Capítulo VI: Protocolos e inconvenientes
- ¿Mi niña? – preguntó Jack mientras picaba las cebollas para la comida. Quinn y él estaban cocinando.
- Sí tío – le dijo ella – mientras picaba y lavaba la carne
- Mi amor ¿has pensado en visitar a Beth? – le soltó suavecito cómo quien acaricia por primera vez a un gato, observando a su nena que se ponía melancólica.
- Tío he intentado por años acercarme y Shelby no me deja – le dijo un tanto triste – cree que soy mala influencia
- ¿Y si hablo con ella? – le preguntó – siempre podría ir bien mi amor – dándole esperanzas.
- No sé tío, si consigues algo, pues bueno – contestó mordiéndose el labio, un habito nervioso que tenía de peque, reconoció su tío al mirarla.
- Maldito Russell – se dijo en su mente, incrédulo que su hermano al tener una joya cómo lo era su sobrina le halla infundido tantas cosas, tanto sufrimiento. Él sabía que su nena iba a salir bien, que todo iba a ir bien, sólo que paso a paso, así tenía que ser, despacito y tener paciencia.
- Todo lo bueno se hace esperar mi amor – le dijo un refrán que le decía su mami y Quinn asintió, deseando con todo su corazón que su tío tenga razón.
Y ya entrando a una conversación más pasajera, más relajada siguieron cocinando y matándose de risa por partes, ya que en el televisor y las noticias no dejaban de alabar y otros de preguntarse ¿por qué tanta generosidad de repente de Russell? Y él muy encabronado, acosado por tanta prensa, tanta cobertura.
Toby en su camita relajado mirando a su dueña, feliz de estar en esa casa dónde abundaba el amor.
…
Ufff
Pasó el mes, y Quinn fue a ver a su doctora en el hospital en su turno tarde tal cual estaba citada, nuevamente esperó en la sala de espera notando que había muchas personas, una más alterada que otra, haciendo más ruido que la otra.
- "Enfócate – le había dicho su madre – cuándo sientas que hay demasiado de todo, mi amor, enfócate en algo y se irá" – le había aconsejado su amor, así que ella hizo justamente eso para distraerse y pasar el tiempo.
Tristemente no había llevado su libro favorito para revisarlo, y el ebook peor, la batería estaba muy baja, así que nada – la tele, será – sentenció.
Sentándose no dónde estaba sino más allá en otra hilera de sillas que estaba frente la tele, ahí reproduciéndose una peli japonesa muy bella, decidió que ahí sería.
Y ella a pesar de no entender el idioma, ni haber subtítulos se puso a ver, haber si entendía la trama. Entonces vió a un hombre joven parado en la parte superior sobre un antiguo silo de esos que almacenaban maíz, simplemente parado ahí, disfrutando del paisaje, él a una altura muy alta, y abajo personas gritando aparentemente que no se tire.
- Una escena de suicidio – soltó con asombro – y la peli cerca de unos dos consultorios de psiquiatría y dos de psicoterapia, insólito – añadió viendo que eso sí era una gran ironía, y un gran descuido, porque en serio, ¿qué le quieren dar idea a las personas o qué? Aunque conociendo la salud pública se dio cuenta que era seguramente un descuido, y así viendo la peli se le pasó la media hora ignorando los demás sonidos y gritos de fondo, incluyendo a un hombre que caminaba de un lado a otro ligeramente exaltado que iba y venía entre los pisos.
Quinn veía que ya no la doctora sino una voz robótica que decía el sistema de audio llamaba a varios pacientes y estos no venían ya sea porque no fueron o porque estaban distraídos en otro lado. Así llamaron a tres personas, un chico y dos mujeres.
- Quinn Fabray – dijo la voz robótica y ella abandonando su peli se fue a ver a su doctora.
- Doctora Berry, un gusto – le saludó ella estrechando su mano saludándola
- Hola Quinn – le saludó ella feliz de ver que tenía otro ánimo, más feliz, aparentemente más libre y también un tanto desconcertada sin saber si Quinn al reconocía - ¿cómo estás? – repitió la pregunta que siempre le hacía apenas verla, revisando su pc por notas para después mirar a Quinn que observaba toda la oficina con gran detalle.
