—No lo se Perla, no parece muy buena idea...
—Por favor, será algo pequeño entre nosotras y nuestras...quiero decir...MI novia...—
—Pearl, en la mañana no querías ni ir a un lugar especial a cenar a pesar de que nos hubiéramos ganado un muy buen descuento, ¿Qué fue lo que te hizo cambiar de parecer así sin más?
—Es que. Bueno. Hoy cumplo veintiocho años, así que ya estoy prácticamente a la esquina de los treinta años.
—Te saltaste un número.
—Estoy enfatizando un punto aquí. Es solo que, quiero revivir recuerdos, ¿sabes?, ni siquiera quiero algo grande, solo que gente cercana a mi esté ahí compartiendo el momento, como lo hacíamos cuando éramos jóvenes.
—Si, cuando comprábamos alcohol barato y nos poníamos a jugar cartas ebrios; ¡Oh! Tal vez podemos traer un Twister y golpearnos en la frente tratando de ganar el juego, ¿qué te parece eso?—Comenta con sarcasmo la peliazulada con una clara referencia a un evento que le ocurrió en una de esas reuniones (evento el cual tiene muy grabado en la memoria por una cicatriz que cruza la ceja derecha).—Así que, está bien, allá tú Pearl, haz tú reunión pero sigues sin convencerme.—
—Vamos, no tiene que ser como en los viejos tiempos.—continúa insistiendo Perla.—Solo vamos a mi apartamento, sacamos unas cuantas bebidas, pequeños aperitivos para mientras hablamos de cualquier cosa e incluso puedo conectar esa vieja bocina de Amatista, hazlo por mi, es mi cumpleaños.—
Lapis la mira a los ojos, manteniendo esa seriedad y de pronto, solo refunfuña rodando los ojos.—De acuerdo.—accede la peliazul.
En eso, Perla muestra una gran sonrisa y abraza a Lapis de la emoción, Lapis se exaltó con esa reacción fuerte y algo extravagante sabiendo a lo que ella había accedido, pero es lindo verla feliz.
Siendo honesta con ella misma, Lapis no estaba aún del todo convencida; nunca fue tan fan de esas fiestas (principalmente por experiencias ácidas que incluyen alcohol y varias malas decisiones). Pero una vez más, estamos hablando del cumpleaños de una amiga que prácticamente está con ella desde el principio de los tiempos, así que está en total confianza de que no pasará nada en ese lugar.
Y además, ya está muy grandecita para cometer ese tipo de errores, ya tiene un puñado de experiencia gracias a la preparatoria y unas cuantas fiestas universitarias, entonces no hay nada de que preocuparse.
—Así que...¿quieres que traiga algo?—
—No te molestes, aquí tenemos las bebidas.
—¿Segura que no quiere que traiga algo?
—No me voy a arriesgar a que traigas vino de caja con la excusa de que es "lo mismo pero más barato"—
—Jaj, de acuerdo, si tú lo dices.—Le sigue el juego y con eso Perla se despide de su amiga y sale del lugar no sin antes avisarle que llegue al improvisado evento a las nueve de la noche.
Peridot no sale del lugar aún.—Hey Lazuli...nos vemos en la noche...¿D'accorde?—Y en eso, Peridot se despide con un ademán, sonríe de una manera boba en la cual claramente enseña una pizca de incomodidad y con eso se marchó detrás de Perla.
"De todas las maneras de despedirme...¿porqué elegí pistolas con los dedos."
Peridot sigue corriendo detrás de ella, completamente avergonzada de si misma y ligeramente maldiciendo bajo su aliento esa repentina cobardía que tuvo en el momento que estuvieron solas.
Y mientras tanto Lapis. Esta estática sin reacción alguna al principio, pero luego una sonrisa complacida se asoma en su rostro junto a un rubor escurridizo que se expande como incendio forestal; en especial aquel peculiar calor que no se limita solo al rostro.
Lapis, en un modo de respuesta; imita el ademán de la rubia agregándole un guiño.
—D'accord...
Y termina con las últimas cosas del lugar para así cerrar la cocina y el local y con eso, caminar con prisa fuera de la plaza y directo a la parada del autobús.
De pronto, la ruta habitual ya no tiene mucho de habitual cuando se espera algo saliendo de ahí.
