Capítulo II: Acomodándonos

Muy temprano por la mañana un miércoles, Kara tempranito pensó que era un cliché, porque era un cliché obviamente, "el pedir una tacita de azúcar a tu vecino" en este caso, vecina.

- Joder – decía renegando suavecito para no despertar a su peque que dormía cómo estrella de mar en el centro de la cama que Kara al despertar y verlo no pudo más que arrullarlo – awww – eso y tomarle un par de fotitos para compartir con su mamá y su hermana.

Ahí en el medio de la cama su cuchi, en pijama de Superman, con todo su pelito despeinado estilo leoncito estirado cómo una estrella de mar con un hilo de baba que colgaba de su linda boquita, misma que Kara limpió suavecito y lo dejó dormir mientras el hacía un ruidito delicioso, muy bello, tremendamente adorable, un ruidito suavecito cómo un ronroneo, que claramente sería un ronroneo si él fuera un gato, aunque con su herencia de león, obviamente era un ronroneo suavecito.

- Carajo – volvía a renegar ella al notar que el azúcar que compró el lunes se había acabado y que la que empacó posiblemente estaría en una de sus tantas cajas de mudanza – ufff – soltaba un bufido rascándose la cabeza, mismo gesto que había heredado su peque en momentos de preocupación.

Ella no tenía azúcar, y eso era problema de estado, ¿por qué?, porque ella estaba preparando avena para ambos, para desayunar y no tenía azúcar, y no podía ir a la tienda porque no quería despertar a su niño, y llevarlo estando fría la mañana a una tienda a coger azúcar. De ahí que se viene el cliché.

- Rayos – dijo finalmente al darse cuenta de que sí, sería un cliché y recién conociendo a su vecina que gracias a todo lo que es bueno en esta vida, no resultó ser una vecina rara o ¿sí? Se preguntaría después.

Ella, 5:13 am, tocó la puerta de su vecina pensando en su cabeza que excusa le iba a dar al tocar la puerta tan temprano más lo que vió, le derritió el corazón por tanta adorabilidad, que ella creyó sólo podía llegar a esos niveles su niño.

Ahí, frente a ella, Lena recién levantada con todo su pelito despeinado al igual que un leoncito que ha atravesado una chimenea, algo demasiado adorable, tanto así que Kara tuvo que morderse los labios para no arrullarla, recién de haberla conocido hace un par de días, lunes, ni más ni menos.

- Hola Lena – le dijo suavecito notando el obvio hecho de que Lena recién se había levantado y tenía los ojos medio cerrados, entrecerrados tratando de ver quién tocaba su puerta y que al verla se sonrojó mucho e intentó peinarse con la mano – siento despertarte – dijo Kara tratando de salvara Lena cosa que ella agradeció mucho - ¿crees que puedas darme una tacita de azúcar? – pidió sonrojada haciendo un gesto muy adorable ante tal cliché, que derritió a Lena quien incapaz de hablar tan tempranito por su voz ronca de recién levantada, fue hacia su cocina a coger la taza y llenarla de azúcar.

Mientras Kara veía con grandes ojos que sí, Lena tenía muchas cajas apiladas, talvez más que ella - ¿qué será, será? – se preguntó brevemente. Lena salió con la taza de azúcar y se la dio disculpándose por su aspecto tan temprano.

- Oh no, más bien discúlpame – dijo Kara antes de escuchar un obvio y muy tierno gritito - ¡Mamiiiiii ¡ - el peque había despertado y ambas dándose cuenta de eso sonrieron y se despidieron cada cual a lo suyo.

- Ohh mi bebéeeeee – arrulló Kara a su príncipe que desde su cama estiró sus bracitos para colgarse en su mami y seguir durmiendo ahí un pelín más, a lo que Kara terminara para preparar la avena y el desayuno enfriándole un tanto para que su bebé pueda comer.

Ambos después de diez minutos se pusieron a desayunar, su pequeño sentado en el sofá con sus wafles y su avena en una mesita del costado.

Kara aún tenía todo empacado incluyendo casi todo lo del comedor excepto la mesa, esa no la tenía, por lo que debían improvisar y sólo al tener el sofá, la cama y la media cocina implementada, eso era todo lo que había.

