Hola a todos. Antes que nada, mil perdones por dejarlos en banda...¡otra vez!. Creo que no actualizo esto desde octubre, y realmente no tengo excusas.
Lo que sí es cierto es que por culpa de este capítulo me bloqueé por meses, y capaz que el resultado final no es tan bueno. ¡Recién hoy pude darle el toque final! ¡Insisto, los capítulos de quidditch me cuestan muchísimo!
Gracias a todos los que siguen siguiendo la historia y a los que cada semana se fijan si actualicé o no. Ya no tienen que esperar mas, finalmente me digné a aparecer jajajaja.
Bueno, no molesto mas.
DISCLAIMER: HP es de JR y la Warner.
Capítulo 16. Nicolás Flamel
—Creo que si todos estamos de acuerdo, podemos seguir con la lectura—dijo la pelirroja, más que nada mirando a Harry, quien asintió dando su conformidad—. Bien, entonces—dijo abriendo el libro donde Bill lo había dejado—, el siguiente capítulo se llama: Nicolás Flamel.
Dumbledore había convencido a Harry de que no buscara otra vez el espejo de Oesed, y durante el resto de las vacaciones de Navidad la capa invisible permaneció doblada en el fondo de su baúl.
Horrorizado, George abría y cerraba la boca sin articular palabras.
—Pareces un pez, George—comentó Angelina con las cejas levantadas, provocando la risa general.
—Todo ese potencial… desperdiciado…—alcanzó a balbucear George antes de fingir que se desmayaba. Angelina rodó los ojos divertida.
Harry deseaba poder olvidar lo que había visto en el espejo, pero no pudo. Comenzó a tener pesadillas. Una y otra vez, soñaba que sus padres desaparecían en un rayo de luz verde, mientras una voz aguda se reía.
Todos reprimieron un escalofrío, Harry violentamente recordando las pesadillas que lo seguían atormentando hasta el día de hoy. La amenaza de Voldemort había dejado profundas y perdurables cicatrices, en todo sentido del término…
—¿Te das cuenta? Dumbledore tenía razón. Ese espejo te puede volver loco—dijo Ron, cuando Harry le contó sus sueños.
—Tacto, Ronald—lo regañó Hermione, chasqueando la lengua.
Ron se sonrojó y masculló algo inentendible entre dientes.
Hermione, que volvió el día anterior al comienzo de las clases, consideró las cosas de otra manera. Estaba dividida entre el horror de la idea de Harry vagando por el colegio tres noches seguidas («¡Si Filch te hubiera atrapado!») y desilusionada porque finalmente no hubieran descubierto quién era Nicolás Flamel.
—¿Saben?—dijo Percy como recordando de repente—. Nicolas Flamel era muy reconocido también entre los muggles. Aparece en varios libros de historia—agregó ante la mirada atónita de todos.
—¿En serio?—preguntó Harry muy sorprendido al igual que Ron, quien abrió los ojos como platos—. ¡Quien lo diría…!
—Lo se—acotó Ron, negando con la cabeza—. Y nosotros buscando en todos lados…
—Y yo podría haberle preguntado a mis padres—se lamentó Hermione—. Quizas ellos sí hubiesen sabido quien era, despues de todo.
Ya casi habían abandonado la esperanza de descubrir a Flamel en un libro de la biblioteca, aunque Harry estaba seguro de haber leído el nombre en algún lado. Cuando empezaron las clases, volvieron a buscar en los libros durante diez minutos durante los recreos. Harry tenía menos tiempo que ellos, porque los entrenamientos de quidditch habían comenzado también.
Wood los hacia trabajar más duramente que nunca. Ni siquiera la lluvia constante que había reemplazado a la nieve podía doblegar su ánimo.
—Y que lo digas—señaló George burlón—. Creo que no pudimos secarnos bien desde octubre—. Angelina rió y asintió de acuerdo con su novio.
Los Weasley se quejaban de que Wood se había convertido en un fanático, pero Harry estaba de acuerdo con Wood.
—¡TRAICIÓN!—chilló George horrorizado apuntando a Harry con el dedo.
—Por favor, George—respondió el pelinegro rodando los ojos—. Tenía mis propias razones para querer extenuarme.
George lo miró suspicazmente antes de estallar en carcajadas junto con el resto. Harry volvió a rodar los ojos, aunque no pudo evitar sonreir por lo bajo.
Si ganaban el próximo partido contra Hufflepuff, podrían alcanzar a Slytherin en el campeonato de las casas, por primera vez en siete años. Además de que deseaba ganar; Harry descubrió que tenía menos pesadillas cuando estaba cansado por el ejercicio.
—Ahora te entiendo—señaló George afirmando lentamente con la cabeza—. Supongo que esa es una buena excusa. Te la dejo por ahora—finalizó sonriendo burlón, mientras Molly, Fleur, Percy y Angelina bufaban exasperados.
Entonces, durante un entrenamiento en un día especialmente húmedo y lleno de barro, Wood les dio una mala noticia. Se había enfadado mucho con los Weasley, que se tiraban en picado y fingían caerse de las escobas.
Molly volvió a bufar exasperada ante las travesuras de los gemelos.
—¡Dejad de hacer tonterías! —gritó—. ¡Ésas son exactamente las cosas que nos harán perder el partido! ¡Esta vez el árbitro será Snape, y buscará cualquier excusa para quitar puntos a Gryffindor!
—Ahhh si…—gruñó Neville—. Recuerdo ese día.
—¿Por qué se le dio por arbitrar?—preguntó Charlie con el ceño fruncido—. Creí que no le gustaba el quidditch…
—Es obvio que quería perjudicar a Gryffindor—opinó Angelina molesta.
—¿Qué esperaban?—preguntó George rodando los ojos—. Era un murciélago amargado.
Mientras se producía este intercambio de opiniones sobre Snape, Harry no podía evitar irritarse internamente. No iba a ser fácil mientras continuaran despotricando contra Snape. Le dirigió una mirada significativa a su novia, quien entendió que tenía que seguir leyendo.
