Capítulo II: Ni debilidad, ni cobardía

Advertencia: intento de suicidio. Russell es un cabrón.

Casi diez días después, la doctora de Quinn estaba haciendo su ronda habitual, muy temprano, las 9am, a los pacientes que estaban internados y a que su parecer necesitaba de su ayuda o lo habían derivado o pedido directamente, ella en el área de hospitalización en el área de emergencia en el Hospital, cuándo la vio llegar.

- Mierda – fue lo primero que se le pasó por la mente, al verla en ese estado, Quinn no podía caminar ni orientarse por sí misma. Eh incapaz de ir hacia ella directamente cogió a un interno del brazo y le dirigió hacia ella, para que la ayudara. El mismo, que pidió asistencia a un médico psiquiatra.

Él con la ayuda de un señor de mediana edad, que ella reconoció cómo Jack Fabray, el tío de Quinn, la llevaron hacia un cuarto para asistirla. Todo el tiempo Quinn con los ojos cerrados y con ambas manos cubriéndose la cabeza.

Y cuándo Finn iba a entrar, ella le dio el alcance – por favor déjame asistirte – le pidió ella causando curiosidad en él.

- Antes no había pasado esto – le dijo él con curiosidad del porqué.

- Oh vamos, es mi paciente, déjame asistirte, te haré la colada, vamos – le pidió con su ya muy famoso puchero y él estuvo de acuerdo.

- Bien, pero la ropa blanca también – pidió

- La ropa interior la haces tú y eso es definitivo – pidió ella con los brazos en la cadera y él estuvo de acuerdo

- Ok, vamos doctora, lidera el camino - dijo él con su mejor sonrisa coqueta y ambos entraron al cuarto.

- Ok, buenos días – siempre atento dijo y continuó – soy el psiquiatra Hudson y ella es la psicoterapeuta de Quinn al parecer, díganos ¿qué pasa? – pidió él mirando a Quinn sentada en la camilla, en una bola, haciéndose pequeñita - ¿qué sientes Quinn?, soy tu doctor déjame ayudarte – le pidió.

- Está bien mi amor, dile – le pidió su tío sobando su mano de arriba hacia abajo por su espalda y cómo Quinn no decía nada, él le contó lo que había pasado el día de ayer y lo que había pasado bien temprano por la mañana.

Inicio de Flashback…

Hace tres días, Quinn había fumigado el jardín de su padre, mismo que le había encantado a su madre y que por eso él lo dejaba.

Y desde ahí, Quinn había estado enferma del estómago, ella vomitaba cada que comía, incluso el agua y ni que hablar de la medicina, y que, si no comía, no podía tomar su medicina o se iba a intoxicar más, esto no sabía su tío, que vivía a una cuadra suya.

El día anterior Quinn llegó a un quiebre, era por la tarde, ella estaba sola en la casa, su papá había ido a trabajar, ella no dejaba de vomitar agua, sentía una inmensa presión en al cabeza, tanto así que le hizo gritar, un dolor inmenso y no sólo en los brazos sino también en la cabeza, sentía que le partía la cabeza y tenía la visión nublada, estaba muy mareada, ella se puso a gritar por tanto dolor, se fue a la cocina intentando encontrar un vaso, botando cosas al piso y rompiendo un jarrón de vidrio que tanto adoraba su padre.

Quinn se mantuvo muy mareada intentando caminar y recuperarse de lo que le pasaba, sin poder pedir ayuda.

En ese momento llegó su padre que al ver todo el lío en la cocina y Quinn en ese estado sólo reventó y ella con él.

- Papá, vendamos la casa, está maldita, hay demasiado sufrimiento aquí – pedía ella intentando que él le diera un abrazo y él no lo hacía sólo se enojaba más al ver a su hija en ese estado.

- Otra vez Quinn – dijo él enojado – ¿hasta cuándo vas a estar así? – le preguntó – han pasado ya dos años, y no haces más que avergonzarme – soltó irritado – tienes una carrera, eres educada, compórtate cómo tal – ordenó

- Papá necesito ayuda, algo pasa – le dijo emotiva viendo todo nublado

- Pasa que eres cobarde y débil, déjate de vainas, y compórtate - le ordenó él sin creer que su hija tuviera una enfermedad mental y que no esté procesado bien del todo el duelo. Él en su ignorancia pensaba que todo era un acto de su hija – no dejas de decepcionarme soltó.

Quinn se echó a llorar del dolor mientras cogía su cabeza muy fuerte intentando detener el movimiento, encogiéndose en el sillón.

- Si sigues así te vas de la casa – soltó Russell cada segundo más cabreado

- No puedes correrme de la casa, es la casa de mi mamá – soltó ella defendiendo a su madre por encima de todo, su amor por ella podía encima de todo.

