✵Capítulo N°1✵

Abril de 2235, ubicación planeta Vulcano, distrito ShiKahr, 1400 horas …

— Embajador Surak, ya puede entrar con su esposa — El embajador entro de manera tranquila, ahí sobre la camilla estaba su esposa con un bulto en los brazos.

— Aintzane — La mujer levanto la mirada y sonrió ante su esposo.

— Surak, acércate — El embajador se aproximo hasta la camilla, su esposa destapo al pequeño bebé que tenía en brazos.

— Se parece a ti — Menciono el embajador con una sonrisa, olvidándose por completo de su adoctrinamiento Vulcano, su esposa le devolvió la sonrisa.

— Si, pero, tiene tus orejas — Surak asintió — Y además me dijeron que su anatomía interna es completamente Vulcana — Surak tomo la mano de su hija, al abrir sus ojos vio un intenso color azul marino.

— Fascinante — dijo al ver los ojos de su bebé — Una combinación interesante entre tus ojos y los míos — Aintzane vio a lo que se refería su esposo.

— Podríamos recopilar más información sobre la combinación de los ADN si repetimos el proceso de creación de esta pequeña — Aintzane logro su objetivo vio como su esposo reaccionaba por un segundo a su propuesta, antes de volver tener su semblante neutro.

— Me parece aceptable — Contesto monótonamente, su esposa solo se rio, antes de ver a su hija de nuevo.

Cinco años después…

— Danneth — Una niña con orejas puntiagudas iba corriendo hacia su madre que la llamaba.

— Si madre — La pequeña tenía una sonrisa pequeña.

— Tu padre regresara dentro de poco, ve y cámbiate con la ropa que te dejo tu padre en tu habitación — Su madre se acuclillo para quedar a la altura de su hija — Recuerda lo que te dijo su padre — La niña asintió.

— Mantén tus emociones bajo control, respira profundo si tienes impulso de mostrarlas — Dijo la niña con voz de habérselo aprendido de memoria.

— Bien hija — Su madre se levanto y le dio un beso en la frente, le dijo que se fuera para que se arreglara.

Fui hasta mi habitación y me coloque la ropa tradicional vulcana, según lo que me informo mi madre, esta tarde tendríamos la visita de un compañero de trabajo de mi padre, nunca he conocido uno y jamás había invitado alguien a nuestra casa, debe de ser algo importante para realizar esta reunión.

Ya estaba lista, solo me observe al espejo para ver la ropa completamente pulcra y si ningún defecto, de la nada escuche como mi padre llegaba, pero no venia solo, alguien los acompañaba, corrí un tramo de la casa, cuando me acerque comencé a caminar más lento, vi que tres personas llegaron junto con mi padre, a ninguno lo reconocí, así que me quede al margen hasta que me presentaran.

Observe como mi madre saludaba a otra mujer de manera animosa, algo extraño en su comportamiento, ya cuando vi mas detalladamente supe la razón, la otra mujer era humana al igual que ella, sentí las comisuras de mis labios encorvarse un poco, pero respire profundo para controlarme, gire mi cabeza y vi a mi padre conversar con, supuse, su compañero.

Por ultimo vi a la tercera persona que había llegado, este era un niño que parecía tener diez años si lo calculo bien, al parecer sintió el peso de mi mirada porque se giro a verme, su expresión era plana, no tenía expresión por así decirlo, pero sus ojos eran diferentes parecían humanos, no lo sé, daba la sensación de calidez como me ha explicado mi madre, ese niño me escaneo de pies a cabeza haciéndome sentir incomoda, pero al llegar a mi rostro el simplemente desvió la mirada y espero a que su padre lo llamara.

— Así que ella es Danneth — Yo temblé un poco a la mención de mi nombre, voltee al origen de ese llamado, la mujer que había llegado estaba a un lado de mi madre con una sonrisa de oreja a oreja, la mujer se acerco hasta mi y me tomo en brazos, yo no supe como reaccionar así que me quede quieta, al separarse vi a mi madre en busca de una explicación.

— Danneth, ella es Amanda una amiga mía y esposa del embajador Sarek — Yo asentí con mi cabeza en señal de reconocimiento.

— Señora Amanda — dije respetuosamente, ella me sonrió tiernamente.

— Es muy hermosa, Aintzane — Yo sentí mis mejillas y orejas que se calentaban — ¡Oww! — dijo con emoción observándome como si fuera la cosa más tierna del universo, eso me dio más vergüenza, respiré profundo para calmarme.

— Embajador Sarek, creo que es momento de continuar — Escuche la voz de mi padre, sacándome de esa situación.

— Totalmente de acuerdo embajador Surak — Mi madre me tomo del brazo, todos nos sentamos, nosotros enfrente de nuestros invitados.

— El motivo de esta reunión es para acordar el compromiso sobre nuestros hijos — dijo el señor Sarek mientras me observaba.

— En efecto embajador — contesto mi padre, voltee a verlo, sabia que debía comprometerme, era una tradición vulcana.