George Weasley, al oír esas palabras, casi se cayó de ver dad de su escoba.
—¿Snape va a ser el árbitro? —Escupió un puñado de barro—. ¿Cuándo ha sido árbitro en un partido de quidditch? No será imparcial, si nosotros podemos sobrepasar a Slytherin.
El resto del equipo se acercó a George para quejarse.
—No es culpa mía —dijo Wood—. Lo que tenemos que hacer es estar seguros de jugar limpio, así no le daremos excusa a Snape para marcarnos faltas.
Todo aquello estaba muy bien, pensó Harry; pero él tenía otra razón para no querer estar cerca de Snape mientras jugaba a quidditch.
Los demás jugadores se quedaron, como siempre, para charlar entre ellos al finalizar el entrenamiento, pero Harry se dirigió directamente a la sala común de Gryffindor; donde encontró a Ron y Hermione jugando al ajedrez. El ajedrez era la única cosa a la que Hermione había perdido, algo que Harry y Ron consideraban muy beneficioso para ella.
Hermione bufó indignada mientras cruzó los brazos ante la risa general y las disculpas atropelladas de sus dos amigos.
—No me hables durante un momento —dijo Ron, cuando Harry se sentó al lado—. Necesito concen... —vio el rostro de Harry—. ¿Qué te sucede? Tienes una cara terrible.
En tono bajo, para que nadie más los oyera, Harry les explicó el súbito y siniestro deseo de Snape de ser árbitro de quidditch.
—No juegues —dijo de inmediato Hermione.
—Diles que estás enfermo —añadió Ron.
—Finge que se te ha roto una pierna —sugirió Hermione.
—Rómpete una pierna de verdad —dijo Ron.
—Madam Pomfrey lo hubiera resuelto al momento—rió Arthur.
—Lo se—contestó Ron suspirando—. Estábamos muy nerviosos.
—No puedo—dijo Harry—. No hay un buscador suplente. Si no juego, Gryffindor tampoco puede jugar.
—¿En serio, Harry?—preguntó Molly, algo exasperada—. ¿Valoras más el quidditch que tu vida?
Harry se encogió de hombros. —No exactamente, pero el quidditch era muy importante para mí en Hogwarts. ¡Y realmente no tenía opción!—añadió un poco a la defensiva—. Gryffindor no tenía otro buscador para poner en mi lugar.
En aquel momento Neville cayó en la sala común. Nadie se explicó cómo se las había arreglado para pasar por el agujero del retrato, porque sus piernas estaban pegadas juntas, con lo que reconocieron de inmediato el Maleficio de las Piernas Unidas.
—Ahh, sí—dijo Hermione, frunciendo el ceño—. Recuerdo esta parte—señaló en un gruñido, mientras el resto también pasaba por distintos grados de indignación.
Neville se había sonrojado un poco, pero más que nada de rabia al recordar lo difícil que fue soportar el bullying durante sus primeros años en Hogwarts y lo molesto que habían sido muchos (no sólo de Slytherin) con él, sólo porque no podía defenderse.
Había tenido que ir saltando todo el camino hasta la torre Gryffindor.
Todos empezaron a reírse, salvo Hermione, que se puso de pie e hizo el contramaleficio. Las piernas de Neville se separaron y pudo ponerse de pie, temblando.
—Espero que usteden no se hayan reído también—se interrumpió Ginny, mirando con recelo a Harry, Ron, Percy, George y Angelina por turnos, con Molly, Luna y Fleur imitándola.
—Nosotros estábamos todavía en el campo de quidditch—se defendió George de inmediato, apuntando también a Angelina quien asintió deprisa.
—Yo no me reí. Estaba nervioso por lo de Snape y el partido—señaló Harry levantando las manos en modo tranquilizador.
—Yo tampoco me reí—dijo Ron apresuradamente, y Harry lo confirmó asintiendo.
Todos miraron finalmente a Percy, quien se sonrojó.
—Estaba en mi habitación puliendo mi insignia de prefecto—murmuró audiblemente, y todos soltaron una carcajada liberando la tensión acumulada.
—¿Qué ha sucedido? —preguntó Hermione, ayudándolo a sentarse junto a Harry y Ron.
—Apuesto a que sé quien fue—masculló Bill, de repente irritado. Fleur lo tomó de la mano intentando tranquilizarlo.
—Malfoy —respondió Neville temblando—. Lo encontré fuera de la biblioteca. Dijo que estaba buscando a alguien para practicarlo.
—Adivina, adivinador. ¿Quién es el hurón mas molesto y brabucón?—masculló Ron, frunciendo el ceño e intentando controlar su temperamento.
—Tranquilo, Ron—le dijo suavemente su novia tomándolo de la mano.
—¡Ve a hablar con la profesora McGonagall! —lo instó Hermione—. ¡Acúsalo!
Neville negó con la cabeza.
—No quiero tener más problemas —murmuró.
—¡Tienes que hacerle frente, Neville! —dijo Ron—. Está acostumbrado a llevarse a todo el mundo por delante, pero ésa no es una razón para echarse al suelo a su paso y hacerle las cosas más fáciles.
—Tal vez no fue la mejor forma de decírtelo—se disculpó Ron.
—Está bien, Ron—lo tranquilizó Neville—. Tenías razón igual.
—No es necesario que me digas que no soy lo bastante valiente para pertenecer a Gryffindor; eso ya me lo dice Malfoy—dijo Neville, atragantándose.
Harry buscó en los bolsillos de su túnica y sacó una rana de chocolate, la última de la caja que Hermione le había regalado para Navidad. Se la dio a Neville, que parecía estar a punto de llorar.
Neville se ruborizó. —Gracias, Harry—le dijo al pelinegro.
