La nueva High-Card 1/?

—Papá por favor no me abandones. —Decía entre lágrimas y llanto, una adolescente de unos diecisiete años; cabello rubio y chaqueta morada. Que sostenía la cabeza y mano de su herido padre, que ya estaba en los últimos momentos de su vida.

—Hija… "toz, toz" falta poco para que termine la purga… "toz" debes estar a salvo, cariño. —Dijo el Señor de cabello rubio, con una voz extremadamente débil. Que apenas podía mantener abierto sus ojos y mover sus labios.

—¡Pero tú no! —Exclamo, estando en desesperación. —Mirante de cómo te dejaron esos monstruos, tenemos que ir a un hospital ¡ya!… no quiero perderte a ti también. —Sus lágrimas no paraban de aumentar, y su voz se iba debilitando con cada palabra.

—Tristemente no podrá ser así, los hospitales no abrirán hasta finalizar la purga… "toz, toz, toz" lo único que puedes hacer ahora; es correr y esconderte… "toz, toz" antes que esos monstruos te encuentren y te dañen. —Dijo el señor, mientras que tocia y escupía sangre.

—No, no quiero hacerlo… "snif" mi corazón ya está dañado, papito.

—Cariño, hice todo lo posible… "toz" para cumplir mi mayor labor, protegerte. Quizás no logre salvar a tu madre, cuando solo eras una niña… pero pude salvarte ahora, solo quiero que estés a salvo y que puedas ser feliz. Las sirenas no tardaran en sonar, hasta en entonces; escóndete y mantente a salvo… hazlo por mí "toz, toz" y por tu madre. —El Señor empezaba a lagrimear, al estar en sus últimos momentos de vida, en especial teniendo enfrente o siendo acompañado, por su única hija.

—Papá…

—Te quiero mucho, mi Carol…

—N-No me abandones "snif"… —Rogaba con mucha desesperación, la adolescente inútilmente. —papito lindo "snif".

—Vete, antes que sea muy tar… deee… —Esas fueron las últimas palabras del Señor Pingrey, durante su fallecimiento, esperando que su hija obedeciera y lograra salir viva, de esta horrible noche.

—No, no, no, no, no… —Empezaba a negar la muerte de su padre. —P-Papá, por favor despierta… por favor ¡no me abandones! —Abraza desconsoladamente; el cuerpo sin vida de su padre, estallando en llanto, desde lo más profundo de su corazón. —Papá.


¡Papá! —La chica rubia de veintitrés años, acababa de despertar desconsoladamente, de una terrible pesadilla que no era común y corriente; ya que era un trágico momento, que ocurrió hace seis años atrás. —"Aff, aff"… Solo fue una pesadilla. —Ya estaba un poco más calmada, pero eso no evitaba la tristeza en su interior. —Una cruel pesadilla… que fue real.

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Acababa de amanecer, era un nuevo día por comenzar. Carol se encontraba en el baño, tomando una ducha de agua caliente, para poder tranquilizarse por completo de esa terrible pesadilla y de sus penas, que estaban acumuladas en su corazón. Desde aquella noche de la purga, su vida había cambiado por completo; no solo había perdido a su querido padre, sino también, a su amor platónico y secreto. Lastimosamente nunca tuvo el valor y confianza suficiente, para confesarle sus sentimientos con el miedo al rechazo; debido que eran del mismo sexo y porque ya tenía novio.

Siempre esperaba el momento ideal, para liberar y contar sus sentimientos hacia ella, de lo mucho que la admiraba, lo mucho que le encantaba seguir sus pasos… pero desgraciadamente, nunca se atrevió en decírselo, y ahora ya era demasiado tarde. Algo mucho peor y más doloroso que el rechazo; es no volver a tener esa oportunidad de ver a esa persona, ni confesarle, ya que no se encuentra habitando en este mundo, porque intento de proteger a sus seres queridos y cumplir con su mayor labor; proteger a sus seres queridos. Tal como lo hizo su padre con ella.

Ella tenía muchos planes para su vida, tras terminar la secundaria; tal como era estudiar una carrera universitaria, dar los primeros pasos para convertirse en adulto maduro, conocer los caminos del trabajo laboral y profesional, perder el miedo y cobardía. Todos esos planes, se fueron desvaneciendo, como cuando uno sopla un diente de león y este pierde todas sus esporas.

Al parecer la vida no le basto con quitarle a su madre, cuando ella solo tenía seis años; apreciando de cómo sufría ese terrible cáncer en el corazón. Sino también a su padre en aquella, junto con su interés amoroso. Ahora estaba sola en la casa, tratando que nada de recurso material le faltara, usando sus ahorros universitarios para obtener esos recursos, y para pagar las cuentas de electricidad, agua, cable e internet, a pesar que estos dos últimos eran bastante pésimos y de muy mala calidad, era lo más económico que podía adquirir.

