My therapist

Capítulo I: El reencuentro

Ocurrió un día martes por la tarde, 6:00pm decía el ticket de la cita.

Quinn se sentó en la sala de espera del Hospital Astral, un hospital que tenía recién tres años de creación, muy grande de cuatro pisos, y de muchas especialidades, pero siempre de emergencia, junto a veinte personas talvez que fueron pasando hacia diferentes consultorios a lo largo de una hora, ella muy abrigada por ser invierno, sin saber que hacía allí, su doctor le había derivado, y ella muy confusa mirando a cada lado y luego al suelo cómo se encontraba, esperaba poder encontrar una solución a su situación.

Una solución, mismo dilema que había buscado desde los veinte años, estando ella en sus veintiseis años, rebotando la pierna izquierda de arriba hacia abajo en un intento de calmar su ansiedad.

Ella estaba sentada en la sala de espera, en el centro del segundo piso con puertas hacia la derecha e izquierda de distintas especialidades, frente a ella, la oficina del psiquiatra, a su izquierda, la oficina de psicoterapia dónde se encontraría su nueva terapeuta esperaba ella, y un pelín más a su izquierda, las escaleras de emergencia que comunicaba todos los pisos.

*Las terapias cognitivo-conductuales son orientaciones de la terapia cognitiva enfocadas en la vinculación del pensamiento y la conducta.

Ella esperó, la anterior cita se estaba demorando ya por quince minutos talvez.

Eso, aunque ella debería estar talvez renegando internamente por ello, ya que la puntualidad era muy importante para su familia, así se lo habían inculcado, esta vez agradeció que así fuera, así tendría más tiempo para calmarse.

- Mi amor, no puedes llegar tarde, la puntualidad mi amor – le decía Judy Fabray a su niña – debe ser lo principal en tu vida, es una forma de las más importantes de respeto a tu persona, a tu prójimo y al que viene después de ti. Todos tienen obligaciones y urgencias. Debe haber respeto entre todos, eso es lo principal, así que mueve tu culo perezoso – finalizaba en broma dándole un empujoncito en su parte trasera para que Quinn de cinco añitos se apurara y llegara a tiempo, entre risotadas que soltaba.

Quinn renegaba internamente por ello. No por el recuerdo de su madre, sino porque una tragedia se la había quitado y ella tendría que vivir con eso el resto de su vida.

- Maldito hospital – renegaba ella para sus adentros.

- Quinn Fabray – le dijo una voz a su izquierda, una voz que debió hacérsele familiar más su mismo estado no se lo permitió.

Quinn caminó hacia su costado izquierdo, de dónde venía la voz, sólo para notar que una mujer de mediana edad salía del consultorio dónde ella iba a entrar sollozando en su mayoría.

Quinn le entregó un trozo de papel higiénico a la mujer extraña quién le dijo – gracias hija – ella sólo asintió ante lo dicho, reconociendo que estaba de igual o peor ánimo que la señora.

Y así con una energía nerviosa tocó la puerta preguntando - ¿Doctora es aquí? – al ver que la doctora volteó a verla, y si hizo un gesto de estupefacción, Quinn no lo notó.

- Sí, es aquí – le dijo ella – siéntate por favor – le pidió siempre profesional observando a Quinn un momento para después ponerse a tipear su ingreso en la computadora que tenía sobre su escritorio.

- Gracias – contestó Quinn – pasando sus manos empapadas por los nervios sobre su jean con su ya energía nerviosa ya que no sabía de que iba esto de "la terapia cognitivo conductual", primera vez que hacía ello, en sus casi siete años ya de su búsqueda de una solución.

La doctora le dio una sonrisa suave alentándola a relajarse, Quinn le dio una mirada notando así, que era una mujer muy guapa, un tanto chiquitita, algo muy adorable que a ella le gustaba, de cabello castaño oscuro, tez canela, ojos marrones, labios voluptuosos, en fin, toda una belleza exótica y cuándo empezó a hablar, una voz melodiosa debía reconocer.