—No hay problema, Nev—le sonrió Harry, mientras su novia le lanzaba una mirada iluminada. Harry es de verdad una persona especial…
—Tú vales por doce Malfoys —dijo Harry—. ¿Acaso no te eligió para Gryffindor el Sombrero Seleccionador? ¿Y dónde está Malfoy? En la apestosa Slytherin.
—Bien dicho, Harry—aseveró Charlie.
—Siempre fuiste bueno para las charlas motivantes, colega—le aseguró Ron—. Sobre todo en Quidditch—añadió sonriendo de lado, y Ginny asintió vehemente. Harry no pudo evitar ruborizarse; Ginny lo vió y tuvo que contenerse para evitar revolear el libro y lanzarse al cuello de su novio.
Neville dejó escapar una débil sonrisa, mientras desenvolvía el chocolate.
—Gracias, Harry. Creo que me voy a la cama... ¿Quieres el cromo? Tú los coleccionas, ¿no?
Mientras Neville se alejaba, Harry miró el cromo de los Magos Famosos.
—Y aquí vamos—masculló Harry pinchándose el puente de la nariz. Ron y Hermione tampoco pudieron evitar hacer sendos gestos de fastidio, para confusión del resto.
—Dumbledore otra vez —dijo— Él fue el primero que...
Bufó. Miró fijamente la parte de atrás de la tarjeta. Luego levantó la vista hacia Ron y Hermione.
—¡Lo encontré! —susurró—. ¡Encontré a Flamel! Os dije que había leído ese nombre antes.
—¡Al fín!—exclamó George revoleando los brazos, y riendo como loco—. Creo que ninguno de ustedes dos hubiera soportado un día mas de biblioteca—se burló mirando a Ron y a Harry, quienes fruncían el ceño pero no tanto como Hermione. ¿Qué tiene de malo querer pasar tiempo en la biblioteca?
Lo leí en el tren, viniendo hacia aquí. Escuchad lo que dice: «El profesor Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald, en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón ¡y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel!».
Hermione dio un salto. No estaba tan excitada desde que le dieron la nota de su primer trabajo.
—¡Harry!—protestó Hermione muy ruborizada mientras estallaban las carcajadas.
—Lo siento, Herms—se disculpó Harry con una sonrisa, mientras Ron parecía convulsionarse en carcajadas silenciosas.
Hermione tuvo que fulminarlos a todos con la mirada para que dejen de reírse, y aun así se seguía escuchando algunas risitas cuando Ginny retomó la lectura.
—¡Esperad aquí! —dijo, y se lanzó por la escalera hacia el dormitorio de las chicas. Harry y Ron casi no tuvieron tiempo de intercambiar una mirada de asombro y ya estaba allí de nuevo, con un enorme libro entre los brazos.
—¡Nunca pensé en buscar aquí! —susurró excitada—. Lo saqué de la biblioteca hace semanas, para tener algo ligero para leer.
—¿Eso es ligego?—le susurró Fleur a Bill, quien tuvo que hacer un esfuerzo para no reírse.
—Supongo que para ella sí lo es—contestó Bill por lo bajo, divertido.
—¿Ligero? —dijo Ron, pero Hermione le dijo que esperara, que tenía que buscar algo y comenzó a dar la vuelta a las páginas, enloquecida, murmurando para sí misma.
Al fin encontró lo que buscaba.
—¡Lo sabía! ¡Lo sabía!
—¿Podemos hablar ahora? —dijo Ron con malhumor. Hermione hizo caso omiso de él.
—Obviamente—masculló Ron revoleando los ojos.
—Nicolás Flamel —susurró con tono teatral— es el único descubridor conocido de la Piedra Filosofal.
Aquello no tuvo el efecto que ella esperaba.
Se oyeron algunas risas en la sala.
—Debiste saber con quienes tratabas, Hermione—se burló Ginny, provocando que Harry y Ron alzaran las cejas indignados. Ginny les sacó la lengua como toda respuesta y siguió leyendo.
—¿La qué? —dijeron Harry y Ron.
—¡Oh, no lo entiendo! ¿No sabéis leer? Mirad, leed aquí. Empujó el libro hacia ellos, y Harry y Ron leyeron:
El antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sustancia legendaria que tiene poderes asombrosos. La piedra puede transformar cualquier metal en oro puro. También produce el Elixir de la Vida, que hace inmortal al que lo bebe.
Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a través de los siglos, pero la única Piedra que existe actualmente pertenece al señor Nicolás Flamel, el notable alquimista y amante de la ópera. El señor Flamel, que cumplió seiscientos sesenta y cinco años el año pasado, lleva una vida tranquila en Devon con su esposa Perenela (de seiscientos cincuenta y ocho años).
—¿Veis? —dijo Hermione, cuando Harry y Ron terminaron—. El perro debe de estar custodiando la Piedra Filosofal de Flamel. Seguro que le pidió a Dumbledore que se la guardase, porque son amigos y porque debe de saber que alguien la busca. ¡Por eso quiso que sacaran la Piedra de Gringotts!
Ahora entiendo, razonó Percy internamente, abstrayéndose de la lectura otra vez. Flamel debía suponer que alguien podría robarle la Piedra, o tal vez Dumbledore lo creyó así, por lo que la Piedra debía ser trasladada desde Gringotts. Pero, ¿quien iba a suponer que alguien pudiese entrar y robar el banco tan fácilmente? Recordó algunos detalles de capítulos anteriores… Hagrid había vaciado la bóveda bajo las órdenes de Dumbledore justo antes del robo, lo cual confirmaría la teoría de que fue el mismo director el que advirtió la posibilidad del robo… pero, ¿cómo? ¿Acaso Dumbledore suponía que Quirrell intentaría robar la piedra? ¿Y por qué todo esto transcurrió el mismo año en que Harry pisó Hogwarts por primera vez?
Percy sacudió la cabeza. ¿Qué más sabía Dumbledore que nunca quiso compartir con el resto?
—¡Una piedra que convierte en oro y hace que uno nunca muera! —dijo Harry—. ¡No es raro que Snape la busque! Cualquiera la querría.
