Se consideraba una chicha normal. Hebras color ébano que le llegaban hasta la cintura, ojos profundos y de color negro, piel clara casi como porcelana, baja estatura y contextura delgada. Nada que la hacía realmente sobresalir por sobre el resto.
Lo que si se podía destacar de ella, es que es una ingeniera increíble. Hábil en su área, podía diseñar, construir y reparar cualquier máquina. Tan capaz era, que su amiga Kumiko le dijo: "debes trabajar en capsula corps, es la mejor empresa en nuestro rubro y en la que tendrás las mejores posibilidades de surgir y ser la mejor ingeniera de la ciudad del este"
Capsula corp´s se consideraba la mejor empresa en el rubro de la ingeniería de la ciudad del Este o incluso del mundo. La cúspide de la carrera de un profesional del área era trabajar allí, codo a codo junto a los Brief, la familia fundadora.
Es una empresa que realizaba inventos científicos para la vida cotidiana. A ellos se les atribuye el invento de las cápsulas hoi-poi quienes revolucionaron la industria. Una pequeña capsula que podía albergar una casa, un auto, ropa, etc. Con solo hacer in click las cosas salían de su guarida. Increíble.
Ella lo pensó y la verdad es que era una oportunidad increíble. Cada 5 años se abrían las postulaciones para poder trabajar allí y justo este, era el año de las postulaciones. ¿Pero y si no conseguía el trabajo?
-No seas tonta, eres la que está más capacitada. Eres la mejor Mai-
-¿Tú crees?- No tenía mucha confianza en ella.
-Claro, yo y todos los de aquí confiamos en que lo lograrás-le sonrió su amiga. Eso le infundo valor para poder postularse.
-Bien lo haré-su amiga la abrazó por la emoción. Kumiko siempre la apoyaba y la impulsaba para que creciera cada día más como persona. Le avisó a su jefe respecto a la propuesta y de que por ello debía renunciar a su actual trabajo. No fue fácil pero su jefe entendía que era una oportunidad única y no debía desaprovecharla. Si alguien podía lograrlo era ella.
Preparó su currículo y algunas muestras de proyectos anteriores. Poseía también cartas de recomendación, experiencia y muchos diplomas a su favor. Por los constantes cursos y postgrados que realizaba.
Llegado el día de la entrevista se preparó lo mejor que pudo. Se puso su mejor traje y se dirigió a Capsula corps.
Se dirigió al piso más alto. Esperó que la secretaría la hiciera pasar a la oficina. La entrevistó un señor canoso, de baja estatura, llevaba lentes y sus ojos eran de un celeste claro. Se veía bastante agradable y simpático. Era el señor Brief, quien estaba a cargo de una parte de la empresa (ya que por la edad, tuvo que delegar todo a su hija)
-Muy bien señorita Mai Agasa ¿Correcto?-
-Si señor-
-Cuénteme su experiencia en el rubro- Y así empezó la entrevista. Estaba nerviosa, pero su amiga le había infundado todo el valor que necesitaba para responder de la mejor manera. Contaba con una vasta experiencia, 10 años en su haber.
-¿Y qué edad tiene?-
-30, señor-
-Me parece bien, es una señorita muy joven y con mucha experiencia-Mai sonrió.- Bien, con esto concluye la entrevista. La pelinegra se puso de pie, le estrechó la mano al señor Brief y salió de la oficina. Solo faltaba esperar los resultados.
Unas horas más tarde, le llegó un correo confirmando que había sido contratada y que estaba cordialmente invitada a una fiesta que se celebraría en honor a los nuevos profesionales que fueron contratados. Llamó a su amiga y le contó las nuevas buenas.
-Mai, yo sabía que ibas a quedar. Ahora para la fiesta, debes comprarte un vestido-
-¿Un vestido?-
-Si, por supuesto. No puedes ir con la ropa aburrida que tienes (sin ofender, claro)-
-¿Aburrida?- Mai se afligió por el comentario de su amiga.
-Sí, te viste como si tuvieras 50 y solo tienes 30 años amiga. Eres joven y bella, debes ponerte colores más vivos, no solo negro. No tienes por qué ser tan reservada-
-Sí, tienes razón- Mai jamás se había encontrado atractiva ni sexi. Ella, al estar en un mundo de hombres prefería no destacar por las razones equivocadas. Por lo que se ponía ropa sin colores llamativos ni mucho menos prendas relevadoras.
Dejaba que sus capacidades hablaran por ella. Además que poseía una personalidad un tanto tímida- Gracias Kumiko- En cambio su amiga era todo lo contrario. Ella era una diseñadora que trabajaba codo a codo con Mai. Una persona extrovertida, llena de ideas increíbles y una capacidad para expresarse que Mai envidiaba.