La doctora pareció un tanto impoluta, metida en ella, antes de hablarle.

- Y bueno Quinn, ¿en qué te puedo ayudar? – preguntó con las manos cruzadas sobre su regazo sentada frente a Quinn, un escritorio entre ellas de por medio.

- Bueno, doctora – contestó ella mirando hacia su regazo ignorando el gesto de estupefacción en ella, uno que fue muy breve – quiero que elimine el dolor - le dijo

- No entiendo – soltó ella - ¿puedo preguntar quién te derivo y luego qué es eso de dolor? – preguntó con una sonrisa incentivándole a hablar.

- Ok – asintiendo Quinn siguió – tengo un dolor sordo entre otros síntomas en ambos brazos desde hace siete años, uno que me desconcierta. He ido al neurólogo pensando que debía ser la cabeza – Quinn miró a su doctora y ella asintió con una sonrisa leve para que continúe.

- Y qué te ha dicho – pidió la doctora

- Pues que no es, él me derivó pensando que podía ser otra cosa, al psiquiatra, y él hacia ud.

- Ok – dijo ella revisando el sistema interno de internet y sus bases en su computadora, para ver qué había dicho el anterior doctor sobre Quinn – leo aquí que sufres de depresión y ansiedad – Quinn asintió – y tomas medicamento – Quinn volvió a asentir. Eso le hizo sentir un "no sé qué" en el corazón a la doctora, Quinn jamás había sido tan reservada cómo era ahora.

- Tengo un doctor privado, amigo de la familia, un psiquiatra que me medica.

- ¿Y qué tomas Quinn? – le preguntó

- Ahí dice – contestó ella haciendo un ademán hacia la computadora

- Sí, sí dice – respondió ella – pero quiero que me lo digas.

- A lo largo de estos siete años – dijo y su doctora le dio un leve asentimiento para que continue – he tomado muchos medicamentos de todo tipo, probando cuál era mejor para mí, entre caros y genéricos - medicamentos muy baratos, proporcionados por el estado con una bajísima parte de lo que contiene un medicamento caro – para hallar lo que tengo ahora, el psiquiatra me dio un antidepresivo y un ansiolítico por la mañana, y uno para dormir por la noche. El neurólogo me dio uno para el dolor, una pastilla por la mañana y otro al medio día.

- Ok, muy bien. ¿Y eso te funciona? – le preguntó

- No, sólo enmascara y muy mal el problema – soltó Quinn mecánicamente, respondiendo lo mismo que le habían preguntado todos los doctores que había visto antes, todos preguntaban lo mismo.

- Los genéricos supongo – dijo la doctora y Quinn asintió - ¿por qué no los caros? – le preguntó

- Porque no puedo pagarlos – le contestó ella, causando intriga en la doctora ya que ella sabía que Quinn venía de una familia acomodada que fácilmente podía proporcionarle todo lo que ella deseara.

- Ok – soltó su doctora – vamos a lo nuestro – y Quinn asintió limpiándose sus manos sobre sus jeans, gesto que le llamó la atención a su doctora – el psiquiatra te derivó hacia mí – dijo ella y Quinn asintió otra vez - ¿en qué te puedo ayudar? – le preguntó ella

- Quiero que elimines el dolor – repitió Quinn otra vez

- Explícate mejor – le pidió ella - ¿qué sientes?

- Siento dolor en ambos brazos - soltó Quinn haciendo ademanes con sus manos para enfatizar el punto – tanto dolor cómo si me arrancaran los brazos, a la par que siento un hormigueo general, algo así cómo si me estuvieran tocando, eso me pasa – finalizó Quinn

La doctora se le quedó mirándole fijamente cómo sopesando la fialidad de sus palabras, tanto que incomodó a Quinn y le hizo bajar la mirada hacia su regazo.