— El es mi primogénito Spock — El niño hizo una leve reverencia a mis padres — Esta acordado que nuestros primogénitos contraigan nupcias en un futuro para la postergación de nuestra estirpe — Mi padre asintió en reconocimiento — Su hija es la candidata perfecta para esa tarea — Spock me volteo a ver, no sé qué estaría pensando, pero vi que sus cejas se fruncieron levemente, creo que la idea no le agrado.

— Estoy totalmente de acuerdo, se espera un resultado satisfactorio — Mi padre me dio una mirada, yo asentí leve, mi mamá y la Señora Amanda estaban con esa sonrisa que parecía que se las habían trabado, por último, Spock tan inmutable como hace cinco minutos, solo me observaba sin decir nada.

Todos se pusieron de pie, mi padre se despidió con el saludo de nuestra gente, el Señor Sarek le respondió igual, cuando la familia del embajador se fue, mi padre se detuvo frente a mí, acaricio mi cabello con cuidado.

— Bien hecho Danneth — Yo quise sonreír, pero me contuve, el con una mirada aprobatoria se dirigió a otro sitio.

9 años después…

Otro día normal el Vulcano, como todas las tardes me dirijo hacia la casa del embajador Sarek, cada cuanto me detengo a contemplar la belleza de mi planeta, no sé porque los demás no se detienen a observar su entorno, solo caminan y se desplazan para llegar a su destino, yo suspire derrotada, ya había aceptado que yo no era como todos los Vulcanos, mi parte humana era la que me identificaba y me sentía más cómoda con eso, es decir que falle con mi educación básica, todos estos años de adoctrinamiento para controlar mis emociones han sido un desperdicio de tiempo, por más que trataba no podía, llegue a pensar que era un vulcano defectuoso.

He hablado varias veces con mi padre sobre mi actitud, pero cada vez que me disculpo por no contar con sus expectativas, el me dice que esta bien, pero muy en el fondo se que lo estoy decepcionando, mi madre por el contrario me da ánimos para aferrarme a esos sentimientos, sus puntos son validos al momento de explicármelos, dice que al ser parte humana puedo decidir sobre mis emociones, pero estaba en Vulcano, no era correcto parecer humano.

Como sea, mi vida puede considerarse normal, en todos estos años mis padres me han sorprendido con el nacimiento de mi hermano menor Trevok, por el momento tiene ocho años, y a simple vista parece un vulcano puro, por lo que no llamaría la atención como yo lo hago, por una parte me alegro de que sea así, porque no lo molestaran como a mi, pero me entristece que el, si se esta tomando el adoctrinamiento vulcano muy enserio y eso me preocupa un poco, siempre será mi hermano pequeño y quiero protegerlo de cualquier peligro o daño.

Ya casi llego a la casa el embajador Sarek, no he mencionado a Spock, el es mi prometido por un acuerdo entre nuestros padres, pero no hemos tenido ninguna conexión hasta ahora, es un poco frustrante tener reuniones con él, porque no se le pueden llamar citas a reuniones programadas por nuestros padres, que nos exigen un intercambio de palabras una vez cada seis meses, algo que a el no le agrada.

Todos estos años cada vez que nos reunimos desde que estamos comprometidos, siempre es lo mismo, solo hablamos para decirnos un "hola", o "Señorita Danneth", pero en raras ocasiones conversamos del clima, pero eso es en muy raras ocasiones casi inexistentes, como sea ya iba llegando a la casa de Spock, toque lentamente la puerta y una Amanda sonriente me abrió.

— Neth, bienvenida, pasa — Yo asentí con mi cabeza — Spock esta en su habitación, puedes ir — Yo sonreí, sabia los intentos de la Señora Amanda para que Spock me aceptara, pero simplemente no pasaba.

— Gracias Señora Amanda, con su permiso — Ella me sonrió más, yo camine hasta la habitación de Spock, toque lentamente hasta que escuche un "adelante".

— Buena tarde Spock — Y ahí estaba sentado sobre una silla con un libro en sus manos, el levanto la vista del libro.

— Señorita Danneth — me dijo con voz neutral, el se levanto y se aliso su camisa — Tome asiento — Me indico una silla frente a él, yo suspiré y fui a sentarme, él se me quedaba observando, como era costumbre se volvió a sentar en donde estaba y tomo su libro de nuevo, metiéndose en la lectura, no sé porque seguía viniendo, era obvio que no pasaría nada fuera de lo usual, si lo hubiera sabido.

Se bien que Spock no me tolera, pero he llegado a respetarlo, se que a el no le parece que controle mis emociones, eso me a costado muchos problemas en la escuela, casi siempre me molestaban por ser mitad humana y tener características de ellos, solo mis orejas eran la de un vulcano, por eso era victima de maltratos y abusos de mis compañeros, pero Spock siempre había estado ahí defendiéndome, claro que después de hacerlo me daba un sermón de un comportamiento adecuado ya que mi actitud tambien lo afecta a él por ser igual a mí, y por el hecho de estar comprometidos, no sé porque siempre hace lo mismo si yo he visto que le sonríe a su madre, y ha mostrado emociones de vez en cuando, yo creo que solo no me tolera, así que no me queda mas que disculparme con él.

