Capítulo 6

McGonagall se hallaba furiosa por el hecho de que alguien haya lanzado la maldición asesina a la mortífaga que cargaba a Harry Potter pero más que nada, se hallaba furiosa con Albus Dumbledore por haber permitido un ataque así de inconsciente, irracional y más que nada, completamente absurdo.

Si bien no estaba de acuerdo con que un mortífago crie a Harry, podía afirmar que al menos era mejor que el plan original de Albus para el niño. Internamente prefería que una pareja de mortífagos criaran a Harry como su hijo adoptivo a que lo criaran esos detestables y horribles muggles que quien sabe que le hubieran hecho al pobre niño.

Aunque el peligro de que el señor oscuro lo use como su arma para evitar la destrucción es latente, no es aceptable que atacaran a dos mujeres con niños aunque estas fueran seguidoras de Voldemort. Eso es anti-ético y ella, por sobre todas las cosas no creía que Dumbledore fuera capaz de semejante…semejante bajeza.

Pero no se va a quedar callada, esta vez no, Dumbledore podía ser su maestro, su jefe y su amigo, pero eso no va a evitar que le ponga las cartas sobre la mesa y si los aurores quieren llevar a Albus a un juicio, pues que lo hagan.

Porque a ella no la educaron para seguir ciegamente a alguien sin cuestionar sus métodos, a ella la educaron para ser una persona decente y respetable como bien diría su padre, que en paz descanse.

Esperó pacientemente hasta que Dumbledore apareciera en la oficina de Hogwarts y la mirara con calma y la saludara tranquilamente como si nada hubiera pasado.

—Saludos, Albus, hay una cierta cosa que quiero hablar contigo urgentemente—comenzó McGonagall mirándolo con severidad como si de un estudiante travieso se tratase.

—adelante, Minerva—la voz calmada de Albus la hacía enfurecer mucho más por el hecho de que ni siquiera tuviera un atisbo de culpa.

—el día de hoy, llegó a Hogwarts una citación para que seas entrevistado por los aurores por que unas personas, que afirmaban haber actuado bajo tu responsabilidad, atacaron a los Malfoy y a Bellatrix Lestrange en un establecimiento de compras para bebés mágicos y uno de ellos lanzó la maldición asesina a Lestrange pero le dio al bebé que cargaba con ella—comenzó enseñándole la carta que estaba dirigida a la administración de Hogwarts y que por lo tanto McGonagall podía leer de lo que se trataba.

—ya veo, que desafortunado hecho—hablaba Dumbledore con calma pero Minerva podía ver que en su rostro estaba una sombra de ira y tal vez de desesperación.

—Albus, no veo razón alguna para que hayas enviado a miembros de la orden por el pequeño Harry, si es que ese niño lo haya sido, cosa que dudo, además es algo completamente anti-ético el emboscar a dos mujeres con niños y atacarlas—McGonagall seriamente dudaba sobre que ese bebé fuera Harry Potter, el color de los ojos no prueba nada, solo tiene rasgos de los Black y no se parece en nada a James, aunque debería esperar a que crezca un poco antes de decir algo.

—Minerva, imagina lo que podría hacer Voldemort con el niño, imagina como podrían tratarlo los mortífagos—empezaba a tratar de hacer comprender a Minerva con calma.

—Me supongo que al menos lo tratarán mejor de lo que iban a tratarlo los Dursley—recalcaba Minerva con furia.

—trata de comprender que es lo mejor para Harry, las barreras de sangre son poderosas y estará seguro—Dumbledore suspiraba pesadamente mientras miraba a Minerva directamente a los ojos.

—pero si los mortífagos parece que lo tratan bien, espera a ver qué es lo que harán antes de hacer algo, si el destino de Harry es derrotar a Tu-sabes-quien, entonces lo hará, si no lo es, no lo obligues y no lo metas en la guerra que tú mismo causaste, Albus, buenas tardes—finalizó levantándose de su asiento y saliendo del lugar.

~CF~

Con la noticia en el diario el profeta sobre lo ocurrido ayer en "Babbity's tail", todos los mortífagos que conocían al pequeño Phineas aparecieron durante todo el día en la mansión del señor oscuro con el fin de ver que le pasó, si estaba bien y algunos incluso sugirieron que llevaran al niño con un sanador.

Bellatrix se encontraba algo fastidiada pero podía comprenderlos, ella misma se hallaba tan aliviada, confundida y asustada por lo que le pudo pasar a Phineas que no se molestó en ahuyentarlos.

Severus, por su parte, no se separó de Phineas en ningún momento, el haberse estado lamentando seis meses sobre la muerte de Lily y su hijo y no haber pisado siquiera la mansión de su señor lo hizo cuestionar muchas cosas y ahora lo que quería era quedarse con el niño al menos los fines de semana porque en medio de abril, tenía que seguir dando clases allá en Hogwarts y evitar a Dumbledore hasta que acabe el año.

Rodolphus y Lucius fueron ese mismo día al ministerio a hacer la denuncia formal sobre el ataque. Para su sorpresa o fortuna, el ministro estaba preocupado por el ataque ya que si algo le pasaba en realidad al hijo de los Lestrange, perdería a un importante colaborador político ya que en menos de un año el poder de los Lestrange se hizo mucho más grande de lo que era antes y los Malfoy son importantes para el ministro.

Narcissa había regresado al día siguiente con Draco en brazos para saber si Phineas se encontraba bien o no, pero se halló a Bella buscando como loca por toda la mansión entre los mortífagos para ver cuál de ellos tiene a Phineas, aunque curiosamente cuando llego Narcissa, Bellatrix estaba buscando debajo de una alfombra.

—eh…Bella, ¿Qué estás haciendo?—Narcissa se acercaba con Draco en brazos a su hermana lentamente, dudando de la poca sanidad mental de su hermana.

—busco a Phineas, uno de los mortífagos se lo llevo, se lo entrego a otro y así sucesivamente y no sé quién lo tiene—Bellatrix respondió mientras se levantaba y miraba debajo de una vasija costosa.

—No creo que un mortífago pueda caber debajo de una vasija, Bella—respondía Narcissa con cuidado de no cuestionar mucho a su hermana.

— ¿en serio? Pueden encogerse y huir con mi precioso Phineas, debo asegurarme—Bella dejo la vasija en su lugar y se dirigió a buscar detrás de los cuadros del salón.

—bueno, te ayudaré a buscar si es que vas a preguntar a un mortífago si ha visto a Phineas y a quien se lo dio—Narcissa miró a su hijo y le sonrió como si fuera lo más normal del mundo y caminó jalando a su hermana hacia el primer mortífago que vio.

Ambas pasaron dos horas recorriendo toda la mansión del señor oscuro hasta dar con que el señor oscuro tenia a Phineas en su lecho mientras este leía cómodamente un libro en su habitación y el pequeño jugaba con un aro de juguete que cambiaba de color cuando lo movía.

Cuando lo hallaron, Narcissa se preguntó si su señor estaría aún en la locura cuando decidió que Bellatrix cuidara al bebé.