- No puedo eliminar el dolor ni el hormigueo – le dijo sinceramente a Quinn haciendo que ella hunda los hombros en señal de derrota, y con una apariencia cómo un cachorro apaleado. Cosa que le dio un puntazo en el pecho a su doctora. Ella quería ayudarla, así que igual le dijo – no puedo eliminar el dolor – le repitió – pero podemos trabajar atravez de ello, a través de tu historia y ver si viene de ese lado.

Quinn asintió a lo dicho, toda ayuda era bienvenida.

- Háblame Quinn – le pidió otra vez recostándose sobre su muy cómodo sillón.

- Ok – asintió Quinn y pasándose una mano sobre su cabello dijo – las tragedias han asolado a mi familia desde tiempo atrás, ya casi una década y todo ello me ha pasado factura – narró dándole una mirada rápida para luego perderla en un punto fijo – tuve una niña que di en adopción porque no podía mantenerla – dijo sintiendo un gran dolor en el pecho por tener que alejarse de su bebé - mi padre casi se muere de una enfermedad extrañísima, luego mi hermana casi pierde la mente por el dolor que sintió al ver así a papá, terminando la uni me entró este dolor tremendo, tanto que interfirió mucho en mi promedio general mandando en mi último ciclo todo al piso, estaba en cuadro de honor, y al final estaba por debajo de la media, me gradué cómo pude, empecé a trabajar a la par que necesitábamos más dinero para la enfermedad de mi madre…

- Perdón que te interrumpa – le dijo su doctora no entendiendo que, si Quinn era de familia acomodada, el por qué no tenía dinero – ¿no tenías dinero? – le preguntó cómo diciendo "carajo, te conozco, fuimos al colegio juntas, ¿qué me estás contando y por qué no me reconoces?"

- Sí, no teníamos dinero, acabó lo de papá, empezó lo de Frannie, siguió lo de mamá, y si bien se podría decir que pertenecemos a una familia acomodada, papá no quiso pagar el cuidado de mamá, al no creerle sus síntomas y a la par ya luego me enteré que el tenía otra vida con su amante, otra casa para ese entonces – soltó mecánicamente Quinn y su doctora se le quedó viendo intensamente procesando "lo maldito que era Russell" – yo trabajaba por temporadas, renunciaba al no poder seguir por mis propios síntomas, a lo que él le llamaba "debilidad y cobardía" – nuevamente su doctora dijo "maldito Russell" que le hizo pensar a Quinn que era eso, débil y cobarde – y bien, trabajaba cuándo podía, mi mamá me adoró todo el tiempo, incluso cuando le dije que no podía soportar tanto dolor y "que me dejara ir" – su doctora muy preocupada le intervino preguntando – a qué te refieres.

- Al suicidio – le dijo ella cómo quien habla del clima o de algo monótono y común, preocupando sobremanera a su doctora que asintió guardando lo intenso que estaba sintiendo y bueno – Quinn continuó – mi madre tenía la circulación, la llevé al doctor a otro hospital, no este – soltó Quinn más emotiva y con un estado más sobresaltado notó su doctora manteniéndose imparcial para que ella continuara – ellos dijeron que no tenían especialista y me mandaron a sacar una cita a este hospital para que la atiendan, pedí la derivación y nada, aún sigo en lista de espera y ella está muerta, y sigue en la lista de espera

Quinn trató de contenerse, ya que su voz era entrecortada, sin mirar a su doctora con lo poco que podía, continuó – la llevé al hospital que me recibió, me dijeron lo mismo, que no había especialista, pero la retuvieron poniéndome otro doctor cuándo su situación se complicó, se infectó, entró en septicemia, y ellos venían y me decían que sólo había un chance de 15% que sobreviva, me dijeron todo lo que le iba a pasar y en diez días, ella se murió – finalizó llorando y limpiándose con un papel delicadamente con un signo tremendo de impotencia, de rabia y de orgullo.