—Y no es raro que no pudiéramos encontrar a Flamel en ese Estudio del reciente desarrollo de la hechicería —dijo Ron—. Él no es exactamente reciente si tiene seiscientos sesenta y cinco años, ¿verdad?
—Y que lo digas—rió George.
A la mañana siguiente, en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, mientras copiaban las diferentes formas de tratar las mordeduras de hombre lobo, Harry y Ron seguían discutiendo qué harían con la Piedra Filosofal si tuvieran una. Hasta que Ron dijo que él se compraría su propio equipo de quidditch y Harry recordó el partido en que tendría a Snape de árbitro.
—Sólo por curiosidad—interrumpió Ginny—, ¿qué comprarían ustedes con todo ese oro?—les preguntó a todos los presentes.
—Yo compraría mi propio invernadero—respondió Neville con media sonrisa—. Lleno de enormes plantas tropicales y exóticas.
—Una cabaña en cada bosque del mundo—dijo Luna con voz soñadora—, para poder recorrerlos todos y conocer la fauna de cada uno.
—Mi propia biblioteca—suspiró Hermione radiante—, con montones de salones y miles de estantes llenos de libros.
George la miró con ojos como platos. —No tenes remedio. Con ese oro pondría una sucursal de Sortilegios Weasley en cada poblado mágico del mundo—comentó el pelirrojo sonriendo de oreja a oreja.
—Yo construiría mi propio estado de quidditch profesional—dijo Angelina un poco sonrojada, mientras Hermione fulminaba a George con la mirada—. Con espacio para 100 mil personas.
—Yo ya lo dije—señaló Ron encogiéndose de hombros—: yo compraría mi propio equipo de quidditch. Aunque—añadió sonriendo con brillo en los ojos—podría también financiar a los Chudley Cannons para contratar mejores jugadores y ganar el campeonato.
—Imposible. Ni con todo el oro del mundo pasaría eso.
—Muy graciosa, Ginny—gruñó Ron ante la risa general—. ¿Vos que harías?
—Yo me compraría mi propio set de túnicas de quidditch y un palco exclusivo para las Arpías de Holyhead.
—Típico—bufó Percy divertido ante todos los fanáticos—. Yo compraría un edificio muy antiguo y majestuoso para vivir ahí, como un castillo medieval europeo.
—Yo también—asintió Bill de acuerdo con su hermano menor—. Pero yo elegiría una pirámide egipcia
—¡Qué gagos son ustedes dos!—rió Fleur—. Yo me compgagía mi pgopia fábgica de chocolates finos.
—Yo me fabricaría mi propio dragón mecánico volador—confesó Charlie riendo.
—Yo compraría un avión y aprendería a pilotearlo—dijo Arthur con entusiasmo.
—Yo realmente no se que haría—musitó Molly—. Supongo que compraría utensilios de limpieza automáticos y así me olvidaría de los quehaceres de la casa. No dejaría de cocinar—aclaró ante la mirada horrorizada de sus hijos, quienes suspiraron aliviados.
—¿Y que hay de vos, Harry?—preguntó Ron curioso—. Recuerdo que habías dicho que te comprarías todas las tartas de melaza del mundo.
—Tenía hambre en ese momento—se defendió el pelinegro sonrojado mientras todos se carcajeaban sintiéndose a gusto de poder estar relajados y compartiendo chistes y momentos felices. ¡Era mágico! Era para esto que habían combatido tanto, por estos momentos tan risueños...
Ginny aprovechó para descansar un poco la voz antes de continuar con la lectura.
—Jugaré—informó a Ron y Hermione—. Si no lo hago, todos los Slytherins pensarán que tengo miedo de enfrentarme con Snape. Les voy a demostrar... les voy a borrar la sonrisa de la cara si ganamos.
—Siempre y cuando no te borren a ti del terreno de juego —dijo Hermione.
—Siempre el rayito de esperanza—rió Harry.
Hermione se encogió de hombros. —Se me contagió tu pesimismo.
Todos estallaron en carcajadas nuevamente, incluso Harry quien apreció lo inteligente de la retribución de Hermione.
Sin embargo, a medida que se acercaba el día del partido, Harry se ponía más nervioso, pese a todo lo que les había dicho a sus amigos. El resto del equipo tampoco estaba demasiado tranquilo. La idea de alcanzar a Slytherin en el torneo de la casa era maravillosa, nadie lo había conseguido en siete años, pero ¿podrían hacerlo con aquel árbitro tan parcial?
—Tendrían que hacer un partido fantástico—sugirió Charlie arrugando el entrecejo—, o capturar la Snitch en menos de cinco minutos. Pero eso es imposible—señaló el domador de dragones riendo, sin percibir que todos aquellos que había sido testigos o participado del partido contenían la risa y evitaban mirarse entre sí.
Harry no sabía si se lo imaginaba o no, pero veía a Snape por todas partes. Por momentos, hasta se preguntaba si Snape no lo estaría siguiendo para atraparlo. Las clases de Pociones se convirtieron en torturas semanales para Harry, por la forma en que lo trataba Snape. ¿Era posible que Snape supiera que ellos habían averiguado lo de la Piedra Filosofal?
—Quizás usó Legilimancia—sugirió Bill.
—O quizás sólo es Snape siendo Snape con Harry a la vista.
—Buen punto, George.
Harry no se imaginaba cómo podía saberlo... aunque algunas veces tenía la horrible sensación de que Snape podía leer los pensamientos.
Todos los que tuvieron a Snape como profesor reprimieron un escalofrío, recordando las veces que tuvieron esa sensación.
Harry supo, cuando le desearon suerte en la puerta de los vestuarios, la tarde siguiente, que Ron y Hermione se preguntaban si volverían a verlo con vida. Aquello no era lo que uno llamaría reconfortante.
—¡Y que lo digas!—exclamó Harry fingiendo seriedad.