Ambos comieron, Kara haciendo pequeños ruidos que hacían reír a su pequeño, aprovechando para deslizar sus alimentos y coma con ella, todo.

Así iniciaban su rutina, ambos desayunando, y a lavarse los dientes, Kara a bañarse mientras su peque escogía su ropa de un montón elegido por Kara, habiéndose bañado el peque el día anterior por la noche para acelerar el horario que compartían ambos.

Se vestían, Kara preparaba ambas mochilas y así salían del departamento hacia el ascensor, ella para ir a la guardería de la esquina a dejar a Kyle y después a CatCo, recogerlo al medio día, almorzar juntos y llevarlo a la casa que compartía su hermana con su novia, a veces a la casa de su mamá.

- Abuelaaaaaaaaaaaa ¡ - gritaba Kyle emocionado de verla, a él le encantaba su abuela, la amaba mucho sobre todo a todo lo que ella cocinaba, su abuela era una gran cocinera incluso mejor que su mamá, pero él no le decía eso para que la comida de su mami no se ofenda, así de considerado era el peque, así de adorable el nene.

Después Kara regresaba a CatCo y por la tarde recogía a su pequeño y a casa a disfrutar juntos y a por el siguiente día, así era su rutina.

Ella apretó el botón del ascensor para ocuparlo y bajar, notando que ahí dentro había un joven bien parecido, bien arreglado, peinado, con la barba recortada, su maletín y una taza de café en la mano para llevar, ella entró junto con su pequeño y así bajaron juntos.

- Muy buenos días Kara y a usted gran hombre – le saludó él educadamente y Kara mirándole muy amable, él con gran sonrisa.

Kara se quedó mirándole, no le reconocía, más Kyle sí que lo saludó – hola – muy alegre – y eso confundió a Kara brevemente ya que su pequeño no hablaba con extraños, él lo sabía de sobra y él viendo lo confundida que estaba su mami dijo – mami, es el señor que baila – indicando con su manito al piso de arriba al sujeto que bailaba borracho, cariñosamente apodado por ella cómo "el borrachín"

- Ohhh no te había reconocido – le dijo y el joven asintió con una sonrisa.

¿Cómo podía ser su vecino del 601?, ella le había conocido cómo una cuba, viéndole borracho varias veces en un mes, y siendo la primera vez que lo veía así, todo muy arreglado y bien, le causó confusión. Ella no juzgaba, sólo veía lo evidente.

- ¿Bailas? – pidió el adorable peque con un desarmador puchero que había aprendido de su madre.

- Kyle no… - y cuando ella iba a seguir.

- Oh, no hay problema, bailemos pequeño hombre – le dijo y Kara dejándole soltando la mano de su pequeño, él cogió la del hombre, bailando ambos cómo unos Tontos muy felices, así sin forma, sin instrucciones, tal cual debe hacerlo uno, aunque sea una sola vez en su vida.

Queda decir que a Kyle le encantó, se rió todo el tiempo, y Kara gravó todo en su celular decidida a mandarle a su familia en el grupo de WhatsApp el adorable baile de su pequeño artista.

Y llegando al primer piso, el hombre saltó y Kyle copiándole tomado de la mano del joven evitó caerse – woala – dijo emocionado y el hombre repitió lo mismo muy divertido.

- Muchas gracias Kara por permitirme bailar con este pequeño hombre.

- Gracias a ti… - pidió su nombre amablemente, ella no sabía cual era.

- Robert – me llamo Robert o puedes decirme también Bob – dijo estrechándole la mano para después agacharse ante el peque.

- Un gran gusto con usted pequeño hombre – le dijo formalmente haciéndole reír – soy Bob

- ¿Cómo Bob light year? – le preguntó esperanzado

- Parecido, pero aún no puedo volar – le contestó

- Soy Kyle Danvers – respondió orgulloso de su nombre haciendo reír a ambos adultos

- Adiós a ambos – se despidió él

- Adiós Bob – dijeron ambos

- Mami, el hombre que baila – dijo Kyle en brazos de su mamá que añadió – sí mi amor subiendo al taxi en la calle y viendo a dicho hombre coger a otro, maletín al hombro posiblemente para ir al trabajo.