- Estoy bien – le contestó ella después de un segundo de distracción.
- Te veo bien – evaluó la doctora
- Estoy bien – le repitió
- ¿Has hecho algún avance Quinn, algo que me quieras contar? – le preguntó cómo sopesando si Quinn iba a hacer 100% sincera sucedida todo lo que ocurrió entre ambas y Russell.
- Eh bueno – dijo Quinn cogiéndose la cabeza un ratito – estoy entendiendo muchas cosas de mamá, de papá, de todo un poco – le contestó
- ¿Cómo así? – le causó curiosidad a Rachel
- Me doy cuenta que la muerte de mamá por más que sea trágica, no la puedo resolver, no la puedo cambiar – le dijo con un aire taciturno y Rachel mirándola asintió dándole tiempo para que siga – aún no quiero ir al hospital dónde murió, o ver a los involucrados, creo que eso sólo me daría más ira, así que supongo lo estoy ignorando – Rachel la evaluaba cómo halcón – aún siento un hueco en el pecho, un vacío – le contó tocándose el corazón – pero es uno con el que espero poder vivir, ¿me entiende? – le preguntó
- ¿Explícame? – le preguntó ella
- Cuando apenas pasó, un día durmiendo me dio una pesadilla de esas que casi me da un infarto – contaba rememorando el momento - me dolía mucho el pecho, mi corazón golpeaba fuertemente con pesadillas, días después no pude dormir más, ahí empezó mi medicación, también durante el día la veía caminando cómo la veo a usted – le explicó mirándola, Rachel comprendió que ella en ese tiempo estaba alucinando por tanto dolor, tenía delirios – pasaron más de cinco meses para que no la vea más, dos años para pensar que ella está de viaje… - Rachel la interrumpió preguntando - ¿Cómo así?
- Pues que sí, que yo sé que murió, y hasta ahora recién la sueño feliz, que está bien, pero para mí, aún me parece que estoy en una pesadilla, así que me miento diciendo "que ella está de viaje o de compra y va a volver en algún momento" – dijo con el corazón a tope
- Quinn, aún no aceptas la muerte de tu madre – le dijo Rachel y Quinn asintió – y creo que nunca lo vas a hacer – le dijo y ella asintió otra vez – pero sí sabes que ocurrió y puedes vivir así – le dijo y Quinn asintió
- Sé que no va a volver, pero sólo así puedo superar mi día, empezarlo y estar bien – le dijo y Rachel asintió pensando que Quinn podría estar entre una de las etapas del duelo y en una muy obvia negación – el otro día fui a verla al cementerio, a hablar con mi amor – le contó y Rachel hizo un ademán para que continuara – y con todo lo de Russell, el tiene otra familia, se casó con su amante, tiene un nene de cinco años, y sé que el nene no tiene la culpa, Russell es él que sí – Rachel la seguía evaluando, diciéndose que ya no tenía calificativos para Russell, él los había superado todas – ahí me di cuenta que sí mando todo a la nada, él ganaría. Y en este punto, eso es lo que me incentiva a seguir – Rachel asintió, esa era una gran motivación – y pues eh hecho avances – le dijo añadiendo – me mudé con mi tío, tengo un perro que adoro, aún no trabajo, estoy tomando la medicación, excepto la del dolor.
- Quinn – la interrumpió firmemente Rachel – sabes que tienes que tomarla tal cuál te dice el doctor
- Lo sé – asintió ella – los antidepresivos, ansiolíticos, los sedantes, los tomo todos, pero esos del dolor lo tomo sólo cuándo no puedo controla el dolor, no quiero engancharme sabes – y Rachel reconoció que sí, que su punto era bueno, ya que esas pastillas para el dolor no la curarían, pero sí le harían llevar su día.
- Sí te preguntara que nivel de dolor tienes ¿qué dirías? – le preguntó
- Un cinco – respondió Quinn rápido – a veces más a veces menos – Rachel asintió y lo anotó a sus notas.
- Algo más que contar – le preguntó levantando una ceja, pensado si Quinn le iba a contar lo de Russell
- Ah – se puso a pensar ella – sólo una travesura que me puso feliz – le contó con una sonrisa.
