
—¿Y bien? —dijo Malfoy impaciente, cuando Harry le devolvió el recorte—. ¿No os parece divertido?
—Ja, ja —rió Harry lúgubremente.
El señor Weasley, cuyas mejillas aún estaban encendidas, le sonrió débilmente.
—Arthur Weasley tiene tanto cariño a los muggles que debería romper su varita mágica e irse con ellos —dijo Malfoy desdeñosamente—. Por la manera en que se comportan, nadie diría que los Weasley son de sangre limpia.
A Ron (o, más bien, a Crabbe) se le contorsionaba la cara de la rabia.
— Dime que le pegaste un puñetazo — dijo Charlie. Ron negó con la cabeza.
— Por desgracia, no.
—¿Qué te pasa, Crabbe? —dijo Malfoy bruscamente.
—Me duele el estómago —gruñó Ron.
—Bueno, pues id a la enfermería y dadles a todos esos sangre sucia una patada de mi parte —dijo Malfoy, riéndose—.
Hermione estaba tan enfadada que le costaba leer. Se oían murmullos de gente criticando a Malfoy.
¿Sabéis qué? Me sorprende que El Profeta aún no haya dicho nada de todos esos ataques —continuó diciendo pensativamente—. Supongo que Dumbledore está tapándolo todo. Si no para la cosa pronto, tendrá que dimitir. Mi padre dice siempre que la dirección de Dumbledore es lo peor que le ha ocurrido nunca a este colegio. Le gustan los que vienen de familia muggle. Un director decente no habría admitido nunca una basura como el Creevey ése.
— ¡Retira eso! — gritó Dennis Creevey, poniéndose en pie.
— Ni lo sueñes — replicó Malfoy.
Sin embargo, todos los amigos de Dennis, así como los de Colin, se pusieron de pie.
— Discúlpate — dijo uno de ellos. Harry recordaba haberlo visto ayudando a calmar a Dennis cuando le había dado un ataque de ansiedad.
— No tengo por qué…
— Señor Malfoy — lo interrumpió McGonagall. Parecía muy enfadada. — Haga lo que le piden.
Draco jadeó.
— Yo…
Pero debió pensar que la cantidad de gente en su contra era mucho mayor que la de gente que lo apoyaría si se negaba a disculparse. Con un hilo de voz, tan tenso que casi temblaba, Malfoy le pidió disculpas a los Creevey y a los Weasley.
Hermione siguió leyendo.
Malfoy empezó a sacar fotos con una cámara imaginaria, imitando a Colin, cruel pero acertadamente.
—Potter, ¿puedo sacarte una foto, Potter? ¿Me concedes un autógrafo? ¿Puedo lamerte los zapatos, Potter, por favor?
— Me das asco — le dijo Lavender a Malfoy. Harry se preguntó cuántas personas se lo habrían dicho en los últimos días.
Bajó las manos y se quedó mirando a Harry y a Ron.
—¿Qué os pasa a vosotros dos?
Demasiado tarde, Harry y Ron se rieron a la fuerza; sin embargo, Malfoy pareció satisfecho. Quizá Crabbe y Goyle fueran siempre lentos para comprender las gracias.
A juzgar por la expresión de Malfoy, así era.
—San Potter, el amigo de los sangre sucia —dijo Malfoy lentamente—. Ése es otro de los que no tienen verdadero sentimiento de mago, de lo contrario no iría por ahí con esa sangre sucia presuntuosa que es Granger. ¡Y se creen que él es el heredero de Slytherin!
— Parece que el pequeño Malfoy reciprocaba los sentimientos de Harry — comentó George.
— Sí, no para de hablar de él — asintió Fred. — Quizá solo necesita un empujón para declararse.
Tanto Harry como Malfoy gimieron, rezando internamente para que los gemelos no intentaran hacer nada.
Harry y Ron estaban con el corazón en un puño; quizás a Malfoy le faltaban unos segundos para decirles que el heredero era él. Pero en aquel momento…
—Me gustaría saber quién es —dijo Malfoy, petulante—. Podría ayudarle.
Los que, inocentemente, habían creído que Malfoy tendría la respuesta a ese misterio, parecieron muy decepcionados.
A Ron se le quedó la boca abierta, de manera que la cara de Crabbe parecía aún más idiota de lo usual. Afortunadamente, Malfoy no se dio cuenta, y Harry, pensando rápido, dijo:
—Tienes que tener una idea de quién hay detrás de todo esto.
