Capítulo 2: Soledad

Sin mediar palabras entró a la habitación y tomó las prendas de ropa esparcidas por el suelo. Ambos amantes tartamudeaban explicaciones, mientras el Maestro Pokémon recolectaba la vestimenta mudamente.

Caminó hacia el living, la pareja de traidores arrastrando las sábanas siguiéndolo. Le pidieron que no lo hiciera, se irían, pero que no arrojara la ropa por el balcón.

Ash no los escuchó. Sus oídos sordos de ira.

Tuvieron el descaro de insultarlo cuando salieron corriendo envueltos en sus sábanas. Iba a quitarselas, pero decidió que no querría volver a dormir en las mantas llenas de traición.

Luego el departamento se sumergió en un profundo silencio.

Ash sentía un zumbido de aturdimiento dentro de sus oídos. Su mente plagada de furia que se fue apagando lentamente.

Se recostó en su cama. En la misma donde había encontrado a su ahora ex-novia engañándolo. Pensó que debía sentirse dolido, pero lo único lastimado era su orgullo, su amor propio.

Pero no lamentaba perderla.

No sentía la necesidad de retenerla.

No se preguntaba porqué lo había traicionado.

No le importaba.

Ella no le importaba.

Se tapó los ojos con su brazo, mientras su mente se relajaba.

Sonrió con burla, mofándose de sí mismo. Admitiendo lo patético que era.

Su novia lo engañaba en su propio departamento. Pero él la engañaba todo el tiempo, haciéndole creer que realmente la quería. Le mentía cuando le susurraba cosas al oído, cuando la miraba o acariciaba...

Porque mientras sus ojos, sus labios y sus manos se centraban en ella, su mente vagaba en fantasías y recuerdos. En momentos que nunca sucedieron, pero que había deseado con tanto anhelo que le parecían reales...

...

— Muy bien, chicos. Es hora de descansar. — Anunció el Maestro. Los pokémon lo miraron y felizmente cada uno se acercó para rodearlo. Ash se sentó en el suelo, contra un árbol recibiendo el cariño de sus amigos luego de unas largas horas de entrenamiento.

Esde día no había batallas ni era día de oficina, por lo que el joven podía dedicarle el día entero a sus compañeros en esa área designada sólo para ellos.

Cuando comenzó a ejercer su título como Maestro se ocupó personalmente de elegir un lugar apropiado para sus pokémon, consiguiendo que la Liga les proporcionara una extensa fracción de terreno que se componía de diversos escenarios, cada uno especial para cada tipo de pokémon que él tenía en su equipo.

Era su lugar favorito en la Liga, en donde más a gusto se sentía, rodeado por aquellas criaturas que siempre le habían brindado cariño genuino y desinteresado.

Ash acarició la cabeza de Bulbasaur, mientras Pikachu se acomodaba sobre sus piernas extendidas, su mano libre descendió sobre el lomo peludo de su compañero eléctrico.

Su fiel amigo había elegido vivir en ese lugar con el resto de los pokémon. Al entrenador le había dolido la elección de quien fuera su mejor amigo, pero entendía que el pequeño quería permanecer con los suyos, tenían una especie de familia entre ellos y Ash la respetaba.

Después de todo no lo podía arrastrar a la soledad y a la monotonía que él vivía diariamente. Pikachu solía acompañarlo durante el día en la oficina, cuando no podía quedarse allí con ellos. Pero por las noches, donde más se notaba el vacío, dejaba que su amigo se sintiera acompañado con quienes siempre estuvieron a su lado.

Él, quien siempre se había rodeado de amigos, vivía solo.

Y cuando buscó quien lo acompañara para llenar el vacío de las paredes de su hogar, lo había traicionado.

Esa compañía tampoco servía para compensar el hueco que sentía por dentro. La soledad que lo invadía no podía alejarse con cariño superficial. Ash necesitaba más que eso y, simplemente, no sabía como resolverlo...

Hubiera deseado tanto poder quedarse en la Liga con sus Pokémon, pero le habían dicho que no sería sano vivir dentro de su trabajo. Que irónico.

...

Misty miraba con asombro la pila de papeles que se amontonaban frente a ella, mientras la empleada de la Liga pokémon le acercaba todos los documentos que debía leer y llenar para presentar su petición formal.

Desde que Ash se ocupaba de los Gimnasios, el camino para acceder a distintas ayudas de la Liga Pokémon era hablar directamente con él así los Líderes no tenían que molestarse con esa interminable cantidad de papeles. Todos tenían acceso directo al Maestro. Menos ella, claro está.

Como el camino principal era sencillo, el alternativo debía ser complicado. Parecía un regla cruel que tenía que aceptar sin queja alguna, pues si se negaba a leer y firmar todos esos documentos, debía hablar con Ash... Imposible.

