La semana transcurre normalmente, ya no hay nada que esperar ni nada para que emocionarse.
Un Jueves que comienza soleado y termina nublado y el una vez esperando Viernes que comienza nublado y termina con una lluvia.
Y así, otra semana transcurre sin mayor importancia, otro Viernes por la noche en el que esta sola.
Pero al menos es una noche tranquila, así es como lo describiría; una de esas frescas noches lluviosas que te hacen parar todo por un solo rato para disfrutar el ruido de las gotas que caen en el pavimento; haciendo un fino chasquido en donde sea que precipiten.
La lluvia la había tomado por sorpresa mientras caminaba de vuelta al condominio.
A pesar de que los peatones comenzaban a correr y protegerse de la lluvia con maletines o sus mochilas, Lapis seguía su camino a casa como si fuera cualquier otra noche.
Le daba igual empaparse en la lluvia (y además, sería un chiste siquiera llamar a esa chispeada una lluvia, así que para que hacer tanto rollo.)
A ella le gustaban los días lluviosos, ya sea contemplar la lluvia o estar bajo esta.
El hecho de que una especie de tranquilidad invade todo su ser en cuanto escuchaba las primeras gotas de lluvia caer era algo incomparable.
Era como poder desconectarse, por un momento, de todas las responsabilidades y de todo lo que es el estilo de vida atareado; estilo de vida el cual ella misma había decidido a cuenta propia.
En cuanto esta en ese estado, no hay nada que pueda alterarla y no hay ni una sola preocupación que la abstenga de disfrutar este momento en el que puede tener al menos tantita paz.
Y de pronto, en un momento inesperado y de pura ironía, las nubes al parecer se levantaron de mala gana hoy y terminaron en intensificar el precipitar y el tamaño de las gotas al punto de que caen con la intensidad de una cascada.
Mierda...Ahora Lapis se ve obligada a acelerar su paso con por la desesperación de llegar a casa en cuanto antes.
No es algo que no puede soportar, no hay nada que hacer y no hay necesidad urgente.
O eso pensó hasta que entre lo que trotaba a casa y miraba su alrededor, podía notar en algunos callejones donde normalmente hay líneas de ropa siendo arrastrados por los propietarios para guardarlas.
Con eso, algo le hizo click dentro de ella...hay ropa aún secándose en el balcón, ¿no es así?.
Este es el colmo.
Ahora está obligada a correr, al igual que todas las personas alrededor de ella.
Ahora que trae las compras en la mano y la memoria de que mucha de su ropa se sigue secando en su balconcito.
Entre las prisas, la espesa capa que deja la lluvia con sus trazos y la moderada e insuficiente luz qué hay en la calle.
Lapis con suerte puede fijarse por donde va; cosa que la ataco interrumpiendo sus pensamientos en cuanto sintió algo ó, ¿alguien?, chocar contra ella haciéndola perder el equilibrio y caer con fuerza al suelo.
Lapis levanta el rostro del pavimento y cierra los puños con fuerza para levantar el rostro con brusquedad y así poder verle la cara para gritonearle al desgraciado que la hizo darse tremendo golpe, desparramar la despensa que traía en bolsas de plástico y ensuciar su ropa.
—¡AGH, ¡¿ERES CIEGO Ó TIENES LOS PIES CHUECOS, HIJO DE TU RE—
Y en ese reventón de ira, su mirada aún pudo divisar aquella galaxia verde en los ojos del sujeto, las palabras dejaron de fluir y el sentimiento que hervía su sangre al punto que parecía agua para chocolate de pronto, solamente se evaporó a una preocupación por el bienestar de aquella persona quien ahora sabia con certeza de quien se trataba.
¡Pero vaya que el destino es grande y la ciudad es chica!
Frente a ella estaba Peridot, con su ropa empapada al punto de que la blusa se le caía por el hombro, sus lentes mal acomodados que se veían intactos salvo a las manchas de huellas dactilares en el lente derecho, su rostro con suciedad que se mezclaba a las lágrimas indistinguibles por los borbotones de agua escurriéndole del cabello rubio, su expresión de terror y adrenalina que era acompañado con una respiración pesada que no se necesita de ningun silencio para poder escucharla.
-—Y-Yo désolé beaucoup.—Repetía la chica, temblorosa y con una voz melancólica que apenas era perceptible al punto que fue cuestión de suerte lo que hizo que Lapis pudiera escuchar lo que le dijo a la primera.