- Voltea – le pidió él al ver que Quinn le gritaba a la pared – me canse de esto – soltó él enojado – eso es todo.

Y entre gritos de él y ella, su tío que pasaba a ver a su sobrina al escuchar los gritos se metió a la casa.

- Russell ¿qué está pasando? – le preguntó viendo que su sobrina lloraba recostada en una pared y sin esperar respuesta se fue a cogerla antes que se caiga de ambos brazos y ayudándole a sentarse en el sillón – ven mi amor, dime qué pasa – le pidió él arrodillándose frente a ella.

- Tío – dijo Quinn llorando – me siento mal, me duele mucho la cabeza, siento que se me parte la cara, veo todo nublado – contaba Quinn hasta que Russell se metió

- Pasa que está haciendo su show eso pasa – y Quinn se echó a llorar de tanta impotencia que sentía

- Russ, pero qué te pasa hombre – dijo su tío defendiéndola – está mal, no lo ves

- Todos están mal – soltó él – es un infierno, estar con ella es un infierno. Porqué no se muere de una vez – soltó encabronado y Jack se enojó y mucho, ella era su sobrina.

- Es tu hija, mira lo que dices – le dijo enojado enfrentándose a él.

- Es mi casa y mi hija, digo lo que quiero – todo atorrante - y es verdad, sería mejor que se muera, así se acaba el infierno – soltó y Jack se paró frente a él apretando ambos puños, conteniéndose para no golpearlo.

- Necesito dormir – soltó Quinn llorosa por escuchar a su padre decir eso, ella ya sabía que todo sería mejor si se muriera, o al menos esa idea muy errónea pensaba ella en ese momento.

Ambos hermanos siguieron discutiendo, Quinn se fue al cuarto de invitados en el primer piso, no podía ni pensar subir por las escaleras e ir hacia su cuarto.

Cogió medicinas para dormir y en lugar de tomarse una, tomó cinco con la única finalidad de quedarse dormida para siempre.

- Mi amor, mi amor – le había dicho su tío o al menos eso creyó oír Quinn entre toda su nubla – vas a estar bien bebé, ya vas a ver – soltó su tío limpiándole su carita de lágrimas derramadas – voy a cuidarte mi amor - le dijo besando su cabecita sin saber cuántas pastillas había ingerido Quinn.

Ese día él se quedó con ella a velar su sueño, Quinn vomitó a los diez minutos, su tío le ayudó y la cuidó toda la noche, él no durmió.

Ese día, él que era muy fuerte, a su saber, lloró cómo niño, por su sobrina, por su cuñada, y por Russell y el desprecio que le tenía a Quinn.

Su padre se avergonzaba de ella, y apenas convivían, él la odiaba, él estaba seguro de eso, y en ese momento él se juró que nadie le haría daño a Quinn, nunca más, nadie.

Él la iba a proteger de todo, incluso de Russell.

Ella durmió esa noche por ratos, contándole a su tío que estaba vomitando hace tres días y él creyendo que ella debía haberse deshidratado hizo una nota mental para llevarla bien temprano del día siguiente al hospital dónde ella llevaba historia.

Él se quedó en un sillón individual fuera del cuarto en el que estaba su sobrina y así veló su sueño, pensando en cuánta falta hacía su cuñada, y en el mucho amor que le faltaba a su sobrina, también se regañó por no haber estado más en la vida de su Quinn durante el duelo, ya que el vivía en el extranjero para ese entonces.

Por la mañana, él al verla despierta le ofreció desayuno, tostadas y jugo, ella sólo le recibió el jugo y eso, a medias.

- Mi amor, ¿cómo te sientes? – le preguntó

- Me duele mucho la cara tío, cómo si me hubieran pegado una patada y la cabeza, mucho – dijo con un puchero – estoy mareada, la imagen me baila, el piso se mueve – le dijo haciendo ademanes a la par que cerraba los ojos para evitar el mareo.

- Vamos al hospital entonces – dijo el muy firme – y no, no bebé, no hay nada que puedas hacer para evitarlo – dijo sabiendo cuánto odiaba Quinn los hospitales, debido principalmente por lo que pasó con su madre.

- Gracias tío – le contestó ella – pero estoy en pijamas – le señaló a su pantalón color coral con muchas estrellas en él – y me siento muy mal para cambiarme – finalizó con su lindo puchero.

- Eso no importa mi amor, tu pijama es bonito y está limpio – y así diciendo eso, le ayudó a pararse para ir hacia el carro, de fondo oyendo cómo Russell de un portazo gritaba que estaba vendiendo la casa y que viera que era de su vida.

Jack se mordió los labios para no insultarlo – maldito Russell – dijo entre dientes causado que Quinn riera – no te preocupes bebé, vivirás conmigo – dijo él.