El trabajo que tenia, tampoco era de su agrado, ni siquiera algo profesional o bien pagado. De lunes a sábado, tenía que trabajar de mesara en restaurant, que también solía ser un bar durante las tardes y noches. Muchas veces tenía que soportar los piropos de gente desagradable, incluso tenía que ser un poco ruda, ya que igual habían hombres que trataban de manosearla o coquetearla. Pero eso no le importaban a los gerentes y dueños del restauran, solo que llegaran clientes y más clientes, para llenar sus apetitos de dinero y codicia.

Pero hubo un día que fue la gota que derramo el vaso; cuando le toco atender a un adolescente mimada que estaba de cumpleaños. Tras explicarle sobre el pack cumpleañero detalladamente, lo encargaría, pero al traérselo, la adolescente se lo rechazaría, ya que no le gustaba el color del pastel, ni el sabor de la bebida. Dándole un regaño hacia la pobre Carol y lanzando, la gaseosa sobre su pecho y botando el pastel sobre el suelo. La rubia ya estaba harta, no era mentira que antes le toco tratar con gente cretina, pero esa chamaca era una desgraciada, sin modales o con moral, que al parecer nunca dejo los pañales.

Pero para cuando llegaron los gerentes, tipa culpo a la rubia, que según nunca le explico bien los detalles del pack, obviamente Carol trataría de defenderse, pero fue inútil gracias a esa ridícula frase; el cliente siempre tiene la razón. Dejándola como mentirosa y descuidada, ante sus jefes, solo por estar cegados por la avaricia y afán del dinero, provenientes de la clientela.

Ahora la mal educada, encargo el malteada de fresa más caro y delicioso, que para el colmo; el precio de esa malteada seria descontada del sueldo de Carol. La pelirrubia estaba completamente furiosa, ya estaba harta que sus planes nunca salieran como pensaba, se suponía que ahora debería estar estudiando en la universidad junto con… Lori.

Pero antes de ir a servir la malteada, Carol quería vengarse de esa chamaca mimada, ya que por su culpa perdió parte de su sueldo. Pero tenía que ser algo que pasara por percibido, sin nadie ni siquiera esa chica se diera cuenta. Así que antes de entregarlo, escupió sobre la malteada y la revolvió, pero si hubiera sido un lugar más percibido hubiera echado otra cosa.

Al entregarlo, la chamaca sin darle el más mínimo agradecimiento, empezaría a beber la malteada ensalivada. Por otro lado Carol en una de las esquinas, sonreía maliciosamente.


Llegaría el día siguiente, otra rutina de trabajo para la pelirrubia, pero hoy era fin de mes eso significaba día de paga. Pero al acabar la jornada y recibir su paga, se daría cuenta que su sueldo, era mucho menor que lo común (sin contar con el descuento de la malteada); como un setenta por ciento menos.

—Pero jefe, ¿Qué significa esto? —Pregunto Carol, sin entender la tan baja cantidad de dinero. —Esa malteada no valía tanto.

—No solo es por la malteada… —Respondía seriamente. —En este mes no fue bastante mal con la clientela, y debes recordar que no eres la única que trabaja aquí; están los cocineros, las cajeras, etc… aparte que algunos clientes nos han dicho, que los tratabas mal.

—¿Qué?, pero ellos se pasaban de la raya… —Trataba de defenderse, pero resultaba inútil.

—Sin peros, recuerda —Indica un cuadro, que estaba colgado en la pared. —el cliente siempre tiene la razón... Además no quiero volverte a ver aquí, ni que te acerques a mi restauran. Estas despedida.

—¿Qué?, ¿Pero porque? —Preguntaba totalmente confundida y nerviosa.

—Y te atreves en preguntar… ayer uno de los clientes, te vio escupiendo la malteada de la cumpleañera. Nosotros no soportamos ese comportamiento inmaduro, de nuestros empleados. —Respondió de manera seria y con una mirada furiosa.

—Pero esa chica me provoco… solo fue un poco de saliva… juro que no volverá a suceder. —Rogaba Carol entre desesperación y nervios.

—¡No! Aquí no damos segundas oportunidades, como no sabremos si más adelante lo vuelves hacer y peor; que no se trate de saliva sino de orina. Así que no lloriquees y !lárgate ahora!


La vida Carol iba empeorando, acaba de perder el único empleo que había logrado conseguir, no sabía si encontraría otro y quedar adentro. Quizás odiaba ese empleo y no lo soportaba, pero había sido la única oportunidad que logro tener.

Aparte de ser despedida, en la misma tarde empezó a llover fuertemente. La pelirrubia no traía un paraguas para protegerse, solo su chaqueta con gorra.

Solo tenía una palabra en mente; las cosas se podrían empeorar.

—Necesito un poco de música. —Comento Carol que sacaba sus audífonos y su celular, pero este último ya no tenía carga, con tanto deberes y preocupaciones se olvido cargarlo. —Mierda, esto no puede ser peor.

Ella estando un poco malhumorada, se dirige hacia su casa, mientras que pensaba de cómo se las ingeniaba para conseguir otro empleo, recibiendo cada fría gota de agua. Pero cuando uno cree que las cosas no pueden ponerse peor, claro que se empeoraban, incluso más de que uno piensa.