— Y este sería el último formulario. — Le indicaba la chica frente a ella con una sonrisa amable (casi pareciera que sentía pena por ella) — Recuerda que debes entregarlos en este mismo orden o tu petición será rechazada antes de llegar al Presidente de la Liga. — Le advirtió mirándola con severidad. Misty asintió con la cabeza e intentó sonreír en agradecimiento, pero en su mente no podía dejar de gritar todo tipo de improperios contra Ash.

— Sí, lo tendré en mente. — Respondió finalmente y recolectó los documentos procurando mantener su orden. — Gracias. —

La Líder de Ciudad Celeste, se retiró resignada del mostrador principal de la Liga Pokémon, sabiendo que tendría por delante una jornada extensa de lectura intensa.

Cuando se aventuró al viaje hacia Ciudad Verde no creyó que el trámite sería tan complicado, sabía que debía enfrentar algo de burocracia... pero ¿Tanto? Claramente el sistema estaba diseñado para no tomar ese camino. Estaban tan acostumbrados a la línea directa de Ketchum que ni se habían molestado en agilizar ese trámite.

Y el Gimnasio necesitaba ayuda. Urgente.

Por lo que Misty decidió que debía rentar una habitación y quedarse allí hasta que su trámite fuera aceptado. No podría poner un pie fuera de Ciudad Verde hasta estar segura que su Gimnasio sería salvado.

No hay opción, Misty. Será mejor que empieces a trabajar. — Se dijo a sí misma resignada.

Abrazando con cuidado su "preciada" documentación comenzó su camino fuera del edificio, pero antes de atravesar la puerta, una chica que corría desesperada hacia los mostradores se chocó de plano contra ella, haciendole caer sentada en el suelo por el impacto. Los papeles volaron por el aire y Misty veía como sus frustraciones se materializaban en forma de lluvia de documentos.

— ¡Oye! — Gritó exaltada, levantándose del suelo. — ¡Mira por donde corres! —

— ¡Lo siento tanto! — Exclamó la otra y comenzó a levantar los documentos, agachada en el suelo.

— Déjalos. Yo los levanto. — Respondió la pelirroja enojada, mientras se hacía a la idea de tener que volver al mostrador para que le reacomodaran los papeles.

— ¿Misty? — La aludida levantó la mirada furiosa y prestó atención a la persona que la había chocado. La reconoció de inmediato, alta, delgada, de corto cabello azul peinado prolijamente y grandes ojos verdes.

—¿Erika? ¿Qué haces aquí? —

— Lo mismo que tú, creo. — Respondió al leer el encabezado de uno de los documentos. La Líder de Ciudad Azulona miró con curiosidad la alfombra de papeles que debían recoger. —¿Así que esto es todo lo que hay que firmar si no podemos hablar con Ash? — Misty se sorprendió al escuchar que otro líder tenía problemas con Ash. El Maestro era muy bondadoso con los Gimnasios.

— Lamentablemente sí. —

— Que fastidio... — Protestó la chica de cabello azul. — Ash no quiere que la Liga asegure la fórmula de nuestro perfume. — Le comentó, mientras terminaba de levantar los últimos documentos. — Todos los gimnasios tienen actividades secundarias que nos ayudan a mantenerlos, pero él no cree que el perfume sea un asunto de la Liga. —

Misty asintió con la cabeza, recordando que en su juventud Ash había despreciado el perfume de Erika. Al parecer las cosas no habían cambiado.

Por un lado lamentó que la líder de pokémon hierba pasara por esta situación molesta, pero por otro, se reconfortaba un poco al saber que alguien más tenía que pasar por este engorroso papelerío. Era un poco egoísta al pensarlo, pero viendo a Erika dirigirse al mostrador principal para pedir su documentación, Misty se sintió aliviada de no estar sola en esa ciudad tan grande. La soledad le había preocupado en un comienzo, y pensar que no sería su compañía durante todo el largo proceso burocrático le traía una sonrisa complacida a su rostro.

— Disculpa... ¿Puedes ayudarme a ordenarlos nuevamente? — La chica que la había atendido con anterioridad miró los papeles preocupada y con una sonrisa amable comenzó a organizarlos nuevamente. Pero esta vez, procuró numerárselos para evitarle inconvenientes.

CONTINUARÁ...

AN: Gracias a los comentarios al capítulo anterior! Espero este les haya gustado, aunque no hubo interacción entre Ash y Misty (en el próximo sí se vuelven a encontrar)

Por ahora no estoy muy conforme con la narrativa de esta historia. Supongo que estoy medio oxidada con los personajes, pero seguiré esforzándome por sacar lo mejor que pueda de ellos.

Hasta el próximo capítulo!

Ikhny.