De pronto Lapis ya no le prestaba atención a los edificios y avenidas que pasan fugazmente.
Ahora había una chispa en todo esto. Ahora veía un propósito para llegar a casa.
Hace tiempo que no se siente así.
En cuanto Lapis abre el apartamento y entra al lugar, inmediatamente mira la hora
8:40p.m, hay tiempo para una ducha rápida.
Y con esa conclusión, Lapis se dirige al armario a buscar algo para la ocasión buscando algo que no la haga parecer que lo está intentando demasiado pero que tampoco se viera malograda.
Hasta que al final logro encontrar algo que se vería bien, una blusa negra destapada de los hombros y parte del ombligo con un short blanco; eso es suficiente para ella. Y con eso, sube las pequeñas escaleras que llevan directo a su cuarto para sacar ropa interior del cajón e inmediatamente baja para meterse al baño y darse una buena ducha.
—¡LAZULI!
Lapis es sorprendida por aquella cálida sonrisa con la que es recibida, parecía que Peridot tenía tiempo de esperarla.
—Hola Peridot. ¿Ya empezaron sin mi?
—No hemos ni empezado.—se escucha desde la cocina aquella voz tan familiar de la esposa, es decir, novia de su mejor amiga.
Lapis tomo un lugar junto a Perla, quien la saludó con gusto y le saco una copa para poder disfrutar de la compañía.
—no olvides contarlas.—bromea la cumpleañera en referencia al hecho de que Lazuli se puede poner ebria fácilmente.
Lapis rueda los ojos, le fastidia que le digan eso pero al menos puede reírse de ello.
—Entonces. ¿De que hablaban antes de que llegara?...
Es un festejo sencillo, como cualquier juntada que hacía con ellas salvo a su nueva integrante quien trataba lo más que podía para meterse en la conversación que se estaba dando a cabo; a pesar de que en muchas ocasiones se hablaban de temas que no comprendía, pero lograba tener un buen rato con ellas pese a las barreras lingüísticas.
Pasó su tiempo, entre la plática y las risas, a algunas se les pasó contar las copas y terminaron pasarse algo de más; tampoco al punto que no podían ni caminar pero si que sobraba la alegría ahí al punto de que eran casi las 2 de la mañana y aún seguía la fiesta improvisada; la bocina aún tenía clásicos a un volumen alto pero con un ambiente un poco más relajado a comparación de hace unas horas.
A Perla y Amatista ya se les bajo el alcohol pero Lapis aún sigue en el momento como si apenas hubieran empezado; muy seguramente a ella se le pasaron algo más.
Y ahí, en medio de la sala, Lapis esta abrazando a Peridot mientras canta y baila torpemente "Don't stop me now" con más pasión que el mismo cantante, aunque ese canto era más palabras incoherentes que cualquier otra cosa.
Y Peridot, por su parte, disimula que se está divirtiendo con Lapis cantando y bailando mientras la abraza cuando en realidad, está más que mortificada por cuidar a Lapis y evitar que la chica rompa algo mientras esté dando su "espectáculo".
Y en cuanto a Perla y Amatista, ellas están en el sofá de la sala siendo testigos del concierto del año mientras ríen casi descontroladas de un gran parecido que tenía esa escena a una memoria lejana.
—Solo míralas,—Empieza Perla en cuanto logro calmarse un poco.—Una está casi sin poder caminar pero anda bien campante moviendo los pies y la otra está totalmente confundida y asustada tratando de mantenerla de pie.—
—Eso fue en una fiesta navideña de mi familia, ¿no?—Responde Amatista en cuanto puede hablar sin reírse en el intento.
—Según yo fue en una boda de mi familia.
—¿Cuál? Que yo nada más recuerdo dos.
—No lo se, A la mejor en la de Zoe.—Perla chasquea los dedos.—¡No, estoy mal! Puede que fue en la boda de mi hermana.—
—¿Cuál de las tres replicas?—
—¿Pues cuál más? Azul es la única cuatrilliza casada.—Le recuerda Perla.