- Listilla – pensó Rachel sabiendo que Quinn no le iba a contar lo de Russell y es que por más que tu terapeuta o psiquiatra te diga que puedes decirle todo y ellos lo guardan, no lo hacen siempre, si confiesas delitos o cosas que puedes ponerte en riesgo o a otros ellos sueltan la sopa y Quinn lo sabía, no quería problemas para ambas.
- Besé a la chica que me ha gustado desde siempre – le contó con una sonrisa
- Awww – Rachel se derritió por dentro
- ¿Y la seguirás viendo? – le preguntó
- Eso espero – le contestó con un adorable gesto que derritió a Rachel e incapaz de poder detenerse le dio una linda sonrisa y añadió - ves, me ha gustado esa sonrisa – le dijo – deberías hacerlo más – le aconsejó.
- Lo sé, eso espero – le respondió y Rachel al ser muy buena en su trabajo mirando los gestos nerviosos de Quinn preguntó – te siento ansiosa, ¿algo te molesta Quinn?
Quinn pensó un ratito en cómo decirlo y sin poder saber cómo sólo lo soltó – mi tío está viendo si puedo ver a mi hija – y así con esa premisa le contó de Shelby y cómo ella no le permitía ver a su hija por la intervención de Russell, eso pareció cabrear a su doctora observó Quinn.
- Lo siento Quinn – le dijo – aunque igual que tu tío pienso que deberías intentarlo – le aconsejó y Quinn asintió, ella quería una comunicación con su nena – y bueno, aunque veo que tu realidad va cambiando, algo muy bueno – y Quinn asintió otra vez – debo preguntar acerca de tus fantasmas – Quinn negó con la cabeza – así estés en negación a fin de solucionarlo
- No quiero – dijo Quinn rápidamente.
- Quinn, es importante – le comentó – es cómo una herida con pus – le hizo la referencia – si la tapas así, al final todo se pudrirá haciendo más daño, pero si la limpias, si la curas, todo irá mejor
- No quiero – volvió a decir Quinn – si íbamos bien, no entiendo ¿por qué me presiona? – le preguntó.
- Por el maldito protocolo – se dijo en su mente Rachel – porque vamos en la cuarta cita ya casi siete meses y tu avance es de a pocos, necesito que avances - le dijo presionándola, otra vez por el maldito protocolo de ese hospital.
- Si el estado le paga por escucharme – dijo Quinn borde y Rachel sonrió por la obvia posición defensiva de Quinn – no entiendo porque me apuras – soltó y Rachel entendió que Quinn cuando le preguntaban cosas que no quería se ponía a la defensiva y hasta irritada podía decir, ese era su mecanismo de defensa, ese y cambiar el tema.
- Oh lo siento doctora – metió la cabeza un chico diciendo – me ha llamado, pero no estuve – le dijo el hombre que Quinn había visto antes alterado en la sala de espera.
- Sí lo he llamado – dijo muy política ella – pero cómo no estuvo en su turno entro mi paciente, la misma a la que estoy atendiendo ahora – explicó con mucha paciencia – le pido que espere a que termine y lo llame – le dijo educadamente más el hombre lo intentó otra vez queriendo ser atendido ya.
- Lo siento debe esperar y estar atento – le dijo Rachel parándose y cerrando la puerta para que el hombre se vaya - oh lo siento – le pidió a Quinn quién asintió un poco descolocada ante el intenso hombre y hasta en su mente llegó a pensar que este tipo se veía nervioso , muy nervioso y que algo podía pasar, eso la asustó, no por ella, sino por su doctora que lucía muy pequeñita ante tamaño hombre, 1.76m y talvez 90Kg corpulento.