- No tienes casa tío – dijo ella

- Ahhh nimiedades mi vida – le contestó él cogiéndola por la cintura y ayudándole a sentarse en el auto mientras le pasaba el cinturón de seguridad – eso se compra – dijo él cómo si se tratara de un chicle.

Así ambos se dirigieron al hospital…

Fin del flashback

Eso le contó él a los doctores que atentos estaban a su explicación mientras Quinn yacía en una bola sentada sobre la camilla, encogiéndose de dolor.

- Ok, primero lo primero - dijo Finn mientras la doctora de Quinn estaba atenta a todo – está deshidratada – él se puso a hacer una receta dónde ponía varios fármacos entre ellos un sedante – listo Jack. No creo que sea necesario hacer un lavado de estómago, ya que cómo dijo si bien tomó varias pastillas para dormir, las vomitó a los diez minutos, compre la receta y listo – le dijo dándole la receta – cómpralos y haré que un interno le ponga el medicamento. Ella dormirá por un par de horas, después de eso podrás llevarla a casa – finalizó estrechándole la mano con lo que se fue a ver a otro paciente.

Jack se fue hacia la farmacia, quedando Quinn con su doctora, ella encorvada por el dolor con ambos brazos en su cabeza, meciéndose de delante hacia atrás.

- Estarás bien – le dijo su doctora – ¿Quinn me oyes? – le preguntó, pero ella no respondió y siguió moviéndose de delante y hacia atrás tratando de contenerse a sí misma. Eso rompió el corazón de su doctora, jamás había visto tanto dolor en Quinn, sólo cuándo dio a Beth y de eso habían pasado diez años.

- Mierda – soltó enojada por el cabrón de Russell y asustada por el intento de Quinn por "dormir" o por "suicidarse", ella no lo sabía y eso le asustaba demasiado, reconociendo que lo había dicho, vió a Quinn para ver si ella lo había escuchado más Quinn había empezado a murmurar una canción que le cantaba Judy, nuevamente en un intento por contenerse.

La doctora la observó detenidamente, aprovechando que Quinn no la miraba y cuándo llegó el interno a ponerle la medicina a través de una bolsa de suero y una intravenosa, ella ayudó a Quinn estando Jack por protocolos fuera de la sala y en la sala de espera.

El interno hizo un intento por cogerla y su orden era, si un paciente psiquiátrico ya sea ambulatorio y/u hospitalizado no cooperaba, se le ataba y la doctora lo sabía.

- Tranquilo – le dijo ella viendo que él cogía las vendas para amarrarla – no es suicida – mintió ella ya que sabía que, si un paciente era catalogado así, tenía la orden de inmovilizarla para que no se haga daño y ella lo sabía – es mi paciente – soltó.

Mismo protocolo que ella conocía al tratar día a día con Finn y a veces de noche también cuándo reunidos en una cena le hablaba de todo y nada.

Y cogiendo a Quinn delicadamente de ambos brazos le susurró en el oído para no asustarla – Quinn por favor, por favor ayúdame – le pidió y eso pareció hacer la magia Quinn se relajó y le enseñó su brazo, para que le pongan la medicina volteando su carita hacia el otro lado para no ver.

Misma carita que Rachel cogió apretándole sobre su estómago, protegiéndola.

El interno viendo esto dijo – debe ser muy especial – pensando que talvez era conocida de la doctora al ella tener más cuidado con su paciente.

- A tu trabajo – le contestó ella y él lo hizo, para después sin ninguna palabra de por medio retirarse en silencio.

Quinn inmediatamente se relajó, y su doctora le ayudó a acostarle delicadamente en la cama, estirándola y acomodándole para que no le duela el cuerpo después.

- Listo belleza – le susurró ella – vas a dormir – cogiendo su pelito y acomodándoselo detrás de su oreja - y después estarás bien, eso es una promesa – le dijo cariñosamente dándole un besito muy tierno sobre su cabecita, observando el goteo de la intravenosa por si era el adecuado, tapándole con una sábana blanca y moderando la luz del cuarto para que pueda descansar sin irritarle la vista mucho.

Ella salió del cuarto para escuchar a Finn conversar con Jack – ella estará fuera por tres a cuatro horas, estará vigilada no te preocupes por si surge cualquier cosa, después podrás llevarla a casa, por favor ve que tome su medicina la mitad por ahora para que se adecue y luego de tres días, su dosis normal – sabiendo él que ella no había estado tomando su medicina por encontrarse intoxicada – tiene que retomar su dosis de a pocos, es importante – decía él y Jack asentía – vamos a estabilizarla, eso es lo primordial y de ahí en dos semanas a reprogramar la cita con la psicoterapeuta – indicó y Jack nuevamente asintió.

