Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen. Derechos a Masami Kurumada.


Aves sin viento.

2.

Fénix Inmortal.

Imagino que vives dulcemente en los Elíseos, Esmeralda, que te has vuelto una ninfa que habita la tierra más amable, te escabulles entre los arbustos y te bañas en flores de vibrantes colores. No eres ya el triste recuerdo que se pasea en mi corazón cada minuto de mi vida.

Sueño que me has olvidado, quizá así duela menos vivir y saber que no puedo morir. Así es, Esmeralda, ya no recuerdes. Porque si a mi me duele traerte a mi memoria, no quiero que tú sufras esta misma desazón, esta agonía. Olvida la vida insípida y solitaria que el destino injusto te otorgó, yo no valgo nada como para que quieras recordar que aquí sólo viniste a llorar por la vida cruel que te tocó. Olvídame porque me aterra pensar que ya no puedo ser la persona que antes bendecías con tu amor. Olvídame, porque de ese muchacho amable sólo quedan vestigios, y la amargura es la única que puebla esta alma que dejaste atrás.

Olvida tú porque yo no puedo olvidar y siempre me encuentro a mí mismo rememorando cuando corríamos a lo largo de esta costa, como si quisiéramos alcanzar el final de la isla y encontrarnos la entrada al cielo y sus escalones de estrellas. Cuando estábamos juntos, la vida estallaba, palpitaba por cada rincón de nuestras venas.

Me hacías olvidar el tiempo y la cruel soga que comenzaba a enredarse en nuestros cuellos. Pensaba que seríamos eternos. Lo prometimos cuando sellamos un beso clandestino bajo la luz de la Vía Láctea. Pero me mentiste ¿Verdad? Te fuiste diciendo que yo era el Fénix, el ave inmortal… Pero ¿Qué había de ti, Esmeralda? Quería que te quedaras aquí conmigo, por siempre. No me sirve de nada no poder morir, si para vivir te necesitaba a ti.