Harry casi no oyó las palabras de Wood, mientras se ponía la túnica de quidditch y cogía su Nimbus 2.000.
Ron y Hermione, entre tanto, encontraron un sitio en las gradas, cerca de Neville, que no podía entender por qué estaban tan preocupados, ni por qué llevaban sus varitas al partido.
—Ahora puedo entenderlo—rió Neville.
Lo que Harry no sabía era que Ron y Hermione habían estado practicando en secreto el Maleficio de las Piernas Unidas. Se les ocurrió la idea cuando Malfoy lo utilizó con Neville, y estaban listos para utilizarlo con Snape, si daba alguna señal de querer hacer daño a Harry.
—¿En serio?—se sorprendió el pelinegro, mirando a sus dos mejores amigos—. ¿Hubieran atacado a Snape de presentarse la ocasión?
Ambos rodaron los ojos exasperados.
—Honestamente no es algo que no hubiera hecho en el partido anterior—acotó la chica y todos se rieron.
—Y tampoco es algo que no habríamos de hacer a final del 3º curso—le susurró Ron a Harry en voz baja, mientras Ginny retomaba la lectura, a lo que el pelinegro tuvo que aguantar la risa.
—No te olvides, es locomotor mortis —murmuró Hermione, mientras Ron deslizaba su varita en la manga de la túnica.
—Ya lo sé —respondió enfadado—. No me des la lata.
—Imposible—rió George—. Ustedes vienen discutiendo como un viejo matrimonio desde el primer día—agregó y todos se rieron menos unos ruborizados Ron y Hermione.
Mientras tanto, en el vestuario, Wood había llevado aparte a Harry
—No quiero presionarte, Potter; pero si alguna vez necesitamos que se capture en seguida la snitch, es ahora. Necesitamos terminar el partido antes de que Snape pueda favorecer demasiado a Hufflepuff.
Charlie silbó. —Wood está superando su nivel de obsesión. No te puede pedir lo imposible.
Harry se encogió de hombros, intentando que su expresión no lo delate. —Su obsesión aún no estaba desarrollada lo suficiente para lo que alcanzó a final de mi 3º año.
—¡Todo el colegio está allí fuera! —dijo Fred Weasley, espiando a través de la puerta—. Hasta... ¡Vaya, Dumbledore ha venido al partido!
El corazón de Harry dio un brinco.
—Tu corazón hace cosas muy raras—comentó Luna como quien no quiere la cosa—. ¿Seguro que es saludable? Deberías hacértelo ver, Harry—le aconsejó al pelinegro, quien la miraba como si acabara de salirle un cuerno en la frente, mientras todos se reían de lo absurdo de la conversación.
—¿Dumbledore? —dijo, corriendo hasta la puerta para asegurarse. Fred tenía razón. Aquella barba plateada era inconfundible.
Harry tenía ganas de reírse a carcajadas, del alivio que sentía. Estaba a salvo. No había forma de que Snape se animara a hacerle algo si Dumbledore estaba mirando.
Tal vez por eso Snape parecía tan enfadado mientras los equipos desfilaban por el terreno de juego, algo que Ron también notó.
—O quizás sabía que Dumbledore lo había hecho a propósito—le susurró Harry a Ron, quien rió por lo bajo.
—Nunca vi a Snape con esa cara de malo —dijo a Hermione—. Mira, ya salen. ¡Eh!
Alguien había golpeado a Ron en la parte de atrás de la cabeza. Era Malfoy.
Todos hicieron varios gestos y sonidos de exasperación.
—¿Que no tiene otra cosa que hacer ese hurón?—escupió Charlie.
—Oh, perdón, Weasley, no te había visto.
—Si, claró—dijo Bill sarcástico.
—Nunca está satisfecho hasta hacer su mala obra del día—gruñó Ron con veneno en cada palabra.
Malfoy sonrió burlonamente a Crabbe y Goyle.
—Me pregunto cuánto tiempo durará Potter en su escoba esta vez. ¿Alguien quiere apostar? ¿Qué me dices, Weasley?
Ron no le respondió: Snape acababa de pitar un penalti a favor de Hufflepuff, porque George Weasley le había tirado una bludger.
—Valió la pena—comentó George encogiéndose de hombros ante la mirada de todos.
Hermione, que tenía los dedos cruzados sobre la falda, observaba sin cesar a Harry, que circulaba sobre el juego como un halcón, buscando la snitch.
—¿Sabéis por qué creo que eligen a la gente para la casa de Gryffindor? —dijo Malfoy en voz alta unos minutos más tarde, mientras Snape daba otro penalti a Hufflepuff, sin ningún motivo—. Es gente a la que le tienen lástima. Por ejemplo, está Potter; que no tiene padres, luego los Weasley, que no tienen dinero... Y tú, Longbottom, que no tienes cerebro.
—Ese pequeño y maldito hurón cara de…
—¡Bill!—le advirtió Fleur a tiempo. Bill pareció darse cuenta de lo que estaba por decir y se calló a tiempo, un poco avergonzado pero aún así temblando de rabia, y no era el único...
Neville se puso rojo y se volvió en su asiento para encararse con Malfoy
—Yo valgo por doce como tú, Malfoy —tartamudeó.
—Así se habla, Neville—festejó Luna con furia. Ron la miró con los ojos como platos.
Malfoy, Crabbe y Goyle estallaron en carcajadas, pero Ron, sin quitar los ojos del partido, intervino.
—Así se habla, Neville.
Luna ni siquiera se mosqueó por haber dicho lo mismo que Ron, quien seguía mirándola anonadado.
—Longbottom, si tu cerebro fuera de oro serías más pobre que Weasley, y con eso te digo todo.
—Sus chistes son cada vez peores—masculló Percy masajeándose los ojos de cansancio.
La preocupación por Harry estaba a punto de acabar con los nervios de Ron.
—Te prevengo, Malfoy... Una palabra más...
—¡Ron! —dijo de pronto Hermione—. ¡Harry...!