Alegrándose que el hombre no sea un borrachín al tiempo completo, eso es positivo.

Kara en su tiempo libre en el trabajo, mientras esperaba la respuesta de varios mails, le mandó el video a su hermana

- Kar, está bellísimo, que hermoso, ¿quién es el tipo guapo? No me habías dicho nada – decía el mensaje con una carita roja acompañado el mensaje de Alex

- Sí te había contado, es mi vecino del 601, el borrachín, recuerdas que te conté.

- Oh Kar, no es él, no me engañes, ¿lo estás viendo – le preguntó Alex

Y Kara muy sonrojada escribió – no Alex, de verdad que es el mismo, Kyle lo reconoció antes que yo.

- ¿Cómo así? – preguntó ella

- Cómo el hombre que baila, y es que cuando viene cómo una cuba siempre está bailando para hacerlo reír y siempre es educado

- Ahh, eso es genial y muy dulce de su parte

- Sí – le contestó ella

Conversado después de lo hermoso que se veía Kyle al bailar así, tan divertido, tan feliz, adorable el peque.

Ella siguió después con su trabajo apilando sobres y respuestas, file en el lado izquierdo superior de su escritorio sobre una canastilla para que después el mensajero, un hombre de 50 años talvez, venga a por ellos. Un señor que era un completo cascarrabias, siempre parecía estar enojado y renegando.

Ella igual lo saludaba educadamente cómo a todas las demás personas que trabajaban con ella – Buenos días señor – le decía ella.

- Qué tiene de buenos – renegaba él cogiendo los sobres de ella y apilándolos en su carrito pasando así a otro escritorio.

- Eh, pero no sea tan enojón – el pedía otro periodista – esos sobres son urgentes – decía al ver al señor tirar sus sobres al fondo de su carrito.

- Sí fueran urgentes los hubieras etiquetado – decía., iniciando un debate con el periodista al él cometer el error de meter la mano a su carrito, nadie tocaba su carrito.

- Uff - se acomodaba Kara en su sillón oyéndolos discutir.

A lo largo de ese mes ella lo había visto muchas veces así, al señor, siempre enojado, gruñón, talvez, ese era su carácter, talvez era así, pensó, e incluso en cierto día le había parecido conocido, más desestimó la idea, dejándosela de lado.

De regreso a casa el ascensor se abría y Kara salía de él junto a Kyle…

- Lenaaaaa – decía el peque emocionado halando la mano de su mami para alcanzar a Lena quien estaba parada frente a su puerta esperando, apunto de tocar.

- Heyyy – decía ella sonriente al ver al hermoso peque tirar de su mamá hacia ella – hola Kyle – le saludó dándole mano y él emocionado por saludar cómo las personas adultas y de que Lena no le halla cogido la cabeza sacudiendo su pelito cómo hacían sus tías, le dio la mano, estrechándole sonriente – awww eres tan bello – le dijo ella arrullándole

- Lo sé - contestó él riendo lo que hizo reír también a Lena sorprendida que añadió – suave

- Sí, aprende algunas cosas de su tía Maguie – sonrojada comentó

Lena sonrojada también por sus pensamientos al observar a Kara tan hermosa sonrió.

- Hola Lena – le saludó ella apropiadamente

- Hola Kara

- Kara Danvers – dijo el peque

- Kara Danvers – saludó Lena a una Kara que miraba muy orgullosa a su pequeño – y bueno, te he tocado la puerta o quería – se explicó Lena y Kara se dio cuenta recién que Lena estaba arreglada y con bolso en brazo lista para salir en plan sport elegante, muy bella ella vio que Lena hablaba, pero al distraerse no pudo coger ni una sola palabra que dijo.

- ¿Perdón qué dijiste? – le preguntó otra vez y su peque muy atento contestó – mami azúcar – señalándole la pequeña bolsa

- Oh, qué dulce – dijo Kara en un juego de palabras haciendo reír a Lena

- Inteligente, me gusta – contestó con un gesto coqueto que le quitó el habla a Kara y que viendo que Lena iba a seguir hablando se despabiló para atenderla.