—Es cierto, lo había olvidado.— le da un sorbo a su copa.—Pero volviendo al tema, de hecho eso fue en una posada de la familia, mis primas te dieron a probar un Mezcal que papá grande guardaba para esas fechas y lo subestimaste creyendo que no sería gran cosa.—
—Huh, no me acuerdo mucho de ese día, lo poco que se es por las anécdotas de tu mamá y de ese video.—
Amatista resopla.—Aun lo tengo, ese en el que estabas bailando las canciones de un disco navideño que mamá grande siempre ponía en las fiestas navideñas de la familia mientras yo te abrazaba y evitaba que rompieras algo.—
Amatista le da un sorbo a su copa.
—Oh Vaya, creo que ese día nuestras personalidades se cambiaron de cuerpo o algo.—bromeó sarcástica.
Perla le da un suave empujón en modo de juego.—No seas así, siempre te volviste alguien completamente distinta en el momento que pisabas la casa de tu abuela, o cuando tú abuela siquiera estaba alado tuyo.—
Perla ríe débilmente y suspira con nostalgia, ha pasado mucho tiempo desde que haya pasado las navidades con la familia de Amatista.
.—Oh, ese mentado disco—Le da un sorbo a la copa.—Aún tengo incrustado el "Santa Clause llego a la ciudaaad" de ese cantante...ya no recuerdo el nombre.—
Amatista sonríe tras el fallido intento de decir el nombre del mendigo cantante—Jaj, al menos hiciste un intento.—
Perla encoge los hombros y le da un sorbo a su copa.—No me culpes, la única vez que he escuchado sus canciones han sido en las fiestas de tu familia, es más, lo poco que se de México es de ti.—
—¡SANGRE LATINA, NENA!—Exclama Amatista sacándole una risa a Perla.
—Y luego, ¿qué pasó después de la fiesta?—
—Bueno, recuerdo que después de eso, te tuve que sacar de ahí por las 3 o 4 de la mañana, te tuve que llevar a tu viejo lugar porque estabas casi al punto de que te ibas a caer al suelo si no te agarraba.—
Da una pausa para darle un ultimo trago a su copa.
—Era por ese tiempo en el que vivías en las afueras de la ciudad; creo que se llamaba...¿Primrose?...¿Rosemary?...no me acuerdo, tenía un nombre con "Rose".—
—Era "Primrose", aun no se como es que lo recuerdo; pero estoy segura que era "Primrose".—contribuye Perla durante la historia.
Amatista deja la copa en la mesa y continúa su relato.—Estabas muy insistente de que me quedará contigo, así que le avise a mi madre que me quedaría en tu lugar con la excusa de que te sentías mal o algo así y me quede ahí, quise ir por una almohada y una manta para pasar la noche en el sofá, pero de algún modo terminaste convenciéndome que durmiera alado de ti...y eso es todo.—
Perla sonríe.—No pensé que habría más historia que la que me fue contada en tus reuniones familiares.—
—Meh, no pensé que contarte fuera relevante, ni creo que sea distinto ahora que sabes.—
Ambas dejan de intercambiarse palabras y ahora solo se escuchan la voz de Lapis cantando sin coherencia alguna mientras una Peridot nerviosa le sigue la corriente.
Amatista voltea los ojos para ver a Perla, y en ese momento, fue como volver a ese día, volver a esa parada de autobús en ese día lluvioso de Marzo, esa vieja calle que solía pasar con frecuencia y que ahora es solo una memoria lejana.
Volver al día en el que tomó iniciativa gracias a un pequeño accidente, o más específicamente, a esos minutos antes de ese evento.
La pequeña sonrisa que siempre se asoma cuando algo le gusta, la cara blanca con esas cuantas pecas que ella solía unir con su dedo para hacer formas cuando Perla dormía en los recesos, los ojos azul celestes que siempre suelen decir más que sus palabras, el cabello color durazno hecho hacia atrás con broches invisibles; incluso esos mechones rebeldes se acomodaban en el mismo lugar, era igual que en esa lluvia de Marzo.
Perla voltea a ver a Amatista.—¿Que pasa?
Amatista reacciona y voltea al otro lado, ruborizada como el primer día.
—No es nada, e-es solo que...¿te acuerdas de ese día?.—dice lo ultimo con un tono un poco más bajo.
Perla tarda un poco en comprender, pero en cuestión de segundos, se da una idea a lo que Amatista se está refiriendo.