Ya había pasado un cuarto de hora y Spock seguía con su libro, mejor le decía que había sido suficiente para irme de aquí, pero de repente el dejo el libro y se puso de pie frente a mí, sacándome de balance, me pidió que me levantara.

— Señorita Danneth — Dijo sin dejarme de ver a los ojos, sentí que mis orejas se calentaban — Tengo algo de suma importancia que informarle — ¿Informarme?, de que se tratara.

— Usted dirá — dije sin pensar, el hizo una mueca supongo que de disgusto.

— He decidido terminar nuestro compromiso — Mi corazón dio un vuelco hacia atrás, estaba confundida, que acababa de decir.

— ¿Perdón Spock?, ¿Qué dijiste? — El me miro a los ojos con fastidio.

— He decidido terminar nuestro compromiso — No escuche mal, lo había dicho.

— ¡No lo dices en serio! — El levanto una ceja.

— No encuentro variantes que indiquen que lo que dice no es en serio — Yo sentí no podía creerlo.

— ¿He hecho algo mal? — pregunté preocupada, sentí que mis ojos picaban.

— Hay suficientes puntos que confirman esa pregunta, sin embargo, es una decisión que he tomado sin necesidad de justificación — Yo no me pude controlar, sentí lagrimas sobre mis mejillas.

— ¿Estás seguro de lo que estas decidiendo? — dije con la mirada baja, mis lagrimas seguían cayendo, sentía que por esto decepcionaría a un mas a mis padres, no podía hacerme esto, se que no soy perfecta, pero pensé que Spock respetaría el matrimonio arreglado.

— Afirmativo, cuando tengas la edad necesaria para romper el compromiso, se hará de inmediato, hasta entonces he decidido informarte ya que he aceptado un lugar en la Academia de Ciencias de Vulcano, por ende, no tendremos contacto alguno — Yo asentí, no podía objetar su decisión.

— Faltan seis años terrestres para que tenga la edad para romper el compromiso — dije en voz baja.

— En efecto, por ello decidí dar por terminado este asunto, antes de que avanzara más — Yo respire profundamente, me limpie las lagrimas y levante mi frente lo más digna posible.

— Esta bien Señor Spock, no discutiré su decisión, si es lo que desea, está bien por mí, espero que tenga éxito en la Academia, y sinceramente no deseo verlo ni saber de usted de ser posible hasta el día de dar por terminado el compromiso — Yo mire sus ojos un instante, antes de girarme con intenciones de salir.

— Enterado — dijo sin más, maldito vulcano.

Sali de su habitación, baje con calma las escaleras de su hogar tratando de no llamar a atención de la Señora Amanda.

— Neth, ¿ya te vas? — "

— Si Señora Amanda, es momento de retirarme — Ella ladeo su cabeza en confusión.

— Aun es temprano querida, quizá puedas quedarte a cenar — sugirió amablemente, yo no pude reprimir una mirada de tristeza.

— Me disculpo, pero no es posible, mi presencia aquí no es requerida — Ella se acero hasta mí, puso su mano sobre mi mejilla, yo me tense.

— ¿Qué sucede? — Me pregunto maternalmente, yo negué despacio.

— Me retiro, con su permiso — Y sin darle tiempo de contestar, salí corriendo de esa casa, quería llegar a mi hogar.

Vi que la señorita Danneth salió de mi habitación, al parecer no tomo muy bien mi declaración, pero no me dejo otra opción, he tratado de que esto funcionara para complacer a mi padre, pero cada día era más difícil verla.

No se porque es la única persona en el planeta que causa un efecto en mi y eso no me agrada, si deseo continuar con la educación que me inculcaron, no puedo aceptar a Danneth como mi pareja, si ella no estuviera no experimentaría, este tipo de emociones que son más humanas que vulcanas, no puedo permitírmelo.

Supere y regrese a mi lectura, ya no tenia ese peso en mis hombros, pero seguía teniendo una sensación inquietante al ver que Danneth lloraba, no es correcto dejar que las emociones fluyan, pero con ella es inminente, espero que con esta decisión deje de tener estas emociones para ser un buen Vulcano como mi padre lo espera.

Unos golpes en mi pueta me alertaron, quizá Danneth había olvidado algo, al abrir la puerta mi madre me observaba preocupada.

— Spock, ¿Estas bien? — Yo asentí — ¿Por qué se fue Neth? — Una abreviación que mi madre utilizaba para referirse a Danneth.

— He terminado mi relación con ella, no lo tomo bien — dije así de simple, mi madre me miro con sorpresa.

— ¿Eso has hecho? — Volví asentir — ¿Tu padre lo sabe? — Yo negué.

— Le informare una vez que llegue — Ella parecía decepcionada.

— Espero que no te arrepientas de tu decisión, Spock — Yo vi sus ojos seguía con ese gesto de decepción.

— Negativo, no me arrepiento de la decisión — Ella asintió y me sonrió triste antes de marcharse.