—Ya sabes que no, Goyle, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? —dijo Malfoy bruscamente—. Y mi padre tampoco quiere contarme nada sobre la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos. Aunque sucedió hace cincuenta años,
Harry miró directamente a Snape, quien lo fulminó con la mirada.
y por tanto antes de su época, él lo sabe todo sobre aquello, pero dice que la cosa se mantuvo en secreto y asegura que resultaría sospechoso si yo supiera demasiado. Pero sé algo: la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos, murió un sangre sucia. Así que supongo que sólo es cuestión de tiempo que muera otro esta vez…
Hermione suspiró antes de leer:
Espero que sea Granger —dijo con deleite.
Se hizo un silencio muy incómodo.
— Castigado, señor Malfoy — dijo el profesor Dumbledore. El brillo usual de sus ojos había desaparecido.
— Ya estoy castigado, señor — le recordó Draco.
— Se le sumará otro día de castigo — dijo McGonagall. Parecía sumamente decepcionada.
Ron apretaba los grandes puños de Crabbe. Dándose cuenta de que todo se echaría a perder si pegaba a Malfoy, Harry le dirigió una mirada de aviso y dijo:
—¿Sabes si cogieron al que abrió la cámara la última vez?
—Sí… Quienquiera que fuera, lo expulsaron —dijo Malfoy—. Aún debe de estar en Azkaban.
De nuevo, Harry miró a Snape, como queriendo decir "¿Ve? Conseguimos información importante". Pero Snape parecía negarse a ver el lado positivo de la situación.
—¿En Azkaban? —preguntó Harry, sin entender.
—Claro, en Azkaban, la prisión mágica, Goyle —dijo Malfoy, mirándole, sin dar crédito a su torpeza—. La verdad es que si fueras más lento irías para atrás.
— Lo mismo se puede decir de ti — dijo Angelina. Malfoy la miró con rabia.
Se movió nervioso en su silla y dijo:
—Mi padre dice que tengo que mantenerme al margen y dejar que el heredero de Slytherin haga su trabajo. Dice que el colegio tiene que librarse de toda esa infecta sangre sucia, pero que yo no debo mezclarme.
— Deberías dejar de escuchar a tu padre — dijo Harry.
— Cierra la boca — replicó Draco.
— Harry tiene razón — habló, para sorpresa de todos, una voz desde la puerta.
El encapuchado que había entrado antes seguía allí. ¿Había llegado a marcharse? Se preguntó Harry.
— Si no empiezas a cuestionar las enseñanzas de tu padre, vas a acabar muy mal — le dijo el desconocido.
— No eres nadie para decirme lo que debo hacer — respondió Malfoy, enfadado.
— ¿Estás seguro de ello? — dijo el encapuchado.
Se hizo el silencio. Malfoy, sorprendido, no supo qué responder.
— Sigue leyendo, Hermione — pidió el desconocido en voz alta.
Naturalmente, él ya tiene bastantes problemas por el momento. ¿Sabéis que el Ministerio de Magia registró nuestra casa la semana pasada? —Harry intentó que la inexpresiva cara de Goyle expresara algo de preocupación—. Sí… —dijo Malfoy—. Por suerte, no encontraron gran cosa. Mi padre posee algunos objetos de Artes Oscuras muy valiosos. Pero afortunadamente nosotros también tenemos nuestra propia cámara secreta debajo del suelo del salón.
Malfoy gimió, escondiendo la cara en las manos. Entre las palabras del encapuchado y la lectura, sentía que lo estaban atacando por todos lados.
—¡Ah! —exclamó Ron.
Malfoy lo miró. Harry hizo lo mismo. Ron se puso rojo, incluso el pelo se le volvió un poco rojo. También se le alargó la nariz. La hora de que disponían llegaba a su fin, de forma que Ron estaba empezando a convertirse en sí mismo, y a juzgar por la mirada de horror que dirigía a Harry, a éste le estaba sucediendo lo mismo.
Se pusieron de pie de un salto.
Muchos se tensaron. Harry escuchó algunas exclamaciones de sorpresa y preocupación.
—Necesito algo para el estómago —gruñó Ron, y sin más preámbulos echaron a correr a lo largo de la sala común de Slytherin, lanzándose contra el muro de piedra y metiéndose por el corredor, y deseando desesperadamente que Malfoy no se hubiera dado cuenta de nada. Harry podía notarse los pies sueltos dentro de los grandes zapatos de Goyle, y tuvo que levantarse los bajos de la túnica al hacerse más pequeño. Subieron los escalones y llegaron al oscuro vestíbulo de entrada, en que se oían los sordos golpes que llegaban del armario en que habían encerrado a Crabbe y Goyle.
Snape gruñó y Harry y Ron bajaron la cabeza.
Dejando los zapatos junto a la puerta del armario, subieron corriendo en calcetines hasta los lavabos de Myrtle la Llorona.
— ¿De verdad no te diste cuenta de nada? — preguntó Zabini. — ¿Las caras de tus amigos empiezan a cambiar delante de ti y no lo ves?