—¡¿Qué?¡ ¿Qué pasó?—preguntó Molly ansiosa.
—Nada serio, mama—la tranquilizó George. Ginny siguió leyendo aún más rápido.
—¿Qué? ¿Dónde?
Harry había salido en un espectacular vuelo, que arrancó gritos de asombro y vivas entre los espectadores. Hermione se puso de pie, con los dedos cruzados en la boca, mientras Harry se lanzaba velozmente hacia el campo, como una bala.
Charlie abrió los ojos. No puede ser…
—Tenéis suerte, Weasley, es evidente que Potter ha visto alguna moneda en el campo—dijo Malfoy.
Todos volvieron a fruncir el ceño ante el insulto pero Ginny continuó antes de que alguien comentara.
Ron estalló. Antes de que Malfoy supiera lo que estaba pasando, Ron estaba encima de él, tirándolo al suelo. Neville vaciló, pero luego se encaramó al respaldo de su silla para ayudar.
—¡Vamos, Neville!—exclamaron George, Luna y Ron al mismo tiempo, a lo que el joven se ruborizó.
—¡Vamos, Harry!—gritaba Hermione, subiéndose al asiento para ver bien a Harry, sin darse cuenta de que Malfoy y Ron rodaban bajo su asiento y sin oír los gritos y golpes de Neville, Crabbe y Goyle.
En el aire, Snape puso en marcha su escoba justo a tiempo para ver algo escarlata que pasaba a su lado, y que no chocó con él por sólo unos centímetros. Al momento siguiente Harry subía con el brazo levantado en gesto de triunfo y la mano apretando la snitch.
—¡SIIIIIIII!—gritaron todos los Gryffindor al mismo tiempo.
—¡INCREÍBLE!—rugió Charlie sorprendido y aplaudiendo como loco—. ¡Es un récord de Hogwarts!
—¡Ni me dio tiempo de anotar!—exclamó Angelina abrazando a George.
Ginny aprovechaba para descansar la voz y abrazar a Harry. Internamente se sentía muy contenta por su novio, pero además estaba vibrando de emoción al imaginar la voz de un comentarista exclamando: ¡Weasley lleva a las Arpías a la victoria y al título! ¡Aplaudan de pie a la figura y goleadora del campeonato!
—Ginny…
La pelirroja despertó de repente de su ensoñación, pero por suerte para ella sólo Harry se había dado cuenta que se había quedado soñando despierta.
—¿Pasó algo?—le preguntó su novio, mitad serio y mitad divertido.
—Estoy bien, amor—le aseguró Ginny sonriendo—. Estaba soñando despierta con mi futuro en las Arpías.
Harry rió y la besó, y mientras le correspondía Ginny sabía que su novio no se estaba burlando, sino que de verdad la entendía completamente.
George carraspeó. —Cuando ustedes dos terminen, tortolitos…
Harry y Ginny se separaron sonrojados, la segunda fulminando a su hermano con la mirada, al igual que el resto de las mujeres presentes. George pareció encogerse ante las múltiples amenazas, momento que aprovechó Ginny para retomar la lectura.
Las tribunas bullían. Aquello era un récord, nadie recordaba que se hubiera atrapado tan rápido la snitch.
—¡Ron! ¡Ron! ¿Dónde estás? ¡El partido ha terminado! ¡Hemos ganado! ¡Gryffindor es el primero! —Hermione bailaba en su asiento y se abrazaba con Parvati Patil, de la fila de delante.
Harry saltó de su escoba, a centímetros del suelo. No podía creerlo. Lo había conseguido... El partido había terminado y apenas había durado cinco minutos.
—Increíble, increíble…—mascullaba Charlie aún anonadado.
Mientras los de Gryffindor se acercaban al terreno de juego, vio que Snape aterrizaba cerca, con el rostro blanco y los labios tirantes. Entonces Harry sintió una mano en su hombro y, al darse la vuelta, se encontró con el rostro sonriente de Dumbledore.
—Bien hecho—dijo Dumbledore en voz baja, para que sólo Harry lo oyera—. Muy bueno que no buscaras ese espejo... que te mantuvieras ocupado... excelente...
—Y que lo digas—musitó Charlie apenas recuperándose de la sorpresa. Varios se rieron.
Snape escupió con amargura en el suelo.
Un rato después, Harry salió del vestuario para dejar su Nimbus 2.000 en la escobera. No recordaba haberse sentido tan contento. Había hecho algo de lo que podía sentirse orgulloso. Ya nadie podría decir que era sólo un nombre célebre.
—Entiendo tu sentimiento, Harry—reflexionó Neville en voz alta—. Yo también quería poder cumplir con las expectativas puestas en mí, y me resultaba muy difícil no poder hacerlo. Era como caminar con zapatos muy grandes para mí—concluyó apretando los puños. Luna le dio unas palmadas en el brazo.
—Y sin embargo superaste esas expectativas, Nev—afirmó Ron firmemente, y todos asintieron con vehemencia—. Tu abuela y tus padres seguro están mas que orgullosos de vos.
Neville se volvió a sonrojar, y alcanzó a musitar "gracias" antes de que Ginny se apiadara de su amigo y siguiera leyendo.
El aire del anochecer nunca había sido tan dulce. Anduvo por la hierba húmeda, reviviendo la última hora en su mente, en una feliz nebulosa: los Gryffindors corriendo para llevarlo en andas, Ron y Hermione en la distancia, saltando como locos, Ron vitoreando en medio de una gran hemorragia nasal...
—Valió la pena—dijo Ron encogiéndose de hombros. George y Ginny se rieron.
Harry llegó a la cabaña. Se apoyó contra la puerta de madera y miró hacia Hogwarts, cuyas ventanas despedían un brillo rojizo en la puesta del sol. Gryffindor a la cabeza. Él lo había hecho, le había demostrado a Snape...
Y hablando de Snape.
Una figura encapuchada bajó sigilosamente los escalones delanteros del castillo. Era evidente que no quería ser visto dirigiéndose a toda prisa hacia el bosque prohibido.