—No no no...Peridot, perdóname a mi, yo no debí gritarte así de la nada.—Decía Lapis Lazuli mientras metía a la bolsa de plástico las cosas más cercanas a ella con rapidez.
Entre que recogía las cosas, la chica se intenta acercar hacia Peridot para alcanzar un paquete que queso crema que se salió de una de las bolsas. Peridot al ver esa mano extenderse a su dirección, ella da un grito de sobresalto mientras se aleja abruptamente de la mano como si de un reflejo de defensa se tratase.
—Peridot, cálmate...Solo iba tomar esto.—asegura la peliazulada tomando el producto fugazmente para luego, volverlo a meter en la bolsa.—¿Ya me crees?—pregunta con un tono sarcástico, casi burlesco.
Peridot no responde; parece que no la había escuchado. Ella mira a todos lados como si estuviera buscando algo o alguien; los dientes le castañetean con sutileza pero no la suficiente para que sea imperceptible, las manos le tiemblan como si hiciera un frío del mal, las piernas cambiaban constantemente de posición.
Viendo a la extranjera de ese modo, Lapis siente algo de culpa por haber explotado de esa manera, así que en un intento de ser amable y de evadir la conducta atipica de Peridot, empezó a hacerle preguntas abiertas para sacar un poco de platica, no era nada profundo o algo, se limitaba a cosas simples, pero los intentos son nulos, Peridot no responde las preguntas, ni siquiera hay alguna reacción de parte de ella.
—¿Y...Qué hacías en la calle a estas horas?¿Donde está Perla y Amatista?—pregunto Lapis preocupada, con ganas de ayudarla al menos un poco.
Pero Peridot no hablaba, ni siquiera la podía mirar a los ojos.
Y pues, para no molestarla más, decidió dejar hasta ahí la conversación, no sabía que más que decir, o más bien, no quedaba algo más que decir.
Lapis siguió terminando de recoger las compras pero con menos prisa ¿cuál es el punto de apresurarse? De cualquier modo, llegaría empapada a casa sin importar que decisión hubiera tomado.
Y en cuanto a Peridot, ella le ayuda a meter unas cuantas cosas con el fin de al menos hacer un intento en calmar el gran susto del que se acaba de liberar; era una manera muy peculiar pero efectiva para calmar los nervios, la hacía concentrarse más en poner las cosas o checar que la bolsa no tenía agujeros, pero esta vez fue bastante torpe; las manos no le dejaron de temblar en ninguna circunstancia al punto que Lapis tenía que hacer algunas cosas por Peridot cuando esta se comenzaba a desesperar de que no podía hacerlo correctamente.
—No tenias que hacerlo Peridot...pero muchas gracias.—sonríe cálidamente.
Peridot encoge los hombros—No lo agradezcas, yo quería hacerlo.—comenta la chica con una voz monótona (algo sumamente anormal para el tipo de personalidad que tiene Peridot).
Así que, Lapis toma sus compras, se levantó del suelo y estaba apunto de continuar su camino a casa otra vez; no pudo avanzar ni dos pasos cuando la voz de Peridot se alzó un poco:
—¡LAZULI, ESPERA!.—
Lapis se detiene en seco y voltea el rostro para ver a la francesa.
Peridot traga saliva antes de hablar.—J-je...¿P-puedo ir con tu?.—Habla Peridot nerviosa mientras jugaba con sus dedos y constantemente movía los pies.
Si fuera cualquier otra persona, inmediatamente le hubiera dicho que no, ni aunque le rogaran.
Pero una vez más, estamos hablando de Peridot en esta situación, una chica que conoce muy poco de la ciudad y con suerte sabe decir unas frases en español, así que lógicamente no iba a conocer ni las calles que la llevarán al lugar donde se hospeda, ni a que lugares no debe de ir a estas horas de la noche.
¿Acaso esa es su única razón?
A primera vista parece, pero había algo muy dentro de ella que tenía otras intenciones; unas más relacionadas a los sentimientos encontrados con esa francesa; sentimientos que iban más allá de un amistoso e inocente cariño.
Así que, Lazuli le extendió la mano a la rubia.
—Primero que nada, se dice "contigo" no "con tu" y segundo, si quieres puedes quedarte toda la noche.—
Peridot sonríe suavemente y se levanta del suelo con lentitud y le da las gracias manteniendo aún esa sosa voz.