- Ahhh, el infame orgullo Fabray – recordó su doctora internamente - Lo siento mucho – le dijo ella

- Ella murió – soltó ella con rabia – no por su enfermedad, sino porque un doctor que se jugó a ser Dios, dijo que no había especialista, y cuándo ella entró en crisis "oh milagro, él apareció" – soltó con sarcasmo y mucha rabia interna, mucha impotencia también – ella murió por falta de atención, por negligencia de un maldito imbécil, y papá sólo dijo "que mal", nada más, cómo si se hubiera muerto un perro y no mi madre, "el amor de mi vida"

Finalizó ella entre lágrimas derramadas, y trató, trató de recomponerse, su doctora le dio el tiempo que necesitaba para ello.

- Lo siento mucho Quinn – le repitió ella incentivándole a que siga – ¿y por ello has venido a este hospital? – le pidió.

- No – Quinn negó con su cabecita, y un pelín más tranquila dijo – no he trabajado hace dos años ya, he cortado contacto con todos – "Ahhh, ¿será por eso que perdimos el contacto?" se preguntó su doctora – antes lo había hecho, desde que me apareció todos estos síntomas, pero en esos dos años corté todo, papá me dio un ultimátum, si no compongo mi vida, me va a correr de la casa y no tengo a dónde ir ni cómo mantenerme y tengo demasiados fantasmas, demasiadas pesadillas para hacerlo, es por eso que he venido, buscando un neurólogo que me dice que es psicológico y minimiza lo que siento.

- ¿Y qué piensas tú Quinn? – le preguntó ella enojada con el cabrón de Russell más que nunca.

- Pienso, que cada doctor, ve lo que quiere ver – le contestó mirando a su doctora

- No te puedo borrar el dolor – le contestó ella pensando en que necesitaba más de todo, para poder ayudar a Quinn – pero vamos a trabajar y ver a partir desde allí – le dijo y Quinn asintió.

- Esta es mi última oportunidad – le dijo

- Pues que bueno entonces el poder conocerte – soltó su doctora usado justamente esa palabra, para ver la reacción en Quinn más no encontró ninguna. Eso de "su última oportunidad" también la asustó.

- ¿Acaso Quinn no me recuerda?, ¿qué está pasando? – se preguntó internamente ella

- Dime más de tus síntomas – le pidió ella y Quinn asintió

- Tengo mucho dolor, siento que se me arrancan los brazos, no puedo ni sostener a mi gato, así de grave es, y si cojo un libro mucho tiempo, al día siguiente me duele muchísimo ese brazo – le volvió a repetir y a añadir – no puedo dormir sin tomar mi medicamento, no importa cuánto lo intente, tengo una muy mala memoria, no recuerdo ni qué día es, qué comí ayer e incluso a viejos amigos – Ahhh, ahí está la respuesta, dijo su doctora internamente.

- ¿Crees tú que es por tu depresión? – le preguntó

- No – contestó Quinn – desde hace siete años que empezó todo esto que siento y con el tiempo sólo va para más.

- ¿Sí sabes que con la depresión vienen también síntomas físicos que se suman a los mentales? – le soltó y Quinn asintió pensando en que ella también iba a minimizar lo que le pasaba.

Y tanto así fue su expresión que su doctora añadió – vamos a trabajar atravez de ello – le dijo notando la hora – hemos pasado de las siete de la noche, se suponía que su cita demoraba media hora, y ella ya llevaba una hora.

- Lo siento – pidió disculpas Quinn haciendo ademanes con sus manos – por monopolizar su tiempo doctora.

- Oh no te preocupes – le dijo ella – normalmente las citas son de treinta minutos, pero cómo eres la última paciente, todo está bien – le dijo y tipeó varias cosas en su computadora, haciéndole la cita para quince días a partir de ahí – bien Quinn – soltó – nos vemos el diecisiete de este mes, ahí está la hora y mi nombre – dijo parándose estrechando la mano con ella conteniéndose ya que quería abrazarla tan mal para poder contenerla pero no podía, no era profesional, así que le dio la mano.