—¿Te refieres a cuando nos volvimos novias?
—Si, ese mismo.—confirma—Es solo que...wow.
—¿porque lo dices?
—Es que...no puedo creer que hayamos durado tanto, después de tantas peleas (unas algo más fuertes que otras), desacuerdos, errores, inseguridades y todos esos tiempos difíciles...aún estamos aquí.
Perla se acerca un poco más y pone su mano arriba de la de su novia.—Y aún hay más aventuras en el camino.
Amatista voltea la mirada, pero para ver su mano con la de ella y la toma suavemente.
—Tal vez, suene cliché o algo así, tal vez suene algo empalagosa porque ya se me subió el alcohol, no se que sea.—Amatista vuelve a verla a los ojos.—Pero, de todo lo que he logrado hacer con mi patética vida, tú...tú eres...tenerte a lado, es mi mayor logro...tu haces que me sienta menos patética.—
Perla la mira a los ojos, y sonríe con calidez.
—No has cambiado ni un poco.—Se suelta del agarre de Amatista para acariciar la mejilla, esa suave y muy conocida mejilla.
—Sigues siendo la terca y empalagosa lesbiana que me besó hace seis años.
Amatista ríe.—Pero yo beso mucho mejor, ahora que he practicado.—se acerca peligrosamente a sus labios.
—¿Ah si? Y si es cierto ¿me lo puedes demostrar?
Y con eso, ambos labios se juntan entrelazándose en un beso que sube unos cuantos peldaños hasta que las manos de Amatista empiezan a bajar hasta la cintura y una de estas se infiltre bajo la blusa de Perla; cosa que no llega a más debido a ser interrumpidas por algo que descuidaron.
—Ils ont de la place pour quelque chose, ¿pourquoi ne vont-ils pas baiser là-bas?.—interrumpe Peridot fastidiada de no tener por lo menos una ayuda con Lapis.
—si, es de MAla EducaCIÓN coJER cuando HAY viSItas.—trata de contribuir Lapis con el fin de molestar a su amiga, como siempre lo ha hecho.
Peridot quiere reír por el comentario tan imprudente de Lapis, pero sabe que no es el momento.
Perla está colorada de la vergüenza, ¿como pudo olvidar llevarla a casa? ¿Que clase de amiga hace eso?
—Oh, es cierto...debo de llevarla a casa, podemos esperar Amatista.—
—Aw, P...—Se queja Amatista.—Lapis puede quedarse...
—Tu sabes que eso no es una opción, el único cuarto extra que tenemos es el de Peridot.
Amatista se separa de Perla y se levanta del sofá para hablar con Peridot.
—Ooookey, Peridot, necesito que me hagas el favor de llevarla a casa, por favor, si quieres te pago con algún videojuego, ó un cuaderno nuevo ó...no lo se, alguna figura de acción.
—¿Que? Je connais à peine cette putain ville, ramène-la à la maison.
—Lo se, Lo se, no es muy correcto que te deje a ti llevarla sabiendo que no conoces mucho la ciudad, pero necesito que me hagas este favor.
—Amatista, no hay problema que yo la lleve, podemos esperar.
—No, no, no, estoy cerca de convencer a Peridot.
—Amatista, entiende que aveces tenemos que poner la diversión a un lado para cumplir con una responsabilidad, no tardaré mucho.—
Peridot rueda los ojos.—Très bien, je la ramène à la maison et tu baises sans interruption, quelle est l'adresse?—
—Peridot, no te metas en algo que no es tu obligación—
—Eh bien, ce n'est pas votre responsabilité non plus, nous savons tous les deux que vous voulez passer du temps seul avec Améthyste.—
Perla se queda callada, algo avergonzada de las palabras que uso Peridot.
Peridot pone su mano en el hombro de su prima
—donne-toi ce plaisir, j'insiste.—persuade la rubia con una sonrisa simpática en su rostro.
Perla tarda un poco, pero al final acepta que Peridot lleve a Lapis.—Está bien...Si quelque chose se passe ou si vous êtes perdu, appelez-moi au téléphone.—
Amatista sonríe victoriosa y le murmura un "Gracias" a Peridot.
—Oui...ya se.—asegura Peridot.