Lapis se ofende un poco por aquella manera de agradecer, pero prefería no reclamar por no alterar a Peridot más de lo que se veía.—No debes de agradecerme nada, ahora vámonos antes de que la lluvia se ponga peor, ¿Ça va?.—sugiere la peliazulada.
.—Ça va.—afirma la rubia y así sin más, ambas chicas caminan hacia los condominios, en silencio, Peridot mantiene su distancia negando cualquier tipo de contacto aunque fuera una simple palmada en la espalda y Lapis, respeta la distancia que quiere mantener la más baja.
El camino era la cosa más desagradable que había experimentado, el estómago de cabeza, las piernas temblándole, los brazos perdiendo fuerza, la cabeza girándole con cada cuestión.
¿Yo provoque esto?
Pregunta que provocó un espiral de cuestiones que poco a poco eran más pesimistas, una más que otra.
Y todo esto, durante el silencio profundo e incómodo que sería insoportable si no fuera por la lluvia que caía durante el camino a casa.
(...)
Ambas chicas llegan al apartamento, un pequeño lugar que estaba situado en el segundo piso del edificio, no era algo tan grande como Peridot lo recordaba la primera vez que vino aquí, pero si era un lugar bastante lindo.
Lapis ni se molesta en dejar las compras en la mesa, lo primero que hace es dirigirse a una puerta a un lado de las escaleras donde se encuentra un pequeño balcón donde efectivamente, ahí estaba la ropa secándose.
—¡Lo sabia! Debí checar el clima antes de salir.—gruñe bajo su respiración sacando la ropa lo más rápido que podía.
Peridot tomo la tarea de levantar las bolsas y dejarlas en la mesa, pero más que eso, solo se quedó parada ahí; tanto su incertidumbre como su prudencia no la dejaba moverse libremente.
Lapis abrió la puerta de golpe, y con ropa en mano, prácticamente entró disparada al baño para ahora colgar la ropa en la ducha, al menos dejarla ahí un tiempo para que al menos se escurran los chorros.
Después de aquello, Lapis toma toallas de un estante; una para ella y otra para Peridot.
Lapis sale del baño; secándose el cabello con una de estas y la otra la tiene en su mano para entregársela a Peridot.
Peridot solo mira la toalla.
Lapis sutilmente insiste con gestos, una manera de decirle que esta bienvenida aquí.
—Jaj, La lluvia si esta fuerte, ¿no lo crees?, juraría que tengo cascadas hasta en las mangas.
Una mano toma la toalla pero ninguna voz ríe con ella. Parecía que había vuelto sola otra vez.
Lapis se recupera de ese golpe fuerte manteniendo una actitud positiva (ó al menos tratando de serlo).
—Oye, ¿tienes hambre?.—pregunta la peliazulada en un intento de sacar platica con Peridot.
—Iba a cocinarme una sopa que me gusta mucho para estos días y...bueno, supongo que tú también vayas a querer un poco, digo yo.—comenta amigable.
Peridot solo se limita a afirmar con la cabeza y desvía la mirada de la de Lazuli casi que inmediatamente.
Lapis decide mejor no intentar algo que no sirvió por todo el camino a casa y se dirige a la cocina.
Solo molestarse con sacar las cosas que iba a necesitar y empezar la receta como si fuera una noche cualquiera.
Empezando por lavar los vegetales que iba utilizar mientras tarareaba con calma fragmentos de una canción que llevaba tiempo sin escuchar; un método muy útil de crearse compañía en esos ambientes en los que el silencio es incómodo y tenso.
Y mientras tanto Peridot, toma asiento en una silla y solo se queda ahí.
No le pone atención a Lapis Lazuli, solo está viendo sus manos inquietas con una expresión neutral que demostraría calma o frialdad si no fuera por sus pies que se mueven de arriba hacia abajo; haciendo un ruido breve con la suela del zapato que se repite como un metrónomo, uno que va al ritmo del corazón de la rubia.
Así se quedaron un largo tiempo, sin ningún ruido que las acompañara salvo al característico chasquido de los vegetales y la carne molida al freírse, el agua que hervía la poca pasta que suele agregarle y la voz de Lapis Lazuli que murmuraba unas cuantas letras de canciones impregnadas en su memoria.
En cuanto Lapis agrega el agua en la olla junto a los ingredientes ya cocinados, ella tapa la olla para dejar que se cocine el caldo, marca treinta minutos en el cronómetro de su celular y se sienta junto a Peridot para esperar a que la alarma suene.