Tras que ella pasara por el lado de unos callejones, salieron tres tipos desde estos, que empezarían a perseguirla.

Carol sentiría esa sensación y empezaría a apresurar sus pasos, pero esos sujetos eran como unos leones tras su presa, mientras más intentaban de huir, mas fácil eran de cazarlos. La chica iba agotándose, su velocidad bajaba por mucho, hasta que unos sujetos la agarro del cabello y la arrastro hasta uno de los callejones, gritando sin que nadie estuviera alrededor… salvo una sombra arriba de los departamentos.

—Ya te tenemos nena. —Le suelta el cabello y con sus compañeros, la acorralan.

—Por favor no me agüen daño, ya tuve un día de mierda… solo quiero ir a mi casa. —Rogaba entre lágrimas y miedo, sin saber que esos sujetos le harían. Era como si volviera a esa noche de la Purga.

—Jejeje… —Se reían los rufianes y se miraban entre ellos, mientras que la chica estaba muerto del miedo. Hasta que uno de ellos hablo, con una sonrisa perversa: —Bueno, te dejaremos irte si tan solo… nos das tu falda.

—¿M-Mi falda? —Los tipos asienten. —Está bien se las doy sin ningún problema. —Empieza a quitarse su falda, y se lo entrega a esos sujetos. —Aquí tiene, ahora déjenme ir por favor.

—Je. —Le arrebata la falda. —En verdad… creíste que te dejaríamos ir tan fácil.

—Parece que sí, solo mírala se acaba de orinar. —Comento uno de los sujetos. Era verdad, Carol al estar invadida del miedo se orino, sin darse cuenta.

—Que cochina… —Saca una navaja de su bolsillo. —pero aun así estas muy buena, no pensamos perder esta deliciosa oportunidad.

—No por favor, se los ruego… ¡Ayuda!

El sujeto estaba a punto de apuñalarla, pero en ese preciso momento recibe un ataque por la espalda, tal como si hubieran clavado algo en su hombro. —Pero que mierda…

—Es un naipe. —Dijo uno de los tipos, que miro de inmediato el objeto clavado en el hombro de su compañero.

De pronto entre ellos rueda una bola, que al estallar libera una pantalla de humo.

—Que pasa es lo que pa… —El sujeto no pudo continuar, al recibir un golpe en su mandíbula.

Gracias al humo no se podía distinguir bien al sujeto, pero se podía deducir que su vestimenta era rojo con negro. Este mismo sujeto empieza a alejar los rufianes de la chica, y luego empieza a repartir una buena serie de golpes. Por otro lado Carol estaba congelada, no podía moverse, solo ver las sombras que estaban dentro de ese humo.

El sujeto usa su bastón de acero y con ella golpea, hacia las piernas y estómagos de los rufianes. Uno de ellos trato de atacarlo con la navaja, directamente hacia su hombro tal como hizo con su naipe, pero al intentar de clavarla esta no penetro el traje, en cambio sintió como el sujeto de rojo lo agarra del cabello y luego; lo golpearía estrellándolo con la pared, rompiendo su nariz y dañando su frente.

Otro de los rufianes lo agarraría por la espalda, pero el vigilante lo cabecearía hasta que lo soltara. Después lo agarraría no solo de su ropa, sino también de su piel, y lo levantaría para lanzarlo contra el suelo, rematándolo con un pisotón.

Cuando el vigilante creyó haber terminado, alza un codazo por atrás, dándole en el pecho del último rufián consiente, y rematándolo con puño, al estilo de palanca. Los tres abusadores estaban tirados en el suelo, tal como eran; basuras.

El humo ya estaba desvaneciéndose. Carol todavía estaba algo congelada, había presencia toda esa pelea, dejándola en un pequeño shock y más, cuando ese sujeto de rojo se iba acercando hacia ella. Claro está que no conocía sus intensiones o lo que le iba hacer, pero antes de estar frente a frente, el sujeto le entrega su falda. La rubia con un poco de nervios, la recibe, dándose cuenta que el sujeto no planeaba lastimarla.

Pero antes que ella le agradeciera, el sujeto se alejo y para cuando se desvaneció, la pantalla de humo, ya no estaba en el lugar. Solo estaban los tres rufianes inconscientes en el suelo, que posiblemente sin ese sujeto de rojo y partes negras, iba ser violada o asesinada.

—¿Qué fue eso? —No entendía nada de lo que paso, en especial tratándose, uno de sus peores días de su vida. Fue entonces que noto un naipe tirado en el suelo, que al recogerlo y observarlo detalladamente; se daría cuenta que estaba hecho de metal, su estilo era como un naipe francés, con el símbolo de pica y con la letra A, grabado en ella. —En donde he visto esto antes. —Ese estilo, sobre todo esa letra A, le resultaba muy familiar.

Pero algo era seguro; tenía que irse a casa, ya que posiblemente llegarían los uniformados, y ya no quería tener más problemas de los que tenia.

Ahora solo necesitaba una refrescante ducha de agua caliente, mientras que investigaba más sobre ese naipe y de su poseedor.

Continuara…