—Vive en los condominios "Ocean View", pero deja te envío la dirección, yo igual suelo olvidarla muy seguido, siendo honesta.—Perla se dirige a la mesa de la cocina en donde dejó su teléfono y empieza a buscar el contacto de Peridot.—Yyyy, ahora ya te mande la dirección.—
El celular de Peridot suena casi a dos segundos de que Perla le haya mandado el mensaje.
—Bien...ya tener le map para dejar a Lapis en su casa.—
—Enserio te debo una Peridot.—agradece Amatista.
Peridot sonríe sosamente.—Lapis, Hay que ir a casa.—
—nOoO qUiERO, quieRO SEguir aQui.—
—Lapis, Ya es tarde y estas muy mal.—
Lapis se suelta de Peridot.—NaH, esTOY BIen
Peridot toma a Lapis del brazo y casi que la lleva a rastras a la puerta, Lapis seguía entercada de que quería quedarse y que no tardaría mucho pero por más que me decía, Peridot seguía tratando de sacarla de la casa hasta que con dificultad, logro hacer que Lapis saliera del lugar
—nO olviDES corTARTE las UÑas.—grita Lazuli antes de salir del lugar sin prisa alguna, tal vez cree que lo dice como cuando te dicen "buena suerte" antes de un evento importante.
A pesar de ser alguien muy prudente, Peridot no pudo evitar dejar ir al menos una carcajada tanto por el atrevido comentario que provocó un grito de enojo de parte de Perla como la descontrolada risa de Lapis que normalmente esconde por esa manía que tiene de hacer pequeños sonidos como de ronquidos al reír.
A pesar de no ser la risa más agraciada que uno pueda tener para muchas personas, para Peridot esa risa latosa es algo perfecto, como una estrella que a pesar de su tamaño, es esencial para el cielo estrellado, ese del que todo poeta le dedica varios escritos de amor a cada uno de sus astros.
Aveces, esos pequeños detalles que solemos ver como un defecto más a nuestra lista, suelen ser parte de las mil y un razones por las que alguien nos considera parte de su todo, parte de su razón para levantarse a lidiar con el mundo una vez más.
Peridot toma las llaves del auto de Perla y cierra la puerta para salir del departamento, no sin antes molestar un poco más a su prima y vociferarle desde la puerta:
—¡Hey Pearl, ne réveille pas tes voisins!
—¡TU NO LE SIGAS EL JUEGO!
Y con eso, toma la mano de Lapis y sale casi que a toda prisa antes de que Perla la persiga con un zapato o algo.
Aunque realmente eso no sería todo un problema, ya que ahora ella deja que Amatista tome su mano para llevarla al cuatro con el fin de tener algo más de privacidad y poder llevar a cabo sus "asuntos".
En cuanto están a una distancia considerable, ambas chicas empiezan a caminar más despacio por un corto tiempo hasta que llegan al elevador, el cual no tuvieron que esperar a que llegara debido a que con solo oprimir el botón, este ya se encontraba ahí como si ya las estuviera esperando.
Las dos entran al elevador y Peridot presiona el botón que lleva al sótano (el estacionamiento de los residentes) y fue ahí en donde logro tener un respiro, al menos ya sabe que está a salvo aquí, su única preocupación es ahora mantener a Lapis de pie, quien estaba recargada en la pared abrazando a Peridot sin preocupación alguna, como si le haya dejado de importar todo hace mucho tiempo.
Y ahora solo quedaba esperar. Esperar a que llegaran al lugar, en silencio absoluto si no fuera por la estereotípica música de elevador, no habría mucho de decir entre ambas chicas.
O eso pensaba Peridot, hasta que Lapis comienza a hablar:
—¿Sabes?...Aveces me pregunto porque CARAJO me quise hacer la vida miserable yo sola...
—Pero, tú tenes un café avec toi meilleur amie, et toi ganar dinero et tú cocinas pour toi empleo, c'est un sueño.—
—Si, lo ES, pero...siEMpre estoy pensando en eso...SIEMpre ando ocupada en esa mierda...atendiendo llamadas, vendiendo mi alma para poder anunciar el lugar, incluso cubriendo turnos de ese Lars Barriga que siempre llega tarde o no llega, es una mierda que tenga que cubrir turnos de el.—
El elevador llega al sótano interrumpiendo las quejas de la peliazulada, ambas salen del elevador y se dirigen al auto que está entre los últimos lugares más alejados del elevador.