Peridot ni siquiera la voltea, casi como si la estuviera ignorando.
O tal vez, probablemente tal vez. Como si la estuviera evitando.
Eso despertó las sospechas de Lazuli.
—Y...¿Que hacías en la calle a estas horas? pensé que tú y Perla iban juntas a todos lados.—hostiga sutilmente.
—Amatista se fue temprano del centre commercial parce qu'elle no se sentía bien y Perla fue quien la fue a llevar a leur maison.—
Bueno. Peridot ya respondió una pregunta, eso es un avance.
—Oh...¿entonces no estabas con ellas?
—Y-yo me quede ahí porque quería estar un poco más et la nuit est arrivé et...—Peridot se detiene en seco en cuanto llegó a esa parte de la historia.
Lapis solo se limita a verla. Buscando señales para saber que le pasa, pues no se atrevía a preguntarle si podía terminar la historia ni mucho menos presionarla, más de lo que ya lo estaba haciendo.
Unas pequeñas lágrimas se comenzaron a asomar de los ojos verdes; lágrimas que Peridot inmediatamente limpia en cuanto las siente casi a nada de caer por sus mejillas.
Por supuesto, Lapis vió aquel movimiento brusco; cosa que, para ella, fue la prueba más fuerte de que algo no estaba bien, pero decidió seguir con este arriesgado juego y pretendió que no había visto nada.
—Peri...¿Todo bie—
—Si, todo bien. No es de tu negocio.—responde cortante antes de que siquiera Lazuli pudiera terminar la oración, Peridot seguía sin verla a los ojos.
Vaya, su grueso acento la hacía sonar más agresiva de lo que pretendía ser.
Lapis no quiso callarse. Era más que obvio que algo andaba mal. Se mantiene sería. Obviamente dudando de la respuesta que hubiera considerado tan grosera si lo hubiera dicho bien.—Peri...mírame a los ojos.—ahora un tono que llega a hostigar.
Peridot no responde, sigue en su posición defensiva. Esconde la cara para no verla a los ojos. No quería romperse aquí, no con ella, no ahora.
Lapis sigue insistiendo. Sabia que molestaba haciendo esto, pero la importancia era nula.
—Peridot...Mírame la los ojos.—
Peridot se rinde y lentamente sube la mirada, con el labio temblando, los ojos irritados y humedecidos y un gran nudo en su garganta para encontrarse con los ojos azules que la interrogan.
—¿Estas segura?—hostiga escéptica y con un una voz seria. Viéndola a los ojos, ahora que la tenía enfrente, ahora que tenía esta oportunidad de confrontarla cara a cara.
Peridot no habla por un momento, la voz no le sale ni por más que lo intentará, solo salían agudos llantos.
Y entre esos intentos, ese rostro serio y atormentado se desmorona a través de llantos tensos y liberadores que fueron contenidos por tanto tiempo, esos tipos de llantos que convierten a uno en todo un desastre emocional que se cubre la cara con sus manos para que no la puedan ver así de minúscula, ese lado de vulnerabilidad que nadie le gustaría mostrar en un mundo como el nuestro, en el que la apatía reina y humilla al que muestra señal alguna de fragilidad.
Lapis sintió no un golpe, sino un batazo de culpa golpearle el alma. En cuestión de segundos, cambio de sentirse una Jessica Fletcher a nada de resolver el caso del siglo a sentirse la persona más mierda que haya pisado este mundo. Porque, por supuesto que nunca fue su intención hacerla llorar, mucho menos de un modo tan fuerte, solo estaba jugando un poco con ella.
Okey, ahora sí sonó como una persona muy mierda.
Así que Lapis, como un modo de disculparse por haber actuado de todo menos comprensiva, se acerco a Peridot para consolarla pero en un movimiento brusco y fugaz, la rubia se le abalanzó con fuerza para abrazarla; cubriendo su rostro en el pecho de Lazuli y aferrándose al abrazo como si su vida dependiera de ello.
Lapis se sintió algo desviada por el abrazo, pero lo mejor aquí era solo seguirle la corriente y responder a aquel cálido contacto, solo se limita a acariciar su cabello rubio y a escucharla, pues lo mejor aquí sería dejar que el silencio se encargara de consolar al alma que llora.