-De nada. Te espero a las 4 en el centro comercial- Allí exploraron por todas partes, eligiendo atuendos feroces y llamativos. Pero adecuados para trabajar. Renovaron totalmente el guardarropa de la pelinegra.
-Debes proyectar todo lo que eres con tu ropa-decía su amiga. Pronto consiguieron las prendas suficientes. Ahora tocaba el vestido para la fiesta. La invitación decía "de gala" significaba un vestido elegante, formal pero de noche. Entraron a una tienda exclusiva de vestidos de fiesta.- ¿Qué color te gusta?- Estuvo tentada de elegir el negro, pero desistió. Su mirada vagó por la tienda hasta que algo captó su atención. Vio un hermoso vestido en un maniquí.
-Rojo-se dirigió a este, toco su tela. Era fina, con algunos brillos.
-¿Te gustó ese?- Mai asintió- es hermoso. Pruébatelo- La vendedora le pasó uno en la talla correcta. Pronto procedió a meterse en el probador. Al salir Kumiko quedó sin habla, era precioso. Un vestido rojo, largo. Se podía apreciar los hombros de la chica, por la forma del cuello que era en corte corazón. Apegado a la cintura, caía suelto, como una ola de brillos sutiles.
-Es hermoso, debes llevártelo- así se decidió el vestido. Consiguieron zapatos a juego, una gargantilla sutil que hacía juego con el conjunto. La fiesta era dentro de 3 días, el día viernes a las 20:00 HRS en la sala de eventos de la corporación.
Mai estaba nerviosa, no solía asistir a ese tipo de reuniones. No era una persona muy sociable, podía contar a sus amigos con los dedos de una mano. Pero como le dijo su amiga Kumiko "es necesario que desde ya estreches lazos con tus futuros colegas" Y tenía razón.
Viernes
Fue a la peluquería. Se decidió por un moño trenzado, recogido en un tomate. La maquillaron del mismo color del vestido, rojo. Era su color favorito, aunque nunca solía llevarlo ¿Qué le había pasado? ¿Qué hecho le quito la vivacidad? Pues ella lo recordaba muy bien. Tenía nombre y apellido.
Ya al estar lista se dirigió al lugar del evento. Todo estaba perfectamente decorado. Luces, flores y hermosas esculturas de hielo. Todo chic y de buen gusto. Le ofrecieron una copa de champaña, a lo que gustosa acepto. No podía sobrellevar esta fiesta sin una gota de alcohol.
Habían muchas personas, desconocidos. Se sintió un poco abrumada entre tanta multitud. Pronto encontró una sonrisa amable, quien le trasmitió calma. Era la de un hombre, alto, apuesto. Este lo saludó con la mano. Ella al ver que nadie más estaba a su lado (comprobando si de verdad el saludo era para ella) le devolvió el gesto. Este sonrió (pero que hermosa sonrisa, pensó Mai)
Pronto apagaron las luces, se prendió una al centro del escenario. La presidenta actual hablaba. Bulma Brief. Una mujer de edad mediana, pero no por ello menos hermosa. Pelo turquesa, corto, piel clara y ojos celestes. Llevaba un vestido negro que le acentuaba su figura, largo. Le llegaba hasta los tobillos.
Se presentó y dio un discurso donde daba la bienvenida a todo el nuevo personal, deseando que la estancia sea grata y fructífera para todos. Terminó con aplausos. Después dio paso a la música. Las parejas se empezaron a formar y todos se fueron al centro, que es donde se encontraba la pista de baile. El chico de antes le ofreció la mano. Ella dudosa, aceptó. ¿Quién se podía negar ante esa sonrisa, tan encantadora?
Bailaron al ritmo de la música. Era una música romántica, por lo que tuvieron que bailar apegados. Ella podía sentir el aroma del hombre. El, el perfume de mujer. Las respiraciones empezaron a aumentar. El ambiente tan íntimo y excitante los empezaba a afectar.
Ella decidió parar el baile e ir a servirse un trago.
-¿Quieres uno?-le ofreció.
-Claro-dijo el hombre. Los dos se dirigieron al bar a tomar un trago. Para ella una piña colada, siempre le gustaron los tragos dulces, frescos y tropicales. Para él un Whisky a las rocas. Un trago duro y fuerte. Como la figura que sostenía el vaso.
Conversaron. El siempre traía un halo de misterio. Conto relativamente poco de su vida. Empezaría a trabajar en la empresa, al igual que ella ¿Qué cargo? Pues todo un enigma. Eso a la pelinegra no le importó. Le encantaba como pronunciaba cada palabra, la forma de su mandíbula, esa lengua sensual pasando por sus labios. Estaba hipnotizada viéndolo pronunciar cada sílaba.