—Pero entonces...—Peridot da una pausa para poder recordar las palabras en español, maldito sea el momento que creyó que no utilizaría la libreta—¿Tu trabajar más que Pearl?.—Pregunta Peridot.
Lapis sonríe bobamente, me daba ternura cuando Peridot intentaba hablar español, incluso si tuviera unas conjugaciones mal.
—PERla y YO tenemos las misMAS tareas, nos las repartimos y trabaJAmos juntas; pero ELLA tiene una vida sociAL, pareja...EL PUNTO AQUIES, que ella es muCHO más estable que yo, ¿Y QUE SOY YO?...una solTEra que se distrae con el trabajo porQUE su vida sociAL es tan abunDANte como viDA en el MAR de BoliVIA y con suerTE va a las reuniones familIARES...es un amargo chiste que repito una y otra y otra y otra vez cada día de mi patética exis...exist...—y entre todo esa queja, el alcohol le hizo una mala jugada provocando que vomitara.
—AH! NIQUE!—Exclama Peridot, insegura de cómo actuar ante esto ¿debería llamar a Perla?¿Debería sacarla del lugar? ¿SIQUIERA DEBERÍA HACER ALGO?, la verdad no lo sabe y solo se limita a sujetarle los mechones de pelo para evitar que se mancharan.
Para su suerte, no fue algo que haya durado más de un minuto, Lapis termino completamente agotada y con ese sabor sumamente amargo que se esparce tanto en la boca como parte de la garganta.
—Êtes-vous fini?—
Lapis solo la mira sin responder y se incorpora, limpiando los restos del fluido con su antebrazo.
Peridot hace una mueca disgustada, Peridot exclama:
—Ugg, C'est dégueulasse, attends moi...—y en eso, saca del bolsillo de su abrigo un pañuelo y limpia el antebrazo junto a unos restos que aún tenía en la boca aún si le daba asco siquiera ver lo que había pasado.
—Je ne peux pas croire que je fais ça; en plus, je le fais pour quelqu'un de plus âgé que moi, simplement incroyable.—
Por supuesto, Peridot le daba asco siquiera estar cerca del lugar donde esta el...desastre, así que, lo mejor aquí (para ella) era huir de la escena del crimen; la verdad prefería no encargarse de aquello, al fin y al cabo no era ni su lugar ni su trabajo.
—Celui qui nettoie ici est responsable de cela, pas moi.—
Después de esa...conmoción, Peridot y Lapis lograron llegar al vehículo para poder empezar el camino a casa, Lapis iba en el copiloto y Peridot sería la que conduciría, así que puso la dirección que le mandó Perla en el GPS, encendió el auto y se encaminó a "Ocean View". El camino iba ser largo, eso estaba claro, así que Peridot prende la radio que está sintonizada en la estación local; al menos tendría algo para tener algo más que solo escuchar tanto el constante sonido de las ruedas en el pavimento como lo que es el sonido de los otros carros pasando.
De vez en cuando viendo hacia la peliazul, quien dormía en el copiloto pacíficamente con la cabeza recargada en la ventana.
¿Desde hace cuanto se ha de sentir así para que se exprese de esa manera tan agria acerca de su trabajo?
Sacando conclusiones de lo que la peliazul le había contado, al parecer el trabajo de sus sueños no es tan soñado como supuso, más bien Lapis lo debe de ver como una manta protectora que la distrae de todo, ella misma se atrapó en una rutina. Y todo eso sin contarle a una sola alma, ni siquiera a Perla.
O bueno, ninguna alma excepto ella.
Quels autres secrets cachez-vous dans cet être merveilleux?
Peridot estaciona el auto cerca del parque vecino al departamento.
A diferencia de donde vive su prima, Ocean View no tiene estacionamientos para los recientes, así que muchos de ellos estacionan los coches enfrente del lugar o al otro lado del lugar; cosa que suele ser un problema sabiendo que el lugar se encuentra en una avenida que normalmente está muy ocupada en el día.