Si. Tal vez pudo al menos haber intentado decir "todo estará bien" o algo más como "ya, ya, ya, solo déjalo ir", pero sin importar que fueran comentarios con buenas intenciones, simplemente no era el momento para decirlo. Las palabras simplemente son inútiles cuando no se tiene certeza de que decirle al que llora, aveces una acción cariñosa como un abrazo, una palmada en la espalda o la simple presencia de uno son mejores que palabreríos optimistas que están vacíos y desgastados.
Lapis, por obvios motivos, prefirió dejar de interrogar a la rubia; no sería capaz de controlar un ataque de pánico. Pero el miedo que le infringió de algún modo a Peridot había hecho su efecto, las confrontaciones de Lazuli hicieron que Peridot empezara a contar esa agria experiencia, aún con el llanto a todo dar y la adrenalina revoloteándome las palabras con las que explicaba los sucesos e híperventilando al punto que la hacía ahogarse con su propia saliva.
Pero Peridot lo intentaba, en verdad quería intentar contarle lo qué pasó a Lapis Lazuli, pero las palabras salían de manera incoherente y sin orden alguno, hasta incluso salían frases mezcladas con algunas palabras en francés con palabras en español; estaba toda hecha un desastre en ese momento.
Lo último que dijo antes de que fuera detenida por Lapis eran prácticamente los únicos palabreríos que lograron mantener la coherencia. —Je ne sais pas, je marchais dans la rue et puis Ils m'ont agressé et ils m'ont pointée avec une arme à feu et j'ai dit non, mais ils ont commencé à me frapper et je devais leur donner ce que j'avais dans mes poches..et...et..les hommes...—
La peliazulada no soportaba ver a Peridot así, tan rota y tan vulnerable al punto de no ser capaz de controlarse, así que, en un acto de ternura y de manera casi inevitable, la chica la mira a los ojos esmeralda que brillaban por el río que corría de estos y con la delicadeza de una madre, acaricia las suaves mejillas de su contraria con el fin de limpiar las lágrimas que se mezclaban con la suciedad que estaba en su rostro.
—Peridot, no me tienes que contar.—comenta Lazuli.—No te fuerces...—
Y con tan solo sentir aquel contacto tan sencillo e insignificante, el llanto bajo de ser incontrolables y desastrosos que romperían el corazón de quien sea, hasta simplemente ser sollozos calmados y silenciosos que no serían tan difíciles de escuchar si no fuera por la lluvia que caía afuera.
—Respira...estás a salvo conmigo.—
La rubia inhala y exhala, en principio de manera acelerada y aveces entrecortada por el sollozo, pero poco a poco, pudiera calmar la tormenta que se había hecho en su corazón con ayuda de Lapis quien la sigue abrazando con suavidad mientras tarareaba la melodía de una canción suave que su madre solía cantarle cuando era más pequeña.
La suave melodía, el abrazo suave, el latido de su corazón y las respiraciones lograban dar su efecto y hacer que Peridot se pudiera calmar más y que poco a poco, aquel peso en el pecho que las emociones le habían provocado se fuera deshilachando, tal cual como un pedazo de tela cuando se le jala un hilo suelto.
Y de pronto, su cuerpo dejo de temblar, los dientes dejaron de castañetearle, las lágrimas dejaron de caer y su respiración volvió a la normalidad. La tormenta se había calmado, ahora todo estaba bien, ahora que ella está aquí.
Y así estuvieron por un rato, sin querer separarse una de la otra.
—¿Estas mejor?
—Mmhm
—No quise lastimarte...debí ser más comprensiva contigo y dejar de preguntarte.
—Ce ñ'est pas ta faute... j'allais te le dire quand même.
—Peridot, no entiendo muchas cosas en francés...
—Oh, pardon...no es culpa de tuya, iba a decirte a ti.
Lazuli suspira.—Entonces...ahora ve más despacio y intenta decírmelo otra vez pero más lento.—susurra Lazuli alargando el lento como si se lo estuviera diciendo a un niño más pequeño.
Y en eso, un poco más calmada, Peridot comienza a hablar sobre lo que había pasado antes de toparse con Lazuli.
Peridot hablaba con un vocabulario bastante simple que la hacía preguntar constantemente cómo se decía una que otra palabra en español y obviamente Lapis no iba saber contestarle aquellas preguntas, así que Peridot decidió mejor empezar a hacer señas sobre todo lo qué pasó anteriormente mientras hacía un intento para recordar palabras en español que complementarán aquella amarga experiencia.