- Ten cuidado, lucía un poco mal – le pidió Quinn
- Tranquila, los pacientes llegan en varios estados – dijo cómo si no pasara nada. – es más la primera vez que nos vimos estabas descorazonada – le dijo
- Golpe bajo – contestó Quinn cruzando los brazos por su pecho
- Quinn, no fue para hacerte sentir mal – anunció Rachel – es para hacerte notar que has tenido progresos, ahora te ves mejor, te sientes mejor, pero ese avance está sobre cimientos endebles movidos por fantasmas…
- Me está presionando y no quiero seguir – intervino Quinn
- Si te presiono es porque ya van siete meses Quinn… - y Quinn la interrumpió
- Y pasaron dos años antes de darme el valor de pedir una cita doctora – le habló – estoy avanzando muy lentito, pero lo estoy haciendo, no quiero hablar sobre lo que me pone triste – dijo – me pone mal.
- Quinn, este es un hospital de transición – al final le soltó la sopa Rachel - ¿sabes lo que significa? – le preguntó haciendo ademanes con sus manos
- No, no tengo idea – le respondió.
- Significa que este hospital descongestiona otros, es decir, al paciente se le da un diagnostico y de ahí se le manda al hospital que le puede ayudar, más especializado, a fin de pasar a otro paciente – le comentó lo más neutral posible
- Osea que me va a votar, no me puede cortar – le dijo enojada
- No te estoy votando ni cortando, pero ya vamos siete meses juntas Quinn, mismos que debieron ser dos o tres nomás – le dijo
- Es una mierda – volvió a repetir Quinn enojada – generas confianza, me enganchas y al final ¿me votas? – le preguntó
- Quinn, es parte del protocolo – le dijo apenada, ella quería ayudarle por eso lo de la presión – es por eso que necesito que avances, necesito que me cuentes lo que te molesta para poder ayudarte, de eso se trata la terapia cognitivo conductual, de cambiar conductas y pensamientos.
- No quiero – se negó borde
Y en cuanto Rachel iba a responderle interrumpió otra vez el hombre más enojado, más ansioso que antes.
- Tienes que esperar, le voy a llamar – le dijo Rachel igual que antes. El hombre volvió a insistir más enojado, mientras Quinn miraba todo muy atenta, algo iba a pasar y ella lo estaba sintiendo, su hermana y Tom se pusieron así antes del desastre.
Y cuando el hombre se fue otra vez, Quinn dijo – deberías llamar a seguridad, ese tipo está raro.
Rachel se le quedó mirando evaluándola – ese hombre necesita ayuda – le dijo – ahora no cambies el tema, estamos hablando de ti – le dijo – necesito saber Quinn - le pidió
- ¿Qué quieres saber? – le preguntó borde - Soy impulsiva, irritable, no puedo dormir, era suicida, tomo medicina para ello. Tengo fantasmas cómo otros… - Rachel la interrumpió
- Si vieras al doctor Castillo, ¿qué harías? – mismo doctor que ignoró la salud de su madre, mismo que inició la cadena que la terminó matando.
- No importa – contestaba Quinn mascullando
- ¿Cómo así? – preguntaba en un ambiente ya muy tenso – lo culpas de la muerte de tu mamá ¿no harías nada? – preguntó provocándola
- Si cambiara algo, haría todo – le dijo Quinn decidida – el hacerle algo, no la va a revivir, así que hacerle algo, no importa, nada importa. Alguien te ama mucho, se muere, y tu vida se pierde, se va – le dijo - ya nada importa – soltó nerviosa, ansiosa, un tanto enojada por el cabrón ese, rogando no volverlo a ver ya que no podría controlarse.
- Importa si te hace daño – le replicó Rachel – Quinn necesito que me hables de tus fantasmas para poder ayudarte – le repitió intentando forzarla, sabiendo que tenían sesiones limitadas.
- No, me hace daño – le contestó respirando ya un poco superficialmente por su mismo enojo – el hecho de que me quieras votar, es su problema, no el mío, no puedo forzar mi avance, estoy yendo bien
- Quinn… - trataba de insistir Rachel más Quinn era muy terca – estás avanzando bien, pero muy lento, superficialmente, porque todavía te culpas de lo que no tienes culpas, necesitas hablarme para poder ayudarte – le volvió a decir.
- No quiero – repitió Quinn borde.
Rachel soltó una exhalación muy necesaria intentando calmarse.
- Muy bien, si no quieres hablar, la sesión termina ahora, espérame un momento – le pidió – estoy tipeando tu ticket – dijo y Quinn observó que Rachel parecía decepcionada de ella, eso la enojó a la par que le dio mucha tristeza, su doctora parecía alguien decente y Quinn la estaba decepcionando.