- Kara he traído una pequeña bolsa de azúcar, apenas un kilo para que bueno, pensé que no has desempacado y que entre el trabajo y atender a este pequeño fantástico – dijo mirando al peque

- Ese soy yo – se señaló él adorablemente haciendo reír a ambas mujeres.

- Ajam, muy cierto Kyle - guiñándole el ojo, divirtiendo a Kara que centró su atención a su hijo que intentaba hacerlo y no podía, tan adorable el peque, que en lo sexy que se estaba portando Lena en ese momento con el único fin de no babear ante la impresionante mujer – y que bueno, el azúcar te va a servir para un cierto tiempo hasta que puedas equiparte – terminó con una sonrisa y ambos Danvers le agradecieron haciéndole sentir a Lena un calorcito en su pecho que había ignorado hace mucho.

El trío se despidió amablemente, amigablemente, después Kara entró en su casa con el peque.

- Mami fuchi – dijo el peque tapándose su nariz hacia la cocina y Kara dándose cuenta pues que sí, olía mal.

- Tiempo de limpiar – dijo entonces ella cambiándose de ropa a una más holgada cogiendo una bolsa vacía y entregándole una a su hijo para que la ayude.

Kara ocupada con el trabajo, instalándose se había descuidado y por eso el olor, ella se puso a limpiar mientras su peque comía un plátano sentado en su sofá para después poner su cascara en la bolsa bacía que tenía.

Ambos con carga, Kara un pelín más y su peque con su bolsita blanca y su cascara de plátano dentro, ambos bajaron por el ascensor hacia el contenedor de basura en la calle para depositarla, siendo noche, estaban en horario perfecto.

Ellas bajaron, Kara viendo el contenedor abierto depositó su basura, cogió a su peque elevándolo para que él también pueda depositar su bolsita y así ambos regresaron a casa subiendo con el mismo señor cascarrabias del trabajo de Kara.

- Oh mierda – pensó ella cogiendo la mano de su peque para que no se caiga con el subidón del ascensor.

El señor parecía no darse cuenta, el bajó en el tercer piso y en lo que demoró el ascensor en cerrarse, él entró al 302.

- Oh vaya – se dio cuenta ella, él era su vecino raro, el viejo cascarrabias del 302

- Mami, pitufo gruñón – indicó sabiamente su peque con sus manitos.

- Sí mi amor, la única diferencia que el pitufo era azul.

Ambos regresaron a casa, Kara a cocinar, su peque a ver la tele, su hora de tele, vigilado por su mami, ya que en el día estaba en la guardería y de tarde había estado con su tía Maguie.

Ella cocinó para ambos sonriendo al ver la bolsa de azúcar que le había dado Lena. Comieron ambos dando las gracias a por la comida y después a comer, bañarse, cambiarse y a la cama.

Kara al ver a su peque durmiendo con ella pensó y repensó cómo un idiota cómo Mike no podía amar a una criatura tan hermosa cómo lo era su niño, y un niño bueno, bondadoso con gran corazón.

- Estúpido – renegó ella en su mente.

- Hay mierda hay tantas cajas – se quejó con un muy adorable puchero viendo todas las cajas, ella había querido desempacar sola, por más que su familia le había ofrecido ayuda.

- Mamá – había dicho ella – sólo me traje lo que era mío, por eso me faltan muchas cosas, pero no iba a cargar algo de él, para que me esté tocando la puerta a que quiere sus cosas, alterando a mi bebé, que cada que lo ve quiere un abrazo de su padre y él de imbécil lo rechaza. Mi bebé llora hasta quedarse dormido – dijo enojada con su marido y su mamá al verla alterada no hizo más que detestar a ese tipo y agradecer que ya casi no formaba vida de Kara, sólo faltaba oficializarlo.

Pensó también Kara viendo todo el espacio vacío de su departamento que ni bien le paguen su primer mes le iba a hacer el cuarto a su hijo, con su camita y sus cosas, a su familia le encantó la idea, diciendo que también iban a aportar cada uno estando varias de sus cosas favoritas y juguetes del peque en casas suyas.

Al día siguiente Kara fue a trabajar encontrándose otra vez con este viejo cascarrabias y renegón que al verla le asintió cómo reconociéndola en el pasadizo, eso la sorprendió ya que él ignoraba a todos.

- Hoy será un buen día – pensó ella.