Él tampoco le quitaba los ojos de encima. Era una mujer hermosa. Esos ojos tan sensuales, esos labios tan besables. Rojo pasión, como toda su aura. Ese cabello que le encantaría tener entre sus dedos. Se enteró que ella también entraba a trabajar a la par que él. Perfecto, joven y llena de ganas de aprender.
Se iba a arriesgar y decir una locura. Pero no perdía nada con intentarlo.
-¿Quieres ir a un lugar más privado?-
-S...si-aceptó llena de lujuria. Este hombre la hacía sentir segura y hermosa. Atrás quedó toda la timidez que la caracterizaba. El ejercía un extraño poder sobre ella.
Pronto se embarcaron en un taxi quien los condujo a un motel. Era lujoso, se notaba. El con la mirada le dijo que no se preocupara, todos los gastos corrían por cuenta de él. Se notaba que el dinero no era un problema en la vida del hombre. La pelinegra solo se dejó llevar, estaba tan encantada que no puso reclamo alguno.
Entraron a la habitación y sin más preámbulo se empezaron a besar. Ella pensó que era un beso torpe, pero cargado con un tinte de ternura. Él pensó que era toda una experta y eso lo excitó aún más. Pronto las manos viajaban en el cuerpo del otro. Mai se dio cuenta lo bien trabajado que tenía el tórax y abdomen. Él lo rico de sus curvas. Esos pechos tan suaves al tacto, esos muslos tan calientes.
La ropa empezaba a molestar, prendas cayeron al suelo rápidamente. El, la tomo de la cintura y la dejó en la cama. La contemplo embelesado.
-Pero que hermosa mujer-ella se sonrojó, rodeo el cuello ajeno con sus brazos y lo acercó para besarlo. Las manos viajaron por la intimidad ajena, acariciando, frotando y masturbando. Los gemidos no se tardaron en oírse.
Ya llegaba el momento culmine. El de su chaqueta sacó un condón. Ella miraba expectante las acciones del hombre. Pronto se puso en posición y lentamente empezó a entrar en ella. Espero un tiempo.
-Sigue-le dijo la pelinegra. Empezó a embestirla despacio, pero no podía contenerse más. Necesitaba aumentar la intensidad y rapidez. Todo se descontroló, cambiaban de posición, a una donde cada vez se llegaba más profundo. Todo era éxtasis y goce. Hasta llegar al momento cúspide del orgasmo. Todo había acabado.
A la mañana siguiente ella se había marchado. No sin tener las huellas de lo sucedido en la noche anterior impregnada en su piel. Dedos marcados en sus caderas "pero que fuerza tiene" pensó. Se sonrojó. Esa había sido la mejor noche de su vida. Pero la vida continuaba.
Lunes
Un nuevo día comenzaba. Este día empezaría a trabajar en la corporación capsula. Se vistió con la nueva ropa comprada por su amiga. Se miró en el espejo. Se veía jovial, viva y hermosa. Se dirigió a su trabajo.
Entro al ala de ingeniería, se presentó ante todo el personal y recibió sus nuevas órdenes. A la 12:00 PM recibieron un comunicado. La presidenta haría un anuncio importante y todos debían dirigirse a la sala de reuniones B.
Por supuesto Mai asistió a la reunión. Se sentó junto sus compañeros de trabajo. Esperando el comunicado.
-Chicos. Sé que es repentino pero hoy delegaré en mi hijo el cargo de la presidencia- murmullos se escuchaban por el lugar ¿La presidenta tenía un hijo mayor? Nadie sabía nada respecto a ello- Si, tengo un hijo. El jamás se había querido involucrar en la empresa. Pero recapacitó y ahora será su nuevo presidente. Por supuesto, como no tiene experiencia será asesorado por mí. Aunque todos deben tratarlo con respeto. Entra ven-Todos los ojos voltearon a la puerta de la oficina. De allí salió un hombre alto, piel blanca, ojos celestes y cabellos lila.
-Ven hijo, preséntate-
-Hola, soy Trunks Brief tengo 18 años y desde hoy trabajaré con todos ustedes- se inclinó en una reverencia.
Mai no podía creer lo que sus ojos le mostraban. Ese niño, Trunks. Era el hombre con quien se había acostado el pasado sábado. El presidente de la mismísima empresa Capsula corps, el hijo de la señora Bulma, el chico de 18 años. Casi se desmaya.
Trunks la miró y le sonrió. Aun no podía olvidar esa hermosa mujer, a quien le entregó su castidad. Ella desvió la mirada, con un fuerte sonrojo en sus mejillas. Esto le causo gracia al pelilila, seguro que estaba avergonzada. Debía decirle que no hay nada que temer ni estar apenada. Pensaba pedirle que salieran en una cita. ¿Le aceptaría? ¿O solo habrá sido una noche? Solo quedaba averiguarlo.