- ¿Conoces la historia del elefantito? – le preguntó un tanto ya muy triste, de eso se dio cuenta Rachel, casi enroscada en sí misma, más pequeñita cómo quién patea a un cachorro. Eso entristeció a Rachel ya que al inicio de la sesión parecía feliz y ahora le había puesto triste involuntariamente.
- Cuéntamela - le pidió ella con el ticket en la mano bajando su decepción al ver tan triste a Quinn.
- El elefantito cuándo es pequeño – contó Quinn suavecito - le ponen una cadena con una gran bola de acero al final, y cuándo más y más hala no puede liberarse y así piensa que es. Entonces cuándo es grande sólo hace falta ponerle la cadena con una estaca de madera y él no se va a mover – le contó y Rachel rápidamente hizo la analogía.
- Quinn ciertamente no eres más una niña – le dijo sin malicia y sabiamente – Quinn mírame, mírame – le pidió dos veces espaciadas y cuando Quinn lo hizo Rachel continuó – tienes ya la suficiente formación y sé que la crianza de una gran madre cómo la tuya, misma que te ha preparado para todo y te ha educado, que ser vulnerable no es debilidad, no es cobardía, sin importar las cadenas de Russell, tus límites son solos dictados por ti ¿entiendes eso? – le preguntó intentando llegar a ella, más Quinn seguía en negación
- Entiendo eso, lo que no entiendo es que todo va excelente hasta cierta edad y luego todo acaba mal, yo no pedí el intenso dolor, yo no nací con él, yo me desarrollé, tenía planes, tenía amor y de pronto todo me fue quitado de las manos ¿entiende eso? – le preguntó desesperada – es oes lo que me jode – añadió fastidiada.
Y Rachel respondió – entiendo que sigues en negación – Quinn volvió a negar – permítete ser vulnerable… - y Rachel iba a seguir, pero este tipo que había estado insistiendo entró fuerte a la oficina, abriendo la puerta de sopetón.
- Me vas a atender ahora perra¡ - había gritado él
Rachel que estaba sentada con la puerta detrás de ella se sorprendió y mucho, apenas pudo pararse y poner una distancia de medio metro entre ambos. – señor por favor – pidió ella levantando ambas manos intentando calmarlo, pero este sujeto estaba en otro plan.
- Me vas a atender perra ¡ - gritó otra vez acercándosele intimidantemente con su gran porte y corpulencia.
- Retrocede¡ - le había gritado Quinn levantándose de golpe y tirando la silla dónde estaba sentada llamando la atención de este tipo
- ¿Y tú quién coño eres? – le preguntó con las manos en puño.
- Quinn siéntate – intentaba pedir calma Rachel asustada de que golpeara a Quinn
Y en un instante, tal cuál todo hace combustión, el tipo se lanzó a por Rachel, por querer ayudarla a Quinn y no a él.
Quinn cogió al tipo por la camisa y ambos empezaron a forcejear, él le conectó dos golpes en las costillas que la dejaron sin aire y ella aun sintiendo un "crack", por la misma adrenalina pudo conectar dos golpes exitosos, uno en la cara y otro en su costado derecho, así cómo una patada en las partes nobles, a la par que el tipo lanzó un golpe en su nariz quebrándosela para al final conectar otro golpe en la cara con lo que Quinn cayó abruptamente al piso golpeándose la parte de atrás de su cabeza desmayándose, y con el tipo acurrucado en un lado del piso por el golpe en sus partes íntimas, todo acabó.
Con Rachel gritando, Finn que estaba atendiendo a un par de puertas junto a un señor que se estaba auscultando, terminaron de inmovilizar a este tipo en el piso quién intentaba pararse, ellos llegando más rápido que la seguridad.
Unos inmovilizaban a este tipo junto a seguridad cuándo llegaron y otros enfermeros y doctores que vinieron por todo el escándalo pusieron a Quinn en una camilla y a cirugía. Siendo este tipo un hombre corpulento había llevado la mejor parte, dejando a Quinn muy herida y comprometida.