La doctora sabía que bajo esas condiciones lo importante era estabilizarla, coger una rutina nuevamente, su cita tenía que ser reprogramada.

Jack se quedó en la sala de espera sentándose en un lugar que le permitía tener vista al cuarto dónde se encontraba su sobrina, siempre vigilante.

Finn se fue a por sus rondas con sus otros pacientes y la doctora a sus rondas también echándole un ojo a Quinn cada que podía.

- Me has sorprendido – le decía Finn mientras caminaba con ella hacia el pasadizo dónde ambos se separaban para cada uno atender lo suyo.

- ¿Qué te sorprende? – le preguntó ella tratando de negar lo innegable.

- Normalmente hago sólo mi trabajo, aunque me ha gustado estar contigo ahí, cómo los viejos tiempos – decía con sonrisa torcida

- Esa sonrisa ya no tiene efecto en mí - decía ella, hace mucho que ya no.

- Ohhh – decía él cogiéndose el pecho en broma – aunque la pasamos bien cariño – decía ahora ya muy amigo de ella, ambos sonrientes y caminando – no te encariñes con un paciente, siempre existe la posibilidad de terminar mal – soltó él antes de perderse en otro pasadizo alterándola un poco.

- No con ella – dijo la doctora firmemente. Ella no perdería a esta paciente, aún no sabía cómo iba a hacer esto funcionar, pero lo iba a hacer.

Después de tres horas…

Quinn poco a poco se despertó en la camilla, ligeramente desorientada.

- Hola mi amor – le dijo su tío que fue a verla, acariciando su cabecita ligeramente.

- ¿Tío? – preguntó ella tratando de orientarse.

- Estamos en el hospital mi vida – le dijo él y ella hizo cuentas rápidas mientras se sentaba en la camilla

- Perdón – le dijo apesadumbrada y ante un gesto muy confuso de él, ella siguió - por acabar aquí y así – acompañando sus palabras con ademanes – papá diría que es debilidad o cobardía… - Quinn iba a seguir, pero no pudo ante las palabras de su doctora que sorprendió a ambos Fabray, Quinn sentada en la camilla y su tío en el sillón de a lado que estaba cogiéndole la mano.

- No te atrevas a completar esa frase Quinn Fabray – dijo firmemente – no es ni uno ni lo otro, tu padre francamente es un cabrón – soltó enojada causando aún más sorpresa y una gran carcajada de Jack

- Oh – parece que ella se dio cuenta de lo que dijo por lo que dijo – lo siento… - intentó disculparse, pero Jack la intervino esta vez.

- No se disculpe doctora, Russ es exactamente eso, siga por favor - continuó él

- Bueno – la doctora se pasó la mano por el cabello, gesto que siguió Quinn atenta – pues eso – dijo sentándose frente a ella en una silla, intentando muy fuerte no cogerla de la mano o abrazarla, ya que no es profesional apegarse a un paciente aunque ella ya lo estaba y mucho – no es debilidad ni cobardía Quinn – dijo sabiamente – reconocer que algo anda mal contigo, con tu corazón y tu mente, con tu cuerpo, y saber pedir ayuda para resolverlo, es signo de suma inteligencia, y de valentía. Se necesita tener cojones realmente para decir "estoy mal y necesito ayuda" y tú lo has hecho, eso es lo importante.

Además, con lo poco que me dijiste de tu madre – mintió aquí ya que ella ya sabía mucho de Judy – sé que ella te ha dado las herramientas necesarias para salir adelante, para seguir adelante y aunque parezca en este momento que no puedes, sé que podrás, con paciencia, con fe, con amor y entereza, nadie te apresura aquí, todo a tu ritmo. A por todo Quinn Fabray, ¿ok? – culminó ella y Quinn asintió – y no te avergüences por ser vulnerable, por pedir ayuda, por llorar, necesitas exteriorizar todo, es por eso que tu cuerpo llora, que tu lloras, no es debilidad ni cobardía. Es más, si te guardas todo, te vas a enfermar y eso será peor, ¿ok? – preguntó y Quinn nuevamente asintió.

Con esas palabras y un poco más ella se despidió y siguió con lo suyo.

- Me gusta – dijo su tío Jack

- A mí también – sonrojada Quinn continuó

- Awww bebé, estás sonrojada mi amor – la fastidió su tío en plan de pura chacota, con mucho cariño, con mucho amor, abrazándola fuertememnte, haciéndola reír.

Y así con medicinas en mano ambos se fueron, esta vez a ayudar a Quinn a mudarse de la casa de su padre, lo cuál era fácil, ya que sólo tenía un poco de ropa y nada que quiera llevarse de su casa.