En cuanto Peridot termina la explicación, Lapis cambia aquel rostro de empatía y calma a un rostro de miedo mezclado con un enojo fuerte; y había una razón justificada de porque era eso.
—¡HIJOS DE LA PUTA DE SU MADRE, ¿PORQUE SE METEN CON UNA CHICA QUE NI SIQUIERA ES DE LA CIUDAD?—Exclama Lapis furiosa y en eso ella empieza a buscar con la mirada alguna herida o una señal de quien lo pudo haber hecho, tal vez en uno de estos días se metería en problemas por haber estrangulado al desgraciado que le hizo esto a alguien como Peridot.
Ahora ella era quien necesitaba calmarse, no del todo por ser asaltada y estar al borde de ser disparada como el cazado de Peridot, más bien por el enojo de saber que había gente tan ingrata para hacerle eso a alguien.
—¿Pero SEGURA QUE ESTAS BIEN? ¿te robaron algo de valor?¿aún tienes tu celular?, Pff, que eso se vaya al diablo, ¿Estas bien? ¿No te hicieron algo grave? Como alguna herida de bala, alguna apuñalada ó...—Lapis se detiene en media oración a recordar lo que vio cuando Peridot y ella se encontraron en la banqueta; la blusa caída, los raspones en las rodillas, la suciedad en su rostro y los moretones en las muñecas que claramente fueron hechos por un agarre muy fuerte, obviamente se le vino a la mente la peor situación posible.
—¿¡TE TOCARON?!.—Exclama preocupada sacudiendo a Peridot un poco.
Peridot niega con la cabeza—No, solo no tengo dinero con mi.—
—Flojos de mierda.—murmura la morena para si misma.
Y en ese momento, el cronómetro que había puesto Lazuli hace un tiempo anuncia con una alarma que ya habían pasado treinta minutos.
Lapis voltea a ver la fuente del sonido.—Ya era hora que sonara.—murmura y se levanta de la mesa para tomar un trapo y quitar la tapa de la olla que saca un humo; impregnando la cocina con un agradable olor junto a ese característico sonido que hace el burbujeó del líquido hirviendo que se detiene en cuanto Lapis apaga la estufa.
Ella menea un poco la sopa con el cucharón para luego ir a la alacena para sacar dos platos hondos en los que serviría a sopa. Y en cuanto sirve la comida, toma ambos platos y los lleva a la mesa para luego ir al cajón en donde guarda los cubiertos y saca dos cucharas; una la cual se la da a Peridot y otra que la deja en su lugar, y ya con todo eso, Lapis se sienta en su lugar para empezar a comer despacio, pues la comida aún seguía muy caliente.
—Merci...—
Lapis sonríe melancólicamente con la boca cerrada, solo respondiendo con un sumiso y cálido "De nada".
Ambas comen en un silencio; más tranquilo y tenue que el que las acompañaba anteriormente. Era una agradable cena la que ambas compartían.
Y en cuanto ya terminaron, Lapis se tomó la molestia de recoger los platos y dejarlos en el fregadero.
—Lapis...
—Hmm?
—Pensé que tú estabás con tus padres...
Mierda, había olvidado que dijo esa excusa para cancelar la cita.
Y ahora, tiene que pensar en otra excusa, pero para explicar que hace en casa.
El karma existe.
—Pues...Mis padres cancelaron a último momento, no me dijeron porque.
Suena convincente, ¿se escucha muy conveniente?
—Ah...c'est bien.
Indiferente, tal vez eso sea bueno; al menos no pregunto más de ello.
Tras terminar de lavar los platos, Lapis se va hacia el sofá para tomar asiento, Peridot se le une a la morena.
Más que eso, ya no hay conversación. O bueno, ya no había conversación por unos cuantos momentos hasta que...
—¿Tu viviste...toujours aquí?
—No realmente. Me mudé aquí hace como...4 o 5 años.—Lapis no era muy buena recordando fechas.
—¿Donde estabas antes?
—Yo solía vivir con mis padres en Beach City, nos mudamos allá cuando era muy pequeña y estuve ahí hasta la universidad.
Lapis la voltea a ver—¿Y qué hay de ti?...¿Es tu primera vez saliendo del país?
—Oui, Yo soy de Nantes pero vivo en Alsace con mis Grand-parents porque mi père est mort quand j'étais très jeune y mi meré es una tonta.