— Cállate — bufó Malfoy.
—Bueno, no ha sido completamente inútil —dijo Ron, cerrando tras ellos la puerta de los aseos—. Ya sé que todavía no hemos averiguado quién ha cometido las agresiones, pero mañana voy a escribir a mi padre para decirle que miren debajo del salón de Malfoy.
Malfoy fulminó a Ron con la mirada.
Harry se miró la cara en el espejo roto. Volvía a la normalidad. Se puso las gafas mientras Ron llamaba a la puerta del retrete de Hermione.
—Hermione, sal, tenemos muchas cosas que contarte.
—¡Marchaos! —chilló Hermione.
La chica parecía reticente a leer esa parte, pero, tras suspirar, siguió leyendo.
Harry y Ron se miraron el uno al otro.
—¿Qué pasa? —dijo Ron—. Tienes que estar a punto de volver a la normalidad, nosotros ya…
Pero Myrtle la Llorona salió de repente atravesando la puerta del retrete. Harry nunca la había visto tan contenta.
— Eso no es bueno — murmuró Parvati.
—¡Aaaaaaaah, ya la veréis! —dijo—. ¡Es horrible!
Oyeron descorrerse el cerrojo, y Hermione salió, sollozando, tapándose la cara con la túnica.
Se escucharon jadeos. Muchos parecían genuinamente preocupados por Hermione.
—¿Qué pasa? —preguntó Ron, vacilante—. ¿Todavía te queda la nariz de Millicent o algo así?
Hermione se descubrió la cara y Ron retrocedió hasta darse en los riñones con un lavabo.
— Venga ya — se quejó Bill. — No puede ser tan malo.
— Ahora verás — dijo Ron.
Tenía la cara cubierta de pelo negro. Los ojos se le habían puesto amarillos y unas orejas puntiagudas le sobresalían de la cabeza.
—¡Era un pelo de gato! —maulló—. ¡Mi-Millicent Bulstrode debe de tener un gato! ¡Y la poción no está pensada para transformarse en animal!
Muchos escuchaban con la boca abierta. Tras unos segundos de silencio atónito, medio comedor empezó a reír con ganas.
Hermione siguió leyendo de mala gana.
—¡Eh, vaya! —exclamó Ron.
—Todos se van a reír de ti —dijo Myrtle, muy contenta.
— Qué simpática — ironizó Ginny.
—No te preocupes, Hermione —se apresuró a decir Harry—. Te llevaremos a la enfermería. La señora Pomfrey no hace nunca demasiadas preguntas…
— Y menos mal — dijo Ron, recordando lo del mordisco de dragón.
La señora Pomfrey pareció orgullosa de sí misma.
Les costó mucho trabajo convencer a Hermione de que saliera de los aseos. Myrtle la Llorona los siguió riéndose con ganas.
—¡Pues ya verás cuando todos se enteren de que tienes cola!
Eso hizo que los que aún no estaban riendo comenzaran a hacerlo.
— Aquí termina — gruñó Hermione, cerrando el libro con ímpetu.
— Bien, bien — dijo Dumbledore, con una pequeña sonrisa.
Se acercó a la tarima y cogió el libro, volviendo a abrirlo por el capítulo que tocaba.
— El siguiente capítulo… — su expresión cambió. La sonrisa desapareció totalmente y a Harry le dio un vuelco el corazón. — El capítulo se titula: El diario secretísimo.
HPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHP
En el siguiente cap ya aparece el diario! La cosa se pone seria!
Como siempre, muchas gracias si has leído hasta aquí :3 Espero que os haya gustado este cap!
Os recuerdo que subo capítulo cada domingo, así que nos vemos el domingo que viene!
Bye! :3
RESPUESTAS A LOS REVIEWS:
miriam99: Hola! :D Feliz año! :3 Y respondiendo a tu duda, soy de España! Muchas gracias por tu review! :3 Nos vemos!
fan de tu fic: Hola! Ayy muchas gracias! Normalmente suelo esquivar un poco las preguntas sobre los encapuchados para no revelar sin querer sus identidades reales, pero en tu caso te puedo responder que… nop, no son el mismo ;) Muchas gracias por comentar, espero que este cap te haya gustado!
Guest: Hola! Sobre la poción para dormir, en teoría es una pócima fácil de hacer que se aprende enseguida, pero cualquier poción hecha sin supervisión por alumnos de segundo podría acabar en un resultado catastrófico xD y más si dicha poción altera la consciencia de quien la tome! Pensando en ese argumento, Snape dijo lo que dijo en ese cap, pero en este no vuelve a sacar el tema porque sabe que, si Hermione pudo hacer una poción multijugos, puede hacer la pócima para dormir con los ojos cerrados jajaja. En ese sentido Hermione ni siquiera ha tenido que defenderse, sus dotes en pociones han hablado por ella :D Muchísimas gracias por tu review!