Peridot se desabrocha el cinturón y voltea el rostro hacia Lapis para avisarle que ya habían llegado.
—Lapis...Réveille toi.—susurra la rubia picando con su dedo la mejilla de la morena.
No hay respuesta.
—Lapis, réveille toi.—repite una vez más pero esta vez sacudiéndola un poco, ahora esta vez, Lapis reacciona pero solo con una mueca de disgusto, de verdad que es difícil que esta chica se levante.
Peridot se comienza a desesperar, así que levanta la voz y la sacude un poco más fuerte, esta vez si logra despertar a Lapis, quien ahora se incorpora en su asiento tallándose los ojos mientras se queja por ese familiar sentimiento de que tu cabeza está dando vueltas, o tal vez haya sido por esa amarga sensación que uno tiene en la garganta después de vomitar.
—¿Y-ya llegamos?—
—Mmhmm, Bajar del voiture.—Responde fastidiada.
Lapis solo gruñe y voltea el rostro a la ventana.
Peridot refunfuña; fue como si un progreso se le hubiera ido para abajo, pero no la va dejar ahí por más cansada que ella esté, entonces depone en marcha el plan B: se baja del coche, camina hacia la puerta del copiloto y baja a Lapis por su cuenta, le quita el cinturón de seguridad, la jala fuera del asiento para que se pueda levantar y la llevaría al lugar por sus propios medios.
Debido a su baja fuerza muscular, es de mucha ayuda el hecho de que solo esté recargada en ella y camine sin arrastrar los pies, no será un camino tan difícil de llevar a cabo.
Que inocencia la de Peridot, para cuando llego al cuarto piso en donde le indicaba el mensaje de texto, Peridot sentía las piernas temblándole con cada paso, no faltaba mucho gracias al cielo.
Después de insistirle por un buen rato a Lapis que le diera las llaves por la terquedad de Peridot a no esculcar por sus cosas (y al hecho de que ella no iba a toquetear a alguien que lleva conociendo solo una semana) logro entrar al apartamento de la chica y dejar las llaves en el tocador.
No es un lugar muy grande ni era algo tan innovador salvo al hecho de que lo que sería el cuarto de la peliazul se encontraba en un pequeño tapanco, pero se podía ver ese encanto que se tiene en un hogar.
Peridot fatigada por el camino y negándose rotundamente a subir esos pocos escalones libreros con Lapis arrastrando los pies, solamente la deja en el sofá que se encuentra ahí, subió al tapanco para ir por una sábana de su cama para poder proteger a la peliazul de ese viento fresco que aveces se escabulle en días así.
Peridot contempla a la morena de los ojos azules entre que la acomoda en el sofá y la cubre con la sabana; se veía en tanta paz, en tanta armonía a comparación de esa vida diaria de la que hace no un tiempo lejano se había quejado de manera amarga.
Se veía tan perfecta, tanto así que le dio la tentación de acercar su mano a su rostro y pasar los mechones tras sus orejas, despejando su rostro y de paso poder acariciar sutilmente su mejilla.
Se le escabulle una sonrisa "Eres preciosa" susurra para si misma, sabiendo que no tiene el valor para decírselo, no tiene el valor para decirle lo hermosa que es.
Peridot se acerca un poco a su rostro, queriendo darle un beso en la frente de manera automática, pero se detiene a medio proceso y solo se incorpora y sale del lugar cerrando la puerta y camina por los pasillos del condominio, viendo el panorama de la ciudad desde ese cuarto piso.
Las luces eran admirables, no se comparan a sus escapadas al campo en su juventud pero esto puede ser suficiente para llenar aquella necesidad de solo estar con ese viejo amigo que evitamos tanto pero eventualmente le tendremos que ver el rostro.
La soledad, ese amigo fiel pero hijo de puta que viene cada que le apetece y en el momento que menos lo prefieres.
Desde siempre Peridot ha logrado tomar a este amigo de la mano y solo vivir con ello, logró aceptarlo desde que ella sabe.
Pero el día de hoy ella quiere a ese amigo lejos, hoy la siente mucho más hostil y fría que de lo común.
—Tsk, Absurdités.—resopla Peridot mientras busca en sus bolsillos un poco de cambio para comprar una cajetilla de cigarros.