Al parecer, Peridot no fue muy suertuda. Por supuesto, Lapis no quería preguntar más acerca de la dinámica familiar de Peridot al no conocerla mejor, así que solo ignoro el comentario de su madre.
Pero más que eso, la conversación no paraba de fluir; con cada pregunta y respuesta que se daban, cada vez se sentía más que formaban un lazo más fuerte entre las dos.
Gracias a esta charla, Peridot supo que Lapis era parte Filipina gracias a que su padre era de allá (he ahí la explicación de los ojos sutilmente rasgados de Lazuli), y que de hecho vivió muy poca parte de su infancia en Manila. Que le encantaba el océano y era lo que más pintaba. Que siempre le gustó cocinar gracias a su abuela. Que solía correr en su adolescencia. De la vez que choca un coche por estar desvelada. De la cicatriz que cruza su frente. De la razón por la que se pintó el pelo azul (al igual que la información que su color natural es azabache.)
Y también Lazuli. Sabia que Peridot estudiaba Ingeniería Mecánica. Que fuma desde los 17 años. Que nunca le gustaron los deportes y de hecho era muy mala en ellos. Que nunca había viajado fuera del país. De las veces que agarraba el carro del abuelo y se escapaba de casa en su juventud. De la vez que se rompió la pierna por un descuido. De cuanto lo gustaba leer conspiraciones y leyendas para luego discutir de estas en foros de internet. De lo mucho que disfruta el campo.
Parecían cosas sin sentido, si fueran un libro alguien vería estos detalles como un relleno flojo y sencillo. Pero para ella dos, era una maravilla leer parte de ese libro complejo que es tanto una como la otra.
Era todo un encanto el solo poder conocer parte de ese inmenso mar que falta por recorrer.
Tanto así, que el tiempo dejó de tener un significado. El tiempo de pronto ya no era importante.
O eso fue lo que parecía. Hasta que, conforme la noche pasaba, Lapis poco a poco durante la conversación puede sentir sus párpados más pesados, los detalles de lo que contaba se le iban a otra parte por culpa de la fatiga. Pero trataba de durar lo más que podía para mantener viva esta conversación.
—Lapis, te ves...cansada.
—No, estoy bien. No es algo que no pueda liderar. No pasa nada.
Peridot no estaba convencida. Pero no iba a insistir.
—Je...creo que...ya debo irme. Es muy tarde.—Peridot se levanta del sofá y hace su camino hacia la puerta.
Pero no logro hacer mucho; pues Lapis prácticamente se levantó para tomar la muñeca de Peridot.
Su aliento fue arrebatado en ese instante.
—No te vayas Peridot,—insiste, sin soltarle el brazo a la rubia.
—No puedo...
Peridot se muestra rígida reprimiendo ese sentimiento que se basaba en sus emociones y decidida a escuchar la voz más opaca de su lógica, no sería correcto quedarse; no con tan poco tiempo de conocerse, no es correcto y ella lo sabia.
—Es muy peligroso salir a estas horas. Insisto que te quedes...¿podrías hacerlo por mi?
Merde...
Peridot no sabía que decir.
No podía negociar con ella misma sin que se contradijera con todos los argumentos, como si una parte de ella quisiera volver a casa por mera obligación.
Pero otra parte mucho más fuerte, quería quedarse con ella solo por esta noche, pero lo más vulnerable de ella estaba a flote:
Ella no quería estar sola otra vez, no aquí.
Era una decisión enredosa, una que Lapis Lazuli complicaba el proceso sin intentarlo mucho, ni siquiera esta consiente de que efecto tan pesado tenía esa mirada insistente.
Despertó una sensación de calor, un calor abrazador y reconfortante que la hacía sentirse bienvenida. Que la hacía sentirse...segura.
Y ella quería sentir esa sensación por al menos una noche, antes de que el la fría soledad vuelva a reclamarla una vez más.
La lluvia aún cae fuerte, eso es lo que no ha cambiado; y no parece que se va detener en cualquier momento.
Era una razón para quedarse. Una razón que no tuviera que ver con sus tontas emociones.
¿Y si esto de quedarse por la lluvia era una justificación solamente?
¿Porque tendría que justificarse ante el mismo?
Peridot se zafa del agarre de Lapis.
—Ça va...solo es hoy...
Oh por todas las estrellas, ¿Qué es lo que esta chica le está haciendo?.