—Ughh, ¿y ahora que?—rezongó Charlie, pinchándose el puente de la nariz.
—Nada bueno, segugo—musitó Fleur.
Harry no dijo nada; iban a tener que tragarse sus palabras después.
La victoria se apagó en la mente de Harry mientras observaba. Reconoció a la figura que se alejaba. Era Snape, escabulléndose en el bosque, mientras todos estaban en la cena... ¿Qué sucedía?
Harry saltó sobre su Nimbus 2.000 y se elevó. Deslizándose silenciosamente sobre el castillo, vio a Snape entrando en el bosque. Lo siguió.
—Y no te preocupó realmente que el Bosque esté prohibido o peligroso, ¿no?— le preguntó Hermione mordazmente, a lo que Harry la miro con fingida inocencia.
—No tengo ni idea de lo que hablás—respondió Harry simplemente, provocando la risa de todos los mas jóvenes, incluso Hermione. Molly por su parte no lo encontró divertido.
Los árboles eran tan espesos que no podía ver adónde había ido Snape. Voló en círculos, cada vez más bajos, rozando las copas de los árboles, hasta que oyó voces. Se deslizó hacia allí y se detuvo sin ruido, sobre un haya.
Con cuidado se detuvo en una rama, sujetando su escoba y tratando de ver a través de las hojas.
—¿Tienes experiencia trepando árboles, colega?—rió Ron, pero se detuvo abruptamente al ver que el semblante de Harry se ensombrecía.
—Algo así—fue su única respuesta. Ginny frunció el ceño, pero continuó leyendo. Ya habría tiempo de hablar con su novio…
Abajo, en un espacio despejado y sombrío, vio a Snape. Pero no estaba solo. Quirrell también estaba allí. Harry no podía verle la cara, pero tartamudeaba como nunca. Harry se esforzó por oír lo que decían.
—... n-no sé p-por qué querías ver-verme j-justo a-aquí, de entre t-todos los l-lugares, Severus...
—Oh, pensé que íbamos a mantener esto en privado —dijo Snape con voz gélida—. Después de todo, los alumnos no deben saber nada sobre la Piedra Filosofal.
Harry se inclinó hacia delante. Quirrell tartamudeaba algo y Snape lo interrumpió.
—¿Ya has averiguado cómo burlar a esa bestia de Hagrid?
—P-p-pero Severus, y-yo...
—Tú no querrás que yo sea tu enemigo, Quirrell —dijo Snape, dando un paso hacia él.
—Y-yo no s-sé qué...
—Tú sabes perfectamente bien lo que quiero decir.
Una lechuza dejó escapar un grito y Harry casi se cae del árbol.
Todos se tensaron, sumergidos como estaban en la lectura.
Se enderezó a tiempo para oír a Snape decir:
—... tu pequeña parte del abracadabra. Estoy esperando.
—P-pero y-yo no...
—Muy bien —lo interrumpió Snape—. Vamos a tener otra pequeña charla muy pronto, cuando hayas tenido tiempo de pensar y decidir dónde están tus lealtades.
Se echó la capa sobre la cabeza y se alejó del claro. Ya estaba casi oscuro, pero Harry pudo ver a Quirrell inmóvil, como si estuviera petrificado.
Hermione contuvo la respiración una fracción de segundo ante la palabra "petrificado" pero logró componerse.
—Harry…—comenzó Neville algo inseguro. Mientra escuchaba la discusión entre Snape y Quirrell, había recordado algunos eventos de aquel primer año, y aunque su corazón le decía una cosa, su cerebro empezaba a unir los puntos. Harry lo miró con las cejas levantadas—. Empiezo a darme cuenta de algunas cosas sobre…
—Neville—lo atajó Harry sonriendo de lado—, si te diste cuenta, no arruinés la sorpresa para el resto.
Neville asintió, aún algo confundido al igual que la mitad de la sala. En realidad, sólo el trío y Percy sabían cómo habría de terminar el año y quién era el verdadero villano detrás de escena.
—¿Harry, dónde estabas? —preguntó Hermione con voz aguda.
—¡Ganamos! ¡Ganamos! ¡Ganamos! —gritaba Ron al tiempo que daba palmadas a Harry en la espalda—. ¡Y yo le puse un ojo negro a Malfoy y Neville trató de vencer a Crabbe y Goyle él solo! Todavía está inconsciente, pero la señora Pomfrey dice que se pondrá bien. Todos te están esperando en la sala común, vamos a celebrar una fiesta, Fred y George robaron unos pasteles y otras cosas de la cocina...
George fingió inocencia ante las miradas acusadoras de sus padres mientras algunos se reían.
—Ahora eso no importa —dijo Harry sin aliento—. Vamos a buscar una habitación vacía, ya veréis cuando oigáis esto...
Se aseguró de que Peeves no estuviera dentro antes de cerrar la puerta, y entonces les contó lo que había visto y oído.
—Así que teníamos razón, es la Piedra Filosofal y Snape trata de obligar a Quirrell a que lo ayude a conseguirla.
De eso ya no estoy tan seguro, pensó Neville con el ceño fruncido. El final de aquel primer año me deja muchas dudas…
Le preguntó si sabía cómo pasar ante Fluffy y dijo algo sobre el «abracadabra» de Quirrell... Eso significa que hay otras cosas custodiando la Piedra, además de Fluffy, probablemente cantidades de hechizos, y Quirrell puede haber hecho algunos encantamientos anti-Artes Oscuras que Snape necesita romper...
—¿Quieres decir que la Piedra estará segura mientras Quirrell se oponga a Snape? —preguntó alarmada Hermione.
—En ese caso no durará mucho —dijo Ron.
Algunos se rieron liberando algo la tensión, momento que aprovechó Ginny para marcar la hoja e indicar que había terminado el capítulo. ¡Y a tiempo! Tanto el estómago de Ron como el de Charlie rugieron al unísono provocando el sonrojo de estos dos y las carcajadas del resto.
