Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen. Derechos a Masami Kurumada.
Aves sin viento.
4. Calliope Obscura.
Se fue, maestro, en la oscuridad de la noche, como si necesitara de su complicidad, como si estuviera por cometer un crimen atroz. Y sí, lo hizo maestro, porque no pudo verme al rostro y despedirse con una mirada sincera. Porque tuvo que dejarme a solas con la esperanza encajándoseme en el pecho que incluso me quitaba la respiración.
Y dolió cuando no lo vi retornar. Cuando sólo recibí a Shiryu y sus heridas a medio sanar. De usted no había nada, pero no lloré. No iba a regalarle mis lágrimas, todavía no porque yo no comprendía. ¿No entiende cuanto quise gritar, maestro? Cuando debí llorarlo, sólo me quedé en silencio, aunque por dentro quería estallar.
Shiryu me abrazó, pero las escamas del dragón son frías, maestro. Era el pelaje del tigre lo que me había dado calor desde que nací. Pero ustedes dos siempre olvidaron tener consideración conmigo, como si fuera un ave frágil a punto de extinguirse, ustedes se marchan, viajan a través del mundo y yo me quedó siempre en una jaula tan pequeña que incluso aprieta.
¿Fue la decisión que tomé de vivir una vida normal, de no ser entrenada como otro Santo de Athena? ¿Fue eso maestro? ¿Lo decepcioné que por eso ni siquiera se molestó en despedirse? Doscientos cuarenta y tres años de existencia y su único adiós fue el silencio. Es injusto. Shiryu por ser el guerrero pudo exprimir hasta el último momento junto a usted, mientras yo estaba aquí, esperándole ingenuamente. Soy la niña que no es dragón ni es tigre y por eso no puede viajar a su lado ni merecer sus palabras.
Lo odio, maestro, lo odio porque lo quería tanto que ya no lo soporto.