Quinn se paró y se limpió la mano en el jean para dársela a su doctora y así sin más se despidieron.

Quinn aún un tanto tocada fue hacia la sala de espera y se sentó ahí un rato, para poder recomponerse antes de irse.

Su doctora observaba todo atravez de la cámara de seguridad en una de sus pantallas desde su computadora, sólo observándola, midiendo sus reacciones.

Quinn estuvo cómo por quince minutos, después salió del hospital y se fue hacia el paradero a esperar una línea de bus que la dejara en su casa.

Su doctora tipeó todas sus observaciones en la computadora, y media hora después salió hacia el estacionamiento hacia su carro, ella se montó y salió de ahí, notando a Quinn en el paradero al pasar cerca del paradero.

- ¿Pero qué está haciendo? – se preguntó ella - ¿y su carro? Está lloviznando – y tanto fue su estupor que se cuadró media cuadra más allá para ver Quinn qué hacía, observando que diez minutos después Quinn tomó el bus, una que ella sabía, le iba a dejar cómo a cuatro cuadras de su casa, una más cerca no había.

Muchas dudas formándose en su mente mientras manejaba a su departamento, mucha información también… Quinn estaba envuelta en una película, rememorando todo una y otra vez, de ahí sus fantasmas, ella estaba envuelta en un ciclo interminable de sufrimiento, dónde se culpaba por lo ocurrido con su madre, por la tragedia que había vivido.

- ¿Cómo carajo se murió Judy y no me enteré de nada? – se preguntó ella pensando en que talvez Russell tenía mucho que ver – ese maldito – dijo.

Ella tenía más de cinco años de experiencia viendo todo tipo de cuadros y de pacientes, más al tratarse de Quinn, ese fue un gran golpe hacia su corazón.

- ¿Cómo Quinn había estado sufriendo tanto y ella ni enterada? Y ¿qué es eso que Russell la quiere correr de su casa? – pensó y se preguntó ella.

- ¿Cómo has llegado a este punto Quinn? – preguntó ella al aire.

Quinn había estado temblando y odiando verse vulnerable y expuesta durante toda la hora que estuvo frente a ella.

El verla así, le había tocado una fibra muy sensible, ella sentía mucho por Quinn, era hora de ayudarla a pararse, se dijo.

Y una vez que llegó a su departamento llamó a su padre.

- Papá, tengo que verte, hay algo que ha pasado – fue lo primero que dijo ella, antes de pedirle ayuda y guía.

Nota:

- Hola otra vez, con mucho respeto y con lo poco que sé sobre salud mental y que vengo acumulando conocimientos con el pasar de los años, les traigo una historia Faberry que involucra mucho sobre salud mental, por tanto, tendrá casi siempre un clima un tanto pesado los primeros capítulos y entre poco y nada que se desliza por ahí, si no es lo tuyo te agradezco y te pido que sigas adelante a lo tuyo.

- Abordo este tema con mucho respeto y con una particular visión del mismo.

- Drama y Romance en una quemadura lenta, así la catalogo, pienso que podría ser una historia corta, aún la estoy escribiendo por eso aún no sé cuántos episodios más, se los haré saber cuándo lo sepa.

- Les digo también "que pedir ayuda, no es cobardía, es acto de valientes, al reconocer que estás mal y necesitas ayuda, si lo necesitas, pide ayuda, siempre habrá alguien dispuesto a ayudarte y a escucharte", con fé, con valentía y con Dios por mediante, todo es posible… y garrita al aire.

- Nuevamente bienvenido y a lo que venga, emprendiendo este viaje juntos.

- Discúlpeme si esta nota de autor ha sido larga, pero necesitaba decirlo. Muchas gracias.