—Supongo que podemos parar acá y almorzar algo—sugirió Molly mirando el reloj que marcaba ya las 11:47, y todos asintieron anhelantes (Ron y Charlie chocando los cinco además).
Mientras Molly y Percy preparaban la comida y el resto se ocupaba de preparar la mesa o de despejarse un poco de la lectura, Ginny aprovechó para interceptar a su novio antes de que se escabulla.
—Tenemos que hablar Harry—le dijo al oído cuando lo alcanzó y lo tomó de la mano. El pelinegro la miró a los ojos y asintió, algo resignado.
—¿De qué se trata, amor?—le preguntó unos segundos después, cuando pudieron encontrar un lugar mas discreto (la habitación de los padres de Ginny).
Ginny lo miró a los ojos y dijo con decisión: —Necesito saber, Harry. Quiero que me cuentes qué cosas te hicieron esos…—Ginny puso una mueca de disgusto—…esos Dursleys. Estoy segura de que aún no terminamos de escuchar todo sobre ellos y todo lo que te hicieron.
Harry no dijo nada. Personalmente no se sentía muy a gusto rememorando todas las malas experiencias que había sufrido con los Dursleys; por un lado, él mismo se decía que ya no importaba, que ya no tenía que vivir con ellos y soportar todas esas cosas, pero por el otro cada vez le resultaba más difícil guardarse todas esas cosas, y mientras mas hablaba del temas, mas sentía que podía contarlo sin vergüenza. Después de todo, podía confiar en su verdadera familia.
Y antes de darse cuenta, Harry comenzó a hablar de todo lo que recordaba sobre su miserable vida en Privet Drive. Entre otras anécdotas, el pelinegro habló de cómo desde los 2 años, los Dursleys lo obligaron a dormir en la alacena bajo las escaleras; de cómo a los 3 años, tía Petunia le había mentido sobre la cicatriz en su frente y la muerte de sus padres, obligándolo a no hacer mas preguntas; de cómo a partir de los 4 años, Dudley comenzó a pegarle cuando se aburría, sin que los Dursleys hicieran algo para impedirlo; de cómo a partir de los 5 años, Dudley se encargaba de impedir que tuviese amigos en el barrio o en la escuela; de cómo a partir de los 6 años, después de que tío Vernon se quejara en voz alta de lo mucho que costaba la ropa de Harry, tuvo que empezar a usar la ropa vieja y gastada de Dudley (de varias tallas mas grande); de cómo a partir de los 7 años, Harry tenía que comer rápido para evitar que Dudley le robara la comida de su plato; de cómo a partir de los 8 años, Dudley lo obligaba a hacerle la tarea porque tía Petunia y tío Vernon no aceptarían que Harry tuviese mejores notas que su "cachorrito"; de cómo a los 9 años, tía Petunia empezó a obligarlo a despertarse temprano para cocinar el desayuno para todos; de cómo al cumplir 10, Dudley y su banda lo habían festejado persiguiéndolo por tres horas seguidas hasta que, muerto de cansancio, llegó a su casa a la noche sólo para descubrir que su primo había llegado primero y se había comido toda la comida, haciendo de ese el cumpleaños mas hambriento de su vida…
Así, Ginny escuchó cada vez más atónita todas y cada una de las cosas que había sufrido su novio en Privet Drive antes de Hogwarts. Su novio habló de cómo nunca le hicieron un regalo digno o una torta para su cumpleaños mientras a Dudley lo mimaban y consentían en todo lo que quería; de cómo siempre lo castigaban cuando mostraba magia accidental; de cómo nunca lo llevaban con Dudley al cine, al zoológico, al parque de diversiones o de vacaciones; de cómo la tía Marge lo molestaba, insultaba y pegaba cada vez que llegaba de visita… Entiendo ahora por qué tiene experiencia en escalar árboles, razonó mentalmente Ginny hecha una furia cuando Harry le contó sobre la experiencia del bulldog de la tía Marge. Sin embargo, se contentó con tomar a su novio de la mano mientras el pelinegro narraba cada episodio de su miserable infancia.
Así llegaron los años de Hogwarts, y los Dursleys no habían hecho nada por mejorar; no sabía si era peor el castigo de un mes encerrado en la alacena el verano antes del 1º año; el fatídico 2º año antes de la huida a la Madriguera; y finalmente cuando Harry narró con voz ronca la visita de tía Marge antes del 3º año, Ginny se rió con malicia después de escuchar como su novio infló a su tía.
—Entonces—dijo Ginny recobrándose, después de que el pelinegro terminara de contar todo con voz cada vez más ronca—, teníamos razón Harry.
Su novio la miró confundido, a lo que ella explicó: —Me refiero a que tus tíos abusaban de ti. No trates de negarlo—lo cortó rodando los ojos cuando Harry abrió los ojos como platos y se preparaba para protestar—. Si el maltrato, la negligencia, la indiferencia y la crueldad con las que te trataba tu "familia"—dijo esto haciendo comillas con los dedos—no es abuso, ¿entonces qué es, Harry?
El pelinegro no dijo nada, impactado con el argumento de su novia; sólo se limitó a asentir secamente mirando hacia la pared. Lo salvó de decir algo que desde la cocina llegara la voz de la señora Weasley llamando a la mesa, así que ambos se levantaron de la cama y salieron al pasillo. A mitad del camino, Ginny le bloqueó el paso a su novio y lo abrazó con fuerza, y Harry mientras la abrazaba, sintió que un gran peso que hasta ese momento no sabía que sentía se desprendía de su pecho, despejando de dudas su mente y su corazón.
—Gracias, mi amor—fue lo único que alcanzó a articular y Ginny lo besó con ternura.
—Estamos para ti, Harry—le dijo dulcemente, y lo tomó de la mano sonriendo—. Y ahora vamos a comer, antes de que Ron y Charlie devoren todo.