Fox McCloude: Holi! :D Me pensé mucho si cortar el cap por la mitad o no, pero creo que ha sido la mejor decisión xD Y sí, Dumbledore no tiene derecho a exigir que Harry confíe en él. Como bien has dicho, a veces es mejor saber la verdad, por dolorosa que sea, que ignorarla y tener que soportar las consecuencias. Muchísisisisimas gracias por tu comentario! Te deseo lo mejor para el 2020! :3 Nos vemos!
Zero: jajajaja perdón por el cliffhanger XDD Pero era el momento idóneo para cortar el cap, así que no me arrepiento :P Muchas gracias por el review! Bye!
Guest: Hola! Pues sí, la aversión de Snape debería parar, pero es un cabezota XD Tengo muchas ganas de llegar a cierta parte que tiene que ver con eso ;) Muchas gracias por el review!
Naruhina09: Hola! Muchas gracias por tu review! :3 Si por Snape fuera, los expulsaría para siempre con tal de no volver a verles las caras xD Menos mal que Dumbledore y McGonagall no estaban de acuerdo!
Ali: Hola! Sip, efectivamente, lo que Snape leyó fue que consiguieron entrar en la sala común, con lo cual se añade una norma rota más a la larga lista del trío. Snape no podía quedarse allí sentado leyendo cómo Harry y compañía trasgredían norma tras norma, y más aún cuando todo está relacionado con pociones y Slytherin jajaja. Muchas gracias por tu review!
Lupin: Holi! :3 jajaja que sepas que pensé si subir este capítulo un poco antes, para celebrar el año nuevo, pero luego pensé que nadie lo vería si lo hiciera porque lo esperáis domingo XD Me alegro de que te gustaran las reacciones! Feliz año a ti también, espero que hayas pasado unas navidades geniales :D
Draci: Hola! Jajaja es que Dumbledore en el quinto libro está para pegarle una torta, de verdad XD Y sí, no podían expulsarlos, pero definitivamente los castigos no van a ser nada agradables… Espero que te haya gustado este cap, nos vemos! :3
Kasi2112: Hola! :D Snape en estos capítulos le provocaría jaqueca a cualquiera jajaja. El pobre lo está pasando peor de lo que parece. Espero que este cap te haya gustado! :3 Nos vemos!
carlos29: Hola! :3 Diría que lo siento por dejaros con la intriga, pero no es así muahahaha. Espero que te haya gustado este cap, un saludo!
Klara Potter: Holi! :3 Espero que este cap te haya dado la dosis de Snape enfadado que querías jajaja. Y si no es así, no te preocupes, que aún queda mucho por venir xD Piensa que quedan todos los castigos, que no son pocos! Y sobre Hermione: tienes toda la razón. El acto de ofrecerse a leer el capítulo por el que sabe que quizá la expulsen es totalmente un acto de valentía. De hecho, todo este cap ha demostrado mucho lo valiente que es, no solo Hermione, sino todo el trio. Espero que te haya gustado :3 Mil gracias por el review! Nos vemos! Feliz 2020!
Magra: Hola! Sí! Esa es totalmente la motivación de Hermione para leer ese capítulo jajaja. Es como sí, vale, rompí todas esas normas, lo acepto y acepto el castigo que me pongáis, pero no me arrepiento de nada! En fin, muchas gracias por el review! Nos vemos! :D
Sjvm00: Hola! :3 Sobre Umbridge: por desgracia, hay cosas que es conveniente que tanto ella como el ministro lean, así que tendrá que quedarse de momento L lástima. Y sí, tengo cosas preparadas para ella y para Fudge. Debido al poder que tienen, son personajes influentes y no pueden irse así como así, como los encapuchados saben, así que por eso deciden mantenerlos leyendo. Muchas gracias por el review! Nos vemos! :3
Cla: Hola! :D Me alegra que te esté gustando la historia! Espero que este cap también te agrade :3 Bye!
CH-Hyacinth: Holi! Jajaja espero que tus nervios se hayan calmado tras leer el cap, aunque quizá no deberían, teniendo en cuenta que aún quedan por delante toooodos los castigos…. Y que Snape no va a ser para nada benevolente con Harry y compañía XD Feliz 2020! Espero que hayas pasado unas buenas fiestas :3
Banry Darling: Hola! Lo primero, gracias por los reviews! De verdad estáis leyendo entre 4? En voz alta? Wow, muchísisisisimas gracias! :') Espero que este cap os haya gustado :3 Nos vemos!
